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Último día del tour de Francia dos días después de su final

Campeón: Tadej Pogacar (Eslovenia-UAE)

La llamada generación del noventa en el ciclismo pasará muy pronto al lugar donde pocos la recordarán. Luego del arrebato con el que aparecieron ciclistas como Quintana o Doumolin, esperaron por la partida de quienes les precedieron (Froome, Contador, Nibali) sin saber que vendrían unos niños a decirles que el talento sí existe y que ni siquiera es tu culpa el quedar condenado a la medianía.

Medianía misma que yo experimento cuando leo a grandes cronistas que, con soltura, escriben como yo jamás podré y tienen diez años menos y cobran por lo que hacen y viajan, así sea con tapabocas. En todas las disciplinas operan las comparaciones; están los que dan el salto a las grandes industrias editoriales, los reconocidos por editores autodenominados independientes y los que se quedan en las trincheras de una página.

Ahora me figuro a Nairo Quintana corriendo alguna de las llamadas Clásicas de su departamento – en Colombia llaman así a competiciones de tinte municipal que duran tres días a lo sumo-, bronceado por los días en la cordillera; los fanáticos le recordarán que el escándalo del dopaje no es más que la suma de menesteres que debe pasar un sudamericano cuando decide correr en Europa, nacidos de la envidia o una siniestra forma de entender al mundo en donde no se le permite a un hombre tan humilde como él – humildad de la que se suele hacer gala en el país al punto de convertirse en el pivote del orgullo nacional y ciclístico- alcanzar su deseado maillot amarillo. Pero el deseo es tal porque jamás se sacia y Quintana deseó el amarillo y lo continuará deseando en esas clásicas. Es un final como el de cualquier hombre que ha envejecido. Y los ciclistas son hombres cualquiera.

Doumolin tendrá un futuro más corporativo. Quizá en las filas de algún equipo. Hablará con parsimonia y se sorprenderá ante los rendimientos marcianos de los muchachitos que, más jóvenes cada vez, asaltan el pelotón mundial de los ciclistas. Otros, como Roglic, regresarán a sus casas silenciosas y referirán su amistad con ese hombre nueve años menos que le ganó el tour de Francia de la pandemia.

La generación de los treintañeros se va con muchas promesas incumplidas. En unos años no la recordarán mucho pues la narración de este juego es proclive a llamar monstruos y hacerles desfiles de honor a los ganadores: hay una vindicación marcial que explica por qué tanto cultor de este deporte se siente atraído por figuras militares o es afecto a los gritos nacionalistas y la erección de estatuas.

La generación del noventa será tragada por las apariciones estelares, así como este diario se quedará en el reducto que le corresponde. Aparecerán grandes libros, premiados, donde relaten la gesta de Tadej Pogacar y afirmen que ganó “solo” el tour para así instaurar su poderío en la competencia francesa. Habrá cientos de cantos sobre los logros de los niños precoces y feroces que han hecho recordar a los abuelos, ya muchos muertos y, en el medio, quedarán los atrapados en sus prospectos. Y no importa: habla mejor de ti lo que no tuviste y el lugar donde nunca entraste que los momentos en que levantaste los brazos y alguien te dijo «campeón».

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día dieciocho (etapa diecisiete).

GRENOBLE-MÉRIBEL COL DE LA LOZE

Ganador de la etapa: Miguel Ángel López (Colombia-Astana)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia-Jumbo)

Hay reclamos y majaderías. La fiebre del fanático y la demanda de que su campeón luzca su hambre desatada de aplastar al otro – y así convertirse en alguien memorable o inmortal, como si no morir fuera el objetivo último de la vida – sólo se esclarece cuando su dios cae: empiezan las caras de amargura y las preguntas cuyas explicaciones son divertidas; en estos días donde dos de los ciclistas colombianos más nombrados han caído a puestos de segundo o tercer orden de la competencia, afloran las peleas y los orgullos heridos. Es más, aparecen reclamos de ecuatorianos que inculpan a Bernal por el lugar de Carapaz o las sospechas de algunos españoles que creen que Quintana está haciendo un drama para justificar su nuevo fracaso: falta poco para que afirmen que simuló su caída con Bardet y Mollema, lo cual lo haría un muy buen candidato para hacer de doble en Los Ángeles cuando termine su carrera ciclística. Lo enternecedor de este asunto es que se olvida que los ciclistas trabajan para corporaciones, que son asalariados y que, incluso, algunos han sido cobayas porque la competencia también es entre médicos, ingenieros, nutricionistas, preparadores físicos, masajistas y administradores de empresas.

La conciencia de que en la carretera opera una competencia que remeda la de afuera, propicia la pérdida de expectativas con respecto al entretenimiento dispensado por el tour. Abundan alegatos en torno al aburrimiento en el que se ha hundido la prueba -alegato repetido a lo largo de una década- y el anuncio de la agonía del espectáculo, como si este fuera el fin último del negocio, cuando puede que la entretención sea el rostro más superfluo de un trabajo que se centra en el desarrollo tecnológico de diferentes disciplinas: habría que preguntarnos sobre los avances en el conocimiento del EPO que se dieron luego de su uso indiscriminado en el ciclismo profesional durante la década de los noventa.

El nacionalismo enternece si no es que también funciona para que gobiernos le regalen dinero a empresas que se valen del nombre de un país para reflotar de sus quiebras o para que algún inservible se disfrace de policía y apoye a quienes han matado. En el caso del ciclismo, opera como el último bastión para que los televidentes se distraigan y discutan en los foros: si no está bien visto el fanatismo en muchos cenáculos ciclistas, los cálculos y las discusiones suelen incurrir en los reclamos por una distracción que, en el negocio, es secundaria: quizá estamos viendo la televisación de las reacciones corporales de hombres ultramedicalizados y nutridos con el fin de explorar los límites del cuerpo humano, así como las llamadas burbujas inmunológicas que buscan dar cuenta de una inmunidad en el pelotón pueden ser el piloto de medidas para que corporaciones y demás instituciones implanten políticas que ayuden a fortalecer la defensa contra el Covid.

La etapa del sábado tuvo como particularidad el hundimiento del campeón del año pasado, Egan Bernal, que trata de desdramatizar todo el asunto con la retórica de quienes saben que este es apenas un trabajo. Ayer siguió perdiendo tiempo en una de las peores etapas del tour de este año -no se puede decir que la peor pues, aunque parezca lejano, aún se recuerda lo ocurrido en la primera semana, justo antes de los vientos que prologaron a los Pirineos- y hoy se ha retirado. El Jumbo sigue dominando -continuamos bajo el imperio del gerundio-, gracias a que Van Aert, un belga que con seguridad disputará hasta último momento el título del campeonato mundial de Imola, impone un ritmo en las ascensiones que llevan a pensar que, con un poco de trabajo, podría  perfilarse como un campeón de esta prueba de no ser porque, en la tradición ciclística donde él nació, es más importante ganar las clásicas, y al alemán Martin, que se portó como el pastor implacable del rebaño durante la primera semana, que hoy día autoriza o no las escapadas insustanciales de todos los días.

Hoy, desde la subida a La Madeleine, Bahrein Mc Laren intentó dominar al pelotón e impuso un ritmo que parecía consumir a la escapada. Adelante, ya en el Col de la Loz, Carapaz, el ecuatoriano, luchó para no ser atrapado mientras atrás se desgajaban los rivales del Jumbo pese a que la intención del equipo Bahrein fuera la de acabar con la compañía del esloveno. Al final, cuando ya quedaron los llamados “capos”, el líder del equipo que trabajó todo el día no pudo atacar – Mikel Landa- y entonces vino el arreón de López, acompañado por los eslovenos, y el ecuatoriano fue rebasado: esta es la historia de una etapa que se calificará como emocionante pues el tour no da para más.

Al final, el colombiano llegó primero a meta y, en segundo lugar, el líder de la general que ha distanciado más a su connacional y se consolida como el virtual campeón del tour de la pandemia. En las cunetas había aficionados con sus tapabocas: eran como unas cobayas que miraban a otras, cuidándose de no contagiar ni contagiarse. Y nosotros, tras la pantalla del televisor, también nos aconductamos como cobayas, esperando el show de un negocio cuyo objetivo no es entretener sino experimentar.  

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día siete.

MILLAU-LAVAUR

Ganador de la etapa: Wout van Aert (Bélgica)

Líder de la clasificación general: Adam Yates (GBR)

¿El tour es El tour?

El séptimo día fue el primero del tour, dicen muchos, como para olvidar el sopor de lo que antes ocurrió. Sin embargo, esa singladura del aburrimiento ha medrado el ánimo y la concentración de los espectadores y competidores.  

Cuando desperté, aparecía el tren de Bora al frente del pelotón y se dieron los primeros cortes, en donde quedaron los potenciales rivales de Peter Sagan para el embalaje final -hoy día el corredor eslovaco no convoca el entusiasmo de hace un par de años, cuando todos le celebraban sus patanerías, empujones y soberbia (directamente proporcionales a su pericia en la bicicleta), al colocarlo en el lugar, siempre sospechoso, de “genio”; muchos de sus más furiosos defensores se han pasado al club de algún joven belga cuya valía se eclipsará en unos años para dar paso a otro “niño terrible”- eso sí: la ventaja que tienen estos seguidores con respecto a los fanáticos de Landa o Quintana es que no se enganchan con un nombre; cambian de ídolo como las filiales estadounidenses de ciudades para hacer sus equipos de beisbol o fútbol americano-. Al final, Sagan perdió con Van der Poel (el muchacho de moda que aleja la explosión de Evenepoel), aunque ya tiene la camiseta verde, acumulando otra distinción a su hoja de vida.

En medio de eso que los cronistas llaman “caos”, lo cual supone un orden y evidencia nuestro acostumbramiento al discurrir cansino de algunas etapas, se dio el movimiento de ataque. Fue a 35 kilómetros del final y lo lideró Ineos; justo después de un municipio, Kwiatowski se puso en cabeza del pelotón. En el equipo sabían que una ráfaga de viento lateral posterior haría estragos y, en la curva de una glorieta, se haría imposible que los rezagados más peligrosos remontaran; el polaco jamás se abrió y, como muchos lo han explicado, el pelotón se formó en fila india pues, con el viento, perder la línea implicaba un retraso mayor; entre los que perdieron están Pogacar y Mikel Landa, que se alejaron a más de un minuto respecto a los integrantes de Jumbo, a Bernal, Quintana, López, Bardet y Pinot.

El sinsabor está en el extraño comportamiento de Astana. Tenía siete ciclistas en la cabeza de la carrera, mientras Jumbo contó con cinco y, sin embargo, no intentó romper. Algunos refieren un acuerdo que entre las diferentes escuadras para eliminar a Pogacar: el ciclismo tiene como base, además del deportista, los médicos, nutricionistas y constructores de bicicletas, a las relaciones políticas. Mañana, los que hoy fueron amigos, se enemistarán. O se resignarán con la tiranía liderada por el alemán Martin y asumirán que el equipo holandés será el tirano en lo que queda de competencia. La etapa terminará en un descenso de once kilómetros, después de pasar por el Peyresourde, y Roglic, que fue un esquiador, bajará con un ritmo suficiente para alejar a los demás y cuenta con el descanso que se dio hoy Kuss, siempre agazapado en el grupo. Primoz es el favorito y todo apunta a que amplíe su ventaja e, incluso, que suba al primer puesto de la general para no volverse a bajar salvo por un desfallecimiento y, si ello ocurre, le quedará a su equipo – el Jumbo –Doumolin.

Lo que hoy pasó se acrecienta con la quietud de los días pasados y la ansiedad de la pandemia. Lo más interesante de este tour es que no hay seguridad de que se corra en su totalidad. Y esa incertidumbre hará que todos los días aguardemos por una noticia que notifique su interrupción; de llegar ser así: ¿cómo será el podio? ¿nos quedaremos con la imagen de personas con la cara tapada que simulan estar felices? ¿Cuál fue el ideal del tour que hemos tenido en nuestras cabezas y que siempre alumbra cuando nos defraudamos con cada nueva edición? Hoy ha aparecido una promesa: ojalá Pogacar y Landa ataquen; el más joven es el único que surte una sensación real de peligro a las filas de Jumbo, si es que resulta peligrosa la perspectiva de perder una carrera de ciclismo mientras circula una peste por el mundo.

Quizá todo termine en los Pirineos este domingo y nos quedemos con ese tour ideal que tuvimos en nuestras cabezas. Pensaremos cómo serían esas etapas que jamás se harán: serán más feroces en nuestras ilusiones que en las carreteras. El ciclismo tiene un doble en torno al cual discutimos y cuyo remedo es lo que vemos por la televisión.

Pd: Algunos plantean que no fueron vientos sino daños mecánicos los que ocasionaron el corte de Pogacar.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día tres

NICE-SISTERON

Ganador de la etapa: Caleb Ewan (Australia)

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe (Francia)

Los pactos en el tour hacen fortalecen la ilusión de julio y la ausencia de la peste. Hoy permitieron la fuga de tres ciclistas que no eran peligrosos en la clasificación general; nadie de los equipos poderosos se apuró, había un pacto que se sella en escenarios diferentes a la carretera. En ella, mandamases como Tony Martin- que será un importante colaborador en la consecución del título de Doumolin o Roglic dentro de tres semanas, como se pronostica por la mayoría de los seguidores- se dedican a manotear y matonear: uno se pregunta si la soberbia de Armstrong más bien fue castigada porque semejó la de los vaqueros del oeste estadounidense y no la frialdad de la selva negra o el “señorío” eurolatino que se lamenta porque ya no hay un Carlos V al cual serle obsecuente.

Luego de una carrera que obedeció las ordenes de quienes están destinados a dominar (y cuyo mecanismo nos lo dibujan como una estructura apalancada en la capacidades deportivas), llegó un embalaje que sólo se condimentó con la caída del virtual líder de montaña, el francés Pérez que debió retirarse sin siquiera poder subir al podio. Caleb Ewan hizo maromas semejantes a las de habilidosos futbolistas y levantó los brazos; luego proliferaron las crónicas en las que ensalzaron el tamaño diminuto del corredor y su proverbial fortaleza para así desembocar en el adjetivo favorito para justificar al ciclismo: épico.

Con esa palabra titularán el día que haya un ataque a un poco más de ocho kilómetros de meta. El ganador se convertirá en un héroe breve y todos regresarán a sus casas, a esperar a que salga la vacuna y asegurar que el tour del próximo año será tan aburrido como la mayoría de los acaecidos en el presente siglo.

Y cuando escribo aburrimiento no lo hago como una condena: lo llamativo del tour es que no pasa nada y que siempre se espera lo que casi nunca llega. Las discusiones que se dan en los cenáculos y las peleas se olvidan pronto porque es un show que propicia fruslerías. En estos días se advierte cómo lo milimétrico, la domesticación de los bosques y la alteración de los potreros para que tomen el color de bodegones que hieden a verano, conviertan al tour en el mejor reportaje publicitario que tenga Francia.

Dicen que mañana pueden darse escaramuzas pues hay ascensiones. El tour, por ahora, sigue el rumbo de la de todos estos años: la espera y la confirmación de las casas de apuestas.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora).

Día 2. NICE HAUT PAYS-NICE

Ganador de la etapa: Julian Alaphilippe(Francia)

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe (Francia)

El aburrimiento pasó a Agosto

Francia repite el entusiasmo del año pasado: Julian Alaphilippe ha ganado y lucirá la camiseta de líder. Si ese lugar se prolonga, los franceses se sumergirán en el entusiasmo que les permita olvidar a la peste, aunque apestado sea el circo que se ha erigido en torno a esta competencia.

Puede ocurrir que el tour termine mucho antes; quizá los equipos vayan quedando eliminados (¡otra vez el gerundio!) porque tienen un par de apestados y gane el que pudo mantener una escuadra sana: quizá sea uno de esos equipos de poca monta que carecen de sofisticadas ayudas ergogénicas, excusas para utilizar remedios para asmáticos o para jóvenes con déficit de atención, o programas de dopaje más tecnificados que los correspondientes a los descubrimientos de las trampas.

También puede ocurrir que Alaphilippe gane el tour ante la interrupción virológica. Quizá sea una vuelta de dos semanas o de unos días más. O simplemente el mundo se acabe si es que por mundo se entiende al fenómeno humano que pisó a la Tierra.

Todas estas esperanzas se barajan en el público francés que aún se aferra a una mejoría de Pinot. Hoy no subió muy bien las cuestas de primera categoría y su cara de sufrimiento formó parte de las transmisiones cinematográficas de la etapa. O de telenovela francesa en la que el francés sufrido pierde ante un español, un inglés o un europeo oriental.

El líder Kristoff se descolgó y ya es pasado. El ganador del último Dauphiné, el colombiano Martínez, cayó y muy seguramente no termine el tour – si es que a este no lo acaba antes el Covid 19- y, una vez más, regresó la vuelta francesa de siempre: aburrimiento, una caravana que sube a ritmo incomprensible para cualquier humano que no utilice algún fármaco -ya sea aceptado o no por las autoridades que deciden qué es lo limpio y lo sucio en un negocio como el show del ciclismo- y un final que acrecienta los cálculos.

La etapa terminó con un embalaje protagonizado por Alaphilllipe, un juvenil Hirschi y Adam Yates. El francés se aprovechó para no liderar, en momento alguno, el paso de la triada y, al final, ante la angustia del inglés y la novatada del suizo, Julian, celebró con la grandilocuencia del llanto, exaltando su logro y propiciando la especulación que este año no está listo para ganar la competencia y por eso prefirió hacer lo que hizo hoy.

Cada día consolida la sospecha de que todos aceptan la supremacía del Jumbo, donde parece que pedalea el campeón del tour de la peste. Aunque algunos se entusiasmaron porque el equipo holandés no tiranizó al pelotón en los últimos kilómetros: una ilusión más que servirá para postergar la confirmación de lo pronosticado.

Poulidor, a las puertas del Olimpo. Por Francisco “Ausias” Martínez

El Tour de Francia, despierta a veces en mí una evocación algo curiosa, y no es otra que la de considerarlo una suerte de gran dios de la antigua mitología griega. De manera caprichosa reparte misericordioso o arrebata sin compasión, desde lo alto de un Olimpo imaginario, trazando las líneas de un destino que parece que solo él rige, y en el que poco podemos influir.

El Tour, engrandece o repudia a su antojo a los mortales que se lo disputan sobre sus bicicletas para alcanzar la gloria. Los ciclistas, se baten en noble lid para lograr con su victoria el honor de poder ser considerados héroes.

Algunos elegidos gozan del favor del dios Tour, y parece que la estrella del éxito y la fortuna, les acompaña durante su disputa a lo largo de toda su vida deportiva, para ascenderlos finalmente, ya como leyendas, a ese Olimpo soñado.
A otros les concede una pequeña gracia, dejándoles saborear las dulces mieles de su triunfo de una manera puntual, pero sin ascenderlos al Olimpo de las leyendas. Simplemente les deja entrar para que vean las maravillas que en él moran. Otros mortales (los más), son tan indignos que no merecen ni la posibilidad de soñar con acariciar los eternos placeres que hay dentro. Y en cambio con otros que por sus cualidades podrían llegar a ser legendarios héroes; ciclistas dignos de figurar con letras de oro en la epopeya, el dios Tour descarga sobre ellos con inusitada virulencia su ira, traducida en estrepitoso fracaso. Les permite acercarse a las puertas de ese Olimpo, pero quedándose ante ellas, les relega de esta manera a un purgatorio, cuando no infierno, que los condena al destierro eterno. Nadie se acordará de ellos, pues sus odiseas no pasarán jamás a la historia.

Muchos de estos “héroes” capaces por aptitud de ganar guerras, pero no escogidos por el gran dios Tour yerran por esos páramos de Hades, aunque sin sollozos ni lamentos, solo resignados. Aceptan su olvido y el castigo impuesto por el dios sin preguntarle tan siquiera el por qué de su desdicha. Read More…

Diario del tour de Francia sin estar en el tour (día seis)

Día 6. Mulhouse- La Planche des belles filles

Ganador de la etapa: Dylan Teuns

Líder de la clasificación general: Giulio Ciccone

 

Los fugados justifican la transmisión televisiva.  Ellos, a sabiendas de que no estarán ni en la primera página de la clasificación general, mantienen algo de tensión en carreras que, como la de hoy, nos concientizan la forma como empleamos nuestro tiempo en ver lo insustancial (quizá porque, si miramos en nosotros mismos, la insustancialidad es más intensa).
Lo que no es justificable, para los que no gustan de este espectáculo, es sentarse durante horas frente a un televisor que muestra un grupo de hombres, casi al borde de la desnutrición, corriendo mientras unos gordos, otros ancianos y algunos infantes, los vitorean desde la cuneta.
No podemos decir por qué nos quedamos. Puede que sea la pereza o porque nos justificamos para tomarnos unas horas y evitar volver a trabajos tan aburridos como la propia carrera que aparece en la pantalla. Es eso: cambiar un aburrimiento por otro. Uno que nos haga olvidar que también hay quienes pasan los días como un mero trámite que precede a la tumba.

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Diario del tour de Francia sin estar en el tour (día cinco)

Día 5.Saint-Dié-des-Vosges y Colmar

Ganador de la etapa: Peter Sagan

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe

Los actores de este espectáculo televisivo tienen tiempo de mostrar aspectos de su vida personal mientras pedalean. Hoy lo hizo Rick Zabel, el hijo de Erik: desplegó una hoja de papel en la que le deseaba feliz cumpleaños a Leo y, al lado, aparecía dibujado, con pulso dubitativo, un corazón. Fue un mensaje propicio para una etapa estival, donde se asomaron cuestas y ya se han rezagado algunos competidores, bien porque deben ahorrar fuerzas para ayudar a sus jefes o porque sólo se aferran a una agónica llegada a París, en dos semanas y media.
También, en este show, las postales son fundamentales para exacerbar el deseo del televidente; trazan un significado de Francia; la carrera es un evento promocional de un país que se ha instituido como destino obligado de los turistas compulsivos. En ninguna toma aparecerá un harapiento, una calle sucia, una manifestación de operarios subcontratados o inmigrantes ilegales, ni siquiera un bache que muestre una faz humilde de Francia y su idea de civilización.

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Diario del tour de Francia sin estar en el tour (día cuatro)

Día 4. Reims-Nancy

Ganador de la etapa: Elia Viviani

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe

El director de la transmisión filtra la mirada omnisciente de la carrera; es fundamental en etapas donde la clasificación general no tiene cambios porque las imágenes en movimiento complementan las palabras de los locutores. Ellos eligen qué movimiento enfatizar, cuál obviar y qué charla realizar a medida que pasan los kilómetros.

Hoy, las emisiones dirigidas a América Latina (y reconcentradas en datos colombianos pues se presume que es el país del continente que más telespectadores aporta), recordaron que un 9 de Julio de 1985, Luis Herrera ganó la etapa -seguido por un Hinault crepuscular y, aún así, ganador de la general-, Víctor Hugo Peña, 18 años después, vistió la camiseta de líder y, hace dos años, Urán le birló el triunfo a Barguil. Todos estos recuerdos y las consiguientes evocaciones personales hechas por el equipo periodístico pusieron en evidencia el estancamiento de una carrera con una fuga consentida.

Un periodista colombiano, durante su narración radial – medio que permite mayores invenciones al punto de contar una carrera que jamás sucede-, preguntó a sus colegas si el recorte de la ventaja entre los fugados y el pelotón era por la acción de los perseguidores o la defección de los perseguidos. Un compañero le contestó que era una combinación de ambos factores, es decir, un aspecto advertido desde que se traza el libreto de la etapa.

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Diario del tour de Francia sin estar en el tour (día tres)

Dia 3. Binche-Épernay

Ganador: Julian Alaphilippe

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe

 

 

En las llamadas clásicas, el ciclismo carece de postergación. Se libra una competencia donde las elucubraciones tienen la misma efectividad que el grito de un fusilado para sortear su pena capital. Las carreras por etapas  se dan la licencia de que, en muchos de sus capítulos, no ocurra gran cosa, al menos con respecto a la organización de la tabla general de los ciclistas; la espera del espectador se apoya en una ilusión de que algo ocurra y puede pasar que el hecho fulgurante, la explosión, jamás se traslade de las palabras y discusiones a la carretera.
En esas carreras donde no pasa mucho, aparecen los protagonistas episódicos, los que ignoran el mañana y las promesas e incurren en una fuga casi inverosímil. Entonces la etapa deviene en una cacería: el fugado se convierte en la presa y el pelotón en un predador que calcula, juega y, al final, engulle. Eso de «la fuga» implica que todos los ciclistas están encarcelados en el grupo, que más vale no ser rebelde si no se quiere se tragado, pero sólo los que aspiran a algo más lejano prefieren omitir el riesgo. Los que no tienen futuro, o los que directamente saben de su casi nula posibilidad de ganar, prefieren tirarse a lo que es casi una caída segura en el abismo.
En esos actos de no futuro se cifra la calentura de muchos espectadores; apenas termina la carrera, vienen los adjetivos y las loas, aunque todas ellas se olviden en unos días, cuando los cálculos se hacen más rigurosos y los juegos de la fortuna incineran cualquier aventura al punto que, en las últimas jornadas, muy pocos repararán en los ganadores de las etapas y prestarán más atención a las miradas e, incluso, la racanería de quienes aspiran a ganar el título final.

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