Nadie quiere jugar con Werner Herzog
En las investigaciones de Julián Marsella rutila la concerniente a saber cuántas de las niñas de «Nadie quiere jugar conmigo», un cortometraje de Werner Herzog hecho en 1976, devinieron actrices del frío porno germánico. En las charlas del poeta, novelista y vendedor de postres nativos de Zipacón, siempre hay momentos de arrojo en los que describe la escena protagonizada por alguna de aquellas niñas, ya grandes, a mediados de los ochenta, exponiendo sus genitales a la vista de los tristes guardianes del muro de Berlín. Pese a estas apreciaciones de Marsella, el trabajo de Herzog es perturbador por sí mismo; que un cuervo hable como el pato Donald en alemán y se convierta en el pacto con Dios que hace un niño agradecido porque una niña lo admite como amigo ya es suficiente para quedar noqueado. A ello se suman los dos conejillos de indias, vestidos como humanos y apesadumbrados como humanos. No se sabe si las palabras del cuervo responden a un diálogo interespecies o a una psicosis infantil. No se sabe nada:
Poemario: Luz de los escombros, de Manuel García Pérez. Valencia, Germanía Editorial, 2013.
Por Javier Puig
Confiesa Manuel García (1976) que la poesía ha sido siempre un ejercicio de autodestrucción en su caso. La escritura, lejos del placer, es una necesidad que le sumerge en espacios desolados, en estampas turbias donde los osarios, el crimen, lo apocalíptico, la frondosidad frente a la sequía y toda suerte de aves, por ejemplo, se convierten en símbolos premonitorios de una existencia en continuo conflicto con la vida entendida como efusión o exaltación. La poesía va más allá del género, es un estado en trance, de una comunicación que necesita una gran eficacia técnica y un severo distanciamiento de otras formas de expresión que la teoría de géneros estudia.
Sin embargo, su poesía contiene precisamente aquellos motivos poéticos que encuentra en importantes referentes narrativos. Para el autor de Luz de los escombros, la poesía se convierte en una clase de exorcismo para expulsar el poder simbólico que se deduce de paisajes y estados emocionales extremos. La invocación a las ausencias y la belleza paradójica de los terrenos desolados han hecho que Luz de los escombros haya llegado a su segunda edición en pocos meses. Para el ensayista Javier Puig: “En este libro, el paisaje se convierte en un ser agobiante, que con su pálpito intimida la soberbia humana, hasta someterla a la igualdad con otras vidas mucho más rudimentarias. Es un paisaje hecho con palabras de escueta luz. Leer estos versos es desplazarse a un mundo sin hospitalidad, al que hemos sido invitados desde una distancia enérgica pero fraterna. Allí nos sentimos hijos de un mismo dios que conocíamos vagamente, que habíamos intuido en las remisiones de nuestra dispersión, que había quedado tras la estampida de todas los formas del tiempo”.
Dalí soñó y pintó el enigma de Hitler
Suele circular una versión en la que Dalí confesaba su admiración por Hitler, básicamente por su manejo de las masas. Sin embargo, el propio Dalí intentó precisar su perspectiva del dirigente Nazi en varias oportunidades, como en la entrevista hecha L´express y publicada en nuestro idioma por «Panorama» en abril de 1971:
Ni bien llegó Hitler, me apuré a irme. Pero en pleno surrealismo, yo decía a los surrealistas: «Si son surrealistas, si aman el romanticismo, y sobre todo el romanticismo alemán e irracional, entonces amen a Hitler, que es un loco, un ser delirante total». En esa época, yo mismo soñaba con Hitler, estaba apasionado por la espalda de Hitler. De igual manera, en otro momento, estuve apasionado por Lenin. Hitler me parecía tener una espalda muy comestible. De haber podido, hubiera extraído de la espalda de Hitler una porción, como una porción de queso. La vaca se ríe. Seguro, esa era una reacción puramente irracional y surrealista. Yo había previsto el fin de Hitler con dos años de adelanto. Lo anuncié en una novela. Era verdaderamente ineluctable. Porque él era un puro masoquista. Sólo había emprendido toda esa acción wagneriana con la meta inconsciente de perder o morir.
Les presentamos el cuadro «El enigma de Hitler» en donde el artista catalán erigió muchas inquietudes generadas por el Führer salvo su deseo de comerle la espalda o, ¿también está inmerso en este marasmo onírico? (Oprimiendo sobre la imagen pueden verla en un mayor tamaño)
Las risas, el lenguaje y el tiempo según Kaypi: Extracto de «Empotrados» de Ian Watson
Ian Watson en su novela Empotrados, entre tantas historias que se entrecruzan en la narración, nos expone un relato que le cuenta Kaypi, un hombre perteneciente a la comunidad xemahoa apostada en la selva Brasileña y a punto de ser desterrada para fines «civilizatorios», a Pierre Darriand, un antropólogo francés que encuentra en el idioma de los xemahoa (específicamente, el que ponen a andar en los rituales sagrados) un vínculo con el lenguaje poético de Raymond Russell y los experimentos lingüísticos de un antiguo compañero inglés llamado Chris Sole quien, a su vez, los aplica en niños encerrados en un hospital inglés a partir la teoría del lenguaje de Noam Chomsky. También podemos encontrar, en el decurso de esta primera novela del escritor británico, la íntima relación que hay entre el lenguaje y el tiempo y, finalmente, nos hallamos frente a la risa y sus dos grandes formas:
Y, así, me dispongo a escuchar, y grabo la historia de Kayapi.
—Te he hablado acerca de la risa del alma y de la alegría estúpida, ¿verdad? Ahora, muchas criaturas quieren que los hombres rían con risa estúpida para poder meterse dentro de nosotros, a través de nuestra lengua, cuando no dominamos las palabras. Los monos hacen trucos en lo alto de los árboles para hacernos reír. Pero nosotros no reímos. Excepto con un estallido de risa del alma que los hace salir corriendo. ¿Sabes, Pi-er, cómo está hecho el hombre? Está hecho de un leño hueco y una piedra hueca juntos. Algunos hablan de una calabaza hueca, pero yo creo que es una piedra hueca. El leño hueco permanece tirado en el suelo cuando, un día, llegan dos serpientes. Una es una serpiente hombre. La otra es una serpiente mujer. La serpiente mujer quiere vivir dentro del leño, pero no ve agujero para entrar en él. Los extremos están tapados. No hay ningún orificio de ramas. La serpiente mujer se siente desdichada. Pregunta a la serpiente hombre cómo ha de hacer para entrar. La serpiente hombre cree saberlo. Sale corriendo y vuelve con su amigo, el pájaro carpintero, y le pide que picotee con su pico el leño y pruebe de hacer un agujero. Pero el leño es tan duro que el pájaro carpintero se hace daño en el pico. La serpiente mujer sigue sintiéndose desdichada. Así, pues, la serpiente hombre sale corriendo y trae a otro amigo suyo. Un pájaro pequeño llamado kai-kai. Un kai-kai es más liviano que una pluma y canta unos cantos largos y muy profundos, aunque sea tan pequeño. Canta de la misma manera que el brujo, una vez y otra vez, profundo y profundo. A la serpiente le gusta el kai-kai porque, cuando el kaikai canta, la serpiente sabe cómo enroscarse. ¿Me escuchas, Pi-er? Te estoy hablando.
—Te escucho, Kayapi. Mi caja está escuchando. No lo entiendo todo aún, pero lo entenderé.
Pero Kayapi termina por aburrirse de que no le entienda, y deja el resto de su historia para otro día.
Etnografía de un viajero interdimensional VII
Uno Cinco Tres nos hace llegar un nuevo escrito sobre sus viajes. En esta ocasión, la descripción del ser que ha visto resulta enrarecida por un relato sobre el origen de la criatura que nos expone; además, por primera vez, nos da a conocer aspectos de la condición humana que, una vez más, nos recuerda lo avizorado por los hackers de la soledad barbitúrica: la creciente lejanía de lo que, en inmemoriales tiempos, creímos ser:
El Coloso de Burbat
Los hombres, almas encarnadas, atrapadas o libres, son creados desde la misma fuente de conciencia y, por lo tanto, todos ellos guardaron un mismo poder; al pasar los milenios, se perdieron en su propio laberinto. Al final, el último hombre con la voluntad de la Conciencia y con la llave puesta sobre su mente y su rostro, decidió otorgarla a los dioses. Él sabía que con ellos iba a estar a salvo dentro de los próximos miles de años. Luchó contra miles de engendros y criaturas. Junto a sus hermanos, batalló por la conciencia y la creación, hasta que la mayoría de ellos pereció. Su nombre era Francisco Burbat, un guerrero de Luz que, observando con dolor lo que ocurrió con sus hermanos, decidió pactar con los dioses… se entregó en cuerpo y alma al universo, pues el pacto consistía en que, antes que todos los hombres murieran por dentro, antes de que sus espíritus perecieran, se forjara con el cuerpo y el corazón de Burbat una llave que, al ser descubierta por nuevos hombres, sumidos e imbuidos en la verdad y el honor, pudieran hacer uso de ella para llegar hasta el corazón divino.
En un rincón de un planeta, reside un monstruo, una bestia llamada Burbat, la cual vigila la llave del corazón de los hombres. Todo aquel que se le acerque verá su fuerza y coraje, que solo la entrega a la Luz otorga, para hacer que cada alma se cuestione si realmente es digno de estar frente a un ser forjado del corazón de un hombre. Los dioses hicieron un coloso a partir de la esencia de Francisco; mezclaron el alma, el corazón y el espíritu del hombre con las raíces, piedras y elementos que había en la tierra santa de ShuadShish. Entre transmutaciones de energía, y conjuros sagrados, lograron materializar esta bestia y, dentro de ella, guardar la llave de la sabiduría.
ESQUEMA DE GÉNEROS LITERARIOS EN UNA LOVE STORY (CUALQUIERA)
Mil Inviernos durante su breve gira en Venadillo, Tolima (Colombia) encontró un documento histórico en la pensión en la que se alejó Julián Andrés Marsella, es un escrito que contiene un análisis somero de las relaciones sentimentales que hizo un ex-guerrillero y ex-paramilitar, antes de reinsertarse a la vida civil de todo colombiano, es decir, pasar penurias machas. El señor en cuestión asistió a un taller que se realizó en dicha población, en el año 2009, época en que andaba por allí, vendiendo postres del altiplano cundiboyacense, el escritor Marsella Mahecha (M.M). No podemos precisar la veracidad de esta historia, o dilucidar si este papel es una invención o una nota de clase del propio Marsella. Y para aclarar esos asuntos filológicos sería necesario un Borgie, y como ninguno de nosotros lo es, os dejamos la hoja de ruta de la decepción, es decir, la cronología de todas las historias amorosas, incluyendo las paterno-filiales.

Documento Entregado por Doña Marina Yepes, propietaria de la Pensión La Uvita, en el municipio de Venadillo














