Archive | UBIK RSS for this section

Una escritura que diluye géneros. Entrevista a Sergio Chejfec

Por Andrés Felipe Escovar

La relación de Sergio Chefjec con lo que escribe no es natural: se aleja de la escritura a medida que incurre en ella. A diferencia de otros autores, los entornos académicos no le son hostiles ni los defenestra; es más, muchas de sus cavilaciones emergen en un registro cuya sombra es la prolongación de textos especializados, de modo que las imágenes emanadas de los nódulos textuales tensan el arco de una ficción cuyo eje argumental obvia acciones y tramas.

El escritor argentino vino a Bogotá con ocasión del XLII Congreso del Instituto internacional de Literatura Iberoamericana. Nos reunimos en la universidad Javeriana,  poco antes del inicio del segundo día del evento. Bebimos un café y conversamos.

 

-¿Tienes una idea exacta del momento o del proceso por el cual surgió tu interés por escribir?

-No se trató de un momento sino que fue una derivación en la juventud o la adolescencia. Desde los doce años hasta los dieciocho, tuve un interés marcado por la escritura; la literatura, en general, fue intermitente. Siempre me consideré una especie de escritor un poco tardío; publiqué mi primera novela entrelos  treinta y tres  y treinta y cuatro años… no importa mucho eso pero, comparado con otros autores, creo que fui un poco tardío y se debió a esa situación en que mi interés por la escritura y literatura no fue prematura ni natural.

No provengo de una familia, como es el caso de otros escritores, dotada económicamente ni vinculada a la cultura ni tenía muchos libros en casa. Eso hace que tienda a separar a los escritores que tienen una relación natural con la escrituramientras que hay otros que establecen una especie de combate con la escritura y ello implica una relación con altibajos. Sin hacer un juicio de valor sobre esas dos posiciones, sin querer decir que una vía es más eficaz o mejor que la otra, me parece que es un dato. Yo siento que pertenezco a esa segunda familia.

Comienzo en la adolescencia. Leo, más que literatura, libros de política, de ciencias sociales. Mi juventud pertenece a los setenta:ingreso al secundario en el 72; es una década muy politizada en Argentina y  muy marcada por la dictadura en su segunda mitad.  Para mí, la lectura era teórica de izquierda, de marxismo; leía de una manera absolutamente impune libros que me atraían por el titulo o por el grado de profundidad teórica que podrían prometer pero no porque los entendiera. Creo que eso fue dándome una especie de hábito de la lectura un poco bizarro en el sentido de que hubo cierto aprendizaje estético vinculado con la literatura que yo leía, que no era una literatura literaria sino teórica,y que no pasaba por su valencia estética  sino por su vinculación con los argumentos, con el desarrollo conceptual, con la coherencia con el tema,con el punto de vista. Todo esto me marcó para después elegir la literatura. Para míla literatura es un campo de tensión; tendí a tener, junto a la idea de narración, una nociónun poco ensayística donde las ideas, aunque no pertenezcan al mundo material o de la historia sino a un mundo conceptual, tienen un estatuto similar a otras categorías más naturales para la narración como la intriga, los personajes, el avance… etc.

Yo entroaleer ficción a los 17 años,  con  textos quizá más duros como los de Kafka: algún tipo de literatura europea de menos acción. Kafka para mí fue una especie de ídolo en la adolescencia (lo sigue siendo ahora pero de otra manera). Lo leí en traducciones;  para mí tenía una capacidad de irradiación muy grande porque me sentía compenetrado con esos climas creados en sus libros de personas absolutamente  incomprendidas que están obligadas a vivir en un medio que no les pertenece espiritualmente.

Después quise hacer antropología pero, finalmente, me derivé hacia la carrera de letras en la UBA. Eso, de alguna manera, tuvo que ver con que yo tenía ejercicios narrativos medio privados. No me sentía capacitado para nada ni comprometido con una vocación, que sentía borrosa para mí, y pensé que la literatura era un escenario adecuado porque entendía que no me exigía mucho, me contenía, incluso mis fallos, mis propias fluctuaciones de interés y desinterés. Luego se fueron conformando las cosas y me fui comprometiendo con mi propia escritura; conté con la suerte de encontrar una serie de amigos en Letras con los que tuve una afinidad muy fuerte y siento que ese grupo me ayudó mucho para sostenerme. Además, fui afortunado por tener una formación paralela de la universidad que en ese momento estaba colonizada por la dictadura: tomé cursos privados con Beatriz Sarlo y su manera de leer la literatura fue decisiva porque me enseñó a escribir de una manera a partir de cierta forma de leer el trabajo de los demás. Así que eso fue como una deriva, no marcada por muchos hechos concretos sino una especie de navegación un poco incierta pero que únicamente puedo reconstruir de manera direccional porque hago la mirada desde el presente… seguramente en esos momentos no iba para ningún lado.

Hasta que publico mi tercer libro, ya escrito en Venezuela, que se llama El aire, sentía que  seguir en el campo de la literatura abandonarlo. N o había nada garantizado. Posiblemente por esa relación no natural con la literatura.

Read More…

La chica mecánica. Ficción climática monumental. (Reseña)

Esta novela,ambientada en la Tailandia del siglo XXII, contiene todos la variedad de subgéneros  “punk” que se puedan imaginar: steampunk (tecnologías futurísticas a base de carbón y vapor), dieselpunk (artefactos pesados impulsados por motores diesel), biopunk (hackeos biológicos, manipulación de ADN, bancos de semillas) y cyberpunk (grandes sistemas de datos informáticos). Si es por nuevos géneros, también se puede  afirmar indubitablemente que se acopla a lo que Dan Bloom entiende como Cli-Fi, o Climate Fiction, es decir, una historia en donde el cambio climático cumple una función protagónica. Y,  finalmente, cumple todas las prerrogativas necesarias para considerarse una clara distopía política.

Además,  La Chica Mecánica, ópera prima de Paolo Bacigalupi, ha sido merecedora de los principales premios del género: Hugo, Nebula, Locus, Campbell e Ignotus (en España). Arrasadora serie de reconocimientos que ipso facto obliga a detenerse en el análisis de la obra.

windup.jpg

Aunque la portada en español es buena, esta japonesa me parece extraordinaria. 

La historia está contada en un estilo polifónico, muy al estilo de Philip K. Dick, en el que a través de varias líneas paralelas se va desarrollando y entretejiendo una trama más compleja hasta que se cruzan cada una de estas realidades modificando finalmente la inicial para desembocar en un escenario completamente nuevo.

Entonces tenemos la historia de Anderson Lake, ciudadano extranjero que tiene una empresa fachada de desarrollo de muelles percutores cuando en realidad es un agente de una industria de proteínas con intereses en Tailandia; Hock Seng, es su secretario personal, un chino malasio refugiado viviendo al borde de la extradición; está la historia de Emiko, la chica mecánica, que es un neoser, una humanoide modificada genéticamente creada en Japón pero abandonada en Tailandia en donde se le da un uso exclusivamente sexual, pero con una consciencia existencialista de universitaria occidental que no puede con ella; y un oscuro héroe nacionalista, ex campeón de peleas muay thai, llamado Jaidee junto a su malhumorada compañera Kanya.

Read More…

LAS VALIENTES TAMBIÉN ME GUSTAN — Umberto Amaya L.

LAS VALIENTES TAMBIEN ME GUSTAN 

Umberto Amaya Luzardo

Vamos entonces, tú y yo,
Cuando el atardecer se extiende contra el cielo.
 
Thomas S. Eliot

 

 

 

Arauca, octubre 16  con calor de medio día.

Carajita: Deja que te llame carajita para que así, con un poco de intimidad pueda contarte mejor las cosas. Contarte por ejemplo que el lunes al caer la tarde te vi por primera vez, y  el miércoles en la mañana se formó el mierdero. Ese lunes lo tengo claro,  pasaste  rozando  el puesto de las empanadas pequeñitas que venden  a solo trescientos pesos. Yo  estaba ahí parado mirándote  y en la alegría de ver una catira bonita, te sonreí y tú, con una sencillez  que casi me congela, me devolviste en lazo abierto  tu sonrisa.

–Prueba  una, yo invito– te dije, y me respondiste que no. Pero insistí pidiendo que por favor  la aceptaras para no sentirme despreciado –Si quieres mejor llévate diez, que yo con gusto las pago. –Llévaselas a los presos, que ahí no más queda la cárcel– te dije,  casi que con  autoridad. ¿Te acuerdas?

–El miércoles entendí por qué te gustó la idea y por qué me aceptaste las  empanadas que te dieron en una bolsa de papel con la parte de abajo transparente  de manteca. Te las entregaron, sacaste una y  la mordiste comprobando que son pequeñitas pero deliciosas. Unos  segundos  no más te vi a los ojos y quedé  sorprendido, porque las catiras de estos lados son marmoleñas y de ojos  claros y otras más escasas todavía,  tienen ojos de candela en marzo, pero los tuyos son diferentes, tienen  un verde intenso color retoño.

Te vi las tetas mal escondidas en la camisa y se convirtieron  en un imán para mis ojos; tú lo notaste y poniendo el semáforo en verde, me dijiste con picardía de cómplice: -las tengo un poco grandes, pero con una plata que voy a recibir les voy a disminuir una talla. Lo dijiste por mamar gallo y mamando gallo te respondí: –No, yo te pago la operación, pero no para que te las disminuyan sino para que te las agranden,  que a mí no me gusta acariciar sino amasar con furia- te dije, feliz de encontrar una mujer como tú, sin escrúpulos de monja ni vergüenza genital, pero  sentí en tus palabras la necesidad que tiene  todo recién llegado de poder comentar con alguien afín sus emociones, y vi también en el fondo de tu alma  el vaso de angustia que debías beber. Quiero decir con esto, lo que el olfato me dijo, que no habías llegado al pueblo a turis-vagabundear  sino que en algún cruce serio te movías. Por eso, no te pregunté el número  telefónico, además, no cargabas celular, yo me di cuenta. Te pedí el correo y en un pedacito de la bolsa que no estaba enmantecado lo apuntaste y  todo sucedió como en esos amores ridículos, en que los acercamientos jamás pasan de besito en la mejilla,  y es verdad, entre nosotros no ha pasado nada todavía, pero en el pueblo sí, en  el pueblo se formó el mierdero y fuiste tú la protagonista.

Antes que todo eso sucediera yo tenía ya tu dirección  electrónica, que escribir por  internet es mi fiebre, porque en la escritura tiene uno  la intimidad y el encanto de rumiar las palabras, en cambio con el teléfono debes ser  más repentista y estás siempre peleando con los minutos y cuando no estás acostumbrado te atoras,  y como en el amor, hasta las palabras se acaban. Pero mi vicio es intercambiar mensajes largos con mis amigas cibernautas y las que por pereza empiezan mandando frases de Pablo Cohelo, o  grupos de oración en cadena, les doy el preaviso y si insisten en sus pendejadas y en su  contaminación visual, les cierro los vidrios. Y en esta vida  de peregrino que me ha tocado, cuando paso por los pueblos busco las peladas que se escriben conmigo y les hago la visita.

Read More…

Como una hormiga dormida/ en las telarañas de Praga. Reseña de “La revolución de terciopelo”

Por Leandro Alva

 

LA REVOLUCIÓN DE TERCIOPELO,  de Juan Pablo Bertazza

(Edulp, 2017) – Ilustraciones: PEI-HSIN CHEN

 

Antes que nada, debo decir que este libro acierta justo en el centro de mi nostalgia y de mi sensiblería. La ciudad de Praga ha sido una de mis obsesiones desde el año 2001, cuando pisé sus calles por primera vez. Luego tendría la fortuna de vivir y estudiar en ella. Y supongo que mi reacción no fue muy diferente a la de Juan Pablo Bertazza. Solo que yo no pude poner en palabras esa geografía que me cambió el destino sino hasta mucho tiempo después de aquella visita inaugural.

Síndrome de Stendhal (o de Florencia). Así fue bautizada una “patología psicosomática” que supone una suerte de anonadamiento ante la omnipresencia del desborde estético (algunos lo llaman estrés del viajero, pero a mi me gustan más las otras denominaciones). Años después de mi primer viaje a la ciudad dorada supe que, tal vez, yo había experimentado algo parecido. Esa belleza insalubre que nombra Bertazza en uno de sus poemas no me deja mentir.

Antes hablé de desborde estético, de grandilocuencia, y eso es justamente lo que el autor no se permite. Los poemas son económicos, medidos. En ocasiones, apenas trazos impresionistas afiladísimos que recuerdan la austeridad oriental del haiku. Y esto, según mi parecer, constituye un gran logro porque ante esa exuberancia monumental que ofrece el paisaje praguense, el poeta responde con una brevedad y una concisión monolítica que acaso funciona como un exorcismo, un antídoto a tanto desparramo de esplendores.

Read More…

Bird Box, la antípoda analgésica a They Live

(Esta es una reseña a una película de Sandra Bullock que no ganará un premio Simón Bolívar)

never bullock

 Nunca había visto una película tan anti- They Live como Bird Box. Así mismo, nunca me había sentido tan identificado con el bando enemigo: los locos soñadores que veían la belleza en la oscuridad del ente y que deseaban que otros “vieran” así esto condujera al suicidio de la gente “normal”.

En el análisis de  Zizek a  They Live habla de la “lucha por la ideología” cuando Nada lucha con su amigo afro para que éste se ponga los lentes para ver la realidad reptiliana. Este violento enfrentamiento se debe precisamente porque, en palabras del filósofo, la libertad es algo doloroso. Es precisamente de lo que se trata Bird Box, de evitar a toda costa este dolor de desprenderse de una ideología  y la negación de  la libertad es lo que gana.

La reticencia por vivir sin ver, el miedo a enfrentarse a esa oscuridad que entristecía demasiado.

¿Por qué a los locos no les afectaban estas mismas visiones que a las personas comunes? La clave está en Gary, el loco infiltrado en la casa. En el momento de parto, se instala en el estudio, pone música clásica y pinta cuadros de entidades lovecraftianas (parecidas a las de Stranger Things), las que presumiblemente son las que llevan a la gente a la locura. Luego desea compartir esta verdad con el mundo. Al momento de enfrentarse con Douglas (John Malkovich) le dice: ustedes acostumbraban a encerrar a gente como yo, ahora es nuestro turno. Toda una declaración de principios contra la sociedad de control y vigilancia.

gary drawing.jpg

Los dibujos de Gary (más allá de la alusión obvia al universo de Stranger Things) me recordaron a mis garabatos de adolescente. 

Y luego su deseo porque los bebés vieran. ¿Por qué en la película nunca muestran qué sucedería si los bebés, seres sin ideología, pudieran ver? El error del loquito Gary fue poner a ver gente poco competente. Estos se mataban. ¿Por qué? Porque habían perdido en ese futuro posible una experiencia que los artistas conocen bastante bien, y por lo general se conoce como el síndrome de Stendhal, lo cual significa la “dolorosa contemplación de la belleza”.

tumblr_inline_np80fb3ysm1qk1op9_500.gif

Los humanos se matan en esta distopía no por la maldad inherente en lo que veían, sino por la perdida de esta experiencia; la verdad era “demasiado bella y los ponía muy tristes”: Lo mismo que una buena obra de arte, o incluso un atardecer genera en una persona hipersensible. La persona que por primera vez ve el mar y se llena los ojos de lágrimas ante la inmensidad y hermosura oceánica. Quien ve la curvatura de la Tierra por primera vez. El que observa la cara de su hijo. Son personas que saben que la belleza es desgarradora.

Pero el artista sobrevive la experiencia desgarradora de la belleza todos los días de su vida, es su material de trabajo; lo mismo el loco. El loco que tradicionalmente es la persona que contempla al sol con el ojo desnudo. Podríamos pensar en la sociedad futurista de Bird Box como una sociedad que, para contener la tristeza y el dolor, al mismo tiempo contiene la belleza y por esto la gente es ajena a este sobrecogimiento e ignorante de esta pasión, se ve excedida y opta por el suicidio.

¿Y por qué entonces esta entidad-experienciastendhal no es una belleza iluminadora y alegre? Podría ser, en un Universo más cándido. Pero son muchos los artistas, a lo largo de este siglo, que han encontrado existe un camino en la oscuridad y la tristeza que conduce a la más extrema belleza. En palabras de Philip K. Dick (a quien imagino como uno de esos locos terroristas que luchan porque la gente viera):

EL ABSOLUTO SUFRIMIENTO GUÍA -ES UN MEDIO PARA- LA ABSOLUTA BELLEZA (Exegesis) 

P-k-Dick

Te quitaré esa venda que tienes como ilusión de realidad. 

Una sociedad analgésica definitivamente hará lo posible por no llegar a esta absoluta belleza, y es lo que la película de la Bullock nos enseña.

Sobre mamadas y currambas 2017- 2018 #memes

 

Después de la tormenta de perder el dominio .com nos constituimos como una organización dedicada al mame. El año pasado intentaron silenciarnos pero el poder de la providencia de la ternura nos ha permitido volver, y ahora con más fortaleza que nunca. Por eso, desde hace un año, nos engalanamos como milinviernos.org Deseamos, en un principio, trasladarnos a milinviernos triple x, pero los costos eran altísimos para esta aventura de ternura. Empero, nos aprestamos a compartir con los respetados lectores, la producción memísticas de estos dos años que ha seguido siendo constante y masiva como las depresiones que nos acechan todos los días al levantarnos de la cama, ya sin las erecciones de los tiempos de juventud sino con la flacidez que otorgan tantos divorcios.

 

Es hora pues de advertir que estamos más cerca del ancianato que del jardín infantil,  y por tanto, saber que el olor a pañal volverá a nuestras vidas con mayor importancia y furia. Esperamos que disfruten este repaso y así tener la claridad de que todos los años estarán más llenos de desgracias pero al tiempo más sensatez como para que eso importe.

Y saber que este pequeño no tiene huevitas

 

 

Read More…

La ciencia hecha por los negros: una relación del descubrimiento de un antídoto en la expedición botánica

En “The Lola Verga´s big band” reiteramos el patronato de José María Vergara y Vergara en las letras nacionales y su irradiación en nuestra escritura. Esto lo confirmamos en una de las malhadadas presentaciones del libro: una mujer nos recalcó el carácter falocéntrico de nuestro libelo – claro está, aún no lo había leído pero quien nos invitó a la charla ha degustado ponernos frente a un grupo de lectores de Vila-Matas o Aira, que aplican teorías de género y desconstrucciones del sujeto burgués a cualquier texto/discurso para así convertirnos en los primates objeto de risa, reprobación e, incluso, inconformidad-.

A pesar de la repetición obvia que reflota en el apellido de este padre de las letras de Colombia  (¿será una fatalidad del parnaso de la poesía y prosa del país?), recordamos a don José María porque, en su Historia sobre la literatura en la Nueva Granada, hay atrevimientos que llamarían la atención a doctondos versados en lecturas de Paul de Man o Mignolo: en su último capítulo, por ejemplo, se ocupa de transcribir cantares llaneros, coplas del altiplano cundiboyacense y canciones del pacífico.

Además, se atrevió a realizar una explicación que trascendiera la mera erección de héroes  de los movimientos independentistas; abordó las políticas educativas que se dictaban desde la corona, la influencia de la iglesia y los escritos hechos en los siglos anteriores a las refriegas que condujeron al final del imperio español y el nacimiento de las repúblicas sudamericanas. Tan categórico como sus apellidos,  es el análisis que hace del origen de la la familia Caro: se retrotrae a dinastías romanas de egregios poetas para explicar el talento que habitaba las plaquetas de esa estirpe, es uno de los monumentos más notables al lameculismo que ha campeado por estos lugares.

También citó un escrito de Francisco Javier Matiz, uno de los pintores de la expedición botánica. En el mismo se expone la manera en que se descubrió un antídoto para el veneno de las serpientes: un negro, de quien sólo se sabe el nombre (Pío), tuvo la claridad de encontrar indicios en la naturaleza.  Después, La Historia le adjudicó toda esta desaforada empresa a la perspectiva moderna que trajo Mutis, con lo que se ha obviado uno de los conflictos de los que se pueden valer futuros tesistas para continuar trabajando en investigaciones que problematicen las categorías hechas al otro lado del atlántico.

A continuación, el texto de Matiz:

En la ciudad de Mariquita, en el año 1788, se hizo el descubrimiento del guaco por Francisco Javier Matiz, por haber hallado al negro Pío, esclavo de don José armero, con una culebra viva en las manos, y haberle preguntado dónde la había cogido.

Dijo que a la venida de la hacienda de su amo.

-¿A que te adivino, le dije, las contras que usas?

-¿A que quizá, contestó, sabrá su merced?

Díjele que usaría del bejuco curare.

Contestó que sí.

-¿De la necha?- Que sí.

– ¿De la fruta del burro?- Que sí-

– ¿Y fuera de esas usarías otras?

A lo mejor me contestó: hace poco descubrí otra que me parece es mejor que las nombradas.

Y sacando del bolsillo una hoja, me la mostró, y refiriéndome cómo había sido el descubrimiento, dijo:

Que estando desherbando unas yucas en la hacienda de su amo, vino una águila que nombran guaco, y se paró en un árbol: que estuvo cantando guacó guacó…. Y qye luego se dejó caer entre el bosque; y oyéndole dar aletazos, le causó curiosidad de ir a ver qué eran dichos aletazos, y vio al águila en acción de coger la culebra, la cual se le prendió, y en el instante levantó el vuelo, y se fue. El negro la siguió para ver dónde iría a caer, y vio que a la ceja del bosque se sentó y vomió de las ojoas del bejuco guaco, y retrocedió en busca de la culebra, y la halló en el mismo sitio, y la cogió y se la llevó a comércela a  otra parte; que fue el negro y reconoció de las hojas que había comudo, y reflexionó: cuando este animal ha comido de este bejuco, buena contra será.

Read More…

La llama{ra}da del Festival de Artes y Lectura de Saravena 2018

Unas voces extrañas están comentando.
¿Qué están diciendo?
Cosas que no puedo entender,
está demasiado cerca para acomodarse
El calor se ha salido de las manos.
 
Cruel Summer. Bananarama.
Llegamos alrededor del mediodía, jugando de locales, como escritores de la región, en el mismo vuelo, sentados en la misma fila, Álvaro Cristancho Toscano y yo.
¿Saravena tiene escritores? A pesar de su corta edad como municipio establecido en 1976, es una de las ciudades más célebres de la región araucana, no solo por sus hechos violentos, sino por el impulso comercial y urbanístico  o mejor expresado por el cantor de Arauca, Juan Farfán:
El municipio más joven y el que más ha progresado Y el más famoso en la historia de los pueblos Colombianos. 
La cultura en Saravena es una explosión natural de bailarines de joropo, músicos, artistas y ¿quién lo iba a pensar? hasta escritores. Escritores que muchos en Saravena incluso desconocían  pero que siempre se sintieron amarrados a sus raíces, ya sea por lazos familiares, de amistad o sencillamente porque el cordón umbilical jala más fuerte y no hace olvidar el azul de su cielo a quien abrió los ojos en su lontananza. Estos escritores fueron invitados al festival de Arte y Lectura de  Saravena para presentarnos, en palabras de Rafael Martínez Arteaga (El cazador novato), como los hijos de la llanura.
Llanura, yo soy tu hijo, trátame como mi madre.
Junto a otros escritores nacionales, teníamos programadas unas interesantes actividades que involucraban sobre todo al público escolar pero en la que podía participar cualquier persona interesada en perderse en los moriches de la imaginación.

Algunos asistentes febriles:

En la tarde me dediqué a descansar y leer el relato “Mariguaneando” de Umberto Amaya Luzardo, escritor nacido literalmente en una rivera del Arauca Vibrador, así que más alma llanera no puede tener. Mientras leía esta historia de drogas comía uno de los suculentos salchipapas típicos de la región, que le ganan a los que Gaston Acurio recomienda en Lima.  Del relato solo puedo decir que me hizo sentir el alma primorosa del cristal al reconocer una literatura tan cercana a la mía de una persona que está por todos lados conectada conmigo.

Con mis tíos escritores locos en el parque de Saravena. Como decía Piglia: la vocación literaria es algo que se hereda de tíos a sobrinos.

Más tarde nos encontramos finalmente en el parque central, como si se tratara de una predestinación de fabuladores de las mil y una noches sarareñas que están por contar.  Después de tomar unos buenos shots de esperanza, nos encontramos a la responsable de toda esta locura, una señorita del Santander llamada Tatiana Muñoz Pardo, y fuimos con ella a disfrutar de las suculentas empanadas de un primo mío que alguna vez ostentó el prestigioso título de ser el hombre más gordo de la región araucana. Debo decir que estaba obnubilado con lo que Polo Montañez llamó alguna vez “un montón de estrellas”.

 

En la noche soñé que mi abuelita todavía estaba allí, durmiendo junto a mí,  y al amanecer recordé la vez que encontramos casquillos de bala frente a la ventana. Era la época de la violencia más absurda. Entendía, siendo tan pequeño, que estas balas pudieron cruzar las paredes y alcanzarnos. Pero ya no estaba ella, solo estaba el sueño que yo había tenido de ella y me sentí demasiado conmovido como para no anhelar ya una de esas balas. Pero el día convidaba a celebrar la cultura, el afán de promover la lectura y el propósito de brindar esperanza a estas nuevas generaciones que veían en nosotros una alternativa de vida construida a partir de palabras e imaginación. No podía retener más a mi nona a través de la pena y lo mejor que podía hacer era levantar la cabeza y elogiar ese llano tan hermoso que la había creado y que ella había ayudado a transformar, a través de todos esos niños que la adoptaron también como su abuela, y por la que aún hoy es llamada Mamá Chava por las calles luminosas de todo el pueblo.
En el día tuve la oportunidad de conocer dos escritoras invitadas al encuentro, que también tenían programadas actividades a lo largo de la jornada:  Judith Arévalo y Beatriz Vanegas Athías. Allí también me encontré a un nuevo amigo, Nelson Pérez, que recientemente publicó el libro de cuentos Espirales Rotas, una colección de relatos con sabor criollo pero también con la espontaneidad de la nueva generación de araucanos, que encuentran gratificación en el recuerdo de un partido de fútbol y sus primeras novias, sin dejar de lado la conciencia y crítica social del duro contexto en que se encuentran.  Pérez se ha dedicado a promover talleres literarios esperando que de allí salgan nuevas máquinas de escribir que narren más allá de él.

Read More…

El clon de Borges: una novela de Campo Ricardo Burgos

La máquina de hacer Georgies

El millonario Miguel Ospino, fanboy de Borges, decide clonarlo. Su labor de crianza de ese nuevo genio, es tan minuciosa que lo deja sumergirse en el idioma porteño que luego enriquecerá la lengua literaria de ese duplicado del afamado escritor argenito para así construir nuevos escritos desde el aislamiento de una hacienda de Villa de Leyva (Colombia).

El Georgie clonado ocupará sus días en la lectura y la escritura de modo tal que saldrán nuevas novelas y ensayos e, incluso, versiones y variantes de los escritos que el Borges original hizo. Este aislamiento de una criatura tan inviable como el clon, semeja a la novela con el tinglado de la isla del doctor Moureau.

La historia comienza cuando a Saker, un académico que estudia con un entusiasmo que limita con la obsecuencia  la literatura del autor de Historia universal de la infamia, lo contacta un empleado del millonario para llevarlo a ese lugar que habita ese monstruo de las letras que continúa con lo hecho por el Jorge Luis que nació a fines del siglo XIX.

La clonación de Borges instituye la figura de un Pierre Menard que trasciende el ámbito de lo establecido como literario: el duplicado de Georgie no es invidente ni se involucra con una mujer de izquierdas que hace constar la impotencia, el complejo edípico y el terror del más celebrado autor del siglo XX que no ganó el nobel.

El clon de Georgie no implica que sea él mismo. La sugerencia de que esta criatura escriba en lugar de dedicarse al tejo o sembrar olivas en los campos de Villa de Leyva, implica una perspectiva no determinista de los genes; es necesario un ambiente que, cruzado con las potencialidades biológicas, permita la aparición de un monstruo de las letras y, por lo tanto, se construye un mundo en el cual la noción de libertad entra en tensión con la del destino glorioso.

Read More…

La óptica de la ciencia ficción. Reseña a Punto Ciego, de J. A. Conde

 

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

– Jorge Luis Borges

LA ÓPTICA DE LA CIENCIA FICCIÓN. 

RESEÑA A PUNTO CIEGO, DE JUAN ALBERTO CONDE A. 

 

“Del ojo al pene el camino es breve”. Una frase lapidaria, pero tal vez una que el autor preferiría no fuera la más célebre, que aparece en boca de uno de los personajes del libro, que no tiene nombre, sino al que se le llama sencillamente como El Acuario; con esta frase, no exenta de gracia pero poco elegante,  inicio mi reflexión sobre la novela de Conde, que incita a cuestionarse sobre esa cercanía casi dependiente entre la filosofía y la óptica, con la que podríamos reformular un nuevo aforismo que rezara: “De la filosofía a la óptica el camino es breve”.

De manera semejante a la del desafortunado Baruch Spinoza, que tras ser excolmulgado de la religión judía en Amsterdam debió entonces dedicarse a la labor de pulir lentes, labor que le otorgó cierta celebridad en su época y cuya inventiva magistral incluso lo impulsó a desarrollar unos excelentes lentes para telescopios; así como George Berkeley, el obispo irlandés que demostró que toda existencia se fundaba en el acto de percepción, llevando el idealismo a su extremo más delirante, y de este modo, terminó también desarrollando una teoría de la óptica; y lo mismo que siglos después, un lascivo bibliotecario francés llamado Georges Bataille llevara sus investigaciones sobre el erotismo al plano escatológico del glóbulo ocular en La Historia Del Ojo; tenemos claro que, desde luego, no resulta nada increíble que del sendero de la reflexión filosófica se extravíe el pensamiento hacia el bosque maravilloso del oculismo.

Esta fue la historia arquetípica que vivió Henry, el joven protagonista de la novela, cuyas meditaciones filosóficas urgieron un siguiente paso hacia la experimentación práctica de la percepción óptica, por lo cual su paso por la facultad de Filosofía le dio un bagaje teórico que solo encontró una posibilidad de desarrollo práctico en la labor prosaica de una óptica bogotana. Pero no fue sino hasta que el hado le posibilitó conocer al ejemplar más imperfecto visualmente (a quien ya nos referimos en primera instancia como “El Acuario”) que este joven Víctor Frankenstein optometrista pudo darle rienda suelta a sus más extrañas especulaciones, confrontado a un nuevo universo que su Golem gafufo prometía brindarle.

Read More…