Camaleónica migración a la calle Crítica Garibaldi. Escrito por Príncipe Yoga

¡Bien! al ciempiés silencioso en la escuela impulsando los huevos placenteros que se derrumbaron
No tocar por el bien la guitarra en la escuela impulsiva superficialmente excesiva con muchas mujeres
Escalofriantes huevos amarillos asimilándo anguilas ciempiés en una habitación blanca de maestras
Turnos de jerarquías sodomizan distintos placeres para la majestuosa habitación de las risas
Dormí en la escuela de almas hasta que se derrumbaron las amuralladas ciudades del corazón
Iría en mucho en el instante de eso aquello
del desajusteme distrae una por una desunión
ya perdido, ya cae y rascas resbalas, “No hay humor en el siglo XXI”
Dislocada en la razón se me quitó vestido de piel al andar con cada paso logro que tengo poco
Hay, Hoy te digo que lo siento por la muerte demolida en todo lo que es bello, es doloroso en los ojos… ante el Tribunal de los Demonios, El ojo de acero de Las Niñas de Hierro en el Infierno que Las Serpientes ahogaron con los guantes de zorro. Camisas rojas de la biología.
En la majestuosa habitación de las risas, The Lola´s Vergas Big Band… Bukkake Comunista, y te veo, te Teo, tan Harcore como el Futurismo Soviético… En la miseria de plástico sucio valor de la esencia, que pueda pagar la ausencia del brillo y el lujo de lo encendido en el supermercado divino, con los videos porno de Zeus con Afrodita, un té verde -entre líneas-, un té verde chino…
Un abrigo de plástico limpio… Soberbio valor de la esencia.
Un abrigo de trabajo limpio es tener una casa donde pueda tener miedo
En la Fiesta de Darwin soy un orgulloso encubierto.
Mis amigos son mis enemigos injustificando el exceso del tiempo deformado…
El Sello Idiota Hongo del Divorcio… Cuando comió con la Lana del Rey de los Padres…, ya como qué cuando por qué no sí se es lo que cómo el dislocado del ser hasta cuando porque no sé como cuando ella sé no sé sí por qué cómo por qué no es cuándo cómo él desde mi cuarto, desde mi 3/4. Adiós. No sé, qué comparé, que compare…
Contando las Majestuosas Venus con uniformes lamidos de estampillas y fotos congeladas de deportistas
En la majestuosa habitación de las risas…
Batman. Un poema Comic
Por Roque Artemio Gallegos González y Alberto Chanona
Fuente: textosur.com
La primera vez que uno la lee, casi todo en la obra de José Carlos Becerra (1936-1970) produce deslumbramiento. La vida interior revelada en esos poemas, la mirada con que Becerra parecía ver no sólo al mundo, sino los gestos del mundo y el movimiento en cada uno de los gestos del mundo. Leer un poema suyo no es como ver la película, sino elegir una escena y dentro de ésta un fotograma donde asoma algún personaje más o menos borroso, y a partir de ahí adivinar su pasado, porvenir y motivaciones, en la posición geográfica de un escalofrío o de un reflector, sobre un ring o sobre el cuerpo de un trapecista herido. Quiero decir que el registro de la voz de Becerra está construido sobre la base de introspecciones y repeticiones tumultuosas; de tanteos alrededor de la memoria, siempre e irremediablemente en fuga, siempre algo más, siempre perdido.
Hay además en su obra paisajes, personajes, canciones que reconocemos con facilidad, pues muchos de sus poemas son una suerte de mashups, cuyos elementos van y vienen del cine («Casa Blanca»), de los cuentos infantiles («La bella durmiente»), de la novela policial («El halcón maltés», «El pequeño César») y hasta de la nota roja («El ahogado»). No es probable que, de vivir hoy, Becerra compartiera del todo la opinión de Scorsese respecto del cine de superhéroes. Hasta es probable que usara alguna de esas películas o personajes para escribir algún poema. Tal vez Antman, cayendo inexorablemente en el universo de los átomos y los electrones. O el Dr. Banner y su ira persiguiéndolo hasta el fin del mundo. O Thanos, frente a la belleza apacible y dolorosa que ha creado. Fantaseo, por supuesto. Pero quizá no tanto. Lo prueba, supongo, el hecho de que a Becerra lo sedujo la tentación de reescribir la locura del hombre murciélago, en clave de poesía y heroicidad dudosa, importándole además un sorbete los derechos del nombre: Batman.
Algo de eso conversábamos, alguna tarde de 2011, con Roque Artemio Gallegos González, quien además de biólogo es escritor e ilustrador. Intentábamos por aquel tiempo publicar el número 2 de una revista literaria y ambos creímos que sería ése un buen lugar para publicar el Batman de Becerra, ilustrado por Roque al modo de un cómic.
En alguna parte de la tarea, un par de semanas después, tuvimos que reducir la cantidad de paneles para no encarecer más la revista. De cualquier modo –y eso fue lo triste de la decisión económica–, el número 2 de Nueva Orleáns (así se llamaba la publicación, no me pregunten por qué) nunca llegó.
Aun así, el trabajo de Roque Artemio con el poema de Becerra quedó hecho. Tanto él como yo lo hemos compartido alguna vez en redes sociales, donde debe andar todavía, extraviado en la oscuridad del fondo de alguna timeline.
Con ustedes…










Sogas y moscas. Un poema de Mari Cris
Sogas y moscas.

Romperle el ano / romper la lengua. Por Daniel Maldonado

Romperle el ano / romper la lengua
Cifrar en ella, en la lengua, lo no dicho
–¡qué bien le sienta, su frivolidad, el día de hoy!
¿Quiere premios?
Tome, tenga para que se entretenga:
Un verso sucio
Una línea malhecha
Una mirada lasciva
[¿O la prefiere torva?]
Pero no
De esto nada
Que el circuito literario
Oficial
Canonizador
Disponga
Letras libres y sanas
Letras sanas y libres
De los malos no me hable
Usted
De los feos menos,
[Por favor]
De los rotos
–Esas bestias–
Nada diga
Diga nada
Porque de ellos es –será–
El reino de los cerdos
¿Literatura marginal?
¿literatura periférica?
¿Textos, con espíritu, decolonial?
¡Pero claro!
Úrdalos, trámelos usted
Desde la asepsia
Desde la corrección verbal
Desde el suelo patrio –o matrio– de quien
Dice
Como-se-tiene-que-decir
¿Más requiere?
Pues más se le ofrece
–Que para eso estamos–
Ría y llore,
Pequeñ@
Pequeñín
Que su tiempo ha llegado
Canonizado sea usted por los siglos de los siglos
Amén.
(dulcemente). Un relato de Enrique Pagella
Les presentamos este trabajo hecho por el autor argentino Enrique Pagella. Esperamos que lo disfruten.

Los amantes. Magritte
X: Hoy desperté un poco nervioso.
Y: Yo no. Los rayos de sol entraban tibios por la lucera y los telones albos bailaban con la brisa matinal. Qué belleza ¿No te parece?
X: No. No me gustan las cortinas. Hoy me levanté perturbado.
Y: Yo no. Un pajarito purpúreo como un corazón se posó en la rama del tilo que encuadra la ventana y cantó largo rato para mí ¿No es hermoso?
X: No. No me interesan los pájaros, no saben nada de música. Ya te dije que amanecí muy nervioso.
Y: Yo no. Después del canto de los pájaros escuché Las cuatro estaciones de Vivaldi. ¿No es de lo mejor que se haya compuesto jamás?
X: No. No me gusta Vivaldi, es el introductor del comunismo en la música; yo soy partidario del concierto soli. E insisto: al despertar estaba muy pero muy nervioso.
Y: Yo no. Apenas salí de la cama me di un baño de inmersión con agua de lluvia y esencia de rosas mientras tomaba un té de jazmín endulzado con la miel más dorada que te puedas imaginar. Y te confieso algo: después unté toda mi piel con leche de coco de las Guyanas francesas ¿Fuiste alguna vez a las Guyanas?
X: No. No me gusta viajar, odio el movimiento en quietud, el movimiento del que no soy responsable. Hoy me desperté aterrado. Escuché una voz en mi cabeza.
Y: Yo no. Después del baño y antes del desayuno medité. Qué placer. Derramé los pensamientos de mi mente y llegué a palpar el vacío primigenio, esa armonía de mi ser con el cosmos tal cual lo hacen los animales y los vegetales ¿No te parece que ellos son verdaderos maestros de la existencia?
X: No. Detesto a todos los seres inferiores y sus porquerías. La voz era muy parecida a la mía pero sonaba como si fuese de un desconocido…
Y: Yo no…
X: Yo no… ¿Qué?
Y: Yo no sueño esas cosas.
Poemita de Sophia Ossiaz
Intento número uno de hacerle un poema
Sophia Ossiaz
Yo con usted puedo cerrar los ojos y no tener miedo,
y luego de no tener miedo, dibujarle cosas en todo el cuerpo;
como si mi mano fuera de esas astillas de árbol que pintan de negro cuando están quemadas.
Llegamos a ser hoja de humo,
porque me acuerdo que dejamos nuestros hilos enredados
y fuimos a desintegrarnos en el ozono.
Y ahí seguimos,
al borde de desteñir nuestros colores en tacto, sintiendo cada invisibilidad
¿Sabe cuando uno juega con el agua que trata de rozarla sólo con la palma?,
cuando quiere que pasen olas pequeñas y toquen las huellas digitales.
¿Sabe?
¿Todavía se acuerda de nuestros cuerpos que siguen abrazados allá abajo?
Están tratando de retenernos,
Por eso los vemos como hormigas en reversa, recuperando lo que se nos cayó en el desorden…
y dejan que todo vuelva a ocurrir:
ocurrir con un ritmo,
un ritmo de mariposas,
mariposas con alas,
con alas naranjas,
naranjas con pecas negras,
pecas negras que se convierten en agujeros negros:
y ahí no sé si se acaba.
Antes de que los ojos de Mutwa mueran
Credo Mutwa ha sido objeto de las burlas emanadas por los más radicales escépticos que libran sus batallas en las redes sociales. Siempre habrá que tomar partido en las guerras, pero esta no es la hora de sacar las espadas sino de presentarles un poema salido de Mutwa, tan lleno de pletóricas palabras y de dramatismo que África nace y muere con cada uno de sus versos. Podrán decirle los más firmes creyentes en la ciencia basada en memes con la cara de Niel de Grasse Tyson, que es un charlatán pero jamás, en ninguna proclama escéptica, ha brotado la miel que sale de los ancianos labios de este visionario de las desdichas. Disfruten y sepan que no habrá escapatoria para así soñar con la libertad que nos obnubila y no deja ver nuestro cautiverio:
CUANDO LOS AÑOS… por: Antonio Mora Vélez
Poema de Antonio Mora Vélez (reconocido autor colombiano de ciencia ficción) que generosamente nos permitió reproducir en Mil Inviernos. Todos los derechos reservados © pertenecen a Antonio Mora Vélez.
CUANDO LOS AÑOS…
Camino y siento que mi cuerpo no es el mismo
Que se inclina como caña de bambú hacia los lados
Y que piso con una dificultad desconocida
Con unos pies que se resisten
A seguir cargando con mis años
Duermo y siento que mi sueño no es el mismo
Que es tan ligero como una pluma de colibrí
Y que casi siempre se me acaba cuando los demás
Apenas contemplan sus hermosas fantasías
Hablo y siento que mi voz ya no es la misma
Que se me rebela y encuentra frenos que antes no encontraba
Y que trata de esconderse entre mis labios
Como si temiera descubrir un velo vergonzoso
Leo y siento que mis ojos no son los acuciosos
y penetrantes ojos de mis primeros libros
Se cansan rápido y pierden la fijeza de otros tiempos
Y se me llenan de lágrimas y de un poco de tristeza
Pero cuando pienso
Mi pensamiento vuela más alto y más veloz que antes
y no es menos que mi voz y que mi cuerpo
Camina Habla Lee Grita y Sueña
Y no se resigna a envejecer
Montería, julio 5 de 2015
Adorando al enemigo
Por: Manuel García Pérez
Una de las recientes voces de la poesía española que comienza a revelarse por un humorismo sobrio y por una necesidad de reivindicar la nostalgia como forma de protesta es la del creador Álvaro Giménez García. Su silenciosa trayectoria creativa en revistas nacionales e internacionales como Letralia, El coloquio de los perros o Realidad literal reafirman, junto a numerosos premios, una nueva escritura personal que emerge dentro de un heterodoxo escenario de corrientes poéticas.
Álvaro Giménez García nace en Almoradí (Alicante), en 1974, y es Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Castellana y Literatura de Secundaria. En todas sus publicaciones y premios se constata una influencia notable de los novísimos y un estilo aparente espontáneo en sus verso libre, pero que juega con el valor semántico que las propias costumbres ejercen en el individuo de clase media hasta someterlo.
Influencias cinematográficas y de canciones pop, y una necesidad de convertir la ironía en un ejercicio de reflexión sociológica caracterizan a su poesía que, en pocos años, ha cosechado varios premios y reconocimientos nacionales. Ha publicado en la editorial Neopàtria su primera novela juvenil, Albanta y el secreto de los raramuri, que reseñamos en Mundiario hace unas semanas.
Aquí presentamos uno de sus últimos poemas galardonados, «Adorando al enemigo».
Adoro a las mujeres de los parques.
Son esas de edad mediana y mediocre
que como figurantes de un decorado público
llenan con sus cuerpos los huecos
que el verde de la vegetación deja a su alrededor.
Adoro a esas mujeres
envueltas en espumosos pantalones
de marcas francesas e italianas
dibujadas por brillantes tachuelas,
y que cuidan con celo distraído
a sus vandálicos retoños que usan
y abusan del mobiliario público.
Adoro a esas mujeres,
duchas en el presente posesivo
y en los nombres disminuidos
por sufijos chics y repipis
(mi Luisito no me come,
mi Pedrito no me duerme).
Adoro a esas mujeres
que mientras se sonríen,
toman nota de los defectos ajenos,
analizando de alto en bajo a la otra,
que es tan amiga como enemiga.
Adoro a esas mujeres,
que ya no saben si salen de casa
para dar una vuelta por el parque,
o salen del parque
para dar una vuelta por casa.
Adoro a esas mujeres,
diques de la evolución femenina
que salvaguardan, miman y pulen
las palabras, gestos y tics de sus madres,
abuelas y
bisabuelas.
Adoro a esas mujeres
que celebran cumpleaños infantiles
con sonrisa dibujada,
y los convierten en eventos sociales
de niños que desconocen
lo que significa evento
y lo que será social.
Adoro a esas mujeres,
porque mientras ellas sigan así,
yo
seguiré siendo el candente paño de lágrimas
donde sus maridos,
víctimas de la soledad matrimonial,
puedan enjugar sus penas
y satisfacer esas necesidades
que un abúlico parque,
un lejano día,
les arrebató.















