Frag-O’Nardo  o la Sorpresa Ïntima. Por Luis Bolaños

El espaciopuerto se desenrollaba en un descomunal disco alrededor del ascensor espacial, repleto de puestos de intercambio, almacenes, comederos lujosos o modestos, kioscos, terminales, zonas de embarques y desembarques de pasajeros, equipajes y mercancías, muelles para llegadas y salidas, salas de espectáculos, talleres de mantenimiento, salas de muestras, patios de exhibición, etc. 

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Lo envolvía una bóveda inmensa y escalonada con cortes que permitía ubicaciones exploratorias variadas, así que las fui recorriendo en un paseo sosegado más continuo hasta que en una de las pérgolas me tropecé con un ejemplar joven que se parecía pero asimismo difería de los típicos Frag-O’Narienses.

Fue un encuentro de miradas intensas que por su calidad de sinceridad me predispuso y decidí contratarlo como guía&narrador, se llamaba Leconture-Fedgi; nos introducimos gusanos traductores por las fosas nasales y establecimos ante una pantalla un contrato de turista, que incluía un convenio de cierre: si me contaba una historia que conciliara lo original con lo extraño, lo insólito con lo bello le pagaría doble estipendio, si no el paseo y la guía serían gratis aunque alimentos, alquileres y gastos seguirían siendo mi responsabilidad, no obstante la amplia sonrisa que acompañó a la presión de su dedo corazón sobre la oquedad  recolectora auguró que ambos podíamos quedar complacidos.

 

Tras desplazarnos a velocidad controlada por el eje del ascensor gozando del paisaje abrumador de la caída fondeamos en la sección terrana que completaba la unidad espaciopuerto, era cosquilleante sentir que otra aventura se abría, empezamos a desplazarnos en piraguas  a vela-motor por los canales y en globos compactos por las redes aéreas, y mientras el guía le exponía los secretos de los cilindros alrededor de la ruta, le iba en simultáneo discurso entregando datos y anécdotas y de paso desgranando un acontecimiento histórico tras otro cual si ensartara semillas o joyas en un collar de palabras

Hacia tan solo unos 150 ciclos solares el planeta estaba dominado por una constelación o asociación de familias que repetían el mismo esquema de corrupción & militarización en cada ciudad, se suponía que el podestá de cada urbe era igual en poder a los demás, pero el de Ejjeq (donde se levantaba el ascensor) era el auténtico boss. 

Al arribo de una flotilla de piratas que solicitaban apoyo en reparaciones, el podestá tuvo la gentileza de invitarlos a su cilindro de placer, estalló una pelea y tras insultarse y amenazarse cruzaron una apuesta: uno de los miembros de la flotilla se introduciría en el harem palacio y ejecutaría una acción reconocible que lo probaría, si vencía no les cobrarían lo facturado, pero si perdía la flotilla le entregaría al podestá aquella nave que eligiera además de pagar la cuenta. 

Exultante, el tiranuelo se jactó de que sus mansiones eran impenetrables y ya que faltaban varios circunvoluciones para terminar las faenas en los talleres se aceptó su culminación como fecha límite para la incursión, aún no lo sabían pero ese sería el “Punto de inflexión por donde se salió y se ingresó a la nueva crónica” como dijo luego de las ocurrencias Nocultus, el recopilador de acontecimientos de la urbe.

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Nudo de serpientes o cómo ser de otro modo. Por Daniel Maldonado

 

Es cosa curiosa que en la incipiente tradición narrativa chiapaneca la historia (entendida menos como oficio que como síntesis o compendio de los hechos ocurridos en tiempos ya idos) haya ejercido una considerable influencia en un puñado de narradores. Eraclio Zepeda, antes Rosario Castellanos y, desde luego, Jesús morales Bermúdez se sirvieron de momentos, etapas del pasado para recrear sucedidos que los cultores de la historia oficial –esa falacia pretendidamente aséptica y objetiva– se han empeñado en borrar –cuando no en ignorar de plano.

A estas alturas, señalar el fuerte acento político y hasta contestatario de novelas como Oficio de tinieblas o Ceremonial sería incurrir en una franca perogrullada. En estos relatos están presentes las vidas de quienes han padecido el oprobio y la explotación. Pero también palpita en ellas otra cosa: una impronta estética notable que se sostiene en la fuerza del lenguaje que las recorre.

Tanto en Ceremonial, como en Oficio de tinieblas, la historia o, mejor, su recreación poética por vía de la palabra se convierte en vehículo idóneo para dar cuenta de sucesos que, aún hoy, suponen una herida permanentemente abierta: la derrota de los alzados de 1869 en la región de los altos de Chiapas a manos de las fuerzas criollas de la ciudad de San Cristóbal. Ni una ni otra, sin embargo, son novelas históricas. Antes, podrían ser vistas como narraciones en las que la historia se erige en fantasma, lamento. Recuento de afrentas y de ultrajes. Injusticias.

Nudo de serpientes (Viento al Hombro, 2007) de Alejandro Aldana Sellschopp prolonga, al tiempo que la robustece, esta suerte de tradición. Igual que las anteriores, tampoco la de Aldana Sellschopp es necesariamente una novela histórica. Cierto: en Nudo de serpientes se dan cita distintos acontecimientos que cabe tipificar de históricos: la masacre de Wolonchán, la formación y consolidación de agrupaciones guerrilleras en el contexto de la llamada Guerra sucia, la emergencia –y posterior despliegue operativo en la región de los altos de Chiapas– del EZLN.

En efecto: la novela de Aldana se instala en esa tradición. Pero en función de sus propios recursos (que son logros), también se distancia de ella. Ahí en donde Morales Bermúdez se sirve del mito para reconfigurar la historia, Aldana coloca utopía y diatriba.

Dentro de la ficción de Aldana, utopía y diatriba hallan asiento en las figuras del mayor Moisés y de Augusto Castillejos. ¿Protagonista y antagonista?, ¿héroe y villano? Mejor: el uno como el reverso franco del otro y viceversa.

A Moisés de cuando en cuando lo persigue la sombra de su padre: cifra de su vida pasada y, aun, efigie de su habitus de peón acasillado. A Augusto Castillejos lo atosiga, encerrado en un jacal, prisionero de guerra de aquellos a los que no tiene empacho en considerar casi que bestias salvajes, el espectro de su más rancia estirpe: Bernal Díaz del Castillo.

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lo gris de Xochimilco

Pedro Sánchez Merlano nos brinda una de sus nuevas excursiones a los géneros rompedores de este siglo, sin olvidar su preocupación primaria por el destino del hombre que no escapa oportunidad para evadir todo tipo de compromisos, lean pues, estas letras de nuestro libertino favorito.

 

 

Claves para una evasión tributaria en el ismo de Panamá

(glosas y exégesis de la interzona de William Burroughs)

El mogollo de la enana era un par de testículos de un cebú de extraordinaria raza, y la enana mugía y mojaba sus rajas gracias a los estertores que emergían de su boca. Los ruidos se debían a la maravilla que le prodigaba el discurso del gusarapo, quien abocado a la competencia de los teóricos más encumbrados de la región, no quería que alguien más supiera lo que él presumía saber, es decir, una absoluta mierda. El gusarapo inyectado de orgullo regentaba una editorial autodenominada independiente. Su funcionamiento era el mismo al de cualquier multinacional, pero apelaba a los subsidios estatales para costear el impulso de su escritor adorado, su amigo que hacía gala de un gran homosexualismo como premio a la postmodernidad. Vale decir que erigirlo como un escritor marica fue munición perdida, militar en cualquier credo de género era una antigualla que el gusarapo evidenció en sus clases.

La tentación de los orificios de la enana redundaban una pedorrera que perfumaba el recinto editorial del gusarapo. Este vomitaba profusas cantidades de alcohol que había ingerido en cada uno de sus lanzamientos del new weird, género provocador como ninguno al ser proferido en palabras anglosajonas y no significar una mierda. Entretanto el escritor otrora marica continuaba su ascenso a las grandes ligas de los premios. Contando con la complicidad del editor vietnamita de una colección otrora prestigiosa entre el fandom y ahora derivada en una serie de múltiples negocios fallidos con el pretexto de exprimir la lana a los frikis. Pero vamos al punto de esta historia: el tráfico de órganos.

Como el autor podrá intuir acá se desarrolla una trama de comercio ilegal. El transplanten de anos estaba a pedir de boca al punto que la boca se volvían anos. Y Permitido el retruécano no queda más que el ano. Los anales de la editorial independiente contenían los quistes memorísticos del hígado enfermo del escritor. El mucharejo fue presa de experimentaciones genéticas emanadas de la boca succionadora del gusarapo. La enana ya descuartizada fue la santa Teresa de Calcuta que los desposó en una isla del Caribe.

Convengamos que la reforma tributaria plantea que una de las formas más comunes de erosión de la base gravable y el traslado de beneficios, de acuerdo con lo planteado de la organización para la cooperación del desarrollo económico contra la erosión de la base impunible y la base de beneficios, proviene la posibilidad de crear filiales no residentes y canalizar a través de ellas los ingresos de una empresa residente.

Este es el final de una historia muy pero novedosamente rara. Es decir, hemos hecho un new weird. Mezcla de criminalística con locura y derecho tributario.

Acá no hay novedad. No se preocupen por esto que todo sigue igual.

Vino de ninguna parte. Relato de Luis Bolaños (Imperio Decadente)

Vino de ninguna parte 

Relato de ciencia ficción por LUIS ANTONIO BOLAÑOS DE LA CRUZ

 

 

«supe que si en algún momento nos quedábamos solos la encularía, imaginarlo fue en simultáneo delicia y tormento, supe que las relaciones serían intensas y rugosas, de repente contradictorias, pero nunca convencionales y llanas.»

 

 

Nota preliminar:

Encaramado en la estructura narrativa de «El Vuelco del Cangrejo» (film colombiano de Oscar Ruíz Navia – trailer 2008) tracé las rutas de la soledad que acontece tras la pérdida de alguien querido y la dificultad de la reinserción social en un marco signado por la violencia y la guerra (como lo sigue siendo Colombia hoy casi tres lustros más tarde a pesar de la victoria de Petro), eso sí, condimentado con fantasías sexuales, como es habitual en mis relatos, a pesar de acontecer en el marco de la saga del Imperio Decadente lleva la huella de la influencia de Jack  Williamson en “El Hombre de alguna parte”.

Concepto artístico de fallo mecánico en sonda rusa por Michael Carroll

 

Llegando en medio de una batalla:  La huida en sus etapas transitó de lo fraterno a lo sublime, los instantes se embutían unos en otros difuminando fronteras y almacenando conoceres, y la bionave funcionó hasta que recibió una descarga de proyectiles que rebasó cualquier plan de contingencia que tuviéramos almacenado y listo a descargarse para contener descalabros y/o amputaciones, mutilada y arruinada dejaba una estela de fracciones y compartimentos que crecían para obturar agujeros a medida que caía hacia la nube de planetoides; aún en proceso de muerte y desintegrándose continúo ayudándonos, trazando rutas de escape con diversos porcentajes de seguridad, solicité uno de los postreros, sin importar el tiempo y velocidad, me jugué un albur y acepté el riesgo, me inserté en uno de los cohescafandras y apenas si tuve que esperar para que la bionave me lanzara a mi destino.

una centaura, aproximación artística a una centóquira espacial.

Primer encuentro

Llegó de ninguna parte, apareció desde el fondo del bosque, donde no hay senderos de tránsito, lo encontré agotado, con el casco entre las manos y recostado sobre una de las raíces de un tronco de banomos (crecen en manojos múltiples entrelazados que fingen ser una sola planta, pero que en realidad son colonias que articulan su despliegue vital entre un combate donde tratan de inducir la sumisión de otras fibras mediante hormonas y compuestos  generados por sus bolsas químicas y una fusión que desintegra cortezas y pone en común los conductos) .

Gozábamos de un glorioso y dorado amanecer, casi que se podía sentir la alquimia del proceso por el cual los cloroplastos transmutaban la luz en sustancia vital y el coro de murties (quirópteros azules diurnos), flevetes (aves parecidas a faisanes flacas) y sitocos (semejantes a psitáceas parlanchinas) se combinaba con los rumores de alimañas, parquides (masivos insectívoros de color rosa-malva que avanzaban tronchando pseudomusáceas para devorar las miríadas de larvas expulsadas por la explosión de mantillo) y los quejidos de muleles (casi lemúridos con bandas blancas y celestes cruzando sobre sus anillos grises y negros para camuflaje) ocupaba cada decibel posible bajo la bóveda arbórea.

 

Las comparaciones y paquetes de datos las ejecuta de manera automática un biowiki de Terraquis (donde se ubicaba el laboratorio que nos diseñó) que llevó instalado hace ya décadas, supongo que desde antes de que arribáramos a esta tibia luna que gira en torno a un GG -gigante gaseoso- del sistema PER-449*a de clase G, pero que se activó aquí sin que ni yo, Picalbur ni ningún otro comprendiera sus principios.

 

Hay quien aventuró en alguna asamblea que fui designado como “orador” o “narrador” del grupo, de allí que mi biowiki funcionara así, pero como otros acontecimientos relativos al éxodo, permanecen en la bruma; con frecuencia ignoro segmentos apreciables de la información, pero suelo deducirla por el contexto y como sólo yo la rumió no creo que adquiera importancia para las decisiones de otro centóquiro – mezcla de centaúridos y artiodáctilos inteligentes –  quizás creados por algún proyecto de manipulación genética del Imperio cuyo propósito se extravió y mientras se decidía en que utilizarnos se nos desterró al borde de la Gran Fosa Oscura (De la cual se rumora que es un resto de masivas destrucciones de estrellas llevadas a cabo por antecesores desconocidos y que casi seccionó uno de los brazos de nuestra galaxia, en un probable experimento de manipulación de materia en volúmenes fabulosos con objetivos paranoicos)

Luego vendrían los levantamientos y la larga lucha de liberación y nos olvidaron.

Le interpelé gracias a los memes tradumaqueteadores circulando en sangre que proporcionan léxico e imágenes de síntesis:

– Soy Hiptendal -¿podemos intercambiar fluidos o información? sugerí con guiño lujurioso dejando caer la cabeza a un lado.

 

Declinó el primer ofrecimiento, musitó su nombre: Ozkallzi, pero aceptó el segundo mediante idéntico recurso, primero respiró profundo para certificar que el aire seguía siendo respirable y soltó una parrafada de la cual comprendí que deseaba bañarse (la costra de mugre bajo el traje debería empezar a picarle), comer y descansar, en ese orden, también que quería encontrar algo en que laborar y acceder a un dormitorio.

 

Le dije:

– Voy a pescar y recolectar, tendrás que apresurarte, mi zancada será dilatada porque llevó prisa, deseo encontrar liermas (gordas y menudas mantarrayas que duermen en la orilla) y muyuyes (moluscos irisados) que extraer antes que levante su giba el GG- para un sabroso almuerzo de frutos marinos.

 

Me miró con algo de estrabismo por la fijeza de la mirada, en la cual latía un pozo de tristeza irreconciliable y susurró:

– Te seguiré -. 

No obstante su promesa, apenas unas cuantas medidas de tiempo después se retrasó, cuando giré el pescuezo lo encontré mirando mis ancas potentes, relucientes, adornadas en su centro con un ano rosa, extravertido y palpitante (tengo que explicar que poseemos cuatro poderosas piernas terminadas en pezuñas suaves, en el caso de los machos como yo, con tres penes funcionales en las respectivas ingles y en el de las hembras una vagina reproductiva adelante y dos vaginas de placer a los costados; por eso observados de perfil parecemos más un cuadrópodo que un centauro). 

Me mosqueé un poco, ya que había rechazado el ofrecimiento de intercambio de fluidos al inicio de nuestra conversación, pero me coloque por empatía en su lugar y supe que estaba extasiado por la deslumbrante belleza que exhalamos con cada movimiento, quiebre o torsión que ofrecemos a miradas o sensores. Coloqué un par de frases entre los atronadores gorjeos que caían desde la hojarasca, ya que la incipiente mañana seguía siendo espléndida y ruidosa.

 

–  Puedo explicarte como arribar al poblado más cercano.

 De nuevo me miró con un rescoldo de congoja y musitó:

–  Estoy más extenuado de lo que creía, explícame y trataré de no equivocarme. 

 

Los centoquiros captamos matices de verde que otras variedades de humanoides o especies no logran absorber y gracias a un sencillo sistema de señalización cartografiamos y confeccionamos matrices de localización, supuse que sería ciego al mismo y preferí expresarlo de diversa manera: 

-Continúa por este sendero, 30 clicks más allá del altozano donde me verás desviarme hacia el interior del bosque, gira hacia la playa, encontrarás una cortina de burures (exitosa simbiosis de mangle y bambú), localiza un orificio a través de ella y arribarás a un guijarral, atraviésalo y a su final ya serás capaz de avizorar los bungalows del poblado. 

Se desplomó sobre el barro, movió la mano en un gesto de agradecimiento y despedida y estuve seguro que con la mirada clavada en mis prominentes esferas glúteas me observo marchar.

Luego supe de su ingreso a la aldea, como los corcelill@s lo rodearon, lo acribillaron a preguntas y pedidos, como lo rescató el jefe del consejo, quien le ofreció una tarea y un bohío anexo a su bungalow y como se fue integrando a la plácida rutina del conglomerado, aunque lamenté no haberlo encontrado hasta cuando ya estaba a punto de partir.

 

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Charla con una abuela extraterrestre: Daína Chaviana en la filbo 2022

 

En el marco de la Feria del libro 2022 sucedió una charla, con la presencia de la emblemática autora,  sobre la relevancia de la literatura de Daína Chaviano en la ciencia ficción latinoamericana, moderada por Luis Cermeño y con intervención de Rodrigo Bastidas.

 

Al finalizar esta charla, El Agropecuario comentó:

 

Gracias a todos los agrícolas que nos acompañaron hoy en la conversación con Daína Chaviano y Rodrigo Bastidas en la Filbo. Los aprecio, como si fueran matapalos que ofrecen sombra en los momentos de mayor insolación.

 

El registro de esta conversación en el canal de fusionarte in a social approach:

 

 

 

 

 

Literatura e identidad: planteamientos étnicos y estéticos en la contemporaneidad. Por José Osbaldo García Muñoz

 

Inicialmente, debo decir que no soy bueno en el manejo de la teoría, además de tener muy mala memoria cuando de citar autores se trata. Por otro lado, no me gustan los monólogos intelectuales, donde el “saber” es solo atribuible a quien habla. Por ello, prefiero reflexionar a partir del diálogo y la interacción con otras voces. Así, en esta ocasión, voy a retomar a un autor en particular, de tal manera que, a través de sus escritos, podamos “desombrar” un poco esta insondable selva de personas y personajes que representan la literatura y la identidad. Desde luego, la literatura no tiene identidad. No es esa la función de una obra literaria. Pero como todo texto es creación humana y, por ende, resultado de un tiempo y espacio específico que lo acuñan, bien podemos arriesgarnos a pensar en ese “pequeño dios” que está detrás de cada trabajo artístico. En eso coincido con aquellos que dicen que un artista nace y se hace, pues nadie puede asumir un don sin recordar su origen, es decir, el lugar donde se ha forjado y las personas con quienes ha convivido.

Nuestro acompañante en este espacio será un joven y prolífico escritor e investigador de San Juan Chamula, Mikel Ruiz, a quien deberemos los aciertos y la lucidez que pueda haber en esta mi intervención; las fallas e imprecisiones serán atribuibles a mi persona, toda vez que el escritor no es responsable de lo que cada quien quiera entender acerca de lo que lee. La obra de Mikel es interesante y variada: lo mismo escribe poesía, cuento o novela que ensayos o trabajos profusos y complejos de investigación. Como mi intento es, en cierta medida, abordar la obra de nuestro invitado, me voy a enfocar en tres de sus últimos ensayos, los cuales son prolíficos a propósito de nuestro tema. Los tres textos a los que me refiero fueron publicados en Tierra adentro y Confabulario, bajo los títulos de “El retorno de los fantasmas”, “Tote (abuelo) o cómo tejer los recuerdos” e “Identidades fantasmas”. Justamente, fue este último quien llamó mi atención al leerlo. ¿Cómo puede la identidad ser un fantasma, una ilusión? Por ende, haré una breve reflexión acerca de la novela La ira de los murciélagos, a veces, haciendo puenteo con el trabajo cinematográfico de María Sojob, Tote.

Lo primero que hay que aclarar es que nuestras reflexiones se apoyan en la llamada —para algunos, mal llamada— “literatura indígena” o “literatura en lenguas indígenas”. Se trata de un movimiento surgido allá por los años setenta del siglo pasado —y quizá un poco más atrás—. A diferencia de la literatura indigenista, sus creadores son escritores y poetas provenientes de algunos de los pueblos originarios que, asimismo, hablan su propia lengua. No vamos a detenernos en esta revisión histórica, basta con saber que su aparición se da en el ámbito de las luchas de defensa territorial y reivindicación cultural y lingüística. Aunque incipiente en el campo de la crítica literaria, existen varios trabajos que dan cuenta de las etapas y características de esta corriente artística. Por lo mismo, podemos distinguir tres momentos fundamentales: 1. La transcripción/traducción (escrituración de las lenguas indígenas); 2. La recreación (de la tradición oral, principalmente); 3. La creación.

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La cultura y el arte en Chiapas. Pocos leones y muchísimas hienas (Segunda de dos partes). Por Héctor Cortés Mandujano

 

1994 y Acteal

 

El levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, puso ante los ojos del mundo el mapa de Chiapas y éste pasó a ser incluso un género en las librerías: Novela, Ensayo, Poesía, Chiapas, Teatro…

En materia cultural, me refiero a la institucional, se creó el CELALI y poco más; sin embargo, en parte porque hubo disposición para promover e impulsar creadores indígenas, han surgido varios autores importantes que han realizado con seriedad y talento su labor.

Después, en 1997, ocurrió la matanza de Acteal que, de nuevo, en los órdenes institucionales, volvió necesarios algunos cambios.

Pero la máquina del olvido ya pasó encima de ambos sucesos y en materia de políticas culturales Chiapas sigue arando en el vacío.

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Somos guajibos y éramos por millones… por Umberto Amaya Luzardo

Los guajibos somos tan viejos como el mundo.

Somos guajibos y éramos por millones.

 

Los guajibos no solo habitaron parte de lo que es hoy Guainía, sino también lo que que es Vichada, Guaviare, Casanare, Meta, Arauca y los estados venezolanos de Apure, Barinas, Guarico, Amazonas, Bolivar y Guayana y se extendieron viajando en canoas por muchas islas de las Antillas.

Creo que no se le ha dado el verdadero reconocimiento a esta civilización a pesar de tener uno de los idiomas más completos del mundo.

Le recomiendo una historia “Vamos a flechar el cielo” que siendo completamente guajiba habla del día que los extraterrestres secuestraron los niños y de cómo ellos subieron al cielo y los rescataron.

Lo qué pasa paisano, es que decir “guajibo” es una ofensa para los que tienen mentalidad blanca, pero yo creo que guajibo es un orgullo; tengo parte de esa sangre por los lados de los “ maciguares”. Pero ellos habitaron mucho más, recuérdeme que los guajibos también habitaron la selva amazónica del Perú y de Brasil y llegaron a tener asentamientos en Paraguay, Bolivia y el norte de argentina, recorriendo ríos y selva, por que la cordillera era de los incas, que no conquistaron la selva por temor al paludismo.

 

Umberto Amaya Luzardo

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

El imperio de la extroversión

26/05/2022. Barcelona. En esta sociedad para extrovertidos no hay, por ejemplo, aplicaciones de citas para introvertidos, es como si esperaran que asumiéramos las reglas del imperio de la extroversión, con sus parejas abiertas y promiscuas, su cháchara banal y vínculos superficiales, como si esas fuesen las únicas formas de «integrarse». Sonará raro a un extrovertido, pero para muchos introvertidos la única constante es desear no tener que salir de casa, quedarse encerrado hasta que se termine la comida. Pero la soledad y el encierro también nos aburren, sobre todo cuando termina el invierno, y la calle, ahora tibia como un útero, resulta acogedora. Y aunque los reservados podemos pasar largas temporadas sin cruzar palabra con nadie, somos herméticos por razones prácticas, solo abrimos las puertas a nuestro mundo a quien demuestra estar a la altura. Es decir, disfrutamos de la compañía adecuada. Entonces, para nosotros la «vida real» es lo que hacemos de puertas para adentro, aunque el mundo exterior, la calle, el imperio de la extroversión, resulte tentador a veces, como la buena fantasía que es.

Quizás la necesidad de aislamiento, de soledad, no sería tan incómoda si socialmente existiera una claridad sobre las cualidades de los introvertidos, en vez de tomarlos por versiones rebajadas de los charlatanes extrovertidos. Este imperio de la imagen corporativa, de la arrogancia que mira por encima del hombro, de la hipocresía descarada, del narcisismo individualista y competitivo, resulta ridículo para los taciturnos, por ello, en el imperio de la extroversión que es Occidente, los reservados resultamos sospechosos. Aquí el silencio es asumido como una rareza, lo que nos hace exiliados de nuestra propia lengua porque hablamos desde el silencio, y cuando lo rompemos, creamos un doble nudo, una extrañeza al cuadrado, pasando de taciturnos a beligerantes.

En el imperio de la extroversión cada grupo social sigue unas pautas, y los que las pervierten pagan el precio de la exclusión. Lo paradójico es que en Europa, un territorio en teoría abierto a culturas diversas, tampoco están bien representados los introvertidos, mas allá de esos espacios culturales en los que el silencio están normalizados. ¿Caben los introvertidos en este imperio de la auto-explotación, en el que las personas extrovertidas se ofrecen voluntariamente como peones risueños? Nones, parece ser la respuesta. En vista del rumbo que está tomando Occidente, con esa inclinación hacia los gobiernos totalitarios en los que la reflexión no tiene cabida, en la carrera contrarreloj por la explotación y la acumulación de capital no hay tiempo para detenerse y meditar. Si nuestra especie está destinada a la extinción, estamos siendo nosotros los primeros amenazados: los meditabundos reacios a participar en ridículos rituales sociales, los que sin problemas damos la espalda al ruido, los que entendemos la vanidad como un vicio, los que apuntamos al campo y abandonamos la ciudad, los que estamos hartos de esta masacre que llaman «vida real».

La cultura y el arte en Chiapas Pocos leones y muchísimas hienas (Primera de dos partes). Por Héctor Cortés Mandujano

Malas noticias

 

Chiapas ha ganado siempre –deshonor eterno– el primer lugar nacional de analfabetismo. El mayor acento en esta vergüenza está puesto en mujeres, población indígena y pueblos marginados, que son muchísimos, porque las comunidades dispersas son la constante en este territorio.

La justificación de que no haya suficientes carreteras, escuelas, centros de salud… es la orografía. Nuestro estado está lleno de cerros, lomas, montañas. Para los programadores, que miran el mapa, un pueblo está al lado de otro; en realidad, los separa una colina impresionante. Eraclio Zepeda, en “Don Chico que vuela”, lo dice jugando: “Si no es tanto lo encogido de estas tierras, sino lo arrugado. Montañas y montañas acrecentando las distancias. Si a este estado lo plancharan le ganábamos a Chihuahua”.

También, desde las más oscuras épocas hasta la medianoche de hoy, hemos encabezado nacionalmente los índices de pobreza extrema. Y los indígenas son los más desfavorecidos. Hay trece grupos étnicos en nuestra entidad y ocupamos el primer lugar en monolingüismo (Oaxaca y Guerrero han sido fieles compañeros), que también abona a la exclusión.

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