EL MATRIMONIO PERFECTO (microcuento)

 

— Mi señora dice que soy impotente

— No es verdad, mi amor. No lo eres.

 

ADIVINANZA:

Ella ignoraba que Eduardo Carvajal se gastaba dos cajitas de tadalafilo con ella, mientras que con la esposa no le interesaba hacer ese gasto.

¿A quién ama Eduardo?

SOLUCIÓN:

A él mismo.

MORALEJA:

Egoísta. Tacaño de mierda.

 

«Absurda noveleta negra» de Antonio Reyes Carrasco Por Gabriel Velázquez Toledo

Les llaman malditos, indeseables, pero sólo son artistas marginales que no pertenecen a un grupo, a los que el oficialismo desprecia por su falta de pretensiones, los que no se acomodan a las circunstancias que permiten doblegar su conciencia crítica, como lo acostumbra el sistema (con canonjías o dádivas). Su obra se transforma en la ordalía que exhibe la mediocridad y el favoritismo con que se beneficia a ciertos creadores, artistas y/o escritores, ya sea por vínculos afectivos, fraternos o incluso familiares, es la odisea de crear y llevar al público su obra la que les erige legítimamente como el pulso del espíritu social.

Pierre Bordieu exploró, en Las reglas del arte, cómo el estado otorga premios, becas y espacios (para presentar, exponer y canonizar discursos que de alguna manera legitiman en lo social un trabajo), lo que le garantiza al régimen en turno cumplir la función de ente validador, además de, obviamente, el no ser sometido a la crítica y, en todo caso, invisibilizar las propuestas de quienes le incomodan, en favor de la sobre exposición de quienes le son útiles, razón por la que vemos a ciertos grupos manifestarse hasta en la sopa.

Más allá de las propuestas políticamente correctas y descafeinadas, que quizá poseen la técnica que se aprende en las escuelas, pero no la fuerza ni la intensidad que da vivir lo que se narra, está la de los artistas underground, la que da testimonio de que el arte es una pasión que emerge desde las antípodas de la conciencia y la imaginación. A estos artistas pertenece Antonio Reyes (Tapachula, 1978), creador de fancines, promotor de lectura, poeta de megáfono y autor de obras desquiciantes como Hiato (2004), novela que se puede insertar dentro del realismo sucio, el del Bukowski puro (no el de Pulp, donde ya se había ablandado), que nos recuerda que somos simples seres humanos atravesando por las circunstancias de la vida. Abro un paréntesis para decir, y no está de más, que el Toño fue traducido al Francés hace unos años con esta misma novela, pero que eso no le hizo perder el piso, pues sigue regando tinta y aplanando banquetas en la búsqueda de historias como cuando nos conocimos.

El año pasado presentó Absurda noveleta negra (Pinos Alados, 2021) y no ha dejado de hacerlo en cada café, recinto escolar y festival que se lo permite. Va solo, con sus libros a cuestas, pues es la mejor forma de darse a conocer en un estado pobre, como Chiapas, en donde los agentes literarios no existen, así como tampoco las editoriales ni nada que implique una labor profesional de difusión cultural y en la que lo único que queda es buscar que las obras circulen de mano en mano, en un efecto dominó que lo ha llevado a ser reconocido como un escritor que posee una propuesta literaria sólida.

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Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Casualidades de la vida

02/07/2022. Barcelona. El ciclo se cierra, hace casi un año atravesé el océano con este libro en la maleta, y ahora, por casualidades de la vida, termino de leerlo a unos pasos de donde comenzó a escribirse, en el Pasaje de las Manufacturas, que conecta a la modernidad con la antigüedad, al Ensanche con el Borne. Barcelona. Libro de los pasajes recorre la memoria histórica de una ciudad en constante cambio, desde el Barcino romano hasta la babilónica Barcelona actual.

No es el primer libro de Carrión que me deja una buena impresión, Librerías también es memorable, y aunque sean libros de distinta naturaleza, uno con una visión global, el otro desde una óptica más local, ambos funcionan como catálogos de una memoria que él se propone perpetuar. Ambos títulos son además buenos compañeros de viaje, con ellos a la mano las ciudades resultan paisajes menos hostiles e indescifrables, más familiares. Tengo pendiente la lectura de sus libros-museo (Membrana, Todos los museos son novelas de ciencia ficción), pero en la presentación de ellos pudo apreciarse su habilidad para borrar las fronteras entre los géneros literarios, ni que decir de entre realidad y ficción. La obra de Carrión es interesante y pasará a la Historia como un innovador.

 

Y como los lectores saltamos de una intuición a otra, en ese afán desmedido por intentar conocernos mejor, o de entender el mundo y los tiempos que nos han tocado vivir, termino la revisión de este breve texto mientras leo Homenaje a Cataluña de George Orwell, otro libro indispensable para conocer el pasado de esta ciudad que teniendo el potencial de ser la París del Mediterráneo ha terminando convertida en una Disney para borrachos.

El ir tras dios de Gabriel Restrepo: EL TRAS-TEO

Allí donde está el peligro
allí también se cifra su salvación
Höldering.

 

 

 

El profesor Gabriel Restrepo, caminante-divagante, duró refugiado como monje incólume por siete años en el antiguo monasterio del monseñor mártir y beato, Jesús Emilio Jaramillo, quien fuera la persona que me bautizara a mí a tierna edad cuando todos temerosos creerían que no sobreviviría el año y para no morir como un animalito  me presentaron ante dios, cambiándome del mismo modo el nombre en una jugarreta a la muerte, porque allí murió Juan Pablo, como era por todos conocidos, y desde ese entonces fui Luis.

En ese ir tras dios, en el tras-teo, los cruces de caminos se presentan de un modo que los desciframos posteriormente como inevitables. Siendo de este modo, Gabriel Restrepo expresa un soliloquio en el que su periplo se cruza con la historia de la tierra Arauquita que es tan cara a la misma historia de la patria, y en la que desde este rincón, según cuentan, mi BISabuelo Joaquín también fue parte activa de su desarrollo para posteriormente ser también  desplazado de allí y despojado de las tierras de Arauquita.

Región que busca la paz en la sed de dios y Gabriel sufrió de ésta hasta que completamente seco, vuelve a Santandercito en donde es recibido por las nuevas generaciones con un cálido abrazo.

Todo ese trasegar lo pueden ver en la producción audiovisual publicada en la revista IN-USUAL:

EL SAGRADO RITO DEL TRASTEO:

A propósito del documental, compartimos un fragmento que hace del análisis de éste, por el profesor Arturo Esguerra Villamizar:

 

Desde la entrada se ingresa a una atmósfera de sosiego, siendo un trasteo todo lo contrario a ella.
Como lo expresa el nombre de la obra, se trata de un tras-Teo, de la búsqueda de un dios. El Teo lo pongo con mayúscula. No es un dios con nombre propio, terrenal, regional, es un Teo, simplemente un dios.
Eso que no existe, pero que nos gobierna, como decía Valery.
La imagen de Gabriel cargando un zurrón que cuelga de su hombro es teatral y majestuosa. Me recuerda a los presocráticos, aquellos que guardaban toda su hacienda dentro del zurrón de cuero.
Dicen que Diógenes de Sinope sólo cargaba una cuchara y una pequeña vasija. Lo suyo lo cargaba dentro de sí. La cuchara y la vasija eran los intermediarios para relacionarse con el todo ajeno y cruento que estaba fuera de él.
De Bogotá a lo más apartado y agresivo del Arauca colombo-venezolana; de allá de nuevo hacia acá.
Ocho mil libros, millones de millones de palabras impresas sobre papel.
Solo un camión llamado Rogelio puede transportarlas.
Gabriel las carga en su cabeza, dentro de sí. Esos muchos millones de habitantes impresos están, no en el zurrón de lona, sino en el gran zurrón que es su cabeza, su memoria, su nostalgia, su anima reflexiva.
Usando la palabra que él poeta del Cementerio marino, utilizo para nombrar un libro suyo, Borges se refería a Valery como “Monsieur teste”.
Por que no decirlo, también Gabriel Restrepo, es un “Monsieur teste”. Todo lo sabe, todo lo dice, todo lo piensa. Los dioses castigan a los gigantes, enseña la mitología griega.
En esencia el arte de la vida es trastear, trastear, trastear. Todo aquello que permanece inmóvil empieza a fallecer.
Tan de buena calidad como las imágenes, son los textos escritos por el profesor Gabriel. Celestino Mutis, Bolívar, Santander, breves reflexiones históricas, personales. La abuela que por su compromiso social merece una corona de flores el día de su muerte, pero que el partido político no se la envía.
Pequeñas citas y reflexiones que se vuelven poemas, creaturas poéticas.
En el tras-Teo siempre se pierde algo (de pronto mucho). Bella figura.
El camino hacia Teo no termina en la posesión. Lo sustancial es el acto del tras-Teo, la búsqueda. De los ambientes intelectuales de Colombia a un monasterio abandonado donde permanecerá, como un cartujo, durante siete años.
Kierkegaard lo decía, el proceso de seducción no termina en la posesión de lo seducido, lo que importa es el proceso seductor. El don Juan de Mozart.
Vale la pena mirar-oír todo lo que contiene este corto metraje. Verlo y mirarlo una y muchas veces, sin querer ser lambón
Me llamó la atención la música que acompaña todo el video. Más que música son los sonidos solitarios que acompañan el oficio caviloso del tras-Teo.

“No seduce todo lo que se revela”. A propósito de El diario De la Riva. Por Daniel Maldonado

 

Son legión los escritores que incurrieron –que siguen incurriendo– en la manía de registrar sus acaeceres más o menos cotidianos. Figuras como Pavese, Woolf, Piglia o Pitol no sólo escribieron diarios, esas bitácoras en las que consignaron aquello que se les antojaba pertinente, sino que hicieron de esa variante intimista de la narración un ejemplo preclaro de la experimentación formal.

Es en esta especie de naturaleza bicéfala del diario (testimonio puntual de lo experimentado regularmente al tiempo que laboratorio en el que es rasgo constante el juego con formas narrativas diversas) en donde podría descansar, también, su condición de interrogante. ¿Cómo narrar, cómo dar cuenta de aquello que, quizá por valioso o por pretendidamente inaprensible, se vuelve difícil cifrar en palabras? O, en última instancia, ¿qué detona la escritura de un diario –qué detona, sin más, el acto de la escritura?

A veces la ingenuidad se empeña en inmiscuirse en la propia actividad creativa. ¿Qué es lo que se narra? ¿Acaso los hitos que configuran –que van configurando– la propia trayectoria existencial? Puede que lo que se narre, así sea insulso o anodino, represente el lado menos nocivo de eso que se entiende como realidad. Hipótesis: el resultado de la escritura de un diario –o, en todo caso, del acto creativo– es justamente una forma, un modo de narrar. Un modo, en fin, de estar –e incluso de incidir, por vía de la palabra– en el mundo.

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QUINTO ENCUENTRO NACIONAL DE ORALITURA.

Una ballena encallada en las playas de San Bernardo nos recuerda el estado actual de la literatura universal.

 

En San Bernardo del Viento, del departamento de Córdoba, Colombia se está realizando -del 10 al 15 de octubre del presente año-  el quinto encuentro Nacional de Oralitura, evento que convoca a todos los escritores y poetas interesados, en modo presencial como en la modalidad de lo virtual a través de videollamadas en google meet.

 

 

Esta iniciativa está promovida por los escritores Manuel del Cristo Álvarez y Francisco Javier Coneo.

En el evento participarán de forma especial escritores de la región del sarare, entre ellos Álvaro Cristancho Toscano , por Saravena, y Leonel Pérez Barreño de Tame.

 

Así que todos están invitados a participar de esta fiesta literaria.

 

 

 

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Jubilación prematura

3/6/2022. Domingo. Barcelona. Hoy doy por jubiladas mis rodillas. En adelante solo las usaré en paseos vespertinos, y a lo sumo, en eventuales recorridos turísticos. Las jubilo luego de haber llegado hasta la entrada del parque de diversiones en el monte Tibidado (512m). La semana anterior había subido al castillo de Montjuic (173m), exigiéndole a mi rodilla-matraca que me llevara, no solo hasta el fuerte, sino también a conocer sus recovecos. Las molestias en la rodilla izquierda eran tolerables, y en vista de que tres días después ya estaba recuperado —descontando el persistente sonido como de molinillo de pimienta— decidí que era buen momento para intentar subir al Tibidabo, reto que intenté fallidamente durante un invierno, hace casi 20 años.

Sobre el ascenso no hay mucho que decir, salvo que primero hubo cientos de escalones de piedra, seguido de cientos de metros por caminos de tierra aplanada, y unos cuantos metros a campo traviesa. Aunque la cima fue imposible de alcanzar porque los terrenos que ocupa el parque son propiedad privada, el hecho de llegar hasta la entrada del lugar se sintió como un pequeño triunfo ante la tediosa monotonía. Pero fue una emoción fugaz como un subidón de nicotina, ya que una vez alcanzado ese punto solo quedaba descender, lo que hice sin preámbulos para evitar el enfriamiento de las articulaciones. Desando extender la liberación de hormonas del bienestar decidí aventurarme por uno de los tantos senderos creados por la fauna del Parque Natural de Collserola; a eso de media hora de estar perdido en el monte la trocha súbitamente caía en picada tres metros y pasaba frente a la boca de lo que parecía una cueva cubierta por una ramada. Ahí entendí el terror que deben sentir quienes se extravían en el monte, sobre todo si van heridos, con hipotermia, o deshidratados. Pensé en que a esa hora era menos factible encontrarse a una fiera salvaje que a un psicópata, y por alguna razón eso me tranquilizó. La rodilla producía un dolor punzante, pero en ese momento la fricción de los meniscos era el menor de mis problemas.

De vuelta en el camino autorizado todo volvió a la sosa normalidad, el resto del descenso transcurrió sin novedades hasta que descubrí algo espantoso: la cruda escala de lajas verdes como escamas de dragón no tenía barandas. Y no tenía opción, esa era la ruta más rápida. El sol estaba cocinándome el cráneo y la nuca, el agua se había terminado, y la migraña por insolación avanzaba agresivamente ignorando el paracetamol de un gramo que me había tomado recién salido del foso.

Mientras tanto, a mis espaldas pasaban los fanáticos del trekking dando saltitos gráciles, casi levitando como al compás del concierto para clarinetes de Mozart que yo escuchaba.

Con la sonrisa resignada del que se sabe decrépito bajé los escalones, uno a uno, poniendo primero el pie derecho, el lado de la rodilla buena, pasito a pasito, como un bebé que aprende a bajar escaleras.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Métodos para romper el hielo

 

7/06/2022. Barcelona. Romper el hielo es el principal obstáculo a la hora de conocer nuevas personas, aquí un breve manual para remediarlo:

 

  1. Hazle una pregunta no demasiado personal, lo suficiente para atrapar su interés En lo posible, que surja de la observación de la persona. Evita hacer preguntas que se puedan responder con monosílabos. En cambio, pregunta, por ejemplo: «¿de dónde eres?»; «¿cómo te llamas?»
  2. Ser espontáneo. Di lo que piensas, trata de sacarle una sonrisa.
  3. No huyas de la situación si se ha puesto tensa luego de tu aproximación, es normal hacer ajustes para sintonizar.
  4. Ten iniciativa, da el primer paso. Desarrolla un sistema sutil para iniciar conversaciones.
  5. Vive tu vida, pero ayuda a quien lo necesite, lo demás vendrá por añadidura.
  6. Halagos simples, sin exageraciones.
  7. Atrae, no busques. «Mostrar tu hambre» puede ser interpretado como desesperación. Con frecuencia lo mejor es tomar una aproximación indirecta y desinteresada. No busques, pero reconoce los hallazgos.
  8. Valórate, no te conformes. Apunta alto, igual vas a hacer el ridículo.
  9. Relájate, todos buscamos una compañía amena con la que pasar un rato agradable, pero no te afanes por nada ni por nadie.
  10. No idealices. Si lo de las interacciones sociales se te da mal —ni hablemos de la conquista—, ¿por qué seguir invirtiéndole tanto tiempo? Es preferible tener paz interior a andar creyendo que una persona te llevará al nirvana.
  11. Olvídate de la fantasía del amor. Cultiva una relación sentimental, si es caso, a partir del sexo o la amistad.
  12. La ley del mínimo esfuerzo no es mala, es justo lo que necesitamos aplicar aquí.
  13. Nada de lo dicho servirá si no le interesas, no seas pesado.

«Mujer de la montaña»: acercamientos a la narrativa de Josías López Gómez. Por José Osbaldo García Muñoz

 

Hace tiempo, mientras buscaba un tema para abordar el indigenismo en Chiapas, tuve un encuentro fortuito con el escritor Josías López Gómez. Siempre alegre y bonachón, presto para las bromas y la risa, tuvo la amabilidad de regalarme su primera novela, recién publicada: Te’eltik ants, Mujer de la montaña. «La firma sí se cobra», dijo, bromeando, cuando le solicité que me rubricara el obsequio. Enseguida, pidió que le hiciera algunos comentarios a su obra: «Pero hable bien de mí, pues, si no le voy a tener que pedir mi libro otra vez», puntualizó con su clásico y sonoro tono de voz para, de inmediato, echarse a reír en abierta carcajada.

 

  1. El autor

 

Josías nació en la comunidad Cholol, municipio de Oxchuc, Chiapas, el 1° de agosto de 1959. Licenciado en Etnolingüística y Maestro en Lingüística Indoamericana, de 1981 a 2013, se desempeñó como profesor bilingüe en áreas rurales de Chiapas. Autor de varios libros, entre los que destacan La aurora lacandona, Todo cambió, Lacra del tiempo y Palabra del alma, fue ganador del premio a la narrativa indígena, emisión 2009, convocado por el CONECULTA-CELALI y del Premio de Literatura Indígena de América 2015. Actualmente, pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

Se trata de un narrador autodidacta, exsupervisor escolar bilingüe, esposo, padre de familia y hombre preocupado por el «vacío» que existe en el «arte indígena», según sus propias palabras. Esto último, es el factor primordial que lo mueve a ser un literato, al estar convencido de la «utilidad» de su trabajo en la cuestión lingüística y cultural concerniente a los pueblos originarios. Bajo su óptica, su narrativa:

 

  1. Es «un recurso para la defensa de la lengua bats’il k’op, ante la amenaza constante de descalificaciones y pérdida gradual».
  2. Aunque su obra «No expresa la totalidad del mundo de los bats’il winiketik […], sí ofrece elementos culturales, cosmogónicos, sobre todo, de la explotación y del abandono que caracterizan a los pueblos originarios de Chiapas».

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Hallazgo de cantos populares

Hallazgo de un cancionero marcial en la cantimplora de un joven al que casualmente llamaban «la cantimplora» porque solía ser el desembarco de la libido de sus compañeros.

 

¡A chupar cantimplora!

 

Todas las mañanas al salir el sol
Levanto la carpa con el cabezón
Pongo el redtube en el computador
Y me jalo la tripa como un gladiador.

A la hora que llega a mi mujer
Dice levántese vago vaya a trabajar
No ve que no hay ni mierda para tragar
Le respondo la leche has de ordeñar

Depresión en la mañana me ha de dar
Porque a mi mujer no puedo consolar
El lechero hijueputa se la metió
Y no se la saca ni para mear

A qué hora he de acabar?/ mi vida parece no tener final/ Agárrome la penca y me pongo a llorar/

mientras mi mujer se viene con el lechero como si se fuera a mear .