La ventana suicida de Don Benito
Existe una bodeguita en el centro de Bogotá muy poco conocida, con apariencia de una dimensión crepuscular, cuya entrada es una puerta falsa de la facultad de Economía de una antigua universidad; para llegar a ella se atraviesa un túnel húmedo y oscuro, como un agujero de gusano, en la penumbra resalta la figura de Don Benito, quien espera a sus pocos clientes con aburrimiento y desdén de macho. Detesta que tomen fotografías a sus sitios y si alguien le propone grabar un video su respuesta inmediata es un rotundo no. Del baño emanan entidades fantasmales, como de mujeres dementes que se arrancaron su propia vida desde el vientre. En una de las salas del lugar, esta ventanas que da a la nada de un patio falso es la promesa nunca cumplida de un viaje a otro plano de la existencia.
Fotografías de Wanda Uribe Villa.
Sueño de una noche de muchachos bajo el dominio de Coil
Los sueños enfermos de William Blake se cruzaron con el payaso acaramelado que llamaban El hombre de arena de Roy Orbinson para engendrar un delirio homosexual en John Balance, de Coil, antes de arrojarse por el segundo piso y así acabar con todo. Como la realización de la más tierna fantasía pederasta de un obispo católico, John Balance canta el coro de In Dreams de Roy Orbinson, rugiendo también la primera estrofa del poema La rosa enferma de Blake, «Oh rosa, tu arte es enfermo», mientras un séquito de delgados jovencitos tailandeses bailan semidesnudos a su alrededor, desparramando esperma sobre sus gráciles cuerpos. Podemos imaginar a Balance como parte del paisaje del cuento El ojo Silva de Roberto Bolaño embriagado ante la consecución de un niño castrado. Un video con coraje, por encima de las recatadas moralinas que abundan últimamente bajo el eufemismo de «progresistas» y el discurso políticamente correcto que pretende socavadamente ser el censor máximo de toda forma de arte.
Love’s Secret Domain from Threshold House on Vimeo.
La ceremonia está por empezar, baby, y William Burroughs nos cantará
Estamos en Tánger, bebiendo un jarabe alucinógeno, acompañado de dos maricas marroquíes. Quien fuera decano de una de las universidades más conservadoras de Colombia está en una esquina del café, usando minifaldas y un escote. Dicen que desde que consiguió la Embajada en el país africano ha decidido creerse la Shakira del estrecho de Gibraltar; odisea, que no se cambia por nadie a menos que sea la misma Shakira para poder tener hijitos para amamantar con sus falsas tetas de silicona. Se las debió haber hecho en Medellín, ciudad en donde conocí al cantante con la voz más inmunda de todas. Estábamos cerca al Parque del Periodista y en uno de esos bares cutres de tango se levantaba y empezaba a cantar boleros. Le dije: tu voz me recuerda a la William Seward Burroughs, el explorador de la ayahuasca. Uno de los marroquíes me dice: hoy cumpliría años la marica de la Bill. Bills, dinero, nos piden, nos cortan. «Un paranoico es una persona que sabe lo que está pasando».
El mariscal que se bañaba con sangre de niños
Alfredo Iriarte escribió «Bestiario tropical», un volumen que contenía las costumbres y delirios de los dictadores americanos de la segunda mitad del siglo XX. El autor obvió, por razones de extensión o porque merecía otro libro, las dictaduras que ocurrieron en el cono sur. Entre ellas, la más duradera fue la de Paraguay, comandada por Alfredo Stroessner. Este autoproclamado mariscal, según su chofer, se bañaba con sangre de bebés para así curarse de la lepra que lo azotaba:
Pedro Sánchez Merlano, un día ante la genialidad literaria.
Por: René Alvarado.
Pedro no tiene malos recuerdos porque su desdicha es presente. Llego a su departamento en el barrio Veinte de Julio de Bogotá. Son las 12 del día pero en casa del escritor parecen las 12 de la noche. “Eso fueron esos hijueputas edificios que taparon la vista”, reniega Sánchez Merlano, señalando la ventana que se abre como la boca negra de un africano.
– Hace mucho tiempo había mucha luz, pero ya ve, las cosas cambian.
Por hacerle un guiño literario le digo que el fútbol también muta y su amado América está en la B.
– Y para siempre. Eso sí no volverá a cambiar. Es muy difícil recuperarse de la derrota. Y los americanos lo sabemos; no somos como esos hijueputicas de otros equipos y esos escritorzuchos que dicen que lo que más les gusta de este deporte es el sufrimiento. Como dice Irving Welsh, es muy fácil filosofar cuando la mierda está en las venas de los otros. ¡Ah épocas! Se acabó el cartel y todo se fue para el carajo. Antes me la pasaba oliendo perico y por eso escribía mucho, porque no dormía, ¿me entiende? Ahora que no hay cartel, eso se puso muy caro y muy feo y ahora no puedo sino meter bazuco, y eso me pone a dormir. Ya casi no escribo y ando inapetente, en todos los sentidos. Si no, pregúntele a mi mujer.
El carnaval se acabó
Este relato breve de Luis Cermeño se publicó originalmente en el blog de Enrique Pagella, quien es familiar en Mil Inviernos al ser el autor de la novela por entregas Hijos de Maro. Sobre la escritura de Cermeño, Pagella comentó:
Si bien no lo conozco personalmente, creo vislumbrar a la persona a través de sus escritos, donde suelo advertir cierta cruel melancolía, cierto lirismo que de pronto hiende el aire como un cuchillo y un ritmo narrativo excepcional.
El carnaval se acabó
Whitman, un documental
Whitman es el poeta nacional de los Estados Unidos aunque su cara no esté impresa en algún dolar; quizá porque fue ingenuo: Quizo hacer un libro que evitara la guerra. Eso no pasó pero sus poemas- especialmente los de «Hojas de Hierba»- dejaron de ser un fenómeno local para insertarse en lo que se entiende como «la gran poesía occidental». La devoción que se profesa a este poeta hinca al mismísimo Harold Bloom (como se puede apreciar acá).
Una entrevista a Octavio Paz
Octavio Paz volvió a estar en el centro de muchas conversaciones cuando apareció en un recordado capítulo de «Los detectives salvajes» (la novela de Roberto Bolaño que se convirtió en la «Rayuela» de una generación que, en unos años, comenzará a hacer vergonzante ese primer entusiasmo) amordazado y tirado en el baúl de un automóvil, calando más hondo en los lectores que las deslumbrantes críticas a los ensayos del nobel mexicano hechas por Rafael Gutiérrez Girardot. Les presentamos una entrevista a Paz, una figura institucional que aún divide aguas en hispanoamérica.
Una Navidad
Por Truman Capote
Primero, un breve preámbulo autobiográfico. Mi madre, mujer excepcionalmente inteligente, era la chica más guapa de Alabama. Todo el mundo lo decía, y era verdad. A los dieciséis años se casó con un hombre de negocios de veintiocho que provenía de una buena familia de Nueva Orleans. El matrimonio duró un año. Ella era demasiado joven tanto para ser madre como para ser esposa; era además demasiado ambiciosa —quería ir a la universidad para tener una carrera. De modo que dejó a su marido; y, por lo que a mí se refiere, me puso al cuidado de su numerosa familia de Alabama.















