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Que en paz descansemos sin Juan Gabriel

Pero antes de expresarle nuestro pensamiento a Lola, le hicimos una prueba de audición ya borrachos. En la rockola programamos “Querida” interpretada por Juan Gabriel. Le invitamos subliminalmente a que la cantara, tomando el trapero del baño que estaba hediondo de vómito. Lola, ya embriagada, se incorporó y empezó a emular los pasos de la esposa de Roger Rabbit. Aulló tan fuerte que los demás asistentes de la tienda no pudieron seguir hablando. Todos se acodaron a observar a ese gran marica que se bamboleaba como uno de los androides figurados por Antonin Artaud en su teatro que reinventaba el mundo.

The Lola Verga´s big band.

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

Uno siempre cree que se va morir primero que los dioses pero ellos han dispuesto nuestro desamparo;   la prueba ha sido hoy: Juan Gabriel murió esta tarde con Alberto Aguilera, su novio eterno.

Porque Alberto y Juan Gabriel crecieron juntos para hacernos daño,  para hacer más amargas esas decepciones del amor;  porque el amor existió para ser cantado por un marica. Y de grandes maricas hemos de encular estas mesetas de desánimo

Creímos que Juan Gabriel era eterno como su amor; por primera vez en nuestros corazones habita la desazón que inundó al espíritu de Judas Iscariote haciendo el nudo de la soga con la que se suicidó. Pero como la tristeza se viste de alegría los dejamos con una canción muy tierna y alegre en este día de muerte:

 

Pat Conroy (Q.E.P.D)

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Falleció el cuatro de marzo. Fue autor de “El príncipe de las mareas”, una novela llevada al cine a comienzos de los noventa. También escribió “Música de playa”, una historia que, para aquellos que la leímos antes de comenzar el rosario de divorcios, se convirtió en la dulce premonición de las amarguras de la vida sentimental. Esta historia comienza así:

En 1980, un año después de que mi esposa saltara hacia la muerte desde el puente Silas Pearlman, en Charleston, Carolina del Sur, me trasladé a Italia para empezar una nueva vida junto a mi pequeña.

Pero vida sólo hay una. Y puede convertirse en una sucesión de desencantos.

El protagonista regresa a Estados Unidos y  reencuentra a su familia y el entorno en el que creció. Incluso, tiene la oportunidad de ajustar cuentas con la iglesia:

– ¿Es todo lo que la Iglesia significaba para ti?- inquirió el sacerdote-. ¿El bingo de la parroquia?

– No- respondí-. También significa la Inquisición. Franco. El silencio del papa durante el Holocausto. El aborto. El control de natalidad. El celibato de los sacerdotes.

-Ya veo.

-Sólo la punta del iceberg-añadí.

-Pero ¿y Dios? – insistió- ¿Qué hay de él?

-Hemos tenido una pelea de enamorados-dije.

-¿Por qué?

-Contribuyó a matar a mi mujer – respondí -. En realidad no, por supuesto; pero me resulta más fácil echarle la culpa a él que a mí.

En casa de sus padres, el hombre viudo debe presenciar la agonía y el desenlace fatal de su mami:

Esa misma sangre que me alimentó, pensé, ahora la está matando. Por eso la gente cree en dioses y los necesita en las horas negras a la fría luz de las estrellas, me dije. Ninguna otra cosa podría conmover la señorial indiferencia del mundo. Mi madre, pensé; fue en ella donde por primera vez conocí el Edén y el planeta al que habría de ingresar desnudo y asustado.

Ojalá, Pat, no hayas partido de este planeta asustado; por mucho, desnudo.

Encuentros de cuarto tipo (película)

cuarto tipo

Las visitas de quienes presumimos extraños no se anuncian; puede que en cada momento nos estén haciendo señas, indescifrables para nuestros miserables sentidos, se introduzcan en nuestras neuronas y direccionen nuestros sueños; solo algunos están condenados a percibir todas esas manifestaciones reducidas a episodios de locura por parte de los funcionarios médicos y guardianes del bienestar. En la película que les presentamos a continuación, dichos encuentros  se dan porque hay una puerta abierta que solemos desdeñar, adjudicándole los adjetivos propios de las enfermedades o escondiéndola bajo lo que llamamos inconsciente:

 

El suicidio para Carlin

La vida vale perderla

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No puedo citar a Cioran de memoria, de hecho, cada vez que leo alguna de sus frases que más me cautivaron en un  tiempo me parece más opaca de lo que alguna vez imaginé, así que me quedo con lo que imagino escribió  que con lo que escribió. Y creo que alguna vez escribió:

 

Si te puedes reír aún, no te mates.

Si no lo escribió, por favor no me corrijan. NO ME IMPORTA SI NO LO ESCRIBIÓ ! Y mejor  si no lo dijo, así no le adeudo nada a Savater que lo tradujo, ni a esas editoriales.

Quítenle las risas pregrabadas al sketch de George Carlin, quítenle las mismas risas a George Carlin, y verán el monólogo de un hombre desesperado, al borde de matarse y aún haciendo mofas de sí mismo para sostenerse a sí mismo de no matarse.  La risa funciona como una descarga energética para no desesperarse y tirarse al vacío también con él. Pero, ¿y si quitamos las risas?

 

 

 

5 años de un sol triste

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Black hole sun, won’t you come and wash away the rain. Black hole sun, won’t you come, won’t you come.

El sol está solo, dando vueltas, como un muchacho que canta black hole sun cuando está muy deprimido. El futuro es duro, hasta para el sol, pues él también cuenta los minutos para desaparecer y estos se vuelven años.

Los datos estrictamente científicos:

Este video proviene del Observatorio Solar Dinámico Goddard de la NASA (SDO según sus siglas en el idioma del astronauta Shakespeare ). Recoge casi 5 años de observación solar aburrida, sin que se explote o colisiones contra otra  estrella, desde junio del 2010 hasta el 8 de febrero del 2015. Cada color representa la longitud de onda del astro triste.

A observarlo con cariz científico, ya que en una época fijar los ojos al sol era solo reservado para dementes o iluminados.

 


 

Mayor información en la página  del Observatorio Solar Dinámico Goddard de la NASA:  sdo.gsfc.nasa.gov.

Rodrigo Lira o el poeta topo de Chile

Lira

Hay fuerzas insospechadas que  nos habitan hasta ahitarnos y convertirnos en sus títeres; los pensamientos empiezan a ser manejados por ellas y nos preguntamos: ¿por qué estaré tan vuelto mierda?

Ni mil masturbaciones nos ocasionan el sueño. Ni los más intrincados crucigramas confirman nuestra inepcia. No hay un gesto definitivo: la interminable postergarción renueva el cansancio y, por tanto, a las menudas desdichas que nos hacen viejos.

Esas fuerzas imperceptibles para quien es apropiado por ellas, resultan evidentes para muchos de quienes rodean al poseso. En el documental “Rodrigo Lira: topología del pobre topo”, un psiquiatra y la madre del poeta suicida, dan sus explicaciones en torno a la vida de ese hombre que pasó como una tormenta emitida en programas-concurso de aquel Chile empobrecido y sin muchas pretensiones de querer ser del “primer” y falso mundo. Disfruten pues de este topo desorientado y shakespereano.

Y para el que quiera más amargura: acá podrá leer “Proyecto de obras completas” de Rodrigo Lira con un prólogo escrito por Enrique Lihn.

 

René Favaloro, más que un cardiólogo

Favaloro

El médico y educador argentino René Favaloro forma parte de los iconos que utiliza este país para comprenderse como una nación. Si bien no cuenta con el poder simbólico de Borges, Maradona o Gardel, Favaloro ha sido considerado como uno de los argentinos más ilustres. Fue un gran innovador en el campo de la cirugía cardiovascular pero su trascendencia llega a aspectos educativos e históricos como su estudio sobre San Martín y su preocupación por el “desastre social” de Latinoamérica; tuvo tan presente este aspecto que, antes de pegarse un tiro en el corazón el 2000, le dirigió una carta al presidente argentino de aquél entonces (de la Rúa) en la que hizo un análisis crítico del sistema de salud argentino.

Ernesto ¿Uno qué hace?

Por Fernando Suárez-Obando

Autorretrato de Antonio Ligabue

Autorretrato de Antonio Ligabue

 

Cuando camino por la calle real y veo los bolardos, esas masitas de concreto adornados con un anillo de metal pintado de verde, siento una opresión incómoda en el pecho, tengo la sensación de caerme, resbalarme, irme de bruces, derrumbarme, escurrirme como un ser baboso y aterrizar sobre un bolardo y enterrarme el anillo de metal en el pecho. La sensación cesa cuando supero un bolardo, pero regresa con el que se aproxima, así que mi paseíto se vuelve problemático y muy diaforético. Preferiría que quitaran esas cosas y que el espacio público se viera invadido por renoletas rojas y tuviéramos que serpentear por el laberinto de carros en los andenes y así no tener que ver los bolardos y correr el riesgo de enterrarnos anillos en el tórax. Pero cuando me imagino a las renoletas solo veo camionetas rojas alineadas a lo largo de un andén infinito y eso también me incomoda porque avanzo y veo los bolardos y las renoletas y eso es muy incómodo y el paseíto ya se vuelve angustiante y toca ver si hay un taxi por ahí, irse y evitar esos pensamientos intrusivos.

Lo bueno es que la probabilidad de enterrarme un anillo de metal verde en la mitad del esternón es baja y ya no hay muchas renoletas como para hacer una fila infinita sobre el andén, el problema es que existiera un pensamiento intrusivo con mayor probabilidad de ocurrencia y entonces me tocara tomar una decisión, algo así como si yo fuera el Alcalde mayor y tuviera que decidir sí quitar los bolardos para evitar lesiones torácicas, es preferible al costo de permitir que las renoletas se subieran a los andenes. En últimas, como eso no va a pasar, pues me tranquilizo y al cabo de dos días de pensar en los bolardos y las renoletas se me olvida.

Eso le contaba a Ernesto que es psiquíatra, es mi amigo pero no es mi psiquiatra, es un amigo que simplemente estudio psiquiatría. Pero él no puede evitar ser psiquiatra cuando hablamos y cuando le cuento sobre esos pensamientos peregrinos pues hace un esfuerzo involuntario para ubicar mis quejas en algún eje diagnóstico. A veces me dice algo, a veces no me dice nada.

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El Apocalipsis según Cioran

En las cimas

En las cimas

 

Este texto lo escribió un tierno Emil Cioran a los 22 años, y lo publicó junto a otra colección de escritos en un libro que tituló: “En las cimas de la desesperación”. Comentaba que este libro fue una suerte de liberación, tanto de la filosofía como de la idea de suicidio, pues empezaba a percibir cabalmente la absoluta inanidad de todo.

APOCALIPSIS

¡Cuánto me gustaría que todas las personas ocupadas o investidas de  una misión, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, seres superficiales o serios, alegres o tristes, abandonasen un buen día sus tareas, renunciando a  todo deber u obligación y saliesen a pasear a la calle cesando toda actividad!  Todos esos imbéciles que trabajan sin motivo o se complacen en su  contribución al bien de la humanidad, ajetreándose —víctimas de la ilusión  más funesta— para las generaciones futuras, se vengarían entonces de la mediocridad de una vida nula y estéril, de ese absurdo derroche de energía  tan ajeno al progreso espiritual. ¡Cómo saborearía yo esos instantes en los  que ya nadie se dejaría embaucar por un ideal ni seducir por ninguna de las  satisfacciones que ofrece la vida, esos momentos en los que toda resignación sería ilusoria, en los que los límites de una vida normal estallarían definitivamente! Todos aquellos que sufren en silencio, sin  atreverse a expresar su amargura mediante el mínimo suspiro, gritarían entonces formando un coro siniestro cuyos clamores horrendos harían  temblar la Tierra entera. Read More…

Una entrevista a David Foster Wallace (subtitulada)

DFW

Si David Foster Wallace hubiese tomado un año sabático, escribiría una hora y el resto del día lo ocuparía en comerse las uñas porque no escribe, al menos, eso le dijo a Charlie Rose en la entrevista que a continuación presentamos, hecha en 1997. En ese mismo encuentro aseveró que no estaba listo aún para tirarse desde la terraza de un rascacielos; tuvieron que pasar trece años, no para que se precipitara de las alturas pero sí para matarse: