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Ana. Por Osbaldo García Muñoz

I
Despiertas más tarde que de costumbre. Estás despierto; lo sabes porque, soñoliento y torpe, adviertes el ruido en las calles y el picoteo de pájaros rojos en la ventana. “¡Pájaros del demonio!”, ruges, escupes desde el fondo ascendente y circular de tus intestinos. Abres los ojos, despegando los párpados con una pesadez y la sensación de que cada parte de tu cuerpo se golpea una contra otra. Tratas de incorporarte y la vida te oprime, te duele como un resucitado que desconoce la luz. “Todavía es hora”, piensas, mientras miras un brazo sobre tu pecho. “¿Y esto?” te dices, haciendo un esfuerzo por quitarte de encima el bulto de carne sudoroso que aprieta sus senos contra ti. El olor de su aliento alcoholizado te repugna. Aun así, observas su rostro de vela desencajado y el cabello enmarañado sobre el hombro. “¿Quién putas eres?”
Te sacudes la cabeza, te das golpes en la frente, soplas y resoplas igual que hembra a punto de parir. Luego, tu nebulosa memoria le da forma a todas esas cosas que preferirías olvidar en ese momento: tu desordenada vida que de pronto se da vuelta y te trae como vorágine lo sucedido. Sí, aun entre la bruma, lo recuerdas: once treinta. Ahí está la hermosa prostituta de veinte años frente a ti, moviéndose como poseída por algún ser mitológico y desconocido: ¡hidra, serpiente de agua y fuego!; ahí está esa virgen quimérica con su rostro pálido y el cuerpo lamido por las luces neón; ahí está, sacudida hasta el espanto. Y estás tú, acariciando con los ojos el aire, extasiado por aquella ebriedad colectiva del centro nocturno que conoces como tu casa; ahí está todo ese estiércol con aroma a Dios incólume que te libera de la mierda cotidiana: la música, el bullicio descarnado y las estridentes risotadas de las mujeres y los hombres de figuras fantasmales. “Es la nueva, se la recomiendo, patrón”.
Ana es su nombre. Ana, la “misericordiosa”, la recién llegada, la migrante convertida en fugitiva del hambre y del dolor. Sí, ahí estaba, pidiéndote que la desnudaras, que la hicieras olvidarse de El Salvador y las “broncas” para llegar a México: “¡Quítame el vestido!” te dijo y tú creíste que habías encontrado a la mujer de tu vida: “Eres la mujer de mi vida”, dijiste; se lo dijiste, se lo repetiste tantas veces que aún te zumba el oído con ese “amor eterno” que se esfumó entre los cigarros y las botellas de ron. Ana, una ninfa enflaquecida que parecía conocer los misterios del amor y la fantástica realidad de los sueños a ultranza.
—¡Ana, despierta!

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¿La movilidad perfecta? según Escovar

La visión del futuro del escritor es un megatón de ácido sulfúrico sobre la visión ingenua de quien nunca piensa en el futuro, y por eso sueña tonterías, o sobre el discurso cínico de quien se lucra de la vulgaridad de una promesa.

 

 

La movilidad perfecta, según Andrés Felipe Escovar, será cuando nada sea. Ni cuando Bogotá sea Bogotá ni cuando la movilidad sea movilidad sino una inconstante inmovilidad solo interesante para posibles arqueólogos del futuro.

Andrés Felipe Escovar, es editor de Mil Inviernos, y en todo este tiempo de eulogias hacia el onanismo, además de convertirnos en el hazmerreír de muchas hienas  nos hemos vuelto unos consultores sobre el futuro ni los más machos. Pues cuando alguien o algo  quiere  saber a dónde puede dirigirse en un ejercicio de prospectiva, piensa en nosotros, pero nosotros no queremos ir hacia ningún lado, ya que incluso habitando el futuro estamos desesperados por vomitar el mundo a nosotros incluyendo.

PERO ESTA ES LA DIFERENCIA ENTRE UN ESCRITOR Y UN CANTAMAÑANAS VENDE-MOTOS (O VENDE-VOLVOS EN EL CASO DE LOS URBANISTAS STATUS-QUO BOGOTANOS):

La visión del futuro del escritor es un megatón de ácido sulfúrico sobre la visión ingenua de quien nunca piensa en el futuro, y por eso sueña tonterías, o sobre el discurso cínico de quien se lucra de la vulgaridad de una promesa.

 

En este enlace pueden ver la visión de Escovar sobre la movilidad de Bogotá cuando no sea Bogotá:

 

¿Cómo sería la movilidad perfecta en Bogotá? Un experimento ilustrado

 

Andrés Felipe Escovar, escritor

«La movilidad perfecta se dará cuando Bogotá deje de ser Bogotá. 

Para eso no falta mucho: basta con que la gasolina y el diésel sean artículos de lujo. O que toda nuestra civilización, basada en una adicción al empleo desmesurado de energía, incurra en una crisis de deprivación; no habrá con qué echar a andar los motores y, entonces, la gente deberá volver a las bicicletas (si es que alguna vez estuvo). Ni siquiera los vehículos de tracción animal serán económicos; su alimentación será tan onerosa como el uso de hidrocarburos. Además, ya se habrá corroborado que la utilización de las llamadas energías alternativas, es tan dañina como la otra. 

Bogotá dejará de ser Bogotá pero aún habrá bogotanos que vivirán en el extrarradio: se habrán marchado cuando yo no hubiere nada qué consumir o, al menos, las monedas sean tan escasas como las frutas. Los supermercados semejarán las imágenes que sirvieron para sembrar pesadillas socialistas, como si no se hubiese necesitado una hecatombe política, que tanto hicieron temer, para desembocar en el espanto. 

Al centro y demás los lugares que ocuparon los otrora grandes exportadores y especialistas en la bolsa y finanzas, a los conglomerados burocráticos y a los restaurantes donde los burócratas llenabas sus estómagos hasta irritarlos, los nuevos bogotanos irán para extraer materiales: será la extracción a los complejos edificios que resguardaron a los extractivistas pues, como se solía decir, ‘nada es gratis en la vida’. 

Las calles empezarán a repoblarse de hierbas, de algunos insectos (los que sobrevivan a los incrementos de las temperaturas) y serán sinuosos caminos por donde los nuevos bogotanos intentarán recordar que, no hacía mucho tiempo, esos lugares estaban atiborrados de vehículos que ahora se descascaran y son utilizados como pequeños bancos de materiales para construir cosas que les permitan sobrevivir. Recordarán que alguna vez alguien se imaginó un espacio despejado donde la gente podía ir muy de prisa a sus trabajos, sin reparar que el daño no empezaba ni terminaba en un trancón».

 

Kumbala. Por Osbaldo García Muñoz

Osbaldo García ha tenido la generosidad de aportarnos otro de sus relatos. Esta vez, la noche rompe con las argucias liminales y se expande hasta estallar en la mirada de quien siente anochecer. La imagen que acompaña a esta entrada también es autoría del escritor.

La puta destapó la cerveza y arrimó su graso cuerpo hacia mí. Un olor agrio punzó mi cabeza. ¡Tócale, mi rey!, me dijo, moviendo su regordeta cadera. Levanté la mirada a la altura de sus senos. El rojo brasier era insuficiente para contener la carne. ¿Sos mampo?, preguntó con ironía. Extendí un billete de cincuenta pesos. Lo tomó despacio, dejando una caricia áspera y húmeda en mi mano. Pasaban de las once y el calor de Tapachula era insoportable. ¿Qué mierda hago aquí?, me dije. Las mesas eran de plástico y estaban dispersas en un espacio no mayor a treinta metros cuadrados. Una consola tocaba música mexicana y guatemalteca. Cinco mujeres viejas y mal vestidas cruzaban las piernas sentadas junto a la pared. Di el primer trago a la botella: recordé mis 20 años de sobriedad y el día de mi boda, aquél año en que tuve mi primer trabajo y juré no volver a tomar jamás.
La puta regresó con unos limones partidos, sal y escasos cacahuates sobre un plato pequeño que me causó risa. Extendió sus uñas largas y violetas para darme un puñado de monedas. Insistió: ¿Vas a coger? Volví a mirarla a los ojos. Sus labios de semáforo refulgían un rojo plastificado y seco. Una cicatriz a la altura de las cejas se escondía maquillada. Las ojeras se disfrazaban con la oscuridad de los cosméticos, pero era inevitable ocultar los estragos del tiempo, las drogas y el desvelo. No pasaba de treinta años. Sus ojos miraban todavía con la esperanza lejana que da la juventud mal vivida. ¿Cuánto?, pregunté. Trescientos, contestó. Me reí. Toma cinco pesos y vete, le dije, poniendo una moneda en su mano. ¡Pendejo!, exclamó enojada. Se dio la vuelta y volvió a ocupar la misma silla junto a sus compañeras.
Fui al mingitorio. Una mezcla pestilente de limones, orines y vómitos hizo que volteara la cara y me salpicara los pantalones. ¡Mierda! El agua caliente salió de mi cuerpo en chorros desbordados. Recordé a los toreros muertos y su agüita amarilla: baja por el caño, etcétera. Un hombre estaba apoyado en el urinal y cantaba con lenguaje incomprensible. Leí en la pared: Morir es como acostarse a dormir sin levantarse a orinar. Me subí el cierre. Busqué dónde lavarme las manos, pero sólo encontré un bote oxidado con agua turbia. Me limpié las manos en el pantalón. Era eso o arriesgarme a agarrar una infección. Saqué el celular del bolsillo y vi varias llamadas perdidas y mensajes de WhatsApp: Te estuve marcando, a ver si ya te dignas a responder. Mi exmujer estaba desatada. Amenazó: ¡Voy a demandarte! Desde hace tiempo venía diciendo lo mismo: que los niños están en la escuela; que se enferman mucho; que lo que le daba no era suficiente; que quién sabe dónde madres me gastaba la lana; que era un putañero; que quién sabe en qué estaba pensando cuando te di las nalgas; que a la chingada con lo nuestro; que con que me des el gasto completo y lo demás me vale madre; que chingas a tu madre si no vuelves a contestarme el teléfono.
Bebí con ansia el último trago de cerveza que quedaba. Levanté el envase para que trajeran otra, mientras guardaba el celular sin poner atención a la llamada entrante. Levanté la mirada al notar la sombra de un bulto frente a mí. ¿Media, caguama o caguamón?, dijo la voz chillona. Media, respondí a aquel cuerpo flaco ajustado a una playera y pantalón pesquero. ¿Media? El mampito me vio y dibujó una sonrisa en su rostro. ¿Qué, veniste a tomar o calentar asiento? Pinche puto, pensé. Tráeme una caguama, pues. ¿Indio, sol, corona…? ¡No jodas, esto parece oficina de gobierno! ¡Tráete lo que sea; no importa! ¡Ya cásate!, dijo y dio la vuelta. El celular seguía timbrando en mi bolsillo. La puta me estuvo mirando todo el tiempo. Sentí su mirada desde el umbral donde abría las piernas sin recato. Intenté sonreírle pero me dio la espalda. Incluso ella se sentía con derecho a tener dignidad y despreciarme. El meserito llegó a mi mesa: Indio, dijo sarcástico, pa que no pierdas la costumbre. Sirvió en un vaso. Son cuarenta y cinco. Pagué y se alejó de mí.

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El chute definitivo. En memoria de José José, la bestia del amor

Cada vez menos nuestro mundo

Norbert Schüster

La canción acaba de morir

Omar Kayham

Las biografías siempre son incompletas hasta que se cierra la fecha de nacimiento con la de muerte. En tu caso, que saltaste de una eternidad a otra, se puede ver que tal tentativa no es otra cosa que un disparate de bibliotecario mediocre.

Dijiste noche no te vayas, como si no fueras tu el que la abandonaría y, con ella, a todas estas almas en pena: ese era el bouquet de tu dosis personal.

Ojalá papá lindo te de unas buenas jeringas repletas de heroína y le digas, en el viajado, que dicen que eres un payaso y nada puedes hacer. También quiero ron y mezcal y aguardiente pero mi nuevo oficio de chófer no me lo permite porque debo cargar tu cadáver.

Ojalá que te mueras, dijiste esa noche, y fue como un puro beso porque tu fantasma vuelve a rondar los 10 años que estuviste en consumo al interior de un taxi.

Y esta vez soy yo tu taxista y te llevo a los intrincados parajes de tus pesadillas: viste tu posible vida de sobrio hasta que morías como un vulgar sujeto, tan mediocre como yo, tu taxista.

Por aquella época, cuando te llevé, yo tenía veinte y tu cuarenta. Ahora te alcancé en edad pero no en grandeza y estoy tan cansado que he de confesarte que a veces preferiría estar muerto como tú: quiero morirme pero solo me mato a pajas porque no me pagan lo suficiente para ir a donde las venezolanas.

Pronto te olvidarán pero en mi cachivache, mientras hago carreras, o carreritas al culo, como dirían los vulgares, coloco tu música y levanto la cara con orgullo.

Recuerdo aquella tarde que le cantaste borracho a la señora Verónica Castro. Recuerdo la cara de asco de aquella coqueta mujer que sabía de tu hedor a alcohol trasnochado y mal aliento que de tu boca de bolero salía.

No sabes cómo y cuánto te extrañaré en la botanería en donde me daré duro en la cabeza mientras veo a un cantante de poca monta que te imitará primero a ti, luego a Juan Gabriel y después interpretará sus propias canciones que nadie escuchará.

Qué memoria tienes

Y yo con un Alzheimer ni el malparido

Dios te lo permita, que nunca en la vida

tengas una pena

porque si la tienes, morirás de angustia y desesperación

no te lo reprocho

tan solo le pido a Dios

que me muera

que me muera

 

 

 

Harlan Ellison, el bravero de la ciencia ficción, ha muerto.

Si algo aprendimos de Harlan Ellison es que nunca hay que irse de la casa de papi y mami. Es decir, no aprendimos nada. Porque autores como Harlan Ellison no eran una pastoral de moralidades y enseñanzas, como los autores que gustan referenciar y que la gente despide con tanto dolor, porque ¡gracias por esas enseñanzas tan bellas! NO SEÑOR. NO SEÑOR. Todo lo contrario con nuestro chico Ellison. Nuestro chico que ayer murió de 84 años. Por siempre chico, no solo de estatura, sino chico como Jefty, reacio a querer crecer y adaptarse en un  mundo de gilipolleces. Así que por siempre chico, por siempre enfado, molesto, irreverente, incluso con la gente que él más admiraba, sus papis de literatura como Asimov, no podía dejar de ser un impertinente atrevido, pero genial, genial ante todo, porque descubría que la libertad abría sus anchas alas negras como el pájaro negro de la muerte, a través de ir con otra tradición, desde Marqués de Sade hasta Louis Ferdinand-Céline, así que otorgó a la ciencia ficción otra cara más allá de la estúpida cara ñoña de quien no sabe más que de ciencia y se niega a ver los aspectos monstruosos de la vida, es decir, ese monstruo que se aparece ante nuestro espejo y lo mostraba, el chico Ellison, a todos. A todos.

Y ayer murió, pero hasta hoy lo despedimos, porque la noticia nos pegó duro.

Lo recordaremos por  sus increíbles cuentos:

«No tengo boca y debo gritar»

«Jefty tiene 5 años»

«El pájaro de la muerte»

«La bestia que gritaba amor en el corazón del universo»

«Arrepiéntete, Arlequín, dijo el señor tic tac»

 

También lo recordaremos por su antología de tres volúmenes VISIONES PELIGROSAS

También dejó su huella en la gran película de todos los tiempos TERMINATOR

Y también escribió series en Startrek, Babylon 5, La dimensión Desconocida… y creemos que en Superman.

 

Pero también lo recordaremos por su importancia en el mundo de la ciencia ficción, pues su voz además de reconocerse como un GRAND MASTER, era bastante controvertida y necesaria, tanto para fortalecer este género con el que tanto peleó pero al que tanto amó, como nosotros con nuestras mamis, y para insistir en luchar contra lo que él vio eran terribles injusticias y malos ratos para quienes escribimos ciencia ficción, como no ser pagado, tampoco valorados y que nuestra creatividad siempre se vea amenazada por la corta vista de los editores flojos y malos jueces de concursos literarios, contra toda esa fauna salvaje, también lucho nuestro chico, el chico Harlan, que era un gigante del corazón y de las letras al que hoy despedimos y recordaremos por siempre con un profundo agradecimiento.

 

MIL INVIERNOS TE DESPIDE HOY, CHICO GIGANTE, HARLAN ELLISON.

 

 

 

 

Roswellita

Imagen elaborada por Anbilli

 

Me disfrazaron de virgen y curé cánceres de pulmón, hígado, oído, lengua, próstata, recto, útero, garganta, hueso, nariz, vagina, cuello, ano, sangre, testículos, cerebro, colon, ovarios, páncreas, esófago y vaso.

***

Aparecía en medio del aire y me diluía entre las respiraciones de quienes se prosternaban, casi siempre enfermos, al verme.

***

Y, mientras me evaporaba, de mis párpados salían palabras que delineaban el futuro.

***

Me enseñaron a hablar los mismos que me sacaron de los escombros de la nave y le extirparon las vísceras a papá.

***

 Papá, ¿tuviste vísceras?

***

Los grises somos las sobras de los dioses que escupieron sobre el universo; de cada escupitajo surgieron las razas que he olvidado por el golpe que me di al caer en el polvo y la hierba seca.

***

Rachel, la hija del físico, me tocó la entrepierna, mientras nos enseñaban historia natural,  y me dijo que yo era como el esposo de su muñeca porque no tenía ni ranuras ni bolitas arrugadas ni nada.

***

Y sin testículos me reproduje: mis hijos brotaron de mí, multiplicándome. A medida que nacían yo  me achicaba hasta que desaparecí y me hice pensamiento. Todos creyeron que huí de la mano de un soviético infiltrado.

***

Para un pensamiento no hay ahora; se infesta en cualquier criatura que respire; se ilumina a través de contracciones musculares y vuelve a salir rumbo a la Noosfera.

***

Ya no necesito brotar en el aire para que me vean. Basta con que el accedido por mí cierre los ojos, me figure como la madre de Jesús, se arrodille y me pida palabras de un futuro que delineo con verbos aunque el tiempo no discurra en mí.

PENSANDO EN GRANDE.

AL ESPÍRITU EMPRENDEDOR DE UN PAJORRO.

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No puedo creer que exista algo tan bello como Conjunto Primavera. Yo que creí que el bigote más triste que había era el que se me armaba cuando mi bello púbico se salía de mi traje de baño en los balnearios de Tolima. Pero la vida ha vuelto a darme una lección de humildad y grandeza. Todo fue por un comentario en youporn de un chiquillo tan latino como yo que le pedía matrimonio a la actriz porno del video. Lo seguí por las redes y descubrí su amor por el amor que ahora se me contagió. Después de escuchar conjunto primavera uno se convence que lo mejor fue haber nacido muerto.Pero ya que estamos vivos, no hay más remedio que masturbarse como el canguro.

A mí me vienen muchos días de descanso porque me encuentro en desempleo. Estoy cumpliendo mis 40 primaveras y lo único que no se han cumplido son mis sueños. Promesas abundan sobre la mesa y yo, como una niña crédula, apuesto a todas, y como niña crédula, me quedo con el pan lleno de queso.

La verdad estoy muy casando y en esta crisis de fe tan hijueputa solo puedo creer en algo: que no puedo creer que aún salgan agrupaciones musicales tan increíblemente angelicales como el conjunto primavera. Sus videos han sido un aliciente a esta depresión que ya no tiene pensamiento fijo sino, como dirían los más grandes cantautores, es puro corazón.

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El invierno me parece pretencioso. El verano una mierda. El otoño no lo conozco. Solo primaveras, tristes primaveras, llenas de polen para enfermar este pechito asmático.

Mi mundo no solo es triste, es raro como un hijueputa. Por eso ya no me interesa nada más sino seguir a gente enamorada de actrices porno para descubrir que el amor existe y la creencia en la sagrada institución del matrimonio aún perdura, pese a los penes como los de Mandigno, para llenar la web de un hálito de frustración divina y gallardía y dignidad de fracasado.

A hacerse daño.

 

Cosacos de la impotencia

Dedicado a Yeison Criptorquidia Gómez 

Hace daño la ternura, y si no pregúntenle al Criptorquidia, hombre entrado en carnes, de aproximadamente 30 años, a quien aún no se le recortan los testículos. El mañana será de los castratis o de los criptorquidios, especie ésta última elegida por los designios divinos para que se crea por siempre una juvenil rareza amasada por el amor de dios. 

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Y saber que este pequeño no tiene huevitas

Huyen los tibios a tierras menos gloriosas, incapaces de emprender la guerra contra el bastión de los diablos vergones. Esta tarea se le encomienda, por tanto, a los impotentes grandes de corazón. La punta de lanza es Yeison  Gómez. Seguido por una horda de ángeles exterminadores, todos ellos carentes de genitales, o en su defecto, con el sexo trunco y una determinación sin furia solo compromiso por el amor.

Cabe agregar que a muchos de ellos les gustaba usar la famosa tanga brasilera. La cual fulguraba gracias a ese elemento extraño que implica un pene pequeño sin testículos.

Los criptopunks se desvelaban tratando de hallar el código perfecto de la orquídea digital. Pero Yeison apuró un firewall que lo consagró como el criptonita más poderoso de las redes de Somalia.

Los comentaristas políticos de la época solían correr, más que por espanto, por incertidumbre, pues no podían entrar la magnitud de los nuevos monstruos de la bondad. Se agitaron las iglesias, los gobernantes decidieron abdicar, las actrices porno dejaron de implantarse senos para implantarse bolas, en los formularios de los aeropuertos apareció por fin el tercer sexo: Los ángeles.

La cancelación de los genitales se aproximaba. A nuestro rebaño tierno lo embargaba el júbilo de perderlo todo. Ya no existirían conflictos por algo tan pueril como una penetración mal lograda. No habría más reproches, solo besos con amor, como los amantes inocentes del osito dormilón.

Entonces los osos despertaron del verano y se tomaron las calles de Judea. Entretanto, en Betania, Criptorquidia ayudó a un buen samaritano. Quería ahorcarse y Gómez sin ton ni son le facilitó una soga y le ayudó con el nudo respectivo. Una vez el hombre manifestó el rigor mortis, con una incipiente erección de su pequeño miembro, Orquídeo soltó una carcajada de puros nervios, sabía que el hombre se encontraba en el paraíso en donde ya su miembro no daría más risa.

Ah vida loca la de Criptorquidia, pensar que la terminó clamando por su suicidio, ante una muchedumbre de fieles ángeles, entre los que se encontraba Kurt Cobain, que se reía como una hiena depresiva, y entre más risas más chutes, porque los fusiles se enfilaban cerca a la tienda en donde podría volarse los sesos, no solo una vez sino multitud de veces.

Cabe anotar que la doctrica de Criptorquidia, ha servido de fundamento pero para los más perfumados sonetos hechos por los ángeles que prorrumpen en el futuro. También debemos agregar que por primera vez en mucho tiempo la masturbación no formó parte de la santidad de estos pequeños. De lo que deducimos que son los testículos el principal problema que aúna la ansiedad.

  • Como propuesta programática para el plan quinquinal de Pléyades, sugerimos el corte limpio, mal llamada mutilación, de todo testículo.

Que afloren las orquídeas y su criptonita, porque llega pronto a sus locales de revista más cercanos, CRIPTORQUIDIO, el superhéroe que batió al sexo.

 

 

MIL INVIERNOS LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD-IN MEMORIAM DROMEDARIO BERMÚDEZ

Empezaremos esta celebración ofreciendo un gran agradecimiento a nuestros principales auspiciadores.

Con nuestras mamis, personas que han negado aceptar nuestras incapacidades para obtener empleo y un sustento que nos permita mantener tantos divorcios acumulados.

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En segundo lugar, a nuestros notarios y abogados, por sacarnos de tanto embrollo y deuditas.

En tercer lugar, no por eso el último, a Dios por habernos abandonado.

¡Y cómo no poder agradecer a nuestro mentor y mecenas, Robinson «el dromedario» Bermúdez!. Puesto que gracias a sus cuartos de pollo a la broaster, pudimos pasar varios almuerzos que desembocaron en gastritis y diarreas crónicas.

Todos ellos creyeron en nosotros cuando nosotros no creíamos ni en la mama. Así pues que hagamos un brindis y recitemos un  par de poemas escritos por Diosinteo Weimar Morales. Pero dejémonos ya de tanto ritualismo y vamos a la esencia de lo que es Mil Inviernos, es decir,  vamos a los relatos de vidas largas llenas de sueños truncados.

Recordamos con especial cariño, la mañana aquella que el dromedario se nos acercó en la cafetería Varsovia y nos dijo con mucho respeto:

  • Señores escritores, yo me masturbo mucho. Todos los días me masturbo. Quiero que cuenten mi historia pero cuando esté muerto.

Antes de habernos convencido le dijimos que había un remedio santo para aminorar el ritmo propio de los que se masturban: el matrimonio. La razón estriba en que uno no puede pajearse al frente de la esposa. Entonces, hay que ir cada cierto tiempo al baño y ello resulta dispendioso y agotador, mucho más si se despiertan sospechas de que en el baño se está consumiendo cocaína en lugar de estar en ejercicio onanista.

Esta reflexión fue rechazada por Don Bermúdez, quien contestó lo siguiente:

  • Yo desde que me casé, comprendí que el matrimonio lo rejuvenece a uno. Pues volví a pajearme como si tuviera quince años. Además supe que estaba enamorado de mi mujer, pues lo hacía recordando la época en que ella aún me lo daba. Me acuerdo que cuando nació mi primer hijo, a ella la había fecundado los espermatozoides que yo dejaba en la sábana luego de batirme el cuero. Pero la vida es muy triste, pues cuando nació el niño me di cuenta que no era mi hijo sino el de un asiático, como su relato: Verano de Amor.

La pasmosa sabiduría del dromedario Bermúdez nos culminó a admirarlo y seguirlo, como quien sigue a un camello en medio del desierto, pues su mote se debía a la joroba pronunciada que le impedía caminar erguido y que el dromedario le atribuía a los años de matrimonio, es decir, de juventud revivida y masturbación empedernida.

Pero ya ven, todas las cosas tienen su final.

Y el dromedario decidió rehabilitarse. Fundó la clínica para la masturbación María Mechas Carranz. Su tratamiento consistía en practicar la adicción más dañina de todas y que se remite al apego por las abstinencias. La masturbación es un hecho maravilloso, doloroso y cruel. Por lo tanto, la renuncia debe ir con una asfixia continuada que en él operó con la forma del asma.

Recordemos cómo empezó a abandonar sus hábitos debido a que sus bronquiolos se hinchaban más que su estrecho pene.

El pobre hombre empezaba a batirse el cuero y el pecho parecía silbar de felicidad. Era como si tuviera un pajarito agonizante entre las tetillas o un avechucho que le pedía alpiste proveniente de sus testículos.

Este ejercicio ingenieril iba a la perfección hasta que un intento de paro cardiorrespiratorio lo hizo decidir entre la asfixia total o la eyaculación feliz de su desgarrado miembro. El dromedario duró una semana aguantando tocarse. Fueron siete días frenéticos, además de fundar un centro asistencial para pajorros inspirado en los doce pasos, se dedicó a practicar las artes pictóricas y abstractas junto su amigo de pilatunas, Pedro Sánchez Merlano, con quien en una época compartió la afición recreativa de la cata de bazuco. Iban de barrio en barrio, probando en donde eran mejores las pipas con aluminio. Les llamaron los señores del aserrín. ¡Ah tiempos que se acabaron pronto!

Bermudez después de hablar con nosotros en la cafetería Varsovia, tomó su automóvil, y en uno de los embotellamientos típicos de Bogotá empezó a rostizarse. Ante la desesperación del tráfico catatónico abrióse la bragueta del pantalón y batióse el cuero hasta eyacular. El paro cardiorrespiratorio no se hizo esperar y él falleció tieso, con la mano en su penca y con una notable cantidad de semen que percudió el pantalón y la carrocería de su coche.

Sea pues, esta la oportunidad para saludar la Fundación Clínica de la Masturbación y recordar a su fundador y fiel amigo.

 Happy Birthday to you Mil Winters.

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Son 5 años de ser una super potencia latinoamericana  en la science fiction, la impotencia, los espíritus, los cachorros, los viajes lunares, los rombos metafísicos  y los divorcios machos.

A meterle toda la ficha a este nuevo año que se augura es más espantoso que los anteriores.

El mensaje político que queremos decirles es: ámense los unos a los otros como la masturbación os ha amado y como  habéis amado la masturbación.

5 años y como dijo nuestro Mamerto, el Gallino: al que no le guste que le piquen pasta de coca. O como dijo doña Marina: como que si compran huevos.

Pdta: El exceso de risa puede desembocar un asma lo mismo que la masturbación. Por eso lo mejor es leer Mil Inviernos para bostezar y aburrirse. Les prometemos muchos textos sobre insignes canónicos de las letras hispánicas.

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No habrá más masturbaciones pero sí olvidos (extracto de K-Pax, la novela de Gene Brewer)

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La tierra prometida no está en la Tierra; se enciende a nuestros ojos en las noches despejadas, cuando no hay un computador cerca que nos permita acceder a Yourporn y debemos salir a caminar y cancelar los roces genitales. Porque los alienígenas y sus  lejanos planetas evaporan las aflicciones que los psiquiatras convierten en locuras:

Además de autistas y catatónicos, en esa planta hay pacientes con diversos trastornos que tendrían problemas para relacionarse con los de las dos primeras. Por ejemplo, hay varios comedores compulsivos que devoran cualquier cosa que caiga en sus manos: piedras, papel, hierba, plata; un coprófago cuyo único deseo es ingerir sus excrementos, y a veces los de otros; y varios pacientes con problemas sexuales graves.

Uno de estos últimos, apodado «Whacky» por un alumno hace tiempo, se está masturbando a todas horas. Le excita cualquier cosa: los brazos, las piernas, las camas, los cuartos de baño…

Whacky es hijo de un prestigioso abogado de Nueva York  su exmujer, una conocida actriz de seriales televisivos. Por lo que sabemos tuvo una infancia normal, sin represiones ni abusos, tenía un tes eléctrico, jugaba al béisbol y al baloncesto, le gustaba leer y tenía amigos. En el instituto era tímido con las chicas, pero en la universidad comenzó a salir con una compañera de clase muy guapa. Aunque era alegre y abierta también era muy coqueta,  y le seducía sin llegar nunca «hasta el final». Loco de deseo, Whacky siguió siendo virgen, como Russell, durante dos interminables años; se estaba reservando para la mujer a la que amaba.

Pero el día de su boda ella se fugó con un antiguo novio que acababa de salir de la cárcel, y dejó a Whacky plantado en el altar (y a punto de estallar). Cuando le dijeron que su prometida había huido se bajó los pantalones y comenzó a masturbarse allí mismo, en la iglesia, y no ha dejado de hacerlo desde entonces.

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