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Indio. Un relato de Leandro Alva

Por Leandro Alva

A Edmund Valladares

 

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30 de Julio de 1969

Décimo round; el Luna vocifera, la Luna come pochoclo. Suena la campana, se achican las distancias, se miden las fuerzas. Paladino se siente cómodo; en el rincón le dijeron que ya la tiene ganada por puntos, que salga del intercambio, que se mueva sin parar, que no se detenga nunca; pero en un descuido le embocan una seguidilla que le hace ver la vía láctea. Cuando se desploma, su cabeza golpea contra el borde del ring. Ya no se levanta. Ya no va a ganar.
Durante la noche, los vehículos acallan su párpado y se oscurecen hasta el otro extremo de la paleta. Llega la mañana, el cuadrilátero se hace mucho más angosto. La cuenta de protección no termina jamás.

(Relato inspirado en hechos reales, narrados en el film “Nosotros los monos” del realizador Edmund Valladares)

 

Que en paz descansemos sin Juan Gabriel

Pero antes de expresarle nuestro pensamiento a Lola, le hicimos una prueba de audición ya borrachos. En la rockola programamos “Querida” interpretada por Juan Gabriel. Le invitamos subliminalmente a que la cantara, tomando el trapero del baño que estaba hediondo de vómito. Lola, ya embriagada, se incorporó y empezó a emular los pasos de la esposa de Roger Rabbit. Aulló tan fuerte que los demás asistentes de la tienda no pudieron seguir hablando. Todos se acodaron a observar a ese gran marica que se bamboleaba como uno de los androides figurados por Antonin Artaud en su teatro que reinventaba el mundo.

The Lola Verga´s big band.

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

Uno siempre cree que se va morir primero que los dioses pero ellos han dispuesto nuestro desamparo;   la prueba ha sido hoy: Juan Gabriel murió esta tarde con Alberto Aguilera, su novio eterno.

Porque Alberto y Juan Gabriel crecieron juntos para hacernos daño,  para hacer más amargas esas decepciones del amor;  porque el amor existió para ser cantado por un marica. Y de grandes maricas hemos de encular estas mesetas de desánimo

Creímos que Juan Gabriel era eterno como su amor; por primera vez en nuestros corazones habita la desazón que inundó al espíritu de Judas Iscariote haciendo el nudo de la soga con la que se suicidó. Pero como la tristeza se viste de alegría los dejamos con una canción muy tierna y alegre en este día de muerte:

 

Pat Conroy (Q.E.P.D)

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Falleció el cuatro de marzo. Fue autor de “El príncipe de las mareas”, una novela llevada al cine a comienzos de los noventa. También escribió “Música de playa”, una historia que, para aquellos que la leímos antes de comenzar el rosario de divorcios, se convirtió en la dulce premonición de las amarguras de la vida sentimental. Esta historia comienza así:

En 1980, un año después de que mi esposa saltara hacia la muerte desde el puente Silas Pearlman, en Charleston, Carolina del Sur, me trasladé a Italia para empezar una nueva vida junto a mi pequeña.

Pero vida sólo hay una. Y puede convertirse en una sucesión de desencantos.

El protagonista regresa a Estados Unidos y  reencuentra a su familia y el entorno en el que creció. Incluso, tiene la oportunidad de ajustar cuentas con la iglesia:

– ¿Es todo lo que la Iglesia significaba para ti?- inquirió el sacerdote-. ¿El bingo de la parroquia?

– No- respondí-. También significa la Inquisición. Franco. El silencio del papa durante el Holocausto. El aborto. El control de natalidad. El celibato de los sacerdotes.

-Ya veo.

-Sólo la punta del iceberg-añadí.

-Pero ¿y Dios? – insistió- ¿Qué hay de él?

-Hemos tenido una pelea de enamorados-dije.

-¿Por qué?

-Contribuyó a matar a mi mujer – respondí -. En realidad no, por supuesto; pero me resulta más fácil echarle la culpa a él que a mí.

En casa de sus padres, el hombre viudo debe presenciar la agonía y el desenlace fatal de su mami:

Esa misma sangre que me alimentó, pensé, ahora la está matando. Por eso la gente cree en dioses y los necesita en las horas negras a la fría luz de las estrellas, me dije. Ninguna otra cosa podría conmover la señorial indiferencia del mundo. Mi madre, pensé; fue en ella donde por primera vez conocí el Edén y el planeta al que habría de ingresar desnudo y asustado.

Ojalá, Pat, no hayas partido de este planeta asustado; por mucho, desnudo.

La muerte de un Dios y un extraterrestre

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La eternidad para Dios por fin comienza un lunes y para su extraterrestre un domingo en la mañana. Las promesas de enero se han hecho realidad. Y seguimos viejos agüeros, noviembre y diciembre del 2016 estará plagado de muerte. ¿Se habrá vuelto marica la muerte? ¿Qué le pasa? ¿Cómo va a matarnos a don Carlos Muñoz y a don David Bowie en menos de 24 horas?

De chiquilín, el rostro de Dios era el de Carlos Muñoz cuando aparecía ya viejo promocionando un comercial de un producto que ofrecía consecuencias celestes. A Bowie también lo vi de chico, meneando la cintura que hacía pensar y preguntarme por qué mi mamá no era tan bonita como esa señora. Fue cuando Arnulfo me dijo: no es una señora, guevón, es un artista pop. Entonces supe que mi destino era el arte. Hoy es un día para llorar pero también lo fue ayer y lo será mañana, por eso yo os invito a masturbarse. Mucho. Porque del resto no queda sino una melancolía sin igual y siempre igual.

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Os dejamos con un villancico cantado por el mismísimo dios con una niña. Porque siempre la muerte llega en pareja.

¿Quién iba a pensar que en el paraíso se iban a desposar don Carlos Muñoz y David Bowie?

(dulcemente). Un relato de Enrique Pagella

Les presentamos este trabajo hecho por el autor argentino Enrique Pagella. Esperamos que lo disfruten.

Los amantes. Magritte

Los amantes. Magritte

X: Hoy desperté un poco nervioso.
Y: Yo no. Los rayos de sol entraban tibios por la lucera y los telones albos bailaban con la brisa matinal. Qué belleza ¿No te parece?
X: No. No me gustan las cortinas. Hoy me levanté perturbado.
Y: Yo no. Un pajarito purpúreo como un corazón se posó en la rama del tilo que encuadra la ventana y cantó largo rato para mí ¿No es hermoso?
X: No. No me interesan los pájaros, no saben nada de música. Ya te dije que amanecí muy nervioso.
Y: Yo no. Después del canto de los pájaros escuché Las cuatro estaciones de Vivaldi. ¿No es de lo mejor que se haya compuesto jamás?
X: No. No me gusta Vivaldi, es el introductor del comunismo en la música; yo soy partidario del concierto soli. E insisto: al despertar estaba muy pero muy nervioso.
Y: Yo no. Apenas salí de la cama me di un baño de inmersión con agua de lluvia y esencia de rosas mientras tomaba un té de jazmín endulzado con la miel más dorada que te puedas imaginar. Y te confieso algo: después unté toda mi piel con leche de coco de las Guyanas francesas ¿Fuiste alguna vez a las Guyanas?
X: No. No me gusta viajar, odio el movimiento en quietud, el movimiento del que no soy responsable. Hoy me desperté aterrado. Escuché una voz en mi cabeza.
Y: Yo no. Después del baño y antes del desayuno medité. Qué placer. Derramé los pensamientos de mi mente y llegué a palpar el vacío primigenio, esa armonía de mi ser con el cosmos tal cual lo hacen los animales y los vegetales ¿No te parece que ellos son verdaderos maestros de la existencia?
X: No. Detesto a todos los seres inferiores y sus porquerías. La voz era muy parecida a la mía pero sonaba como si fuese de un desconocido…
Y: Yo no…
X: Yo no… ¿Qué?
Y: Yo no sueño esas cosas.

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Q.E.P.D. Arnoldo Palacios

Querido Arnoldo nunca supiste si ese libro que te entregamos fue tuyo o nuestro. Nosotros tampoco lo supimos. Solo que eras entre todos el más bello. La más hermosa estrella negra de nuestra literatura nacional.

En este instante, Palacios no sabía si ese libro que tenía entre sus manos había sido escrito por él.

En este instante, Palacios no sabe si el libro que tiene entre sus manos ha sido escrito por él.

 

A Arnoldo Palacios, autor de “Las estrellas son negras” y “La selva y la lluvia”, lo conocimos en la penúltima edición de una feria del libro de Bogotá a la que fuimos (2011). Ya sabíamos que “Tríptico de verano y una mirla” no se diseminaría por sí mismo, como las plagas o los libros de autores apadrinados por editores pudientes; debíamos impulsarlo y vimos una oportunidad en aquella tarde-noche en donde homenajearon al divino Palacios.

Al final del evento y un poco antes de que comenzara una coreografía con los bailes del Chocó, nos acercamos al escritor y le dimos nuestro libro. Él nos pidió, entre las ráfagas de luces que acentuaron su ternura hundida en la oscuridad del homenaje, un lapicero para firmarnos el ejemplar pues quería obsequiárnoslo; le explicamos que era un libro que escribimos junto a Julián Marsella y que deseábamos que lo leyera. Nos pidió que anotáramos nuestros números de teléfono y direcciones, lo cual hicimos a sabiendas de que jamás nos llamaría. Durante todos estos años nos figuramos, cada tanto, a Arnoldo Palacios frente a su biblioteca, preguntándose por esa extraña época en la que escribió “Tríptico de verano y una mirla”.

Él no alcanzó a pasar esta navidad; ni siquiera supo de los atentados que ocurrieron en París, la ciudad en la que vivió por más de medio sigo: fue muy bello para embadurnarse con la histérica vulgaridad de estos días. Y nunca leyó nuestra ofrenda porque prefería leer textos escritos por otros que los elaborados por él mismo.

Recordando a Tanith Lee, la contadora de historias de nuestra tribu (Q.E.P.D)

Hoy 26 de mayo de 2015, el  fandom amanece triste por la pérdida de una de sus pitonisas más prodigiosas: Tanith Lee, quien nació en 1947, fue la primera mujer en ganar el premio británico de Fantasía en 1980.  Fue toda una fantasista de oro, como se acostumbra a decir. Una dama de hierro de la fantasía. Fantasía, terror y ciencia ficción.

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“Tanith Lee signing” by Danie Ware – Flickr. Licensed under CC BY 2.0 via Wikimedia Commons.

Hoy hablaremos en inglés porque Tanith Lee murió.

Today we’re going to write in english because Tanith Lee passed away.

– Hi, mr Karl. Did you know Tanith Lee is dead?

– Who was Tanith Lee, mrs Louise?

– She was a great fantasy author, and if you have not read any of her books, I recommend you do so.

– What should I start reading?

– hmm, Red as blood it’s one of my favourites of her.

– I see you write “favourite”, are you english?

– No, I’m trying to write in english because Tanith Lee passed away.

Se puede leer la versión en español de Roja como la sangre en el siguiente enlace:

Red as blood (1979)
“Rojo como la sangre”, publicado en Ciencia ficción. 40ª selección. Barcelona, Bruguera, 1980, p. 109-127. Traducción de César Terrón.

Leamos a Tanith Lee, porque como dicen:  el mejor homenaje que le puedes hacer a un autor después de muerto es seguir leyéndolo y manteniendo viva la flama de sus palabras dentro del fogón de tu corazón.

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En el sitio TOR, recuerdan lo que Lee acostumbraba a decir sobre los escritores y la vida:

Mr. Karl me ayudará a traducir:

IN REMEMBRANCE Tanith Lee, 1947-2015

Los escritores cuentan historias mejor, porque tienen más práctica, pero todos tienen un libro en ellos. Sí, ese viejo cliché.  Si le das la más interesante (a la persona que la esta viviendo) vida a un gran escritor, ellos pueden convertirlo en algo maravilloso. Pero todas las vidas son importantes, todas las personas son importantes, porque cada uno es un libro. Solo que algunas personas tienen un acceso más fácil. Necesitamos las artes expresivas, los escribanos ancestrales, los contadores de historias, los sacerdotes. Y allí es donde me ubico yo: como una contadora de historias. No necesariamente una alta sarcedotisa, pero ciertamente una contadora de historias. ¡Y me encantaría ser la contadora de historias de la tribu!

Tu vida ciertamente fue muy importante, Tanith Lee. Tu prolífica carrera con más de 90 libros publicados y la nada despreciable  suma de más de 300 cuentos en tu haber, te acreditan como la contadora de historias de la tribu y una admirable representante del género del YA Fantasy.

Por último, un relato breve de  Tanith Lee,  cuya partida  profundamente lamentamos.

Eustace
Tanith Lee

.

 Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. No me importa que sea completamente calvo, excepto entre los dedos de los pies, que camine jorobado y a veces se caiga en la calle. Cuando él cree necesario emitir un corto y agudos sonido silbante, morder el sofá o dormir en el jardín, acepto todo eso como algo bastante normal. Porque le amo.

Amo a Eustace porque es el único hombre a quien no le importa que yo tenga tres piernas.

Antología de relatos amorosos de Raúl Brasca, De mil amores (Thule Ediciones, Micromundos, Barcelona, 2005, pág. 113).

La muerte según Francisco de Quevedo

Quevedo

Henry Ettinghaussen precisa que, el último sueño escrito por Quevedo, fue  en 1620, cuando ya no era un brillante diplomático y retornaba a España con el peso de la caída del duque de Osuna- su protector-. Esta es una de las condiciones en las cuales el “Sueño de la muerte”  fue elaborado con un comienzo en donde aparecen versos de Job y cabeceos de loro que conducen a que el narrador se encuentre con ella, es decir, la muerte. El extracto que a continuación les traemos es la presentación que ella hace:

– Yo no veo señas de la muerte, porque a ella la pintan unos huesos descarnados con su guadaña.

Paróse y respondió:

-Eso no es la muerte, sino los muertos, o lo que queda de los vivos. Esos huesos son el dibujo sobre que se labra y forma el cuerpo del hombre. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte. Tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de vosotros mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo. Y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura. Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en sí su muerte cada día, y la ajena en el otro, y viérades que todas vuestras casas están llenas de ella y que en vuesto lugar hay tantas muertes como personas; y no la estuviérades aguardando, sino acompañándola y disponiéndola. Pensáis que es huesos la muerte y que hasta que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros: y primero sois calavera y huesos que creáis poder ser.

Tomado de “los sueños”p. 118. Editorial Planeta, 1990.

El grito de Munch, versión animada con banda sonora de Pink Floyd

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La conocida obra de Edvard Munch ha tenido diversas intervenciones hechas por otros artistas; la boca abierta, emulando el espanto de algo similar al vacío y la locura, ha convertido a ese sujeto que aparece en la pintura en un sinónimo del terror devenido locura.  Hoy les presentamos un cortometraje (hecho en una versión “normal” y otra navideña) dirigido por Sebastian Cosor y escrito por él mismo junto a Cosmin Sirbolescu. Este trabajo, además de reinventar la pintura, toma “The great gig in the skye” de Pink Floyd y la convierte en ese grito emanado por una suerte de fantasma lleno de terror que interrumpe una conversación casual sobre la muerte y el miedo o la indiferencia:

 

Palabras de Pat Cadigan sobre Sir Terry Pratchett

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Ilustración de FRUÑO CENCIDO (@frunocencido)

 

 

 

 

Estas fueron las palabras de Pat Cadigan (que en este momento se encuentra en un exitoso proceso de quimioterapia) sobre la reciente defunción del escritor de fantasía Sir Terry Pratchett, quien padecía  desde hace años una rara variante de Alzheimer. En Mil Inviernos nos unimos al luto. Por eso  compartimos las nobles palabras de Cadigan (que publicó inicialmente en Facebook y luego en el blog del cáncer) .

 

Traducción autorizada y publicada con el gentil permiso de Pat Cadigan, a quien agradecemos su obra y existencia.  

Sir Terry Pratchett es un ejemplo de una persona que desarrolló su talento y lo usó para dejar una parte del  mundo  mejor que como la encontró.

Obviamente los libros de Sir Terry fueron un éxito porque eran demasiado entretenidos. Pero eran muy entretenidos porque el espíritu del hombre estaba ahí mismo en todos ellos – y su espíritu tenía un profundo amor por la humanidad, las verrugas y todo. Si esto no fuera así,  no veríamos esta profusión de tristeza.

Hay un privilegio que todos tenemos y es la vida. ¿Qué estás haciendo con la tuya? Nadie espera que cures el cáncer o el Alzheimer o traigas la paz al Oriente Medio; pero si puedes, por favor hazlo (especialmente la parte del cáncer).

Pero si eres como el resto de nosotros —y estás leyendo esto, seguramente como lo estás haciendo— puedes honrar la memoria de Sir Terry haciendo lo que puedes por dejar  tu pequeño rincón del mundo mejor que como lo encontraste, con cualquiera de los dones particulares que puedas tener — escribir, hacer arte, bailar, entender, enseñar, organizar, criar, explorar. Y siempre, amando.