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Luis Bolaños revisa Glitza: amor más allá del análisis literario paradigmático

(Esta serie dedicada a Glitza surge a partir de la proximidad de los 50 años del relato más célebre del maestro Antonio Mora Vélez. El próximo año se ha anunciado un gran evento para festejar esta ocasión. )

 

 

Glitza, amor más allá del marco de análisis literario paradigmático

O como se entrecruzan la Genética, la Historia y la Teoría de la Complejidad en un relato ya clásico

 

Por: Luis Antonio Bolaños de la Cruz.

Luis limpiando sus agudos lentes a la entrada de la biblioteca

Es mucho lo que se ha comentado sobre el relato y no deseo incrementar el volumen de palabras destinadas a reiterar, remarcar o levantar el velo de algún detalle o circunstancia, como el de señalar y explicar como nos sorprende en segunda lectura su corta extensión, ya que lo evocado corresponde a una obra de mayor amplitud, en mi recuerdo era larguísima, lo cual significa que generó multitud de espacios como una rosa fractal que se abre al influjo de la memoria sin nunca terminar de mostrar sus pétalos.

Por eso enfoco, desde un ángulo que quiero considerar osado, al maestro Antonio Mora Vélez y su cuento al considerar que nos sugiere un trío de potentes propuestas, con diferentes matices de peligro… o de éxtasis:

  1. El amor es eterno mientras se conserve el ADN original
  2. El amor es transferible aunque se tengan que realizar máximos sacrificios
  3. El amor impregna la realidad y modifica lo que necesita para manifestarse

La primera propuesta burla el principio de relatividad

La segunda coloca adelante el deber de amar como única guía de un delirio consciente

La tercera justifica los resultados por el proceso ya que ambos se retroalimentan

Ampliemos:

Respecto a la primera la Genética Dirigida crea clones con distintas historias tal y como ocurriría en la existencia cotidiana, pero sujetos a un propósito que no les consultaron y que gracias al amor que empapa a la protagonista se transfiere a las descendientes quedando obliterada una posible rebeldía en espera de la consumación de la voluntad del querer de la Glitza original, eso rebasa los límites que lastran al amor sin relatividad, o sea el normal; sin embargo, colisiona con el libre albedrío de los clones.

Respecto a la segunda, enfrenta a la historia de la propia vida del autor con su espejo creativo, donde se expresan sus protagonistas. Se rebela contra las determinaciones del momento (objetividad y otras zarandajas) y las realizaciones individual & colectiva que tanto llegaron a pesar en su momento sobre la intelectualidad latinoamericana, y, es así, donde la opción quimérica sustentada en los clones encarna y abre las rutas a recorrer en el camino de lo inesperado, ya que al no existir seguridades ¿porque no anclar el deseo de permanencia del amor a la sucesión de generaciones en una jugada magistral?

Respecto a la tercera, diré que la teoría de la complejidad posee en su plasmación implícito el poder de reestructurarse mientras se retroalimenta, las múltiples corrientes que se entrelazan, se influencian en forma mutua para arrojar como imagen un mural que conservando el panorama general va variando en sus detalles. Incluyendo o excluyendo elementos, según ocurren y sin eludir la entropía, la escamotea, de allí que Vernon pueda salir del cosmódromo de la mano con Glitza rompiendo los imposibles y capturando las múltiples dimensiones del amor.

Una lectura interestelar de Glitza en Amazing Stories

Para ver completo el lanzamiento de la  tercera edición de Glitza de Antonio Mora Vélez , en donde se leyó la ponencia

GLITZA, nuestro Interestelar.

Por Luis Cermeño.

 

¿Les gustó la película “Interestelar”?
¿Y si les dijera que un escritor Colombiano escribió algo similar hace más de 40 años?

GLITZA NUESTRO INTERSTELAR.

1-  Einstein, genes y  Glitza. 

 

Glitza es un cuento de ciencia ficción del escritor colombiano Antonio Mora Vélez que narra la historia de un amor imposible, entre un astronauta Vernon Koste y la doctora en  genética Glitza,  que tras prometerse se ven intempestivamente separados puesto que al joven astronauta lo envían a una misión de reconocimiento en una nave con velocidad próxima a la luz, hacia el  planeta verde de Alpha Centauri

 

Para leer todo el artículo:

GLITZA, NUESTRO INTERESTELAR. 

LANZAMIENTO TERCERA EDICIÓN DE GLITZA

El día sábado 17 de octubre a las 6 p.m. En Séptimaletra facebook live. Coordina José Luis Hereyra. Edición de la Editorial CECAR. Como comentaristas estarán Luis Cermeño, Alberto Cortés y Rafael Hernández Urueta.

 

Una de las cosas más delicadas y que requieren mayor sensibilidad y responsabilidad es tu acercamiento a las nuevas generaciones porque literalmente puedes cambiar vidas. Así fue que una hora de conversación con Carl Sagan le cambió la vida a un niño negro de Nueva York, y lo volvió uno de los astrofísicos más famosos del mundo: Neil DeGrasse Tyson. Se dice que no importaba lo ocupado que estuviera, Bradbury siempre que lo iban a visitar los jóvenes admiradores les sacaba una hora para estimularlos a escribir y soñar. Hay un artículo en inglés (pero pueden poner el traductor) llamado: Bradbury el mejor maestro de escritura que pudieras tener. Yo recuerdo haberme sentado dos veces a tomar tinto con un escritor muy premiado en Colombia y no haber aprendido nada; en cambio, la generosidad y sabiduría de Antonio Mora Vélez en cada encuentro me enamoraba más de la ciencia-ficción y la literatura y por eso decidí seguir este paso. Por eso lo llamo maestro. Y así cada uno debe buscar sus maestros, los que no hablen a través de la vanidad sino el amor; e igualmente, tratar de corresponder este don transmitiendo amor a los sueños así eso implique dejarse de lado y desvanecerse si el pupilo supera al maestro, eso significa que fue un gran maestro.

Por esta razón es para mí un gran honor acompañar al Maestro Antonio Mora Vélez, en este tercer lanzamiento de su libro «GLITZA Y OTROS CUENTOS ESCOGIDOS».

Porque me recuerda cuando era un joven inquieto lector amante del género, el día que descubrí GLITZA, para mí lo más Ciencia Ficción entonces fue encontrar un libro de Ciencia Ficción de un colombiano. El sábado se seguirá escribiendo este capítulo enorme y fascinante de la Ciencia Ficción en Colombia junto su figura más representativa y permanente.

Aporofobia y Desiderátum, por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

Vuelve a Mil Inviernos, la joya secreta de la ciencia ficción colombiana, Luis Antonio Bolaños: en esta ocasión nos presenta OTRA VIÑETA DEL IMPERIO DECADENTE, serie de la que  hemos publicados otros relatos, igualmente que de alguno de la Periferia del Imperio.


Aporofobia y Desiderátum

Por Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

tomado de reddit

Otra viñeta sobre el Imperio Decadente

Soy Maggiori, un ex-soldado imperial y ahora homeless repleto de prótesis, injertos crecedores y discos de tejidos reparadores, deambulando por los pasadizos que conectan un nivel de la megaciudad de Mogul con otros, empujado cada vez más abajo por los “demoledores” de las omnipresentes cohortes de seguridad, siempre altaneras, ríspidas y discriminadoras:

Me mezclo en las multitudes de comensales (referidos a aquellos pánfilos dedicados a la degustación y la alimentación pagada o gratuita que se trasladan con lentitud para ir probando cada plato ofrecido), viandantes (congruentes con los pazguatos que pasean y se mueven por el paisaje urbanita sin usar vehículos, aceras móviles, cintas veloces, puentes aéreos con o sin tobogán o discos antigrav), convidadores (babiecas dedicados a mirar como papanatas, siguiendo las indicaciones, anuncios y propagandas que titilan en paredes, cristaleras, semáforos o encrucijadas y que se trasladan según las programaciones e instrumentos de la central metropolitana).

Gracias a los segundos como, a los terceros me siento aún parte de la población y con los cuartos enarbolo un motivo para burlarme y percibir la trascendencia durante un momento, pero eso no dura cuando me tropiezo con los primeros porque empieza a doler y si lo machacan a uno, algo de la fisiología prestada dejará de funcionar, los mecanismos auxiliares se encontrarán entorpecidos por averías y correré riesgos insoslayables porque en el hospital ya me han declarado “atiborrado” o sea que me suspendieron cualquier intervención por excedente y porque el imperio ya gastó demasiado en recomponerme y no existe posibilidad alguna de que me regenere, cure o transite hacia alguna clase de operatividad bélica.

Me ubico detrás de un vejete delgado y vivaz, pero con la tendencia a quedarse inmóvil durante un rato mientras revisa bolsillos y pakeflots (bandejas antigrav para transporte liviano de objetos y compras) a su alrededor, por un lapso funciona a pesar de lo cual termino tropezando con su sandalia y de inmediato un “demoledor” me propina un par de collejas aturdidoras y dentro de su comportamiento habitual casi amables, igual se interpone en mi ruta desviándome hacia una larga voluta móvil que desemboca un par de niveles más abajo frente a la pared ciclópea de un bloque residencial temporal, manchada de bermellón, característica de  la presencia de garets de Rafalamensioka, felinoides colectivistas o chijuloques de Mogh-Phofma, musteloides cazadores, especies humanoides cuyos orines concentrados disuelven cualquier sistema de evacuación de residuos estampando así su coloreada firma en la urbe.

Por contraste en los niveles superiores existen mecanismos deglutivos-transformadores de restos que desparraman figurillas diminutas que encarnan a los héroes citadinos por alamedas y pérgolas, tosca manera de discriminar segmentos de población mezclando procedimientos de propaganda bélica y reciclaje segmentado.

Son comunes a todos los niveles los Mallepiés (mallas múltiples constituidas por cabezas y brazos y otros artilugios extensibles o desplegables que se multiplican y replican merced a minifactorías robóticas que responden al entorno) de muy versátiles contornos dedicados a limpiar, embellecer, atender plantas y jardines, servicios de comida y los holomonsestáticos (variedad de dioramas que relatan historias cortas de distinto tipo, con frecuencia de exaltación bélica, que se encuentran diseminados por cualquier sitio), son permanentes (cada cual posee un CUF o Código de Ubicación Física  al estilo del posicionamiento global), pero siendo los transmisores y vociferantes, aunque cercados con muros de ruido blanco, por lo cual pasas de uno a otro sin mezclar lo que oyes ni confundirte, ofrecen juegos de tres en línea, y debes quedarte envidando un rato para lograr hilar tres respuestas seguidas, y así recibir una recompensa que te entregan de inmediato, o sea Panem et circenses,

Lo cual no se aplicaba a los glocois, burbujas flotantes de rumbo aleatoria que cumplían similar función de exaltar los valores imperiales con lemas, imágenes, cifras, deslizándose fluidos y continuos por su superficie esferoidal, que se desperdigaban por doquier, aunque es más difícil que capten la atención de la gente -ya que no usan sonido-, convencida que vigilan y filman para pescar disidentes sospechosos

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Maggiori recuerda Pelgoba, su planeta de origen, de enormes praderas y llanuras cultivables, donde los cereales crecían repletos de espigas y granos, el cielo brillaba magenta y las faenas eran fáciles y las jornadas no llegaban a agotarlos; y una tarde, aún adolescente, cuando se acercó a un “circo de diversiones gipsie” antiquísima manera de presentar espectáculos extraños que de alguna manera quedaron colgados de anzuelos culturales o extraviados en resquicios étnicos o provenientes de especies apenas humanoides que provocaban sensomociones e intensas pulsiones que intersectadas con intereses múltiples de los aburridos granjeros que visitaban les consentían a los gipsies llenar sus baúles de medios de cambio para adquirir combustibles y bastimentos que les permitían mantenerse en éxodo permanente.

Gypsy Vardos in Mythopoeia, photo by PJ Trenton

Investigue: Durante su uso los resultados que arrojaba la aplicación de la app-red -que nuestro CEPI o Centro de Estudios Planetarios Interconectados sustentaba- se fueron apiñando en un gráfico de rango alto, podía aceptar la manera como la app-red local lograba que un problema matemático de búsqueda de pareja, en apariencia complicado, se resolviera involucrando recursos de ecuanimidad mientras se recurría con equilibrio a las reglas de probabilidad más sofisticadas sin reticencias, además con ciertas derivaciones fácticas (los datos de la troupe), podía ser resuelto de forma semi-intuitiva si el problema se iba desplegando por palabras claves y se presentaban los avances mediante respuestas simples, con rangos que incluían formas y medidas, temperamento y preferencias sexuales y abrigado por un contexto casi tan natural como resultaba ser el circo de diversiones “gipsie” expandido en una pampa cerealera exótica, lo cual concedía fuerte concreción a mi fantasía.

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El periplo por la cifi colombiana de Ficciorama

En el encuentro semanal de Ficciorama (cuya identidad secreta se rumora es la del profesor Boris Greiff), titulado como ‘Charlas con Ficci’, evocando en los televidentes  viejaguardia las memorables «charlas con Pacheco», se hizo una presentación más desde la experiencia propia y como quien formando parte de la escena va dando los trazos generales, sobre la ciencia ficción colombiana y sus figuras actuales.

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Para darle un contexto algo más elaborado a nivel conceptual, que el que nosotros hacemos, Ficciorama escribe:

En 1959 Kingsley Amis publico New Maps of Hell, una revisión desde la mirada de un aficionado a la ciencia ficción, en la que da cuenta del panorama de este género en la lengua inglesa. En 1999 René Rebetez hizo lo suyo con la antología Contemporáneos del Porvenir y en 2017 Rodrigo Bastidas compila y edita Relojes que no marcan la misma hora, dando así un aporte al género. Esta se propone como una hoja de ruta desde lo que conozco como lector y conocimiento de causa.

Exploren esta hora de ciencia ficción colombiana con uno de sus representantes más activos desde su cuartel en Ficciorama.

Editorial MilInviernos ofrece ARRÚLLAME RAMONA para Libre Descarga y distribución

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ilustración David Barrero

Nuestra Editorial sigue creciendo exponencialmente como si se tratara de un virus sin vacuna. Pero no queremos encontrar ni la cura ni la vacuna contra el hábito de leer bellezas mágicas y artificios tristes. Por eso, Mil Inviernos pone a su alcance el texto Arrúllame Ramona, de Cermeño y Escovar,  editores de esta página.

 

Esta nouvelle se pregunta por el fenómeno humano a pesar de tener a su doble robótico o androide. Como un espejo. Si el bebé de Lacan se vio completo nuestro bebé está desmembrado. Tengan a bien, este fascículo que forma parte de la colección Mil Inviernos. Pronto vendrán más títulos y así se completará el Universo de Maravillas tristes.

PARA DESCARGAR EL LIBRO ENTRAR A:EDITORIAL MIL INVIERNOS

Descarga Libre: Glitza y otros cuentos del padre de la ci-fi en Colombia

¿Qué mejor forma de cerrar la celebración del día del padre que con la antología de cuentos del padre de la ciencia ficción en Colombia?:

 

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La Corporación Universitaria del Caribe pone a disposición del público la antología de cuentos del maestro, Antonio Mora Vélez, uno de los padres de la ciencia-ficción colombiana junto a René Rebetez.

Este material por su precioso valor histórico y literario no puede más que ser distribuido por todos los estudiosos y fanáticos del género. Contiene el icónico cuento Glitza, entre otros de indiscutible valor como lo reconocían ya en los años ochenta:

“Glitza es un libro válido y novedoso en el panorama actual de la ciencia-ficción. Por ello mismo abre el horizonte de la incipiente literatura colombiana del género con el aporte de una temática que, por lo demás, acierta en el hallazgo de su propia forma. Los relatos del libro son tan convincentes dentro de su género que bien pueden a justo título ser incluidos en el repertorio internacional de la literatura de ciencia-ficción”.
Jaime Mejía Duque, Magazín Dominical de El Espectador, 13 de abril de 1980.

 

En Mil Inviernos nos place difundir tan valiosa obra:

 

Edición virtual de CECAR, Sincelejo.https://cecar.metalibros.org/index.php/CECAR/catalog/book/24
Dar click en PDF para abrir y descargar.

 

 

 

 

Libre descarga: «Aniquila las estrellas por mí» de Andrés Felipe Escovar #cienciaficción

La colección Textos Liberados, de Seshat Editorial, pone a la disposición de los lectores internautas la novela «Aniquila las estrellas por mí» de Andrés Felipe Escovar (editor de Mil Inviernos)  y de esa forma se lanza al ruedo de la liberación de la cultura teniendo como arma las sagradas escrituras.
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Imagen de portada: Anbilli, Andrés Beltrán

Les dejo aquí el link de descarga gratuita de novela:
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Como esta versión adolece de las palabras preliminares que hice para el libro impreso, las lanzo también como un par de dados a un tablero de parqués en donde los conglomerados con sus estrategias legalistas se comen  a las fichas que se atreven a moverse en el creative commons para encerrarlas en sus rombos melancólicos.

PALABRAS PRELIMINARES A ANIQUILA LAS ESTRELLAS POR MÍ.

 

 

Todo lo que hacemos los humanos es humano, esa es la conclusión de J. Pedraza de las palabras malvadas de la enana Mireya; yendo más allá, piensa, incluso la caca es humana; incluso, pienso, los libros que escribimos los humanos son tan humanos como la caca. En esta aceptación, cuando hay humildad y nobleza, existe una liberación feliz en la que se deviene extraterrestre; como la sonrisa de un abuelo desmueletado incapaz de renegar el resultado final del arrasamiento de una cosecha por culpa de una helada cósmica. Y solo desde la profunda tristeza que nos exhorta esas estrellas adheridas al firmamento —como las garrapatas al cuero de una vaca muerta—, que nos impulsa tanto como a querer morir como a acometer una empresa de destrucción galáctica, se abre un Universo de improbabilidades solo posibles a través de las palabras que juegan —encerradas en la carpa del circo escrito— a que el juego se acabó y es hora de la rendición de cuentas final ante un tribunal Panafrosoviético. Lleno de personajes entrañables —de tripas corazón, en donde el corazón es una vida de  mierda y las tripas son un corazón vencido de grasa y dolor—, escenas tan fantásticas como el deseo de no querer levantarse más y exiliarse al final del infinito; y versos que salen culposos como la consciencia de estar viviendo; Aniquila las Estrellas Por Mí, es el deseo de Andrés Felipe Escovar, de comprender y ser comprendido por su propio país. Mismo deseo que compartiera años atrás el poeta Afrosoviético, Vladimir Maiakovski, expresado con la misma actitud fiera de si acaso fracasara en el intento, quedará la dicha de instalar el fresco vaho de una lluvia oblicua que pasa sobre una tierra natal que es la de una nueva forma escrita.

Luis Cermeño. 

EL CULMEN DE LA IGNOMINIA, por Zeuxis Vargas

ANDRÉS FELIPE ESCOVAR O EL CULMEN DE LA IGNOMINIA 

Por: Zeuxis Vargas

 

FELIPE ESCOVAR

 

Literatura policefálica, literatura de la estética Trash y literatura híbrida como dispositivos transgresores de la cultura.

Hacer literatura es obsesionarse por procurar universos. Es entregarse a una tarea que sólo es satisfactoria, mientras se realiza, para la pobre criatura que letra a letra, palabra a palabra, tramita con su imaginación la ambición de contar o decir algo innovador.

Claro está, que esta labor, completamente solitaria requiere ciertos conocimientos, lecturas y vida. Algunos optan por una vinculación a las tradiciones, se amordazan a los estilos, técnicas más reconocidas e historias justas para aquellos otros que consideran leerán sus obras. En este sentido, escribir constituye crear un público, cada texto apunta hacia la sensibilidad y los gustos de ciertos lectores y el futuro de esa literatura, su reconocimiento o su olvido dependerán cien por ciento de la generosidad de quienes pongan sus ojos con atención en las letras publicadas.

En Colombia, la literatura parece estar medida por las buenas costumbres y por el uso adecuado de ficciones que se ajustan a la escritura usual, o sea, aquella que narra historias probables, verosímiles, asequibles o sutilmente innovadoras. En resumen, la literatura nacional hasta hace pocas décadas le importaba muy poco, pero muy poco, experimentar con los costados más raros o inverosímiles de la escritura. Así que sin miedo alguno, cualquiera puede decir que Colombia es un país de literatura realista: dramas de la vida real o basados en situaciones históricas, tramas psicológicas, historias románticas o detectivescas, escritos cómicos y textos epistolares, estructuras biográficas o seudobiografías, crónicas noveladas, argumentos picarescos o satíricos y en muy contadas ocasiones, discursos aleg
óricos, son parte del material que se encuentra en la estantería nacional.

La ciencia ficción, el misterio, los argumentos distópicos, utópicos, ucrónicos, de fantasía y hasta góticos, que se desarrollaron con entusiasmo en Estados Unidos, España, Argentina, Gran Bretaña o Rusia, no lograron seducir a los escritores colombianos, que siendo buenos lectores de las mejores obras mundiales, contadas veces se aventuraron a experimentar con esta clase de visiones.

Contamos con algunos precursores, dos o tres nombres que se arriesgaron por historias sorprendentes y raras. Pero este campo arado parcialmente por un Fuenmayor, un Lizarazo, o un Sliger, no logró impactar con el mismo furor que lo hicieron Mary Shelley, Julio Verne o H. G. Wells en Europa; Lovecraft, Burroughs, Howard, Leiber o Bloch, en Estados Unidos; Tsiolkovski, Malinovsky o Zamyatin en Rusia.

Así que a diferencia de la ciencia ficción mundial que puede dividirse en períodos, tales como clásica, de oro, intermedia, tardía y contemporánea, o con otras clasificaciones, según el gusto histórico, y con representantes magníficos para cada uno de los conjuntos, en Colombia, hacer esta clase de distinción histórica sería en sí misma una quimera.

Pero para ser complacientes con aquellos que se sienten entrañablemente atraídos por esta clase de sistematizaciones, podríamos decir que el grupo pionero o grupo clásico mencionado, dio origen, casi 50 años después, al periodo de la ciencia ficción reconocida realmente como de origen colombiano. Quien inaugura esta etapa es German Espinosa y lo siguen, quizás, los escritores más reconocidos hasta la fecha de este género, ya que René Rebetez y Antonio Mora Vélez, son los padres, de todo lo que vendría después. Los dos escritores son, por así decirlo, los embajadores. Ellos hicieron posible la visibilización de un género y se constituyeron muchas veces en los jurados indiscutibles para valorar las nuevas obras de ciencia ficción colombiana.

Quienes han intentado realizar un archivo histórico de la Ciencia Ficción en Colombia han denominado a la ola que publicó a finales del siglo XX, como la generación de Cambio de siglo, la cual señalan, nace justo a partir del Primer concurso de cuento de ciencia ficción, iniciado en 1997, donde justamente Rebetez y Antonio Mora Vélez, fueron los jurados. Esa camada de escritores, que ahora si podemos decir, con agrado, pasan de cinco, se unen inevitablemente con los escritores del siglo XXI, o sea, con aquellos jóvenes nacidos en los 80 y los 90.

Hay un lazo común que une a los escritores de fin de siglo con los del siglo XXI, ese lazo es la tecnología. Los primeros, vivieron el nacimiento del internet y se acomodaron con facilidad a la globalización y el neoliberalismo, comprendiendo las razones y sin razones de la era digital, de la cual, ellos mismos fueron protagonistas y testigos; los segundos, por su lado, nacieron con aquellos dispositivos y ese mundo en red, en sus manos, son hijos naturales de la informática y por lo tanto tuvieron desde niños el privilegio de reforzar con más rapidez sus habilidades y destrezas para comprender los nuevos senderos y lenguajes por los que la era digital evoluciona.
Así que hablamos de una conglomeración literaria de la misma estirpe, algo así como una familia de primos que consiguen hablar el mismo idioma con las mismas reglas naturales que los códigos sociales les dictan.

De esa última camada de escritores es que proviene Andres Felipe Escovar, un joven catedrático de la universidad del Rosario, que a finales de la primera década del siglo XX, comenzó a generar una literatura cooperativa. O sea, aquella que se hace a dos, tres o cuatro manos y que conlleva el desvanecimiento del autor. Borges y Bioy Casares lograron escribir de esta manera y sin esfumar al autor idearon la brillante estrategia de propiciar, para su arreglo mutuo, la creación de un autor etéreo. Bustos Domecq, es ese autor irreal o fantástico que firma las obras escritas a dos manos por dos de los más grandes escritores de la Argentina. Quiero creer que este ejercicio fue la chispa que dio pie para que Cermeño, Marsella y Escovar, les diera por hacer una literatura policefálica exitosa, a diferencia de este fenómeno dado en la naturaleza, en todas las especies, y donde aquellas criaturas que nacen con esta condición mueren precozmente, la literatura policefálica, ha proveído al mundo con grandes obras nada defectuosas. Lo más llamativo es que esta clase de obras parecen desbrozar un nuevo camino, una clase de género neófito capaz de convertirse en un paradigma literario.

Así que si este experimento en un futuro se posiciona como una rama indiscutible para crear literatura, Escovar y Cermeño serían los pioneros nacionales. Solamente, con el hecho de ser el iniciador de la literatura policefálica, le bastaría a Escovar para ganarse un lugar en la historia de las letras nacionales. Más allá de este logro, es necesario reconocer dos circunstancias extras que hacen de la escritura de Andrés Felipe, un acontecimiento favorable para la literatura nacional.

La primera tiene que ver con el hecho de que junto a Cermeño, Escovar es también precursor de aquello que podríamos denominar como literatura extravagante, grotesca dura o literatura de la estética Trash. Esta clase de estilo que se dio una vez en la literatura estadounidense con Flannery O’Connor, y sus personajes a los que les faltan piernas, ojos o son asesinos seriales con remordimientos morales y que logra su punto álgido con Denis Hale Johnson, en su libro de cuentos Hijo de Jesús, también tuvo lugar en Europa con las historias surrealistas de Boris Vian, pero donde más tuvo proliferación fue en el cine con películas de culto tales como Freaks; Pink Flamingos; Guinea Pig: Mermaid in a Manhole; Nekromantik; Gummo, o algunas películas de Lynch y del primer cine de Jodorowsky.
La estética Trash, en sí misma es una trasgresión al gusto, o lo que podríamos reflexionar como una búsqueda de intencionalidades estéticas que permiten subvertir lo normal y normalizar aquello denominado socialmente como asqueroso, grotesco, extraño, perturbador o fenomenal. Así que la estética trash es algo que va más allá del camp o el kitsch, ya que filosofa sobre lo anormal o lo repugnante como categorías sociales que pueden ser superadas para ser observadas y analizadas como expresiones transgresoras de la cultura que al ser normalizadas comienzan a tener un mundo propio, un universo fenoménico interiorizado a la naturaleza de seres que ya no serían excluidos sino diversos y tolerados.

Este monumental ejercicio, que en la literatura logró proporciones polémicas con El fiord de Osvaldo Lamborghini, con Las tripas de Chuck Palahniuk o con Larva de Julián Ríos. Consiguió su representación en Colombia con el libro policefálico de Cermeño y Escovar titulado The Lola Verga’s big band.

Ya tenemos dos aspectos por los que Escovar es no sólo uno de los grandes escritores colombianos, sino a su vez uno de los renovadores de la literatura colombiana. Pasemos pues a discutir el último aspecto.

Su más reciente novela se titula Aniquila las estrellas por mí. Esta Opera prima, ya que es su primera obra en solitario, es un punto importante como publicación histórica para la ciencia ficción en Colombia. La obra trabaja, desde la estética trash, ya comentada, las posibles realidades de situaciones históricas que por ser disparatadas no dejaron de ser reales y reflexiona desde una trama de ciencia ficción suave, aquella posibilidad prevista por Philip K. Dick, donde, en el futuro, los seres humanos estaríamos bajo una sociedad vigilada mental y oracularmente.

A diferencia de El informe de la ironía, que cuenta con las fuerza policiaca Precrimen y los precognitivos, El mundo de Escovar en Aniquila las estrellas por mí, cuenta con una agencia policial que tiene a su servicio los verificadores de imaginerías, o sea, aquellos funcionarios que escudriñan los recuerdos de los muertos.

Este argumento que fue utilizado en la película La memoria de los muertos, protagonizada por Robin Williams, se ve modificado en la obra de Escovar, ya que, al contrario del filme donde la grabación mental sirve para perpetuar y mantener el recuerdo de los muertos, en Escovar, sirve como medida de control y coacción. Este sistema de poder, de ojo que mira hasta en los recuerdos de los muertos para criminalizar y mantener el orden social, abre la posibilidad de un mundo oneroso, aprehensivo y asfixiante que no da cabida a ningún tipo de libertad.

La novela es, entonces, un testimonio de una dimensión posible que por sí sola ya nos sumerge en una atmósfera agotadora y neurótica. Sin embargo, es la forma en la que está escrita esta obra lo que permite descubrir la circunstancia final que hace de la literatura de Escovar, un referente inevitable de importancia histórica para las letras de la ciencia ficción colombiana. Se trata pues, de una obra escrita bajo la hibridación técnica, estilo netamente postmoderno y que sigue siendo reconocido por el Ulises de Joyce, Los reconocimientos de Gaddis, El plantador de tabaco de Barth o, últimamente, por las obras de Vila-Matas y Javier Cercas.

Esta clase de literatura fronteriza, que mezcla ensayo, informes, epístolas, drama, poemas o imágenes, logró su última y más evolucionada forma con La casa de hojas de Mark Z. Danielewski.

La obra de Escovar es uno de los primeros híbridos de ciencia ficción, escritos en el siglo XXI en Colombia. Así que con esta última circunstancia, se puede decir que la literatura lograda por Andrés Felipe, hasta el momento sería el culmen de la ignominia, entendiendo ignominia, en este caso, como la afrenta indiscutible que un joven escritor ha logrado para con la tradicional y ya casi reseca literatura colombiana.

Un aplauso grande pues, para este escritor que con tres saltos de fe revolucionarios ha logrado oxigenar las letras nacionales. Si no lo han leído, ¿Qué esperan?

Zeuxis Vargas, 2020

 

Una lista de Ciencia ficción colombiana del siglo XXI.

Richard Rimachi del blog CONTRAFÁCTICA hace un listado de 20 libros que son una muestra de la  Ciencia ficción colombiana que se ha escrito hasta el momento en el  siglo XXI.

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Los títulos,  de arriba hacia abajo y desde izquierda a derecha:

 

1. El súmmum (Abdón Sanchez Castillo); novela
2. Los hombres que aterrorizaron al mundo (Diego Darío López Mera); novela; 2007
3. ¡Arrúllame Ramona! (Andrés Felipe Escovar, Luis Cermeño); cuento; 2014
4. El universo amarrado a la pata de la cama (Gustavo Wilches-Chaux); cuentos; 2004
5. La sed (Enrique Patiño); novela; 2013
6. El futuro de Ismael (Diana Catalina Hernández); novela; 2017
7. El pornógrafo (Hank T. Cohen); cuentos; 2019
8. Una vida para Steven (Marco T. Robayo); novela
9. El gusano (Luis Carlos Barragán); novela; 2018
10. Después de la ira (Cristian Romero); novela; 2018
11. El clon de Borges (Campo Ricardo Burgos López); novela; 2010
12. Los nuevos iniciados (Antonio Mora Vélez); novela; 2008
13. Iménez (Luis Noriega); novela; 2011
14. La lesbiana, el oso y el ponqué (Andrea Salgado); novela; 2017
15. Virus (Alvaro Vanegas); novela; 2015
16. Angosta (Héctor Abad Faciolince); novela; 2003
17. Microbio (Fernando Gómez Echeverri); novela; 2010
18. Aún el agua (Juan Álvarez); novela; 2019
19. Ellas se están comiendo al gato (Miguel Manrique); novela; 2013
20. El mundo no nos necesita (Álvaro Robledo); novela; 2018 

Pueden ver más contenidos de CONTRAFÁCTICA en la page de Facebook: Contrafáctica. 

A mi parecer, esta es una lista juiciosa de libros de ciencia ficción colombiana de este siglo. Como toda lista está incompleta. Faltarían las novelas: Aniquila las estrellas por mí, de Andrés  Felipe Escovar, Punto ciego de Juan Alberto Conde y la antología de Rodrigo Bastidas, Relojes que no marcan la misma hora:, que tiene otro ramillete de nombres. Además de mi propia cosecha:  The Lola Vergas Big Band novela de steampunk reggaetón escrita junto a Escovar,  Tríptico de Verano y una Mirla, y mi libro de cuentos Dios conoce sus almas solitarias.

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Además, por recomendación de Bastidas, haría falta «El jefe» de Luis Gonzáles que entra dentro del subgénero de la Ucronía.

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