Archivo | abril 2026

Travesía atemporal

Por Nelson Barón

Previamente
sólo bramaban la eternidad
o la nada
O los traspiés de tus ancestros
Aquellos errantes frutos,
sus heridas de guerra,
La bayoneta destrozando vísceras,
Derruido el cuerpo exangüe.
O tu abuela hecha jirones
Asfixiados sus sollozos, tras las golpizas de la brutalidad fúrica que avejentó inmisericorde
su noble existencia.

Transcurrido un minuto impronunciable, rendida la mañana,
después de las once,
atravesando un marzo
de todos los marzos
del rebasado horizonte,
has emergido.
La nevada cumbre,
la tierra boscosa, el volcán,
la penumbra, la mar
Te saludan y tú extiendes
tus alas
para los más intensos vuelos.

Te han sacudido los temores y has titubeado
Hoy como ayer y el difuso mañana.

Mas sin advertirlo
Tu océano son tejidos infinitos de constelaciones bordadas,
Inusitadas;
Tu carta de navegación, el trino atemporal de otras almas aladas.

Sosegada, imperturbable,
La ancestra abuela te vela
desde las profundidades del cosmos.
Solo remas y, al final, risueña,
Delicados tus pies,
lentamente pisan
el florido continente,
el alucinante musgo,
anfitrión de tu mirada enaltecida.

Žiadny muž tu nemá miesto

Por Marel Alfaro

 

 

 

«El género está entre las orejas y no entre las piernas».

Chaz Bono

 

Las dcéry hviezd[1] eran una especie extraterrestre sobremanera fascinante. Según los registros de las primeras misiones enviadas por la Космическая программа СССР[2] a principios de 2057, las dcéry eran «la especie no terrestre más compleja “descubierta” hasta la fecha». No obstante, nuestra percepción respecto a ellas cambió a partir de 2126, año en el que, debido al desfase temporal, por fin logramos acceder a la información base obtenida en las últimas décadas por cada una de las misiones de exploración.

Basados en la información contenida en la bitácora del doctor Nemanja Bosko[3], xenobiólogo en jefe del equipo de exploración a bordo de la Galia, tercera de nuestras naves en Teegarden b[4], descubrimos que las dcéry hviezd se reproducían asexualmente, llegando, incluso, a prescindir totalmente de la presencia de machos en su entorno reproductivo y organizativo; valga la aclaración, al menos, durante nuestro tiempo de estancia en el planeta.

Evolutivamente las dcéry poseían características «increíblemente especiales» que redirigieron nuestra concepción de la vida fuera de nuestro sistema solar.

Aunque poco visibles, las dcéry cuentan con órganos sexuales externos cubiertos por un exoesqueleto que se extiende desde ambas zonas pélvicas hasta el cráneo. La única forma de dar a luz representa la muerte de las madres.

Después de estudiar algunas osamentas encontradas cerca del Lago Strbské II[5], concluimos que, una vez alumbradas las crías —todas hembras—, estas se alimentan del cuerpo de sus progenitoras y utilizan su estructura ósea como caparazón; sin embargo, es durante la adolescencia, aproximadamente entre los veinte y treinta años, que sus cuerpos se adaptan a dicha «coraza».

Entre sus características físicas más destacables, sobresalía su aspecto bastante cercano al del okapi (okapia johnstoni terrestre), pero con cuatro pares de extremidades y un torso mucho más ancho; cráneo alargado con dos pares de orejas principales e igual número de pabellones menores, además de sus cuatro ojos en una cavidad ocular poco profunda, pero ligeramente encorvada. No obstante, lo realmente maravilloso de las dcéry hviezd era que poseían formas de organización social al nivel de algunas sociedades primitivas terrestres que, el doctor Bosko, definió categóricamente como: «estructuras societales autosuficientes y especializadas en el cuidado grupal y la colaboración entre semejantes; donde, —y cito textualmente—, “Žiadny muž tu nemá miesto[6]”».

Bosko, N. (2089, 13 de junio). Reflexiones sobre las estructuras sociales y biológicas de las dcéry hviezd. Bitácora del xenobiólogo en jefe a bordo de la Galia. Misión de exploración 00736. Programa Espacial Soviético.

[1] Hijas de las estrellas en eslovaco.

[2] Kosmicheskaya programa SSSR (Programa Espacial Soviético).

[3] Director de la Academia de Ciencias Naturales de Eslovaquia.

[4] Teegarden b: planeta a 12,5 años luz de la Tierra, con 1,1 veces su masa. Orbita la enana roja con su mismo nombre en 4,9 días. Su superficie es potencialmente oceánica.

[5] Nombrado en honor al Lago Strbské Pleso de Eslovaquia.

[6] Ningún macho tiene un lugar aquí.

Marel Alfaro Zúniga (1989). Nacido en San Pedro Sula, Cortés; Honduras. Docente de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Consultor independiente y asesor metodológico a nivel de tesis. Editor y corrector ortotipográfico. Ilustrador autodidacta. Autor de «Hacia el Espacio: Quince crónicas sobre el nacimiento del Nuevo Orden y la Revolución Galáctica” (2020); «Breviario de lo irreverente» (2022); antologado en «Tercer encuentro de minificción Centroamericana antología» (2023) y «Antología de minificción: El Albatros» Editorial Micromundos (2024); prologuista en «Latinoaméricaeditada: no disponible en su región» Editorial Tríada (2024). Su más reciente trabajo, «Inerme en la ciudad y otras minificciones científicas», publicado por Editorial La Chifurnia (2025). Actualmente reside en El Progreso, Yoro; Honduras.

Freak TV: La televisión que nació en una novela

Hay un momento en Hambre de caza que precede a todo lo demás. Antes de que aparezca Urbaín Beleño, antes de que la novela despliegue su anatomía del poder rapaz en Colombia, hay un aviso clasificado. Un aviso de halcones amaestrados para cazar las palomas que se multiplican como una plaga descontrolada en los edificios residenciales de Bellaquería. El servicio trabaja en silencio absoluto, en la madrugada, y cuando los vecinos despiertan solo quedan plumas esparcidas por el viento.

Ese aviso falso —insertado en la apertura de la novela como si fuera una cuña publicitaria entre dos bloques de programación— es la célula original de Freak TV.

Francesco Vitola Rognini publicó Hambre de caza en 2014 a través de Editorial Milinviernos, en libre descarga, como parte de lo que él mismo ha denominado la Trilogía de Bellaquería. La novela fue descrita, en su momento, como una radiografía del uribismo: no por la vía del panfleto, sino por la de la metáfora, la angurria por cazar como imagen que condensa toda una era política. Pero lo que aquella lectura podía pasar por alto era el dispositivo formal: la novela infiltraba la lógica de los medios de comunicación —el lenguaje publicitario, la fórmula del mensaje comercial, la retórica del infomercial— como una estrategia narrativa deliberada. La ficción se disfrazaba de ruido mediático para decir lo que el ruido mediático precisamente ocultaba.

Ese mecanismo durmió durante años dentro del catálogo de Vitola, como una semilla en temporada seca. Freak TV es lo que ocurre cuando esa semilla encuentra el clima adecuado: un canal de televisión completamente inventado, con programación continua de 24 horas, que simula los formatos más predecibles de la pantalla —el noticiero, telecompras nocturno, el cine de arte, la franja de caricaturas— para convertirlos en vehículos de una ficción que no podría existir en ningún otro soporte: la iguana que sale del encuadre mientras aparece el título del canal. Luciano Bello entregando la noticia del restaurante madrileño que servía paloma callejera en vez de pato. El Sr. Argento —pálido, huesudo, reptiliano— vendiendo brazaletes de cobre con tecnología geocéntrica inspirada en el Feng Shui y desarrollada en Laos. El Capitán Adrenocromo aterrizando torpemente en el sótano donde se llevaba a cabo un ritual satánico. Kage no Keiyaku, el film de ninjas emitido en el horario en que solo están despiertos los insomnes y los vigilantes.

Cada franja es un género que Freak TV toma prestado y lleva al extremo de lo absurdo. Ese es el legado directo de aquel aviso de halcones en Hambre de caza: la comprensión de que los formatos de la cultura de masas no son neutros —que son, en sí mismos, formas de administrar la percepción— y que la literatura puede habitarlos, corromperlos y devolverlos al espectador con la trampa ya activada.

El proyecto se publica por entregas en Vitola.pro/freak-Tv/, simulando 24 horas de programación continua de «el canal más bizarro de internet» y que paradójicamente, dice más sobre la televisión que cualquier análisis de medios convencional.

Hambre de caza está disponible en descarga gratuita en Editorial Milinviernos. Leerla hoy, con Freak TV ya en circulación, es constatar que Vitola llevaba más de una década esperando el momento propicio para desarrollar esta idea. 

El Maderamen de la vida O el arte de John Álvarez

Por. César González

Poeta, Escritor.

“Nada crece debajo de los grandes árboles”

Constantin Brancusi

Mundos antiguos y nuevos se funden sin que podamos reducirlos a las palabras, a la imagen. Su naturaleza estructural y constructivista, más allá de buscar, encuentra. John Álvarez ensambla el caos con el orden, sus invenciones de maderamen entablan una correspondencia orgánica  y  en común- unión con el viento, el comején, la polilla, el fuego, el sol, las aguas, las que corren y las que no. En su proceso creativo se involucran la música, la arquitectura, la cocina, la filosofía, y sin lugar a dudas, el resultado no es para menos, que una de las obras más originales entre sus contemporáneos.

El taller del artista está situado en el corazón del mundo, Pueblo Bello, Sierra Nevada de Santa Marta, donde para el cansancio del creador basta un árbol invisible para hacerse una sombra, por esa y muchas otras razones, no es fácil pasar por alto el genio del creador que del barro nos hizo hombres y que de un soplo creó todas las cosas. Así como hace tantos años Picasso, Brancusi, Henry Moore, y otros  sintieron el influjo de la escultura tribal africana en madera, así hoy, una serie de obras serias y contundentes, retornan a nuevas esperanzas, celebran riesgos necesarios, no para adornar los parques, tampoco para satisfacer caprichos. Álvarez hace mucho viene ocupando un espacio importante en las artes plásticas del Caribe Colombiano, su trabajo bien logra distanciarse de lo que se ha venido mostrando a través de estas últimas décadas; En el  brazo del árbol,  pieza “sin título” merecedora de un reconocimiento en el salón BAT de artistas populares del caribe, John Álvarez logra hacer bombear sangre desde su corazón hasta las arterias de sus ramas, articulaciones, venas, haciendo creer que “en los sueños los árboles son personas”[1]  así como en los bosques hechizados, donde la imagen de un tronco puede ser una ninfa y en efecto lo es, otras veces también una bruja o un aparato, el suceso estético al que nos convoca el creador en su particular genio de ermitaño de alta montaña, es lo que se debe denominar Arte.

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Sancocho western: Tierra de nadie.(Sexta entrega)

Por Francesco Vitola Rognini y Andrés Felipe Escovar

Dedicado a la memoria de Luis Cermeño, editor de Milinviernos, autor obsesionado con la ciencia ficción, y entusiasta colaborador en nuestros locos proyectos independientes.

Déjame huir, oh selva, de tus enfermizas penumbras formadas con el hálito de los seres que agonizan en el abandono de tu majestad. ¡Tú misma pareces un cementerio enorme donde te pudres y resucitas!

 La vorágine. José Eustasio Rivera.

La semana anterior —me contaba—, un enorme jaguar había sido muerto por los vecinos, en el atrio de la iglesia.

Los pasos perdidos. Alejo Carpentier

Primera entrega

Segunda entrega

Tercera entrega

Cuarta entrega

Quinta entrega

Estos hijueputas campesinos ni de música saben

Por Andrés Felipe Escovar

-Estos hijueputas campesinos ni de música saben…

Se tambaleaba por el aguardiente que bebió, camino al mingitorio, con la mirada fija en  Olegario, que estaba en la mesa más cercana al baño; el vaho de meados con hojas de eucalipto que los dueños de la tiendita extendían todas las mañanas y que, en las noches, tenían un marchitamiento húmedo, le recordaban a nuestro héroe sus caminatas por los bosques artificiales de la sabana de Bogotá, años antes de que lo reclutara el ejército del partido conservador. Era la cuarta o quinta vez que el serenatero se lo decía; la primera, poco después del mediodía, fue una broma con la que Olegario apenas sonrió:

-Tiene esa canción que dice: “eres un ángel hermoso vestida de mujer…”- le preguntó, tímido, Olegario.

-Esas mierdas de campesinos no tocamos nosotros- le tocó un hombro a Olegario. Con la otra, sostenía a su guitarra por el cuello y miraba, con un mohín coqueto que acentuaba su afeminado tono de voz, al maraquero con el que entró a ese bar a cantar canciones solicitadas por  los bebedores de las diferentes mesas a cambio de alguna moneda.

La broma se repitió hasta esa quinta vez, cuando Olegario, había decidido aceptar la oferta que hiciera Víctor Carrasco el día anterior: formar parte del grupo de vigilantes de las minas de rubies en las inmediaciones de Villa de Leyva, muy cerca del lugar donde, según decía, comenzaba el desierto de La candelaria en donde vivían hombres que se ocupaban de mirar directo al sol hasta quedarse ciegos y, cuando la ceguera ocurría, se tiraban sobre el suelo y se mantenían de un mordisco de pan de levadura y medio vaso de agua hasta que, un día cualquiera, dejaban de respirar y llegaban los chulos que les picoteaban sus escuálidas entrañas. Por eso, en el desierto, le dijo Víctor, hay tanto chulo, a veces parece que ocurriera una noche porque de tantas alas negras que tapan al sol, hay algo como un eclipse. Cuentan que, desde hace unos doscientos años, un viejo monje del convento de San Agustín, ubicado justo en la cima de una de las montañas del desierto, que limpiaba los pisos de todas las habitaciones y de la iglesia y que jamás aprendió a cantar algo en latín y se quedó más bien como un devoto sirviente dedicado a la limpieza de todo el edificio, llama con un grito a los chulos que se desparraman por toda la región para así generar un eclipse: es el Máguare.

Olegario no creyó mucho lo del eclipse hecho con alas de avenes negras, aunque encontró coincidencias entre esos augurios y los que le escuchó a una pitonisa cartagenera que oficiaba como concejera de las tropas en Panamá. El día que fusilaron a Victoriano Lorenzo, el cielo se oscureció y, cuando regresó a la capital del departamento, le dijo la misma mujer que el océano Pacífico se levantó tanto que parecía una cordillera que anegaría al istmo e inundaría al atlántico hasta convertirlo en una inmensa alberca donde los animales arrastrados desde las profundidades, desembocarían en las playas y engullirían con toda clase de bestialidades a los humanos.

Carrasco le dijo que era el dueño de las minas de rubíes y que él mismo prefería saber a quiénes contrataría para la seguridad de estas. Por eso fue hasta Bogotá y, durante semanas, se dedicó a encontrar a las personas indicadas. Olegario le atrajo porque, en ese bar, atisbó que tenía un revolver en su cintura y miraba como si anduviera tras una presa.

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Los spnayas. Por Marel Alfaro

Por Marel Alfaro

«Además del arte —en todas sus manifestaciones— y las matemáticas, el lenguaje es la única huella material de nuestra existencia en el universo».

Los spnayas son una especie bastante«particular». En términos humanos, su única forma de comunicación podría traducirse como «arrítmicos golpes secos»: ecos guturales producidos por «grandes cajas orgánicas»1. Su anatomía se describiría como «enormes masas carnosas» azuladas de hasta cuatro metros de altura, casi gelatinosas, con dos orificios en cada extremo que, de cierta forma, funcionan como «bocas»2. Literalmente, la edad de los spnayas se mide de dos formas: su adultez, cuando alcanzan su máximo tamaño y, la vejez, cuando decrecen y reducen su cuerpo a la mínima expresión.
Inicialmente dudamos de la existencia de una lengua propiamente dicha, pero después de un par de siglos aprendimos a comunicarnos con ellos por medio de percusiones diseñadas específicamente para emular sus códigos lingüísticos.
Apenas llevo medio ciclo estelar habitando este planeta. No obstante, nunca extrañé tanto el poder comunicarme en nuestra lengua materna, tener con quien conversar; además de mí misma y mi propia conciencia, claro está.
Mi observatorio se encuentra ubicado en el centro de la colonia, a dos kilómetros del poblado más cercano. Cada año estelar recibo y envío información codificada con destino a casa. Poder leer cada palabra en nuestro idioma es un ancla mágica que me ata a la cordura.
—Tup, pac. Tup, pac. —Escucho, a lo
lejos.
Algo no marcha bien. Uno de los
ancianos solicita ayuda. Es el más longevo de su especie, de unos cinco mil años terrestres de edad, aproximadamente. Me precipito a su encuentro. Sus movimientos son torpes y demasiado lentos.
—Tup tup-pap, tutu. ¡Tuppi tap pap ap!—«Susurró» el viejo Tuppi, patriarca de la colonia spnaya que, en nuestra lengua, podría traducirse textualmente como: «Te veo, humana. ¡Tuppi vuelve a casa!»; que, en spnaya, significa «adiós».

 

1 A diferencia de nuestra especie, los spnayas carecen de ojos y oídos, pero pueden percibir los sonidos graves y al resto de individuos por medio de sus propios cuerpos.

2 Los spnayas pueden alcanzar los cuatro metros de altura en la adultez. En muy raros cazos exceden dichas dimensiones; sin embargo, existen registros de especímenes de hasta siete metros.

 

Marel Alfaro Zúniga (1989). Nacido en San Pedro Sula, Cortés; Honduras. Docente de Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Consultor independiente y asesor metodológico a nivel de tesis. Editor y corrector ortotipográfico. Ilustrador autodidacta. Autor de «Hacia el Espacio: Quince crónicas sobre el nacimiento del Nuevo Orden y la Revolución Galáctica” (2020); «Breviario de lo irreverente» (2022); antologado en «Tercer encuentro de minificción Centroamericana antología» (2023) y «Antología de minificción: El Albatros» Editorial Micromundos (2024); prologuista en «Latinoaméricaeditada: no disponible en su región» Editorial Tríada (2024). Su más reciente trabajo, «Inerme en la ciudad y otras minificciones científicas», publicado por Editorial La Chifurnia (2025). Actualmente reside en El Progreso, Yoro; Honduras.