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ANO DE SIRENO: fanzine independiente de MIL INVIERNOS

 

 

El beso de Rodin es una maricada

El beso de Rodin es una maricada

 

 

 

A Mil Inviernos le dió la pálida y realizó su primer fanzine de modo independiente y se churretió.  Y de las churrias extraemos estás perlas que no por estar embadurnadas de líquidos excrementos dejan de brillar.

 

 

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A post shared by Luis Cermeño (@addkerberos)

 

Con plena consciencia de no haber fundado un nuevo género como el prístino género alcaldístico, aportamos nuestro granito de arena para luchar por la felicidad de nuestra especie, siendo así, proponemos una herramienta lúdica a la que hemos intitulado Cocoloco, para que esta sea el menester de los tristes en sus afugias.

Sabemos que en estos casos no hay posibilidades de hablar de la masturbación, sin embargo, como curramba lo hace con la pasta base, la nombramos para así no dejarla morir en nuestros corazones: masturbación.

Sea pues éste el momento de parabienes y de diversión en medio de este aburrimiento tan hijueputa. Sabemos que lo mejor sería estar muertos, pero al no encontrarnos en tal situación, ofrecemos el bullerengue del covidengue para ilustrar esa realidad tropical que muestra la experiencia terrorífica que estamos atravesando en estos países, en donde no basta estar asolados por el dengue hemorrágico ahora nos azota una nueva epidemia: el covidengue.

 

Todo el arte del fanzine fue realizado por DAVID BARRERO: https://www.instagram.com/cactustatoo/

En Mil Inviernos sabemos de nuestro compromiso para con la comunidad, y buscamos hacer las delicias de nuestros lectores. Además, con los fondos recaudados nos comprometemos como buenos políticos tercermundistas que somos, a aportar a casas de la vejez, de la primera infancia, a las venezolanas y a ligas contra el cancer y ligas de baseball en Barranquilla, capital mundial del covidengue.

Celebremos pues que tenemos otro año de vida. Ano de Sireno expele sus mejores fragores en la forma del papel físico.

Recuerden esto es una pildorita de vida.

 

Los ositos cariñosos eran de felpa y de felpas murió Nelson Ned.

 

 

PREVENTAS Y VENTAS MAYORISTAS:

CORREO: 1000inviernos@gmail.com

 

 

 

Ciencia ficción latinoamericana o la fisonomía de un tercer mundo desarrollado. Por Sergio Ortíz Sotelo

Esta es una reseña sobre la antología El tercer mundo después del sol, hecha por Rodrigo Bastidas y editada por Minotauro (Ed. Planeta)

 

 

En 1942, en una reflexión sobre la vida intelectual latinoamericana, Alfonso Reyes escribió que, debido a las circunstancias de su desarrollo histórico, “América vive saltando etapas, apresurando el paso y corriendo de una forma en otra, sin haber dado tiempo a que madure del todo la forma precedente”. Se refería al desafío que, desde la independencia política del siglo XIX, representa para lxs latinoamericanxs el intento de conocer ampliamente la literatura que se escribe en el resto del mundo y, desde este conocimiento y en revisión permanente de la vida cultural propia, producir una cultura capaz de dialogar con cualquier literatura o expresión cultural del planeta; es decir, el desafío de ganar una independencia literaria e intelectual basada en el cosmopolitismo. Esto significa generar una literatura que, por la reflexión sobre las condiciones propias, no sea una imitación de estructuras importadas, pero que tampoco sea una literatura parroquial que no puede aportar al diálogo mundial por vivir encerrada en sus particularidades.

Esta preocupación sigue vigente hoy en la producción literaria general y, particularmente, en la de la ciencia ficción (que por su especificidad como literatura de un género nacido y desarrollado principalmente en Europa y también en los Estados Unidos, países líderes en producción de ciencia, se pregunta por la posibilidad de una apropiación latinoamericana). Rodrigo Bastidas, compilador de la antología de relatos de ciencia ficción publicada en febrero de 2021 por Minotauro, El tercer mundo después del sol, plantea en la introducción de esta recopilación la pregunta por la especificidad de este género en nuestro continente y así renueva la discusión que desde el siglo XIX se han planteado lxs intelectuales latinoamericanxs para nuestra vida cultural en general: “¿cómo se construye la ciencia ficción en un lugar donde los conceptos hegemónicos de ciencia no coinciden con los que se han construido en nuestras culturas?”.

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¿Dónde se marcharon las olas?, por Luis Bolaños

CIENCIA FICCIÓN DORADA: 

¿Dónde se marcharon las olas?

Otra viñeta del Imperio Decadente

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Sci-fi Old Male Cyborg Mercenary | Cyberpunk character, Sci fi concept art: taken in https://line.17qq.com/articles/wwscarqx.html

Cuando un organismo, sobre todo cuando es imperial y galáctico, empieza a desmoronarse, por las grietas escapan los peores monstruos, brotan las más abyectas torturas y chorrean las mas crueles trapisondas; la historia las reseña y las explica; pero otro mecanismo, potente y vivencial, se entrelaza con la percepción de que te ocurran a ti, a tu pueblo, a tu planeta; la incredulidad se te aferra y no  te deja respirar, sientes como el terror corta cada uno de tus tejidos, te eviscera y te esparce cual tapiz vivo sobre la superficie de la realidad para que reacciones o perezcas. También suceden actos de altruismo, de dedicación a la piedad, y aunque puedan semejar esfuerzos absurdos y desmedulados, son el indicio de que el reemplazo de aquello que devendrá crece y medra a la sombra de las devastaciones y los latrocinios de quienes detentan el armamento y el poder. Ese es la directriz que aflora de los testimonios narrados por los tres veteranos.

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Paisaje maravilloso, una bahía protegida por islas y un par de penínsulas, un macizo montañoso situado ligeramente al norte del ecuador geográfico coronado de nieves perpetuas, que se precipita a través de una serie de escalinatas suaves hacia el mar, en una auténtica avalancha de flora, biodiversidad y verdor con multiplicidad de cascadas, arroyos, lagunas y cadenas de estanques que redistribuyen el agua hasta la proximidad del océano, incrementando los torrentes, acequias y regatos; un masivo peñasco domina una de las ensenadas de la bahía, allí donde se alzan una serie de terrazas de disfrute y contemplación del panorama, puentecillos en cristal y jade los conectan con los hotelitos de maderas duras tropicales que proliferan en la ladera.

Trinos, gañidos, roznidos, bramidos y gorjeos de las bestezuelas de aire y tierra constataban la abundancia de especies de la fauna. Desde la hermosa y cómoda terraza se visualiza como los escalones se difuminan en el azul profundo del mar abierto estableciendo armonía entrelazada océano & cordillera.

En uno de los numerosos solarios se han congregado tres veteranos, quienes recostados en sendas tumbonas ergométricas sombreadas descansan sus cuerpos mixtos, repletos de microsistemas autónomos que se interconectan, implantes expansivos que reemplazan células colapsadas, prótesis biomagnéticas, regeneradores de protoplasma y otros adminículos; reposan los tres veteranos devorando exquisiteces locales y chupando sus cocteles frutados mientras van recordando anécdotas del servicio militar, sus mecanismos de homeostasis digieren y eliminan los probables excesos de sustancias nocivas; ya desapareciendo el esplendor del día y menguando la brillantez solar se infiltra en la tarde una cierta melancolía, que será acribillada luego por las fúnestas resonancias que se evocarán.

Y en concordancia con ese sentimiento los tres humanoides, disímiles en características físicas pero hermanados por las terribles experiencias bélicas que han vivenciado, se disponen a compartir aquella que consideran la peor de sus prácticas perversas.

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Zikixi-Tudu, aún una impresionante mole de más de dos medidas estandar, con la piel erizada de flagelos y ojos protegidos por doble arco superciliar recuerda lo que le ocurrió en Delemestar, cuando fungía de guardaespaldas de funcionarios imperiales, reclutadores de jóvenes, habían logrado sobrepasar la cuota y 105 enrolado(a)s se apiñaban en el centro de la plaza de la localidad; animados por la sedosa interrelación establecida concedieron permiso a las madres o familiares delegadas para abrazarlos y despedirse, los rectangulares antigraviatmosféricos ya preparados flotaban a un lado.

Las madres envueltas en sus albornoces y chilabas ejecutaron una auténtica coreografía, tan exacta que sólo podría haberse realizado con la anuencia de lo(a)s jóvenes, extrajeron sus broches, que resultaron ser desplegables de doble aguijón y en un fluido movimiento apuñalaron certeras con uno a sus hijo(a)s y con el otro se autoinflingieron una herida en la carótida a ellas mismas de igual manera, desplomándose los 210 cuerpos casi en simultánea; en un momento una aparente despedida con algún líquido ocular derramado, al siguiente un infortunio catalogado como tragedia imperial, con mucha sangre vertida. Se le denominó “las 105 madres suicidadas”, como si sus hijos e hijas por no haber cumplido servicio no existieran y las madres fueran enemigas.

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Próximamente: El cuaderno de Andrés Caicedo, por Andrés Felipe Escovar

portada del nuevo libro de Escovar, editado por U. Rosario

En Mil Inviernos tenemos el gusto de anunciar que pronto aparecerá esta investigación que nuestro editor, Andrés Felipe Escovar, realizó  con el manuscrito original de la obra ¡Que viva la música! del escritor caleño Andrés Caicedo.

El libro se trata, como anuncia el subtítulo, de  una aproximación y transcripción de la génesis escrituraria de ¡Que viva la música! Lo que permite inquirir que Escovar es uno de los pioneros de la crítica genética en Colombia.

Esta obra expone los fundamentos de la crítica genética para proponer un abordaje particular de los manuscritos y demás materiales preredaccionales y redaccionales que comportan un proceso de creación, y plantea una hipótesis de lectura del libro ¡Que viva la música!, a partir del cuaderno manuscrito que Caicedo escribió, para dar cuenta del comienzo de la gestación de esta novela. El libro propone cuatro partes, la primera, es una exposición teórica del desarrollo de crítica genética; la segunda, un recuento de las diferentes lecturas y posiciones críticas sobre la novela de Andrés Caicedo; la tercera, corresponde al planteamiento una hipótesis de lectura sobre la novela y la cuarta, contiene la transcripción del cuaderno manuscrito de la primera versión de ¡Que viva la música!

Felicitamos a Felipe por este aporte al estudio de la  literatura de Caicedo.
Mayor información y pedidos:

 

 

El último esprint. Por Francisco José Martínez

Su respiración, que hasta ese momento había sido controlable, se disparó endiablada como el súbito trote de un ciervo asustadizo, que pasta tranquilo cuando de manera sorpresiva, siente la presencia de un depredador. El ritmo de pedaleo de Lucas aumentó, y sus músculos, cual acero templado, se tensaron preparando el momento agónico que se avecinaba. Sus piernas, a plena potencia, sus brazos rígidos como un ancla, y las manos agarrotadas, casi entumecidas de la fuerza que hacía asiendo la curva del manillar en el esprint.

Su rival, situado a un costado. Algo retrasado y casi fuera de su campo de visión angular, también aceleraba. Era una figura borrosa. Una vaga presencia que Lucas, no iba a permitir que le sobrepasase.

Y delante, refulgiendo la luz blanca que Lucas veía a lo lejos, se intuía detrás de la línea de meta. Le cegaba obligándole a entrecerrar los ojos.

– Esos focos malditos!, qué difícil medir la distancia desde aquí!.- se quejaba para sus adentros.

No obstante, ahí estaba la línea de meta, esa que tantas y tantas veces había rebasado el primero. Triunfante. Sintiendo esa sensación de plenitud y satisfacción. Esa dulce ambrosía de la victoria. Esa suerte de droga que engancha, y que todo esprinter necesita; y que una vez probada, se atenaza a tu sangre, y por tus venas, te hace saber que querrás repetir, una y otra vez, y otra, y otra…

Lucas se aproximaba rápido hacia la luz. La bicicleta, completamente lanzada, era impulsada como una locomotora por las poderosas piernas de Lucas. Su rival, seguía cual silueta desdibujada, negra y sin forma, superpuesta en un paisaje que Lucas, en su máxima concentración, no podía apreciar. Cual difuso fantasma, su rival, o ese entorno; no iba a dejar que se antepusieran entre él y la luz de esos focos en la meta.

El viento en la cara, casi un azote; y su silbido descontrolado, un regalo en los oídos. Una música celestial para Lucas. Esa sinfonía arrítmica y martilleante que le acompañaba cada vez que la velocidad de su bicicleta, sobrepasaba esa frontera a la que solo unos pocos elegidos del pelotón, podían ponerla durante esos diez segundos de esfuerzo máximo. La sinfonía que le servía de fondo a su grácil y poderoso baile sobre la bicicleta, y que cuanto más fuerte la escuchaba, más ganador se sabía.

¡Y qué fuerte estaba sonando ahora!. Lucas esbozó una sonrisa camuflada en su mueca de esfuerzo. Se regodeó en su superioridad, pues se merecía la victoria. Sí, se la merecía de verdad, aunque solo fuera para poder “restregársela por las narices” a todos aquellos que lo dieron por perdido estos últimos meses. Su retorno a la competición tras aquel fatídico accidente que lo mantuvo dos meses en coma había sido duro.

No iba a permitir que todos los que le decían que no volvería a subirse a una bicicleta tras aquel periodo, que ahora trataba de recordar, pero no venía a su memoria, se salieran con la suya. Él era un luchador, un ganador nato, y su esfuerzo por volver a ganar una carrera eran mayores que incluso sus ansias por vivir.

Sus pensamientos de triunfo, se vieron alterados de repente. Una sacudida en su costado izquierdo tras un fuerte contacto con el cuerpo de su rival casi lo descentra de su endiablado esprint hacia las luces. Escuchaba el jolgorio del público, como un murmullo de fondo que se va tornando más y más creciente, y que ahora, además, eran las notas añadidas de un nuevo instrumento que se sumaban al “solo” del viento en sus oídos, y a los jadeos de su entrecortada respiración.

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CONCURSO NACIONAL DE ARTÍCULOS SOBRE GLITZA

EL BOCACHICO LETRADO CONVOCA:

CONCURSO NACIONAL DE ARTÍCULOS

SOBRE EL CUENTO GLITZA.

Para celebrar los 50 años de publicación del cuento de ciencia-ficción GLITZA del escritor Antonio Mora Vélez, cuento ganador de un premio nacional en marzo de 1971 en el concurso auspiciado por el Magazín Dominical del diario El Espectador y que es considerado uno de los mejores cuentos del género en Colombia, la tertulia literaria El Bocachico Letrado de Montería ha decidido convocar a un concurso nacional con las siguientes:
BASES:
  1. 1.- Podrán participar todos los estudiantes de secundaria de los cursos 10 y 11 de los colegios del país con la certificación del rector del plantel de su condición de estudiante matriculado en uno de los cursos arriba señalado;
  2. 2.- Participarán con un artículo escrito a doble espacio, en letra Times Roman 12, no menor de tres páginas ni mayor de cinco, cada una de 23 líneas, excepto la cuarta y la quinta si el artículo termina en alguna de esas páginas;
  3. 3.- Los participantes escribirán su nombre completo al final del artículo y agregarán el número de su documento de identidad, su dirección residencial, email, teléfonos y el nombre del colegio donde estudia y curso en el cual se encuentra matriculado;
  4. 4.- El concurso se declara abierto a partir de la fecha y se cierra el día 30 de abril. El fallo se divulgará en una ceremonia virtual especial el día 3 de julio del año en curso;
  5. 5.- Habrá un jurado inicial para escoger los veinte mejores artículos que deben pasar a la final y otro especial para seleccionar a los tres ganadores del concurso;
  6. 6.- Habrá un primer premio por valor de $500.000 al primer lugar, de $300.000 al segundo lugar y de $200.000 al tercero. A los veinte seleccionados para la final se les obsequiará el libro impreso Glitza y otros cuentos escogidos, editado por la Corporación Universitaria del Caribe-CECAR, con la dedicatoria del autor;
  7. 7.- Los concursantes deben enviar sus artículos y anexos a la siguiente dirección: tertuliabocachicoletrado@gmail.com
Comisión Coordinadora del Bocachico Letrado: Serafín Velásquez Acosta, Carmen Cecilia Morales, Antonio Dumetz Saher y Galo Alarcón Contreras.
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Con el respaldo del fundador y coordinador General: Antonio Mora Vélez.
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PARA QUIENES QUIERAN DESCARGAR GLITZA Y OTROS CUENTOS ESCOGIDOS.

El Sacrificio del Asceta – Por Luis Bolaños

CIENCIA FICCIÓN DORADA: 

 

El Sacrificio del Asceta

Luis Antonio Bolaños de la Cruz

 

Basawan – Dominio público

 

 

En nuestro planeta Dracocólquida, existe una leyenda relacionada con los brutales métodos de extracción de personas para alimentar la hoguera de la guerra imperial, es cierto que siempre con cada sustracción se llegaba a firmar un contrato & convenio (ver Canto del Androide; Reclutador; Aporofobia y Desiderátum) con engaño o transparencia, pero el imperio esgrimía que todo era legal al existir un documento que lo eximía de la mayoría de las responsabilidades respecto al cuerpo y la mente de las personas envueltas en el proceso.

Apacible, agradable, leve gravedad standard de 0.89, de rica biodiversidad y cadenas tróficas sin super predadores, equilibrio entre masa oceánica y tierra, con multitud de enormes y poco profundos lagos entrelazados, enormes penínsulas, cadenas de colinas esculpidas en miles de formas por el suave viento, casi coexistentes tepuyes y senotes, facilitada esa hermandad orográfica  por el tipo de suelos donde ocurría, por la escasez de metales pesados y frecuentes cavernas con ríos subterráneos, era ya antiguo cuando fue colonizado, desgastado por los elementos y con una aminorada tectónica de placas su riesgo de accidentes por fenómenos naturales era insignificante, parecía destinado a concedernos a sus moradores, ese esquivo don de la felicidad.

Y lo fuimos, hasta que se entrelazó nuestra existencia con las intenciones del imperio, lo(a)s jóvenes empezaron a marcharse por bandadas y cuando alguno retornaba era un simple desecho callado y esquivo.  Fue entonces cuando uno de los dirigentes, Aeqro, famoso por su indulgente justicia y su capacidad de control sobre su musculatura y armazón, ósea mediante técnicas ancestrales guardadas por eones en vetustas bases de datos, se retiró a un lugar denominado Nebetit, considerado la síntesis de lo deseado por las personas y lo ofrecido por la naturaleza, donde el velo de la cascada de un tepuy con su rocío nutría a un árbol de driaco, especie identificada como articuladora de ecosistemas, colosal y majestuosa, el sonido del frote de sus ramas semejaba música, sus amarillentos frutos macizos, dulces y jugosos eran regalo para la vista y el paladar, mientras que gordas y abundantes orugas, auténticos cilindros de proteínas inmediatas, convertían la hierba sombreada por su follaje en el paraíso de los perezosos.

Nunca nos dio a conocer su plan, en el ínterin mientras seguían llegando los bajeles destinados a enrolar, lo fuimos comprendiendo al observar e inferir y entendimos los resultados de aplicarlo; como la suavidad de las estaciones permitía que sencillas instalaciones e instrumentos colmaran las necesidades del anacoreta, -que durante un breve lapso pareció coquetear con la opción de un estilita por trepar a la meseta del tepuy, no obstante, aunque no lo transmitió se captó, se estaba empapando de las características del sitio, convirtiéndose en parte del entorno-, también cubrían las nuestras de acompañamiento y solidaridad.

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Los cerros imaginarios de Pto. Rondón. Media Crónica de Umberto Amaya

 

PUERTO RONDÓN:

Es tan llanero Puerto Rondón, que en el parque principal hicieron un arrume de tierra para que la gente tuviera noción de lo que es un cerro; también construyeron un faro con escaleras amplias y desde allá arriba la gente mira el pueblo, el río y la llanura infinita como si estuvieran encaramados en una colina.

Se llamaba “El PADRE” porque corre una brisa permanente, pero los que precisan de sangre humana para sobresalir por cultos y patrioteros, le cambiaron ese bonito nombre y le pusieron el de un lancero negro que trajo Bolívar para matar indios chibchas en Boyacá y, dato curioso, es en Boyacá donde más se le rinde culto a Bolívar. Aun así, en el parque de El Padre, colocaron una estatua del coronel Rondón, el pelo ensortijado y el caballo, con una pata levantada lo que indica que el personaje fue herido en batalla y a consecuencia de esa herida murió. En efecto, Juan José Rondón, hijo de esclavos libertos, en la batalla de Naguanagua (Venezuela) sufrió una herida leve en un pie, se le infectó y de eso murió. La estatua tenía una espada en la mano, pero un fanático de la historia la quebró, argumentando que Rondón no era de espada, sino de lanza.

A Puerto Rondón, en una bonita idea le construyeron un paseo perimetral que bordea el río Casanare, le pusieron monumentos inspirados en el llano: una canoa, una tinaja, y un grupo de aves que a diario se ven en la sabana, le hicieron una ciclo ruta y uno quiere estar todo el día, recibiendo la brisa llanera o metido en el río, que en la época del verano lo más profundo llega apenas al pecho y tiene en la mitad un hermosa isla con su playa de arenas finas.

Tengo toda la intención de regresar y escuchar a sus personajes floridos como el hombre del libro enorme y doña Angelina Franco, que tiene su casa en el barranco del río Casanare, dándole la bienvenida y la despedida a todos los que viajan; entregándoles el cariño y la sinceridad de su corazón llanero. Y es tan bonita su relación con los demás, que todos los que pasan por su casa, de puro cariño también, le arriman un racimo de plátano, un queso o una gallina.

Iré a Puerto Rondón a escuchar a su gente, porque a mirar ya lo hice, y porque una crónica sin el componente humano solo es media crónica

 

UMBERTO AMAYA LUZARDO

2021

Editorial: los nueve años de la princesa Mili

No era un aire desligado, no se nadaba en el aire. Nos olvidábamos del límite de su color, hasta pare­cer arena indivisible que la respiración trabajosa­mente dejaba pasar.

José Lezama Lima sobre el nuevo coronavirus.

 

 

Ahí está la princesa Mili. A sus tiernos nueve años. Y que no se crean que por ser tan pequeña no ha parido las suficientes amarguras como para ser una anciana de sabiduría. La princesa recuerda cuando aún era un feto. ¡Ah problemas lejanos aquellos los de existir! Cuando apenas era la idea de un par de imbéciles que, conscientes de su condición de oficinistas sin oficina, buscaron un nuevo fracaso, un nuevo sol que revelara las sombras de su impotencia. Y para esta no hay fentanilo que valga, ni tadalafilo.

Han pasado tantos años desde ese alumbramiento, que ya nada se puede decir:

  • Tanta mierda pa ni mierda.

Acaso ese sol de Mil Inviernos que se vislumbró en su nacimiento fue el germen de esos Mil abortos que suceden tras los días que ya no se levantan por más tadalafilo que se le suministre a esos tejidos cavernosos que ya parecen fosas comunes de sueños.

Nueve añitos, cuerpitos cavernosos, estertores, acaso que se niegan a recular. Ante el embate de mercachifles y publicadores de sandeces que se prosternan ante teorías hechas, hace más de sesenta años, con el barniz de música punk, allende este mar de mierda que nos ha tocado vadear sin descanso.

Hemos pasado por diferentes terrores, y ahora que el vírico está de moda, tenemos el antídoto perfecto:

  • Masturbarse hasta que el Covid lo ahogue.
  • Maldecir hasta quedarse sin aliento
  • Extrañar el olor a mierda porque ya no hay olfato.

La vida es hermosa. Lástima que ya se haya ido. La nueva normalidad no nos sabe a nada, como tampoco sabe el hecho de estar condenados desde el mismo momento de nacer.

¡Arriba pues, lo que pueda subirse! Por medios artificiales, como nos enseña la sci-fi, o por medios espirituales, como nos enseñan los magufos.

Hay gente que dice que se acabó el juego. Pero el juego se está jugando desde hace mucho.

Quedan pocos días para navidad, y muchos menos para año nuevo. Estamos en la víspera y la noche no está serena. Año nuevo lo quiero pasar bailando con la princesa Mili.

Pero de eso a que suceda, hay mucha mierda de por miedo.

Lo bueno que ha dispensado del Covid es que ya no se sienta el sabor excremental cuando se consume mierda:

¿Es mierda lo que tiene textura de mierda, forma de mierda, pero no sabe ni huele a mierda?

Las aventuras filosóficas están a pedir de boca.

Pero mi boca tiene tapabocas y la de la princesa está podrida.

Se murieron muchas cosas y morirán muchas  más. Igual, ya sabíamos que todos íbamos a morir. Un día más un día menos, ¡qué hijueputas!.

Igual no hicimos ni mierda a pesar de tanta mierda.

Abrazos mis queridos seguidores.

La princesa Mili seguirá-

 

Lo que quieren los muertos. Un relato de Alberto Chanona

Les presentamos un cuento de navidad escrito por Alberto Chanona e ilustrado por Gabriela Soriano. Fue publicado, inicialmente, en textosur.com

 

Franklin murió en las vacaciones. Pero ninguno de sus compañeros lo supo hasta el segundo día de vuelta a clases, cuando la maestra Isaura entró al salón, acompañada de la directora, para dar la noticia a los cuarenta niños y niñas que conformaban el Cuarto B. Con los ojos enrojecidos y las manos enredadas en la tarea de desarmar un nudo invisible, la profesora apenas murmuró algo sobre la inocencia, la bondad y el cielo, antes de romperse al pronunciar el nombre de Franklin, primero en sollozos y luego arrastrada por un tumulto de bufidos donde las palabras asomaban angustiosamente la cabeza a ratos, sin asirse de la respiración. Cuando la directora trató de intervenir, ya era tarde: la clase entera se había derrumbado tras la maestra, en un pandemónium de lágrimas y gritos, por la ausencia definitiva de Franklin y por la consciencia, el horror, adquirido de golpe, de que los niños también mueren.

 

De espalda al desarrollo de la tragedia junto al pizarrón, Pablo observaba el pupitre de Franklin, tras el suyo. Sobre la tapa, tallada a pluma por niños que rotaban de salón cada dos años, Pablo reconoció en un rincón su mala letra, su insulto destinado meses atrás a quien, desde ahora, sería ya para siempre el niño muerto: un mono contrahecho, gordo y grotesco que escurría baba, debajo del cual había escrito «Franklin».

 

Enderezó la vista. Un temblor se arrastró, a través del súbito frío, desde su mano en el pupitre hasta su corazón. En la esquina del aula, tras la bruma hecha de niños amontonados sobre la maestra y la directora, estaba Franklin, de pie, sobándose las manos, mirándolo desde la cámara sin fondo de sus ojos, mientras abría la boca como una marioneta hecha de aire que intentase hablar bajo el agua, produciendo silencio. Silencio y vacío. Como el fantasma de un pez.

 

 

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