Etnografía de un viajero interdimensional IX

Uno Cinco Tres nos relata el encuentro con unas criaturas que lo han dejado gratamente impresionado. Este es su informe:
Ángel en el coliseo dorado
La colonia con síndrome de Estocolmo
Por Francesco Vitola Rognini
Lo primero que vemos cuando nos acercamos a Cartagena es donde el diablo se lanzó al vacío. Desde que ocurrió eso se manifiesta como un chivo café de barba blanca que merodea por el cerro y los vecinos de los barrios de invasión circundantes dicen que Daimon toma forma de gato negro con ojos rojos, otros dicen que en las noches aparece como una garza blanca picoteando entre la inmundicia y las aguas estancadas. Las señoras con más canas y arrugas dicen que normalmente tiene cara de ricachón en auto deportivo, a veces de playboy navegando un yate rodeado de jóvenes operadas. El demonio, dicen otros, a veces es un cura, un policía, un hampón esperando en la sombra de una playa alejada, o un cangrejo picando el escroto de un amante que interrumpe su polvo furtivo para dar un alarido. El rumor dice que El Patas es cada billete que se invierte en placer, no importa cuánto te confieses o te arrepientas. Como todo jefe de estado, Belcebú tiene formas desagradables de burlarse de los que creen se sirven de él: una botella de tequila que resbala de las manos cuando recién comienza la noche, desde un octavo piso, en dirección a una familia que sale del edificio, y uno de los niños emocionados grita de alegría -por última vez- porque van para una pizzería con parque infantil. El Mandinga es la maleta con droga, dinero, la nevera con órganos camino a un trasplante que se desvía por las rutas del mercado negro; es cada turista que viene a comprar masajes, cada padre que alquila su hijo por unos billetes, cada nativo que vende sus principios por un poco más de dinero cada quincena. Samael es dueño del alma de cada fracasado que con mentiras se lleva a una mujer a la cama, porque no tiene huevos ni discurso, solo un poco de basura masticada y tan baja autoestima como la engañada. Cada niño frustrado por su padres frustrados que los regañan todos los frustrantes días de sus vidas, cada niña engañada con fantasías de Walt Disney -el Sr. Crowley moderno- temen y aman a Damian, a Guayota, porque les va a quemar la carne y aspirar el alma por la boca.
La corrupción es uno de sus muchos nombres, y como la rata de alcantarilla, está tanto en El Congreso como en El Vaticano. ¿Qué sería de esta fortaleza rodeada de agua salada, si la corriente eléctrica se suspendiera en Semana Santa?
El poder absoluto espera el momento para retomar el terreno y sumergir todo, como antes fue, como nunca debió dejar de haber sido. Vocación de esclava es lo que la define, por eso unos desfilan exhibiendo lo que tienen y otros silencian con música sus frustraciones y ausencias. La ciudad antigua y los carteles publicitarios evidencian que aún hoy, desearía ser colonia de un amo generoso, que comparta sus migajas y les sonría para sentirse menos ultrajada, uno que quizás le tome cariño y con suerte la posea y le dé un crío mestizo, que no sufra tanto como ella.
La canción olvidada de Nirvana
Por estos días se celebran los primeros veinte años de «In utero», el álbum de la banda de Seattle donde apareció la confesión de extrañar el confort de la tristeza y se acuñaron obituarios para los cumpleaños. Este aniversario se ha aprovechado – la forma de reencauchar ventas es aprovechar el suicidio de un músico o escritor y se ha exacerbado con los tiempos de vacas flacas de las editoriales y casas disqueras- para lanzar una edición remasterizada y con dos cd en la que se incluye una canción, hasta estos días, inédita. El nombre de la misma es «Forgotten tune», otorgado por Novoselic y el ajeno Grohl y se las presentamos para que los electrolitos sepan a semen:
Un angelólogo recordado por Juan José Arreola
Juan José Arreola nos ha entregado, en su «confabulario», un escrito donde recuerda, al estilo de su maestro Marcel Schwob, una de las teorías más angelicales sobre ángeles que jamás pudo darse pues puede explicar por qué ahora uno se los encuentra con sus sonrisas desdentadas pero siempre orgullosos frente a esos diablos que sonríen, mostrando sus dientes de marfil. El angelólogo se llamaba Sinesio de Rodas y, como toda angelicalidad radical, quedó sepultado en el olvido:
SINESIO DE RODAS
Las páginas abrumadoras de la Patrología griega de Paul Migne han sepultado la memoria frágil de Sinesio de Rodas, que proclamó el imperio terrestre de los ángeles del azar.
Con su habitual exageración, Orígenes dio a los ángeles una importancia excesiva
dentro de la economía celestial. Por su parte, el piadoso Clemente de Alejandría reconoció por primera vez un ángel guardián a nuestra espalda. Y entre los primeros cristianos del Asia Menor se propagó un afecto desordenado por las multiplicidades jerárquicas.
Entre la masa oscura de los herejes angelólogos, Valentino el Gnóstico y Basílides, su eufórico discípulo, emergen con brillo luciferino. Ellos dieron alas al culto maniático de los ángeles. En pleno siglo II quisieron alzar del suelo pesadísimas criaturas positivas, que llevan hermosos nombres científicos, como Dínamo y Sofía, a cuya progenie bestial debe el género humano sus desdichas.
Un encuentro entre Pedro Páramo y Drácula
Así como gran parte de las memorables películas de cowboys se filmaron en España e Italia y los ambientes de la glacial Antártida se escenificaron, con piezas de cartón, en estudios de los Estados Unidos, el encuentro entre Eduviges Dyada (personaje de la novela Pedro Páramo que hospeda a Juan Preciado) y Drácula se dio en la Bogotá de fines de los ochenta, cando todo parecía una fiesta y los actores de los «Meros recochan boys» pasaban noches enteras de festejo y grabaciones. Les presentamos el momento en el que dos tradiciones literarias se vieron a los ojos y el miedo fue el sentimiento preciso para regresar a un sarcófago:
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Antes regalar relojes era una costumbre bien afincada. Para celebrar ocasiones especiales o conmemorar aniversarios le regalaban a uno un reloj. Mi papá me regaló uno cuando me gradué de la universidad y lo utilicé para el grado de la maestría porque es dorado, bonito y elegante. Pero bien lo dice el señor Cortázar, cuando te regalan un reloj te regalan un «pequeño infierno florido».
Podría ser uno dorado o plateado, de un material valioso y pesado o uno de plástico negro, de los Casio que titilaban y venían en las piñatas. Aun así, cuando te regalan uno de esos pequeños adminículos, empacada te regalan una esclavitud, una pequeña maldición.
La gente regala con menor frecuencia relojes. Ahora es uno quien se otorga a uno mismo las desgracias haciendo carísimas inversiones en aparatos tecnológicos que pesan y molestan. Esos aparatos, que también sirven como reloj y calendario, están siempre vibrando, sonando o brillando. Si no brillan o vibran o suenan, es porque uno esta tremendamente solo. Esos aparatos son costosos y delicados y no se pueden abrir, ni desbaratar para engallarlos o refaccionarlos. También lo ponen a uno en una posición vulnerable: hay que estarlos protegiendo de cualquier facineroso de la calle que si se logra robárselo no le va a servir para nada por todas las claves y contraseñas que uno le pone. Además, hay que estar conectándolos porque si se quedan sin batería el usuario corre el riesgo de perderse de lo que de verdad está sucediendo en el planeta tierra.
Nos hemos convencido a nosotros mismos de que los necesitamos, de que no podemos vivir sin ellos. Son una grilla atada al cuello que arrastramos porque queremos, porque nos gusta, porque nos hemos creído el cuento de que es mejor andar cargando con la quejadera de las redes sociales, las tragedias, las noticias, los chistes y los chismes a todas partes.
Por eso traigo para este mi primer post, montado probablemente desde mi celular, en la voz de su autor el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj.
Etnografía de un viajero interdimensional VIII
Cada viaje interdimensional acrecienta el riesgo de que las palabras de otros se atraviesen en nuestro viajero Uno Cinco Tres. En cada nuevo escrito aparece, de manera abrupta y más recurrente, el discurso del ser observado. Les presentamos un nuevo informe de quien, al parecer, intuye que las dimensiones responden a intrincadas sinapsis neuronales ¿serán las voces de criaturas alojadas en el cerebro de Uno Cinco Tres y sus terrores y esperanzas secretas? :
He visualizado unos seres, tal vez híbridos, entre humanos y algo más…
Las leyendas evocan criaturas descendientes de los atlantes, disueltos en los continentes de Gaia. Sumerios, Mayas, y un sin fin de formas vivientes, son el producto de su evolución.
¨A la fuerza hemos evolucionado, mas a su semejanza nosotros somos ustedes, pero por dentro nuestro corazón vibra en forma Cristalina, llena de Luz y ritmos que alimentan al alma¨.
El hibrido humanoide expone cómo su mundo se ha transformado, dando cabida a nuevas experiencias, nuevas formas de conocimiento, siempre guiado por la Luz que su conciencia recibe desde lo alto, desde su Dios: un estado donde las armonías hacen las formas, formas genéticamente impensadas, dentro de un mundo de paz y sabiduría. Todo se desarrolla desde la Madre, de ahí yace la vida en el planeta. Sumeria, tierra de natales provenientes de lo alto, del cielo casi imaginado.
E V E N . A N G E L S [Angel, the Love and the Sea]
Por Camilo Acosta Caro
Aquel Ángel jamás volvió.
Nadando contra el mar, busco desesperado el cuerpo de un joven, se lo llevó las olas hace ya 20 minutos, cuando entro a lo más profundo, golpeando las olas, difícilmente puedo localizar algún cuerpo flotante en medio del mar. Los gritos de la playa, son como advertencias, señalan desesperados puntos distintos en el agua, y aun así, sin entender qué tipo de indicaciones son las que me dan, hago lo posible por obedecer. Es mi deber proteger a los turistas en la playa, pero es imposible encontrar aquel joven que seguramente ya estará muriendo a la gran distancia. Decido volver, ya no veo a los turistas desesperados observándome nadar, de hecho la playa esta vacía, parece oscura, ya no hay sol, la brisa es fría, el mar toma una fuerza precipitada y pareciera que el agua de la superficie viniera hacia mí. No puedo volver, el intento por regresar a la orilla es inútil y me enredo con las olas, los gritos de ayuda no funcionan, ya ni sé nadar, y me hundo cada vez más entre las olas… la corriente me ha llevado hasta lo más profundo, ya es imposible regresar a la superficie, hasta el azul del mar se ha ido y pareciera que a medida que mi cuerpo cae dentro de él, se hace de noche… y me he quedado aquí, sin dolor en el pecho, doy brazadas fuertes, pero me quedo inmerso en el medio del mar, casi sentado sobre la arena profunda de las aguas, observo mi alrededor y es un hoyo negro, tan negro, como el universo de noche. El mar no se mueve, no se siente frío, no hay peces, no hay rocas, no hay mar, sólo es agua, me siento tan pequeño en un lugar tan grande, y al cerrar los ojos, creyendo estar cerrados, siguen abiertos, los vuelvo a cerrar, pero la imagen de la mancha negra está presente todo el tiempo, los siento cerrados, pero la imagen sigue ahí, sin entender qué sucede, doy por hecho mi muerte bajo el mar, pero no es morir en el instante, no me siento muerto, es un limbo, es un estado del cuerpo que no sufre, que no siente, pero se cuestiona sin angustias, no acepto mi condición pero entiendo la circunstancia, no puedo hacer nada, la decisión es esperar, tampoco es de fe, no es esperanza, no espero un acontecimiento en medio de esta llanura oscura, es solo esperar, sin párpados para cerrar, sin recuerdos para distraerme en este escenario tedioso, el destino es estar viendo el mismo panorama a mi alrededor, y seguramente, he de llevar, si acaso, 15 minutos sumergido en este eterno mar, entiendo que esto será para toda la vida.











![E V E N A N G E L S [The Angel]](http://milinviernos.files.wordpress.com/2013/09/384716_523079214394833_33269539_n.jpg?w=519)




