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La ficción inmobiliaria de Italo Calvino

Italo-Calvino-en-Nueva-York

Calvino en Nueva York viendo cómo sus pesadillas inmobiliarias tomaban forma. 

«La especulación inmobiliaria» de Italo Calvino data de una fecha específica desde su inicio hasta su conclusión,  que se manifiesta de forma clara al final:  5 de abril de 1956 – 12 de julio de 1957. Por lo tanto, se sitúa en un tiempo específico de la historia — la Italia que se reconstruía de la Post-Guerra—  y un espacio exacto aunque nunca mencionado: La Riviera al norte de Italia, en el pueblo ***. ¿Y por qué nunca se menciona el pueblo? Por dos razones, no simples, pero comprensibles: Uno nunca menciona a quien ama, y tampoco nunca menciona a quien odia, pero tampoco menciona a quien teme. Por esta misma razón, fracasan los que gritan y grafitean: ¡Yo amo a Fulana!; pero por esta misma razón, a algunos políticos detestables se les refiere como los innombrables  y ya, sin necesidad de mención alguna, todos saben  de qué innombrable se trata y por qué no se le nombra. Pero como amor y odio suelen ir juntos, suponemos que el narrador, en este caso, prefirió dejar el nombre en blanco, como quien firma un cheque en blanco, y dejarlo a la imaginación, o falta de imaginación, del lector, y en su caso más próximo, los lectores de Italia, en concreto, los de la Riviera de Italia, y su mala consciencia.

Ya hablamos de tiempo y espacio, como si eso importara, porque el comentario de muchos lectores, haciendo un barrido rápido por Internet, es que a pesar de que la obra se empezara en 1956 y terminara en 1957, sigue siendo vigente y es universal; es decir, que la temática que aborda es la misma ahora como en ese entonces, aquí como allá; y la temática no va más lejos que la del título que precisa en ponernos de una vez en el meollo del asunto: la especulación inmobiliaria. ¿Ha cambiado mucho esta actividad desde ese entonces?  En seguida,  hablaremos del tipo de personajes que aparecen en la obra.

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La chica mecánica. Ficción climática monumental. (Reseña)

Esta novela,ambientada en la Tailandia del siglo XXII, contiene todos la variedad de subgéneros  «punk» que se puedan imaginar: steampunk (tecnologías futurísticas a base de carbón y vapor), dieselpunk (artefactos pesados impulsados por motores diesel), biopunk (hackeos biológicos, manipulación de ADN, bancos de semillas) y cyberpunk (grandes sistemas de datos informáticos). Si es por nuevos géneros, también se puede  afirmar indubitablemente que se acopla a lo que Dan Bloom entiende como Cli-Fi, o Climate Fiction, es decir, una historia en donde el cambio climático cumple una función protagónica. Y,  finalmente, cumple todas las prerrogativas necesarias para considerarse una clara distopía política.

Además,  La Chica Mecánica, ópera prima de Paolo Bacigalupi, ha sido merecedora de los principales premios del género: Hugo, Nebula, Locus, Campbell e Ignotus (en España). Arrasadora serie de reconocimientos que ipso facto obliga a detenerse en el análisis de la obra.

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Aunque la portada en español es buena, esta japonesa me parece extraordinaria. 

La historia está contada en un estilo polifónico, muy al estilo de Philip K. Dick, en el que a través de varias líneas paralelas se va desarrollando y entretejiendo una trama más compleja hasta que se cruzan cada una de estas realidades modificando finalmente la inicial para desembocar en un escenario completamente nuevo.

Entonces tenemos la historia de Anderson Lake, ciudadano extranjero que tiene una empresa fachada de desarrollo de muelles percutores cuando en realidad es un agente de una industria de proteínas con intereses en Tailandia; Hock Seng, es su secretario personal, un chino malasio refugiado viviendo al borde de la extradición; está la historia de Emiko, la chica mecánica, que es un neoser, una humanoide modificada genéticamente creada en Japón pero abandonada en Tailandia en donde se le da un uso exclusivamente sexual, pero con una consciencia existencialista de universitaria occidental que no puede con ella; y un oscuro héroe nacionalista, ex campeón de peleas muay thai, llamado Jaidee junto a su malhumorada compañera Kanya.

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Un trazHOmenaje a la historieta La Flor de Coleridge, por Luis Antonio Bolaños.

La Flor de Coleridge

Por: Luis Antonio Bolaños de la Cruz 

TrazHOmenaje 01 de la Historieta Argentina

Motivado y acicateado por mi amigo Isaac (desde Casa de Jarjacha primero y de Agujero Negro digital después) me aproximé por aquel entonces a los diversos soportes en que se expresan los creadores de los géneros de nuestros amores, y comprobando que la mayoría de los comentarios, reseñas y análisis sobre historietas correspondían en lo fundamental a la producción USA, a la japonesa y algo a la europea, me decidí a recorrer ese universo de sueños plasmados por los autores e ilustradores argentinos, que se acumulan en capas sucesivas durante varias décadas dignas de ser exploradas sin pausa y con placer; me propongo comentar una vez quincenalmente alguna de dichas creaciones, porque siento que están sometidas a un olvido similar al que nos aplican por periféricos los poderes imperios en otros temas, cuando su calidad es genial y muy superior al promedio de la producción de USA y Japón y comparable con el nivel de la francobelga, británica e italiana.

El nombre de la sección funciona como un anagrama múltiple que se estira en tres dimensiones: con destino a lo gráfico mediante los trazos entregados, hacia la recuperación de la memoria trayéndola consigo a través del homenaje y menaje por el equipo de conceptos, referencias, imágenes, recuerdos, emociones y relaciones con que emprendo el viaje permitiendo que se disuelva el tiempo transcurrido para gozar en el presente de esas obras escamoteadas.

Empezaré con “La Flor de Coleridge” (publicada en Skorpio), comentando página a página esa historieta con guión de Guillermo Saccomanno, tan militante y hermoso que uno aplaude el tema y se solidariza con los acontecimientos pero sin perder en ningún momento la emoción, y recurriendo al trazo de “Tintafina” como suelo denominar en mis degustaciones comiqueras a Cacho Mandrafina, el artista ilustrador, digno dibujante que con un uso magistral del entintado y la disposición del espacio en las viñetas, unidos a que se manifiesta como letrerista eximio (manifiesto en las viñetas de las páginas uno y dos) pasa a ser uno de los maestros en el uso de la tinta china de esas añoradas ediciones que tanto nos ofrecieron bajo los sellos de:

Abril & Yago (Misterix, Rayo Rojo),

Record (con Skorpio, Corto Maltés, Pif-Paf, Tit-Bits),

Columba, que hasta tiene canción de Calamaro (con El Tony, Intervalo, D’Artagnan, Fantasía, Aventuras, Nippur Magnum),

de la Urraca (con las potentes Fierro, El Péndulo, Humor, Superhumor, Cazador),

pero sobre todo Frontera de Oesterheld con su homónima y Hora Cero donde sucede esa clásico inolvidable “El Eternauta”que varias generaciones llevamos en el corazón.

Desde el título y la diagramación de
las páginas 3 y 4, la historieta evoca lo que desea transmitirnos:
la situación que se vive y la intensa persecución entrecortada y
jadeante por los retorcidos callejones de la Casbah, -es inevitable
que evoquemos “La Batalla de Argel” de Gillo Pontecorvo y nos
embarquemos en rememorar datos y sucesos de esa extraordinaria hazaña
que significó la rebelión argelina que terminó por expulsar a los
franceses del territorio magrebí-;
el conecte entre acabado de las
viñetas y palabras claves repercute por su potencia en la
comprensión del acontecimiento, que queda rubricada en las miradas
de los testigos,
 O en el acercamiento a los rostros de
los torturadores y del sospechoso en la página cinco, tanto que casi
permite tocar las imperfecciones en la epidermis de sus rostros,
captando el carácter y su vida interior a la manera de una
prescripción frenológica;

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COMIC: Flinch 01- El horror según Vértigo DC, por Luis Bolaños

COMIC: Flinch 01- El horror según Vértigo DC

Por Luis Antonio Bolaños De La Cruz

 

 

Portada

 

Durante 16 números (junio 1999 a enero 2001) la iniciativa lanzada por la línea Vértigo demostró su altísima calidad con la presencia de una pléyade de guionistas e ilustradores que congregaba la flor y nata del género fantàstico, parecía imposible que estuviera bajo la protección de DC, y quizás por eso empezando como mensual terminó asesinada como bimensual. Algo que ocurre con frecuencia a los aficionados es que llegamos de manera tardía a la degustación de los productos, para mi esta fue una esa de esas ocasiones, por lo menos habría peleado y enviado una carta redactada con brío y cólera, como lo merecía la colección, para apoyarla aunque supiera que la guillotina del vil metal expresada en ventas y ganancias la dejaría inerme y abandonada tan sòlo a los recuerdos y homenajes como el que perpetro, que al final de la evaluación de nuestra relación con Flinch, se convierten en lo mínimo que uno desea o pretende recuperar de esa vergonzosa experiencia editorial, por eso aunque abomino con frecuencia de DC, elegí Flinch porque fue uno de sus mejores intentos.

La carátula de Phil Hale es una obra de arte que inquieta y nos coloca ante la necesidad de afirmar -y de aceptar- que de lo horrible nace lo bello y viceversa, revulsiva y por momentos asqueante, nos provoca un repeluzno cuando comprendemos que las líneas que recorren el cuerpo y órganos del actor (hay algo de mimo y también de kabuki en la indumentaria y actitud), serán las que utilizará para rebanarse ante los espectadores de su happening, quizás definitivo. Cada una de las historias presentadas son recias en sus planteamientos y ricas en su estilo, dejan rastros para ser evocadas y para servir de modelos comparativos

El Hombre Cohete: El dibujo claro y preciso de Jim Lee, con tintas que destacan los detalles anatómicos y técnicos, junto a la planificación de las viñetas (sobretodo la de cierre con su júbilo que bordea el éxtasis teñido de terror) se aproxima a lo exquisito.

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Bird Box, la antípoda analgésica a They Live

(Esta es una reseña a una película de Sandra Bullock que no ganará un premio Simón Bolívar)

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 Nunca había visto una película tan anti- They Live como Bird Box. Así mismo, nunca me había sentido tan identificado con el bando enemigo: los locos soñadores que veían la belleza en la oscuridad del ente y que deseaban que otros «vieran» así esto condujera al suicidio de la gente «normal».

En el análisis de  Zizek a  They Live habla de la «lucha por la ideología» cuando Nada lucha con su amigo afro para que éste se ponga los lentes para ver la realidad reptiliana. Este violento enfrentamiento se debe precisamente porque, en palabras del filósofo, la libertad es algo doloroso. Es precisamente de lo que se trata Bird Box, de evitar a toda costa este dolor de desprenderse de una ideología  y la negación de  la libertad es lo que gana.

La reticencia por vivir sin ver, el miedo a enfrentarse a esa oscuridad que entristecía demasiado.

¿Por qué a los locos no les afectaban estas mismas visiones que a las personas comunes? La clave está en Gary, el loco infiltrado en la casa. En el momento de parto, se instala en el estudio, pone música clásica y pinta cuadros de entidades lovecraftianas (parecidas a las de Stranger Things), las que presumiblemente son las que llevan a la gente a la locura. Luego desea compartir esta verdad con el mundo. Al momento de enfrentarse con Douglas (John Malkovich) le dice: ustedes acostumbraban a encerrar a gente como yo, ahora es nuestro turno. Toda una declaración de principios contra la sociedad de control y vigilancia.

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Los dibujos de Gary (más allá de la alusión obvia al universo de Stranger Things) me recordaron a mis garabatos de adolescente. 

Y luego su deseo porque los bebés vieran. ¿Por qué en la película nunca muestran qué sucedería si los bebés, seres sin ideología, pudieran ver? El error del loquito Gary fue poner a ver gente poco competente. Estos se mataban. ¿Por qué? Porque habían perdido en ese futuro posible una experiencia que los artistas conocen bastante bien, y por lo general se conoce como el síndrome de Stendhal, lo cual significa la «dolorosa contemplación de la belleza».

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Los humanos se matan en esta distopía no por la maldad inherente en lo que veían, sino por la perdida de esta experiencia; la verdad era «demasiado bella y los ponía muy tristes»: Lo mismo que una buena obra de arte, o incluso un atardecer genera en una persona hipersensible. La persona que por primera vez ve el mar y se llena los ojos de lágrimas ante la inmensidad y hermosura oceánica. Quien ve la curvatura de la Tierra por primera vez. El que observa la cara de su hijo. Son personas que saben que la belleza es desgarradora.

Pero el artista sobrevive la experiencia desgarradora de la belleza todos los días de su vida, es su material de trabajo; lo mismo el loco. El loco que tradicionalmente es la persona que contempla al sol con el ojo desnudo. Podríamos pensar en la sociedad futurista de Bird Box como una sociedad que, para contener la tristeza y el dolor, al mismo tiempo contiene la belleza y por esto la gente es ajena a este sobrecogimiento e ignorante de esta pasión, se ve excedida y opta por el suicidio.

¿Y por qué entonces esta entidad-experienciastendhal no es una belleza iluminadora y alegre? Podría ser, en un Universo más cándido. Pero son muchos los artistas, a lo largo de este siglo, que han encontrado existe un camino en la oscuridad y la tristeza que conduce a la más extrema belleza. En palabras de Philip K. Dick (a quien imagino como uno de esos locos terroristas que luchan porque la gente viera):

EL ABSOLUTO SUFRIMIENTO GUÍA -ES UN MEDIO PARA- LA ABSOLUTA BELLEZA (Exegesis) 

P-k-Dick

Te quitaré esa venda que tienes como ilusión de realidad. 

Una sociedad analgésica definitivamente hará lo posible por no llegar a esta absoluta belleza, y es lo que la película de la Bullock nos enseña.

El clon de Borges: una novela de Campo Ricardo Burgos

La máquina de hacer Georgies

El millonario Miguel Ospino, fanboy de Borges, decide clonarlo. Su labor de crianza de ese nuevo genio, es tan minuciosa que lo deja sumergirse en el idioma porteño que luego enriquecerá la lengua literaria de ese duplicado del afamado escritor argenito para así construir nuevos escritos desde el aislamiento de una hacienda de Villa de Leyva (Colombia).

El Georgie clonado ocupará sus días en la lectura y la escritura de modo tal que saldrán nuevas novelas y ensayos e, incluso, versiones y variantes de los escritos que el Borges original hizo. Este aislamiento de una criatura tan inviable como el clon, semeja a la novela con el tinglado de la isla del doctor Moureau.

La historia comienza cuando a Saker, un académico que estudia con un entusiasmo que limita con la obsecuencia  la literatura del autor de Historia universal de la infamia, lo contacta un empleado del millonario para llevarlo a ese lugar que habita ese monstruo de las letras que continúa con lo hecho por el Jorge Luis que nació a fines del siglo XIX.

La clonación de Borges instituye la figura de un Pierre Menard que trasciende el ámbito de lo establecido como literario: el duplicado de Georgie no es invidente ni se involucra con una mujer de izquierdas que hace constar la impotencia, el complejo edípico y el terror del más celebrado autor del siglo XX que no ganó el nobel.

El clon de Georgie no implica que sea él mismo. La sugerencia de que esta criatura escriba en lugar de dedicarse al tejo o sembrar olivas en los campos de Villa de Leyva, implica una perspectiva no determinista de los genes; es necesario un ambiente que, cruzado con las potencialidades biológicas, permita la aparición de un monstruo de las letras y, por lo tanto, se construye un mundo en el cual la noción de libertad entra en tensión con la del destino glorioso.

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La óptica de la ciencia ficción. Reseña a Punto Ciego, de J. A. Conde

 

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

– Jorge Luis Borges

LA ÓPTICA DE LA CIENCIA FICCIÓN. 

RESEÑA A PUNTO CIEGO, DE JUAN ALBERTO CONDE A. 

 

«Del ojo al pene el camino es breve». Una frase lapidaria, pero tal vez una que el autor preferiría no fuera la más célebre, que aparece en boca de uno de los personajes del libro, que no tiene nombre, sino al que se le llama sencillamente como El Acuario; con esta frase, no exenta de gracia pero poco elegante,  inicio mi reflexión sobre la novela de Conde, que incita a cuestionarse sobre esa cercanía casi dependiente entre la filosofía y la óptica, con la que podríamos reformular un nuevo aforismo que rezara: «De la filosofía a la óptica el camino es breve».

De manera semejante a la del desafortunado Baruch Spinoza, que tras ser excolmulgado de la religión judía en Amsterdam debió entonces dedicarse a la labor de pulir lentes, labor que le otorgó cierta celebridad en su época y cuya inventiva magistral incluso lo impulsó a desarrollar unos excelentes lentes para telescopios; así como George Berkeley, el obispo irlandés que demostró que toda existencia se fundaba en el acto de percepción, llevando el idealismo a su extremo más delirante, y de este modo, terminó también desarrollando una teoría de la óptica; y lo mismo que siglos después, un lascivo bibliotecario francés llamado Georges Bataille llevara sus investigaciones sobre el erotismo al plano escatológico del glóbulo ocular en La Historia Del Ojo; tenemos claro que, desde luego, no resulta nada increíble que del sendero de la reflexión filosófica se extravíe el pensamiento hacia el bosque maravilloso del oculismo.

Esta fue la historia arquetípica que vivió Henry, el joven protagonista de la novela, cuyas meditaciones filosóficas urgieron un siguiente paso hacia la experimentación práctica de la percepción óptica, por lo cual su paso por la facultad de Filosofía le dio un bagaje teórico que solo encontró una posibilidad de desarrollo práctico en la labor prosaica de una óptica bogotana. Pero no fue sino hasta que el hado le posibilitó conocer al ejemplar más imperfecto visualmente (a quien ya nos referimos en primera instancia como «El Acuario») que este joven Víctor Frankenstein optometrista pudo darle rienda suelta a sus más extrañas especulaciones, confrontado a un nuevo universo que su Golem gafufo prometía brindarle.

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Ray Bradbury vaticinó la presidencia de Trump.

El cuento  de Ray Bradbury, «Un sonido de Trueno», publicado en el año 1952 en la revista Colliers, probablemente debió su celebridad durante muchos años debido a uno de los pioneros de  la Teoría del Caos, Edward Lorenz, quien acuñó el término  «Efecto Mariposa» para referirse a la estricta dependencia que presentan algunos sistemas sobre sus condiciones iniciales, en los cuales un pequeño cambio puede ocasionar una gran perturbación en un estadio posterior. Y esta elegante idea, no del todo novedosa (pues siempre se ha hablado del proverbio chino que reza: «El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo») aparece por primera vez desarrollada literariamente en este breve relato sobre una máquina del Tiempo que permite hacer safaris en la prehistoria.

Pero este punto científico, que no deja de ser interesante a todas luces desde los estudios de la complejidad, no es el que quisiera abordar para desempolvar una de las llamadas «mejores historias de viajes en el Tiempo». Más bien, quisiera detenerme en la pertinencia política y la aguda predicción de «Un Sonido de Trueno» para la realidad que se vive en el país del Norte Más bien, el célebre autor de ciencia ficción  tampoco sería el primer pensador que analizando detenidamente la constitución de su país pudiera pronosticar la facilidad que de ella podría derivar un individuo para establecer una dictadura. Más bien, fue el célebre matemático Kurt Gödel quien, durante su estudio para el examen de ciudadanía del país del Norte en 1947, encontró  una falla lógica interna que demostraba cómo legalmente se podría establecer un fascismo en el país del Norte y convertirse de esta manera perfectamente legal en un feliz dictador.  La fórmula nunca la expresó Gödel, pero siempre ha estado flotando el aire en los ambientes intelectuales dejando espacio a la amplia especulación y la amenaza constante de que este pronóstico se cumpla.

En abril del presente año, durante la visita de Angela Merkel, la Casa Blanca  destacaba la genealogía alemana (Deutsche) de Trump. Curiosamente, en el cuento de Bradbury es  Deutscher, obvia referencia a los alemanes y el nazismo,  quien representa el riesgo de una posible dictadura:

‹‹Tenemos suerte. Si «Deutscher» hubiese ganado, tendríamos la peor de las dictaduras. Existe un hombre que es un anti todo para ti, un militarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llamó, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decían que si «Deutscher» se volviera presidente, querían ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasiones, sino safaris. ››

Hasta este momento, todo es un gran alivio y esperanza para la gente de 2055. Pero no es sino a través del desarrollo del cuento que se observan las funestas precipitaciones que se derivan de no atender con cuidado los resultados de lo que posteriormente se llamó «Efecto Mariposa» y es allí, gracias a éste viajero del Tiempo, descuidado y torpe, a quien sus guías desearían haber matado antes o dejar allí abandonado a su suerte, en las selvas del pasado, que entendemos una explicación totalmente novedosa desde la ciencia ficción sobre la presidencia del germano-americano Donald Trump. Al haber afectado una condición inicial aparentemente sin importancia, Eckels, el turista torpe del Tiempo,  desencadenó una perturbación que nos ha alcanzado hasta el 2018 en forma de distopía política, con un villano tan vulgar y obvio que seguro Marvel quisiera comprar sus derechos.

Y si  bien existen algunos artículos hablando sobre la predicción de Bradbury sobre Trump, la mayoría apuntan a la novela Fahrenheit 451 de 1953; como el cuento Un sonido del Trueno tiene fecha de publicación de 1952, considero que ya el autor iba mascullando las atrocidades anti-intelectuales que se vendrían y luego abordaría extraordinariamente en su celebrada novela de Bomberos.

No me sobra otra cosa que invitarlos a leer el cuento y sacar sus conclusiones por ustedes mismos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reseña“Lucía sin luz”, de Gustavo Caso Rosendi (ediciones El Mono Armado, 2016). Por Leandro Alva

Sería muy sencillo afirmar que este libro se adentra con singular eficacia en los recovecos de la relación que urdieron el autor y su madre a lo largo de sus años de coincidencia sobre esta tierra.

Sería muy sencillo hacer un rejunte de fundamentos psicológicos y convocar a Edipo para esclarecer cuestiones íntimas de la problemática familiar y su reflejo en el ámbito poético.

Sería muy sencillo caer en el elogio fácil porque, de hecho, nos encontramos ante uno de esos libros que, desgraciadamente, no aparecen con la frecuencia esperable; un trabajo tiernamente filoso, por momentos cruel hasta el desgarro que permite abordar el vínculo madre-hijo sin tapujos ni condescendencias.

Por todo eso, el asunto no es tan sencillo.

 

Desde la cita que abre el poemario, Gustavo nos desconcierta con algunos versos de “La sonrisa de mamá”, clásico indiscutido de Palito Ortega. Y uno no sabe a qué atenerse porque ese toquecito kitsch nos deja más indefensos frente a las páginas que se nos vienen encima, nos ablanda un poco para luego darnos una caricia rugosa y persistente que nos transporta desde la calidez y la comodidad intrauterina hasta el destierro en la intemperie posterior, definitiva. “Mi territorio ha ido a parar a la basura”, exclama el poeta cuando atraviesa la línea que divide ambos mundos. A partir de ese momento, los tiempos se invierten y se superponen, en un juego de espejos donde el autor, finalmente, pasa a ser la madre de su madre.

De movida queda claro que la cosa no va a ser fácil; un “pecho agrio” será el alimento que más a menudo le va a ofrecer su progenitora, cuyo nombre-título se escabulle hasta el sexto poema, no así su presencia, que se respira desde la primera frase. Porque se habla tanto de la madre como de la ausencia de la madre, de su amor y su cuidado como de su falta de amor y su falta de cuidado. Lucía parece no haber sido una mamá perfecta (ninguna lo es, a fin de cuentas) pero el autor no tiene ningún reparo en confesarlo desde la honestidad más despojada. Y eso es un logro, un gran logro. “Sería muy fácil odiarla,  –escribe Caso Rosendi- pero tomo el camino más difícil.”

 

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Antología Tenebra (terror peruano). Reseña de Luis Bolaños.

 

Tenebra

Muestra de Cuentos Peruanos de Terror / Torre de Papel

Reseña: Luis Antonio Bolaños De La Cruz

 Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror, compilación de cuentos realizada y prologada por Carlos Enrique Saldivar, ya se encuentra a la venta en librerías de Lima a S/. 25.00. Esta es una muestra de literatura peruana contemporánea donde encontraremos historias que se insertan dentro del terror, el horror y el gore, en la web de la editorial viene con un mapa para consultar todos los lugares de venta.

 

La presentación de este libro se realizará el sábado 29 de julio a las 2:00 p.m. en el auditorio Abraham Valdelomar en la Feria Internacional del libro de Lima. Fernando Honorio y Helen Gárnica acompañarán al compilador con sus comentarios.

 

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Dedicada a Carlos Calderón Fajardo, ese escritor prolífico y sereno que nos deslumbra o que nos hiere con sus obras fantásticas cuajadas de extrañeza y nimbadas de belleza discurriendo en la periferia (pienso en “Playas”) del conocimiento o la emoción, pero convirtiéndola en diseño de geometría extraordinaria (trilogía sobre Sarah Ellen) e imaginación inagotable (cualquiera de su bibliografía).

Las deliciosas biografías pergeñadas para presentarlos no sólo humanizan sino logran que simpaticemos con los autores, hay algunas infidencias, que espero deliberadas, en el afán de actualizar los retratos que de alguno(a)s pudiéramos haber adquirido como anticipo.

La carátula de “La Clínica Digital” mezcla gótico y manga de terror (en especial Ringu: El Aro) con solvencia logrando inquietarnos y agarrarnos lo suficiente para que le echemos una segunda mirada y eso es clave y conveniente cuando sucede frente a la góndola del supermercado o el anaquel de la librería.

Se lee rápido, la calidad media es altísima… y no porque sea una antología de terror pergeñada en un país con una tradición breve y débil les desilusionará, unos gustarán más que otros, pero excepto un par, ninguno lo dejará indiferente, así que a hincar los colmillos, morder con fruición y retorcer el puñal en la hendidura (no importa cuál que será recibido con placer) mientras degustan sórdidos sucesos, posesiones oscilantes entre la ofuscación y la machaconería embrutecedora, monomanías compulsivas y hasta éxtasis sublimes, que los hay, aunque discrepemos de sus motivos motrices.

Prólogo; El Terror que nos atrapa: Carlos Enrique Saldívar consigue extraer fluidos multicolores de la versión historiada en que nos expone la presencia del género en nuestra literatura, recupera autores claves, puntea con tonos graves las temáticas de los 16 relatos mientras pasea por su amplia gama sembrando detalles, sugiere motivos para su relativa marginación y lanza explicación con fecha para su actual eclosión, sin olvidar nombrar las obras que ya configuran la panoplia del movimiento que empieza a dejar huella y a defenderse.

La Criatura de los Humedales: Liliana Flores Vega

Interesante crónica hilvanada con soltura y eficiencia que mezcla mitología inca con guiños lovecraftianos, en el primer caso Urpay Huachac alude en efecto a la que pare palomas en el pantano, considerada diosa del mar y de los humedales, madre de los peces y de las aves marinas, adorada por los pescadores; en el segundo se apropia de los conceptos de “antiguos Innombrables” y “no se puede matar a lo que ya está muerto”, horror de los horrores que actúa sin piedad, lo cual queda rubricado en esa posdata que muy bien podría cerrar un relato de los Mitos de Cthulhu.

Amor Filial: Jim Rodríguez

Una nota de suspenso vibra sobre la aparente apacibilidad de la noche, la rutina es quebrada por una aparición insólita y el terror empieza a tremolar y a depositarse en cada palabra reiterada, en cada razonamiento drenado, pero la fascinación mezcla de estupefacción y pasmo que se anida en las postreras oraciones le otorga la capacidad para sobrecogernos y aterrorizarnos. Exquisito sin ambages.

La de la Idiota Sonrisa: Carlos Carrillo

Atrapa desde la primera línea y se lee en un suspiro… tembloroso, porque no escatima el horror y las descripciones sanguinolentas; elevado manejo del tiempo narrativo de los tres personajes, la Madre no tiene nombre quizás representando a todas las madres, Lourdes la hija evoca el milagro embaidor de los pastorcillos de Fátima, esa farsa montada por la iglesia portuguesa, Mehrla la amiga equivale a mirlo: para los griegos era animal sagrado, aunque destructivo relacionado con miedo y promesas al mismo tiempo y en torno a esa vertiginosa relación se despliega un terrorífico plan que podría afectar a la humanidad.

Oxiuros: Jorge Casilla Lozano

Inicia con una muy buena metáfora: Infinitos recuerdos se alborotan en mi cerebro, intentando escapar por mi boca. Se asemejan a miles de murciélagos que quieren huir de modo alocado por una angosta grieta horizontal” Historia de un ermitaño amargado que crea vida a partir de sus -o debería decir de SU parásito- en un desenlace catártico y no por ello menos horroroso. Original y estupendo.

El Nacimiento de la Maldad: Sarko Medina Hinojosa

Imposible nacimiento de una bestia putrefacta pero que calza exacta en el propósito casi biográfico y metafórico que pugna por organizar ese cuerpo y esa voluntad nutrida por la ira y el deseo de venganza, presentado con una dosis de cotidianidad que lo torna manejable.

Disección: Yelinna Pulliti Carrasco

Potente (y asimismo suave) fantasmagoría que destila compasión por los cadáveres bajo el bisturí de la necropsia, formidable versión empática con cierta dosis de sarcasmo que conecta el mundo del espíritu con el mundo de la objetividad… pero la dimensión infernal envía su representante para la repetición del ciclo de “disección”. Altamente recomendable.

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