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Carta a Julián Marsella por la necrológica que jamás quise: Adiós, Luis

Señor

Julián Andrés Marsella Mahecha

E.S.M

Marsella:

Hace tiempo nació nuestro propósito de matarlo. Queríamos convertirlo en fantasma y que, como tal, escribiéramos sus días en La Fresa Feliz. Sería nuestra incursión a un tema como el de los espectros y sus variedades para cruzarlo con la taxonomía de los alienígenas y los consecuentes senderos evolutivos trazados por David Parcerisa. A propósito: ¿cómo está el clima en Zipacón? ¿Ha vuelto a tener problemas con las fresas podridas? Allegados al difunto Bazuker nos comentaron que, el maridaje de esa fruta descompuesta con leche condensada, propician un horror emanado de las entrañas de quien las come ¡Son tantas cosas de las que hay que hablar y jamás hablaremos!

Esto no es una confesión; me acabo de detener en el nosotros inserto en el comienzo de esta nota: ahí bulle un hálito fantasma que ha recaído en mí. Todo culmina en una primera persona, en un yo que, usted sabe, es el núcleo de cualquier horizonte de soledad: el yo es el feto de un alma en pena. Hace más de una semana murió Luis. Los detalles de su muerte no vienen al caso, aunque puede encontrarlos si escarba en algún buscador; los primeros registros refieren la muerte de un hombre de 44 años en el estacionamiento del conjunto residencial donde vivía y, luego de describir con vaguedad las circunstancias, propician en quien lo lee expresiones como que “uno muere el día que tiene que morir” o “parece una muerte de Mil formas de morir”. En eso desemboca una vida con algún viso extraordinario, aunque este sea su final: en una nota roja redactada por alguna inteligencia artificial.

Es más, alguien que se presume cercano a Luis dijo que esa su muerte parece un cuento escrito por él. Me temo que ese allegado jamás leyó algún relato o, si lo hizo, lo reduce a la etiqueta de lo absurdo o de la humorada ocurrente y esto le sirve para mantenerse lejano de cualquier gravedad propia de un panegírico. Ahora hay que ser inteligente y la inteligencia se asume como el antónimo de cualquier expresión sentimental.  Hubo gente que escribió en Facebook o Instagram -de las otras redes no sé-; muchas destilaban el consabido “humor negro” de los que no le temen a nada -o, si le temen, hacen gala de su miedo y lo convierten en parte de su repertorio- e insultos para así contestar los que Luis les infligió en vida y evidenciar el ingenio de quien no ve en los oratorios en torno a cadáveres más que materia de burla y rezagos de supercherías decimonónicas.

No culpo a esas personas, Marsella; es lo que hay y reclamarle a lo que es que sea otra cosa es un gesto juvenil que se me ha diluido. Es posible que esas personas no hayan reparado en el peso que tiene un muerto. Un muerto pesa mucho y, por eso, uno de los rumbos más trasegados hacia el paraíso es el de la levedad. Los cadáveres toman una densidad como si en sus entrañas se hubiera incubado una bomba; así me pasó con Luis; colaboré para sacarlo del carro fúnebre y conducirlo al lugar donde lo iban a enterrar. Fuimos seis las personas que lo llevamos y nos costó; alguien que me vio en aprietos me dijo que Luis no quería que yo fuera uno de los que lo llevaran hasta el hueco donde depositarían el ataúd. Yo no sé si así sea, aunque esa creencia es semejante a la que tuvimos cuando decidimos matarlo a usted para así continuar escribiéndolo.

La tumba de Luis linda con la de un niño que murió a los cinco años. Algunos deudos la pisaron, así como las de otros difuntos aledaños, mientras un sacerdote, flaco, con unos tenis negros muy sucios, que apenas se asomaban bajo su sotana, procedía, con apuro, a leer un pasaje bíblico y a efectuar un par de oraciones. El señor parece un jardinero disfrazado de cura, aunque lee los versículos como lo hace un abogado con un acta y tiene el atributo de la indiferencia profesional: los muertos para él son leves, como para los ironistas. Sólo es un jardinero para mi solaz.

Con Luis conversamos varias veces sobre la forma como lo mataríamos a usted para hacerlo un espectro que nos visitara. No puedo decir que no hubo tiempo para escribir; más bien, los arrestos se agotaban y, entre el agobio de las vidas que cada uno ha vivido, se nos postergó su homicidio. Ahora que me detengo un poco, pudimos intentar una historia persecutoria donde buscáramos darle caza a usted, algo así como si El correcaminos se narrara, en primera persona -una primera persona plural-, por el Coyote.  El final podría ser tan abrupto como la muerte de Luis.

Un amigo me dijo que, a los cuarenta y cuatro años, solo se es joven es para morir. Pero no hay días señalados para morirse ni es cuando a uno le toca: es seguro que moriremos y, por economía de la creación, no es necesario realizar cálculos o adjudicar días para que muera alguien. Aunque otorgarle esos criterios a la creación es tan extraño como suponer que “de Dios estaba que Luis muriera ese día” o que “nadie conoce la voluntad divina” salvo quien enuncia ese desconocimiento.

Lo de Luis ha ocurrido y, como nos pasará a todos los que formamos parte de ese grupo finisecular, señor Marsella, descansó de sí mismo. Nosotros queríamos que usted descansara, que su “sí mismo” dejara un rastro en una escritura que jamás ocurrió. Usted y yo debemos continuar en este espacio. Por estos días me ha asaltado una simetría: los días que pasaron entre el deceso de Luis y su cumpleaños, fueron diez; nosotros tenemos casi la misma edad y yo cumplí los 44 ocho días después de la muerte de mi amigo, entonces moriría el primero de septiembre. No quiero morir ese día. Pero la vida es como nadie quiere, apenas es.

Quizá le escribo esto último para conjurar la intuición de que mi destino está trazado y evitarlo es la manera más expedita para que se materialice, por eso el miedo es su principal aliado: Edipo le temió tanto a la ceguera que se sacó los ojos. El destino, señor Marsella, fulge cuando se le adjudica a un muerto: así empieza a cobrar sentido cada una de las palabras, gestos y ausencias que el difunto profirió en vida.

Luis hizo la necrológica de su perrito, fallecido tres semanas antes que él. En la nota anunciaba que al animalito lo acompañaba Ozzy Osborne en un lugar tranquilo, mientras esperaba a que Luis llegara. La muerte de Luis fue una buena noticia para Ozzy, que ya se libró de esa responsabilidad y disfruta algún festejo, también para Kero, que camina por un prado impregnado de rocío con su amo.

Le dije, Marsella, que el efecto fantasma recae en mí; muchas de las cosas que escribí con Luis se leerán como si fueran hechas por alguien que ya murió. Desde ya aprecio lo reconfortante que es que casi nadie lea lo que uno escribe.

Lo saludo, no sé si con mero afecto o con la vocación de alguien conmocionado,

 

Pd: Hace un par de días, en un bus de Transmilenio, subió un señor invidente y se sentó muy cerca de mí, sacó un rosario y rezó durante todo el trayecto. Pensé que ese hombre era Luis deambulando en su paraíso y que el palo que usaba el invidente era la nueva forma de su perro. ¿Podría decirme, señor Marsella, algo al respecto? Algo que supere mi elemental cavilación, así ello no me reconforte como la mortalidad misma y la liviandad de todas las palabras, tan opuestas al peso del cadáver de mi amigo.

The Ghostly Sentra.

La historia surgió de la colaboración creativa entre Luis Cermeño y Francesco Vitola Rognini, quienes combinaron sus visiones de la ciencia ficción y la narrativa distópica. Utilizando el asistente de escritura y las herramientas de traducción de ChatGPT, perfeccionaron su narrativa, dando forma a una historia cibernética de redención, inteligencia artificial y viajes en el tiempo.

 

Originalmente publicada en: VERSIPELLIS

The Ghostly Sentra

“Maybe I ride, maybe you walk

Maybe I drive to get off, baby”

The story emerged from a creative collaboration between Luis Cermeño and Francesco Vitola Rognini, who combined their visions of sci-fi and dystopian storytelling. Using ChatGPT’s writing assistant and translation tools, they refined their narrative, shaping a cyber-noir tale of redemption, AI, and time travel.

Chapter 1: Echoes of the Unknown

The first headline appeared on March 12, 2045. The journalist, a young woman with a sharp voice and a rehearsed smile, spoke with a mix of disbelief and sensationalism. It was the kind of story media editors love: absurd enough for clickbait, yet with just the right touch of mystery to avoid outright laughter.

—Strange sightings in San Francisco: a ghost car linked to an apparent blackout at the Apex laboratory…

Cyber-surveillance cameras showed the facility from above, the metallic glow of the ruined city reflecting off the lab’s shattered windows. The journalist continued:

—Reports indicate that the blackout prevented an experimental system of autonomous drones from going out of control. Employees describe it as a miraculous event. But the most unsettling part is this: the cameras captured a silver Nissan Sentra parked not far from the scene. Minutes later, when power was restored, the Sentra had vanished.

That night, social media exploded. Videos, theories, memes. Some took it as a joke—“The Ghostly Sentra,” read a tweet with hundreds of thousands of interactions. Others didn’t find it so funny. There was something about the cold, mechanical tone of the footage, the way the Nissan seemed to glide out of frame just before the lights returned, that chilled the blood, like a scalpel slicing through the video. It wasn’t the only incident.

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CREATRIX, EL CUENTO.

CREATRIX EL EXPERIMENTO DE LA VERDAD SOBRE LA FICCIÓN.

 

imagen generada por IA (picsart)

 

Por Luis Cermeño

(2024).

 

Ramón Solórzano se puso el casco de fabricación micótica. Este adhería a la piel efectivamente. El cuerpo y el micoide creaban una simbiosis perfecta. Era su último invento, su gran aporte a la informática. Después de graduarse de derecho, se sentía completamente insatisfecho y fue cuando encontró en los hongos alucinógenos su refugio, su aliado y posteriormente, su modelo de negocios. Comprendió que había un nicho en su consumo, tanto recreativo como para investigación. El cultivo era relativamente fácil y contaba con la facilidad de un predio en el campo a las afueras de la ciudad.

El modelo del casco era ambicioso porque pretendía encontrar la piedra angular de la psicodelia: el control del vuelo. Había conocido a Gerardo en ese proceso. Gerardo era un muchacho que acampaba en un parqueadero en Villa de Leyva, y después de un largo proceso de meditación, se sentaba en flor de loto y consumía uno a uno los hongos, y se quedaba toda la noche en esa posición, con total control del viaje. De él aprendió las técnicas más evolucionadas para manejar el trance y se ideó la manera de programar una consola hecha a partir de setas, de modo tal que el jugador al ponérsela en forma de sombrero se identificaba tal cual como un hongo humano.

El micelio era la interfase del juego, la consola era el casco y el cerebro de la persona que se conectaba a través de la epidermis se volvía el controlador. Lo difícil era no perder el cerebro y manejar lo que llamaban «el pánico». Para ello se ingería una pastilla llamada  Mosca, ideal para mantener la cordura.

 Esta plataforma de juego, llamada inicialmente FIESTA,  en que la alta tecnología convergía con el reino fungi estaba en fase experimental, y Ramón por lo general se entretenía más en los recovecos legales de la implementación, debido a su formación en jurisprudencia. Los aspectos más elaborados de programación se los dejaba a un equipo de técnicos y en el terreno de la investigación sobre los hongos estaba asesorado por Gerardo, quien últimamente estaba  en un estado de sabiduría más «evolucionado» -según sus propias palabras-  .

Para la prueba inicial llamaron al famoso Barreno para probar su dispositivo.

— Lo que ustedes pretenden es drogarme con tecnología.— bromeó el Barreno.

— Queremos llegar al fondo de la verdad sobre la ficción. Queremos que pruebes FIESTA con el juego que hemos desarrollado: CREATRIX. En realidad, no es un mundo inventado; solo cogimos una fracción del universo psicodélico y la hemos arrancado para que nuestros jugadores puedan entrar en una aventura controlada en medio del caos— Contestó Geraldo, sabiamente.

— Evidentemente, mi chato, esperamos que esto no nos genere un problema de patentes— refunfuñó Ramón, tocándose la gran calva.

Barre… barre… barre… barre barre… Barreno se perdió un momento.. fue como si se hubiera borrado del laboratorio y lo hubieran abducido de la realidad.

— Atravesó la tela de la realidad que conocemos y entró al micelio — Dijo Gerardo, riendo.

— ¿Esto constituirá un crimen en nuestra jurisprudencia?— Preguntó Solórzano. Su calva se puso roja.

— Eso no importa. Ahí vemos que otra vez se está desvaneciendo. Mejor dicho, estamos observando que no lo observamos aunque permanece.

Barre barre barre barre barre. Bailaba. Era una danza entre dos estados: permanecer o desaparecer. Daba un paso y desaparecía. Otro paso y aparecía.

— Soy Barreno y estoy barriendo con la noción de la realidad. — Dijo Barreno, entre risas. Mientras se sujetaba cada vez más duro a ese casco que le daba forma de un hongo con extremidades.

— Ahora debes crear la realidad, con tus extremidades. — Dijo Gerardo, que era el único que comprendía lo que sucedía.

Empezó por construir el amor. Después siguió el cielo, la tierra, y la naturaleza.  La esperanza y la desesperación llegaron por él. La sangre sobre la nieve.

— ¿Qué es la CREATRIX? – Preguntó Barreno. Mientras aparecía y desaparecía, en el juego de la Génesis.

— La primera vez que se registró su uso fue por el poeta isabelino Richard Barnfield, para describir el amor que sentía Zeus por los abrazos de  Ganímedes.  — Dijo, con tono catedrático Gerardo. Pues hasta el momento pocos conocían que en su vida pasada había sido literati.

Así fue mi amor, así fue mi Ganímedes,

(El cielo es alegre, el mundo se maravilla, el trabajo más bello de la naturaleza,

En cuyo aspecto acechan la esperanza y la desesperación,)

Hecho de sangre pura en la nieve más blanca,

Y porque la dulce Venus sólo formó su rostro,

Y cada uno de sus miembros delicadamente enmarcados,

Y por último le LLAMÓ Ganímedes.

Sus miembros (SU CREATRIX)  su abrazo,

Pero en cuanto a su mente pura, moteada y virtuosa,

Porque brotó de la casta sangre de Dianaes

(Diosa de las Doncellas, directora de todo bien),

Es totalmente inclinado a la castidad.

Y así es: hasta donde puedo probar,

Quiere ser amado, pero no amar

Barreno se encogió y empezó a gritar atormentado:

— Suéltenme, no puedo. Me está consumiendo.

Un charco de sangre empezó a brotar debajo del casco, y lo que se vio fue un hongo herido del que brotaban ríos de carmesí.

En realidad, el control es una ilusión. Reflexionó Ramón mientras era conducido a la celda carcelaria.

Una vez instalado allí, se puso el casco de fabricación micótica y sintió cómo el juego del génesis, que alguna vez llamó Creatrix, se volvía a reproducir en sus sueños de jurisprudencia.

Gerardo, que lo acompañaba en la prisión, le dijo:

— la verdad sobre la ficción es que no la podemos controlar. La creatrix fue mi mejor ilusión.

Ambos parecían un par de hongos acostados en el frío suelo de la celda jugando con sus consolas FIESTA.

IV Congreso Internacional Verniano, Colombia 2024

 

 

Lunes 29 de abril de 2024
Salón Jorge Isaacs de Corferias, Feria Internacional del Libro de Bogotá

Descripción del evento: Contribuir al estudio, investigación y difusión de la obra de
Julio Verne.Propiciar el conocimiento de su obra y su relación con América y
Colombia y Generar espacios de estudio, difusión y conocimiento de su obra en
centros educativos, con el propósito de incentivar la lectura, la investigación y la
creación literaria.
Aforo aproximado: Sala Jorge Isaacs
Fecha: 29 de abril de 2024

 

 

 

Jueves 2 de mayo de 2024, sesión de la mañana
Museo Naval del Caribe, Cartagena de Indias

 

El programa final del IV Congreso Internacional Verniano a celebrarse en Cartagena de Indias entre los días 2 y 4 de mayo de 2024 es el siguiente:

Comentario a La derrota de los Replicantes. Novela inédita sobre IAs de Antonio Mora Vélez.

La derrota de los Replicantes, novela de ciencia ficción sobre las Inteligencias Artificiales y el fin de la especie humana, próxima a publicar por la editorial Omicron del Ecuador.
TEXTO DE LUIS CERMEÑO EN EL MARCO DEL  HOMENAJE QUE EL CDR le hizo en la FILBO el día  28 de abril de 2023 a Antonio Mora Vélez con motivo de sus 50 años de vida literaria. 

Junto a Albio Martínez y Campo Ricardo Burgos. Grandes personalidades de la literatura CF en Colombia

La derrota de los replicantes trata sobre el último remanso de la inteligencia auténtica de la humanidad, que va más allá de la razón cientificista. Esta es contenida en un pequeño grupo de hombres, los remanentes, que viendo amenazada su existencia en el plano orgánico deciden darse a la fuga a los mundos virtuales que se alojan en la nube, un no-lugar transitado por líneas de energía que representan todas las historias de las ideas y tiempos en donde es posible escapar a la tiranía de los replicantes (androides sofisticados equipados con la mayor Inteligencia Artificial); quienes, llevando al paroxismo la teoría de la singularidad tecnológica de Ray Kurzweil, consideran que el homo sapiens ha llegado al punto de su obsolencia y ellos, como una inteligencia un billón de veces más poderosa, son la cima de la evolución de la materia. En medio de esta ontología, aparece una tercera entidad, denominada LOS SIKAS: descritos como seres que sueñan y piensan desde las afueras del espacio-tiempo que transitan tanto cerebros biológicos como cibernéticos.
Esta novela presentada por el escritor ANTONIO MORA VÉLEZ, uno de los pioneros del género de ciencia-ficción, considerado por muchos como uno de los custodios de la paternidad compartida de la ciencia ficción colombiana junto a René Rebetez, al ser los primeros en dedicarse enteramente al género de lleno, – no a manera de escarceos, como antes se había visto-; esta novela, es de estructura dialógica y polifónica. En algunos capítulos, el narrador presenta la versión de alguna de las tres partes: Los remantes, los sikas y los robots. Tampoco hay ningún problema del autor real en ponerse presente, y decir, soy yo Antuko, en la forma de una línea de energía. Además estas tres ontologías están en constante diálogo. Hoy con embriones de IAs como chatgpt, googlebard, youchat, chatsonic o Bloom, hacemos las veces de entrevistadores; pero en el futuro, según Mora Vélez, también Los robots van a centros de acopio de información actualizada a hacer preguntas a los filmes holográficos de los grandes cerebros biológicos del pasado.
Además, estos otros entes, que resultan se han alojado en el- por así decirlo- espíritu humano, los que están en ese otro universo, un universo que está descrito en un libro que por muchos es considerado esotérico, el libro de Urantia, que ocupa un lugar central en el desarrollo de la novela, y del que guardando justas proporciones, me considero algo perseguido, puesto que durante el transcurso de las últimas semanas se me ha presentado en distintas oportunidades sin haberlo buscado, y la más significativa, en la novela de La Derrota de los Replicantes. ¿Esto significará una fisura en el trasfondo de la realidad, de la tela de la Matrix, y un modo de revelar la simulación en la que habitamos¿ ¿Un tipo de llamado o de contacto?
En este punto, me permito abordar otro diálogo que se abre en la novela sobre las Inteligencias Artificiales de Mora Vélez con mi propia obra, y son los puntos de conexión que ésta tiene con la novela breve o noveleta que escribí junto a Felipe Escovar: Arrúllame Ramona. Tal vez de las primeras en abordar en su temática un chat con una Inteligencia Artificial real, como lo fue una conversación que sostuvimos a principios del 2011 con un programa llamado Ramona, parte del proyecto Kurzweil net, que contenía a manera de sinapsis una cantidad ingente de artículos y reseñas sobre todo lo que tiene que ver con materias aledañas a la filosofía de la mente e Inteligencia Artificial. (Con esto no quiero decir que desconozca la tradición experimental sobre literatura electrónica o ciberliteratura en Colombia, cuyo caso palpable es Condiciones Extremas de Juan B. Gutiérrez, quién se atrevió a diseñar una Inteligencia Artificial para articular un relato según el propio criterio del lector).
Otro de los puntos en común de La derrota de los replicantes con Ramona, es la Atemporalidad, en donde en un mismo espacio mental convergen personalidades de distintas épocas, preguntándose por la extrañeza de su nueva condición y llegando a sus propias conclusiones amparados desde sus propios ejes de investigación.
Y por último, ese gran anhelo por una espiritualidad, que desborda en esa necesidad poética de develar nuestra autenticidad como humanos: En Arrúllame Ramona, el humano aflora patéticamente en la pérdida del misticismo volcada a la vulgaridad de un mundo postmoderno, lleno de académicos de jerga vacía, y en La Derrota de los replicantes, en el descubrimiento que cuando estemos  desposeídos de nuestra parte orgánica perderemos también ese punto de conexión en donde es posible alojarse una de estas entidades del otro Universo para brindar un mensaje cierto y un rumbo a nuestra existencia.
En La derrota de los replicantes, retumban las palabras del poeta Vicente Aleixandre:
“La poesía tiene que ser humana, si no es humana no es poesía”.
De no ser posible esta utopía:
Toda realidad será virtual
Toda inteligencia será artificial.
Estaremos frente a LA DERROTA DE LOS Remanentes de la humanidad.

 

Lo mejor y nuevo de la ciencia-ficción de Colombia, en Revista CECAR

EL TEMA DE LA CONVOCATORIA PARA PARTICIPAR EN LA ANTOLOGÍA: LO MEJOR Y LO NUEVO DE LA CIENCIA FICCIÓN, QUE APARECE EN LA REVISTA INSTITUCIONAL DEL CECAR, #34 FUE EL SIGUIENTE:

ASTRÓNOMOS DESCUBREN GIGANTESCA NAVE DEL ESPACIO CERCA DE SATURNO (Internet). ¿Vienen hacia La Tierra para evitar que destruyamos el planeta y nos auto eliminemos? ¿O para aprovechar nuestra situación de pre-guerra mundial para dominarnos? ¿O para convertirnos en despensa de alimentos para su mundo? ¿O para intervenir en los resultados de las elecciones de Colombia?

A partir de ese tema, varios autores, algunos reconocidos como otros emergentes, presentamos nuestra variación sobre el tema, cada uno desde nuestro estilo y nuestros propios intereses frente a la ciencia ficción, demostrando que un  mismo género y un mismo escenario, permite desarrollarse a partir de la creatividad de cada creador.

Se pueden encontrar relatos de Antonio Mora Vélez, Campo Ricardo Burgos, Luis Cermeño, Jerson Lizarazo, Santiago Betancourt, Oscar Javier Mora, Alberto Cortés, Lizeth Villalobos y Armando Méndez

 

Los Jurados de la selección: Antonio Mora Vélez, José Miguel Serrano Montes y Serafín Velásquez Acosta, miembros del colectivo literario El Bocachico Letrado de Montería.

Desde este enlace, pueden descargar el número, en el formato de su preferencia:

REVISTA CECAR – LO MEJOR DE LA CIENCIA FICCIÓN COLOMBIANA.

Baraja de sombras: un catálogo diferente de la literatura escrita en América

El colectivo Baraja de Sombras ha forjado la colección homónima de escritura latinoamericana. Ha unido sus esfuerzos con la editorial mexicana Entre Tejas -cuya sede está en Chiapas-. Los libros serán de ficción o ensayísticos y comprende a personas de diferentes lugares de nuestro continente hispanoparlante -en sus diferentes variantes-. Al respecto, este ha sido el comunicado que se dio hoy, junto con la publicación del primer volumen: Ensueños desde el hato llanero, escrito por Luis Cermeño:

Entre Tejas inicia con la Colección Baraja de sombras: escritores latinoamericanos la posibilidad de dar a conocer las nuevas voces de los y las creadoras cuyo trabajo permanece inédito pero nos motiva el afán de darlos a conocer y mostrar la poderosa voz literaria que se forja en nuestros distintos países. Esta idea surge a partir de la conjunción de voluntades de jóvenes escritores que desde distintos puntos de nuestra geografía latinoamericana han venido a cursar a Chiapas posgrados en distintas disciplinas humanísticas, con quienes hemos conformado una red que ha tendido puentes y ampliado horizontes que convergen en esta editorial chiapaneca, inmersa no en el pulso capitalista del Norte sino en el ánimo antiglobal del respeto a las identidades regionales, las cuales confluyen en la defensa del arte y, particularmente, de la literatura. Sea éste un proyecto de larga vida que dé aliento e insufle de vitalidad la creatividad de nuestros hermanos y hermanas creadores latinoamericanos.

Acá pueden encontrar el link para la descarga del primer libro

Charla con una abuela extraterrestre: Daína Chaviana en la filbo 2022

 

En el marco de la Feria del libro 2022 sucedió una charla, con la presencia de la emblemática autora,  sobre la relevancia de la literatura de Daína Chaviano en la ciencia ficción latinoamericana, moderada por Luis Cermeño y con intervención de Rodrigo Bastidas.

 

Al finalizar esta charla, El Agropecuario comentó:

 

Gracias a todos los agrícolas que nos acompañaron hoy en la conversación con Daína Chaviano y Rodrigo Bastidas en la Filbo. Los aprecio, como si fueran matapalos que ofrecen sombra en los momentos de mayor insolación.

 

El registro de esta conversación en el canal de fusionarte in a social approach:

 

 

 

 

 

Misterios de lo oculto. Editorial 2022

Luis Cermeño, nuestro coeditor, es el encargado de materializar los misterios de lo oculto y acercarse al mundo ovniagropecuario; dentro de los ancestros de ese acercamiento están Juan Rulfo y Aquilino Velasco (El inquilino del infinito). En este vídeo, él declama un extracto del Gilgamesh; lo más estremecedor es cuando Luis repite el nombre del libro: hay resonancias del «spoon» de Harold Pinter cuando se remonta a Beckett; del aliento de las palabras emerge su condición pasajera, como la del propio hálito que propaló una divinidad e instauró formas cuyo horizonte es lo humano -aunque se desconozca el sustrato de aquello-.
Invitamos a que vean estos «Misterios de lo oculto» y encuentren una palabra que salga de sus bocas para así actualizar ese aliento que perdimos:

 

 

Misterios de lo oculto: el amor, los viajes interplanetarios y los platillos que ya no vuelan.

 

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No existen las coincidencias: el episodio de The Lola Verga´s big band en donde Barreto el Sireno se tira al sol sobre una enorme piedra en el río gran de la Magdalena se comunica, en su atmósfera, con el encuentro de don Roberto Tovar Gaitán y su encuentro con aquél ingeniero musculoso y rostro arrugado que le enseñó las argucias de los peces y futuras hecatombes. Claro, las coincidencias implican puntos de encuentro, no una relación de duplicidad: El sireno de The Lola Verga´s big band devino un funcionario gubernamental mientras que las criaturas que restallan en el verbo de Tovar se meten en las piedras y, en lugar de suicidarse, abren puertas.

Tovar Gaitán enfatiza en el propósito humano de vivir -no cabe la pregunta sobre el propósito de esa vida pues de allí manan supercherías mercantiles y de poder- y de la civilización de ir a otros planetas, en donde se olvidará lo trajinado en el actual; dicho énfasis supone un bálsamo de aceite que, al irritar las quemaduras, hace olvidar el propio calcinamiento en virtud de la potencia de una chispa.

Aunque no todos tienen chispa: algunos la han perdido, viven y carecen de ese hálito que, desde lejanas tradiciones, se afilia con un rastro divino. Al final, el propulsor de las naves que llevarán a la civilización a otros planetas es el amor -esencia de la chispa-; por eso, cuando Tovar Gaitán se pregunta por los seres que vienen dentro de los Ovnis,  suspende ese amoroso desencuentro que llega como una plaga de infelicidad y teje una urdimbre interminable de vida en el universo.

Luis, coeditor de este espacio y entrevistador, estuvo muy feliz al final de la charla, justo cuando se habló del amor. Movió las manos como si fuera Philón de Alejandría o uno de los pilones del río grande de la Magdalena en donde se hunden los viejos que, con cantos guturales, anuncian su muerte.

Siempre, todo, con amor.

Este es el primer trabajo audiovisual hecho por FusionArte y Milinviernos.

Disfruten de este amoroso platillo.

 

 

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Para seguir el canal de Roberto Tovar Gaitán: https://www.youtube.com/c/RobertoTovarGait%C3%A1n

 

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