Archive | mayo 2022

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Granizado Sant Jordi

23/04/2022. Barcelona. Sobre las 13:00, el frío y soleado sábado fue atravesado por una granizada, algunas librerías y editoriales acababan de colocar sus esperanzas comerciales sobre los mesones. Poco antes de eso había terminado mi peregrinación —comenzada el viernes— por ramblas, paseos, y avenidas temporalmente habilitadas como vías peatonales. Compré un par de libros en las carpas ubicadas en las calles transversales, olvidadas a esa hora por las hordas de cazadores de autógrafos. Ya iba de vuelta a casa cuando decidí entrar a un Bracafé, en una esquina del Eixample. Terminado el café nos cubrió una nube gris cargada de granizo, y entonces se desató el caos, las banderas catalanas se sacudían violentamente, la gente corría con la cabeza cubierta. Al Bracafé, que cinco minutos antes estaba desierto, ahora no le cabía un alma.

La granizada no pudo llegar en peor momento, a media jornada. Algunos alcanzaron a proteger sus libros, otros perdieron miles de euros, algunos no tenían carpas, otros las tenían, pero fueron demasiado endebles para resistir las embestidas del viento y el hielo. Las ventas en este día normalmente equivalen a una cuarta parte de la venta anual, lo cual solo puede definirse como una tragedia comercial. Así que estimados lectores, compren libros todo el año, no solo en Sant Jordi.

 

El día de las flores y libros es uno de los milagros comerciales de la ciudad, pero hay otro «milagro» que ocurre todos los días, hablo de la función social que cumplen las librerías de libros releídos, o libros liberados —en catalán, libro es «llibre»—. Re-Read y Llibre Solidari ofrecen una red de seguridad para lectores voraces, y eso dice mucho del apetito bibliófilo de los barceloneses —nativos y adoptivos—. El sistema es simple, les donan los libros, y ellos los venden por unos pocos euros. En el caso de Re-Read, uno por tres €, dos por cinco €, cinco por diez €, y si te haces socio, te salen a dos € cada uno, sin importar cuantos te lleves. En el caso de Llibre Solidari depende del título que busques, que tan escaso sea, y el año de publicación, pero siempre oscilando entre dos € y doce €. En una librería tradicional, incluso en Sant Jordi —durante la jornada le hacen un descuento del diez por ciento a todos los títulos— los libros de bolsillo rondan los quince o veinte €. Con veinte € puedes comprar diez títulos en Re-Read, y por lo menos cinco en Llibre Solidari, lo cual es siempre una ganga, un motivo de celebración para los lectores, y un milagro de Sant Jordi, si nos ponemos místicos. Además, la fiesta de los libros liberados mantiene los mismos precios todo el año, algo que, para quienes entrelazamos nuestras vidas con «Estados de la cuestión», es cuando menos, un alivio para el bolsillo.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Aldana

9/4/2022. Barcelona. La vida tiene una manera muy particular de hacernos revaluar nuestras prioridades. Aquella tarde, mientras la ciudad resplandecía bajo el sol primaveral, yo deambulaba por tercer día intentando procesar una traición. Haberme sacudido la tristeza para asistir a la presentación de un libro se sentía como una victoria, y así, reventado, pero liberado de un peso, recorrí lentamente las calles, disfrutando melancólicamente de cada paso. Quizás todo esto tenía que pasar para entender las palabras de Marco Aurelio y sus —¿nuestros?— amigos estoicos.

Llegué al evento con varios minutos de antelación, así que en vez de ser el primero en entrar, decidí buscar una banca para disfrutar del agradable clima. Lo cierto es que aún no estaba convencido de que mi estado de ánimo fuese el apropiado para escuchar las confesiones de un brillante escritor que sufre brotes de ansiedad. En eso iba pensando cuando una mujer de ojos azules como el cielo de esa tarde me preguntó si tenía cinco minutos para hablarme de Médicos sin fronteras. Desanimado como iba, le dije que no, y seguí de largo hasta la banca. Luego, cuando era hora de entrar al evento, volví, por fuerza, a pasar junto a ella. Supongo que necesitaba hablar con alguien —muchos pasarán de largo como lo hice la primera vez— porque volvió a saludar y esta vez me dolió no seguirle la conversación. Entonces pude analizar al ser humano detrás del uniforme.

Aldana no lo supo, pero su presencia de ánimo significó mucho para mí aquel día. La vida la había puesto en mi camino para mostrarme lo que me estaba perdiendo por serle fiel a una promiscua manipuladora. Yo tampoco lo supe en el momento de la conversación, eso lo entendí luego, cuando los tics nerviosos del autor me hicieron apreciar el valor de mi serena y monótona vida cotidiana. Si tan solo aprendiese a vivir el momento, pensé.

Oyendo los problemas del atormentado autor, entendí que de hecho, eso que yo sentía no era ni siquiera un problema mío, mi infierno había terminado y el de la arpía mitómana recién comenzaba. Estas heridas emocionales eran sólo la consecuencia del derrumbamiento de un castillo de naipes que durante meses sostuvo aquella narcisista incapaz de remordimiento.