Archivo | mayo 2026

Lo que queda es epigonal

Por Daniel Maldonado Velázquez

 

Sobre Borges, por Piglia, 2014, seminario disponible en YouTube

Quizá el hilo que conduce a la literatura argentina sea la desmesura, la exageración. Esta desmesura no es sólo de índole literaria; también es ideológica. Ejemplos sobran. Borges ninguneando a Quiroga o a Arlt; Borges celebrando a Chesterton, a De Quincy. ¿Existía una diferencia verdaderamente sustancial o, incluso, formal entre De Quincy y Roberto Arlt o entre la escritura quiroguiana y la de Chesterton? Tanto en los ingleses como en los sudamericanos fue elocuente la impronta de lo popular. La escritura de Arlt no habría sido posible sin los textos de divulgación científica, las novelitas menores o los relatos de acento policial que Arlt leyó a lo desquiciado. En esa escritura, lo popular adquiere la forma de lo facineroso. ¿Acaso en la escritura de Chesterton no está presente la dimensión de lo popular? ¿No es el Padre Brown una variante de la figura del detective activada por Poe en “Los crímenes de la calle Morgue”?

Ricardo Piglia ejecutó una operación similar a propósito del autor de El Aleph. En su afán por colocar a Borges en el centro de una tradición que es menos eso que un canon en movimiento constante, sostuvo que el inventor del soneto era más grande que Dante, “porque aquel había inventado una forma”. Para él, Borges –igual que el oscuro inventor del soneto o igual que el ignoto creador del haikú– se erigió en Pater familias por haber confeccionado el cuento borgesiano: mezcla de ficción especulativa (según Coetzee) y relato fantástico. Un escritor clásico inventor de una forma nueva. La pertinencia de Borges, continúa Piglia, se sostiene en su condición de sumo artífice: sin “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, P. K. Dick o V. Nabokov no hubiesen escrito El hombre en el castillo o Pálido fuego. Conclusión problemática: por diseñar un novedoso artefacto narrativo, Borges es el motor seminal de un nuevo tipo de escritura.

En los planteamientos de Piglia hay mucho de exageración. O de aquella variante sofisticada de la exageración que Borges empleaba con maestría: la boutade. La desmesura no siempre es incorreción. En el caso de Borges, ocultaba vacío.

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