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El lirismo espacial de Cucalón contra los extraterrestres. Por Luciano Cioccioli, trad. Nelso Baronese  

La recurrencia de prólogos, críticas, reseñas y demás especies de notas marginales de libros que no existen, conminaron a Luciano Cioccioli a escribir un texto que gravite en torno a un volumen -sí, ya tiene esa forma, en su versión manuscrita- que aún espera a que alguien lo publique o, en su defecto, a que los padres de los coautores costeen una edición barata, semejante a la de los libros piratas cuyo destino basural es el mismo de sus arquetipos, es decir, las “mercancías originales”*.

En este caso, Cioccioli se ha ocupado de “Cucalón contra los extraterrestres”, novela que los dos editores de este sitio tuvimos el arresto de enviarle luego de que nuestro amigo en común, el poeta Nelso Baronese (que también tradujo el texto que a continuación aparece), nos refiriera la empresa de don Luciano de escribir textos sobre libros que aún no aparecen pero aparecerán o perecerán en su intento de aparecer.

Agradecemos a nuestro amigo y compartimos con nuestra venerable comunidad lectora este orgullo emanado de un libro que puede morir antes de su impresión.

 

El lirismo espacial de Cucalón contra los extraterrestres.

Por Luciano Cioccioli

Trad. Nelso Baronese  

Notas acerca de la novela inédita “Cucalón contra los extraterrestres” de Cermeño y Escovar. Circuito Bogotá-Chiapas, 2020, año de la pandemia.

Bandera de Cucalón, aunque a Cucalón siempre le dijeron que fue una bandera

 

Persiste en la experiencia humana el estar ad portas de un cambio. Este es el substrato de enrevesados tratados sobre la angustia y el terror; justamente, dichos elementos atraviesan a la novela Cucalón contra los extraterrestres. En las subsiguientes líneas me detendré en cada uno de ellos para desembocar en un acápite de conclusión.

 

  1. Angustias correspondientes a la vagina dentata

 

Conocidas son las bocas abiertas de los felinos pintados por Ligabue. Semejantes son todas ellas a las vaginas con dentición que han decapitado los más elementales falocentrismos  tiempo ha cuestionados, en su célebre exposición en Liguria, por el discípulo soviético de Freud, Pot Bulba. Este moscovita logró amalgamar al

marxismo con el psicoanálisis, anticipándose a los planteamientos de Félix Guatari. Su concepto eje gravita en torno al acto de dentellar prepucios y masticar ese pedazo de carne para que, en la posterior excreción, emane la perspectiva de una nueva época en donde el malestar de la cultura abandona al pecado original para dirigirse al sinuoso camino de la ausencia de un papi: en esta coyuntura, emerge el vacío del hombre moderno en la cual fulgura la pulsión de escapar a través de una aventura espacial interplanetaria, tal vez para hallar los arquetipos dibujados en el tarot de Marsella.

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Héroes Ocultos del Bicentenario, por Luis Bolaños

Un relato pergeñado en torno a los comicios del Perú, pronto a definirse (hasta el momento de la publicación aún en expectativa por las maniobras de uno de los candidatos). 

Héroes Ocultos del Bicentenario

Luis Antonio  Bolaños de la Cruz

 

Créditos corresponden al caricaturista que firma como Heduardicidios del Diario La República del Perú.

Todo equipo para investigaciones temporoespaciales debe estar constituido por un Técnico que manipula el encapsulador y la pantalla; un Científico, que rediseña de manera constante el aparato para mantenernos surcando la corriente temporal; un Sociólogo, que interactúa con los imagos convocados por la pantalla; y, el Manarmed, que nos defiende de cualquier agresión y nos protege de peligros ofrendando su existencia si es necesario.

Funcionamos como un manojo de cartas, todos estamos en la jugada pero cada cual cumple las tareas que le están adjudicads por protocolo:

El Técnico incansable y constante revisa las condiciones de la cápsula y corrige cualquier variación que implique riesgo y observa el paisaje que recorremos por si existe algún orate, siempre contemporáneo, que por motivos siempre deleznables quiere dejar su huella alterando un episodio histórico y ejecutar un cambio en la malla del tiempo, de ser así actúa para poder borrarlo de inmediato.

El Científico se dedica al aparato (que permite el viaje) en el centro de la cápsula, por lo general ni ve ni participa, pero brinda seguridad en el deslizarse por los segundos, para ello recurre a las matemáticas de la multiversatilidad y reduce una y otra vez las probabilidades para que sólo exista la nuestra en nuestro surcar.

El Sociólogo se sienta al frente al lado del Técnico, provisto de hipermnesia conoce cada circunstancia y cada personaje de la coyuntura en el momento que visitaremos, cada dato y cada proceso, identifica y corrobora para que se ajuste a lo real consignado en la historia, debe identificar  cualquier variación apoyando la labor del Técnico, quien palpita en la malla mientras el Sociólogo se refocila en la hebra a través de la cual entramos y salimos de la historia, en consonancia con el deslizamiento lograda por el Científico.

El Manarmed pegado a la piel de la cápsula sólo espera para intervenir y soltar la energía que congrega, intercala y expande para destruir la interferencia o irregularidad y retornar dos segundos, gracias a las ecuaciones siempre dispuestas por el Científico para reafirmar nuestra probabilidad.

Se había decidido visitar la celebración del Bicentario en Perú y conjugar en múltiples dimensiones el recuerdo grabado en la historia y el acontecimiento, tal y como se desarrolló, para enriquecer la textura del suceso, sabíamos de los resultados acaecidos en las elecciones, y cómo Pedro Castillo se convirtió en el primer presidente Post Bicentario y la prosperidad y tranquilidad que reinaron después en anuencia con los gigantescos cambios que se estaban dando en el planeta… y, de repente, apareció titilando un misil que amenazaba estallar en medio de la ceremonia. El Manarmed actúo, realizó su programa, deflagró, o como quiera que se llame su desintegración, y retrocedimos dos segundos, lo suficiente para destruir el misil y que todo coincidiera normal y acorde con lo registrado.

Que si hay algo que agregar al informe de visita, si, dos aspectos, uno formal sobre la elección de los miembros del equipo, realizado por los algoritmos de las “mentes maestras” instaladas en la hiperred, aleatoria, automática, inhumana, una vez que inicia el proceso y otro misterioso referido al Manarmed: en nuestra vida cotidiana se llamaba Pedrocastillo &22-B, como si de alguna forma hubiera existido un enlace entre ambos personajes, el Técnico apuesta fuerte por el azar, el Científico supone que el atentado era una probabilidad siempre presente hasta que fue aniquilada por nuestra intervención y yo, el Sociólogo, estoy seguro que Gaia obró en silencio un milagro.

Por eso nuestro equipo para investigaciones temporoespaciales propone nombrar a Pedrocastillo &22-B como Héroe Oculto del Bicentenario.

RESCATE SABANERO: crónica a Lorenzo Balta, por Umberto Amaya L

Lorenzo Balta es un célebre cantautor araucano que atraviesa una crisis financiera como de salud. Razón por la que algunos escritores, en cabeza  de Pedro Parales, llevan a cabo una campaña para darle una mano al «Viejo Zorro» de la canción llanera.

Apoyando la causa, compartimos una crónica de Umberto Amaya sobre este artista.

RESCATE SABANERO:

Umberto Amaya Luzardo.

La tarde que Lorenzo Balta perdió el ojo izquierdo, sintió una pena tan honda, que ensilló su caballo y se fue al monte dispuesto a que nadie lo viera. Se puso tan arisco, que regresaba al rancho bien entrada la noche y antes de que amaneciera, en lo oscuro todavía, ponía el pié en el estribo y arrancaba de nuevo —para no darle la cara al mundo— Era en ese entonces, un mocetón nacido en el fundo —Los Caballos— que se había ganado una beca y soñaba con ser piloto de vuelos internacionales, pero la viejita donde se alojaba en Arauca, decidió que mejor debería ser cura, y lo mandaron entonces para Yarumal Antioquia, a que estudiara en el seminario de La Paja.
Pasando vacaciones en el fundo de su mamá, le llegó el accidente que le cambió la vida y llevando muchos días escondido en el monte, una mañana que se bajó los pantalones para hacer las necesidades, de pronto se vio rodeado por una manada de araguatos (monos aulladores) y el líder de ellos, que era un mono viejo, se le acercaba, le mostraba los dientes y después agarraba una mona y la penetraba; se le volvía a acercar, le mostraba de nuevo los dientes, agarraba otra mona y hacía lo mismo. Como lo tuvo tan cerca, Balta se dio cuenta que el mono era tuerto y pensó —Si este carajo con todo lo tuerto es rey, yo…, hoy mismo le voy arrimar el caballo a La Pluma.
—La Pluma— era una muchacha que tenía fama en todo el caserío, por lo bonita, por lo liviana en el trato y porque con sus coplas enmudecía a muchos. Balta, se puso entonces la mejor ropa, se dirigió hasta la casa de la muchacha, se compró una botella de aguardiente y empezó a brindarle aguardiente a ella y a las hermanas, hasta que se prendió la fiesta; y al otro día al amanecer (aunque en secreto), ya eran novios.
De ahí en adelante todo fue como pelar una mandarina, al poco tiempo se presentó en el Festival del —Rescate Sabanero— que se realizó en la vereda Clarinetero, y obtuvo el primer puesto con una composición de Luis Alberto Caroprese —La vaca Aceituna— Caroprese, es su patrón, su amigo y su mecenas y, un día le dijo —Te voy a dar un regalo.
¿Qué es? le preguntó Balta, y el otro le dijo que le regalaba la plata para que grabara su primer disco con la condición que mencionara su caballo —Lucero— un caballo que tenía una mancha blanca en la frente y que también mencionara a su novia —pero con disimulo— Entonces, el negro Balta, sin bajarse del caballo, empezó a escribir su primera composición —Ella, mi caballo y yo— una composición que tuvo mucho éxito porque se le ocurrió mencionar unos cuantos coleadores y los coleadores en ese tiempo no eran temas de canciones. Su segunda canción —Un regalo para ti— fue un homenaje a Inocencia Balta, su mamá.
No es necesario en esta nota aclarar cómo se hizo cantante Lorenzo Balta, porque en el llano el canto es un deporte y también una faena diaria. Desde la cuna se tiene canción, en el trabajo de pastoreo y las sendas del amor, el llanero galopa la vida por los caminos del canto, hasta quedar sin canto y sin corazón. Llega el dolor, viene el olvido, y la esperanza del perdido renace, y otra ilusión halla camino de amor, halla camino de cuna y halla canción.
En el llano-llano los cantantes son los caballiceros, el mensual de hato, el encargado, el que siembra la yuca y limpia el platanal, los canoeros y los trabajadores de llano, que viven orgullosos de su llanura y de los oficios humildes que en ella desempeñan. Entonces, en esta nota me preocupé más por contar la vida de este cantante que después grabar once C.D. y de recorrer por más de veinticinco años innumerables tarimas, no deja de ser lo que es: un llanero sencillo.
Y fue tan humilde su vida que a los dos años, su mamá para poder trabajar de cocinera en un hato de Casanare, tuvo que dejarlo al cuidado de sus abuelos y ellos a los diez años lo mandaron donde una señora en Arauca, para que estudiara, y era tan pobre la viejita, que al medio día cuando terminaban las clases, Lorenzo se iba al monte a cortar leña para venderla y así conseguir la comida de ambos. Y era tanta la pobrecía regada por todas partes, que en la primera oportunidad que tuvo para estar con una mujer, cuando se quitó los pantalones, ella se quedó mirándole los pantaloncillos llenos de remiendos y de huecos diminutos y le dio tanta lástima, que se los quitó, se los rompió, se fue a la tienda y le compró unos nuevos.
Hoy viernes 27 de octubre, mientras preparo esta nota, en un restaurante de Bogotá: “Mi Viejo Cuatro Llanero”, diecisiete cantantes criollos se preparan para rendirle un homenaje a este “viejo zorro” de la canta llanera.

 

Crónica de una compulsión extraordinaria (parte única)

Cuento-.

 

 

Mientras esperaba en los pasillos de emergencias psiquiátricas me dio un ataque de tos, debido a una broncoaspiración pequeña que me hizo vomitar allí, en el espacio límpido y desinfectado de la clínica. Cuando el doctor abrió la puerta volteó a mirar lo primero la mancha rojiza del vómito  y después a mí, que traté de sonreír, y con un gesto de repulsión me preguntó si yo era el periodista que esperaba conocer a Kelvin, o si  era un paciente esperando a ser remitido a urgencias. Pensé para mis adentros, divertido a pesar de todo, a pesar de lo mierda que me sentía, como después de que a uno le da un ataque de vómito por broncoaspiración, si no era posible ser las dos cosas, pero el gesto brutal del médico me hizo considerar que lo mejor sería responderle lo más exacto posible, si por exacto se entiende lo que mejor se ajuste a las necesidades pragmáticas del médico, entonces, limpiándome la boca con la manga del traje le dije que solo deseaba ver a Kelvin, porque era el periodista que tenía la cita con Kelvin. Bien, me dijo, y me hizo seguir como si fuera un indigente. Luego llamó de mala manera a una enfermera y le dijo que enviara a recoger ese reguero de cochinada que el periodista había dejado.

Esta historia no empieza en el momento en que estoy en el pasillo de espera para entrar a Unidad de Cuidados Intensivos Psiquiátricos de la Clínica para el tratamiento del Sistema Central Nervioso. Esta historia empieza en los divertidos años ochentas. Divertidos para todos los que los recuerdan con cariño, simpatía y sublimación. Para Kelvin seguramente era otra década como otras tantas, con sus vicisitudes, sus estéticas, sus pendejadas, sus políticas, sus calles feas y todo lo que tiene una década que tiene otra década.

CASOS DE LA NOCHE VIP BOGOTANA

Diciembre de 1984: Kelvin Darío Torres, soltero, 32 años. Residencia: Soacha, Cundinamarca. Trabajaba en el exclusivo sector de la zona rosa en Bogotá como vigilante de un Hotel. Allí se reunía el esplendor de la televisión colombiana. La figura de los presentadores y el sistema estelar empezaba a consolidarse. Bellas mujeres vestidas con ceñidos trajes iban con sus chaperones guapos, en lujosos coches y los parroquianos empezaban la tradición de pedirles autógrafos. Esas noches mágicas en la zona rosa de la Bogotá de 1984 era otro mundo de fantasía. Tan distinto al mundo casi rural en el que vivía Kelvin Torres. Para muchas personas del común, Kelvin era privilegiado solo por el hecho de estar allí, ocupando el lugar de testigo directo de la vida de las estrellas de la farándula colombiana. Cuántas veces no vio a la niña Mensa recostada de lo ebria en los anchos hombros de Charlie Lives el cantante pop más querido de las bogotanas. O la vez que vio a Villana Bolaños pasando de la mano del joven empresario más destacado de Antioquia, según la revista Semana, y éste le paso un fajo de billetes a Kelvin solo porque le recordaba que él también después de todo era un pobre diablo.

Todo esto no habría pasado de ser una anécdota de un anónimo si no es porque por esos días Kelvin desarrolló una compulsión de la que no estaba consciente. El primero que se dio cuenta fue un compañero de turno, cuando en una ocasión a las dos de la mañana, sintió un olor como de queso recién molido  y al volver el rostro hacia su compañero vio que éste tenía la bragueta abierta y de allí se asomaba su tímido pájaro que vomitaba el líquido blanquecino. Al advertirle que no podía jalarse el ganso así como si nada en pleno turno, Kelvin lo miró con rostro de incredulidad diciéndole que no tenía idea de lo que hablaba. Cuando su compañero le señaló la bragueta toda almidonada, Kelvin pareció igual de maravillado a él, confesándole que no podía entender cómo había podido ocurrir semejante accidente. Caso 1.

Caso 2.  Premiación de Telenovelas. Noche de gala. Eran las 4 p.m. y los preparativos tenían a todo el personal del hotel en estado de ansiedad y agitación. Las maquilladoras empezaban a llegar con sus maletines. Una de ellas se detuvo frente a uno de los rígidos guardias y empezó a gritar. Era Kelvin que se estaba masturbando frenéticamente con una mano, pero por otro lado, su cuerpo parecía mantener una postura en firmes.  Fue cuando llevaron a Kelvin a la policía por obscenidad y fue destituido de su puesto de trabajo. Kelvin aseguraba no entender el motivo de su detención y expulsión. Los medios de esa época se burlaron de él y le pusieron «la mano pelúa». Un  artículo de febrero de 1985 que tengo en mi poder habla incluso del insólito caso de la mano onanista independiente de su dueño: como si acaso nuestros órganos fueran nuestras mascotas y nuestro sistema central nervioso  el amo y señor de ellas. Idiotas.

Después de ese incidente, Kelvin desapareció de la vida pública, si es que alguna vez acaso apareció alguna vez, y fue solo un breve motivo de burla y chiste entre la vida parroquial, del joven guardia que se hacía la paja en un prestigioso hotel de la zona rosa.  Desempleado, Kelvin trató de empezar una nueva vida vendiendo quesos en la plaza de Corabastos. El olor a queso empezó a ser una constante en la vida de Kelvin al punto que lo llevó a la locura. De Corabastos pasó a una larga jornada en la clínica psiquiátrica La Paz, por su compulsión maniática de maneatarse frenéticamente el miembro.  En el bus, en el parque, haciendo fila en el supermercado, o en San Andresito. Siempre había un momento inesperado en el que Kelvin terminaba sacándose el pene y sacudiéndoselo hasta hallar por fin el aroma de queso que lo perseguía como si fuera su sombra.

Me encuentro con Kelvin en una pequeña habitación que tienen preparada para las visitas. Lleva una camisa de fuerza. Le digo que soy el periodista que estaba interesado en conocerlo. Desde 1985 nadie ha escrito nada sobre él y parece haberse perdido en el océano de casos extraordinarios del día a día.

¿Por qué me interesó su caso? Por doña Felipa. Ella es una vecina que siempre que iba a la tienda me veía tomando cerveza y siempre hablando de masturbación. No solo con mis amigos. Con mi novia e incluso con el sacerdote de la iglesia, siempre estaba hablando de masturbación. Pues ha sido un tema que me ha interesado siempre. Un día Felipa me dijo:

– oiga, usted no se cansa de hablar de masturbación?

Yo le dije, sí.

Y por qué sigue hablando de masturbación?

Pues porque descanso y sigo.

Roger, el tipo que me fía la cerveza soltó una carcajada y me invitó una cerveza.

Entonces doña Felipa me dijo: le voy a contar una historia de masturbación para que aprenda. Y me contó sobre el hijo de su amiga Marta, que se llamaba Kelvin. Ese señor no paraba de masturbarse como usted no para de hablar de masturbarse. Me pasó la nota sobre la mano onanista. Y le dije que quería saber más sobre su vida. Me dijo que lo mejor para ese caso sería ir a la tienda de Marta y preguntarle directamente.

EL BARBUCHAS DE MARTA

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Telaria, los Torengars y la Inmolación (Saga Horizonte Cercano) Luis Bolaños

Telaria, los Torengars y la Inmolación

de Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Inside the Mothership is a painting by Jeff Kim

Por el cristal de su rostro cruzó la melancolía expresada en imágenes  de lugares nunca hollados, cracitó y murmulló, de la palma de su mano brotaron luminosas ecuaciones que proyectados sus resultados trazaban rutas sobre paisajes abrumadores y sugerían vehículos que podríamos usar para desplazarnos, su propio cuerpo se tensó  y resonó generando un zumbido que anonadaba y en seguida llenaba de gozo, empujándome a los bordes de la conciencia pero manteniendo acotada la atención ligada al propósito de encontrarla, colocándome de paso en situación de alerta y búsqueda, y esa sensación de expectativa y técnicas me condujo a la esperanza, por fin tras su desaparición retorné a respirar tranquilo y se disolvió el peñasco que me oprimía el pecho… supe (o rememoré) porque existían los “igobots”, capaces en su diseño de guiar las acciones de los amantes, sobre todo de los abandonados o lesionados, con un alma herida y solitaria, con una decepción lacerante o una ausencia obligada.

Al conjuro de mis deseos el “igobot” se duplicó, triplicó y dividió con gracilidad, hasta ir asumiendo cada uno de los segmentos alguna de las tareas específicas avizoradas como necesarias, gracias a nuestra economía de la abundancia organizada en patrones fractales que fingen desorden para escudar un caos de organización perfecta -como dicen las canciones de enseñanza inicial-acompañada de transportes casi instantáneos, en un periquete el pseudoequipo tuvo listo un velero de autoempuje alimentado por aire con rotores redondos distribuidos en la periferia de su casco para cambiar de dirección sin disminuir velocidad, multitud de heteropantallas, cómodos divanes hamacables y profusión de cajas chinas que al irlas desplegando entregaban ampollas y burbujas repletas de sabrosos frutos fríos, golosinas proteínicas y tisanas tibias de hierbas.

Se llamaba Can-si-tal y su agilidad era vistosa y efectiva, impulsado desde el cordaje llegó y se irguió en la proa, semejante a las aves tronadoras Querkuet, esas inmensas que ensombrecen cuando pasan y que restallan las alas como un trueno en el momento de atrapar a sus presas o sus víctimas (algunas apoyan a los “Seguranzas” en la faena de limpiar áreas para desplazamientos turísticos o de deleite y se las recompensa con la carne que atrapan). Lo imité y me encarame por la arboladura hasta la plataforma de popa para deleitarme con el panorama que dejábamos atrás echado en la exquisita tumbona oscilante, me amolde entre sus cojines y almohadas y toque suave mi temporal comprobando que la melodía de acompañamiento continuaba y que lo escuchado no era ilusión, hurgué mi diastema para que se reanudara mi silbido de cacería y estreché mis cuatro manos para acrecentar la alegría del reencuentro.

Nos movimos veloces, más que cualquier otro ser en miles de estándares, en dirección a las coordenadas que guardaban el último rastro de Telaria en la red (seguro que le colocaron pesarios distorsionadores de espacio (que instalan datos de ausencia o vacío rompiendo el esquema biológico de ls persona para transmitir ubicación) que arrojan opacidad a su registro, quedando obliterado por los que si emiten con corrección a su alrededor, eso significaba que el grupo debería ser por lo menos de tres para esconder su data. Antes de alcanzarlos el dato coaguló  con las características de Teleria.

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Andrés Felipe Escovar Encaramado en las Nubes de Umberto Amaya

Amaya y Escovar: La lectura y el comentario son la extensión virtual de la conversación

 

Escribe Andrés Felipe Escovar a propósito del último libro publicado por el escritor araucano Umberto Amaya Luzardo:

El infierno, como ardid del paraíso para corroborarnos que no existe, nos tiende otra trampa: la dicha; por eso, en la realidad más explícita, no hay posibilidad de que ella aparezca. La promesa de algo feliz tampoco se da en el reflejo del infierno bazuquero pero la sensación de volver a probar eso que se promete pero jamás será cumplido, instiga a la esperanza: las promesas crecen cuando no se cumplen y jamás pierden su sustancia inacabada: la mejor forma de sustraerse del tiempo que nos erosiona es no cumplir lo prometido para así prolongar eso que se promete y mantener viva la llama de lo que se espera porque, cuando esto se materializa, siempre hay desilusión.

El texto completo se puede leer en el siguiente enlace de  la REVISTA CORÓNICA (agradecemos a Juan Pablo Plata, el haber permitido un espacio para el mismo):

ENCARAMADO EN LAS NUBES

 

Este texto se leyó el jueves 19 de noviembre  para abrir el conversatorio/presentación del libro en la Casa Fiscal de Arauca .

 

Acá unas preguntas que  Cermeño le formuló antes del evento:

 

 

 

Luis Bolaños revisa Glitza: amor más allá del análisis literario paradigmático

(Esta serie dedicada a Glitza surge a partir de la proximidad de los 50 años del relato más célebre del maestro Antonio Mora Vélez. El próximo año se ha anunciado un gran evento para festejar esta ocasión. )

 

 

Glitza, amor más allá del marco de análisis literario paradigmático

O como se entrecruzan la Genética, la Historia y la Teoría de la Complejidad en un relato ya clásico

 

Por: Luis Antonio Bolaños de la Cruz.

Luis limpiando sus agudos lentes a la entrada de la biblioteca

Es mucho lo que se ha comentado sobre el relato y no deseo incrementar el volumen de palabras destinadas a reiterar, remarcar o levantar el velo de algún detalle o circunstancia, como el de señalar y explicar como nos sorprende en segunda lectura su corta extensión, ya que lo evocado corresponde a una obra de mayor amplitud, en mi recuerdo era larguísima, lo cual significa que generó multitud de espacios como una rosa fractal que se abre al influjo de la memoria sin nunca terminar de mostrar sus pétalos.

Por eso enfoco, desde un ángulo que quiero considerar osado, al maestro Antonio Mora Vélez y su cuento al considerar que nos sugiere un trío de potentes propuestas, con diferentes matices de peligro… o de éxtasis:

  1. El amor es eterno mientras se conserve el ADN original
  2. El amor es transferible aunque se tengan que realizar máximos sacrificios
  3. El amor impregna la realidad y modifica lo que necesita para manifestarse

La primera propuesta burla el principio de relatividad

La segunda coloca adelante el deber de amar como única guía de un delirio consciente

La tercera justifica los resultados por el proceso ya que ambos se retroalimentan

Ampliemos:

Respecto a la primera la Genética Dirigida crea clones con distintas historias tal y como ocurriría en la existencia cotidiana, pero sujetos a un propósito que no les consultaron y que gracias al amor que empapa a la protagonista se transfiere a las descendientes quedando obliterada una posible rebeldía en espera de la consumación de la voluntad del querer de la Glitza original, eso rebasa los límites que lastran al amor sin relatividad, o sea el normal; sin embargo, colisiona con el libre albedrío de los clones.

Respecto a la segunda, enfrenta a la historia de la propia vida del autor con su espejo creativo, donde se expresan sus protagonistas. Se rebela contra las determinaciones del momento (objetividad y otras zarandajas) y las realizaciones individual & colectiva que tanto llegaron a pesar en su momento sobre la intelectualidad latinoamericana, y, es así, donde la opción quimérica sustentada en los clones encarna y abre las rutas a recorrer en el camino de lo inesperado, ya que al no existir seguridades ¿porque no anclar el deseo de permanencia del amor a la sucesión de generaciones en una jugada magistral?

Respecto a la tercera, diré que la teoría de la complejidad posee en su plasmación implícito el poder de reestructurarse mientras se retroalimenta, las múltiples corrientes que se entrelazan, se influencian en forma mutua para arrojar como imagen un mural que conservando el panorama general va variando en sus detalles. Incluyendo o excluyendo elementos, según ocurren y sin eludir la entropía, la escamotea, de allí que Vernon pueda salir del cosmódromo de la mano con Glitza rompiendo los imposibles y capturando las múltiples dimensiones del amor.

Diario del coronavirus desde el conurbano sur de Buenos Aires #10. Por Leandro Alva

Raúl Berón

Ayer, finalmente sucedió lo que parecía inexorable. El presidente anunció la prórroga de la cuarentena hasta el lunes posterior a semana santa. Habrá que armarse de paciencia y seguir improvisando entretenimientos a fin de estar menos pendientes del moroso avance del reloj, pero nadie podrá tachar la decisión de injusta o desacertada. De todos modos, y es comprensible, hay gente que tiene una especial disposición hacia estados de angustia muy revirados. Sobre todo los mayores de 65 años, a quienes los periodistas designan, una y otra vez, como grupo de riesgo. No es el caso de mi vecina, Carmen. Hace un rato me la crucé en la carnicería y me dijo que este virus de mierda no va a poder con ella. Yo le dije que admiraba su coraje pero que es mejor que tome precauciones y se cuide porque nunca se sabe. Agarró su bolsa con milanesas de pollo y carne picada, y me saludó igual que hace 30 y pico de años: Chau, Leandrito.

Una vez, como dijo el Diego, se me escapó la tortuga. Fuera de joda. Yo era muy chico y andaba triste porque Juanita se había hecho humo. La familia estaba preocupadísima (la mía, no la de la tortuga) y después de buscar y buscar durante horas, Juanita salió de abajo de un helecho en el jardín de doña Carmen. Un lindo recuerdo de mi viejo quelonio vagabundo y de mi añeja vecina cabeza dura.

En este momento, uno quisiera hablar de otras cosas, pero hace dos días se confirmó el primer caso de covid 19 en Temperley, la ciudad en la que vivo. Justamente sucedió a escasas cuadras del Centro Cultural donde trabajo. Un policía desoyó al médico que le había recomendado aislamiento, y siguió yendo a hacer su guardia y a esparcir la peste, ¿qué tul? Parece una constante en las fuerzas de seguridad este tipo de inconductas que no tienen nada que ver con sus funciones primordiales de protección y servicio a la comunidad. La cuestión es que ahora el tipo está “guardado” y la zona aledaña a su casa rodeada con fajas de seguridad que no permiten el tránsito. Nunca falta un boludo de uniforme, de esos que se cagan en todo.

Decía antes que uno quiere hablar de asuntos más amables, y se hace difícil escaparle al discurso del virus. Pero vamos a intentarlo. Hoy, por ejemplo, se cumplen 100 años del nacimiento de Raúl Berón, uno de los poquísimos cantores que le puede pisar el poncho a Gardel. Nunca voy a olvidarme de la primera vez que mi viejo puso uno de sus discos en el combinado que había en casa, y esa voz le hizo un requiebro a la nada para llevársela puesta. Garganta privilegiada para el tango, tenor de una versatilidad notable, de un vigor aterciopelado y un fraseo sin par. No hace falta que les recomiende escuchar alguna de sus grabaciones, hay bastante en youtube. Y así de simple, esta efeméride me sirvió de pretexto para ocupar gran parte del día escuchando al gran Raúl con el acompañamiento de diferentes orquestas. Tal vez la clave asome por ahí; redescubrir algún filón de la memoria que se haya quedado dormido, despertarlo y verlo con ojo nuevo. O habrá que seguir buscando a la tortuga que se escapó mientras el tiempo pasa y doña Carmen ya no me dice Leandrito.

Leandro Alva, Temperley, 30 de marzo de 2020.

Diario del coronavirus desde el conurbano sur de Buenos Aires #6. Por Leandro Alva

Esta tarde me enteré que hoy se celebra el día mundial de la poesía, fecha instituída por decisión de la Unesco para celebrar la diversidad lingüística y bla bla bla… Hace un rato también me enteré de que hoy fue el día en el que se registraron mayor cantidad de contagios en Argentina, sobre todo en los centros urbanos con más densidad de población.

Aprovechando este asunto de la reclusión obligatoria, mucha gente se dedicó a viralizar poesía en redes sociales o a cantar baladas con dudosa afinación. Supongo que de alguna manera la poesía y la música nos reconfortan un poco frente a la angustia omnipresente, y eso les da un carácter sumamente valioso, pero he visto algunos casos bastante particulares; hablo de personajes que leen sus propios poemas y creen que van a cambiar el mundo con sus “ensueños arrebolados de miel virginal”, eso también hay que decirlo. Bueno, algo de culpa también me cabe: confieso que yo mismo edité tres libros de poesía, mas hoy no tuve muchas ganas de buscar el palito de selfie para declamar nada y ofrecerlo a la virtualidad.

Aquí seguimos en cuarentena y las únicas actividades que me ocuparon el día fueron la lectura, un rato de juegos con mi perro y una charla con mi hermano a través de una pared (vive a la vuelta de casa y nuestros fondos limitan). Para ser justo, debo decir que también me entregó una bolsa de pan “fatto in casa” por arriba de la tapia. Gracias, hermano y vecino generoso.

Mientras tanto la tele sigue con sus pronósticos apocalípticos, pero al mismo tiempo aconsejan no entrar en pánico, así que es mejor apagarla o ver una peli. Hoy leí que hay varias páginas porno en internet que están a punto de colapsar por la exuberante demanda de contenidos. En tu cara, Mauro Viale. De esta manera se apilan los días de una cuarentena que podría llegar a extenderse, porque la mano viene brava y no hay poesía ni porno que mitigue un virus coronado. Así que paciencia.

Marco Valerio Marcial fue un poeta latino que nació en el año 40 de la era cristiana, a pocos kilómetros de la actual Calatayud, en lo que ahora es España. Por eso, en el día mundial de la poesía, me despido con uno de sus célebres epigramas:

88

Nunca recitas, Mamerco

y quieres que te consideren poeta.

Pretende lo que prefieras

pero no recites jamás.

No puedo dejar de imaginar cual emoji hubiera elegido Marcial para acompañar estas líneas.

Hasta la próxima.

Leandro Alva, Temperley, 21 de marzo de 2020.

Poemas de Nicolás López Arcos en español y Ch´ol

Nicolás López Arcos es originario del ejido Adolfo Ruíz Cortinez municipio de Salto de Agua, Chiapas, hablante de la lengua Ch’ol.

Ha escrito varios poemas editados en libros y revistas de Chiapas. Es coautor de del Anuario del CELALI Jabil Ame, de la revista Nuestra Sabiduría, del Paquete Didáctico del CELALI, del Manual de Enseñanza de la Lengua Ch’ol y del Vocabulario de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH).

Actualmente es el Jefe de la Oficina de Artes del Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (CELALI).

kächälbä ch’ujlel

 Mi Ik’otyel tyi iwuty

Yejtyal säkli’bambä

Iwuty kchuchu’

Mi apejkañ, mi awotyañ.

Bäk’eñtyik mi icha’ sujtyel majlel

Mi isajtyel majlel tyi ñäch’tyälel

 Mi iñajäyel icha’añ, cha’añ chämeñ.

Mi jk’otyel tyi aty’ejl

Ma’añix mi achäñ käñoñ

Cha’añ joñoñ abutsoñ.

lajchämp’ejix jab tsa’ chumle wokol tyi abäkel

tsa’ ch’ok-a ch’ijiyemlel tyi ich’ujlel

tsa’ mäjki aty’añ, tsa’ tyiki awak’

Lajal bajche’ woli yäk’ tyi tyikiñ

ñäjch’el bajche’

ik’ay ñäch’tyälel.

Wäle yajpemix awuty

Tyi ili ñumel k’iñ

Alma en cautiverio

Dibujas en tu memoria 

El pálido rostro

de mi  abuela

Le hablas, le gritas.

Temerosa se aleja,

se pierde en el silencio,

se olvida que está muerta.

Me acerco a ti

No me reconoces

Has borrado en tu mente que soy tu retoño.

En doce otoños se congelaron tus huesos

anidó sobre tu cuerpo el dolor

se congeló tu lengua y tu voz

tu cuerpo intacto,

inmóvil en el recuerdo.

y tu mirada

ausente

en la historia de hoy.

Bijlel k’uxya

Boñbil tyi chäk yulañbä ch’ich’

Ibijlel k’uxya mi iñuk-añ

Mi imäkbeñ imukulbijlel pijtyaya

Iyuk’elob ibäk’tyal tsänsäbilobä

We’ekña mi iju’belob tyilel tyi pulenbä wits

K’ächälob tyi pulenbä tyikwä xajlel

Tyi ityojlel tyañixbä awuty

Ya’ tyi ok’beñixbä atyi’

Mi ilok’el k’ambä oñel-uk’el

Muk’ix iyäp ijaj-ik’ pijtyaya

Mi ijats’ ibä ya’ tyi iñäk’ wits

Mi ipujkel majlel, mi ijapuñ bij  cha’añ mi k’axel k’uxya

Bij, tsa’bä lajkomol japu

Che’ ma’añoñikla tyi pañämil.

El camino del dolor

Teñido al color de la sangre envenenada

el camino del dolor se abre

y cierra la vereda de la esperanza.

Gemidos de los asesinados

bajan del cerro mutilado

montados sobre piedras ardientes.

Sobre tu rostro calcinado

y en tus labios desechos,

gritos de lamento brotan

sepultan el aliento de la esperanza.

Se estrellan sobre las faldas del cerro

se expanden y abren el camino del dolor.

Camino, que  nosotros mismos abrimos

Cuando nuestra memoria estaba ebria.

Tyeñe pijtyaya

Woli tyi xämbal pijtyaya tyi ibijlel iñajal alä xch’ok  

Muk’ix ijoch ibujk che’ mi isäk’añ

Ñäch’äkña mi ixäñ majlel ya’ tyi ibijlel ñajäyel

Tsäts mi ichok ibä tyi jochtyälel

Ya’ tyi ñajty mi oloty

Junxujty’ ñajal

Cha’añ mi iñaj-esañ ibä

Che’ tyi yik’ajel ak’bix

Mi icha’ sujtyel tyilel

Ts’ämijeñ tyi kisiñ

yikoty tyi cha’ ka’jtyiyi

cha’añ mi icha’ xoj ipislel

tyi ityojlel xojokñabä säk’ajel

Esperanza monótona

Camina la esperanza sobre los sueño de la niña

desnudándose después de la madrugada, 

se marcha sigilosamente al olvido

 y se lanza violentamente al vacío

allá en lo lejano pepena

un pedazo de sueño

para saciar su hambre.

Al atardecer de ayer

regresa bañado de pena

de arrepentimiento

para vestirse

Nuevamente al aroma de la madrugada.

Tsa’ kjapä

Tyi aty’añ tsa’ kjapä

Wäkchäjk’ ya’lel yuk’el junkojty ts’uñuñ

Tsa’ uk’ij cha’añ tsa’ jili ik’u’

Woli tyi ch’ujulty’añ cha’añ tsa’ tsänsäñtyi yal

Tsa’ oñi tyi ik’uxel wokol tyi ich’ujlel

Chañ tsa’ wejli cha’añ mi ilijkañ chämel

Ya’ tyi ibijlel iwuty pañämil tsa’ yajli

Wäle

Tye’lemuty, junmujch’ woli yuk’tyañetyob

Woliyob yuk’tyañ puleñ matye’el

Pulem tyi ik’äk’al mech’lel

He bebido

En tus palabras bebí

lágrimas de una colibrí

lloró cuando su nido fue destruido

rezó porque perdió sus polluelos.

Gritó por la profunda herida en su alma.

Emprendió el vuelo para sacudirse de la muerte

en el rostro del horizonte desvaneció.

Hoy

las aves, en coro, lloran la ausencia

el silencio grita desesperadamente

Sollozan la selva incinerada

incinerada por las llamas del odio.