Un Cagadal en Chiapas
Por Herberth Morales

Por Anbilli
I
Cagadal corre desenfrenadamente hacia la cabina de recarga que su memoria evoca. El teléfono portátil está a punto de agotar su batería. Su marcha es la de un perro en busca de objetos sin sentido aparente. Las exhalaciones cada vez más ruidosas son el signo de una caja torácica al límite. Santo Tomás de Aquino acertó cuando dijo que los hombres y los animales son iguales al momento de depositar un propósito en los objetos de su interés. Esta idea invade a Cagadal al poco tiempo de estar al frente de la cabina de recarga de la cual emanan cientos de cables rojos que suministran la energía a los aparatos de comunicación personal. Pocos cables quedan disponibles, pero Cagadal logra coger y estirar uno. El atolondrado corredor toma cierta distancia de la muchedumbre; no obstante, no deja de ser un insecto que revolotea a muy poca distancia del enjambre. Acto seguido clava la mirada en la pantalla del móvil que es sujetado con su mano derecha, parece un cebú en dos patas con su leve joroba. Cagadal es otro imbécil más que ha leído filosofía, y es sumamente listo con un portátil en las manos.
Correr de manera desesperada esta mañana lo motiva una llamada en espera. Veralí había acordado un día antes con Cagadal que le hablaría a media mañana. Ella le pidió estar atento y no descuidar la batería del teléfono. Sin embargo, Cagadal olvidó recargar en su casa el aparato que era objeto de sus carreras mañaneras. A eso de las 11:13 AM, por fin, Verali llama a Cagadal. Una voz metálica con una retahíla de muletillas chiapanecas delata que no se trata de una mujer cualquiera. Verali le confirma a Cagadal que se verán en un motel de la novena calle sur, en las cercanías de la terminal de autobuses estatales de Tuxtla. Sin terminar de decir adiós a su interlocutora, Cagadal arranca el cable rojo de su teléfono móvil y se dirige a toda prisa hacía el motel Los tres gustos o el conocido motel de Los Putos. Esta última referencia la desconoce Josué alias “Cagadal”, un palurdo salvadoreño que tiene poco tiempo de vivir en Chiapas por razones poco claras. Su nombre completo es Josué Hilario Gómez, quien había sido un simple profesor de literatura y filosofía en un colegio de monjas. Este trabajo lo desarrolló simplemente porque se dio la oportunidad, pues sus lecturas son pobres como las de cualquier bachiller mediocre, pero suficientes para impresionar a cualquier burócrata y religioso.
Ya en el motel, Cagadal abre la puerta de un cuartucho y observa que Veralí se rasca su entrepierna, y se acomoda su prominente pene. No era la primera vez que esa escena los retrata, pero Cagadal es un salvadoreño obsesionado en reafirmar a cada instante su heterosexualidad, y no deja de expresar un rictus discreto de desaprobación. Parece ser que a Cagadal no le importa la mecánica entre mano y genitales, pues él mismo ha ejecutado ese ritual masculino, su desaprobación quizá viene de observar que el cuerpo sumamente femenino de Veralí cuenta con una prótesis biónica de pene contigua a su vulva. Debo de decir que los recuerdos relacionados a la moral sexual en Cagadal no fueron concluyentes, pues el escaneo de su implante cerebral arroja datos contradictorios o vacíos.
Veralí forma parte de un movimiento de transexuales punks que son partícipes de experimentos de modificaciones corporales en el Instituto de Robótica y Biogenética para la Sexualidad (IRBS) de la UNAM. El IRBS funciona desde diciembre 1970 en las profundidades de la selva Lacandona. En esta selva del sureño estado de Chiapas se han desarrollado los mayores avances científicos de México. Ubicar un centro de investigación moderno en el estado más atrasado de la nación mexicana se hizo bajo el siguiente razonamiento geoestratégico: mantener los descubrimientos científicos lo más alejado posible de Estados Unidos. La zona aparentemente no está militarizada, pero existen unos militares vestidos de campesinos que protegen un perímetro de unos 5 kilómetros cuadrados. La zona es frecuentada clandestinamente por científicos rusos y cubanos. Estos últimos son unos presumidos de mierda que cuentan con el beneplácito ciego de la plana mayor del Partido Revolucionario Institucional (el partido de gobierno), la agencia de inteligencia mexicana y la alta jerarquía de la UNAM. Los científicos extranjeros viajan al sitio secreto de múltiples maneras. Los científicos cubanos prefieren viajar en barcos pesqueros desde Cuba a Chetumal, y luego se introducen en un sistema de túneles prehispánicos que desembocaban en la Selva Lacandona. Los rusos optan por camuflarse como turistas de nacionalidad israeli o viajar como miembros de un circo francés que recorre las principales ciudades de América.
Cagadal divaga y divaga mientras Veralí parlotea los detalles sobre la droga sexual que ella produce, y que aquel estaba a punto de comprar. Esta transexual es una doctora en química y fisiología, que había tenía acceso a la mejor educación que podía facilitarle el ser hija de un funcionario de alto nivel del PRI desde mediados del siglo XX. Gracias a las influencias priistas de su padre, Veralí obtuvo una beca Rhodes que la llevó a estudiar en Oxford. Estando en esa universidad conoció a un palestino obsesionado con crear partes biónicas para personas que sufrían mutilaciones en su país. El palestino tenía un propósito para hacer ciencia en la vida, en cambio Veralí asumió el camino académico como parte del mandato de una hija de clase media mexicana. Su padre fue el vil ejemplo del milagro mexicano de los años cincuenta y sesenta, y ella su heredera. Veralí conoció al palestino en los cursos de fisiología que cursaron en común. El palestino comenzó sus estudios en la Universidad de Birzeit, pero debió de migrar hasta lograr la oportunidad de llegar al Reino Unido para retomar sus estudios. La tesis de doctorado del palestino versa sobre robótica teórica para el cuerpo humano, el documento sobrepasa las 500 páginas.
Una vez graduado el palestino, Veralí le propuso ir a México, y sumarse, junto con ella, a un equipo de científicos comunistas de distintas partes del globo. Veralí tenía fijado en sus objetivos el desarrollo de una droga capaz de exacerbar y prolongar el clímax sexual, pues ella creía que así se aseguraba un negocio rentable. Todo el desarrollo teórico del palestino fue del agrado de los científicos rusos, pues consideraban que en un plazo de diez años obtendrían partes biónicas para crear prótesis de alto nivel para aquellos cuerpos que se lesionaban en las guerras. Al palestino le pareció aberrante el propósito de los rusos; no obstante, a él le interesaba aplicar sus conocimientos y luego migrar a su país para ayudar a la gente que sufría las consecuencias del conflicto absurdo entre Palestina y el Estado de Siöngularidad. Siöngularidad era un Estado de reciente reconocimiento por la ONU.
Cagadal con sus modales toscos y sus ínfulas de haber leído a Joyce le dijo a Veralí:
-Cuando te veo siento que eres un personaje que vive perdido en un día de 1000 páginas. Divagas en tus historias que pierden el hilo, y todo para concluir que esta droga la inventaste para hacer un negocio rentable. Dame esa mierda y toma tus 500 pesos. Solo confírmame cuantos minutos antes debo tomarme esta pendejada.
-Como estoy segura de que irás al putero que está a un par de cuadras de acá, puedes tomarte mi invención ahora mismo. Corre, mi pequeño conejito, por tus agujeros.
-Reverenda puta codiciosa. Algún día cogeremos.
-¡Adiós, mi conejito! Me cuentas luego tu aventura.





