La mano que no investiga
Abelardo de la Espriella, Mario Iguarán y el sistema que los protegió a ambos.
Este trabajo es una colaboración entre un modelo de inteligencia artificial programado para búsqueda profunda y verificación de hechos, guiado por Hermes Malemort, periodista independiente especializado en política colombiana. Se publicó originalmente en Versipellis.
El 31 de mayo de 2026, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero obtuvo el 43,7 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. Abogado penalista sin ningún cargo de elección popular en su hoja de vida, condujo su campaña alrededor de una postura de extrema derecha frente al crimen y una imagen cuidadosamente construida de outsider político: el hombre que se hizo a sí mismo, que no le debía nada a nadie, que había edificado todo con sus propias manos y que se mantenía al margen del establecimiento corrupto que prometía desmantelar. El 21 de junio se enfrentará en segunda vuelta al senador de izquierda Iván Cepeda, en un balotaje que podría redefinir el rumbo político de Colombia por una generación.
El expediente sugiere una historia distinta. De la Espriella es el abogado que construyó el bufete de más rápido crecimiento en el sector jurídico colombiano defendiendo a paramilitares, a sus aliados políticos en el Congreso, al arquitecto del mayor fraude financiero de la historia del país y a un hombre al que el gobierno de Estados Unidos acusó de ser testaferro de Nicolás Maduro. Lo hizo, en gran medida, durante cuatro años en los que su amigo personal era el Fiscal General de la Nación. Las investigaciones abiertas en su contra durante ese período fueron cerradas, una por una, hasta que la propia ley hizo imposible reabrirlas.
El nombre de ese amigo era Mario Iguarán Arana.
I. Los compadres
Para entender la relación entre De la Espriella e Iguarán, conviene saber qué es realmente la Fiscalía General de la Nación. No es simplemente un organismo de persecución penal. En un país donde la independencia judicial ha sido históricamente disputada, donde la línea entre el Estado y las estructuras paramilitares que operaron bajo su amparo se volvió, durante los primeros años 2000, casi imposible de trazar, la Fiscalía bajo el presidente Álvaro Uribe fue una de las instituciones centrales a través de las cuales se negoció el poder, se protegió y, cuando fue necesario, se blindó de cualquier rendición de cuentas.
Mario Iguarán ejerció como Fiscal General entre 2005 y 2009, los años críticos de la desmovilización paramilitar, cuando miles de combatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia depusieron las armas a cambio de penas reducidas en el marco de la justicia transicional, y cuando el alcance de su infiltración en la vida política comenzó, lenta y dolorosamente, a aflorar en los estrados.
Iguarán y De la Espriella eran amigos personales desde hacía más de una década. Los dos hombres sirvieron juntos como padrinos en la boda de Sabas Pretelt de la Vega, ex ministro del Interior de Uribe, una relación que ninguno de los dos ha negado. Iguarán también era cercano al padre de De la Espriella, magistrado del Tribunal Administrativo de Córdoba. No era una relación profesional. Era una amistad que atravesaba una generación entera y llegaba hasta la arquitectura misma del Estado colombiano.
Cuando la relación se volvió políticamente incómoda, Iguarán ofreció una defensa característica: “Abelardo es la persona más respetuosa. Y creo que si se miran las estadísticas, él pudo haber tenido más éxito profesional bajo otras administraciones, otros fiscales, que bajo la mía. Por circunstancias, no porque yo quisiera afectarlo o favorecerlo.”
Las circunstancias, como ocurre frecuentemente en Colombia, vienen con fechas específicas.
II. El expediente y el reloj
El período de Iguarán en la Fiscalía coincide con precisión con los años en que De la Espriella consolidó su firma, defendió a los congresistas condenados por la Corte Suprema por sus vínculos con grupos paramilitares, organizó foros universitarios a través de su fundación FIPAZ —Fundación Iniciativas por la Paz— en los que comandantes desmovilizados eran presentados como actores políticos legítimos, y asumió la defensa de David Murcia Guzmán, el hombre detrás de DMG, la mayor pirámide financiera en la historia de Colombia, que defraudó a cientos de miles de inversionistas en todo el país.
Los testimonios paramilitares contra De la Espriella, recogidos en los archivos de Justicia y Paz —el mecanismo de justicia transicional a través del cual los combatientes desmovilizados confesaron sus crímenes— son sustanciales y específicos. Ever Veloza García, el ex comandante de las AUC conocido como HH, declaró en febrero de 2009 que De la Espriella “trabajó con un frente paramilitar”, que él personalmente lo presentó al alto mando Ernesto Báez y que el abogado participó como enlace en reuniones celebradas en Santa Fe de Ralito, el recinto en el interior del país donde el gobierno de Uribe negoció directamente con la cúpula paramilitar, en sesiones que una investigación del Congreso describiría posteriormente como el escándalo político más trascendente de la era.
Salvatore Mancuso, quizás el comandante de las AUC más prominente en comparecer ante la justicia transicional, fue más lejos. Mancuso declaró públicamente que De la Espriella era amigo cercano y tenía una “relación profunda” con el entonces Fiscal General Iguarán, tanto antes como durante su mandato en la Fiscalía.
La Corte Suprema de Justicia, mientras tramitaba un caso separado contra un congresista condenado por vínculos paramilitares, halló méritos suficientes para ordenar una investigación formal contra De la Espriella. La Fiscalía bajo Iguarán ya había cerrado una investigación previa en su contra —por concierto para delinquir y lavado de activos— dos años antes.
La investigación sobre los vínculos paramilitares de De la Espriella fue cerrada formalmente en agosto de 2009, días antes de que Mario Iguarán abandonara el cargo. No semanas. No meses. Días. Cuando la Corte Suprema intentó reabrir el caso en 2011, se topó con el muro procesal que el sistema jurídico colombiano levanta con particular eficiencia alrededor de los poderosos: el asunto ya había sido juzgado. Bajo el principio de cosa juzgada, no podía volver a ventilarse. La puerta había sido cerrada desde adentro, y la llave desechada al salir.
III. La evidencia en bodega
En marzo de 2009, un ex agente del DAS llamado Orlando Sastoque Ángel, entonces inscrito en el programa de protección de testigos de la Fiscalía, rindió una declaración que ofrecía una ventana inusualmente detallada sobre la forma en que De la Espriella utilizó los instrumentos del poder estatal para fines personales.
El DAS —Departamento Administrativo de Seguridad— era la agencia de inteligencia interior de Colombia, disuelta posteriormente por el presidente Juan Manuel Santos tras revelarse que había sido usada para espiar a periodistas, jueces, políticos de oposición y abogados de derechos humanos. Sastoque había trabajado para el DAS entre 2003 y 2006, y en junio de 2007 fue contratado como escolta personal de De la Espriella.
Según su testimonio, aproximadamente tres meses después de ingresar al cargo, De la Espriella le preguntó si el DAS podía hacerle un favor: averiguar quién le estaba llamando a su novia, una joven de Medellín. Quería nombres completos, direcciones y registros telefónicos de toda persona en contacto con ella. Proporcionó los números de cuenta de la operadora móvil.
Ocho días después, el contacto de Sastoque en el DAS entregó un dossier escrito: nombre completo, dirección y número de teléfono de la persona que llamaba a la novia, porque eso era lo que el doctor había pedido.
La ironía inscrita en la cronología es del tipo que ningún editor le permitiría usar a un escritor de ficción. El 3 de agosto de 2007, aproximadamente la misma semana en que recibió el dossier de vigilancia sobre su novia, De la Espriella interpuso una tutela contra el Ministerio de Defensa y la Fiscalía, exigiendo la protección de su derecho a la intimidad luego de que su nombre apareciera en una lista de personas cuyas comunicaciones habían sido interceptadas por la Policía Nacional.
El hombre que estaba haciendo vigilar a una mujer por la inteligencia del Estado le estaba demandando simultáneamente al Estado por vigilarlo a él.
Una investigadora del CTI llamada Gladys Urrego confirmó en febrero de 2021 que la Fiscalía había recibido un volumen considerable de documentos, registros y videos de parte de Sastoque desde 2008, evidencia que quedó sepultada en el sistema de custodia de la cadena probatoria durante la administración del Fiscal General Mario Iguarán. Permaneció allí, catalogada e intacta, mientras las investigaciones que documentaba eran cerradas.
IV. El segundo cierre
La arquitectura de la protección no fue obra de un solo funcionario. Viviane Morales, quien se desempeñó como Fiscal General entre 2012 y 2014 y fue la última fiscal en cerrar formalmente las diligencias contra De la Espriella por presuntos vínculos con las AUC, se vinculó públicamente a su campaña presidencial tras dejar el cargo. La funcionaria que había dado por terminada la última investigación abierta contra el candidato se convirtió en una visible promotora de su aspiración a la presidencia. Nadie le ha pedido, en ningún escenario, que explique la relación entre esos dos hechos.
V. La insinuación pública
El 3 de junio de 2026, dos días después de la primera vuelta, María Guerrero, esposa del ministro del Interior Armando Benedetti, publicó una respuesta en X a los ataques públicos de De la Espriella contra su marido. El candidato, autodeclarado defensor de la familia tradicional, había llamado a Benedetti “comprador habitual de votos”.
“Te presentas como defensor de la familia”, escribió Guerrero, “pero parece que no recuerdas tu pasado, tu estrecha relación con Iguarán, ni las escapadas —una que terminó en 2022 y otra que terminó en 2025—”. Añadió que conocía hechos de su vida personal que no revelaría por respeto a su familia, y lo llamó mentiroso respecto a sus infidelidades.
La sintaxis de la publicación merece una lectura cuidadosa. Guerrero nombra tres cosas distintas: la relación con Iguarán, las escapadas con fechas específicas de cierre, y las infidelidades en plural. Las escapadas —con sus marcas temporales de 2022 y 2025— parecen referirse a relaciones paralelas con mujeres, enlistadas por separado de la mención a Iguarán. Qué quiso decir exactamente con la “estrecha relación con Iguarán” es algo que no desarrolló, y ninguna fuente verificable ha sustanciado una afirmación que vaya más allá de la amistad política y personal que ambos hombres ya han reconocido.
Lo que sí está documentado es que De la Espriella no respondió a esa parte del mensaje.
VI. La fortuna y su cronología
De la Espriella Lawyers Enterprise fue fundada en 2003 con un capital inicial de aproximadamente 130 dólares. Para 2006, en el apogeo de la consolidación paramilitar como proyecto político, la firma ya reportaba ingresos anuales superiores al medio millón de dólares. Para 2017, los ingresos superaban los once millones. Para 2024-2025, los activos totales de la firma se valoraban en más de veinte millones de dólares, junto a un conglomerado empresarial que abarcaba finca raíz, ganadería, moda y licores.
De 130 dólares a veinte millones en dos décadas. En Colombia, ese ritmo de crecimiento en el sector jurídico suele atraer felicitaciones o preguntas. La clientela durante esos años —comandantes paramilitares, sus aliados congresales, el más prominente defraudador financiero del país, un hombre acusado en Estados Unidos de lavar dinero para el gobierno de Maduro— sugiere que las preguntas son la respuesta más apropiada.
De la Espriella nunca ha ejercido un cargo de elección popular. Obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2023. Hace campaña contra la corrupción de las élites y la infiltración del dinero criminal en la política colombiana. Se llama a sí mismo un outsider. Recibió su apodo político, El Tigre, del ex presidente Álvaro Uribe, la figura más influyente de la política conservadora colombiana, cuya defensa jurídica ha llevado por años.
El outsider ha pasado toda su vida adulta dentro de los salones más interiores del poder.
VII. Lo que esto significa
El 31 de mayo, Abelardo de la Espriella ganó más de diez millones de votos. Su sólida votación en primera vuelta desconcertó a los encuestadores. Se enfrentará a Iván Cepeda en segunda vuelta el 21 de junio en lo que todos los analistas describen como la elección colombiana más trascendente en años: una contienda que definirá la relación del país con Estados Unidos, su enfoque frente a los grupos armados que aún operan en su territorio y el rumbo de una sociedad que nunca ha resuelto del todo qué hacer con quienes más se beneficiaron de la violencia de las últimas cuatro décadas.
La historia de De la Espriella e Iguarán no es la historia de una amistad corrupta en un país corrupto. Es la historia de cómo se construyen y sostienen los sistemas de impunidad: no a través de conspiraciones dramáticas, sino mediante la paciente acumulación de las personas exactas en los cargos exactos en los momentos exactos. Una investigación abierta, luego cerrada. Una evidencia archivada, luego almacenada. Una puerta entreabierta, luego cerrada dos días antes de que el hombre que tenía la llave abandonara el edificio.
El tigre, como símbolo, evoca poder y autonomía: el depredador que opera solo, que no le debe nada a la manada. El expediente sugiere algo más familiar: un animal que, durante muchos años, tuvo una jaula muy cómoda, y amigos que se aseguraron de que el cerrojo nunca fuera puesto a prueba.
Notas de verificación: Todos los hechos de este artículo provienen de fuentes verificables, entre ellas La Silla Vacía, Fundación Pares, Diario Rojo, Corrupción al Día, Cambio Colombia, El Espectador, Zona Cero y registros públicos del sistema de justicia transicional de Colombia. Las investigaciones formales contra De la Espriella fueron cerradas sin condena; su mención aquí es factual y no implica responsabilidad penal. La insinuación formulada por María Guerrero respecto a la relación con Iguarán se reporta como declaración pública de una persona identificada, no como hecho establecido.
MINCA (depósito de almas errantes). Una crónica de Umberto Amaya.
MINCA
(depósito de almas errantes)

El autor.
Después de tres meses en la Sierra Nevada, regresé a Arauca, una tierra llana inundable donde lo que germina en verano lo ahoga el invierno y lo que nace en invierno lo quema el verano y solo crece eso que retoña más fácilmente en todas partes —la hierba—. Tierra llana sin mar, montaña, ni selva; habitada por una gente que en su mayoría solo cultiva la palabra con una franqueza tan marcada que raya en la ordinariez.
¿Chico, donde estabais? Me dijo un criollo de sombrero vaquero, alpargatas negras, pantalón blanco y cuchillo en la cintura. —En Minca, un pueblito de la Sierra Nevada de Santa Marta— le respondí seguro que él no tenía ni idea de que se trataba, pero el hombrecito me contestó —Eso allá es muy bonito, pero yo mejor me quedo por aquí, porque allá le cae a uno la pava y en todo le va mal, no está mirando que esos son sitios sagrados y los sitios sagrados no son para vivir, a no ser que tú tengas un comportamiento sagrado—
Y los indios de allá son jodidos, bien jodidos; no como los de aquí, ni como las indias de aquí, que una limosna de amor no se la niegan a nadie. Allá en la Sierra no..! Allá los indios cogen a los blancos, los sientan en una piedra y por cualquier maricada los ponen a hacer pagamentos, después les amarran un hilo en la muñeca y les quitan plata— Le presto la palabra a este criollo ágrafo, porque su concepto sobre la Sierra Nevada sirve como reflexión; pero en primera voz quiero contar, lo que vi, lo que olí, lo que escuché, lo que sentí y aprendí en ese pueblo situado en esa crestería montañosa con forma de serrucho, de atardeceres azafranados tan útiles como elemento poético para los que no tienen poesía en esa hora en que muere el día sin que podamos remediarlo.
HISTORIA Y MEDITACIÓN: Si afirmáramos que la fundó Don Juan de Minca, le estaríamos robando siglos de historia a esa región que fue asentamiento indígena y de manera especial cementerio, por lo que tuvo que soportar el “huaqueo” (saqueo de un yacimiento arqueológico) palabra quechua que significa —lugar sagrado, templo— Entonces, le estaríamos dando crédito a las palabras del criollo de sombrero, alpargatas y cuchillo en la cintura y cabe como coincidencia histórica añadir, que este lugar fue además, centro de meditación y ayuno de los indios Coguis y los Uiua, indígenas a los que no los trasquiló tijera.
También a mediados del siglo pasado los religiosos que allí se instalaron lo hicieron con el propósito de hacer retiros espirituales y vale además, destacar también, que entre los muchos viajeros que a diario llegan a ese —depósito de almas errantes llamado:Minca— lo hacen con el propósito de tener sitios que permitan la meditación, el retiro y la medicina espiritual. A todas estas coincidencias le podemos agregar que la Sierra Nevada de Santa Marta, el macizo montañoso tropical más alto del mundo y sus habitantes, guardan mucho parecido en las prácticas espirituales con los habitantes del Tíbet.
LA LLEGADA: Se parte desde la plaza de mercado de Santa Marta, en un campero destartalado que no permite la visión del paisaje y después de cuarenta minutos de estar esquivando los baches de la carretera se llega al pueblito de Minca, un amontonamiento de casas, sin andenes y sin planeación alguna, con un barrio central donde vive la gente que lleva más tiempo en la zona y es la encargada de hacer los oficios humildes a los nuevos colonos —Barrio El Casino— es su nombre, porque el sitio donde habitan fue un antiguo casino de los trabajadores de obras públicas.
LOS HIPPIES-CHICS DE MINCA: El resto del pueblo poco a poco se va disipando en construcciones confortables adaptadas en su mayoría para recibir turistas; y como corolario necesario, siguiendo la mirada de ese recorrido perceptivo, me atrevo a decir que de la misma manera que en Palomino nació la comuna de los —hippis-coguis— los propietarios de estas mansiones en su mayoría son —hippies-chics— que descubrieron una tierra que no andaban buscando y enamorados de tan edénico lugar y fatigados de su existencia gitana, se instalaron en Minca; pero en la añoranza de su origen urbano, escogieron los sitios con vista hacia la ciudad dorada, que no es otro que el resplandor de Santa Martha cuando anochece, entonces terminaron colocando el frente de las casas hacia el país de la luz. (Pido disculpas por la tendencia a la fantasía tituladora y les pido que en este caso entiendan —chic— como un sinónimo de elegancia y no como el ruido que producen las mujeres al masturbarse).
Editorial: Ocho años haciendo la diferencia.

Las jorobas de Mil Inviernos.
Un día soleado y aburrido como hoy, HACE 8 AÑOS, arrancamos los MIL INVIERNOS.
Sabíamos que no sería fácil, pero conservamos su primer propósito: a diferencia de otros medios, este sería un portal dirigido por dos escritores de ciencia ficción sobre diversos aspectos del Universo y esta particularidad haría la diferencia.
Luego vimos nacer muchos medios que se llamaron «independientes» creados por gente de la clase política que a punta de comprar seguidores y bots hicieron su espacio a la colombiana, además creando y acostumbrado a la gente a contenidos estúpidos. Nosotros no nos rebajamos a esa política nunca, ni de la compra de seguidores ni de los contenidos clickbait.
Después surgieron espacios de ciencia ficción que aprovecharon el campo que habíamos ganado para también entrar ellos allí y luego querer sacarnos del juego, en esa modalidad muy colombiana del sicariato simbólico, pero tampoco nos rebajamos a ello, ni les dimos gusto, y seguimos estando acá, igual de firmes que siempre abriendo espacio a las auténticas plumas de la ciencia ficción, y no las que le caen bien a los críticos.
Además de eso, también hemos salido de la comodidad del espacio virtual y hemos hecho gestión cultural, organizado conciertos, eventos, charlas, ciclos, talleres y hasta publicaciones impresas de saberes tradicionales.
Gracias a todos por compartir el futuro con nosotros. Como alzaba la plegaria Bowie antes de cantar Heathen en Berlín: «Dios nos bendiga, por favor, Dios nos bendiga a todos».
Gracias a los que siempre han creído en nosotros. Gracias a los que nos han dado ese justo reconocimiento de tenernos como una de las publicaciones más importantes del género en Hispanoamérica. Gracias a todos los autores que nos han colaborado. Gracias a todos los ilustradores que han cedido sus geniales visiones con nosotros. Gracias a esos fotógrafos que nos han cedido su trabajo con toda la generosidad del mundo y que se joda la maldita fotógrafa de China Mieville que nos amenazó con demandarnos con la Sociedad de Fotógrafos de América por atrevernos a usar una foto de su divo virtual….
Que se joda toda la gente que nos ha querido joder, pero hoy ellos son los que menos importan; porque estamos aquí, después de ocho años, gracias a ustedes: la gente buena, la gente inteligente, la gente con criterio, la gente con amor y la gente interesante que valora y aprecia nuestros MIL INVIERNOS.
Gracias a ustedes, nosotros somos MIL INVIERNOS. Y gracias a Dios porque sabemos que cuando más parecemos perdidos y que estamos cayendo más loco de amor está él por este par de Sancho Panzas que somos los editores del Mil Inviernos.
Son ocho años de divorcios, tortas y suspiros. Parecíamos moribundos y lo seguimos estando. No ha pasado mucho salvo la infamia, lo cual no es novedoso. El mal asunto de vivir se restaña con estas distracciones, afortunadamente todo terminará, todo. Hasta Shakespeare.
Att: los moribundos.
Microficción in memoriam Cuco Rojas y Neil Peart: los progresivos van al cielo.

El magistral arpista Carlos ‘Cuco’ Rojas murió pocos días después del fallecimiento del baterista de Rush, Neil Peart.
Los progresivos van al cielo.
Se encuentra el Cuco Rojas a Neil Part en la fila a donde San Pedro:
– Hola, camarita, usté es el de Rush, cierto?
– Yes, I am, and you?
– yo soy un arpista llanero, me llamaron pa’ un festival por acá arriba, pero yo creo que usté va pa’ bajo, cierto? Tiene pinta de rockero satánico.
– No, yo también ir a escalera al cielo, Jesus quiere un parrando bien encendido con los músicos más progresivos y crazys.
– Ah, mano, pues a mí también me gustaría ir al infierno otro día a saludar a los grandes, a Hendrix y a Thelonious Monk.
– Let’s go after the party, tengo unos buenos compas allá pa’ alegrar a los pecadores jeje.
– oiga, guate, y qué le entristece de dejar la vida?
– solo me entristecería dejar la música pero la música es un ideal universal y estamos entrando en el mundo de las ideas. And you?
– la carne llanera.
-Very good, podemos mandar unos ufos por unas reses, eso es easy.
– listo, camarita, y hacerle la visita nocturna a unas llaneritas jeje
– everything is connected.
Cimarrón, con el liderazgo de Rojas, fue la renovación del joropo ante el mundo. Con una fuerte resistencia en los sectores más conservadores, ellos presentaron con orgullo el llano internacionalmente hasta llegar al Japón. Por lo que la muerte de Rojas es una gran pérdida musical. Noticia tristes cómo estas en el joropo, recuerdan la muerte de Arnulfo Briceño, ese genial santandereano que hizo propio el llano y al llano más amado por todo el país.
Adiós maestro Cuco Rojas. Gracias por el sonido de tu arpa y la renovación del joropo.
Hay cosas que uno quisiera volver a disfrutar justo como la primera vez: la primera vez que se vio el mar, el primer beso, o la primera vez que escuchó en la radio Tom Sawyer de Rush.

RIP Neil Peart.
MIS-Entropía, por Sebastián G. Calderón
MIS-Entropia // Sebastián G. Calderón.

La hora del nuevo
reino ha llegado, la segunda venida está cerca
La inocencia de horror de Jairo Pinilla

Jairo Pinilla Téllez, realizador colombiano, nacido en Cali, director de siete largometrajes y más de una decena de cortos y otros cuantos documentales, ha corrido con la mala suerte de haber nacido en el país equivocado, como casi todos los artistas adelantados a la época y con una psiquis ajena a la promedio del colombiano.
La inocencia de Jairo Pinilla lo condujo al género fílmico del horror y esto lo llevó a correr un destino semejante al de la mayoría de pioneros de géneros en Colombia; a saber:
1- El desprecio de los críticos mainstream que ven los géneros con superioridad intelectual y que suponen un deber ser del cine como algo exquisito y bien realizado; estos son semejantes a quienes, sin conocer mucho de un deporte, critican una crónica deportiva porque se sale del molde que ellos pretenden debe ceñirse, y que añoran datos que no son buenos para nada, para sentirse frente a un escrito de rigor y valía cultural.
2- El desprecio del pequeño sector de críticos especializados en el género, que siguiendo el patrón de los críticos mainstream, suponen una manera correcta de hacer justicia al género, por lo general, imitando un molde extranjero exitoso para perpetuar ese éxito a nivel local; por lo tanto, términos como estilo o autenticidad, significan poco para ellos, y por lo general se avergüenzan si existen muchos indicios de color local o precariedad, porque son personas con complejos de inferioridad cultural.
3- El desprecio de los nuevos exponentes del género: estos chiquilines siempre caerán en la vulgar tentación de instaurar un antes y un después en el arte; por lo tanto, todo lo pasado les avergonzará y tratarán de ser pájaros tirando a las escopetas. Pues no solo desconociendo intencionalmente el pasado, sino echándole tierra, se jactarán de los titulares que anuncian «la primera película de terror colombiana» y ellos dirán que la culpa es de la ignorancia del periodista, pero tampoco se molestarán en corregir la buena fama y antes se sentirán beneficiados perpetuando una miserable mentira.
4- El desprecio del gran público. Y esto es lo más triste, porque un artista de género se debe a su público. Pero lo que hace a un público grande es su propia vulnerabilidad, por lo tanto, ellos no se pondrán a revisar historia, ni a contrastar datos, y están muy a la merced de los periodistas que desparraman ignorancia, y de los críticos despectivos, y de las artimañas de los nuevos exponentes.
Pero en los años setenta y ochenta, la cosa no estaba tan mal con el gran público y Jairo Pinilla pudo exponer sus películas generando un modesto éxito de taquilla y un buen recibimiento por parte de la gente que aplaudía sus creaciones; y en el año 1999, las cosas no estaban tan mal: un joven estudiante, Ciro Guerra, realizaba un documental homenajeando a una figura esencial del cine colombiano, entrevistando a gente que admiraba el trabajo y el estilo de Pinilla, y que afirmaban que su cine de género era valioso. Ciro Guerra años después se convertiría en una figura trascendente en el cine colombiano, ganador de varios premios internacionales, y nominado al Oscar (casi como un Egan Bernal del cine).
Este es el documental que el joven Guerra le dedicó a Pinilla, cuando las cosas con el género no estaban tan mal como hoy día:
Documental Siniestro. Dirección: Ciro Guerra from simon hernandez on Vimeo.
El Superhéroe colombiano

La belleza no precisa de viajar en Iberia. En este video, si nos ponemos post-coloniales, podemos apreciar el atropellamiento que los europeos infligieron a nuestras deidades. Pero no se apuren: ellas sobrevivieron a la hecatombe y ahora son ultrahombres vestidos de capa. SuperSmall es uno de aquellos héroes silenciados que claman por retornar, y aquí nuestro homenaje auspiciado por el Culebro Casanova.
También hay una lectura freudiana, en donde el padre deja de ser de carne y hueso para convertirse en un nombre y una pesadilla; lo que da pie al onanismo lacaniano.
La inteligencia suprahumana del enano se hace evidente incluso cuando resiste la tortura de los agente del FBHI. Esto corrobora las tensiones psíquico-sexuales que avizoraron el agrietamiento del hetero-patriacado; es así que en Colombia, a la sombra de lo que sucedía en ese momento en el mundo, se generaba una narrativa de superhéroes, decolonial, faloperiferica y muy pero muy humilde.
COMING UP NEXT:
CUANDO FASSBINDER ANDABA CON MICOS TITÍS.
UNTÉMONOS DE COLOMBIA, por Umberto Amaya Luzardo

UNTÉMONOS DE COLOMBIA
(Así es el Pacífico)
Era un sueño de tercero de primaria, cuando en la clase de geografía aprendí que el país tiene tres cordilleras y dos mares; yo era un muchachito llanero que no conocía los cerros y mucho menos el mar; pero como era un niño y los niños tienen la capacidad de soñar despiertos, mientras el profesor hablaba de los kilómetros de mar atlántico y la cantidad de costa pacífica que nos pertenecía, yo en la imaginación, como en el joropo llanero: “salí por un caño abajo, a ver si a la mar salía”.
A los doce años cuando miré por primera vez la cordillera, pensé que en esos lugares los hombres eran demasiado guapos para trabajar, cuando eran capaces de hacer esos montones de tierra tan grandes que llamaban cerros; porque nosotros entre tres hermanos, turnándonos la carretilla para echar el piso de la casa, habíamos durado cargando tierra todas las vacaciones. Ahora, estábamos en Bogotá, mirando su cadena montañosa, y esperando que amaneciera para escalar el cerro que nos quedaba más cerca siguiendo el curso de la quebrada. Cosa de maravillarse, la quebrada estaba llena de piedras y como tampoco las conocíamos, todas nos gustaban y queríamos recogerlas todas, porque en los arenales del llano solo conocíamos dos piedras: una pequeña que tenían en la cocina para machacar los ajos y otra grande bajo la sombra de un árbol, la piedra de amolar, que traían desde Tame, a puro lomo de burro.
f“Viajar es necesario, vivir no tanto” decían los que se inventaron la democracia, como si viajar fuera un acto democrático, y nosotros, bajo el régimen de mi papá nos fuimos a conocer el mar; pero si las montañas me fascinaron, el mar no; el mar me asustó, porque pensaba que si el río Arauca, con lo pequeño que es, tiene caimanes, rayas, pirañas, remolinos y corrientes bravas en los que a cada rato se ahoga la gente, en esa inmensidad de agua tendrían que haber monstruos inmensos y furiosas tempestades; entonces me metí al agua con un recelo que me ha durado toda la vida.
Conocí el mar por la parte arriba de nuestro mapa, por el Atlántico; apenas me metí en el agua, que estaba tragándome el primer sorbo para comprobar que de verdad era salada y empecé a recordar las palabras del profesor “al país lo bañaban dos mares”, entonces me entró la necesidad de conocer el Océano Pacífico, y para allá me fui, pero esta vez no con la intención de asolearme en la playa, meterme un ratico al mar, y salir en pantaloneta para el hotel a comer pescado frito; sino que esta vez, mi intención era embarcarme y navegarlo, y muchos años después lo logré.
El pacífico colombiano empieza en Cali, con su cultura niche. Los caleños llevan el mar pacífico y la música afrocolombiana en cada folículo piloso, y de la misma manera que Brasil tienen estatuas de Pelé, en un centro comercial de Cali, está la estatua de Celia Cruz; diez metros de alta, con un vestido fucsia y su bemba colorá. Qué alegría para los ojos viajeros, mirar el buen gusto de los vallunos. Subiendo la cordillera occidental, por la carretera que conduce de Cali al mar, cruzando apenas el último barrio: Terrón Colorado, aparece el Saladito y La Cumbre; y siente uno que está viajando por lugares hermosos. Entonces llega el fin del afán y el comienzo de las casas bellas; es algo así como para los Bogotanos visitar La Calera, pero las casas de campo vallunas son más espaciosas y con mejor arquitectura, en otras palabras, mucho más bonitas, más espaciosas, con mejores jardines y menos frío.







