"Trata a la escritura como si fuera un Dios" es el mandamiento de Alan Moore
Moore recuerda que cuando William Burroughs murió, J. G. Ballard dijo: «él es el último, verdadero, escritor, y nos deja con sólo una carrera de novelista».
Esta fuerte crítica le sirve a Alan Moore para hacer la diferencia entre escritores de carrera, los que encontraron la fórmula comercial para sus libros, y los verdaderos escritores que siempre están en exploración de técnicas, de nuevas revelaciones. Pues para Moore, en cuanto alguien se detiene, está satisfecho con su trabajo, está muerto creativamente (El auto-corrector me pone: cretinamente… esas son fuertes palabras de la máquina, no de Moore, pero no por ello menos ciertas)
Por encima de Dios está la cordillera de los Andes
Según aquellos que han llegado hasta allí, Uyuni es un lugar al que se puede llegar con facilidad, pero que es difícil de abandonar. «es la antesala de la fortuna o de la desdicha”. Esta es la base de la película boliviana de 2007 Los Andes no creen en Dios dirigida por Antonio Eguino. La película cuenta la historia de un señorito escritor que llega a ese pueblo contratado por una empresa minera en 1927.
La película esboza el encuentro entre los hombres que llegan al pueblo con afaán de volverse ricos. Todos llegan allí queriendo encontrar oro y otros metales preciosos sin embargo tan solo algunos lo logran. Los aventureros se encuentran con una barrera y si logran atravesarla tal vez encontrarán la fortuna, esa barrera es la cordillera de los Andes. Pero allí no vale la pena ni siquiera encomendarse a dios ni pedirle su ayuda, porque allá en lo alto de la montaña dios no existe, los Andes son dios.
La teología de Turing
Turing, en su ensayo Maquinaria, computadora e inteligencia, además de vislumbrar a las máquinas que piensan, hace una revisión de los argumentos que disienten de dicha posibilidad. La primera posición que toma es la de los teólogos, a quienes desdeña sin que ello implique que se haya abstenido de plantear una serie de argumentos que pueden ser la justificación, desde la propia teología cristiana, del pensamiento de las máquinas:
1. La objeción telológica. El pensamiento es una función del alma inmortal del hombre. Dios ha dado un alma inmortal a todos los hombres y mujeres, pero no a ningún animal ni máquina. Por lo tanto, ni los animales ni las máquinas pueden pensar (1).
Personalmente son ideas que rechazo totalmente, pero intentaré refutarlas en términos teológicos. La argumentación resultaría más convincente si se clasificara a los animales con el hombre, ya que existe mucha diferencia, para mí, entre lo genuinamente animado y lo inanimado que entre el hombre y los animales. El carácter arbitrario de la opinión ortodoxa se evidencia aún más si tenemos en cuenta la opinión de los creyentes de otras religiones. ¿Cómo ve el cristianismo el dogma musulmán según el cual la mujer no tiene alma? Pero dejemos esto y volvamos a la cuestión principal. Creo que el citado argumento implica una grave restricción de la omnipotencia del Todopoderoso. Se admite así que hay cosas de las que El es incapaz, como es hacer que uno sea igual a dos, pero ¿dudaremos de su libertad para insuflar alma a un elefante, si a bien lo tiene? Cabe esperar que únicamente ejerciese tal poder en conjunción con una mutación q2ue dotase al elefante de un cerebro mejorado que respondiera a las necesidades de esa alma. Podemos argüir exactamente lo mismo en el caso de las máquinas. Puede parecer distinto por ser más difícil de «tragar», pero esto únicamente significa que pensamos que es menos verosímil que El considere adecuadas las circunstancias para dotarlas de alma. Las circunstancias en cuestión se discuten en el resto de este trabajo. Al intentar construir este tipo de máquinas no estamos usurpando irreverentemente Su poder de crear almas, igual que no lo hacemos al procrear niños; en realidad, en ambos casos somos instrumentos de Su voluntad al procurar moradas para las almas que El crea.
El día que en el cielo de Nueva York se escribió a Dios
El dos de Junio de 1982, en el cielo de Nueva York brotaron unos versos brotados del poeta chileno Raúl Zurita. Todos ellos se referían a Dios, buscaban aludir algunas de sus formas, a sabiendas que la inmensidad del firmamento se lo tragaría todo. Para esta acción (apoyada por el CADA-Colectivo de Acciones de Arte-), se precisaron de cinco aviones y Zurita cuenta que quiso haberse enceguecido sin haber podido ver lo que ocurría arriba, así todo habría coqueteado con alguna cumbre de la poesía. Hoy día Raúl puede ver aunque, a cambio, tiene un Parkinson que lo llevó a autodenominarse en muchos versos como «Parkinson Zurita». Este es el vídeo de aquél día luminoso de Nueva York en que Dios fue escrito en el cielo:
Sueños de Daniel Guzmán
Una suerte de Kids, versión española. Dos niños juegan a cagarse en el mundo sobre el podio de la terraza de su edificio, como si fueran Dios, ese mismo Dios que les quita el deseo de masturbarse.
Con este corto, Sueños (2003), Daniel Guzmán -quien además de director, es actor y boxeador- ganó el Premio Goya por mejor cortometraje de ficción.
Vincent Van Gogh visto por Resnais (cortometraje)

En el trabajo que a continuación les presentamos, Alan Resnais le da movimiento a los cuadros de Vincent Van Gogh y narra la vida de este maestro angelical sin que en el decurso del cortometraje aparezca algo distinto a las pinturas. Es un mundo visto a través de los ojos alienígenas de Vincent que no pudo compensar su tristeza por no haber podido ser el predicador del amor furioso de Dios para con sus criaturas. Y los cuervos volaron después del disparo y no hubo más tiempo:
Van Gogh from victorhugole on Vimeo.
Dios en una novela de Olaf Stapledon
El misticismo y su tradición escrituraria es cercano a la ficción especulativa y no sólo por lecturas que reinterpreten textos bíblicos o poemas hechos por quienes tocaron el éxtasis: En 1944 el mundo pudo apreciar cómo el escritor inglés Olaf Stapledonen su novela Sirio hacía que un perro con un cerebro más inteligente que el de un humano promedipudiera intuir la presencia divina. Les presentamos la descripción que hace el propio ser, quizá mosntruoso en la medida que no es clasificable:
Di vueltas y vueltas, frotándome dolorosamente el lomo contra la pared cada vez que giraba sobre sí mismo, lanzando una dentellada a la cortina cada tez que pasaba ante ella. Todo aquello era simple afectación: yo representaba dramáticamente el papel de animal enjaulado. Las campanas de las iglesias y colegios sonaban cada cuarto de hora. El ruido de los coches se iba apagando con las sombras nocturnas. Recordé furiosamente el olor de Plaxy, amado y repulsivo; y el olor de mi última perra, dulce pero falso, promesa de un espíritu inexistente. Y luego, de pronto, el amable olor de ldwal y las ovejas envueltas en la bruma. Y el olor de Pugh, sudoroso y excitado. Los olores de la escarcha, de un día de estío, de viento marino, del viento del oeste cuando cambiaba al este. Rastros de liebres y conejos. El hedor irritante de un gato. El olor denso y suave del zorro. Los animales del circo. El cloroformo, y los bandidos. El débil olor del sufrimiento, que aprieta la garganta, y parece venir de un rincón desconocido del laboratorio.
Y bajo esta marea de olores, una corriente subterránea de sonidos: tonos de voces humanas, balidos de ovejas y corderos; el viento gimoteante o furioso; compases de música humana, y temas de mis propias canciones.
Toda mi vida fue una unión de olores y sonidos, y contactos, también. Pues sentí la mano de Plaxy en el cuello, y huesos que crujían entre mis dientes, y el lomo suave de una joven perdiguera que había conocido en Ffestiniog.














