Último día del tour de Francia dos días después de su final

Campeón: Tadej Pogacar (Eslovenia-UAE)

La llamada generación del noventa en el ciclismo pasará muy pronto al lugar donde pocos la recordarán. Luego del arrebato con el que aparecieron ciclistas como Quintana o Doumolin, esperaron por la partida de quienes les precedieron (Froome, Contador, Nibali) sin saber que vendrían unos niños a decirles que el talento sí existe y que ni siquiera es tu culpa el quedar condenado a la medianía.

Medianía misma que yo experimento cuando leo a grandes cronistas que, con soltura, escriben como yo jamás podré y tienen diez años menos y cobran por lo que hacen y viajan, así sea con tapabocas. En todas las disciplinas operan las comparaciones; están los que dan el salto a las grandes industrias editoriales, los reconocidos por editores autodenominados independientes y los que se quedan en las trincheras de una página.

Ahora me figuro a Nairo Quintana corriendo alguna de las llamadas Clásicas de su departamento – en Colombia llaman así a competiciones de tinte municipal que duran tres días a lo sumo-, bronceado por los días en la cordillera; los fanáticos le recordarán que el escándalo del dopaje no es más que la suma de menesteres que debe pasar un sudamericano cuando decide correr en Europa, nacidos de la envidia o una siniestra forma de entender al mundo en donde no se le permite a un hombre tan humilde como él – humildad de la que se suele hacer gala en el país al punto de convertirse en el pivote del orgullo nacional y ciclístico- alcanzar su deseado maillot amarillo. Pero el deseo es tal porque jamás se sacia y Quintana deseó el amarillo y lo continuará deseando en esas clásicas. Es un final como el de cualquier hombre que ha envejecido. Y los ciclistas son hombres cualquiera.

Doumolin tendrá un futuro más corporativo. Quizá en las filas de algún equipo. Hablará con parsimonia y se sorprenderá ante los rendimientos marcianos de los muchachitos que, más jóvenes cada vez, asaltan el pelotón mundial de los ciclistas. Otros, como Roglic, regresarán a sus casas silenciosas y referirán su amistad con ese hombre nueve años menos que le ganó el tour de Francia de la pandemia.

La generación de los treintañeros se va con muchas promesas incumplidas. En unos años no la recordarán mucho pues la narración de este juego es proclive a llamar monstruos y hacerles desfiles de honor a los ganadores: hay una vindicación marcial que explica por qué tanto cultor de este deporte se siente atraído por figuras militares o es afecto a los gritos nacionalistas y la erección de estatuas.

La generación del noventa será tragada por las apariciones estelares, así como este diario se quedará en el reducto que le corresponde. Aparecerán grandes libros, premiados, donde relaten la gesta de Tadej Pogacar y afirmen que ganó “solo” el tour para así instaurar su poderío en la competencia francesa. Habrá cientos de cantos sobre los logros de los niños precoces y feroces que han hecho recordar a los abuelos, ya muchos muertos y, en el medio, quedarán los atrapados en sus prospectos. Y no importa: habla mejor de ti lo que no tuviste y el lugar donde nunca entraste que los momentos en que levantaste los brazos y alguien te dijo «campeón».

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día veintiuno (etapa veinte).

LURE-LA PLANCHE DES BELLES FILLES

Ganador de la etapa: Tadej Pogacar (Eslovenia-UAE)

Líder de la clasificación general: Tadej Pogacar (Eslovenia-UAE)

La ventaja del aburrimiento es que las lagunas que permiten omitir ciertas circunstancias no se perciben. Fueron cuatro días, hasta hoy, en los que no escribí nada sobre el tour que, a falta de la contrareloj, pintaba para convertirse en el más mierda de los últimos diez años (lo cual dice mucho, gracias a Sky/Ineos). Pero, en los cambios normales que suceden en esas historias donde al final no sorprenden con “todo lo que pasó antes fue un sueño” o “una mentira”, con lo cual terminan optando al Oscar del año subsiguiente a su aparición, todo cambió, como en las telenovelas.

Tadej Pogacar paseará (porque la etapa 21 no tiene competencia) como campeón en París. Lo que hoy ocurrió marca el final del período de transición entre un tirano y otro en el tour. Froome será un recuerdo y Pogacar se instituye como el próximo dominador. En 2021, si es que la peste amaina, en julio el viejo emperador se arrastrará mientras el nuevo lucirá su juventud, sin saber que en unos años también será tragado por la dinámica del aplastamiento propia de estos espectáculos.

Se escribirán crónicas sobre el rostro desencajado de Roglic en la ascensión y su casco tan deslucido como el de don Quijote, el comodín para convertir a cualquier crónica en literaria y para desembocar con el adjetivo más usado en el ciclismo: “épico”. El golpe de efecto de hoy permitirá el acaloramiento de los espectadores y la exaltación de un “momento histórico”.

Ya en las llamadas redes sociales aparecen los esputos; los hechos por los fanáticos que dicen que Roglic ha pagado por su dopaje, las cetonas y los motores, hasta los que se burlan de López, que cayó del tercero al sexto puesto, superado incluso por Landa, que ya se perfila como un buen titulador de medios de comunicación para cuando se retire. Todos estos comentarios se ubican en la ingenuidad de creer que los ciclistas atacan porque quieren o no lo hacen porque, como dicen en el fútbol y sus rudimentarias consignas, “no tienen huevos”. El show del tour se ha salvado, al menos para los entusiastas. Se augura que en el 2021 Pogacar extenderá su dominio y se hará un lugar en el panteón de héroes de los fanáticos.

Hace más de un año escribí que me parecía más digno un retiro luego de ganar el tour que el hambre de dominar; supuse a Bernal abriendo una panadería en Zipaquirá, donde atendería luciendo su camiseta amarilla: esa hubiera sido la confesión de que el show tampoco es tan importante y ni siquiera ganar en el mismo es un fin en sí mismo: eso no pasó y este año Bernal está convaleciente. Con Pogacar tampoco ocurrirá que abandone el ciclismo en este momento porque existe algo a lo que los deportistas y cronistas entienden como “gloria”.

Y la gloria es ganar y ganar, como dicen algunos difuntos directores técnicos del fútbol: ganar y ganar, acumular y acumular.

Y, al final, morirse y pensar que lo recordarán.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día dieciocho (etapa diecisiete).

GRENOBLE-MÉRIBEL COL DE LA LOZE

Ganador de la etapa: Miguel Ángel López (Colombia-Astana)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

Hay reclamos y majaderías. La fiebre del fanático y la demanda de que su campeón luzca su hambre desatada de aplastar al otro – y así convertirse en alguien memorable o inmortal, como si no morir fuera el objetivo último de la vida – sólo se esclarece cuando su dios cae: empiezan las caras de amargura y las preguntas cuyas explicaciones son divertidas; en estos días donde dos de los ciclistas colombianos más nombrados han caído a puestos de segundo o tercer orden de la competencia, afloran las peleas y los orgullos heridos. Es más, aparecen reclamos de ecuatorianos que inculpan a Bernal por el lugar de Carapaz o las sospechas de algunos españoles que creen que Quintana está haciendo un drama para justificar su nuevo fracaso: falta poco para que afirmen que simuló su caída con Bardet y Mollema, lo cual lo haría un muy buen candidato para hacer de doble en Los Ángeles cuando termine su carrera ciclística. Lo enternecedor de este asunto es que se olvida que los ciclistas trabajan para corporaciones, que son asalariados y que, incluso, algunos han sido cobayas porque la competencia también es entre médicos, ingenieros, nutricionistas, preparadores físicos, masajistas y administradores de empresas.

La conciencia de que en la carretera opera una competencia que remeda la de afuera, propicia la pérdida de expectativas con respecto al entretenimiento dispensado por el tour. Abundan alegatos en torno al aburrimiento en el que se ha hundido la prueba -alegato repetido a lo largo de una década- y el anuncio de la agonía del espectáculo, como si este fuera el fin último del negocio, cuando puede que la entretención sea el rostro más superfluo de un trabajo que se centra en el desarrollo tecnológico de diferentes disciplinas: habría que preguntarnos sobre los avances en el conocimiento del EPO que se dieron luego de su uso indiscriminado en el ciclismo profesional durante la década de los noventa.

El nacionalismo enternece si no es que también funciona para que gobiernos le regalen dinero a empresas que se valen del nombre de un país para reflotar de sus quiebras o para que algún inservible se disfrace de policía y apoye a quienes han matado. En el caso del ciclismo, opera como el último bastión para que los televidentes se distraigan y discutan en los foros: si no está bien visto el fanatismo en muchos cenáculos ciclistas, los cálculos y las discusiones suelen incurrir en los reclamos por una distracción que, en el negocio, es secundaria: quizá estamos viendo la televisación de las reacciones corporales de hombres ultramedicalizados y nutridos con el fin de explorar los límites del cuerpo humano, así como las llamadas burbujas inmunológicas que buscan dar cuenta de una inmunidad en el pelotón pueden ser el piloto de medidas para que corporaciones y demás instituciones implanten políticas que ayuden a fortalecer la defensa contra el Covid.

La etapa del sábado tuvo como particularidad el hundimiento del campeón del año pasado, Egan Bernal, que trata de desdramatizar todo el asunto con la retórica de quienes saben que este es apenas un trabajo. Ayer siguió perdiendo tiempo en una de las peores etapas del tour de este año -no se puede decir que la peor pues, aunque parezca lejano, aún se recuerda lo ocurrido en la primera semana, justo antes de los vientos que prologaron a los Pirineos- y hoy se ha retirado. El Jumbo sigue dominando -continuamos bajo el imperio del gerundio-, gracias a que Van Aert, un belga que con seguridad disputará hasta último momento el título del campeonato mundial de Imola, impone un ritmo en las ascensiones que llevan a pensar que, con un poco de trabajo, podría  perfilarse como un campeón de esta prueba de no ser porque, en la tradición ciclística donde él nació, es más importante ganar las clásicas, y al alemán Martin, que se portó como el pastor implacable del rebaño durante la primera semana, que hoy día autoriza o no las escapadas insustanciales de todos los días.

Hoy, desde la subida a La Madeleine, Bahrein Mc Laren intentó dominar al pelotón e impuso un ritmo que parecía consumir a la escapada. Adelante, ya en el Col de la Loz, Carapaz, el ecuatoriano, luchó para no ser atrapado mientras atrás se desgajaban los rivales del Jumbo pese a que la intención del equipo Bahrein fuera la de acabar con la compañía del esloveno. Al final, cuando ya quedaron los llamados “capos”, el líder del equipo que trabajó todo el día no pudo atacar – Mikel Landa- y entonces vino el arreón de López, acompañado por los eslovenos, y el ecuatoriano fue rebasado: esta es la historia de una etapa que se calificará como emocionante pues el tour no da para más.

Al final, el colombiano llegó primero a meta y, en segundo lugar, el líder de la general que ha distanciado más a su connacional y se consolida como el virtual campeón del tour de la pandemia. En las cunetas había aficionados con sus tapabocas: eran como unas cobayas que miraban a otras, cuidándose de no contagiar ni contagiarse. Y nosotros, tras la pantalla del televisor, también nos aconductamos como cobayas, esperando el show de un negocio cuyo objetivo no es entretener sino experimentar.  

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día quince (etapa catorce).

CLERMONT-FERRAND-LYON

Ganador de la etapa: Kragh Andersen (Dinamarca-Sunweb)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

El mejor homenaje a muchas etapas del tour es escribir palabras como los ciclistas cumplen con etapas insustanciales. Hoy es el día del homenaje: ganó Andersen y Roglic sigue de líder en la clasificación general. Dicen que mañana será diferente, algo que se suele decir cuando la vida se va de las manos y se termina esperando.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día catorce (etapa trece).

CHÂTEL-GUYON-PUY MARY CANTAL

Ganador de la etapa: Daniel Martínez (Colombia-EF)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

¿Por qué no ataca Ineos? La pregunta, hecha a treinta kilómetros de la meta, por un joven comentarista, se despejó tiempo después, cuando Egan Bernal sacaba la lengua en la última ascensión – sacada de lengua de la que hizo gala frente a los cámaras minutos antes, como sabiendo lo que iba a ocurrir-. Adelante, se marchaban los eslovenos Pogacar y Roglic y, al final, ambos ocupan los dos primeros puestos de la clasificación general. En el caso del fanatismo colombiano, la euforia, porque el ganador de la etapa fue Daniel Martínez, devino en amargura y frustración; para los sedientos de revanchas marciales y de heroísmo, mientras se asesinan ciudadanos por parte de la policía en la capital del país, que haya cuatro colombianos entre los diez primeros pero que ninguno ocupe los dos primeros lugares es una afrenta contra la sobrevalorada y gaseosa “mentalidad ganadora” o jerarquía, como suelen esputar algunos comentaristas del fútbol.

El líder actual, Roglic, tiene una cadencia semejante a la de Armstrong, dicen algunos periodistas, como para asegurar que lo venidero será una confirmación de su superioridad. Cuando entró a la zona de meta se veía fresco, sin descuadernarse mientras atrás, salvo Pogacar, entraron con los rastros del sufrimiento. Para los que sólo ven el tour porque esperan que gane alguien de su país, ya aparecen las palabras esperar o Covid en el horizonte. O aguardan un inverosímil desfondamiento de Roglic; son las principales armas para mantener a la audiencia y exacerbar el chauvinismo.

En la última ascensión, aparecieron muchos espectadores con el tapabocas colocado en sus papadas; gritaban y quizá escupían a sus ídolos: escupitajos que pueden ser letales, aunque parece que todo está “bajo control” y el tour tendrá un final distinto a la variante pandémica. En el muro final Martínez – el ganador- mostró capacidades inéditas para los escaladores colombianos y venció a dos integrantes del equipo Bora.

Hoy, la clasificación general está compuesta, en un sesenta por ciento, de ciclistas provenientes de dos países impensados para tales lugares hace una década: Eslovenia y Colombia. La primera nacionalidad tradicional que participa de ese listado es España, con un veinte por ciento. Quizá todo esto no pase de una anomalía propia de un año anómalo, quizá sea el remache de una nueva época en la que los nacionales de países de segundo o tercer orden económico han irrumpido, lo cual no significa un desarrollo deportivo de esos lugares sino la mundialización del comercio de fuerzas de trabajo por parte de las grandes corporaciones que buscan talentos. Es una obviedad que debe repetirse, sobre todo para la fanaticada colombiana: el tour no es una competencia hecha por representantes de diferentes países sino entre marcas que invierten en el negocio y la nacionalidad resulta incidental.

Cuando en los relatos del tour aparecen expresiones como “esperar a ver qué pasa”, asoma el primer rasgo de una abdicación. Con seguridad, para mantener algo de tensión en el espectáculo, después del domingo se hará referencia que lo más codiciado es un lugar en el podio final: jamás los relatores del ciclismo pueden perder la oportunidad para exaltar lo que otrora fuera considerado una desazón; magnificarán la lucha por el lugar en el podio entre los colombianos y Porte que, de seguir así, llegará mucho mejor colocado en la clasificación final luego del penúltimo día de Contrareloj.

Mañana ocurrirá una etapa que pinta anodina, no por el trazado sino por la forma como se correrá – casi siempre ocurre lo contrario a lo que espero y, muchas veces, sale peor de lo que esperaba-. El domingo se avizora un gran cambio, al menos en lo que concierne a la clasificación que empieza en el tercer lugar porque el primero y el segundo parecen reservados a los que tienen más vatios en sus piernas: vatios de Jumbo y UAE.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día trece (etapa doce).

CHAUVIGNY-SARRAN CORRÈZE

Ganador de la etapa: Marc Hirschi (Suiza-Sunweb)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

Los poetas y músicos que se matan, luego de grandes episodios de tristeza medicalizada en patobiografías, sirven para que, quienes tememos a esos meandros, podamos consumir algo de lo que ellos enseñan: sus canciones y versos instituyen el parque temático de la depresión que sirve para que cada uno de nosotros tenga sus cinco minutos de malditismo. Es más, no importa el nombre del nuevo muerto, salvo para algunos fanáticos; los demás buscaremos otros jóvenes que se inmolarán y se convertirán en el souvenir de un lustro o, con suerte, de una década.

En el ciclismo también hay suicidas en las carreteras. Se los llama valientes o aventureros y se les permite escapadas de kilómetros. Los espectadores nos solazamos y les hacemos hurras, aferrados a una reivindicación de la «esencia del ciclismo», cifrada en el núcleo de lo “épico”; pretendemos que ello hará emocionante a un espectáculo que, para quienes se educan en el boxeo o el fútbol, les semeja una “carrera de bicicletas”, como me lo dijo alguien en estos días.

Esos héroes ocasionales se difuminan tan pronto cruzan la meta. Los periodistas se ocupan de la clasificación general, la cual no se mueve en etapas entretenidas como las de hoy. Y es que el carácter doble de las competencias largas se da en estos momentos: “se corren dos carreras”, dicen muchos, para explicitar que una es la situación de la etapa y otra la de la clasificación final, que comprende el tiempo empleado durante los 21 días de competencia si es una gran vuelta. En esa duplicidad, predomina el segundo rostro, con lo cual, lo que pasa en concreto en la carretera se torna en lo incidental y propicia que con esos aventureros ciclistas ocurra lo mismo que los poetas y músicos que se matan: se los consume y olvida.

El lugar ocupado por Hirschi en este tour ha sido el del constante buscador. Se le exalta su valentía y se proclama su prospecto como gran estrella del «mundo pedal». Hoy muchos hicieron fuerza para que llegara en solitario; a diez km de meta, distanciaba a más de medio minuto a sus perseguidores, casi todos ellos abrasados por el hálito de esa valentía que, si no se refrenda con el cálculo de un triunfo en una clasificación general o en una clásica con prestigio – esa modalidad en la que se siente que el ciclismo aún cuenta con reductos no invadidos por la tiranía de los libretos-, serán tirados al estante de las curiosidades del que nos valdremos cuando nos pavoneemos por con algún gesto que nos coloque en el sobrevalorado lugar de erudición ciclística.

Finalmente, Hirschi ganó. Ya se tomó como dato curioso que el último connacional suyo que había ganado una etapa fue Cancellara, el suizo al que llamaron Spartacus – los apodos, en el ciclismo, como en casi todo espectáculo, operan con la misma función que tienen en el circo: enfatizar y exagerar una característica y relacionarla con algún héroe que sirva para enfatizar eso «épico» en torno al cual gravita la narración «ciclosófica»-.

A Alaphilippe se le estropeó la bicicleta a dos kilómetros de meta, confirmando su mala suerte en la competencia y Rolland salió al ataque para lograr un segundo puesto que lo colocará en ese lugar donde le valdrá algunas crónicas y libros a futuro: el hombre que siempre fue un casi.

El ganador, con 22 años, ya aparece en la generación de jóvenes osados como Evenepoel o Pogacar y muchos otros que, ojalá, no se desboquen al punto de estar viejos y cansados cuando les llegue los 27.

Acá podrá leer una crónica sobre los hechos acaecidos desde el kilómetro 0 de la etapa

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día doce (etapa once).

CHÂTELAILLON-PLAGE-POITIER

Ganador de la etapa: Caleb Ewan (Australia-Lotto)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

La etapa de hoy ha sido intrascendente. Ganó Caleb Ewan y, en el pelotón, la única noticia fue la caída de Ion Izagirre, el principal apoyo de Miguel Ángel López para las montañas que vienen. También se armó revuelo por una nueva patanada de Sagan que, desde que no volvió a ganar, tiene menos defensores: son las cosas de la gloria. El eslovaco, en el embalaje, empujó con el hombro a Van Aert (que, en unos años, será visto con creciente indiferencia, como le ocurre hoy a su ofensor).

Roglic mantuvo el primer lugar en la clasificación general. Un día como cualquier otro. Un día donde pareciera que jamás ha habido una peste porque «el tour es el tour».

Intrusos alienígenas. Por qué leer y escribir ciencia ficción. Historia personal.

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Este texto surge a partir de la invitación de la Secretaría de Salud, del departamento de Casanare, gracias a la gestión de Alejandra Hernández y el departamento de sicología y salud mental, para el programa «Es tiempo de estar juntos» que se transmite en la fanpage de la institución.

Se me solicita dirigirme al público infantil y juvenil, de modo que aborde la lectura y escritura como una forma de vida válida, y la literatura de ciencia ficción como un hábito saludable para la vida mental.

De este modo, redacto un texto con el fin de indagar sobre los caminos que me llevaron a esta forma de vida relacionado con la lectura y escritura de este género, y creo un texto bastante personal en el que trato de indagar mi elección por el género, motivada por datos autobiográficos como las estancias en los hospitales infantiles, e influenciada por fenómenos globales como la llegada de Internet y el 11 de septiembre de 2001.

Agradezco la gestión de todos los que hicieron posible este espacio, especialmente a Alejandra Hernández, así como a Tato Rincón por abrirme generosamente el micrófono en su espacio radial de la mañana, y la entrevista que se hizo después de leer el texto para tratar de dar a conocer más la ciencia ficción en la región casanareña.

La entrevista radial se puede ver en este enlace de facebook: mapanare estéreo min 31.

La lectura del texto y las preguntas en este enlace (con poca calidad de transmisión):

INTRUSOS ALIENÍGENAS.

¿Por qué escribir y leer ciencia ficción?

Estaba muy pequeño y enfermo y aburrido, cuando una enfermera me acercó una cesta de libros y me dijo:

-— escoja uno.

Había muchos que hoy yo no recuerdo pero también otro que sí conservo en mi memoria, pus de los pocos títulos que había allí se distinguía por lo evocativo de su título y las poderosas imágenes, que contrastaban mucho con mi situación, pues allí se encontraban piratas fortachones, feroces tigres y unos niños de mi edad, más afortunados, viviendo una realidad que para mí era como de un universo paralelo.

Se trataba de La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson.

Fue el libro que escogí y  leí todo durante esa noche, cuando la fiebre apaciguaba y mis pulmones respondían mejor.

Desde entonces firmé un pacto secreto con aquellos niños del libro, jamás me abandonarían, y yo mejoraría y lucharía por mi vida pero me llevarían junto a ellos a esos paisajes que jamás había visitado y tendríamos muchas aventuras;  estando yo a salvo, detrás de las páginas, me harían sentir lo que ellos sentían en ese momento, como por arte de magia, y yo tampoco los abandonaría en sus incursiones por las selvas negras a los que la  curiosidad los arrojaba.

La curiosidad es esa puerta al otro mundo, o roca al otro mundo, como las rocas que se abren y cierran durante las noches en la sabana de los llanos y se llevan a los amantes o los fugitivos que encuentran en el verde infinito su mejor resguardo. Los niños de los cuentos  fueron creciendo como creciendo mi apetito por más aventuras, nuevos paisajes, más desafíos, encerrado dentro de los libros, pero yo no crecía físicamente, o por lo menos no de la misma forma de mis compañeros que desarrollaban músculos, mejoraban en deportes y en competencias para enfrentar lo que llaman el mundo.

Decía el escritor de la juventud, Friederich Nietzsche “tenemos el arte para no morir de  realidad” y si bien los doctores me salvaron aquella noche asmática de morir de asfixia, la enfermera que me ofreció el libro de Stevenson me salvó de morir de aburrimiento- como el dicho-,  pero “no morir de aburrimiento” significa también  no matar la mente, ni el mundo de  la curiosidad: con todos y los pactos secretos que ocurren allí, mientras uno se encuentra en la dimensión paralela de la fantasía, haciendo la magia posible, a través de un invento tan humilde, sencillo y poco valorado como un “simple libro”.

Un libro nunca es algo simple, aunque su material parezca tan rústico, papel y tinta, con palabras de nuestro propio idioma, en el mejor de los casos por todos conocidas, crean una arquitectura única, porque allí bajo estos simples elementos se genera la alquimia para conjurar grandes espíritus con la capacidad de hablar a nuestras esperanzas, sueños y temores.

Decía el científico Carl Sagan, en el libro Cosmos:

Qué cosa tan asombrosa es un libro. Es un objeto plano, hecho de un árbol, con partes sobre las cuales están impresas un montón de graciosos garabatos oscuros. Pero una mirada a él y estás dentro de la mente de otra persona, tal vez alguien muerto por miles de años. A través de los milenios,

un autor está hablando claramente y silenciosamente  dentro de tu cabeza, directamente a ti.

 Escribir es quizás una de las grandes invenciones humanas, juntando gente que nunca se conoció entre sí, ciudadanos de distintas épocas. Los libros rompen los grilletes del tiempo. Un libro es la prueba de que los humanos son capaces de trabajar la magia.

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Volvamos al niño que quedó metido entre libros, acompañado por los personajes de los libros, los preferidos los que eran cercanos a su edad y por tanto sentían el mundo de una forma parecida a él, pero además con un gusto por la sabiduría de los viejos, que siempre tenían el pensamiento preciso para explicarte las cosas, de modo que la siguiente vez ya no la veías de la misma manera sino que ya tenías comprensión y por lo tanto, aspirabas, una mejor forma de aproximarte a cada evento de la vida.

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El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día once (etapa diez).

ÎLE D’OLÉRON LE CHÂTEAU-D’OLÉRON-ÎLE DE RÉ SAINT-MARTIN-DE-RÉ

Ganador de la etapa: Sam Bennet (Irlanda-Sunweb)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

Ni las veletas de las iglesias ni los árboles se movieron y ya los ciclistas estaban a unos setenta y cinco kilómetros de la meta; más hubiera valido diseminar algún gas colorido para saber el rumbo y velocidad del viento, elemento este que se ha convertido en fundamental para la ilusión del tour.

Con la quietud, que pareció desmoronarse luego del penúltimo tramo urbano, cuando las banderas ondeaban, apareció la resignación sobre lo que hoy podía ocurrir. La explicaciones  de los comentaristas intentaban dar cuenta que el hecho de que alguien escriba algo aburrido o “malo” no significa que no se haya tomado el trabajo de hacerlo: de alguna manera admiten que las historias de las etapas pueden ser chatas pero, igual, el recorrido hay que realizarlo.

Fue entre esas ilustraciones que ocurrió la caída de Pogacar y Martin. Ambos pudieron regresar al lote, pero lo del esloveno apunta a convertirse en el principal problema que tiene si quiere llegar al primer puesto de la competición; su inexperiencia lo ha llevado a sufrir en este tipo de trazados y parece que este tour será el capítulo inicial de su novela de formación en Francia y la confirmación como el prospecto que dominará el espectáculo en la década que recién comienza.

En cuanto al francés, lo más importante, en el mundo hispanoparlante, ha sido la entrevista que le hicieron en el diario El País. Se enfatizó su trayectoria de estudios y el trabajo escritural que arrojó un libro llamado “Sócrates en bicicleta”. En sus declaraciones, Martin opuso a la paz con victoria, ubicándose en la “mentalidad de campeón”- que le sirve a ciertos deportistas para justificar sus patanadas, envidias y egoísmo (como ocurre con Jordan en el ya “viejo” documental sobre su carrera en Chicago Bulls, emitido en netflix) y a los seguidores para erigir ídolos por los que se pueden ir hasta las manos o a los insultos si es que alguien no comparte dicha idolatría y continuar ensalzando a aquellos que son capaces de “darlo todo y algo más por la gloria”-: su dilema es equívoco; el antónimo de la paz no es la victoria, de hecho, se acerca más a lo bélico la derrota y subsiguiente revisión de la propia caída que la alegría fácil por ganar. ¿Hay conflicto más grande que ver cómo se pasa la vida sin que pase algo o nada? Suele ocurrirnos que, en mitad de la vida, nos internemos en una oscura selva: la selva hecha de lianas que nos dicen lo que ya dijo el Esfera Nelso: tanta mierda pa´ni mierda. Claro, el espectáculo deportivo se concibe como divertimento para los jóvenes y distracción para los viejos, pero jamás tiene una pregunta para los que estamos en las medianías, sin mucho tiempo y desangrándonos en nuestras cotidianidades de ganapán.

Al final, el lote, salvo por las escaramusas del Quick Step, se quedó tranquilo, con leves arrancones de Jumbo y amagues de Ineos. El otrora malhadado Mikel Landa se ubicó, gracias a su equipo (Barehin- McLaren), en cabeza del pelotón y evitó una nueva pérdida.

Ayer, con las pruebas masivas de Covid, aunadas a mi ingenuidad, supuse que algo más grande ocurriría. El Ineos tiene a uno de sus integrantes del staff- un “no ciclista”- contaminado y ya fue desterrado de la carrera; si llega a tener otro, ¿será expulsado el equipo o se requiere que dos sean positivos simultáneos para que se haga efectiva esa medida dispuesta por el democrático gobierno francés? También tiene el mismo problema el Cofidis, que tiene en sus filas a Martin, el ciclofilósofo del pelotón internacional. Y escribo ingenuidad porque otros vieron en todo ello un circo para simular una rigurosidad que jamás se ocupa de los deportistas de alto rendimiento: estos, gracias a esas “mentalidades ganadoras”, tienen una película resbalosa en donde ninguna medida sanitaria les afecta de la misma manera que a los demás mortales; además, ya el tour ha dado su condimento pestífero de la semana pues su director ha salido positivo y debe resguardarse para salir avante y sonriente el día del final de la carrera en París.

Parece que no habrá suspenso con respecto a la continuidad del espectáculo. Todo esta dispuesto para que haya dos semanas más de divertimento y conjeturas como la que salió ayer de Colombia cuando se dijo que Quintana insinuó una alianza entre sus paisanos. Hoy puso en entredicho esa propuesta el propio Egan Bernal; supongo que el campeón del tour 2019 se hará a más detractores por no obedecer a esos impulsos nacionalistas que mucho televidente colombiano vierte en el ciclismo; este tiene una sed reivindicatoria ocasionada por las frustraciones futboleras -juego propicio para construir cualquier forma de “gesta nacional” que ubique a un hombre que hace un gol como sucesor de Simón Bolívar-, en donde el “nombre del país no es respetado”.

Mañana habrá otra etapa que parece no prometer mucho. Y así es mejor, sin promesas para que haya sorpresas o confirmaciones de un nuevo día sin que pase nada y se recuerde lo que dijo Esfera Nelso.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día nueve.

PAU-LARUNS

Ganador de la etapa: Tadej Pogacar (Eslovenia)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia)

Hoy se llega a la primera pausa del tour y los gestos de la carrera se ven con más detenimiento. Al llegar al último premio de montaña, en el embalaje, Pogacar volteó a mirar y casi choca con Primoz Roglic, el ahora líder general de la carrera; lo que hizo el joven esloveno se ha tomado como un acto de inexperiencia, la misma que fundamenta la sospecha de que no alcance a ser el mayor oponente de su paisano, nueve años mayor.

Salvo Egan Bernal, el campeón defensor del título, y Mikel Landa, que ya viene retrasado a más de minuto y medio del primero en la clasificación, nadie pudo seguir el ritmo de los dos eslovenos que, con esta primera pausa, son los que han salido mejor librados, al menos en los gustos expuestos en diferentes medios de comunicación.

Los demás competidores empiezan a sentir que sus límites no les permitirá pensar en el primer lugar y entraremos a una segunda semana donde aparecerá la resignación. ¿Cuántos lucharán contra Roglic? Se piensa en futuras y ocasionales alianzas que arrojarán una primera asociación: Ineos y Jumbo. Ambos quieren distanciar al jovencito Pogacar y luego, cuando la eliminación se dé, entre ellos definirán al ganador. Durante esta primera pausa, todo apunta a que Jumbo ocupará, con Roglic, el primer lugar, pero quedan varios días de competencia -si es que la peste deja-; y, en los equívocos que tiene el ciclismo, aparecen los trazados que los periodistas y analistas escriben en sus cabezas que luego contrastan con los que hacen los ciclistas.

Mañana, más que descanso, es probable que se sentencie la suerte de varios equipos; si dos integrantes de una escuadra dan positivo para el Covid, debe retirarse de inmediato. La eliminación no sólo se da en la carretera aunque, en ella, puede desencadenarse la contaminación. Ayer, en la subida al Peyresourde, los aficionados se acercaban a los competidores sin taparse la boca: miles de pequeñas partículas tocaron los rostros sudorosos de quienes subían en una bicicleta.

Los fanáticos de quienes queden fuera argumentarán alguna trama en donde personas asintomáticas y positivas fueron colocadas en las cunetas para esputar Covid. Surgirán thrillers víricos donde los positivos en el ciclismo, por primera vez, serán castigados con el destierro y les beneficiará más anunciarlos que ocultarlos.  Si viene un embate de la peste, lo ocurrido hasta hoy será tan lejano como el tiempo de la “vieja normalidad”.