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Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

El imperio de la extroversión

26/05/2022. Barcelona. En esta sociedad para extrovertidos no hay, por ejemplo, aplicaciones de citas para introvertidos, es como si esperaran que asumiéramos las reglas del imperio de la extroversión, con sus parejas abiertas y promiscuas, su cháchara banal y vínculos superficiales, como si esas fuesen las únicas formas de «integrarse». Sonará raro a un extrovertido, pero para muchos introvertidos la única constante es desear no tener que salir de casa, quedarse encerrado hasta que se termine la comida. Pero la soledad y el encierro también nos aburren, sobre todo cuando termina el invierno, y la calle, ahora tibia como un útero, resulta acogedora. Y aunque los reservados podemos pasar largas temporadas sin cruzar palabra con nadie, somos herméticos por razones prácticas, solo abrimos las puertas a nuestro mundo a quien demuestra estar a la altura. Es decir, disfrutamos de la compañía adecuada. Entonces, para nosotros la «vida real» es lo que hacemos de puertas para adentro, aunque el mundo exterior, la calle, el imperio de la extroversión, resulte tentador a veces, como la buena fantasía que es.

Quizás la necesidad de aislamiento, de soledad, no sería tan incómoda si socialmente existiera una claridad sobre las cualidades de los introvertidos, en vez de tomarlos por versiones rebajadas de los charlatanes extrovertidos. Este imperio de la imagen corporativa, de la arrogancia que mira por encima del hombro, de la hipocresía descarada, del narcisismo individualista y competitivo, resulta ridículo para los taciturnos, por ello, en el imperio de la extroversión que es Occidente, los reservados resultamos sospechosos. Aquí el silencio es asumido como una rareza, lo que nos hace exiliados de nuestra propia lengua porque hablamos desde el silencio, y cuando lo rompemos, creamos un doble nudo, una extrañeza al cuadrado, pasando de taciturnos a beligerantes.

En el imperio de la extroversión cada grupo social sigue unas pautas, y los que las pervierten pagan el precio de la exclusión. Lo paradójico es que en Europa, un territorio en teoría abierto a culturas diversas, tampoco están bien representados los introvertidos, mas allá de esos espacios culturales en los que el silencio están normalizados. ¿Caben los introvertidos en este imperio de la auto-explotación, en el que las personas extrovertidas se ofrecen voluntariamente como peones risueños? Nones, parece ser la respuesta. En vista del rumbo que está tomando Occidente, con esa inclinación hacia los gobiernos totalitarios en los que la reflexión no tiene cabida, en la carrera contrarreloj por la explotación y la acumulación de capital no hay tiempo para detenerse y meditar. Si nuestra especie está destinada a la extinción, estamos siendo nosotros los primeros amenazados: los meditabundos reacios a participar en ridículos rituales sociales, los que sin problemas damos la espalda al ruido, los que entendemos la vanidad como un vicio, los que apuntamos al campo y abandonamos la ciudad, los que estamos hartos de esta masacre que llaman «vida real».

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Acentos del sur

 

20/05/2022. Barcelona. Llegó la temporada de terrazas, el mejor lugar para escuchar acentos. Vengo de un continente donde hay tantas variaciones en la pronunciación del español como nacionalidades, pero la apropiación que hacen del castellano es un tema distinto.

Comenzaré diciendo que admiro a los inmigrantes que no pierden su acento, y la delantera la llevan los argentinos, un grupo tan numeroso en Barcelona que comienza a tener carácter de colonia, lo cual me parece ideal, quizás así las futuras generaciones tengan la tonada argentina como alternativa a la que tratan de imponer desde Madrid. Sería una bonita y rebelde mezcla. Los argentinos han logrado apropiarse del idioma, creando una fraseología particular, juegos de palabras, y desarrollando un sentido poético que se ha filtrado en su cultura popular, algo que brilla por su ausencia entre los «integrados» que se limitan a imitar sonidos y frases hechas de un idioma que tuvo su clímax entre sádicos fanáticos hace 500 años. Hablamos de dos mentalidades distintas, la de los súbditos perpetuadores del oscurantismo, cerrados en banda con sus barbarismos, y la de los libertos orgullosos de una tradición literaria moderna. Ya Roberto Arlt lo explicó mucho mejor que yo en «El idioma de los argentinos», contenido en Aguafuertes porteñas.

Con todo eso en mente, sentado en una de estas terrazas, bebo una cerveza helada mientras disfruto el juego idiomático de dos argentinas, que como yo, beben birras en la terraza. Me encantaría ser fluido en catalán —pienso— para poder pasar del español caribeño al idioma de los países catalanes, saltándome por completo las normas de este idioma que arrastra una tradición manchada de sangre y corrupción. La reivindicación del catalán y de los acentos latinoamericanos puede ser leído como una postura política contra la opresión dogmática que subvierte las imposiciones de hombres blancos que nunca han salido de su meseta, y cuando lo han hecho, ha sido para reproducir, trasplantar dogmas.

En mi país solo un puñado de escritores humorísticos y poetas cómicos juegan con el lenguaje con la destreza con que los argentinos del común lo usan, con ese desparpajo propio de un acto natural inconsciente. Algo similar vemos en el Caribe, aunque ahí la mezcla sea distinta y más parezca un dialecto muchas veces incomprensible para los foráneos, donde predomina la noción del ritmo y la sonoridad. La diferencia puede ser que tanto en el extremo sur de América como en el Caribe nunca se habló solo español, tierra de migraciones al fin y al cabo, y en ese juego de hacerse entender terminaron generando algo distinto: el portuñol en la frontera de Brasil y Argentina; el costeñol del Caribe colombiano y venezolano; el espanglish en la parte norte del Caribe; el español rioplatense o lunfardo que hablan en Argentina y Uruguay.

Algo similar pasa a orillas del Mediterráneo catalán, donde todos son bilingües, cuando no políglotas, algo que parecen no querer aceptar en la meseta central de este árido país.

 

Pero bueno, yo soy solo otro hijo de las migraciones que trata de entender las vueltas de la vida, y del idioma que le tocó por suerte —ni hablemos del acento—. Quizás deba ahondar más en este tema, realizar un estudio a fondo en las Casas de vermut, pero, ¿y si somos testigos de la primera gran colonización argentina de Cataluña? ¿Y si dentro de unas décadas lo que se hablará en Iberoamérica sea una combinación de la tonada argentina y la catalana? Sería una combinación poderosa, culturalmente nutritiva para toda Iberoamérica.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Terapia polifónica

22/4/2022. Barrio Gótico. Barcelona. Olviden las Apps de citas, el azar sigue siendo el mejor método para conocer gente. Aquel viernes por la tarde de la temporada de terrazas 2022 fui a tomar unas cervezas en el bar más cercano de casa, al que no había entrado nunca. En la barra estaba Andrea Juzga, una amiga barranquillera a la que no veía hace 15 años. Giros inesperados que introduce la vida a nuestro relato personal. Esa tarde la charla con Andrea resultó siendo tan terapéutica como las cervezas que nos bebimos. Yo le presenté a mi hijo y ella me presentó a su amiga siciliana, Deborah.

Una semana después me invitó a pasar la tarde con sus colegas music selectors, picoteros sofisticados dedicados a la arqueología musical, que reinterpretaron sonidos autóctonos de Latinoamérica en Ultra-Local Records, una tienda de vinilos del Poblenou. Un grupo de individuos interesantes, con los que lastimosamente tuve que interrumpir la conversación porque aquella noche el metro funcionaba solo hasta a las doce.

14/05/2022. Antigua Cervecería Damn. Tarde veraniega al aire libre, sol, comida y cervezas sin gluten, el nuevo producto de Estrella Damm. Cierran la jornada Acid Lady Avocado —el nombre artístico de Andrea— y Golfo de Guinea —Joan Pujol—. Seleccionan música caribeña que tenía 30 años sin escuchar, incluyendo «Muévelo» de El General. El ambiente hizo que bailaran hasta los que no estaban borrachos. El cambio de estación trae nuevos amigos con los que celebramos la vida, somos sobrevivientes de la pandemia y del infierno helado.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Soy un Gil

27/4/2022. Barcelona. Camino como buscando algo perdido. ¿Es desarraigo, desencanto, nostalgia, o el vacío existencial de siempre? En invierno los mordiscos del frío me hacían idealizar el calor humano; ahora, con el aplastador verano en ciernes, me vuelvo riguroso en la selección de compañía. Pero aún así hay que creer en el amor, ¿o qué nos quedaría, pensar en la muerte inminente? Por ello cada día procuro exponerme a este mundo de extrovertidos, a pesar de ser un reino de mentiras, apariencias, miedos, odios, traumas y trastornos. A veces incluso recuerdo que debo romper el hielo o nunca hablaría con nadie, mi presencia intimida: cargo una seriedad inexpresiva en la mirada, ojeras profundas por el insomnio, y ese silencio insondable e incómodo que confunden con desconocimiento de la lengua nativa.

Al despertar tratas de recordar lo que trasnochaste pensando, pones tu mejor cara y sales a la calle, y si el factor sorpresa te puede costar la vida en Colombia, aquí puede resultar en una conversación agradable o una burla. No es una mala apuesta, una burla es siempre mejor que un balazo. Salgo con la procesión por fuera y la sonrisa por dentro, intentando actuar como el resto, aunque por naturaleza leo a todo el que se cruza en mi camino. Se te pasan las horas volando y no hablas con nadie, pero solo te das cuenta cuando vuelve a caer la noche. Y es que «hablar» implica mucho más que eso. «Fluye», «sin mente» me han sugerido. Yo solo puedo mirarles con ternura, sabiendo que nunca podría explicarles a la velocidad que se mueven e interconectan las ideas dentro de esta eléctrica materia gris. Me tranquiliza un poco recordarme que hago parte de una minoría neurodivergente, pero aún así, en ocasiones me duele perderme de los frutos de ese mundo al que no pertenezco, entonces dejo que la hiperactividad tome el control, que haga el ridículo, que rompa el silencio, aunque ese sea mi lenguaje favorito. Acallar el silencio un rato, disimularlo, porque al cerebro es imposible amordazarlo. Aquí la hiperactividad cumple una función social indispensable, confunde al interlocutor y le hace pensar que soy un extrovertido ingenuo, sin tacto, inmaduro, les desconcierta que no siga los patrones conversacionales habituales. Paso entonces por imprudente, por raro  —oigo ecos de Beck «soy un perdedor, I´m a loser baby, so why don´t you kill me» y de Radiohead «I´m a creep, I´m a weirdo, why the hell am I still here, I don´t belong here»— y como dando tumbos antes de estrellarme contra el pavimento, fracaso de nuevo en mi misión de pasar desapercibido, de parecer indiferente a todo, de «fluir», de ser otro de tantos extrovertidos buena onda. Pero lo intento, me acerco, sonrío, me intereso realmente en alguna figura delicada, una que sea capaz de darle luz a mi vida con una sonrisa suya, y aún a pesar de tener las de perder, me acerco y dejo que el TDAH tome la palabra:

—Hola, llevo meses viniendo aquí y aún no sé tu nombre.

—¿Mi nombre? Gil.

 

Doy un paso atrás, sonrío y me despido; giro sobre un talón y salgo lo más lentamente que puedo. Dedico las próximas horas a pensar en su ágil respuesta, en los juegos verbales que permite la apropiación del lenguaje.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Aldana

9/4/2022. Barcelona. La vida tiene una manera muy particular de hacernos revaluar nuestras prioridades. Aquella tarde, mientras la ciudad resplandecía bajo el sol primaveral, yo deambulaba por tercer día intentando procesar una traición. Haberme sacudido la tristeza para asistir a la presentación de un libro se sentía como una victoria, y así, reventado, pero liberado de un peso, recorrí lentamente las calles, disfrutando melancólicamente de cada paso. Quizás todo esto tenía que pasar para entender las palabras de Marco Aurelio y sus —¿nuestros?— amigos estoicos.

Llegué al evento con varios minutos de antelación, así que en vez de ser el primero en entrar, decidí buscar una banca para disfrutar del agradable clima. Lo cierto es que aún no estaba convencido de que mi estado de ánimo fuese el apropiado para escuchar las confesiones de un brillante escritor que sufre brotes de ansiedad. En eso iba pensando cuando una mujer de ojos azules como el cielo de esa tarde me preguntó si tenía cinco minutos para hablarme de Médicos sin fronteras. Desanimado como iba, le dije que no, y seguí de largo hasta la banca. Luego, cuando era hora de entrar al evento, volví, por fuerza, a pasar junto a ella. Supongo que necesitaba hablar con alguien —muchos pasarán de largo como lo hice la primera vez— porque volvió a saludar y esta vez me dolió no seguirle la conversación. Entonces pude analizar al ser humano detrás del uniforme.

Aldana no lo supo, pero su presencia de ánimo significó mucho para mí aquel día. La vida la había puesto en mi camino para mostrarme lo que me estaba perdiendo por serle fiel a una promiscua manipuladora. Yo tampoco lo supe en el momento de la conversación, eso lo entendí luego, cuando los tics nerviosos del autor me hicieron apreciar el valor de mi serena y monótona vida cotidiana. Si tan solo aprendiese a vivir el momento, pensé.

Oyendo los problemas del atormentado autor, entendí que de hecho, eso que yo sentía no era ni siquiera un problema mío, mi infierno había terminado y el de la arpía mitómana recién comenzaba. Estas heridas emocionales eran sólo la consecuencia del derrumbamiento de un castillo de naipes que durante meses sostuvo aquella narcisista incapaz de remordimiento.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Esta es una nueva crónica breve de Francesco.

WWIII (la razón de ser de la masculinidad tóxica)

 

24/2/22. Barcelona. No creo ser periodista con todas las letras, pero hoy salí a la calle para analizar los cambios conductuales de la población tras la noticia de esta madrugada. El «olfato periodístico» no se ha atrofiado a pesar de la falta de uso.

A primera vista puedo decir que aunque cortaron el suministro de petróleo y gas, siguen llegando turistas eslavos.

 

26/2/22. Ahora que los finlandeses y suecos se unieron al club de los amenazados por Putin, en las calles de Barcelona los gigantes rubios han dejado de reír, en cambio, miran con seriedad su reflejo en las pantallas de los teléfonos.

 

27/2/2022. Admirable el trabajo de reporteros de guerra, eso es saber ordeñar la glándula adrenal.

 

1/3/2022. De alguna forma, Europa es un territorio de refugiados por excelencia —de guerras pasadas y presentes—. Aquí se incuba el germen bélico que ha impulsado grandes migraciones, desde y hacia su masa continental. Aquí estoy yo como vivo ejemplo, huyendo de la violencia colombiana, cerrando el círculo que inició mi padre en la última gran migración italiana tras la Segunda Guerra Mundial.

 

2/3/2022. Desde que estalló el conflicto entre Ucrania y Rusia se dejó de hablar de la «masculinidad tóxica», y se impuso la lógica de que sólo la violencia extrema puede detener al violento. ¿Qué otra función pueden cumplir estos individuos agresivos en sociedades democráticas y liberales?  El problema, sin embargo, es que por defender los intereses de Europa en Ucrania se está alimentando —con armas, mercenarios y propaganda— a un Estado con dudosos valores democráticos, y con tendencia a la ultraderecha. A los neonazis europeos, por ejemplo, los están dejando en libertad para que vayan al campo de batalla. Pareciera que la historia se repite, Europa está dispuesta a desocupar sus cárceles para tomar el control de su última frontera.

En Los clanes de la Luna Alfana, Phillp K. Dick imaginó una sociedad en que las tendencias naturales —y los trastornos de personalidad— son aprovechados para los intereses colectivos. Europa parece seguir una premisa similar, pero corriendo el riesgo de recaer en el totalitarismo.

Episodios cotidianos. Por Francesco Vitola

Continuamos con este conjunto de crónicas breves. Acá se encuentra la primera.

Derek está en problemas

 

 

7/12/2021. Barcelona, España. A los pocos días de aterrizar en Barcelona fui a comprar un chip para el celular, un plan de 15 euros que no alcanzará hasta final de mes, pero que me permitirá estar en contacto con el mundo.

Al segundo día de estar usando mi nuevo número recibí el primer mensaje amenazante: «llame al número en pantalla o será demandado y congelaremos su cuenta bancaria». Estos ladrones informáticos no pierden el tiempo, pensé, y desestimé el mensaje, pero siguieron llegando, así que regresé la llamada y pregunté qué ocurría.

—¿Eres Derek?

—No, me llamo Francisco.

Se disculpó y dijo de manera poco convincente que anotaría en su reporte que el número ya no pertenecía al sujeto en cuestión. A los pocos días continuaron los mensajes y llamadas, que por mis malas experiencia en Colombia no acostumbro responder, pero que inevitablemente, en momentos de distracción, lo he hecho. Así, por descuido, supe que «Derek» era  —o es— como mínimo, un traficante. A los mensajes de cobro bancario, y a las llamadas de los amigables clientes («Bro, Derek, es León, ¿tienes yerba?») se sumaron en el mes de enero las notificación del congelamiento de sus cuentas bancarias. Derek está en problemas, ¿pero está vivo?, ¿evita la justicia, o es comida de gusanos? He comenzado a preocuparme por él, ya lo siento como un alter ego, incluso he comenzado a creer que todos esos indigentes de ojos claros y acentos extranjeros son de alguna forma Derek, y que vivir «en situación de calle» es su forma de evadir al fisco.

 

Dado que el reciclaje de números es una practica habitual en el mercado de las cuentas prepago —un sistema ideal para ofrecer servicios telefónicos temporales o económicos— este tipo de situaciones deben ser frecuentes. Imagino que como me ha pasado a mí, en este preciso momento miles de personas están recibiendo un mensaje errático que cuenta fragmentariamente la vida de un «Derek». Y esto tiene el potencial de convertirse en un nueva forma de entretenimiento, reconstruir las vidas de los usuarios a los que pertenecían previamente nuestros números reciclados.

 

Van Helsing, el héroe improbable. Por Francesco Vitola Rognini

 

¿Qué habría sido de la obra maestra de Bram Stoker sin ese excéntrico personaje proveniente de Holanda? Si bien el Conde y el profesor han sido objeto de múltiples adaptaciones, la complejidad intrínseca al personaje de Van Helsing ha impedido que se le dé un tratamiento justo, ya que en ocasiones se le otorga un rol insignificante, rayando en lo ridículo, mientras que en otras se lo convierte en un superhéroe. A ratos cómico y tierno, a ratos impulsivo e irascible, el profesor, con sus 72 años, desempeña un rol vital en el relato sin ser uno de los cuatro narradores, él encarna el arquetipo del sabio, un hombre que piensa antes de actuar. En general es paciente y racional, pero hay que reconocerlo, en ocasiones Van Helsing carece de tacto, pero esa desconexión con la lúgubre realidad del relato obra a su favor y le otorga un aire de jovialidad casi adolescente, ya que su imprudencia sirve también para oxigenar la tensión acumulada, como por ejemplo, cuando le pide permiso a los pretendientes de Lucy para decapitarla porque está Un-dead. Tras un breve preámbulo dice «May I cut off the head of dead Miss Lucy?» (p. 176), como si fuese la cosa más natural del mundo. La escena es cómica, y en vez de restarle dramatismo al momento, la convierte en uno de tantos episodios en los que el impredecible personaje rompe el esquema de lo previsto por el lector —si ahora la escena nos resulta impactante, imaginen en el siglo XIX cuando fue publicado el libro—. Además, su rol como hombre de ciencia y metafísico lo enfrentan el mundo del mito y lo sobrenatural en el que se desenvuelve el Conde. Val Helsing es el hombre de ciencia que usa las referencias contenidas en las leyendas para exterminar al Nosferatu y a su prole: «All we have to go upon are traditions and superstitions. These do not at first appear much, when the matter is one of life and death —nay of more that either life and death. Yet must we be satisfied; in the first place because we have to be— no other means is at our control —and secondly, because, after all, these things— traditions and superstition — are everything» (p. 204, 205).

 

Como sabemos, el mayor difusor de la obra de Stoker ha sido Hollywood, que en su afán por capitalizar a costa de Drácula la convirtió en una caricatura. Contra esa influencia será difícil hacer algo, y a pesar de que existen adaptaciones muy entretenidas e ingeniosas, no se comparan con la capacidad del autor de envolver al lector, porque Stoker era un narrador virtuoso, ejemplos de ello encontramos en abundancia, por poner uno, veamos como describe a las vampiresas cautivas en el Castillo Drácula: «In the moonlight opposite me were three young women, ladies by their dress and manner. I thought at the time that I must be dreaming when I saw them, for, though the moonlight was behind them, they threw no shadow on the floor […] Two were dark, and had high aquiline noses, like the Count, and great dark, piercing eyes, that seemed to be almost red when contrasted with the pale yellow moon. The other was fair, as fair as can be, with great wavy masses of golden hair and eyes like pale sapphires […] All three had brilliant white teeth that shone like pearls against the ruby of their voluptuos lips» (p. 31). Entre las tergiversaciones hollywoodenses —«libertades creativas» llamémoslas— la que resulta más difícil de procesar es aquella que propone a la luz solar como fuerza aniquiladora de Drácula. En la novela el Conde solo pierde parte de sus poderes durante el día, es básicamente como cualquier otro hombre de la nobleza, rico y débil. En cuatro momentos distintos se hace mención de ello, el primero, cuando Jonathan, aun con estrés postraumático tras haberse fugado del Castillo Drácula, y recién llegado a Londres, distingue al Conde en Piccadilly, durante una inusual tarde tórrida de otoño, así lo describe Mina en su diario: «I was looking at a very beautiful girl, in a big cart-wheel hat, sitting in a victoria outside Giuliano´s, when I felt Jonathan clutch my arm so tight that he hurt me, and he said under his breath: “My God!”» (p. 147), tras una breve descripción de la palidez de su esposo, Mina inquiere sobre los motivos detrás de su reacción «“It is the man himself” […] “I Believe it is the Count, but he has grown young. My God, if this be so! Oh, my God! my God! If I only knew! if I only knew!”» (p. 148). El segundo momento en que se menciona esto es cuando rastrean las cajas con arena en las que duerme el vampiro, «We must trace each of these boxes; and when we are ready, we must either capture or kill this monster in his lair; or we must, so to speak, sterilise the earth, so that no more he can seek safety in it. Thus in the end we may find him in his form of man between the hours of noon and sunset, and so engage with him when he is at his most weak» (p. 207). La tercera mención explica la pérdida de los poderes durante la jornada diurna, «The sun that rose on our sorrow this morning guards us in its course. Until it sets to-night, that monster must retain whatever form he now has. He is confined within the limitations of his earthly envelope. He cannot melt into thin air nor disappear through cracks or chinks or crannies. If he go through a doorway, he must open the door like a mortal. And so we have this day to hunt out all his lairs and sterilise them» (p. 250). La cuarta y última mención ocurre ante la posibilidad de un encuentro diurno con el Conde, así lo registra Jonathan en su diario: «It was possible, if not likely, the professor urged, that the Count might appear in Piccadilly during the day, and that if so we might be able to cope with him then and there» (p. 253).

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Oscar «Zeta» Acosta: el vato número uno. Por Francesco Vitola Rognini

 

Zeta, Henry Hawk, The Samoan, Brown Buffalo, Dr. Gonzo, o como prefieran llamarlo, subió a una lancha rápida en la costa de Mazatlán a mediados de 1974. Fue lo último que se supo de él. Había elegido ese punto del mapa para su «exilio estratégico» —expresión usada por Hunter Thompson en el artículo que sondea los motivos de la desaparición de Acosta— tras haber sido capturado en California en posesión de un puñado de anfetaminas: «He mas so broke, divorced, depressed and so deep in public disgrace in the wake of has “high speed drug bust” that not even junkies would have him for an attorney» («The Banshee Screams for Buffalo Meat». The Great Shark Hunt. P. 508). Es decir, fue su inminente muerte profesional lo que le hizo abandonar California. Esto diría Acosta al final de su segunda novela, The Revolt Of The Cockroach People: «I´m going to write my memoirs before I go totally crazy. Or totally underground» (p. 258).

            Quienes deseen profundizar en su vida y obra encontrarán reediciones de sus dos novelas, así como compilaciones de ensayos, cartas personales, cuentos y guiones, todo lo cual, leído como unidad, permite comprender a este multifacético Chicano. Esto ha sido posible gracias al empeño de su hijo Marco Federico Acosta, custodio de los archivos personales de Oscar. También han sido indispensables en la labor de análisis y difusión de su obra las universidades que ofrecen programas en Estudios Chicanos, así como PBS , financiador de un filme que rescata su memoria: The Rise and Fall of the Brown Buffalo.

 

Genio y figura hasta la sepultura

 

Oscar Acosta sentía curiosidad por la historia de sus ancestros, y lo acosaba la culpa de haber perdido su idioma: «Sometimes I wish I knew more about my origin, about my ancestors. I´ve never really tried to learn. The things I think I know are part history and part story. I have written and thought so much about it that I can no longer, if I ever could, distinguish fact from fiction» ( «From Whence I Came». Oscar “Zeta” Acosta: The Uncollected Works. P. 22). En su primera novela, The Autobiography of a Brown Buffalo, manifiesta una clara intención por encontrar su identidad, se pierde para encontrarse, y dejándose llevar por el azar llega al bar Daisy Duck, en Aspen, Colorado, donde su vida cambiará para siempre: «I Had sure as Hell driven my car over a cliff. But I was alive. Only a cut here and there. Nothing serious. I Had simply died. Nothing was left of the brown buffalo. He Had disappeared in the fall. His car still sits at Devil´s Pass» (p. 159). Además de la búsqueda de identidad, es evidente el deseo de trascender a través del legado literario, porque ante todo Oscar se reconoce como escritor, un aspecto que ha pasado desapercibido entre quienes vean a Oscar como el Dr. Gonzo de Fear and Loathing in Las Vegas. Esto diría al respecto en «Autobiographical Essay», incluido en Oscar “Zeta” Acosta: The Uncollected Works: «I started school at San Francisco State and I started writing. I was majoring in creative writing and mathematics and I dug both of them. I had one semester to go to get my degree in math but, by that time, I was halfway through a novel, so I dropped out to finish that and then intended to go back. I was writing about Chicanos at that time […] and that subject wasn´t acceptable. So I decided I would write because that is what I am, a writer, but I didn´t want to have to write or to be a professional writer» (p. 7). Su primer novela cimentará el mito personal, algo en lo que trabajará de forma constante hasta en el último episodio de su vida: «For twelve years, all through college and law school, I´d been unable to get rid of any printed or written material that in any way whatsoever touched me. I´d kept all my textbooks, my exams, my notes, schedules of classes, announcements of events, hungry poems written in the dark on scraps of paper, and any other paraphernalia that describen me. I was going to make certain that my biographers had all the information they´d need to make a complete report» (p. 49). Pareciera que las decisiones que tomará en su vida están destinadas a alimentar al mitológico bisonte nacido en Aztlán, aquel misionero-anarquista-revolucionario lleno de defectos y virtudes. Y para darle status de mito fue indispensable Thompson: «Oscar was one of God´s Own prototypes —a high-powered mutant of some kind who was never considered for mass production»  escribiría en el artículo «The Banshee Screams for Buffalo Meat» (The Great Shark Hunt. P. 515) .parafraseando aquella célebre descripción incluida en Fear and Loathing in Las Vegas. Oscar era un individuo propenso al fanatismo, como él mismo definía su apasionamiento. Su búsqueda de identidad, sus crisis existenciales y contradicciones (su amor por La Raza y su atracción por el mundo Angloamericano que quiso integrarse como un “all American boy”) lo llevaron a vivir una existencia signada por la tragedia. A lo ancho de su primera obra es evidente el desarraigo que siente, y que se manifiesta en los múltiples proyectos que emprende y abandona a lo largo de los años. Solo al final del libro parece encontrar un nicho, al reconocer que no es ni mexicano ni «Americano». Así lo expresa en The Autobiography of a Brown Buffalo: «What I see now, on this rainy day in January, 1968, what is clear to me after this sojourn is that I am neither a Mexican nor an American. I am neither a catholic nor a Protestant. I am a Chicano by ancestry and a Brown Buffalo by choice» (p. 199). Sin ser un libro triste, el autor nos muestra las fronteras de la locura, sus colapsos nerviosos, episodios de ansiedad y depresión. También ofrece claves para entender la raíz de su problema de abuso de sustancias. Acosta no teme mostrar su vulnerabilidad, y es capaz de una ternura proporcional a su crudeza: «Maria became one of the many women friends I always kept around to protect me from the Frisco fog and my dead vine. I never screwed any of them, I just kept them to hear me out. /A couple of years later when I had the first of my serious nervous breakdowns, she drove me to S.F. general and sat in the waiting room, bitching at the attendants until they received me into their arms for three-day observation period» (p. 46).

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Francesco Vitola Rognini: nuevo autor de Mil Inviernos

Una dosis de Gonzo llega a esparcir su ácido a Mil Inviernos

Una dosis de Gonzo llega a esparcir su ácido en Mil Inviernos

Francesco Vitola Rognini, autor de la novela Hambre de Caza, se ha incorporado al equipo de escritores de Mil Inviernos. Su propuesta, que nada entre las aguas del periodismo gonzo y la crónica lisérgica, podrá ser atestiguada en este blog. Esperamos que sus colaboraciones sean una paliza para todos aquellos que aún confían en la estabilidad de la realidad. Realidad no hay una sola: son muchas, todas devastadoras y tristes. Cientos de páginas electrónicas escurrirán sus lágrimas y  su desorientación para con este fenómeno que no fue ni siquiera visorado por Uri Geller.

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Francesco Vitola Rognini es Comunicador Social y Periodista de la Universidad del Norte. Master en periodismo BCN_NY. Cronista independiente, columnista y reportero. Cuentista, novelista. Pero antes que nada, periodista ciudadano, bloguero y traductor vocacional de la obra de Hunter S. Thompson.

Francesco también tiene otros dos blogs.

Uno dedicado a las artes marciales: Shinobi Yamabushi 

Otro dedicado a la crónica: Narrador Interpretativo

 Damos la bienvenida a Francesco Vitola como nuevo  autor de Mil Inviernos con la satisfacción de ver cómo vamos creciendo y expandiendo nuestra maligna área de influencia a través de nuevos brazos de Leviatán.