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Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Casualidades de la vida

02/07/2022. Barcelona. El ciclo se cierra, hace casi un año atravesé el océano con este libro en la maleta, y ahora, por casualidades de la vida, termino de leerlo a unos pasos de donde comenzó a escribirse, en el Pasaje de las Manufacturas, que conecta a la modernidad con la antigüedad, al Ensanche con el Borne. Barcelona. Libro de los pasajes recorre la memoria histórica de una ciudad en constante cambio, desde el Barcino romano hasta la babilónica Barcelona actual.

No es el primer libro de Carrión que me deja una buena impresión, Librerías también es memorable, y aunque sean libros de distinta naturaleza, uno con una visión global, el otro desde una óptica más local, ambos funcionan como catálogos de una memoria que él se propone perpetuar. Ambos títulos son además buenos compañeros de viaje, con ellos a la mano las ciudades resultan paisajes menos hostiles e indescifrables, más familiares. Tengo pendiente la lectura de sus libros-museo (Membrana, Todos los museos son novelas de ciencia ficción), pero en la presentación de ellos pudo apreciarse su habilidad para borrar las fronteras entre los géneros literarios, ni que decir de entre realidad y ficción. La obra de Carrión es interesante y pasará a la Historia como un innovador.

 

Y como los lectores saltamos de una intuición a otra, en ese afán desmedido por intentar conocernos mejor, o de entender el mundo y los tiempos que nos han tocado vivir, termino la revisión de este breve texto mientras leo Homenaje a Cataluña de George Orwell, otro libro indispensable para conocer el pasado de esta ciudad que teniendo el potencial de ser la París del Mediterráneo ha terminando convertida en una Disney para borrachos.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Jubilación prematura

3/6/2022. Domingo. Barcelona. Hoy doy por jubiladas mis rodillas. En adelante solo las usaré en paseos vespertinos, y a lo sumo, en eventuales recorridos turísticos. Las jubilo luego de haber llegado hasta la entrada del parque de diversiones en el monte Tibidado (512m). La semana anterior había subido al castillo de Montjuic (173m), exigiéndole a mi rodilla-matraca que me llevara, no solo hasta el fuerte, sino también a conocer sus recovecos. Las molestias en la rodilla izquierda eran tolerables, y en vista de que tres días después ya estaba recuperado —descontando el persistente sonido como de molinillo de pimienta— decidí que era buen momento para intentar subir al Tibidabo, reto que intenté fallidamente durante un invierno, hace casi 20 años.

Sobre el ascenso no hay mucho que decir, salvo que primero hubo cientos de escalones de piedra, seguido de cientos de metros por caminos de tierra aplanada, y unos cuantos metros a campo traviesa. Aunque la cima fue imposible de alcanzar porque los terrenos que ocupa el parque son propiedad privada, el hecho de llegar hasta la entrada del lugar se sintió como un pequeño triunfo ante la tediosa monotonía. Pero fue una emoción fugaz como un subidón de nicotina, ya que una vez alcanzado ese punto solo quedaba descender, lo que hice sin preámbulos para evitar el enfriamiento de las articulaciones. Desando extender la liberación de hormonas del bienestar decidí aventurarme por uno de los tantos senderos creados por la fauna del Parque Natural de Collserola; a eso de media hora de estar perdido en el monte la trocha súbitamente caía en picada tres metros y pasaba frente a la boca de lo que parecía una cueva cubierta por una ramada. Ahí entendí el terror que deben sentir quienes se extravían en el monte, sobre todo si van heridos, con hipotermia, o deshidratados. Pensé en que a esa hora era menos factible encontrarse a una fiera salvaje que a un psicópata, y por alguna razón eso me tranquilizó. La rodilla producía un dolor punzante, pero en ese momento la fricción de los meniscos era el menor de mis problemas.

De vuelta en el camino autorizado todo volvió a la sosa normalidad, el resto del descenso transcurrió sin novedades hasta que descubrí algo espantoso: la cruda escala de lajas verdes como escamas de dragón no tenía barandas. Y no tenía opción, esa era la ruta más rápida. El sol estaba cocinándome el cráneo y la nuca, el agua se había terminado, y la migraña por insolación avanzaba agresivamente ignorando el paracetamol de un gramo que me había tomado recién salido del foso.

Mientras tanto, a mis espaldas pasaban los fanáticos del trekking dando saltitos gráciles, casi levitando como al compás del concierto para clarinetes de Mozart que yo escuchaba.

Con la sonrisa resignada del que se sabe decrépito bajé los escalones, uno a uno, poniendo primero el pie derecho, el lado de la rodilla buena, pasito a pasito, como un bebé que aprende a bajar escaleras.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Métodos para romper el hielo

 

7/06/2022. Barcelona. Romper el hielo es el principal obstáculo a la hora de conocer nuevas personas, aquí un breve manual para remediarlo:

 

  1. Hazle una pregunta no demasiado personal, lo suficiente para atrapar su interés En lo posible, que surja de la observación de la persona. Evita hacer preguntas que se puedan responder con monosílabos. En cambio, pregunta, por ejemplo: «¿de dónde eres?»; «¿cómo te llamas?»
  2. Ser espontáneo. Di lo que piensas, trata de sacarle una sonrisa.
  3. No huyas de la situación si se ha puesto tensa luego de tu aproximación, es normal hacer ajustes para sintonizar.
  4. Ten iniciativa, da el primer paso. Desarrolla un sistema sutil para iniciar conversaciones.
  5. Vive tu vida, pero ayuda a quien lo necesite, lo demás vendrá por añadidura.
  6. Halagos simples, sin exageraciones.
  7. Atrae, no busques. «Mostrar tu hambre» puede ser interpretado como desesperación. Con frecuencia lo mejor es tomar una aproximación indirecta y desinteresada. No busques, pero reconoce los hallazgos.
  8. Valórate, no te conformes. Apunta alto, igual vas a hacer el ridículo.
  9. Relájate, todos buscamos una compañía amena con la que pasar un rato agradable, pero no te afanes por nada ni por nadie.
  10. No idealices. Si lo de las interacciones sociales se te da mal —ni hablemos de la conquista—, ¿por qué seguir invirtiéndole tanto tiempo? Es preferible tener paz interior a andar creyendo que una persona te llevará al nirvana.
  11. Olvídate de la fantasía del amor. Cultiva una relación sentimental, si es caso, a partir del sexo o la amistad.
  12. La ley del mínimo esfuerzo no es mala, es justo lo que necesitamos aplicar aquí.
  13. Nada de lo dicho servirá si no le interesas, no seas pesado.

Hallazgo de cantos populares

Hallazgo de un cancionero marcial en la cantimplora de un joven al que casualmente llamaban «la cantimplora» porque solía ser el desembarco de la libido de sus compañeros.

 

¡A chupar cantimplora!

 

Todas las mañanas al salir el sol
Levanto la carpa con el cabezón
Pongo el redtube en el computador
Y me jalo la tripa como un gladiador.

A la hora que llega a mi mujer
Dice levántese vago vaya a trabajar
No ve que no hay ni mierda para tragar
Le respondo la leche has de ordeñar

Depresión en la mañana me ha de dar
Porque a mi mujer no puedo consolar
El lechero hijueputa se la metió
Y no se la saca ni para mear

A qué hora he de acabar?/ mi vida parece no tener final/ Agárrome la penca y me pongo a llorar/

mientras mi mujer se viene con el lechero como si se fuera a mear .

 

 

Activo en g menor. Por César González

Este escrito no es un cuento, tampoco un relato, mucho menos un short-shorts, no llega a chisme siquiera; Quizás una infidencia frívola pueda ser, una forma burda e intelectual a la vez, de ser lo que se es, porque no se puede ser más cosa, que consecuentes con nuestros actos, flexibles a nuestro destino, como cualquier animal en la suya, absurdamente animal. Entre tantas personas que he conocido en las calles de Euparí- Roll, en los parches donde no llega el amor y solo habita el miedo, donde todos huelen a formol y nadie puede perfumarse de digno, nadie, absolutamente nadie podría  vanagloriarse de honor, nadie sabe de palabra y cualquiera te pone a sobrar así, nada más, de “un chasquido”, pero te dan la moral, aunque se crean superiores a ti, al Loquito del barrio, o al Chirri de la esquina, o al andrajoso del semáforo, cualquiera que este fuera del programa de televisión en el que viven diaria-mente sus sectarias existencias. Imagínate el caso, pensarse vivir en una realidad diferente a los otros, son ellos los mecenas de tu pasaporte, de tu visa de exilio o inxilio, hasta perderte en un país sin nombre donde los cobardes pasan por valientes y los valientes por perdedores y en esas paradojas terminan siendo Ellos los héroes y anti- héroes de la historia, “juanitos alimañas” en potencia que en su ley perecen. Pero la muerte nunca fue algo que le preocupara en lo mínimo, muchos hasta dicen que se criaron juntos, que asistían a la misma escuela, que comían en el  mismo plato, y que para mal, o para bien, había sido su única y fiel amiga, su único amor al fin; no digo su nombre, porque no me corresponde  y además porque tampoco me interesa posar de prensa sensacional, con su sangre derramada en primera plana, y el típico titular sin ninguna responsabilidad afectiva con sus familiares y seres queridos, mucho menos justifico su fin, la muerte (sobre todo cuando se es tan joven y se manifiestan infinitas posibilidades de vivir), esa mujer peligrosa que lo sedujo y a la que buscó implacable en sus faenas de niño malo, que de malo lo único que tenía, en mi lectura personal, ahora que lo analizo con detenimiento, era ese rostro de adolescente malhechor clase baja, cabeza e´ porra que llaman los profesionales del apodo, un defectuoso Robert De Niro boca torcida, un caso como el de Benjamín Button, no cuando es interpretado por Brad Pitt conduciendo su Idian Flathead roja y con gafas de sol, por una autopista sin una sola arruga en el rostro y ni un huequito en la pista, no, pero si cuando está niño-viejo, en ese estado de belleza fenomenal propia del cine y la literatura fantástica, con volcanes de espinillas en constante erupción, y eso por la ingesta prematura de barbitúricos que le tocó pilotear en los distintos centros de rehabilitación en los que vivió largo largo tiempo. Otra de sus temporadas en el infierno o en el paraíso, ya no se sabe, fue cuando estuvo durante tres meses en coma,  “está más allá que acá, le están sonando más las arpas que los acordeones”, escuché a alguien, cuando aún era una leyenda viva y los pelaos siempre estaban al pendiente de sus apariciones en redes sociales y comentaban las principales sobre la farándula del bajo mundo, “tres impactos de bala en la cabeza, está cruzado” otros decían,  de los que nadie, ni doctores, ni mandraque daban fe a que pudiera salvarse, pero se salvó, contra todos los pronósticos, hierba mala, no moría. habían quienes decían que su andar de Zombi salido de una coreografía de Michael Jackson, era por una bala que nunca pudieron extraerle los cirujanos, en los congresos donde su caso fue modelo de estudio comentaban que era mejor que estuviese ahí, por donde comenzaba la columna a bajar, que la bala había desplazado una vértebra y en lugar de la pieza ósea, había quedado una astilla de plomo. Por los días que era tendencia, cuando salió en aquel video donde dos mujeres le propinaban una golpiza por la zona del Boliche, los que solo fueron objeto de burlas y los comentarios vituperiosos de siempre; El árbol había caído, y para ser leña no le faltaba nada, por esos días ya nadie daba un peso por el menor, ni la mínima moral, en los boros nadie le pasaba el porro, ni por error, no permitían que se acercara a los parches por la calentura y todo lo que se decía por ahí, que tenía los días contados  y otras sentencias de ese tipo que acostumbran a vociferar los promotores de la muerte, calanchines del mal. Cuando se le comenzó a ver ese mal tiempo de peligro a cuestas, hasta los más firmes, con los que muchas veces la cometió, le abandonaron, como dice esa canción vallenata, “que cuando uno está saláo hasta el amigo más cercano se le aleja”, bueno, así fue, y a él para su mala fortuna, lo había dejado hasta su propia sombra. También es cierto que por el Dan Gong y por la Secta ya no lo podían ver las putas, ni los putos, ni los drogos, nadie, no había esquina donde pudiera relajarse, como el  solitario vagabundo -que a las malas le tocó ser- tranquila y desapercibidamente. Es curioso, y lo es más cuando pasa el tiempo, pero debo decirlo, nunca consideré peligroso al menor, más que para sí mismo, mucho menos un ladrón inteligente y con éxito, sobre todo después de esa noche en la que en un evento donde García, o Gart, pintor y músico de la escena,  debo aclarar antes que todo que este será el único fragmento anecdótico de lo aquí escrito: Yo pasaba una de mis borracheras excéntricas, mientras al mejor estilo de los rituales chamanicos los asistentes bordeaban una gran fogata y bailaban y daban giros y emitían aullidos, una buena noche hippie; cuando salí a buscar un taxi y a tratar de pasar el mareo de marihuana y cerveza con un cigarrillo, empeoró la cosa, mientras el menor como un golero sobrevolaba a la presa de monte en descomposición, que Yo era, me cargaba la pea de dos vidas, pero a los borrachos les a compaña siempre un instante de extrema lucidez con el que puede bastarles para salir de ese tipo de situaciones, y con esa sola línea  de bolsillo me bastó para trampear al personaje en cuestión, “ menor no me vayas a robar, que te boleteo con el Yesid y los muchachos de la fuking Squad”, fue más una súplica que cualquier otra cosa, la dicha salida en mi evidente desventaja, a él le importaban menos de un pepino nuestras amistades en común, cuando a lo lejos escuché en el limbo de mi ebriedad alterada sus palabras graves y electrocutadas, frías como la madrugada en que nos citaba una vez más el destino, “como así  poeta, me extraña, si yo más bien te estoy cuidando de que lo roben, suerte que me voy en esta verga”. Labia, el menor no perdonaba pinta, pero esa vez en particular creo que sintió algo de piedad, o puede que la haya visto muy fácil, un robo no digno de su estatus de rata, y paso a creer que a él le gustaba robar de frente, le gustaba marcarte, era su firma, un verdadero artista de la calle, algo así como un no me olvides, un, Soy el activo menor y vas a perder.

 

A la memoria de Iván.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

El imperio de la extroversión

26/05/2022. Barcelona. En esta sociedad para extrovertidos no hay, por ejemplo, aplicaciones de citas para introvertidos, es como si esperaran que asumiéramos las reglas del imperio de la extroversión, con sus parejas abiertas y promiscuas, su cháchara banal y vínculos superficiales, como si esas fuesen las únicas formas de «integrarse». Sonará raro a un extrovertido, pero para muchos introvertidos la única constante es desear no tener que salir de casa, quedarse encerrado hasta que se termine la comida. Pero la soledad y el encierro también nos aburren, sobre todo cuando termina el invierno, y la calle, ahora tibia como un útero, resulta acogedora. Y aunque los reservados podemos pasar largas temporadas sin cruzar palabra con nadie, somos herméticos por razones prácticas, solo abrimos las puertas a nuestro mundo a quien demuestra estar a la altura. Es decir, disfrutamos de la compañía adecuada. Entonces, para nosotros la «vida real» es lo que hacemos de puertas para adentro, aunque el mundo exterior, la calle, el imperio de la extroversión, resulte tentador a veces, como la buena fantasía que es.

Quizás la necesidad de aislamiento, de soledad, no sería tan incómoda si socialmente existiera una claridad sobre las cualidades de los introvertidos, en vez de tomarlos por versiones rebajadas de los charlatanes extrovertidos. Este imperio de la imagen corporativa, de la arrogancia que mira por encima del hombro, de la hipocresía descarada, del narcisismo individualista y competitivo, resulta ridículo para los taciturnos, por ello, en el imperio de la extroversión que es Occidente, los reservados resultamos sospechosos. Aquí el silencio es asumido como una rareza, lo que nos hace exiliados de nuestra propia lengua porque hablamos desde el silencio, y cuando lo rompemos, creamos un doble nudo, una extrañeza al cuadrado, pasando de taciturnos a beligerantes.

En el imperio de la extroversión cada grupo social sigue unas pautas, y los que las pervierten pagan el precio de la exclusión. Lo paradójico es que en Europa, un territorio en teoría abierto a culturas diversas, tampoco están bien representados los introvertidos, mas allá de esos espacios culturales en los que el silencio están normalizados. ¿Caben los introvertidos en este imperio de la auto-explotación, en el que las personas extrovertidas se ofrecen voluntariamente como peones risueños? Nones, parece ser la respuesta. En vista del rumbo que está tomando Occidente, con esa inclinación hacia los gobiernos totalitarios en los que la reflexión no tiene cabida, en la carrera contrarreloj por la explotación y la acumulación de capital no hay tiempo para detenerse y meditar. Si nuestra especie está destinada a la extinción, estamos siendo nosotros los primeros amenazados: los meditabundos reacios a participar en ridículos rituales sociales, los que sin problemas damos la espalda al ruido, los que entendemos la vanidad como un vicio, los que apuntamos al campo y abandonamos la ciudad, los que estamos hartos de esta masacre que llaman «vida real».

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Acentos del sur

 

20/05/2022. Barcelona. Llegó la temporada de terrazas, el mejor lugar para escuchar acentos. Vengo de un continente donde hay tantas variaciones en la pronunciación del español como nacionalidades, pero la apropiación que hacen del castellano es un tema distinto.

Comenzaré diciendo que admiro a los inmigrantes que no pierden su acento, y la delantera la llevan los argentinos, un grupo tan numeroso en Barcelona que comienza a tener carácter de colonia, lo cual me parece ideal, quizás así las futuras generaciones tengan la tonada argentina como alternativa a la que tratan de imponer desde Madrid. Sería una bonita y rebelde mezcla. Los argentinos han logrado apropiarse del idioma, creando una fraseología particular, juegos de palabras, y desarrollando un sentido poético que se ha filtrado en su cultura popular, algo que brilla por su ausencia entre los «integrados» que se limitan a imitar sonidos y frases hechas de un idioma que tuvo su clímax entre sádicos fanáticos hace 500 años. Hablamos de dos mentalidades distintas, la de los súbditos perpetuadores del oscurantismo, cerrados en banda con sus barbarismos, y la de los libertos orgullosos de una tradición literaria moderna. Ya Roberto Arlt lo explicó mucho mejor que yo en «El idioma de los argentinos», contenido en Aguafuertes porteñas.

Con todo eso en mente, sentado en una de estas terrazas, bebo una cerveza helada mientras disfruto el juego idiomático de dos argentinas, que como yo, beben birras en la terraza. Me encantaría ser fluido en catalán —pienso— para poder pasar del español caribeño al idioma de los países catalanes, saltándome por completo las normas de este idioma que arrastra una tradición manchada de sangre y corrupción. La reivindicación del catalán y de los acentos latinoamericanos puede ser leído como una postura política contra la opresión dogmática que subvierte las imposiciones de hombres blancos que nunca han salido de su meseta, y cuando lo han hecho, ha sido para reproducir, trasplantar dogmas.

En mi país solo un puñado de escritores humorísticos y poetas cómicos juegan con el lenguaje con la destreza con que los argentinos del común lo usan, con ese desparpajo propio de un acto natural inconsciente. Algo similar vemos en el Caribe, aunque ahí la mezcla sea distinta y más parezca un dialecto muchas veces incomprensible para los foráneos, donde predomina la noción del ritmo y la sonoridad. La diferencia puede ser que tanto en el extremo sur de América como en el Caribe nunca se habló solo español, tierra de migraciones al fin y al cabo, y en ese juego de hacerse entender terminaron generando algo distinto: el portuñol en la frontera de Brasil y Argentina; el costeñol del Caribe colombiano y venezolano; el espanglish en la parte norte del Caribe; el español rioplatense o lunfardo que hablan en Argentina y Uruguay.

Algo similar pasa a orillas del Mediterráneo catalán, donde todos son bilingües, cuando no políglotas, algo que parecen no querer aceptar en la meseta central de este árido país.

 

Pero bueno, yo soy solo otro hijo de las migraciones que trata de entender las vueltas de la vida, y del idioma que le tocó por suerte —ni hablemos del acento—. Quizás deba ahondar más en este tema, realizar un estudio a fondo en las Casas de vermut, pero, ¿y si somos testigos de la primera gran colonización argentina de Cataluña? ¿Y si dentro de unas décadas lo que se hablará en Iberoamérica sea una combinación de la tonada argentina y la catalana? Sería una combinación poderosa, culturalmente nutritiva para toda Iberoamérica.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Terapia polifónica

22/4/2022. Barrio Gótico. Barcelona. Olviden las Apps de citas, el azar sigue siendo el mejor método para conocer gente. Aquel viernes por la tarde de la temporada de terrazas 2022 fui a tomar unas cervezas en el bar más cercano de casa, al que no había entrado nunca. En la barra estaba Andrea Juzga, una amiga barranquillera a la que no veía hace 15 años. Giros inesperados que introduce la vida a nuestro relato personal. Esa tarde la charla con Andrea resultó siendo tan terapéutica como las cervezas que nos bebimos. Yo le presenté a mi hijo y ella me presentó a su amiga siciliana, Deborah.

Una semana después me invitó a pasar la tarde con sus colegas music selectors, picoteros sofisticados dedicados a la arqueología musical, que reinterpretaron sonidos autóctonos de Latinoamérica en Ultra-Local Records, una tienda de vinilos del Poblenou. Un grupo de individuos interesantes, con los que lastimosamente tuve que interrumpir la conversación porque aquella noche el metro funcionaba solo hasta a las doce.

14/05/2022. Antigua Cervecería Damn. Tarde veraniega al aire libre, sol, comida y cervezas sin gluten, el nuevo producto de Estrella Damm. Cierran la jornada Acid Lady Avocado —el nombre artístico de Andrea— y Golfo de Guinea —Joan Pujol—. Seleccionan música caribeña que tenía 30 años sin escuchar, incluyendo «Muévelo» de El General. El ambiente hizo que bailaran hasta los que no estaban borrachos. El cambio de estación trae nuevos amigos con los que celebramos la vida, somos sobrevivientes de la pandemia y del infierno helado.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Soy un Gil

27/4/2022. Barcelona. Camino como buscando algo perdido. ¿Es desarraigo, desencanto, nostalgia, o el vacío existencial de siempre? En invierno los mordiscos del frío me hacían idealizar el calor humano; ahora, con el aplastador verano en ciernes, me vuelvo riguroso en la selección de compañía. Pero aún así hay que creer en el amor, ¿o qué nos quedaría, pensar en la muerte inminente? Por ello cada día procuro exponerme a este mundo de extrovertidos, a pesar de ser un reino de mentiras, apariencias, miedos, odios, traumas y trastornos. A veces incluso recuerdo que debo romper el hielo o nunca hablaría con nadie, mi presencia intimida: cargo una seriedad inexpresiva en la mirada, ojeras profundas por el insomnio, y ese silencio insondable e incómodo que confunden con desconocimiento de la lengua nativa.

Al despertar tratas de recordar lo que trasnochaste pensando, pones tu mejor cara y sales a la calle, y si el factor sorpresa te puede costar la vida en Colombia, aquí puede resultar en una conversación agradable o una burla. No es una mala apuesta, una burla es siempre mejor que un balazo. Salgo con la procesión por fuera y la sonrisa por dentro, intentando actuar como el resto, aunque por naturaleza leo a todo el que se cruza en mi camino. Se te pasan las horas volando y no hablas con nadie, pero solo te das cuenta cuando vuelve a caer la noche. Y es que «hablar» implica mucho más que eso. «Fluye», «sin mente» me han sugerido. Yo solo puedo mirarles con ternura, sabiendo que nunca podría explicarles a la velocidad que se mueven e interconectan las ideas dentro de esta eléctrica materia gris. Me tranquiliza un poco recordarme que hago parte de una minoría neurodivergente, pero aún así, en ocasiones me duele perderme de los frutos de ese mundo al que no pertenezco, entonces dejo que la hiperactividad tome el control, que haga el ridículo, que rompa el silencio, aunque ese sea mi lenguaje favorito. Acallar el silencio un rato, disimularlo, porque al cerebro es imposible amordazarlo. Aquí la hiperactividad cumple una función social indispensable, confunde al interlocutor y le hace pensar que soy un extrovertido ingenuo, sin tacto, inmaduro, les desconcierta que no siga los patrones conversacionales habituales. Paso entonces por imprudente, por raro  —oigo ecos de Beck «soy un perdedor, I´m a loser baby, so why don´t you kill me» y de Radiohead «I´m a creep, I´m a weirdo, why the hell am I still here, I don´t belong here»— y como dando tumbos antes de estrellarme contra el pavimento, fracaso de nuevo en mi misión de pasar desapercibido, de parecer indiferente a todo, de «fluir», de ser otro de tantos extrovertidos buena onda. Pero lo intento, me acerco, sonrío, me intereso realmente en alguna figura delicada, una que sea capaz de darle luz a mi vida con una sonrisa suya, y aún a pesar de tener las de perder, me acerco y dejo que el TDAH tome la palabra:

—Hola, llevo meses viniendo aquí y aún no sé tu nombre.

—¿Mi nombre? Gil.

 

Doy un paso atrás, sonrío y me despido; giro sobre un talón y salgo lo más lentamente que puedo. Dedico las próximas horas a pensar en su ágil respuesta, en los juegos verbales que permite la apropiación del lenguaje.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Granizado Sant Jordi

23/04/2022. Barcelona. Sobre las 13:00, el frío y soleado sábado fue atravesado por una granizada, algunas librerías y editoriales acababan de colocar sus esperanzas comerciales sobre los mesones. Poco antes de eso había terminado mi peregrinación —comenzada el viernes— por ramblas, paseos, y avenidas temporalmente habilitadas como vías peatonales. Compré un par de libros en las carpas ubicadas en las calles transversales, olvidadas a esa hora por las hordas de cazadores de autógrafos. Ya iba de vuelta a casa cuando decidí entrar a un Bracafé, en una esquina del Eixample. Terminado el café nos cubrió una nube gris cargada de granizo, y entonces se desató el caos, las banderas catalanas se sacudían violentamente, la gente corría con la cabeza cubierta. Al Bracafé, que cinco minutos antes estaba desierto, ahora no le cabía un alma.

La granizada no pudo llegar en peor momento, a media jornada. Algunos alcanzaron a proteger sus libros, otros perdieron miles de euros, algunos no tenían carpas, otros las tenían, pero fueron demasiado endebles para resistir las embestidas del viento y el hielo. Las ventas en este día normalmente equivalen a una cuarta parte de la venta anual, lo cual solo puede definirse como una tragedia comercial. Así que estimados lectores, compren libros todo el año, no solo en Sant Jordi.

 

El día de las flores y libros es uno de los milagros comerciales de la ciudad, pero hay otro «milagro» que ocurre todos los días, hablo de la función social que cumplen las librerías de libros releídos, o libros liberados —en catalán, libro es «llibre»—. Re-Read y Llibre Solidari ofrecen una red de seguridad para lectores voraces, y eso dice mucho del apetito bibliófilo de los barceloneses —nativos y adoptivos—. El sistema es simple, les donan los libros, y ellos los venden por unos pocos euros. En el caso de Re-Read, uno por tres €, dos por cinco €, cinco por diez €, y si te haces socio, te salen a dos € cada uno, sin importar cuantos te lleves. En el caso de Llibre Solidari depende del título que busques, que tan escaso sea, y el año de publicación, pero siempre oscilando entre dos € y doce €. En una librería tradicional, incluso en Sant Jordi —durante la jornada le hacen un descuento del diez por ciento a todos los títulos— los libros de bolsillo rondan los quince o veinte €. Con veinte € puedes comprar diez títulos en Re-Read, y por lo menos cinco en Llibre Solidari, lo cual es siempre una ganga, un motivo de celebración para los lectores, y un milagro de Sant Jordi, si nos ponemos místicos. Además, la fiesta de los libros liberados mantiene los mismos precios todo el año, algo que, para quienes entrelazamos nuestras vidas con «Estados de la cuestión», es cuando menos, un alivio para el bolsillo.