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La mano que no investiga

Abelardo de la Espriella, Mario Iguarán y el sistema que los protegió a ambos.


Este trabajo es una colaboración entre un modelo de inteligencia artificial programado para búsqueda profunda y verificación de hechos, guiado por Hermes Malemort, periodista independiente especializado en política colombiana. Se publicó originalmente en Versipellis.


El 31 de mayo de 2026, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero obtuvo el 43,7 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. Abogado penalista sin ningún cargo de elección popular en su hoja de vida, condujo su campaña alrededor de una postura de extrema derecha frente al crimen y una imagen cuidadosamente construida de outsider político: el hombre que se hizo a sí mismo, que no le debía nada a nadie, que había edificado todo con sus propias manos y que se mantenía al margen del establecimiento corrupto que prometía desmantelar. El 21 de junio se enfrentará en segunda vuelta al senador de izquierda Iván Cepeda, en un balotaje que podría redefinir el rumbo político de Colombia por una generación.

El expediente sugiere una historia distinta. De la Espriella es el abogado que construyó el bufete de más rápido crecimiento en el sector jurídico colombiano defendiendo a paramilitares, a sus aliados políticos en el Congreso, al arquitecto del mayor fraude financiero de la historia del país y a un hombre al que el gobierno de Estados Unidos acusó de ser testaferro de Nicolás Maduro. Lo hizo, en gran medida, durante cuatro años en los que su amigo personal era el Fiscal General de la Nación. Las investigaciones abiertas en su contra durante ese período fueron cerradas, una por una, hasta que la propia ley hizo imposible reabrirlas.

El nombre de ese amigo era Mario Iguarán Arana.

I. Los compadres

Para entender la relación entre De la Espriella e Iguarán, conviene saber qué es realmente la Fiscalía General de la Nación. No es simplemente un organismo de persecución penal. En un país donde la independencia judicial ha sido históricamente disputada, donde la línea entre el Estado y las estructuras paramilitares que operaron bajo su amparo se volvió, durante los primeros años 2000, casi imposible de trazar, la Fiscalía bajo el presidente Álvaro Uribe fue una de las instituciones centrales a través de las cuales se negoció el poder, se protegió y, cuando fue necesario, se blindó de cualquier rendición de cuentas.

Mario Iguarán ejerció como Fiscal General entre 2005 y 2009, los años críticos de la desmovilización paramilitar, cuando miles de combatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia depusieron las armas a cambio de penas reducidas en el marco de la justicia transicional, y cuando el alcance de su infiltración en la vida política comenzó, lenta y dolorosamente, a aflorar en los estrados.

Iguarán y De la Espriella eran amigos personales desde hacía más de una década. Los dos hombres sirvieron juntos como padrinos en la boda de Sabas Pretelt de la Vega, ex ministro del Interior de Uribe, una relación que ninguno de los dos ha negado. Iguarán también era cercano al padre de De la Espriella, magistrado del Tribunal Administrativo de Córdoba. No era una relación profesional. Era una amistad que atravesaba una generación entera y llegaba hasta la arquitectura misma del Estado colombiano.

Cuando la relación se volvió políticamente incómoda, Iguarán ofreció una defensa característica: “Abelardo es la persona más respetuosa. Y creo que si se miran las estadísticas, él pudo haber tenido más éxito profesional bajo otras administraciones, otros fiscales, que bajo la mía. Por circunstancias, no porque yo quisiera afectarlo o favorecerlo.”

Las circunstancias, como ocurre frecuentemente en Colombia, vienen con fechas específicas.

II. El expediente y el reloj

El período de Iguarán en la Fiscalía coincide con precisión con los años en que De la Espriella consolidó su firma, defendió a los congresistas condenados por la Corte Suprema por sus vínculos con grupos paramilitares, organizó foros universitarios a través de su fundación FIPAZ —Fundación Iniciativas por la Paz— en los que comandantes desmovilizados eran presentados como actores políticos legítimos, y asumió la defensa de David Murcia Guzmán, el hombre detrás de DMG, la mayor pirámide financiera en la historia de Colombia, que defraudó a cientos de miles de inversionistas en todo el país.

Los testimonios paramilitares contra De la Espriella, recogidos en los archivos de Justicia y Paz —el mecanismo de justicia transicional a través del cual los combatientes desmovilizados confesaron sus crímenes— son sustanciales y específicos. Ever Veloza García, el ex comandante de las AUC conocido como HH, declaró en febrero de 2009 que De la Espriella “trabajó con un frente paramilitar”, que él personalmente lo presentó al alto mando Ernesto Báez y que el abogado participó como enlace en reuniones celebradas en Santa Fe de Ralito, el recinto en el interior del país donde el gobierno de Uribe negoció directamente con la cúpula paramilitar, en sesiones que una investigación del Congreso describiría posteriormente como el escándalo político más trascendente de la era.

Salvatore Mancuso, quizás el comandante de las AUC más prominente en comparecer ante la justicia transicional, fue más lejos. Mancuso declaró públicamente que De la Espriella era amigo cercano y tenía una “relación profunda” con el entonces Fiscal General Iguarán, tanto antes como durante su mandato en la Fiscalía.

La Corte Suprema de Justicia, mientras tramitaba un caso separado contra un congresista condenado por vínculos paramilitares, halló méritos suficientes para ordenar una investigación formal contra De la Espriella. La Fiscalía bajo Iguarán ya había cerrado una investigación previa en su contra —por concierto para delinquir y lavado de activos— dos años antes.

La investigación sobre los vínculos paramilitares de De la Espriella fue cerrada formalmente en agosto de 2009, días antes de que Mario Iguarán abandonara el cargo. No semanas. No meses. Días. Cuando la Corte Suprema intentó reabrir el caso en 2011, se topó con el muro procesal que el sistema jurídico colombiano levanta con particular eficiencia alrededor de los poderosos: el asunto ya había sido juzgado. Bajo el principio de cosa juzgada, no podía volver a ventilarse. La puerta había sido cerrada desde adentro, y la llave desechada al salir.

III. La evidencia en bodega

En marzo de 2009, un ex agente del DAS llamado Orlando Sastoque Ángel, entonces inscrito en el programa de protección de testigos de la Fiscalía, rindió una declaración que ofrecía una ventana inusualmente detallada sobre la forma en que De la Espriella utilizó los instrumentos del poder estatal para fines personales.

El DAS —Departamento Administrativo de Seguridad— era la agencia de inteligencia interior de Colombia, disuelta posteriormente por el presidente Juan Manuel Santos tras revelarse que había sido usada para espiar a periodistas, jueces, políticos de oposición y abogados de derechos humanos. Sastoque había trabajado para el DAS entre 2003 y 2006, y en junio de 2007 fue contratado como escolta personal de De la Espriella.

Según su testimonio, aproximadamente tres meses después de ingresar al cargo, De la Espriella le preguntó si el DAS podía hacerle un favor: averiguar quién le estaba llamando a su novia, una joven de Medellín. Quería nombres completos, direcciones y registros telefónicos de toda persona en contacto con ella. Proporcionó los números de cuenta de la operadora móvil.

Ocho días después, el contacto de Sastoque en el DAS entregó un dossier escrito: nombre completo, dirección y número de teléfono de la persona que llamaba a la novia, porque eso era lo que el doctor había pedido.

La ironía inscrita en la cronología es del tipo que ningún editor le permitiría usar a un escritor de ficción. El 3 de agosto de 2007, aproximadamente la misma semana en que recibió el dossier de vigilancia sobre su novia, De la Espriella interpuso una tutela contra el Ministerio de Defensa y la Fiscalía, exigiendo la protección de su derecho a la intimidad luego de que su nombre apareciera en una lista de personas cuyas comunicaciones habían sido interceptadas por la Policía Nacional.

El hombre que estaba haciendo vigilar a una mujer por la inteligencia del Estado le estaba demandando simultáneamente al Estado por vigilarlo a él.

Una investigadora del CTI llamada Gladys Urrego confirmó en febrero de 2021 que la Fiscalía había recibido un volumen considerable de documentos, registros y videos de parte de Sastoque desde 2008, evidencia que quedó sepultada en el sistema de custodia de la cadena probatoria durante la administración del Fiscal General Mario Iguarán. Permaneció allí, catalogada e intacta, mientras las investigaciones que documentaba eran cerradas.

IV. El segundo cierre

La arquitectura de la protección no fue obra de un solo funcionario. Viviane Morales, quien se desempeñó como Fiscal General entre 2012 y 2014 y fue la última fiscal en cerrar formalmente las diligencias contra De la Espriella por presuntos vínculos con las AUC, se vinculó públicamente a su campaña presidencial tras dejar el cargo. La funcionaria que había dado por terminada la última investigación abierta contra el candidato se convirtió en una visible promotora de su aspiración a la presidencia. Nadie le ha pedido, en ningún escenario, que explique la relación entre esos dos hechos.

V. La insinuación pública

El 3 de junio de 2026, dos días después de la primera vuelta, María Guerrero, esposa del ministro del Interior Armando Benedetti, publicó una respuesta en X a los ataques públicos de De la Espriella contra su marido. El candidato, autodeclarado defensor de la familia tradicional, había llamado a Benedetti “comprador habitual de votos”.

“Te presentas como defensor de la familia”, escribió Guerrero, “pero parece que no recuerdas tu pasado, tu estrecha relación con Iguarán, ni las escapadas —una que terminó en 2022 y otra que terminó en 2025—”. Añadió que conocía hechos de su vida personal que no revelaría por respeto a su familia, y lo llamó mentiroso respecto a sus infidelidades.

La sintaxis de la publicación merece una lectura cuidadosa. Guerrero nombra tres cosas distintas: la relación con Iguarán, las escapadas con fechas específicas de cierre, y las infidelidades en plural. Las escapadas —con sus marcas temporales de 2022 y 2025— parecen referirse a relaciones paralelas con mujeres, enlistadas por separado de la mención a Iguarán. Qué quiso decir exactamente con la “estrecha relación con Iguarán” es algo que no desarrolló, y ninguna fuente verificable ha sustanciado una afirmación que vaya más allá de la amistad política y personal que ambos hombres ya han reconocido.

Lo que sí está documentado es que De la Espriella no respondió a esa parte del mensaje.

VI. La fortuna y su cronología

De la Espriella Lawyers Enterprise fue fundada en 2003 con un capital inicial de aproximadamente 130 dólares. Para 2006, en el apogeo de la consolidación paramilitar como proyecto político, la firma ya reportaba ingresos anuales superiores al medio millón de dólares. Para 2017, los ingresos superaban los once millones. Para 2024-2025, los activos totales de la firma se valoraban en más de veinte millones de dólares, junto a un conglomerado empresarial que abarcaba finca raíz, ganadería, moda y licores.

De 130 dólares a veinte millones en dos décadas. En Colombia, ese ritmo de crecimiento en el sector jurídico suele atraer felicitaciones o preguntas. La clientela durante esos años —comandantes paramilitares, sus aliados congresales, el más prominente defraudador financiero del país, un hombre acusado en Estados Unidos de lavar dinero para el gobierno de Maduro— sugiere que las preguntas son la respuesta más apropiada.

De la Espriella nunca ha ejercido un cargo de elección popular. Obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2023. Hace campaña contra la corrupción de las élites y la infiltración del dinero criminal en la política colombiana. Se llama a sí mismo un outsider. Recibió su apodo político, El Tigre, del ex presidente Álvaro Uribe, la figura más influyente de la política conservadora colombiana, cuya defensa jurídica ha llevado por años.

El outsider ha pasado toda su vida adulta dentro de los salones más interiores del poder.

VII. Lo que esto significa

El 31 de mayo, Abelardo de la Espriella ganó más de diez millones de votos. Su sólida votación en primera vuelta desconcertó a los encuestadores. Se enfrentará a Iván Cepeda en segunda vuelta el 21 de junio en lo que todos los analistas describen como la elección colombiana más trascendente en años: una contienda que definirá la relación del país con Estados Unidos, su enfoque frente a los grupos armados que aún operan en su territorio y el rumbo de una sociedad que nunca ha resuelto del todo qué hacer con quienes más se beneficiaron de la violencia de las últimas cuatro décadas.

La historia de De la Espriella e Iguarán no es la historia de una amistad corrupta en un país corrupto. Es la historia de cómo se construyen y sostienen los sistemas de impunidad: no a través de conspiraciones dramáticas, sino mediante la paciente acumulación de las personas exactas en los cargos exactos en los momentos exactos. Una investigación abierta, luego cerrada. Una evidencia archivada, luego almacenada. Una puerta entreabierta, luego cerrada dos días antes de que el hombre que tenía la llave abandonara el edificio.

El tigre, como símbolo, evoca poder y autonomía: el depredador que opera solo, que no le debe nada a la manada. El expediente sugiere algo más familiar: un animal que, durante muchos años, tuvo una jaula muy cómoda, y amigos que se aseguraron de que el cerrojo nunca fuera puesto a prueba.

Notas de verificación: Todos los hechos de este artículo provienen de fuentes verificables, entre ellas La Silla Vacía, Fundación Pares, Diario Rojo, Corrupción al Día, Cambio Colombia, El Espectador, Zona Cero y registros públicos del sistema de justicia transicional de Colombia. Las investigaciones formales contra De la Espriella fueron cerradas sin condena; su mención aquí es factual y no implica responsabilidad penal. La insinuación formulada por María Guerrero respecto a la relación con Iguarán se reporta como declaración pública de una persona identificada, no como hecho establecido.

El tigre de papel: anatomía de una contradicción convertida en marca


Esta investigación se efectuó usando un modelo de Inteligencia Artificial diseñado para indagar a fondo y omitir información no verificable. Un texto coescrito por Stubbe Peeter y Hermes Malemort, periodistas especializados en crimen organizado y mafias. Publicado originalmente en Versipellis.


Abelardo de la Espriella nació en Bogotá en 1978, creció en Montería y se formó como abogado. A los veintiséis años ya había asegurado un lugar en el registro histórico: una fotografía tomada en Santafé de Ralito lo muestra posando junto a Salvatore Mancuso, uno de los principales comandantes del paramilitarismo colombiano. La imagen no es una metáfora; es un documento verificable de los diálogos de desmovilización impulsados por el gobierno de Uribe entre 2002 y 2005. En ese entonces, De la Espriella presidía una fundación llamada FIPAZ —Fundación para las Iniciativas de Paz— que organizaba foros universitarios presentados como un intento de legitimar políticamente a los paramilitares desmovilizados. Según testimonios dentro del sistema judicial colombiano, FIPAZ recibió más de 1.300 millones de pesos de las AUC. También promovió un referendo para prohibir la extradición.

Hoy, ese mismo hombre se presenta como candidato presidencial bajo la bandera de la honestidad, el orden y la mano dura contra la criminalidad. Se hace llamar “El Tigre”.

La principal contradicción de Abelardo de la Espriella es menos política que narrativa: la imagen que proyecta no termina de coincidir con el expediente que lo acompaña. Después de defender a las congresistas de la llamada “parapolítica”, Rocío Arias y Eleonora Pineda —ambas posteriormente condenadas por la Corte Suprema— pasó a representar a David Murcia Guzmán, creador de DMG, el mayor esquema piramidal de la historia colombiana. Interceptaciones legales realizadas durante catorce meses registraron conversaciones entre miembros de DMG sobre una supuesta solicitud de 760 millones de pesos, presuntamente destinados a que De la Espriella “moviera influencias” dentro del Congreso. La Fiscalía cerró el caso en 2009 y De la Espriella abandonó la defensa justo cuando el escándalo alcanzaba su punto más crítico.

Luego apareció Álex Saab. De la Espriella actuó como abogado de Saab, empresario actualmente procesado en Estados Unidos por lavado de dinero y ampliamente señalado como operador financiero del gobierno venezolano de Nicolás Maduro. Transacciones realizadas a través de bancos estadounidenses en 2017 y 2018 —el período más cercano de la relación profesional entre Saab y De la Espriella— terminaron involucrando a un socio colombiano de la firma en otro caso de fraude relacionado con narcotraficantes. El candidato sostiene que rompió vínculos con Saab cuando este fue acusado formalmente en julio de 2019. La precisión de la fecha es notable; la imagen pública que deja, menos.

La trayectoria financiera de su firma también resulta llamativa. De la Espriella Lawyers Enterprise fue fundada en 2003 con un capital aproximado de 200 dólares. Para 2006, mientras el paramilitarismo consolidaba su influencia, la firma reportaba ingresos superiores a mil millones de pesos. En 2024, aseguraba poseer activos por más de 39 mil millones de pesos, liderando un conglomerado con inversiones en bienes raíces, ganadería, moda y licores. Pasar de quinientos mil pesos a treinta y nueve mil millones en veinte años es un crecimiento que, en Colombia, suele despertar o un silencio respetuoso o una cantidad agotadora de preguntas.

El espejo roto del nuevo rico

La campaña de De la Espriella tiene la estética de alguien que aprendió el significado del lujo hojeando revistas en salas VIP de aeropuerto. Sus apariciones públicas oscilan entre el fervor de un culto religioso, la coreografía de un mitin mussoliniano y el espectáculo estridente de un programa de variedades de fin de semana. Para financiar sus aspiraciones —“sin depender de grandes grupos económicos”, según afirma— lanzó “De La Espriella Style”. El catálogo incluye los tenis “Tiger Force One”, pintados a mano por el artista Perrograff y vendidos por cinco millones de pesos. También está el “Tigris Uno”, un reloj limitado a nueve unidades y valorado en veinte millones de pesos, que la campaña describe como un símbolo “del tiempo de los patriotas”.

Vale la pena detenerse en los tenis. Son Nike genéricos intervenidos con grafitis inspirados en la Comuna 13 de Medellín y vendidos por una suma equivalente a una vez y media el salario mínimo mensual. Un crítico en redes sociales los describió con precisión quirúrgica como “los únicos zapatos deportivos del mercado que vienen con dos pies derechos”. El candidato los defendió como una muestra de “emprendimiento patriótico”. El reloj, aunque utiliza maquinaria suiza, lleva un eslogan de campaña que haría llorar a cualquier relojero ginebrino: “El tiempo del rugido de la patria ha llegado”.

Esto no es marketing político sofisticado. Es la lógica de la narcoestética traducida al discurso republicano: el exceso como única prueba de éxito, la marca personal reemplazando la hoja de vida y el tigre convertido en símbolo de una masculinidad que puede comprarse en nueve unidades de edición limitada.

Aunque el oriundo de Montería nunca prestó servicio militar, suele saludar usando visera y gritando “¡Firmes por la patria!”. Su campaña mezcla consignas de derecha radical con una puesta en escena casi infantil —incluyendo animaciones— y una estrategia de mercadeo más cercana a la de una estrella del reguetón. Brinda con Silvestre Dangond y posa junto a James Rodríguez. Como observó el filósofo Tomás Molina, De la Espriella comparte con Trump una marca exitosa ante la opinión pública: su nombre se asocia a cierto tipo de prestigio, independientemente de la realidad que exista detrás.

El problema del tigre como símbolo no es el felino, sino la jaula. De la Espriella afirma que en 2024 el expresidente Álvaro Uribe habló de la necesidad de un “tigre” que llevara sus banderas. Así, el candidato de la “soberanía” recibió su apodo del hombre más influyente de la derecha colombiana. Se presenta como un outsider, pero lleva dos décadas siendo abogado de algunas de las causas más incómodas del establecimiento.

Dice no ser de izquierda ni de derecha, sino de “extrema coherencia”. Es una frase que solo puede pronunciar alguien que nunca ha tenido que responder seriamente por sus contradicciones, o alguien convencido de que su audiencia jamás se tomará el trabajo de buscarlas.

Incluso las firmas para respaldar su candidatura han sido objeto de cuestionamientos. Entregó 4,6 millones de firmas —seis veces más de las requeridas—, de las cuales 3,1 millones fueron anuladas por la Registraduría Nacional. Superó el umbral exigido, pero el método utilizado sigue siendo motivo de interrogantes.

En la tradición simbólica colombiana, el tigre es el animal que acecha desde el monte. El tigre de De la Espriella, en cambio, acecha detrás de vitrinas de vidrio, rodeado de tenis pintados a mano y relojes de lujo. Por ahora, su rugido se parece menos a una fuerza de la naturaleza y más a un discurso de ventas de alta gama.

Nota: Los datos de este análisis están respaldados por reportajes verificables de Cambio Colombia, Revista Raya, El Espectador y otros medios. Las investigaciones judiciales mencionadas (FIPAZ/AUC y DMG) fueron cerradas sin condena; su inclusión responde únicamente a hechos documentados y no implica culpabilidad penal. La fotografía en Ralito forma parte del registro público.

FUENTES

Investigación y perfilamiento

  1. Cambio Colombia — “Firmes por la plata: Abelardo de la Espriella a través de sus clientes” (dic. 2025) — cambiocolombia.com
  2. Revista Raya — “El tigre importado: Abelardo de la Espriella copia a Bukele, Milei y Trump” (feb. 2026) — revistaraya.com
  3. Revista Raya — “Abelardo de la Espriella, el precandidato que niega su relación con el abogánster de Uribe” — revistaraya.com
  4. Diario Rojo — “Abelardo de la Espriella: del paramilitarismo de las AUC al fraude presidencial” (dic. 2025) — diario-red.com
  5. El Espectador — “Este es el perfil de Abelardo de la Espriella: abogado con polémicas que busca la Presidencia en 2026” — elespectador.com
  6. Colombia Reports — “Abelardo de la Espriella” (nov. 2025) — colombiareports.com

Casos judiciales y escándalos específicos

  1. Infobae Colombia — “Daniel Quintero acusó a Abelardo de la Espriella de presuntos nexos con redes criminales” (feb. 2026) — infobae.com
  2. Univision — “Socio de candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella, vinculado por EEUU a un caso de fraude a narcotraficantes” (abr. 2026) — univision.com
  3. Infobae Colombia — “Recuerdan cuando Abelardo de la Espriella defendió a Jorge Visbal, condenado por nexos con paramilitares” (ene. 2026) — infobae.com
  4. El Heraldo — “¿Quién es Abelardo de la Espriella, el abogado convertido en alfil de la derecha?” (dic. 2025) — elheraldo.co

Merchandising y estética de campaña

  1. Infobae Colombia — “Abelardo de la Espriella lanzó su propio reloj en medio de la campaña presidencial” (feb. 2026) — infobae.com
  2. La República — “Así es el Tigris Uno, reloj de lujo de edición limitada que lanzó Abelardo de la Espriella” (feb. 2026) — larepublica.co
  3. Las2Orillas — “El negociazo que montó Abelardo de la Espriella con su campaña: relojes costosos y esculturas de millones” (feb. 2026) — las2orillas.co
  4. El País (Cali) — “Abelardo de la Espriella lanza a la venta tenis de $5 millones” (oct. 2025) — elpais.com.co
  5. Vanguardia — “Así son los tenis de $5 millones del precandidato Abelardo de la Espriella” (oct. 2025) — vanguardia.com
  6. Asuntos Legales — “Relojes y tenis, entre las estrategias de merchandising de Abelardo De La Espriella” (feb. 2026) — asuntoslegales.com.co

Contexto electoral y declaraciones públicas

  1. Newz (ES) — “Candidato Abelardo de la Espriella: ‘El Tigre’ que desafía a Petro” (abr. 2026) — es.newz.com
  2. El Universal — “‘Es maltratador y está investigado por corrupción’: De la Espriella le responde a Benedetti” (may. 2026) — eluniversal.com.co
  3. Infobae Colombia — “De la Espriella se sacudió de comentario burlón de Benedetti sobre supuestos implantes” (may. 2026) — infobae.com
  4. Pulzo — “Le pillaron detalle a Gustavo Bolívar y le preguntan: ¿le está haciendo campaña a De la Espriella?” (mar. 2026) — pulzo.com
  5. Semana — “Abelardo de la Espriella” (opinión, 2026) — semana.com

Héroes decadentes II: la novela

(Novela bilingüe por entregas. ESP/EN)

Por Howard Murcia y Francesco Vitola Rognini.


Ser plural como el universo.

Fernando Pessoa.


Prólogo

El lunes amaneció sin nubes. Eso fue lo primero que notó Aurelio antes de subir al árbol: un cielo demasiado limpio, sin nubes. Tomó el machete. Revisó dos veces el nudo de la cuerda de seguridad.

El árbol era un almendro viejo que llevaba años rastrillando sus ramas torcidas contra el muro del fondo. Además, estaba plagado de comején. Las termitas habían hecho metástasis, por lo que además de la poda era necesario aplicar gasolina en las partes invadidas por los insectos.

Aurelio subió despacio. A los cincuenta y seis años no había otro modo de hacerlo. Ponía el pie, buscaba la rama, desplazaba el peso. Llegó a unos ocho metros de altura. Desde ahí la vista cambiaba: los techos de las casas vecinas, una piscina de agua verdosa, una antena oxidada, el cadáver de una paloma disecada por el sol, en el tejado vecino. El viento olía distinto también, olía a libertad, a monte.

Empezó por las ramas secundarias. Una a una dejó caer las tres ramas. Abajo, su ayudante, iba picando y apilándolas. Se desplazó hacia el otro extremo del árbol, donde había que pisar con cuidado por el comején. Encontró la rama que frotaba el muro como uñas largas en un espejo. Calculó el corte. Ajustó la posición del cuerpo.

Lo que pasó después ocurrió en menos de dos segundos. La rama no cayó, sino que hizo un movimiento pendular y lo golpeó en el pecho, arrojándolo fuera de su zona segura. La cuerda se quebró con un sonoro chasquido de latigazo. Néstor cayó rebotando de una rama a otra, y finalmente, contra el suelo del jardín.

Desde abajo, tumbado de espaldas, Néstor contempló el cielo sin nubes, seguía ahí, inmutable, sin la menor consideración por lo que acababa de ocurrir. Su ayudante, metido en su campo visual, le hablaba, pero la voz le llegaba en sordina. No sentía dolor, el cuerpo aún no lo registraba. Intentó mover la mano derecha, pero no pudo. Intentó llamar, pero no escuchó su propia voz. Entonces una sensación, somnolencia quizás, empezó a nublar los bordes del campo visual y fue cerrándose despacio hacia el centro. Y en medio de aquella oscuridad, un túnel de luz por el que se acercaba alguien en sandalias, con toga blanca y una barba larguísima. Pero no eran sandalias normales. Tenían algo en los costados —unos apéndices pequeños, como alas de pollo BBQ—. Las sandalias levitaban sobre el suelo, pero parecían caminar silenciosamente sobre una pista invisible. El hombre que llevaba las sandalias era delgado, de mediana estatura, con una túnica corta que en otro contexto habría parecido un disfraz. Llevaba en la mano izquierda una tablilla de arcilla. En la derecha, un punzón. Tenía expresión de funcionario indiferente a todo.

—¿Estoy muerto? —preguntó Néstor.

El hombre consultó la tablilla.

—Esa pregunta de naturaleza administrativa está fuera de mi jurisdicción.

—¿Y qué jurisdicción tiene usted?

—Traslados. —Hizo una pausa. Anotó algo con el punzón.— Soy el responsable de llevarlo del punto A al punto B. Lo que ocurra en el punto B no depende de mí.

—¿Cuál es el punto B?

—No se proporciona esa información de antemano. Forma parte del procedimiento.

Néstor miró alrededor. El espacio era oscuro en todas las direcciones, sin horizonte, sin referencia de distancia.

—¿Y si no quiero ir?

El hombre lo miró por primera vez con algo parecido al interés.

—En mis años de servicio —dijo— nadie me había hecho esa pregunta.

—¿Y cuál sería la respuesta?

—Aquí no existe voluntad ni libre albedrío.

Hizo un gesto burocrático con la mano libre, y el espacio-tiempo empezó a cambiar. Nestor sintió que le movían el piso.

—¿Cómo se llama usted? —alcanzó a preguntar al hombre que iba varios pasos adelante.

—Hermes —dijo, sin voltearse—.


DECADENT HEROES II: THE NOVEL


(Serialized Bilingual novel)


By Howard Murcia and Francesco Vitola Rognini.


To be plural like the universe.
Fernando Pessoa.


Prologue


Monday arrived without clouds. That was the first thing Néstor noticed before climbing the tree: a sky too clean, without a single cloud. He picked up the machete. He checked the safety rope knot twice.
The tree was an old almond that had spent years dragging its twisted branches against the back wall. It was also riddled with termites. The infestation had metastasized, so in addition to the pruning it would be necessary to treat the affected sections with gasoline. Néstor climbed slowly. At fifty-six there was no other way to do it. He set his foot, found the branch, shifted his weight. He reached about eight meters up. From there the view changed: the rooftops of neighboring houses, a pool of greenish water, a rusted antenna, the carcass of a pigeon mummified by the sun on the roof next door. The wind smelled different too — it smelled of open country, of freedom.
He started with the secondary branches. One by one he let the three branches fall. Below, his assistant went about chopping them up and stacking them. He moved toward the far end of the tree, where the termite damage made every step uncertain. He found the branch that scraped the wall like long fingernails on glass. He calculated the cut. He adjusted his position.
What happened next took less than two seconds. The branch didn’t fall — it swung like a pendulum and caught him in the chest, throwing him clear of his safe zone. The rope snapped with a crack like a whip. Néstor fell, bouncing from branch to branch, and finally hit the garden floor.
From below, flat on his back, Néstor looked up at the cloudless sky. It was still there, unchanged, without the slightest regard for what had just happened. His assistant stood in his field of vision, talking, but the voice reached him muffled, as if from underwater. He felt no pain — his body hadn’t registered it yet. He tried to move his right hand but couldn’t. He tried to call out but heard nothing come from his own mouth. Then a kind of drowsiness began to blur the edges of his visual field, closing in slowly toward the center. And in the middle of that darkness, a tunnel of light, and coming through it someone in sandals, in a white toga, with an enormously long beard. But they weren’t ordinary sandals. They had something on the sides — small appendages, like the wings of a BBQ chicken. The sandals hovered just above the ground yet seemed to walk silently along an invisible track. The man wearing them was lean, of medium height, in a short tunic that in any other context would have looked like a costume. In his left hand he carried a clay tablet. In his right, a stylus. His expression was that of a functionary indifferent to everything.
—Am I dead? — Néstor asked.
The man consulted the tablet.
—That question is administrative in nature and falls outside my jurisdiction.
—And what jurisdiction do you have?
—Transfers. — He paused. He wrote something with the stylus. — I am responsible for taking you from point A to point B. What happens at point B is not my concern.
—Which is point B?
—That information is not provided in advance. It’s part of the procedure.
Néstor looked around. The space was dark in every direction, without horizon, without any reference to distance.
—And if I don’t want to go?
The man looked at him for the first time with something resembling interest.
—In my years of service — he said — no one has ever asked me that question.
—And what would the answer be?
—There is no will here. No free will of any kind.
He made a small bureaucratic gesture with his free hand, and space-time began to shift. Néstor felt the ground move under him.
—What is your name? — he managed to ask the man who was already several steps ahead.
—Hermes — he said, without turning around.

Cristina Patishtán en «Sancho en la vitrina y sor Juana en la vitrina»

Cristina Patishtán, escritora que escribe en español y Tsotsil, forma parte de esa pléyade de personas que, en Chiapas, se traducen, traducen a otros y escriben entre esas lenguas, muchas veces tomadas como meras curiosidades antropológicas, lo cual discute Cristina desde su trabajo, que ya cuenta con un volumen de relatos Ch’ulelal. En esta entrevista, realizada por Ana Alejandra Robles, en un trabajo conjunto entre CESMECA y Baraja de sombras.

 

Gran Expedición Botánica en el Bosque Urbano Brazo Salitre con ECOWATCHERS

¿Sabías que actualmente están consolidados 21 bosques urbanos en Bogotá❓🌳🌳🌳

Seguimos reconociendo la red de bosques urbanos presentes en toda Bogotá; la Veeduría ambiental ”EcoWatchers: Somos los ojos de la justicia ambiental» invita el próximo Viernes 19 de enero a partir de las 7:30 AM a la Gran Expedición Botánica en el Bosque Urbano Brazo Salitre

En compañía del Jardín Botánico de Bogotá y las Organizaciones comunitarias del bosque urbano realizaremos un ejercicio de ciencia ciudadana inventariando, caracterizando y aprendiendo de la flora del bosque a la vez que realizaremos una “pajareada” identificando la avifauna del territorio y sus servicios ecosistémicos.
Finalmente expondremos el resultado de nuestra veeduría con el fin de seguir trabajando de la mano con las comunidad por una Bogotá más verde y natural

Para inscribirte debes diligenciar el siguiente formulario o escanear el código QR de la imagen:

https://forms.gle/xe9v7NsKsYe3KP1N7

Organiza: EcoWatchers
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ACTIVIDAD SIN COSTO!!!

Los esperamos!!!
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Un cuento de navidad

Sabio para las mañas, el viejo de las llanuras dijo que la relación con su hijo era casi un orgasmo.
Cuando los orgasmos ocurrieron, él no sabía que de ellos se tratara. Apenas comenzaba diciembre, en los juegos que precedían la conmemoración de la natividad, él jugaba a la pajita en boca: el viejo, por ese entonces joven, aunque ya barbudo y calvo, le pedía a sus varoncitos cuyas bocas mudaban de dientes que lo pajearan con la boca. Una vez el ahora viejo sabio evacuaba, tomaba del mentón al hijo hincado, lo miraba a los ojos y le decía: ¡Mis aguinaldos!

Ahora, que el viejo ya viejo es, ve a  aquellos diciembres que nunca volverán: sus hijos ya tienen hijos.

Y los hijos de sus hijos lo rodean, mientras él, sentado en su silla mecedora, les cuenta historias de guajibos que resguardan el último resquicio de los antepasados.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Tarados histéricos

11 de diciembre, Barranquilla, Colombia. Desde el extremo norte de Sudamérica sigo el acto de instauración del nuevo presidente Argentino, reaccionarios de todo el mundo se han reunido a celebrar el triunfo de un tipejo desgreñado llamado Javier Milei. La ultraderecha internacional congregada para pactar la repartición del botín, el festín de la «casta» carroñera, en vivo y en directo. Aquella orgía de obtusos encorbatados contaba con la participación de sádicos violentos, depredadores de recursos naturales, negacionistas del calentamiento global y de los derechos humanos, enemigos de la vida y las libertades individuales, todos ellos histéricos y arbitrarios. Un nauseabundo espectáculo de homofóbicos recalcitrantes que se abrazaban cariñosamente mientras se sostenían la mirada.

En el atril, con la banda celeste cruzada en el pecho, el histérico de hace unas semanas lucía apocado, pálido, manso, incluso parecía haber sido trasquilado contra su voluntad, revelando una incipiente calvicie. El pueblo argentino no saldrá de la crisis, reveló su discurso inaugural, al final el ajuste no será para las élites, que seguirán sin pagar impuestos por sus grandes fortunas. Entre sus palabras, una extraña confesión, casi una promesa: la pobreza y la indigencia aumentarán. Lo dijo de pasada, sin emoción, bajando el tono de voz, pero fue quizás lo único cierto en su despliegue de demagogia. También confirmó el despido de funcionarios, a raíz de la eliminación de ministerios, según él innecesarios, como el que vela por el respeto de los derechos humano, lo que en Latinoamérica significa: leyes mordaza, espionaje a gran escala contra opositores, represión sangrienta en las calles, desapariciones forzadas, y sobre todo, impunidad judicial para los opresores. A continuación prometió eliminar todos los beneficios sociales ofrecidos por el Estado, la salud dejará de ser gratuita, y la educación se privatizará para poder reescribir la historia. En su discurso, el «no hay plata» se usó como un mantra con el que pretenderá justificar el autoritarismo que está por venir.

¿Cómo fue posible que los votantes se tragaran el cuento de la «motosierra para la casta»? No estamos ante el triunfo de la democracia, sino ante la mayor goleada sufrida por Argentina. Autogoleada, para más pesadumbre. Siendo un pueblo versado en fútbol sorprende que no hayan visto esa finta tan telegrafiada, quizás no creyeron que uno de los suyos fuese capaz de traicionarles —como si los neoliberales tuvieran otra patria que los paraísos fiscales—.

Ahora, siendo justos, el problema real no son los líderes descabellados,  cínicos oportunistas por excelencia. El verdadero problema es la velocidad con que se multiplican los votantes incapaces de autocontrol o autocrítica, que en su lógica disparatada, arrastran taras —supersticiones, miedos, complejos—que les obligan a someterse al opresor que les ahorre el esfuerzo de pensar, basta con que les prometan poder seguir siendo obtusos, intolerantes y violentos.  Por eso me pregunto si el auge de los reaccionarios no será más bien un síntoma del deterioro de la salud mental del hemisferio occidental, ¿estamos ante un caso clínico a gran escala, una histeria global, que como un virus volátil —gracias a las redes sociales y a la idiotez masificada— se ha propagado entre los grupos de población más propensos al fanatismo, a la falta de empatía, a la irracionalidad y el estancamiento intelectual? Este virus, esta histeria entre tarados, encuentra terreno fértil entre los obtusos que se niegan a evolucionar al ritmo de una sociedad cambiante. Entonces, si el problema es de inmadurez intelectual, de incapacidad crítica, de pereza mental, los negacionistas que encumbran histéricos intolerantes seguirán sin aprender nada, y Occidente continuará irremediablemente en su deriva hacia el despeñadero del fascismo.

Los antídotos: educación, empatía, solidaridad. Y manifestar la inconformidad en las calles. El absolutismo no debe sentirse cómodo con la victoria.

El hombre que enseñó a pajearse a los ejércitos

 

 

Hálito Divino, le llamaban por su aliento fétido. Acá nos referiremos a él de este modo para proteger su identidad, aunque actualmente goza de inmunidad diplomática por su alto cargo en las Naciones Unidas. De todos modos, creemos que lo mejor es no mencionar su nombre de pila.

 

A Hálito Divino se le apareció la virgen cuando lo secuestraron. En la primera noche de cautiverio, ya el tipo se sobaba el pirulín mientras los demás capturados lloraban y extrañaban a sus familias. Uno de los rehenes, apodado el Pibe Esloveno, le preguntó:

 

. Vos marica es que no extrañas a tu familia?

– para nada, mi dieta es la del caballo. Pura paja y agua.

 

De este modo, los demás supieron que este sería un potro difícil de domar. No se imaginaban a lo que se enfrentarían con este sátiro,. Es que ni encadenado lograron vencer sus impulsos onanistas: la vez que lo ataron a un árbol, Hálito Divino cerró sus ojos y ordenó a su cerebro mandar impulsos eléctricos a su penca, la cual eyaculó sin siquiera ponerse erecta.

 

Esto, ocasionó la admiración de sus captores. Uno, el flaco Nixon Hermindo, le consultó:

 

– venga, mi mujer no me lo da hace años. y Yo le tengo miedo a la infidelidad. Tengo los embalses llenos, ¿puede enseñarme técnicas?

 

En un par de días, el flaco tenía todos sus calzones almidonados y diseminó el chisme de la sabiduría arcana de Hálito Divino por todo el batallón.

 

De consulta en consulta, pasaron los años, pero el peligro de la esquizofrenia que atribulaba a los soldados se difuminó y solo sus oponentes cayeron en las garras de la locura.

 

Nada mejor que un pajazo para evitar la psicosis

Nada mejor que un pajazo para evitar que el matrimonio perezca.

Nada mejor que un pajazo para que el matrimonio perezca.

 

Mejor dicho, la dieta del caballo es el remedio para la demencia del secuestro.

 

Una vez fue liberado nuestro protagonista, fue declarado Gestor de Paz por la ONU: Ya que no fueron pocos los rebeldes que le agradecían el haberles enseñado el arte de pajearse sin las manos. Muchos afirmaron que disparaban mientras eyaculaban, y eso sin necesidad incluso de tenerla erecta. Cuentan que muchos muertos perecieron con sus calzones llenos de leche. Por lo menos los miserables no murieron en total desamparo. Un ultimo respingo de placer se asomaba en sus chimbilacos.

 

La guerra es pa’ machitos, dijeron, y esta técnica masturbatoria los apaciguó.

 

Cuentan que Hálito, ya entrado en confianza con las altas cúpulas, organizaba festivas jornadas de competencias de pajareo. Las proverbiales masturbatones hicieron más famosa la ONU y Hálito se instaló como un Papa Laico que enseñó a la humanidad la dicha de correrse aunque no hubiese erección y afuera sobrara el horror.

 

Este es un reconocimiento de Mil Inviernos a una persona que se entregó a la paz de la paja.

 

Mi paja os dejo y mi paja os doy.

Iberoamérica está en mora con Ramon Vinyes i Cluet. Por Francesco Vitola

 

Barcelona. Martes 28 de febrero. 2023.

 

El «sabio catalán» de Cien años de soledad dejó escrita una basta obra que a la fecha no se ha editado, ni traducido al español, ¿a qué se debe esto?

El tema surge en el Ateneu barcelonés, donde charlé con Ramon Felipó, reconocido abogado e investigador, quien al enterarse de mi procedencia mencionó a Ramon Vinyes i Cluet, berdagués como él, que a principios del siglo XX se exilió en Barraquilla. Felipó se alegró al saber que uno de sus coterráneos aún gozaba de prestigio en Latinoamérica, sobre todo teniendo en cuenta que «su obra no ha sido traducida al castellano». La obra en cuestión son volúmenes que acumulan polvo en los archivos municipales de Berga, y que está conformada por cuentos, —aquí me referiré solo a una veintena de ellos, los que han sido publicados, pero hay muchos más inéditos—, sesenta obras teatrales aproximadamente, la mayoría también inéditas, así como ensayos, conferencias, diarios personales y poesías. Todo escrito en catalán, salvo por un cuento dedicado a «Gabito».

 

Tots els contes

 

Puesto en circulación por Columna Edicions, S.A. en el año 2000, reúne dos libros previamente publicados, A la boca del núvols, ganador de los Juegos Florales de Bogotá, en 1945, conformado por doce cuentos —publicado originalmente en 1946 por Editorial Catalonia de México, reeditado por Brugera en 1984—, y Entre sambes i bananes —siete cuentos que originalmente habrían hecho parte del primer libro, pero que fueron excluidos por los organizadores del certamen para evitar posibles polémicas— publicado simultáneamente en catalán y en castellano, en 1984 por Editorial Brugera de España, y en Colombia por la Editorial Norma, al año siguiente. Este segundo libro incluye el único texto originalmente escrito en español, un divertimento dedicado a «Gabito», titulado «El caballo en la alcoba».

 

A la boca dels núvols

 

«El Noi de Bagá» es la historia de un exiliado, de un desterrado que ha recorrido las Américas desde los Andes hasta el Caribe, y que en su periplo lo ha encontrado y perdido todo, incluso las ganas de volver a su tierra. «El gos de Mlle. Mantineau» esta ambientado en París, y cuenta las excentricidades de señorita y su mascota, Polka, que posee la capacidad de reconocer a los poetas. «L´assassinat de Jacobé Wharton» está ambientado en Boston, y es un relato policial en el que se investiga la misteriosa muerte de un enigmático individuo. «Records, a l´alba» se siente como un texto autobiográfico en el que el autor recrea unos eventos que lo marcarían, y que no es otra cosa que el haber sido tildado de «gorgorino» por su profesor de retórica del colegio, cuando él aún ni sabia quién era Góngora. «El profesor negre i la filosofía del jo» permite adentrarnos en uno de los círculos en los que se movía el profesor Vinyes, en este caso, un grupo intelectuales y académicos barranquilleros. Las descripciones de la urbe tropical, y el consabido whisky en las reuniones sociales, envuelven un infructuoso debate filosófico del que el protagonista no ve la hora de zafarse. «El llac d´Atitlán» es un hipotético diálogo con el poeta guatemalteco Zabulón Meléndez. «La mulata Penélope» es otro de los cuentos en el que Vinyes nos permite asomarnos a la vida de las élites barranquilleras, ahora ambientado en un prestigioso burdel en el que se codea con políticos conservadores. El exceso de whisky lleva a que la situación se sale de control. ¿Fue este político el mismo que luego mandaría quemar su librería, motivo por el que tuvo que devolverse a Europa durante una temporada? «Un interviu» recrea una entrevista en la que el autor despliega un diálogo entre dos intelectuales que discuten de la temas en boga. «El pastisser Hess» recuenta la vida de de otro inmigrante exiliado que ha recorrido el mundo y que termina en una ciudad caribeña. «Molt ben casat a Amèrica!» refiere la experiencia de un compatriota catalán exiliado en Maracaibo, y de su desafortunado destino tropical. «L´Albí» esta ambientado en un pueblo catalán cercano a los Pirineos, en el que un albino, al parecer perteneciente a una familia de nobles, y con algún tipo de deficiencia mental, aterroriza a los supersticiosos pobladores que tejen hipótesis mágicas para explicar su existencia y justificar su muerte. «L´ home de les quatre ombres» nos presenta a un hombre con cuatro sombras, y su cotización en el mercado amoroso gracias a esa particularidad.

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la coca-cola del abya yala

 

 

Papis se masturbaba a lo loco y de puro loco llegó a Youtube, último remanso de la verdad oculta de los misterios de América. Le llamó la atención jalarse el miple en nombre de Huitzilopochtli  o Manco Capac. Pero tropezó con la hermosa figura de doña Ruth Rodríguez Sotomayor y, sin parar de sobarse su gusanillo,  advirtió que ella tomaba ingentes cantidades de coca-cola en una reunión sin parangón en la historia en la que también departían el insigne administrador, ilustre miembro de la escuela racionalista de Guayaquil, don David Cangá Corozo, y a su lado, un grupo de espíritus inquietos, investigadores de los arcanos y los meandros de la divinidad.

 

Doña Ruth se explayaba en sus perspectivas fenoménicas del continente Abya Yala como le dicen los indígenas bonitos del norte de este mundo bonito. Yo me pregunto, doña Ruth ¿cómo hace usted para sobrevivir a los alimentos ultraprocesados? Y me doy una respuesta:

 

USTED ES EL DOBLE DEL CHUPACABRAS.

 

Pero a diferencia del vecindario del norte, con los magufos como Campos o Parcerisa, usted ignora su fatalidad y por lo tanto no miente, usted expresa la verdad de la manera más ingenua y tierna que podamos ver: La de una maestra que está decepcionada porque sabe que sus estudiantes tienen la actividad neuronal de un paramesio.

 

Os dejamos con este diálogo cuya cota solo es equiparable a las mentiras platónicas. Y ahí sí, como Papis, Max Papis, el corredor de la fórmula kart: a correrse se dijo.