Archive | diciembre 2023

Un cuento de navidad

Sabio para las mañas, el viejo de las llanuras dijo que la relación con su hijo era casi un orgasmo.
Cuando los orgasmos ocurrieron, él no sabía que de ellos se tratara. Apenas comenzaba diciembre, en los juegos que precedían la conmemoración de la natividad, él jugaba a la pajita en boca: el viejo, por ese entonces joven, aunque ya barbudo y calvo, le pedía a sus varoncitos cuyas bocas mudaban de dientes que lo pajearan con la boca. Una vez el ahora viejo sabio evacuaba, tomaba del mentón al hijo hincado, lo miraba a los ojos y le decía: ¡Mis aguinaldos!

Ahora, que el viejo ya viejo es, ve a  aquellos diciembres que nunca volverán: sus hijos ya tienen hijos.

Y los hijos de sus hijos lo rodean, mientras él, sentado en su silla mecedora, les cuenta historias de guajibos que resguardan el último resquicio de los antepasados.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Tarados histéricos

11 de diciembre, Barranquilla, Colombia. Desde el extremo norte de Sudamérica sigo el acto de instauración del nuevo presidente Argentino, reaccionarios de todo el mundo se han reunido a celebrar el triunfo de un tipejo desgreñado llamado Javier Milei. La ultraderecha internacional congregada para pactar la repartición del botín, el festín de la «casta» carroñera, en vivo y en directo. Aquella orgía de obtusos encorbatados contaba con la participación de sádicos violentos, depredadores de recursos naturales, negacionistas del calentamiento global y de los derechos humanos, enemigos de la vida y las libertades individuales, todos ellos histéricos y arbitrarios. Un nauseabundo espectáculo de homofóbicos recalcitrantes que se abrazaban cariñosamente mientras se sostenían la mirada.

En el atril, con la banda celeste cruzada en el pecho, el histérico de hace unas semanas lucía apocado, pálido, manso, incluso parecía haber sido trasquilado contra su voluntad, revelando una incipiente calvicie. El pueblo argentino no saldrá de la crisis, reveló su discurso inaugural, al final el ajuste no será para las élites, que seguirán sin pagar impuestos por sus grandes fortunas. Entre sus palabras, una extraña confesión, casi una promesa: la pobreza y la indigencia aumentarán. Lo dijo de pasada, sin emoción, bajando el tono de voz, pero fue quizás lo único cierto en su despliegue de demagogia. También confirmó el despido de funcionarios, a raíz de la eliminación de ministerios, según él innecesarios, como el que vela por el respeto de los derechos humano, lo que en Latinoamérica significa: leyes mordaza, espionaje a gran escala contra opositores, represión sangrienta en las calles, desapariciones forzadas, y sobre todo, impunidad judicial para los opresores. A continuación prometió eliminar todos los beneficios sociales ofrecidos por el Estado, la salud dejará de ser gratuita, y la educación se privatizará para poder reescribir la historia. En su discurso, el «no hay plata» se usó como un mantra con el que pretenderá justificar el autoritarismo que está por venir.

¿Cómo fue posible que los votantes se tragaran el cuento de la «motosierra para la casta»? No estamos ante el triunfo de la democracia, sino ante la mayor goleada sufrida por Argentina. Autogoleada, para más pesadumbre. Siendo un pueblo versado en fútbol sorprende que no hayan visto esa finta tan telegrafiada, quizás no creyeron que uno de los suyos fuese capaz de traicionarles —como si los neoliberales tuvieran otra patria que los paraísos fiscales—.

Ahora, siendo justos, el problema real no son los líderes descabellados,  cínicos oportunistas por excelencia. El verdadero problema es la velocidad con que se multiplican los votantes incapaces de autocontrol o autocrítica, que en su lógica disparatada, arrastran taras —supersticiones, miedos, complejos—que les obligan a someterse al opresor que les ahorre el esfuerzo de pensar, basta con que les prometan poder seguir siendo obtusos, intolerantes y violentos.  Por eso me pregunto si el auge de los reaccionarios no será más bien un síntoma del deterioro de la salud mental del hemisferio occidental, ¿estamos ante un caso clínico a gran escala, una histeria global, que como un virus volátil —gracias a las redes sociales y a la idiotez masificada— se ha propagado entre los grupos de población más propensos al fanatismo, a la falta de empatía, a la irracionalidad y el estancamiento intelectual? Este virus, esta histeria entre tarados, encuentra terreno fértil entre los obtusos que se niegan a evolucionar al ritmo de una sociedad cambiante. Entonces, si el problema es de inmadurez intelectual, de incapacidad crítica, de pereza mental, los negacionistas que encumbran histéricos intolerantes seguirán sin aprender nada, y Occidente continuará irremediablemente en su deriva hacia el despeñadero del fascismo.

Los antídotos: educación, empatía, solidaridad. Y manifestar la inconformidad en las calles. El absolutismo no debe sentirse cómodo con la victoria.

El hombre que enseñó a pajearse a los ejércitos

 

 

Hálito Divino, le llamaban por su aliento fétido. Acá nos referiremos a él de este modo para proteger su identidad, aunque actualmente goza de inmunidad diplomática por su alto cargo en las Naciones Unidas. De todos modos, creemos que lo mejor es no mencionar su nombre de pila.

 

A Hálito Divino se le apareció la virgen cuando lo secuestraron. En la primera noche de cautiverio, ya el tipo se sobaba el pirulín mientras los demás capturados lloraban y extrañaban a sus familias. Uno de los rehenes, apodado el Pibe Esloveno, le preguntó:

 

. Vos marica es que no extrañas a tu familia?

– para nada, mi dieta es la del caballo. Pura paja y agua.

 

De este modo, los demás supieron que este sería un potro difícil de domar. No se imaginaban a lo que se enfrentarían con este sátiro,. Es que ni encadenado lograron vencer sus impulsos onanistas: la vez que lo ataron a un árbol, Hálito Divino cerró sus ojos y ordenó a su cerebro mandar impulsos eléctricos a su penca, la cual eyaculó sin siquiera ponerse erecta.

 

Esto, ocasionó la admiración de sus captores. Uno, el flaco Nixon Hermindo, le consultó:

 

– venga, mi mujer no me lo da hace años. y Yo le tengo miedo a la infidelidad. Tengo los embalses llenos, ¿puede enseñarme técnicas?

 

En un par de días, el flaco tenía todos sus calzones almidonados y diseminó el chisme de la sabiduría arcana de Hálito Divino por todo el batallón.

 

De consulta en consulta, pasaron los años, pero el peligro de la esquizofrenia que atribulaba a los soldados se difuminó y solo sus oponentes cayeron en las garras de la locura.

 

Nada mejor que un pajazo para evitar la psicosis

Nada mejor que un pajazo para evitar que el matrimonio perezca.

Nada mejor que un pajazo para que el matrimonio perezca.

 

Mejor dicho, la dieta del caballo es el remedio para la demencia del secuestro.

 

Una vez fue liberado nuestro protagonista, fue declarado Gestor de Paz por la ONU: Ya que no fueron pocos los rebeldes que le agradecían el haberles enseñado el arte de pajearse sin las manos. Muchos afirmaron que disparaban mientras eyaculaban, y eso sin necesidad incluso de tenerla erecta. Cuentan que muchos muertos perecieron con sus calzones llenos de leche. Por lo menos los miserables no murieron en total desamparo. Un ultimo respingo de placer se asomaba en sus chimbilacos.

 

La guerra es pa’ machitos, dijeron, y esta técnica masturbatoria los apaciguó.

 

Cuentan que Hálito, ya entrado en confianza con las altas cúpulas, organizaba festivas jornadas de competencias de pajareo. Las proverbiales masturbatones hicieron más famosa la ONU y Hálito se instaló como un Papa Laico que enseñó a la humanidad la dicha de correrse aunque no hubiese erección y afuera sobrara el horror.

 

Este es un reconocimiento de Mil Inviernos a una persona que se entregó a la paz de la paja.

 

Mi paja os dejo y mi paja os doy.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

 

Cataluña es España

07/06/2023. Barcelona

 

La xenofobia y el racismo es la emulsión que los partidos de derechas necesitaban para retomar el control del país y unificar el reino de España, en las últimas elecciones quedó demostrada la eficacia del vínculo ideológico que subyace a la diferencia lingüista.

Lo comprobé hace unos días, a partir de un comentario que hice en una red social que promueve el uso del catalán, en la que se afirmaba que todos los extranjeros eran «güiris», termino que creía equivalente al «gringo» que usamos en Latinoamérica para llamar a todo turista de lengua no latina —entiéndase «latina», por lengua romance—.  Al parecer, según los comentarios que respondieron a mi inquietud, el calificativo depende de los prejuicios del interlocutor, para quien puedes ser «latino», «sudaca», «pancho» o «güiri» según tu color de piel y nivel adquisitivo.

Así es que todos somos extranjeros en España, ombligo del mundo hispanohablante, al parecer. Extranjeros somos todos en Cataluña, desde lo hispanohablantes nacidos en la península ibérica, hasta los mal llamados latinos —aquí usan el término «latino» para referirse a los latinoamericanos, pasando por alto que todas las lenguas cooficiales de España, salvo el Euskera, provienen del latín, y saltándose otros hecho histórico: a los hablantes del latín, es decir, a los ciudadanos del imperio romano, del que también hizo parte este territorio, se los llamaba latinos—. El caso es que se armó la gorda cuando puse en duda esa lógica que de un plumazo mete en la misma bolsa a anglosajones,  a hablantes europeos de lenguas romance, a «panchos» — latinoamericanos de origen indígena—, y a los «sudacas».

Básicamente, entre los que defienden el uso del catalán a ultranza, eres poca cosa si no hablas su idioma, una lógica idéntica a la que aplican los mustios guardianes de la pureza del castellano, que dedican la postrimería de sus vida a modificar acentos y leyes gramaticales, y para quienes solo hay una forma correcta de hablar el español.

Si el único factor diferenciador entre Cataluña es España es su lengua, el independentismo ya perdió la batalla. Una lengua no separa a los que comparten ideología, porque son las ideas subyacentes los verdaderos aglutinantes, nos lo enseñó la Segunda Guerra Mundial: tres dictadores, tres países, tres lenguas distintas, idénticas taras ideológicas y raciales.  Así que, estimados catalanes, trabajen la tolerancia, especialmente hacía los extranjeros que no hablan catalán, y bájenle a la xenofobia, porque desdeñar al que no sabe su idioma los hace tan tiranos como el reino monolingüista del que desean separarse.