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El día que en el cielo de Nueva York se escribió a Dios

Vida Nueva

El dos de Junio de 1982, en el cielo de Nueva York brotaron unos versos brotados del poeta chileno Raúl Zurita. Todos ellos se referían a Dios, buscaban aludir algunas de sus formas, a sabiendas que la inmensidad del firmamento se lo tragaría todo. Para esta acción (apoyada por el CADA-Colectivo de Acciones de Arte-), se precisaron de cinco aviones y Zurita cuenta que quiso haberse enceguecido sin haber podido ver lo que ocurría arriba, así todo habría coqueteado con alguna cumbre de la poesía. Hoy día Raúl puede ver aunque, a cambio, tiene un Parkinson que lo llevó a autodenominarse en muchos versos como «Parkinson Zurita». Este es el vídeo de aquél día luminoso de Nueva York en que Dios fue escrito en el cielo:

 

 

Virginia Woolf en Vogue

A fines de mayo de 1924, en la revista Vogue, apareció una fotografía de Virginia Woolf. Ella lucía un traje de su madre, Julia Jackson, quien fue la misma mujer que enamoró a un renombrado escultor londinense llamado Thomas Woolner. Él le pidió a Julia, a fines de los años sesenta del siglo XIX,  que posara para hacerle un busto y que, además, se casaran. La madre de Virginia se negó a ambas solicitudes. Esta es la fotografía tomada por la sociedad Beck y MacGregor :

Virgina Woolf

En 1925, los mismos fotógrafos la retrataron, esta vez, en las viejas caballerizas de los Beck, convertidas en estudio por el escultor Woolner, es decir, el mismo que estuvo enamorado de la madre de la escritora estrella de Bloomsbury. Virginia siempre tuvo claro ese padecimiento amoroso del ángel escultor de Londres, así consta en la entrada del 27 de Abril de 1925 de su diario:  «He posado para Vogue, es decir, para los Beck, en sus caballerizas, que el señor Woolner convirtió en estudio, y puede que fuera allí donde pensaba en mi madre, con la cual quiso casarse, según creo». El escultor hizo todo un escenario para evocar los rastros de quien lo carneó dos décadas antes y Virginia, a sabiendas de lo que latía en el señor Woolner, no tuvo que usar el traje de la madre, bastaba el hálito que reflotaba en el ambiente de las viejas caballerizas para que se configurara otro retrato de la decepción:

Virginia25

Tuve un sueño en el que era Cristo

Por Pedro Escobar Muñoz

Cristo

En ese sueño, visualicé las tres cruces donde mis hermanos y yo habíamos caído. La debilidad al fin doblegó mi espíritu y, con forma femenina, hizo añicos mi destino.

Una mujer se atravesó en mi vida para hacerla más alegre y  no me fijé que en su trampa caía, poco a poco; el destino de la humanidad se cumplía. Fue una noche fatídica en la que me entregué completamente a ella, hasta hacer que mi gran ojo se cegara.

Una droga, un aroma de la vida convertida en caos, todo por culpa de su hechizo. Los hombres que le ofrecieron este empleo sabían que su misión iba a ser recordada entre la inconsciencia de la humanidad.

¡Cuántos vendidos se ofrecieron a culparme! Mas sin mi poder no lo habrían logrado; fue el error de haber caído en las manos de una mujer. Ella me vendió, cerró las puertas de mi ascensión.

La cruz, todo por culpa de una humana, la debilidad representada en el sufrimiento: lo merezco pues la enseñanza al hombre no he sabido dar y mi conciencia en la oscuridad navega, junto al demonio de la Luz. Por no poder verlo, siento oscuridad.

Ahora me tienes en tus manos, en el más allá, en el eterno sufrimiento.

Te alimentas de mí, pero sé que todo esto acabará cuando la Luz se haga más grande que todo el placer concebido.

Tus manos manchadas de mi pecado están pero soy yo quien las heridas porta, el gusano que en lo bajo se denota como un brillo sugestivo sobre algo repugnante.

Ya he sabido mantenerme en estos clavos. Ahora son la balanza para cumplir mi cometido.

Hunter S. Thompson sobre el desempleo

thompsonflojo

En una carta que lleva la fecha del 17 de enero de 1958, el joven Hunter S. Thompson   escribe:

¡Al carajo con el desempleo! Creo que es una gran cosa. Me gusta dormir todo el día y no tener nada más que hacer sino leer, escribir y dormir cuando me siento cansado. Me gusta levantarme en la mañana y devolverme inmediatamente a la cama si el clima está feo. En resumen, creo que es una buena situación para un hombre estar desempleado: contando, por supuesto, que tenga la suficiente plata para comer y pagar la renta.  Leer Más…

ESQUEMA DE GÉNEROS LITERARIOS EN UNA LOVE STORY (CUALQUIERA)

Mil Inviernos durante su breve gira en Venadillo, Tolima (Colombia) encontró un documento histórico en la pensión en la que se alejó Julián Andrés Marsella, es un escrito que contiene un  análisis somero  de las relaciones sentimentales que hizo un ex-guerrillero y ex-paramilitar, antes de reinsertarse a la vida civil de todo colombiano, es decir, pasar penurias machas. El señor en cuestión asistió a un taller que se realizó en dicha población, en el año 2009,  época en que andaba por allí, vendiendo postres del altiplano cundiboyacense, el escritor Marsella Mahecha (M.M). No podemos precisar la veracidad de esta historia, o dilucidar si este papel es una invención o una nota de clase del propio Marsella. Y para aclarar esos asuntos filológicos  sería necesario un Borgie, y como ninguno de nosotros lo es, os dejamos la hoja de ruta de la decepción, es decir, la cronología de todas las historias amorosas, incluyendo las paterno-filiales.

 

Documento Entregado por Doña Marina Yepes, propietaria de la Pensión La Uvita, en el municipio de Venadillo

Documento Entregado por Doña Marina Yepes, propietaria de la Pensión La Uvita, en el municipio de Venadillo

 

Burroughs y Kerouac dan Consejitos para el amor entre hombres

¡Oh divinas maricas que de lo puro maricas no se aman entre ellas!

¡Oh divinas maricas
que de lo puro maricas
no se aman entre ellas!

Les presentamos un extracto de la novela  «Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques» escrita por William Burroughs y Jack Kerouac donde se vislumbra la angustia, el frenesí y el sabor en la boca de esa machera llamada mariquismo:

Me senté en el sillón y Al se sentó en la cama.

– Ahora quiero comentarte una cosa increíble que sucedió anoche.

– Sí- dije yo, frotándome las manos.

– Bueno, pues cuando subimos a la azotea, Phillip se fue corriendo al borde como si se fuera a tirar y yo me asusté y le grité, pero él se paró de golpe y dejó caer un vaso desde allí. Me acerqué y me puse junto al pretil con él y dije: «¿Qué pasa?», y empecé a rodearlo con el brazo y entonces Phil se volvió y me besó apasionadamente en la boca y me arrastró con él por la azotea.

Yo le dije:

– Parece que lo estáis consiguiendo, después de cuatro años. Venga, sigue, ¿qué pasó entonces?

– Buenos, pues entonces Phil dijo: «Vamos a tirarnos a la calle los dos juntos, ¿te parece?». Y yo le dije: «¿Y qué sentido tiene eso?», y él me dijo: «¿No lo entiendes? Después de esto tenemos que…, no nos queda otra. O eso, o marchar.»

Así que le pregunté a Al:

–          ¿Qué quería decir con eso? ¿Marchar adónde?

–          No lo sé. A cualquier sitio, me imagino.

–          Bueno, Al,  en ese momento tú tendrías que haber dicho : “De acuerdo, queridísimo, volemos a Newark esta misma noche.”

Al se tomaba muy en serio todo aquello, aunque a mí me parecía bastante ridículo. Le había oído cosas así desde que lo conocía.

–          Bueno, para empezar no tenía dinero- dijo Al.

–          ¡Oh! No tenías dinero, ¿eh?- salté-. ¿Ya cómo esperas tener dinero si no mueves el culo del asiento? Vete a trabajar a un astillero. Atraca una tienda. Llevas cuatro años esperando esta oportunidad y ahora que…

–          Bueno, no estoy muy seguro de querer.

–          No estás seguro de querer qué.

–          Irme a algún sitio con él. Tengo miedo de que haya una reacción y no pueda conseguir nada.

Me fui a la chimenea y di un manotazo a la repisa.

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Impresiones quiteñas. Por Julián Andrés Marsella Mahecha

la foto

Julián Andrés Marsella Mahecha sueña mucho y, entre la maraña onírica, se encontró aterrizando en la grandiosa Quito. Venía de Bolivia y, como uno andino furioso de lo puro triste, se ha adentrado en la consecución de un poema que circula por los procelosos caminos de la decepción y el encono amoroso: tiene fijación con los hombres que quieren morir a como dé lugar. También es un homenaje al gran futbolista boliviano que se ahorcó con una corbata: Chocolatín Castillo, el cacao más amargo de las cordilleras terrestres:

Impresiones quiteñas

 

Cuando Chocolatín se ahorcó con la corbata del banquero

te avizoré, Quito, desde los imperiales templos bolivianos

Caminé hasta tus alturas, descendiendo cual cóndor intoxicado

y caí, envuelto en espumaraja, en tu regazo frío

Se escuchará un clamor

cual bufido de cóndores muertos

En él, estaba sobre una cima, agarrado a un cóndor

Que le señalará el sur

a los palacios imperiales de Chocolatin Castillo

Desde Pichincha hasta el alto Bolivia

se riega la desdicha de ser un marica sin culo

Una vieja nave extraterrestre en los andes

como el humo de un amor cremado

en el mercado artesanal de las decepciones

se pliega a los sueños marcianos

de los escasos negros tristes que quedan

un anuncio de silencios es la respuesta

a las plegarias hechas desde la vieja cuna

de Manco Capac

mi  Manco es  Capac

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Fray Juan de la cruz o el abismo de luces. Una película

sanjuancruz

Las cosas más bellas y las más espantosas quedan en el olvido. Pero persisten sus heridas: Así en la tierra como en el cielo y antes de que estuvieran la Tierra y el cielo, cuando todo fue creado, se quedó reflotando una llaga que, desde nuestra limitación, denominamos vida. En el transcurso de estos últimos siglos algunos humanos han hablado, escrito y predicado distintas ideas, credos, angustias y soledades. Entre ellos aparece San Juan de la Cruz que, en la película que a continuación presentamos, está recostado en el regazo de un clérigo devenido en Teresa de Ávila, aquella humana que afirmó que los demonios jugaban a la pelota con nuestras almas. San Juan de la Cruz habla de la marcha hacia un precipicio de luces. Todo esto pasó mucho antes de que la luz eléctrica contaminara las noches y borroneara las puñaladas celestes que fulguran en la oscuridad:

Una historia de amor de ciencia ficción: Marisa

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Marisa es una mujer cambiante.  Los cambios en su personalidad están relacionados con su posición en el espacio. El hombre que la ama añora volver a ella pero ella, en su infinita variación de personas, jamás volverá a él.

Nacho Vigalondo (de quien hemos presentado otros cortos, porque nos gusta mucho), nos brinda una conmovedora historia de amor. Abordada desde la ciencia ficción, Marisa demuestra que para hacer una buena historia de este género no es necesario recurrir al amor entre un androide y un ser humano, o un extraterrestre. El amor es algo tan extraño y misterioso que, de por sí, parece extraído de la ciencia ficción. En este sentido, la ciencia ficción es superior al realismo al abordar el tema del amor, porque si entendemos que el amor es como una guerra civil entre dos cuerpos, las heridas invisibles que éste deja sobre los amorosos solo pueden ser abordadas desde una perspectiva que se aleje de presunciones típicas. En palabras de Junot Díaz: «El realismo no sabe qué hacer con eso. Es incapaz de captar las dimensiones más sutiles de todo un entramado de emociones fugitivas, sentimientos espectrales que se producen en situaciones… extremas»