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Libros de cabecera para ágrafos y lectores introvertidos

Por: Francesco Vitola Rognini.

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Ha regresado a nuestro espacio, Francesco Vitola Rognini (autor de Hambre de Caza y Héroes Decadentes: ambos publicados en Milinviernos) con una serie de artículos que versarán sobre libros, películas o videojuegos. Estos están articulados al proyecto Vademécum (investigaciones sobre literatura y ciencias sociales) que desarrollará de aquí al 2025. Las reseñas estarán agrupadas bajo el título “Entre líneas”. 

 

Un lector introvertido aprovecha el confinamiento para ponerse al día con lecturas atrasadas, libros adquiridos antes de que el Coronavirus nos cambiara la vida de la noche a la mañana. Este lector, algunos años antes, había conocido la figura emblemática de Bartleby, el escribiente, creada por Herman Melville, gracias al libro Bartleby y compañía de Enrique Vila- Matas. En aquel momento la fascinación se vio reflejado en el personaje: <<No soy el primero enfrentado al dilema de no querer escribir, pudiendo hacerlo>>. El <<prefiero no hacerlo>> de Bartleby se convirtió desde entonces en un mantra que lo acompañaría por el resto de sus días. 

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¿Si celebrados escritores —la lista excede las dos cifras— han sentido fascinación por los ágrafos, por qué habría de sentirse mal el escritor anónimo que optó por hacer de la lectura una prioridad en su vida, ante la falta de motivación para seguir escribiendo? Saberse parte de una tradición literaria le dio esperanzas pasajeras, aunque con el tiempo comenzó a sentir la improductividad como una enfermedad, expresado por Vila-Matas en éstos términos: <<Hoy es un mal endémico de las literaturas contemporáneas esta pulsión negativa o atracción por la nada que hace que ciertos autores literarios no lleguen, en apariencia, a serlo nunca>>(P.24). 

Años después, sin poder haberse librado del mal y refugiado en su sosegada naturaleza introvertida y propensa al silencio, el lector introvertido continuó aplicándose al esquema de <<prefiero no hacerlo>>, aunque siguiese leyendo y acumulando libros. Uno de esos títulos, su última compra antes del confinamiento impuesto por la pandemia, fue Manual de escapología. Teoría y práctica de la huida del mundo, de Antonio Pau, lectura que reproduciría en él un sentimiento análogo al que experimentó al descubrir la investigación sobre los ágrafos de Vila- Matas. De inmediato, el Manual de escapología se convertiría en material de estudio, y la bibliografía ahí citada pasaría a ser punto de referencia para futuras lecturas. 

No es extraño que los lectores sientan, de vez en cuando, que un libro llegó a ellos como caído del cielo, libros que vienen a resignificar momentos específicos en la vida del que los recibe con gratitud. De ahí que se repita tanto aquello de <<los libros lo encuentran a uno, y no a la inversa>>. Y aunque en la vida hay por igual espacio para la superstición y la poesía, lo cierto es que teniendo una bibliografía a la mano la búsqueda deja de depender del azar. Por lo que, si tuviese que recomendar dos o tres libros a un lector introvertido o a un ágrafos, deseosos de leer o crear en paz, lejos del mundanal ruido y la cháchara superflua, les sugeriría los antes citados. 

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Tesis de maestría sobre Shikasta de Doris Lessing, de Keidy Lorena Sosa Pineda

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Es posible consultar virtualmente, a través del repositorio institucional de la Universidad Javeriana,  la tesis «Un caso marginal dentro de la Ciencia Ficción. Shikasta de Doris Lessing» requisito para optar por el título de Magíster de Literatura, de Keidy Lorena Sosa Pineda.

Este fue un trabajo en el que presté el servicio como director y asesor de tesis, pero me permitió conocer uno de los trabajos más interesantes de la literatura de ciencia ficción, de parte de una mujer que poco reconocida en el fandom, fue una defensora acérrima del género:

“la ficción del espacio constituye, junto con la ciencia ficción, la rama más original de la literatura contemporánea; que es imaginativa e ingeniosa; que ha revitalizado ya todos los campos de la palabra escrita; y que los académicos y pontífices de las letras hacen mal en desdeñarla o ignorarla, aunque, claro está, siendo como son, no quepa esperar de ellos otra cosa. Este punto de vista parece estar convirtiéndose en la materia misma de la ortodoxia.”
Excerpt From: Doris Lessing. “Shikasta.” iBooks.

Aunque posteriormente por los mismos ataques que recibió de un público a veces muy hermético con sus figuras la rechazó,  ella posteriormente declaró que su novela Shikasta y su serie Canopus en Argos no era ciencia ficción, sino «literatura sagrada».

Por esta posición incómoda de la autora, que una vez reconocida dentro del mainstream causó extrañeza por atreverse a penetrar en un «género menor» y la misma posición de los lectores de ciencia-ficción que nunca la terminaron de aceptar como una autora valiosa dentro de esta literatura (revisar las frecuentes listas de autoras de ciencia ficción y verán que casi nunca aparece su nombre, aunque autoras como Rosa Montero reconozcan su evidente influencia a partir de ella), es que se habla de Shikasta como un caso marginal, no solo dentro de la literatura sino de la literatura de ciencia ficción.

Bueno,  quisiera hablarles y compartirles más de los hallazgos que encontré  gracias a la oportunidad y el privilegio que tuve de trabajar esta obra junto a Keidy Lorena Sosa, que se desempeña como maestra, para abordar desde una perspectiva juiciosa y al tiempo desprejuiciada de la pluma de alto vuelo de Doris Lessing, quien se ha terminado de volver una obsesión también para mí; pero en lugar de eso, los invito a que lean esta obra única, no solo en Colombia, sino en Hispanoamérica, pues con contados casos, ha sido poco el interés por la ciencia ficción de Doris Lessing, lo que también  le añade a ese toque marginal que se alude en el documento.

 

Resumen

Shikasta, que significa roto en Persa, es el título con el que designó Doris Lessing a su primer libro de Ciencia Ficción, dentro de una serie de 5 libros denominada “Canopus in Argos: Archives”. Shikasta es la historia milenaria de la humanidad. Fue una novela escrita por la undécima mujer en ganar el premio Nobel de literatura en el año 2007 con su obra El Cuaderno Dorado. El presente trabajo buscó comprender por qué Lessing incursionó en Ciencia Ficción, un terreno desdeñado por el canon. Para lo cual, primero se indagó el contexto de la autora, sus influencias y preocupaciones intelectuales. En segundo lugar, se reconoció y abordó la estructura de Shikasta para poder analizar sus narrativas y las referencias a las que recurre. Posteriormente, se definió el género de Ciencia Ficción, las inquietudes que abordan el género y el lugar donde puede inscribirse una obra como Shikasta. Finalmente, se encontraron algunas posibles razones que motivaron a la escritora a aventurarse a escribir libros de Ciencia Ficción, en particular Shikasta.

 

Sogas y moscas. Un poema de Mari Cris

Sogas y moscas.

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Una mosca me vino a buscar, ya le dije que no puedo salir pero insiste.
Una vez a la semana busco pastillas en un hospital,
y me siento en la galería a ver caer la tarde.
Pienso en paisajes que conocí y que no sé pintar,
pienso en el vacío existencial de esta tarde.
En la señora que sale a comprar con la cara tapada,
en los gritos de los niños  en las casas vecinas.
Pienso en esa gente que está aprendiendo a vivir en familia
y en las que romantizan las miserias de la soledad.
Pienso en las mujeres que “aparecen” muertas,
y en las que se ahorcan en la comisaría de un pueblo.
Pienso en las sirenas que se escuchan por la noche,
en las luces azules que iluminan  las caras del desvelo.
Pienso en que todavía me quedan puchos.
Todavía me quedan libros.
Todavía me quedan amigos.
Pienso que hoy tampoco voy a usar la soga…
Echo una vez más a esa mosca insistente y vuelvo a la cama.
Mari Cris

 

Editorial MilInviernos ofrece ARRÚLLAME RAMONA para Libre Descarga y distribución

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ilustración David Barrero

Nuestra Editorial sigue creciendo exponencialmente como si se tratara de un virus sin vacuna. Pero no queremos encontrar ni la cura ni la vacuna contra el hábito de leer bellezas mágicas y artificios tristes. Por eso, Mil Inviernos pone a su alcance el texto Arrúllame Ramona, de Cermeño y Escovar,  editores de esta página.

 

Esta nouvelle se pregunta por el fenómeno humano a pesar de tener a su doble robótico o androide. Como un espejo. Si el bebé de Lacan se vio completo nuestro bebé está desmembrado. Tengan a bien, este fascículo que forma parte de la colección Mil Inviernos. Pronto vendrán más títulos y así se completará el Universo de Maravillas tristes.

PARA DESCARGAR EL LIBRO ENTRAR A:EDITORIAL MIL INVIERNOS

Eliseo Diego: el psicohistoriador de las hormigas o Asimov como la hormiga de la psicohistoria

En un principio fue decir: Asimov se viste de tacón alto. Ese decir apareció porque Luis tenía una corbata negra, como las que se usan en los funerales; hasta los muertos visten con alguna prenda negra, como si sus cadáveres extrañaran el hálito que durante un tiempo los habitó.

Después fue dejar ese decir porque el propio Luis me dijo que hoy cumple años de muerto y nacido Eliseo Diego. Ese es el orden vital de todos los poetas: morir para luego nacer.

Y, al final, no quedó otra opción que prologar la charla que Luis Cermeño hizo sobre Asimov, desde el Ecuador del espíritu, con un poema de Diego.

Asombro

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

Descarga Libre: Glitza y otros cuentos del padre de la ci-fi en Colombia

¿Qué mejor forma de cerrar la celebración del día del padre que con la antología de cuentos del padre de la ciencia ficción en Colombia?:

 

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La Corporación Universitaria del Caribe pone a disposición del público la antología de cuentos del maestro, Antonio Mora Vélez, uno de los padres de la ciencia-ficción colombiana junto a René Rebetez.

Este material por su precioso valor histórico y literario no puede más que ser distribuido por todos los estudiosos y fanáticos del género. Contiene el icónico cuento Glitza, entre otros de indiscutible valor como lo reconocían ya en los años ochenta:

“Glitza es un libro válido y novedoso en el panorama actual de la ciencia-ficción. Por ello mismo abre el horizonte de la incipiente literatura colombiana del género con el aporte de una temática que, por lo demás, acierta en el hallazgo de su propia forma. Los relatos del libro son tan convincentes dentro de su género que bien pueden a justo título ser incluidos en el repertorio internacional de la literatura de ciencia-ficción”.
Jaime Mejía Duque, Magazín Dominical de El Espectador, 13 de abril de 1980.

 

En Mil Inviernos nos place difundir tan valiosa obra:

 

Edición virtual de CECAR, Sincelejo.https://cecar.metalibros.org/index.php/CECAR/catalog/book/24
Dar click en PDF para abrir y descargar.

 

 

 

 

Libre descarga: «Aniquila las estrellas por mí» de Andrés Felipe Escovar #cienciaficción

La colección Textos Liberados, de Seshat Editorial, pone a la disposición de los lectores internautas la novela «Aniquila las estrellas por mí» de Andrés Felipe Escovar (editor de Mil Inviernos)  y de esa forma se lanza al ruedo de la liberación de la cultura teniendo como arma las sagradas escrituras.

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Imagen de portada: Anbilli, Andrés Beltrán

Les dejo aquí el link de descarga gratuita de novela:
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Como esta versión adolece de las palabras preliminares que hice para el libro impreso, las lanzo también como un par de dados a un tablero de parqués en donde los conglomerados con sus estrategias legalistas se comen  a las fichas que se atreven a moverse en el creative commons para encerrarlas en sus rombos melancólicos.

PALABRAS PRELIMINARES A ANIQUILA LAS ESTRELLAS POR MÍ.

 

 

Todo lo que hacemos los humanos es humano, esa es la conclusión de J. Pedraza de las palabras malvadas de la enana Mireya; yendo más allá, piensa, incluso la caca es humana; incluso, pienso, los libros que escribimos los humanos son tan humanos como la caca. En esta aceptación, cuando hay humildad y nobleza, existe una liberación feliz en la que se deviene extraterrestre; como la sonrisa de un abuelo desmueletado incapaz de renegar el resultado final del arrasamiento de una cosecha por culpa de una helada cósmica. Y solo desde la profunda tristeza que nos exhorta esas estrellas adheridas al firmamento —como las garrapatas al cuero de una vaca muerta—, que nos impulsa tanto como a querer morir como a acometer una empresa de destrucción galáctica, se abre un Universo de improbabilidades solo posibles a través de las palabras que juegan —encerradas en la carpa del circo escrito— a que el juego se acabó y es hora de la rendición de cuentas final ante un tribunal Panafrosoviético. Lleno de personajes entrañables —de tripas corazón, en donde el corazón es una vida de  mierda y las tripas son un corazón vencido de grasa y dolor—, escenas tan fantásticas como el deseo de no querer levantarse más y exiliarse al final del infinito; y versos que salen culposos como la consciencia de estar viviendo; Aniquila las Estrellas Por Mí, es el deseo de Andrés Felipe Escovar, de comprender y ser comprendido por su propio país. Mismo deseo que compartiera años atrás el poeta Afrosoviético, Vladimir Maiakovski, expresado con la misma actitud fiera de si acaso fracasara en el intento, quedará la dicha de instalar el fresco vaho de una lluvia oblicua que pasa sobre una tierra natal que es la de una nueva forma escrita.

Luis Cermeño. 

David Lynch fue un soldado alemán que murió en Normandía en 1944

Todo pasó en el desembarco de Normandía hace 76 años. David Lynch tenía 16, era alemán, y recordaba el llanto de su madre tras la despedida. Él lo soñó anoche y lo contó en su habitual informe sobre el clima desde Los Ángeles . Recordé mi propio sueño, quizá tan azul como el reflejo de Lynch, o su fantasma, duplicado en la grabación: yo tenía una familia; mi esposa – a la que no conozco o que no tiene rostro y no identifico con nadie-, luego de una jornada de trabajo, regresó y estuvo a solas con mi hijo mientras yo hacía otra cosa en algún lado de la casa.

Ella, después de un rato – si es que ese después existe en los sueños- me reclamó : ¿te masturbaste al frente de él? Yo no le contesté: intenté descifrar si lo había hecho pero todo se difuminó como en otro sueño que hubiese acaecido dentro del sueño; después me pregunté cómo un niño de unos cuatro años ya se masturbaba e intenté recordar el momento inaugural o mi novela familiar en torno a las pajas. ¿Acaso embaracé a mi esposa en virtud de alguna red de afectos y telepatía en donde mis eyaculaciones solitarias sirvieron para embarazarla?

Hubiera querido soñar con un desembarco y con mi muerte pero el que murió, al menos un poco, fue mi hijo. También nació el germen de mi divorcio.

Continuar después del desastre

Reseña sobre El arca de Gokú del poeta colombiano Zeuxis Vargas

Por Juan Sebastián Sánchez

Comencé a leer el Arca de Gukú del escritor, editor y gestor cultural Zeuxis Vargas, y encontré un libro con temática sostenida. En cada poema existe la revelación, la mística de un milagro nuevo. Como sabemos, la literatura y sobretodo la poesía es de riesgos, de reinvenciones, de un constante juego con el lenguaje y con el silencio.

     No es fácil asumir la responsabilidad social y literaria de ser poeta, pero Zeuxis decidió (como muchos otros en la historia) cargar con ese riesgo. Apela al desarraigo, a la soledad y a la incomprensión que tienen los poetas.

     En el Arca de Gokú encontramos de manera profunda un dialogo permanente entre el poeta y los personajes del cine y la mitología: Alf, El correcaminos, Los Thundercats, Hércules, Argos, Ulises y otros que de alguna forma son parte del imaginario colectivo de una generación. Y es precisamente en este imaginario colectivo donde el poeta crea cosmogonías regidas por leyes ajenas a nuestra realidad. 

     Existe un intento de ruptura en la temática del Arca de Gukú que es consecuente y necesaria frente a la monotonía, el desgano y el pesimismo que se volvió moda, religión o merchandising del escritor y del poeta de nuestro tiempo. El libro tiene tres movimientos: Entrañable santoral, Elegías de los maestros olvidados y Ningún casco en el suelo, este último, se divide en cuatro ecos: Recursión o de la identidad, Dogma o del amor, Dialelo o de la libertad y Cascos en el aire, en cada uno habita un lenguaje que busca una identidad propia, un decir, un vínculo entre nuestro tiempo, el poeta y sus lectores.

     Estamos ante una sociedad donde no existe la certeza; en la Edad Media podíamos tener la explicación judeo-cristiana para justificar los fenómenos propios de la existencia y la no existencia. No había que abocarse en buscar la verdad porque la verdad estaba justificada en una palabra: Dios. Ahora, existe la angustia de abandono ante una no certeza: no hay una verdad, sino un sinnúmero de verdades que genera una falta de identidad propia tanto en el individuo como en la sociedad. Es en este punto donde el poeta, a través de su lenguaje intenta crear no una verdad universal, sino una verdad vital.

Dame el secreto para vivir sin angustias

y poder decir:

¡No hay problema.

     Entrañable santoral constituye la necesidad del poeta por redefinir y redescubrir su infancia: dibujos animados y personajes de carne y hueso que forman parte esencial de su imaginario, a través del lenguaje poético que permite asumir los fantasmas que aún nos habitan.

Ser poeta; un sueño que para muchos en la infancia decirlo o pensarlo tiene un aire romántico, creemos que con la palabra vamos a restaurar el equilibrio universal. Pasa el tiempo y el sueño romántico se convierte en un acto subversivo el cual tiene una carga demasiado pesada para hombres comunes. Este podría ser el mensaje del primer poema de Elegías de los maestros olvidados. Zeuxis asume una postura de reflexión y asombro a través de los personajes mitológicos.

     Ítaca ha sido motivo de inspiración de poetas y escritores, quizá porque como lo develó Cavafis, no importa Ítaca sino el trayecto: las aventuras, lugares y sitios descubiertos mientras. Una metáfora entre la vida y la muerte, entre quien abandona y retorna al origen: Ulises representa a todos los hombres del pasado, presente y futuro. Pero tomando la idea metafórica de pensar que Ítaca es origen y retorno, el hombre representa algo indeseado dentro del equilibrio de la vida: un usurpador.

Ulises delira y rompe las amarras.

Un usurpador

fue el que regresó a Ítaca.

     Con su humor agudo se convirtió en referente para entender a través de la risa la realidad de América Latina. Dicen que tu fantasma sigue asustando/ en el hotel/ donde eres/ un simpe caballo de apuestas. En estas líneas no solo podemos pensar en Cantinflas, sino en todos nosotros como seres invisibles habitando lo invisible.

Yo te llevaré para siempre en esta limosina blanca como un ataúd, / mientras mis ojos te desnudan por el espejo retrovisor, el poema tiene no sólo responsabilidad literaria sino una responsabilidad social. Hablar sobre el comercio del cuerpo para obtener beneficios o escalar ―de forma rápida―, la escala social, es algo que rara vez se aborda en la poesía. Estamos sumidos en una sociedad donde el «sujeto» y la poesía son objetos de cambio. Es esta la reflexión que propone el poeta: romper ataduras a través de la palabra.

     El poemario permite un recorrido por distintos ecos que nos lleva a conocer personajes mitológicos y también héroes del cine y de la televisión. Zeuxis, al igual que el Noé bíblico reúne en su arca lo que considera necesario para continuar después del desastre.

Link para descarga directa del poemario:

https://eltallerblancoed.files.wordpress.com/2020/05/el-arca-de-gokc3ba-1-1.pdf?fbclid=IwAR2jWswEUyaU7XINJqWjP9zQ6wFwU8TCMVRqv7_4i_B9AYdaNnU6slKwskM

La Viuda Isamar: por Favían Omar Estrada V.

La viuda Isamar

Favián Omar Estrada Vergel

 

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  1. La tragedia

Después de intensas batallas traficando en el abismo del dinero rápido, rodeados de fiestas, joyas, obras de arte, plumas de garza, animales exóticos, etc., decidimos volver al país para quedar lejos de unos enemigos, en extremo peligrosos, que ganó mi esposo Yasar al liquidar a un naviero egipcio en unos confusos acontecimientos, cuyos detalles describiré fundamentada en la ligera versión de mi marido, porque, con toda honestidad, sólo los conozco en parte, y —haya sido o no en su propia defensa— sucedió para desgracia nuestra.

Era ese fulano marinero un socio ocasional de una de tantas correrías arriesgadas, quien intentara un día a punto de zarpar asesinarnos para quedarse para él solo el cretino con un botín de joyas con destino al mercado negro de Singapur (obviamente eran robadas). El día anterior a los hechos, en el puerto, en algún corrillo de marineros ebrios, un comentario fortuito que hizo otro navegante pudo intrigar a tiempo a Yasar, que no era ningún pendejo. Se dio cuenta de que el socio traidor, habiendo perdido bastante en los naipes, dejó en prenda de garantía su embarcación a otro salvaje de éstos. No sé cuánto fue la suma, o no lo recuerdo, pero sí que debía saldarla con término perentorio. Decidió mi esposo, por simple malicia, llevarme a otro refugio y aguardarlo en la oscuridad material del camarote donde dormíamos. 

Aproximándose la medianoche —según Yasar—, estando él agazapado aguaitando en un oscuro rincón, oyó el quejido oxidado de los goznes: la puerta del lugar se entreabrió, sin duda era el egipcio que entraba. No quitaba mi esposo los ojos de aquella entrada y lo reconoció de inmediato por el olor de sus carnes a perro triste y su silueta desvaída de zancajoso ebrio. Oyó luego el chirrido de las alguazas del baúl y por el trasegar lo imaginó escarbando a fondo, hasta cuando cesó el remolino y la tapa de cedro cerró de golpe. El botín, a buen tiempo sustituido por joyas postizas de cristal de viejas botellas, flotaba ahora en las manos ladronas. Yasar sostenía la respiración rastreando los movimientos burdos del maldito, que iba caminando sigiloso en dirección al lecho nuestro, luego su silueta alzaba un puñal y, frecuentemente, lo enterraba y volvía a sacar, energúmeno y funesto como un diablo, contra el frío cadáver de un cordero de buen tamaño acomodado adrede bajo las mantas que yo más amaba. El naviero, agotado e inquieto ante tanta frialdad junta, retiró la cobija y descubrió el montaje, de cuya imagen pudo comprender un poco menos que nada porque las peludas y fuertes manos de Yasar, a modo de tenazas de acero, pasaron una delgada cuerda alrededor de su cuello: la asfixia le disipó las imágenes y las tinieblas del cuarto se le refundieron, acaso, con las del infierno.

Debimos huir para librarnos de una muerte cantada por cuenta de la familia del difunto, dispuesta a vengarlo al precio que fuere. Debieron de buscar sin ceder al cansancio hasta en los últimos rincones de la ciudad, pero mi marido y yo habíamos embarcado en otro navío con rumbo fijo a ninguna parte. En todo caso, atracamos en España donde permanecimos hasta cuando el agobio de la clandestinidad nos enfermó y decidimos, disfrazados de menesterosos, regresar hacia Cartagena de Indias a buscar un nuevo refugio. Estuvimos viviendo un buen tiempo en casa de un juglar amigo, donde disfrutamos de grandes parrandas y con amistades sinceras, pero fuimos enterados de la presencia de extraños, merodeando.

Anduvimos a manera de peregrinos por otros pueblos y ciudades cercanas, donde unas veces éramos gitanos videntes y, otras, vendedores de libros. Sin duda la Costa Atlántica no era lo mejor porque el mar nos mantendría cerca de nuestros enemigos. Muy pronto estuvo Yasar intensamente agotado de sobresaltos y escondrijos, sobre todo de arrastrar de un lugar para otro, camuflada en seis costales de fique, una fortuna peligrosa que quieres gastar y no puedes.

Inventar un lugar tierra adentro, ausente de la vida ruidosa, fue la primera ocurrencia en la exploración de lo deseado. Recorrido medio país de acá y medio de allá por rutas inclementes y trochas imaginarias (en barcos de vapor o automóviles), atravesados caños de lodo y ríos encantados e infestados de cuanta bestezuela pare la tierra (en embarcaciones de aborígenes) y, por último, sumergidos en montes intrincados sobreviviendo al asedio pernicioso de fiebres caniculares (sobre incómodos lomos de mulas), descubrimos el imponente océano de las llanuras orientales: un paraíso de pampas radiantes tal como las habíamos imaginado juntos en nuestros sueños, construidos con retazos de las historias desdibujadas de los traficantes italianos.

Arribamos a una población de aire arcano y legendario, en medio de la geografía fronteriza de dos países. Confieso que me costó —no sólo tiempo sino también esfuerzo— entender a cuál pertenecía, y sólo lo vine a saber porque Yasar, con la indulgencia de un sabio maestro de escuela, me lo señaló por tanteo y error en un mapa, diciéndome está aquí de este lado, y lo marcaba con el dedo en el atlas, y yo le decía: parece de allá. Él reía estallado y decía luego: parece de ninguno. Por eso creyó que nunca iban a encontrarnos. Yasar estaba enamorado hasta del oxígeno que respiraba, y, en lo que a mí concierne, parecía un sueño cumplido: era el lugar fastuoso y perfecto donde tendríamos seis hijos y viviríamos felices para siempre. Así que, con las alforjas llenas de oro y joyas, llegamos negociando fanegadas de tierras y ganados que en poco tiempo vimos reproducir igual que el pasto verde en las praderas fértiles. Mi astuto marido combinó la ganadería con la extracción de pieles, mieles, aceite de palo de copaiba, caucho y plumas de garza, que luego intercambiaba por oro y mercaderías que revendía multiplicando por mil. Hizo construir en el pueblo llanero una mansión amplia y ostentosa, sujeta a mis caprichos, y una estancia cómoda en la hacienda, y ordenó el arreglo de la escuela y la iglesia, con lo que se ganó el aprecio de la gente del lugar.

Pero contrario a todo deseo, el pueblo en realidad estuvo lejos de ser el remanso soñado. Una mañana, con las primeras luces del alba, mientras retozábamos dichosos y desnudos en la cama con una de nuestras amantes compartidas, advertimos los golpes del aldabón sobre el portón. Una sirvienta asomó con el recado de que requerían a Yasar, y él bajó. Jamás desatendía sus negocios ni hacía esperar a ninguno mucho tiempo, así fuera para atender al más insignificante de los hombres. Bajaba siempre a saltos con el arma en el pantalón, pero esa vez no lo hizo, imagino que por un asalto de abandono y confianza, porque sólo llevaba encima el quimono sedoso de levantarse. Desde la bañera oí el alboroto de la discusión y una detonación fuerte y seca que creó un eco lánguido durante unos segundos.

 Desorientada, ansiosa y aturdida corrí escalera abajo. Recuerdo que me torcí un tobillo y caí rodando los dos últimos escalones, alcé la cara y reconocí a Yasar como una sombra a los pies del criminal, cuyo vistazo terrible de insolentes ojos amarillos me envolvía toda. Jamás podré olvidar su perfil de rata inconfundible. Yasar tenía la quijada desviada, en su boca había una mezcla de saliva y sangre escanciada amenazando escurrirse en cualquier instante. Su cuerpo grande yacía sobre una mancha roja, caliente y espesa igual que una jalea. No murió de inmediato, ésa fue la peor parte. El plomo en la cabeza le deshizo una oreja, le desbarató cierta parte del cráneo y le dejó un agujero como una boca gritando por donde entró mi mano asustada tratando de evitarle la hemorragia, quedando mi esposo vegetativo y avejentado, hasta que una tarde distante la muerte se lo cargó marchito y encogido, semejante a un muñeco de trapo.

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