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Feria madre (séptima entrega)

Por Pedro Pablo Escobar

«Feria madre» llega a su séptima parada. Es una novela escrita por Pedro Pablo Escobar y con ilustraciones de Pedro Escobar Muñoz. Si desean leer alguna de las anteriores entregas, opriman en el número correspondiente: 6, 5, 4, 3, 2, 1:

 

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CAPITULO  VII.

INAUGURACIÓN DE FERIA MADRE.

Hacia el centro y dominando la ciudad, se alzaba imponente el palacio de los templos. Era una construcción magnífica. El primer plano constaba de tres ovoides circunscritos coincidentes en uno de sus ejes. Del ovoide central se alzaba, majestuosa, una torre de ocho niveles ascendentes de menor a mayor como un zigurat invertido. Cada nivel del zigurat era a su vez un ovoide coincidiendo en uno de sus ejes. El ovoide externo consistía en un mural con figuras talladas en piedra y artísticamente pintadas, alusivas a los eventos más grandiosos de cada uno de los grupos  religiosos residentes en el palacio. Tenía un gran pórtico central que comunicaba con el primer nivel de la torre, o área de distribución, la cual, además de tener el acceso a cada templo, comunicaba con los jardines laterales de aquellos, y poseía siete ascensores, uno por templo, para acceder al nivel asignado a eventos y actividades no rituales relacionados con la administración del credo, y el exclusivo al gran sínodo al cual también se podía llegar por los ascensores de los templos pulsando el botón “GS” – Gran Sínodo -. Los templos estaban separados lateralmente por hermosos jardines y fuentes. Estratégicamente ubicados había asientos y escaños finos de madera, concreto y metal para descanso de visitantes, clérigos y devotos, y se extendían desde el ovoide circunscrito como intermedio hasta la torre. Un inmenso faro remataba la torre y sus haces de luz bañaban intermitentemente durante la noche el lomo de los edificios, prados y plazuelas, haciendo juegos de luces con los alumbrados de los edificios, avenidas y parques. Encima del faro, suspendida en el cielo, sostenida por un ingenio de magnetismo, una magnífica esfera giraba perpetuamente irradiando luces simulando un  pulsar.

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Etnografía de un viajero interdimensional II

153 ya nos ha enviado un segundo documento en donde nos habla de otra de las criaturas que ha divisado en sus viajes. Si antes nos contó de la Ecoliades e insinuó una música, hoy nos hará referencia a una criatura semejante a los grandes felinos de nuestra dimensión, además nos presenta la grabación de unos sonidos emanados de los pasos de estos seres:

Tigre1

Al igual que yo, se comunican y  transportan entre las dimensiones. He visto a algunos que me han dicho:

“Somos alados en nuestro plano físico pero, dentro de la conciencia, somos solo una forma de energía, un color de la misma. Como todo en la Galaxia tiene un orden, en esencia, representamos lo que es diciente de este animal. Sutiles entre los mundos, nos apartamos de lo visible para poder vivir tranquilos. Nos alimentamos de algunas plantas vivientes, algunos animales que nos apetecen y lamemos el cuchakt de la piedras cercanas a nuestros hogares. Vivimos en lo alto de las montañas, a muchos nos gustan las cuevas que se forman debido al gran tamaño de las rocas”

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La versión soviética de «Los viajes de Gulliver»

Gulliver

Gulliver está a la par de don Quijote en el sentido que es un personaje que se salió del libro en el que apareció por primera vez  y se le han adjudicado nuevas. Casi siempre a Lemuel Gulliver se lo ha encasillado en el apartado de la literatura infantil y las adaptaciones cinematográficas apuntan a este público; sin embargo, el libro de Swift está lleno de una amargura y una decepción sobrenaturales n la literatura en inglés.

En 1933 apareció en el cine soviético el primer largometraje hecho con stop motion y acciones reales- claro que antes, en occidente, aparecieron «El mundo perdido» y » King Kong» pero no tenían la complejidad del trabajo soviético- y fue una secuela de «Los viajes de Gulliver»; se llamó «El nuevo Gulliver» y fue dirigida por Aleksandr Ptushko, el hombre conocido como el Disney de la cortina de hierro.

En este largometraje, cuyo guión fue escrito por el propio director, un niño queda dormido mientras le leen el viaje de Gulliver a Lilliput y sueña con una nueva llegada a ese lugar de hombres diminutos y, en el decurso de la historia, aparecen notables divergencias que nos conducen a pensar que Lilliput también está en el siglo XX: Hay  automóviles y una  gran producción en serie, recordándonos «Metrópolis» de Fritz Lang, y, por consiguiente, hay una clase obrera que aspira a levantarse contra los opresores… Gulliver tendrá un papel decisivo en la revolución.

Les presentamos este hito de la fantasía soviética que nos permite intuir una variable eslava del steampunk:

Impresiones quiteñas. Por Julián Andrés Marsella Mahecha

la foto

Julián Andrés Marsella Mahecha sueña mucho y, entre la maraña onírica, se encontró aterrizando en la grandiosa Quito. Venía de Bolivia y, como uno andino furioso de lo puro triste, se ha adentrado en la consecución de un poema que circula por los procelosos caminos de la decepción y el encono amoroso: tiene fijación con los hombres que quieren morir a como dé lugar. También es un homenaje al gran futbolista boliviano que se ahorcó con una corbata: Chocolatín Castillo, el cacao más amargo de las cordilleras terrestres:

Impresiones quiteñas

 

Cuando Chocolatín se ahorcó con la corbata del banquero

te avizoré, Quito, desde los imperiales templos bolivianos

Caminé hasta tus alturas, descendiendo cual cóndor intoxicado

y caí, envuelto en espumaraja, en tu regazo frío

Se escuchará un clamor

cual bufido de cóndores muertos

En él, estaba sobre una cima, agarrado a un cóndor

Que le señalará el sur

a los palacios imperiales de Chocolatin Castillo

Desde Pichincha hasta el alto Bolivia

se riega la desdicha de ser un marica sin culo

Una vieja nave extraterrestre en los andes

como el humo de un amor cremado

en el mercado artesanal de las decepciones

se pliega a los sueños marcianos

de los escasos negros tristes que quedan

un anuncio de silencios es la respuesta

a las plegarias hechas desde la vieja cuna

de Manco Capac

mi  Manco es  Capac

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Initium, el final del tiempo

initium

El tiempo en Gomorra y Sodoma sucumbió y todos se convirtieron en estatuas. La erección de monumentos es la tentativa humana por alcanzar la eternidad pero los días se suceden, los monumentos se percuden. Nos seguimos figurando el perecer de todo lo existente como el final de un trayecto, presumiendo que la línea infinita es el tiempo y la finita el espacio (manteniendo la perspectiva, aún platónica, que divide a estos dos aspectos que,  hemos intuido, dominan nuestra realidad). En el cortometraje que a continuación les presentamos, hecho en el seno de la academia francesa ArtFx, el tiempo es el que se acaba mientras nosotros seguimos vivos, como estatuas, y  somos condenados a una incansable labor prometeica, encarnada en el fallido héroe de esta historia: John Carson:

// ArtFX OFFICIEL // INITIUM from ArtFX OFFICIEL on Vimeo.

Feria madre (sexta entrega)

Por Pedro Escobar Escárraga

Hoy les presentamos el sexto capítulos de la novela «Feria Madre», la novela escrita por Pedro Escobar Escárraga e ilustrada por Pedro Pablo Escobar Muñoz; ya Simónides se está acercando a la ciudad donde se realizará el evento mundial . Podemos percibir el cruce entre tecnologías visualizadas en el siglo XX para comprender la encarnación de utopías tecnológicas y el origen de pensamientos nacidos en la profundidad de las montañas. Si desean leer uno de los capítulos anteriores, sólo hay que oprimir el número corrspondiente: 1, 2, 3, 4, 5:

tres-farsantes

 

 

CAPITULO  VI

DE LOS PROFETAS, LOS MILAGROS Y LA GRAN UNIDAD

En el horizonte sur se divisaba el dibujo de las cimas de las almenas coronando los muros de CIUDAD ESPERANZA. Y, frente a estas, el suelo tapizado de automotores de gentes que, llegando a la gran feria, dejaban sus carruajes afuera en cumplimiento de la prohibición de su presencia tras los muros.

Era un día radiante. Había gran movimiento en el campamento. Simónides se unió a los marchantes, había tristeza por la pronta separación y satisfacción por haber llegado al objeto de tan singular marcha. Habían caminado muchos  kilómetros bajo la lluvia y bajo el sol, disfrutado frías y caldeadas auroras y atardeceres. Hoy era el día de la despedida y cada uno trataba de ocultar la tristeza y restarle calor a la alegría. Se preparó una gran cena donde se permitía la asistencia de otros viajeros. Gentes de muchas regiones se congregaron allí, el atuendo signaba su origen, o simplemente la lengua con que se expresaban.

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Etnografía de un viajero interdimensional

153 es un viajero interdimensional; nació en uno de esos lugares inexpugnables a los que, en nuestra rudimentaria conciencia, denominamos estrellas. Su nombre, como los de todo lo que existe, responde a una arbitrariedad o una fatalidad, en suma, es un capricho más de los recovecos parauniversales.

En su trasegar, 153 ha capturado imágenes de seres y formas, físicas y espirituales y, ahora, nos las envía a milinviernos para que las publiquemos bajo la licencia creative commons.

La primera de ellas corresponde a las Ecoliades:

Pedro1

 Esta es la explicación que 153 nos da de la misma:

Las Ecoliades son seres físicos  inteligentes que co-crean con el universo, trasmutando las cosas de su entorno en  elementos benéficos para la dimensión que habitan. Se alimentan de componentes que hay en la atmósfera. Arrastran materiales que no son benéficos para el ambiente. Todo ello lo hacen por medio de orificios que tienen en la parte inferior de sus cuerpos.

En sus extremidades, más ciertamente donde  quedaría el epicondilo en un brazo humanoide, las Ecoliades poseen un sistema musical. Consiste en un órgano que produce música por medio de unos orificios que, al ser estimulados por el viento (producido por ellos mismos para descargar elementos al ecosistema), generan armonías audibles en muchos lugares de este plano dimensional.

El dibujo es hecho por Pedro Pablo Escobar Muñoz. Si quieres conocer más  del trasegar de  153, ingresa a http://mundounocincotres.blogspot.com/ . También puedes tener contacto con él en página de facebook

Bradbury o un cuervo que ofrece aspiradoras

 

cuervo

Ray Bradbury ha estado presente en nuestro continente desde hace muchos años y ha sido objeto de innumerables elogios en donde ensalzan su trabajo. En el cuento que a continuación les presentamos, escrito por la paraguaya Delfina Acosta, Bradbury ya no es un escritor (quizá no sea el mismo Ray y sólo sea una persona que tenga el mismo apellido) sino un vendedor de aspiradoras americanas que deviene en cuervo, como manimal, los homenajes ceden a la inquietud, el temor y un extrañamiento que, quizá, no fue sospechado por la autora:

El cuervo

Cuando el señor Bradbury llegó poco después de que cayera la tormenta ofreciéndonos una aspiradora americana, ni mi madre ni yo podíamos saber cuánta influencia llegaría a tener aquel anciano hombre en nuestras vidas. Era tan increíblemente anciano. Y tan frágil y enfermizo en apariencia. Por donde quiera que se lo mirase tenía mucho más de cien años. El señor Bradbury vestía un sobretodo de color azul eléctrico, cuyas mangas, ensanchadas y extremadamente largas, le llegaban casi hasta las rodillas. A decir verdad, no se desenvolvía con gracia como suelen desenvolverse los viejos a esa edad, pero sabía llevar con distinción su hermoso bastón de caoba.

Aquel bastón de caoba con punta de oro debía valer muchísimo dinero. Me animaba, a veces, el tonto deseo de preguntarle cuántos dólares había pagado por él, pero de inmediato desechaba la idea pues ese tipo de interrogatorio no se hace a un hombre mayor de edad. ¡Y que además vendía aspiradoras americanas!

Con rapidez nos explicaba las múltiples y apasionantes funciones de los botones mientras limpiaba el aparador inglés y la vieja alfombra de la sala. Quedamos encantadísimas con los resultados y decidimos comprar el producto en el instante. Ciento noventa dólares. Trato hecho. El señor Bradbury, en señal de profundo agradecimiento, prometió visitarnos a la tarde para tomar con nosotras el té.

No sabría cómo explicarlo, pero llegó a la cita convenida con un traje verde claro de estupendo corte y un aspecto casi juvenil. No parecía el mismo señor Bradbury que había aparecido durante la gran tormenta. En ciertos momentos de afectuosidad se lo veía hasta seductor. De hecho, sobrepasaba largamente los cien años. Misterio. Conversamos sobre tantas cosas. Las pinturas de Miguel Ángel, los cuentos de Borges, la promoción de nuevas invenciones lingüísticas que aumentaba el tiraje de las novelas breves, la naturaleza, las flores… Mi madre, que apenas intervenía en la conversación con un sí o con un no, tuvo la buena idea de dejarnos solos yéndose a la cocina para preparar el segundo servicio del té.

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Zombies, nada más, en la tierra de letras.

mapuche Se puede ser mediocre si demuestras tener todos los recursos para no serlo, le dijo un director muy viejo y comunista que filmó las marchas estudiantiles y obtuvo una beca Gughenheim.

Letralia, la revista venezolana conocida como «La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet» ha publicado el cuento Zombies, nada más, de Andrés Felipe Escovar, editor de milinviernos.com . El cuento está dedicado a los poetas mapuches, de esa tierra en donde lo difícil es no ser poeta, no ser un trasgresor, o estar marcado por el destino de (intentar) ser raro.

Solo resta recomendarles la lectura de un texto tan  delirante como indefinible: ZOMBIES, NADA MÁS.

La sensatez de los maestros

los maestros

La sonrisa de los poseídos es la última luz de este documental de Jean Rouch (Los maestros locos); los miembros de la tribu buscan sacar los espíritus que fueron adquiriendo en la metrópoli; todos los posesos buscan purgar lo que los ha ido enajenando, principalmente, los trabajos que se yerguen sobre las ciudades que sueñan con la civilización (en este caso, Accra). La sonrisa del final ocurre el día después del éxtasis, la babaza y el degollamiento e ingesta de un perro. El director advierte que las imágenes que se ven en su trabajo son un reflejo de la miseria de lo que hemos hecho en occidente, o una interpelación de los dioses que los conquistadores y evangelizadores creyeron aniquilados. Este cortometraje, sin la gravedad de lo políticamente correcto, evidencia que la razón sobre la que se irguieron los pilares de los últimos tres siglos europeos (y, con matices, americanos) no es suficiente ni omnipotente. La sonrisa del final es el intersticio por el que se cuela la posibilidad de un mundo donde las preguntas y respuestas se diluyen en el embravecido océano del arrobamiento:

«Les mâitres fous», Jean Rouch 1951 (sub..esp.) from Manuel Delgado on Vimeo.