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UNTÉMONOS DE COLOMBIA, por Umberto Amaya Luzardo

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UNTÉMONOS DE COLOMBIA

(Así es el Pacífico)

Era un sueño de tercero de primaria, cuando en la clase de geografía aprendí que el país tiene tres cordilleras y dos mares; yo era un muchachito llanero que no conocía los cerros y mucho menos el mar; pero como era un niño y los niños tienen la capacidad de soñar despiertos, mientras el profesor hablaba de los kilómetros de mar atlántico y la cantidad de costa pacífica que nos pertenecía, yo en la imaginación, como en el joropo llanero: “salí por un caño abajo, a ver si a la mar salía”.

A los doce años cuando miré por primera vez la cordillera, pensé que en esos lugares los hombres eran demasiado guapos para trabajar, cuando eran capaces de hacer esos montones de tierra tan grandes que llamaban cerros; porque nosotros entre tres hermanos, turnándonos la carretilla para echar el piso de la casa, habíamos durado cargando tierra todas las vacaciones. Ahora, estábamos en Bogotá, mirando su cadena montañosa, y esperando que amaneciera para escalar el cerro que nos quedaba más cerca siguiendo el curso de la quebrada. Cosa de maravillarse, la quebrada estaba llena de piedras y como tampoco las conocíamos, todas nos gustaban y queríamos recogerlas todas, porque en los arenales del llano solo conocíamos dos piedras: una pequeña que tenían en la cocina para machacar los ajos y otra grande bajo la sombra de un árbol, la piedra de amolar, que traían desde Tame, a puro lomo de burro.

f“Viajar es necesario, vivir no tanto” decían los que se inventaron la democracia, como si viajar fuera un acto democrático, y nosotros, bajo el régimen de mi papá nos fuimos a conocer el mar; pero si las montañas me fascinaron, el mar no; el mar me asustó, porque pensaba que si el río Arauca, con lo pequeño que es, tiene caimanes, rayas, pirañas, remolinos y corrientes bravas en los que a cada rato se ahoga la gente, en esa inmensidad de agua tendrían que haber monstruos inmensos y furiosas tempestades; entonces me metí al agua con un recelo que me ha durado toda la vida.

Conocí el mar por la parte arriba de nuestro mapa, por el Atlántico; apenas me metí en el agua, que estaba tragándome el primer sorbo para comprobar que de verdad era salada y empecé a recordar las palabras del profesor “al país lo bañaban dos mares”, entonces me entró la necesidad de conocer el Océano Pacífico, y para allá me fui, pero esta vez no con la intención de asolearme en la playa, meterme un ratico al mar, y salir en pantaloneta para el hotel a comer pescado frito; sino que esta vez, mi intención era embarcarme y navegarlo, y muchos años después lo logré.

El pacífico colombiano empieza en Cali, con su cultura niche. Los caleños llevan el mar pacífico y la música afrocolombiana en cada folículo piloso, y de la misma manera que Brasil tienen estatuas de Pelé, en un centro comercial de Cali, está la estatua de Celia Cruz; diez metros de alta, con un vestido fucsia y su bemba colorá. Qué alegría para los ojos viajeros, mirar el buen gusto de los vallunos. Subiendo la cordillera occidental, por la carretera que conduce de Cali al mar, cruzando apenas el último barrio: Terrón Colorado, aparece el Saladito y La Cumbre; y siente uno que está viajando por lugares hermosos. Entonces llega el fin del afán y el comienzo de las casas bellas; es algo así como para los Bogotanos visitar La Calera, pero las casas de campo vallunas son más espaciosas y con mejor arquitectura, en otras palabras, mucho más bonitas, más espaciosas, con mejores jardines y menos frío.

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La ficción inmobiliaria de Italo Calvino

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Calvino en Nueva York viendo cómo sus pesadillas inmobiliarias tomaban forma. 

«La especulación inmobiliaria» de Italo Calvino data de una fecha específica desde su inicio hasta su conclusión,  que se manifiesta de forma clara al final:  5 de abril de 1956 – 12 de julio de 1957. Por lo tanto, se sitúa en un tiempo específico de la historia — la Italia que se reconstruía de la Post-Guerra—  y un espacio exacto aunque nunca mencionado: La Riviera al norte de Italia, en el pueblo ***. ¿Y por qué nunca se menciona el pueblo? Por dos razones, no simples, pero comprensibles: Uno nunca menciona a quien ama, y tampoco nunca menciona a quien odia, pero tampoco menciona a quien teme. Por esta misma razón, fracasan los que gritan y grafitean: ¡Yo amo a Fulana!; pero por esta misma razón, a algunos políticos detestables se les refiere como los innombrables  y ya, sin necesidad de mención alguna, todos saben  de qué innombrable se trata y por qué no se le nombra. Pero como amor y odio suelen ir juntos, suponemos que el narrador, en este caso, prefirió dejar el nombre en blanco, como quien firma un cheque en blanco, y dejarlo a la imaginación, o falta de imaginación, del lector, y en su caso más próximo, los lectores de Italia, en concreto, los de la Riviera de Italia, y su mala consciencia.

Ya hablamos de tiempo y espacio, como si eso importara, porque el comentario de muchos lectores, haciendo un barrido rápido por Internet, es que a pesar de que la obra se empezara en 1956 y terminara en 1957, sigue siendo vigente y es universal; es decir, que la temática que aborda es la misma ahora como en ese entonces, aquí como allá; y la temática no va más lejos que la del título que precisa en ponernos de una vez en el meollo del asunto: la especulación inmobiliaria. ¿Ha cambiado mucho esta actividad desde ese entonces?  En seguida,  hablaremos del tipo de personajes que aparecen en la obra.

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La ciencia hecha por los negros: una relación del descubrimiento de un antídoto en la expedición botánica

En «The Lola Verga´s big band» reiteramos el patronato de José María Vergara y Vergara en las letras nacionales y su irradiación en nuestra escritura. Esto lo confirmamos en una de las malhadadas presentaciones del libro: una mujer nos recalcó el carácter falocéntrico de nuestro libelo – claro está, aún no lo había leído pero quien nos invitó a la charla ha degustado ponernos frente a un grupo de lectores de Vila-Matas o Aira, que aplican teorías de género y desconstrucciones del sujeto burgués a cualquier texto/discurso para así convertirnos en los primates objeto de risa, reprobación e, incluso, inconformidad-.

A pesar de la repetición obvia que reflota en el apellido de este padre de las letras de Colombia  (¿será una fatalidad del parnaso de la poesía y prosa del país?), recordamos a don José María porque, en su Historia sobre la literatura en la Nueva Granada, hay atrevimientos que llamarían la atención a doctondos versados en lecturas de Paul de Man o Mignolo: en su último capítulo, por ejemplo, se ocupa de transcribir cantares llaneros, coplas del altiplano cundiboyacense y canciones del pacífico.

Además, se atrevió a realizar una explicación que trascendiera la mera erección de héroes  de los movimientos independentistas; abordó las políticas educativas que se dictaban desde la corona, la influencia de la iglesia y los escritos hechos en los siglos anteriores a las refriegas que condujeron al final del imperio español y el nacimiento de las repúblicas sudamericanas. Tan categórico como sus apellidos,  es el análisis que hace del origen de la la familia Caro: se retrotrae a dinastías romanas de egregios poetas para explicar el talento que habitaba las plaquetas de esa estirpe, es uno de los monumentos más notables al lameculismo que ha campeado por estos lugares.

También citó un escrito de Francisco Javier Matiz, uno de los pintores de la expedición botánica. En el mismo se expone la manera en que se descubrió un antídoto para el veneno de las serpientes: un negro, de quien sólo se sabe el nombre (Pío), tuvo la claridad de encontrar indicios en la naturaleza.  Después, La Historia le adjudicó toda esta desaforada empresa a la perspectiva moderna que trajo Mutis, con lo que se ha obviado uno de los conflictos de los que se pueden valer futuros tesistas para continuar trabajando en investigaciones que problematicen las categorías hechas al otro lado del atlántico.

A continuación, el texto de Matiz:

En la ciudad de Mariquita, en el año 1788, se hizo el descubrimiento del guaco por Francisco Javier Matiz, por haber hallado al negro Pío, esclavo de don José armero, con una culebra viva en las manos, y haberle preguntado dónde la había cogido.

Dijo que a la venida de la hacienda de su amo.

-¿A que te adivino, le dije, las contras que usas?

-¿A que quizá, contestó, sabrá su merced?

Díjele que usaría del bejuco curare.

Contestó que sí.

-¿De la necha?- Que sí.

– ¿De la fruta del burro?- Que sí-

– ¿Y fuera de esas usarías otras?

A lo mejor me contestó: hace poco descubrí otra que me parece es mejor que las nombradas.

Y sacando del bolsillo una hoja, me la mostró, y refiriéndome cómo había sido el descubrimiento, dijo:

Que estando desherbando unas yucas en la hacienda de su amo, vino una águila que nombran guaco, y se paró en un árbol: que estuvo cantando guacó guacó…. Y qye luego se dejó caer entre el bosque; y oyéndole dar aletazos, le causó curiosidad de ir a ver qué eran dichos aletazos, y vio al águila en acción de coger la culebra, la cual se le prendió, y en el instante levantó el vuelo, y se fue. El negro la siguió para ver dónde iría a caer, y vio que a la ceja del bosque se sentó y vomió de las ojoas del bejuco guaco, y retrocedió en busca de la culebra, y la halló en el mismo sitio, y la cogió y se la llevó a comércela a  otra parte; que fue el negro y reconoció de las hojas que había comudo, y reflexionó: cuando este animal ha comido de este bejuco, buena contra será.

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LA VIDA GANA. Crónica de Umberto Amaya Luzardo

 

LA VIDA GANA

(Crónica)

 

Umberto Amaya Luzardo*

 Cronista de Indias, 525 años después

 

Fotografía cortesía de Will Sánchez S. ©

 

Habrá llegado la hora
Cuando en mi devastado país,
la primavera decida que ya es tiempo de florecer de nuevo,
tendrá el abono de la osamenta humana,
que dispersó por todos lados la danza de la muerte.
Entonces, toda la cruda historia:
la sitiada, la oral, la clandestina,
se erigirá sobre el mapa.
Habrá llegado la hora
de aproximar a la tierra el corazón y el oído,
 para escuchar las voces,
que hemos estado evocando,
contra cualquier ley de olvido.
 
Francisco Morales S.

Perdimos el honor: Presento estos fragmentos de lo ocurrido en los pueblos de Arauca, con el propósito de que lo irracional de la guerra no quede en el olvido, mucho más cuando afecta a los niños, que no son otra cosa que el mayor bien comunal de toda la humanidad que anda en dos patas. Lo absurdo de la guerra es que se pierde el honor, quiere decir esto, que con tal de derrotar al enemigo, olvidamos esa cualidad moral que lleva al respeto de los derechos humanos y al cumplimiento de los propios deberes respecto al prójimo y a uno mismo. Hoy quisiera, como dice Alexandra Alekseivich: “Escribir una crónica sobre la guerra, que provocara náuseas, que lograra que la sola idea de la guerra diera asco. Que pareciera cosa de locos. Que hiciera vomitar a los generales, porque la guerra es un asesinato”.

Arauca Zona Roja: “Ni se le ocurra ir por allá, porque allá es muy peligroso y a los mismos policías que mandan, los mandan de puro castigo”. Repiten a diario en todo el país y los araucanos llevan ese estigma sobre la cabeza como si fuera un enorme sombrero pelo e guama, bien caro, bien pesado y bien caliente. Saravena, fue considerado como el municipio más violento del mundo, es posible que Tame, en esa época, ocupara el segundo lugar y Arauca capital, el tercero. Tres ciudades pequeñas con apenas setenta mil habitantes y un promedio de siete homicidios diarios cada una. Siete homicidios diarios por trescientos sesenta y cinco días que tiene el año son dos mil cuatrocientas cincuenta y cinco muertes violentas. Solo para dar un ejemplo, al comienzo del nuevo milenio Tame, gozaba con setenta mil habitantes, mataron dos mil doscientos (seis diarios en promedio) huyeron ocho mil y al finalizar el año tenía sesenta mil cristianos contando los recién bautizados, porque en medio de la guerra la gente hace el amor, cocina, manda sus niños a la escuela y va a misa.

Sarabomba: Le decíamos a Saravena con cariño, porque a todo momento y en todas partes un artefacto explosivo hacía su detonación. Lo común eran cilindros bombas lanzados desde rampas artesanales con tan mala puntería que la mayoría de ellos caían lejos de los objetivos. Entonces, se escuchaba el ruido de las pipetas en el aeropuerto, en el cuartel de la policía, en los hoteles y en el comercio. Pero una explosión que reventó en uno de los tantos terminales de taxis, como en el cuadro de Picasso “Guernica”, creó una lluvia de restos humanos, restos de animales y de objetos cubriendo el piso del parque donde jugaban los niños a la hora del recreo. Cayó un brazo, más allá una pierna, una cabeza de un adulto con su bigote de pobre bien delineado, un gato, un ventilador, los trozos de un escritorio, la pantalla de un computador y un casar de palomas que anidaban en el techo cayeron muertas y sus plumas blancas como la paz, suspendidas en el aire, se alejaban empujadas por la brisa.

El día del grado: A los cuatro años había terminado el pre-escolar, había ensayado un baile de joropo con una compañera para presentarlo al momento de la clausura y a las ocho de la mañana caminaba agarrado de la mano de su papá, con su capa y su birrete rumbo al colegio para recibir el diploma. Una moto paró a su lado y el parrillero le disparó al papá tres veces, dos en la cara, otra en el pecho, el hombre cayó boca arriba y el niño viendo a su papá tendido en el piso, se le acaballó en el estómago, lo agarró de los hombros pretendiendo sentarlo mientras con la mayor ingenuidad le decía: “Párese papacito, párese que usted no está muerto, párese papacito, que usted tiene que ir a mi grado”.

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Harlan Ellison, el bravero de la ciencia ficción, ha muerto.

Si algo aprendimos de Harlan Ellison es que nunca hay que irse de la casa de papi y mami. Es decir, no aprendimos nada. Porque autores como Harlan Ellison no eran una pastoral de moralidades y enseñanzas, como los autores que gustan referenciar y que la gente despide con tanto dolor, porque ¡gracias por esas enseñanzas tan bellas! NO SEÑOR. NO SEÑOR. Todo lo contrario con nuestro chico Ellison. Nuestro chico que ayer murió de 84 años. Por siempre chico, no solo de estatura, sino chico como Jefty, reacio a querer crecer y adaptarse en un  mundo de gilipolleces. Así que por siempre chico, por siempre enfado, molesto, irreverente, incluso con la gente que él más admiraba, sus papis de literatura como Asimov, no podía dejar de ser un impertinente atrevido, pero genial, genial ante todo, porque descubría que la libertad abría sus anchas alas negras como el pájaro negro de la muerte, a través de ir con otra tradición, desde Marqués de Sade hasta Louis Ferdinand-Céline, así que otorgó a la ciencia ficción otra cara más allá de la estúpida cara ñoña de quien no sabe más que de ciencia y se niega a ver los aspectos monstruosos de la vida, es decir, ese monstruo que se aparece ante nuestro espejo y lo mostraba, el chico Ellison, a todos. A todos.

Y ayer murió, pero hasta hoy lo despedimos, porque la noticia nos pegó duro.

Lo recordaremos por  sus increíbles cuentos:

«No tengo boca y debo gritar»

«Jefty tiene 5 años»

«El pájaro de la muerte»

«La bestia que gritaba amor en el corazón del universo»

«Arrepiéntete, Arlequín, dijo el señor tic tac»

 

También lo recordaremos por su antología de tres volúmenes VISIONES PELIGROSAS

También dejó su huella en la gran película de todos los tiempos TERMINATOR

Y también escribió series en Startrek, Babylon 5, La dimensión Desconocida… y creemos que en Superman.

 

Pero también lo recordaremos por su importancia en el mundo de la ciencia ficción, pues su voz además de reconocerse como un GRAND MASTER, era bastante controvertida y necesaria, tanto para fortalecer este género con el que tanto peleó pero al que tanto amó, como nosotros con nuestras mamis, y para insistir en luchar contra lo que él vio eran terribles injusticias y malos ratos para quienes escribimos ciencia ficción, como no ser pagado, tampoco valorados y que nuestra creatividad siempre se vea amenazada por la corta vista de los editores flojos y malos jueces de concursos literarios, contra toda esa fauna salvaje, también lucho nuestro chico, el chico Harlan, que era un gigante del corazón y de las letras al que hoy despedimos y recordaremos por siempre con un profundo agradecimiento.

 

MIL INVIERNOS TE DESPIDE HOY, CHICO GIGANTE, HARLAN ELLISON.

 

 

 

 

La curiosa vida de Li Popó. Por Leandro Alva

A Enrique Pagella, destacado orientalista bonaerense.

 

He venido desde muy lejos en representación del taller de escritura e investigación literaria que funciona en un establecimiento que no me ha sido dado nombrar.

Vamos a trascender las barreras del tiempo y el espacio para viajar hasta la China de la dinastía Tang (allá por el siglo VIII, más o menos). En esos pagos y en esa época, era costumbre que los funcionarios públicos cultivaran la poesía. De hecho, era un requisito obligatorio para ingresar a los estamentos gubernamentales.

A consecuencia de esta norma, el arte de pergeñar endecasílabos floreció con singular potencia, y China se llenó de trovadores y verseros como nunca había sucedido antes. Ni después.

Los más famosos y recordados son Li Po y Tu Fu. Tal vez, estos nombres resulten familiares a quien frecuenta estas artes del florilegio chamuyero. Y es muy probable que Li Po sea el más renombrado de estos personajes, porque además de ser un gran bardo, era un gran borrachín y un tremendo putañero. Con mucha frecuencia, su lírica está centrada en la exaltación etílica y los placeres sensuales.

Li Po trabajó en la función pública durante un breve lapso de su vida, y terminó abandonando la faena por motivos que no han sido del todo aclarados.

Sin embargo, no es acerca de Li Po que vamos a disertar en esta oportunidad, si no de una figura mucho más evanescente y misteriosa: su medio hermano Li Popó, que también fue poeta.

Hasta hace poco no teníamos la menor idea de la existencia de este juglar, pero nuestro corresponsal en la Universidad de Connecticut nos hizo llegar un informe incontrastable acerca del escurridizo vate.

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Reseña: Gigamesh 39 Especial Philip K. Dick / Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Protegiendo mi colección en papel revisé las estanterías y encontré algunos libros perforados por el comején, no de manera irreparable, pero uno de ellos me atrajo de inmediato, era la revista del título, la había marcado con resaltador lo cual significaba: “elegible para relectura” (en que siglo no se sabe pero comprobarán por las siguientes líneas que ocurrió).

Era un Especial Philip K. Dick, motivo de atracción, siempre es estimulante sumergirse en su sombreado océano de imágenes (no le crean a los agoreros que afirman que contactarlo es deprimente). Para quienes gustamos de su prosa este volumen es un regalo demasiado valioso para perdérselo.

El “editorial” de Juanma Santiago diríamos que funge como excelente apertura si la revista fuera un juego de ajedrez. Posee: la sinceridad coherente para atrapar en vuelo la libélula del cambio sin quebrar las alas ni aplastar el protórax a los conatos de imaginación y el talento para comunicarlo sin aspavientos.

Habitualmente la página de actualidades es la única obsoleta… y sólo han  transcurrido algo más de un par de lustros, que tal acelere que ha pegado la historia y los MMI

“Tomate Errante”: Michael Bishop

Inicio jocoso, irreverente y hasta surrealista, era inevitable vincularlo con los films dedicados a Tomates Asesinos, y es que deben coexistir la profundidad epistemológica y la dulzura de morar un cuerpo para plasmarse atrevidos un requerimiento biológico y un concepto filosófico. Homo sapiens y solanácea comparten 76% del ADN así que uno se pregunta porque no un “tomateDick” (por manipulación genética u otro método es probable) colosal girando en torno a una estrella gigante roja, ya soñado solo le falta dar el salto de lo onírico a lo presencial. No existe algo que permanezca igual a uno mismo, habría que preguntarle-recordarle al hinchado y redondeado Dick del cuento, a su ego o a lo que sea que se expande en la órbita de la gigante roja, oscilando entre su degustación por el ser amado y el masoquismo de ser devorado, extremos que podrían devenir en una orgía perpetua o en una cristología para una crisis ontológica con inculpaciones eróticas y zalamerías tanáticas. Eso sí, con los datos históricos precisos para enlazar con lo culto más sin el detalle exquisito que lo convertiría en pretencioso.

De forma sutil enfrenta especulares al conocimiento y al amor, la muerte sería no amar no conocer, por lo cual numerosas carcasas nutridas por el odio y la incultura estarían bajo los efectos de esa especularidad, serían como no-muertos asomados a un espejo que no los refleja. Bishop con los “mirmidópteros” raya la cúspide de la cúpula de la creatividad y establece criterios biológicos que rozan la boutade pero se mantienen en la ruta de la comprensión lectora. Me imagino a tomateDick bamboleante, tratando de fingirse erguido, recortado por la luz escarlata de la estrella.

Enmarcado en si mismo, tratando de mirar pero con la mirada obturada y vibrante ante si mismo por el deseo, Dick parece encontrarse en el borde vivo de la explicación constante y ser su límite y así mismo su conciencia. Es el momento de que se lo zampen a mordiscones y adquiera la capacidad del Wub de convertirlos en él al ser digerido (La escena donde los envíos de su yo nutriente en módulos refrigerados llegan a la Tierra me recordó el enorme cadáver de Dios en “Towing Jehova” cuyas nalgas putrefactas son mordisqueadas por los tiburones). Al ser devorado la transustanciación se convierte en el acto creador por excelencia, el que come se transforma tanto como el devorado.

Art by Barclay Shaw for Time Out of Joint, 1984

Las disquisiciones que de ese acto se desprenden se sintetizan en breves ráfagas de palabras de intensa significación de una capacidad singular para atrapar y vincular: el infundíbulo cronosinclástico es una referencia a Vonnegut, la puerta estelar que lleva  a otra realidad está calcada de CJ Cherryh, el pozo subjetivo conectado a un diminuto black hole viene de la saga de los Cheela, el espacio Warp es de Star Trek (los cuatro en un solo párrafo).

Bishop nos ofrece goce intelectual, broma culta, análisis penetrante de ciertas constantes dickianas mediente un semirelato que remeda las discuisiciones filofóficas, o todo a la vez; me decanto por lo último  y un ¡¡hurrah!! apoteósico a Michael por atreverse a ofrecer este metarelato y alcanzar su objetivo: Que queramos un poco más a PK Dick.

Philip K. Dick y el transrealismo: Vivir lo que se escribe (Damien Broderick)

Aunque resulta un texto riquísimo, enérgico y agudo, su definición de transrealismo es floja y no acuña particularidades que iluminen, se parece en exceso a demasiadas otras formas literarias para aceptarla como válida; para que nos sirviera de propulsor para romper inercias  o vibrar con otros ritmos debería proporcionarlas. La propia formulación que Damien toma de George Turner sobre la “ficción imaginativa” es semejante al llamado metodológico de Bertold Brechr de “pescar la insólito bajo lo cotidiano” que de por si ya cae de lleno en lo burlesco y por lo tanto tampoco despega, los ejemplos que despliega nos conectan con señalizaciones efectuadas por gente como Poe con su “mirar con los ojos entornados” y es que en cuanto uno intenta asir lo que es específico de la CF de PK Dick siento que lo descubierto se desvanece (situación descrita por Marshall Berman en otro marco teórico en “Todo lo sólido se desvanece en el aire”) es como seguir la pista de un punto determinado de un fractal saltando de escala en escala.

El ensayo se torna fascinante en cuanto abandona los pujos de la originalidad a medida que se va abriendo a dimensiones poco exploradas (meditación en espacios multidimensionales de Hilbert) y a que se introduce en estructuras de significado que no por reiterantes poseen menos representación (James Graham visitándose a si mismo en “Crash” o saber que el personaje inquietante que observa ha soñado a quien lo ha soñado a él).

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El tatarabuelo de Robocop: el leñador de hojalata de “El mago de Oz”

 

Te pueden quitar los brazos, las piernas y el tronco pero la mente se aloja en el cerebro y, por tanto, seguirás siendo tú hasta que este no perezca; sin embargo, estarás sujeto a la imposibilidad de enamorarte o emitir alguna manifestación de cariño porque el corazón sí te lo despojaron. El cerebro, como lugar donde se aloja lo racional, y el corazón, como espacio donde surge el enamoramiento, es la presunción que envuelve a Robocop en su aislamiento. Aunque él no es el primero: su antepasado, el leñador de hojalata que acompañó a Dorothy a la tierra del gran Oz, ya sufría de las mismas discapacidades.

La caminata del león, la niña, el leñador y el espantapájaros para llegar a la ciudad de las esmeraldas en donde vive y gobierna el gran hechicero que les concederá sus deseos, se da entre campos que, cuando son civilizados, responden a la lógica de la praderización y la siembra de cultivos monótonos. El mago de Oz nombra muchos sueños que, con los años, se llamaron revolución verde y fueron el sinónimo del progreso.

El Adán estadounidense, consolidado con Hojas de hierba de Walt Whitman – ese poeta que se valió de un daguerrotipo para convertirse en el rostro del primer hombre americano, dotando a la figura de autor de una dimensión que sobrepasa su fatalidad de mero inventor para convertirse en una imagen que apoya a su obra -, dejó la carne y el hueso pero siguió siendo norteamericano, es decir, un hombre en cuyas manos persiste el hacha que servirá para desbrozar montes y civilizar parajes agrestes.

A continuación presentamos una versión de la historia del leñador de hojalata y su nacimiento, tomada de “El mago de Oz”, publicado en 1900 y escrito por Lyman Frank Baum.

 

Caminaron por el bosque hasta que encontraron una fuentecilla de agua; la niña desayunó y, cuando los dos amigos y el perro se aprestaban a volver al camino, escucharon un grito.

– ¿Qué es eso?- preguntó Dorothy.

-No tengo idea pero podemos averiguarlo- contestó el Espantapájaros.

En ese momento retumbó otro grito que parecía salir del bosque. Se internaron hasta el lugar en donde Dorothy vio un resplandor. Al acercarse más y más a aquel brillo, hallaron a un hombre de hojalata que estaba paralizado como una estatua y sujetaba en sus manos un hacha. Ambos contemplaban, maravillados, a aquel extraño sujeto; Toto le ladró y se lastimó los colmillitos cuando le mordió una de las piernas de metal.

-¿Te quejabas?- le preguntó la niña al hombre.

-Sí. Lo he hecho por más de un año pero nadie me ha escuchado.

-¿Qué puedo hacer por ti?-  le preguntó Dorothy, remecida por la voz triste de aquel sujeto.

-Aceita mis articulaciones. Están tan oxidadas que no puedo moverme. Encontrarás el aceite en una repisa de mi cabaña.

Dorothy fue a la cabaña, la cual era la misma en donde pernoctaron la noche anterior.  Regresó con el tarro y le preguntó al hombre metálico:

– Dime, ¿dónde quedan tus coyunturas?

-Primero engrasa mi cuello.

La niña siguió la instrucción y, después, el Espantapájaros tomó la cabeza del extraño sujeto, moviéndola de lado a lado hasta que el hombre de metal pudo moverla por sí mismo.

A continuación, Dorothy aceitó las articulaciones de los brazos.

-Se siente muy bien. Sostenía esta hacha desde que me oxidé; me siento aliviado de poder bajar los brazos. Si aceitas mis piernas, me sentiré mejor aún.

La niña hizo lo que le pidió el hombre.

– Si no hubieran llegado, estaría condenado a quedarme parado para siempre. ¡Ustedes han salvado mi vida! Cuénteme, ¿cómo llegaron hasta acá?

-Vamos rumbo a la Ciudad de las Esmeraldas para encontrar al gran Oz. Ayer, al anochecer, nos detuvimos a dormir en tu cabaña porque estaba vacía – contestó Dorothy

-¿Por qué quieren ver a Oz?

-Yo quiero que me ayude a volver a mi casa y el Espantapájaros desea que le den un cerebro.

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Apuntes sobre La Transformación de Kafka

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La mejor y más kafkiana portada de La Transformación en español

Tradicionalmente se ha traducido La Transformación de Franz Kafka como La Metamorfosis (incomprensible, pues el alemán tiene su propia palabra para metamorfosis ––Die Metamorphose–– , pero como dice Borges, tal vez se tratara un guiño romántico para Ovidio) para así ocultar lo apenas evidente que resulta La transformación como literatura marica (digo marica para rescatar la palabra española ya que ahora se emplea el término queer que hasta la novela de Burroughs la han preferido dejar así queer que la primera traducción que era marica y allí precisamente Burroughs habla de cuando se dio cuenta de que era una marica, «una maldición, que siempre ha estado en la familia, todos los Lee somos unos pervertidos» -Cronenberg coge este bello paisaje y lo introduce en su adaptación de Naked Lunch junto la espectacular historia de la muerte de Momo el marica – y el paralelismo entre estas dos obras con La transformación de Kafka es evidente como historia de ciencia ficción).

Toda la lucidez que desborda Mario Vargas LLosa al hablar de las Mil noches y una, la olvida o pierde al abordar La metamorfosis.  Vargas Llosa lee como «realista», La Transformación de Kafka, pues para él lo «único» extraño que sucede en la historia es el súbito cambio del personaje central de ser humano a insecto; ya que el resto de la historia se continúa como una escena terriblemente realista. ¡Cómo si este cambio fuera poca cosa! Es más, la historia del autor de Praga se ajusta perfectamente a los cinco elementos que deben componer un relato fantástico, según los criterios de H.P. Lovecraft en Notas sobre la escritura de Ficción Extraña.  Y lo que para el Nobel peruano hace de La transformación un relato realista, es apenas una condición para lo que Lovecraft debe generar un buen relato extraordinario o sobrenatural: 

Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos; los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

Como la terrible transformación que acaece sobre Gregorio Samsa es de orden sobrenatural, aunque tampoco se niega en ningún momento que pueda deberse a una causa singular o desviación de una ley natural (Kafka era lector de Darwin, por lo que a veces me encuentro tentado a arriesgar mi propia adaptación con un título tan sugestivo como La mutación, pero como con la metamorfosis, la mutación tiene su propia palabra en alemán y sería viciar ya demasiado a Kafka de mi propia Weltanschauung) , se puede apreciar el texto más allá de la clásica lectura como «literatura de lo absurdo» o «existencialista-psicológica», como un texto emparentado con la tradición de la literatura de ciencia ficción (entendida como género de lo extraño) que aborda personajes paranormales.

Puede parecer escandaloso para algunos llamar a Kafka un autor de ciencia ficción, por lo mismo que autores como Carlos Gardini señalaban que muchos «se levantaban de la mesa» al sugerir que Borges escribía CF:

Hay gente que se levanta ofendida y se va de una mesa redonda cuando se dice que (Borges) escribió CF. Y los temas son los mismos, sólo que él los escribía diferente. Funes era un paranormal. Tlön existe en algún universo paralelo.

Entrevista con Carlos Gardini
Alejandro Alonso y Eduardo J. Carletti

La Transformación de Kafka, en ese sentido, es tan propia de los temas de la ciencia ficción, como Funes el memorioso, El hombre menguante, El hombre demolido, La mosca o cualquier otro monstruo de Einstein.  Que una visión canónica de la literatura se resista a que un autor tan serio y europeo como Franz Kafka se encasille en el mismo cajón que cualquier otro mutante de cultura popular, no es nuestra principal preocupación.

 

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Lo primero que se debe considerar al emprender una adaptation de Die Verwandlung de Kafka es si seguir el consejo de los puristas de inferir «una suerte de anagrama semántico númerico» (como lo llama Selnich Vivas) y que el mismo Janouch le expresa a Kafka sobre el cryptograma Kafka en Samsa, hacer lo mismo con GREGOR.. o respetar una tradición de lectura que surge desde la  primera  traducción (falsamente atribuida a Borges), llamando GREGORIO al personaje… por amor a Kafka, al falso Borges (citando nuevamente a Vivas que tomó como cierta la traducción de Borges: Quien lee la traducción de Borges no está leyendo directamente a Kafka, sino al Kafka que redactó Borges) al grupo Chaski y a los ovnis de Huancayo, creo que GREGORIO es el nombre más apropiado y bello para el personaje de La transformación. 

 

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He estado leyendo La Metamorfosis en mi casa y la encuentro pésima.
Diario de Kafka

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Me está gustando más la historia detrás de la metamorfosis que la misma metamorfosis.

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¿Es acaso delicado y discreto hablar de bichos en la cama con la familia de uno? No es usual en la buena sociedad, ya ves que malos modales tengo.

Kafka a Janouch

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Tengo que terminar la metamorfosis o la metamorfosis termina conmigo.

 

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Acá sobre la aberración de muchas carátulas (aunque debo decir que la de Rey Naranjo tampoco es que sea muy buena, de hecho es ridícula. Esa edición de Panamericana es desastrosa, traducida sin ninguna clase de compromiso o gusto por el autor, sencillamente sin sustancia, lo único que rescato es el artículo de Vivas, aunque comete el error de creer en el mito de la traducción de Borges):

No quiero restringir su autoridad (la del ilustrador) pero solo para hacer una sugerencia basado en mi mejor conocimiento de la historia: EL INSECTO NO PUEDE SER DIBUJADO. NI SIQUIERA PUEDE SER MOSTRADO A LO LEJOS. Si yo pudiera hacer una sugerencia para una ilustración escogería aquellas escenas en la que los padres y el administrador de la oficina (según mi propia traducción y no disque «gerente» como esa horrible traducción a la que me he referido) están en frente de la puerta cerrada, o los padres y la hermana en la habitación del lado con las luces prendidas, mientras está abierta la puerta de la otra habitación completamente a oscuras. Kafka a la compañía editorial Kurt Wolff 

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Estoy escribiendo una novela sobre un escritor de ciencia ficción que para ganarse el pan tiene que adaptar la metamorfosis de Kafka para niños pero solo consigue pesadillas de una infancia tormentosa y un futuro que llamar apocalíptico sería muy rosita. También con fragmentos de Orwell y un aislamiento incomunicativo tipo Beckett. Creo que será una novela que muchos tacharán de pretenciosa.

 

Fuentes:

El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero10/borg_tra.html

The Metamorphosis. Franz Kafka. Translated and edited by Stanley Corngold. 1972. Random House, Inc.

La Metamorfosis. Franz Kafka. Traducción Marta Kovacics. 1996. Panamericana Editorial.

La escritura del otro Qaphqa. Selnich Vivas Hurtado. Dentro de: La Metamorfosis… 1996. Panamericana Editorial.

Notas sobre la escritura de Ficción Extraña.

Entrevista con Carlos Gardini
Alejandro Alonso y Eduardo J. Carletti

PENSANDO EN GRANDE.

AL ESPÍRITU EMPRENDEDOR DE UN PAJORRO.

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No puedo creer que exista algo tan bello como Conjunto Primavera. Yo que creí que el bigote más triste que había era el que se me armaba cuando mi bello púbico se salía de mi traje de baño en los balnearios de Tolima. Pero la vida ha vuelto a darme una lección de humildad y grandeza. Todo fue por un comentario en youporn de un chiquillo tan latino como yo que le pedía matrimonio a la actriz porno del video. Lo seguí por las redes y descubrí su amor por el amor que ahora se me contagió. Después de escuchar conjunto primavera uno se convence que lo mejor fue haber nacido muerto.Pero ya que estamos vivos, no hay más remedio que masturbarse como el canguro.

A mí me vienen muchos días de descanso porque me encuentro en desempleo. Estoy cumpliendo mis 40 primaveras y lo único que no se han cumplido son mis sueños. Promesas abundan sobre la mesa y yo, como una niña crédula, apuesto a todas, y como niña crédula, me quedo con el pan lleno de queso.

La verdad estoy muy casando y en esta crisis de fe tan hijueputa solo puedo creer en algo: que no puedo creer que aún salgan agrupaciones musicales tan increíblemente angelicales como el conjunto primavera. Sus videos han sido un aliciente a esta depresión que ya no tiene pensamiento fijo sino, como dirían los más grandes cantautores, es puro corazón.

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El invierno me parece pretencioso. El verano una mierda. El otoño no lo conozco. Solo primaveras, tristes primaveras, llenas de polen para enfermar este pechito asmático.

Mi mundo no solo es triste, es raro como un hijueputa. Por eso ya no me interesa nada más sino seguir a gente enamorada de actrices porno para descubrir que el amor existe y la creencia en la sagrada institución del matrimonio aún perdura, pese a los penes como los de Mandigno, para llenar la web de un hálito de frustración divina y gallardía y dignidad de fracasado.

A hacerse daño.