Cigarrillos: Farewell Packets of Ten y el contrapunteo cubano de Fernando Ortiz
Los precios de los cigarrillos han subido tanto y ahora ya no se pueden comprar en paquetes pequeños, solo en paquetes de veinte. Este es el tema con el que empieza la conversación entre las damas que parecen ser una madre y una hija fumadoras en el filme corto del director irlandés Ken Wardrop. Las señoras se hacen preguntas y discuten sobre cuestiones de las que probablemente hemos discutido todos los que hemos sido fumadores. A las dos señoras les encantaría dejar de fumar pero no pueden. No conciben ir por el día sin fumarse un cigarrillo después del desayuno porque gracias a él organizan la cabeza.
¿quién, que alguna vez haya sido un fumador, no ha querido dejar de fumar? Mucho más ahora en un momento en que los fumadores se han convertido en el blanco de críticas y de programas de salubridad que parecen influir en todas las personas menos en los mismos fumadores. El consumo del tabaco o del cigarrillo se ha convertido en un mal de salud pública que ha funado a los fumadores y los ha enviado a los balcones y terrazas y los ha mandado lejos de las discotecas, las cafeterías y los restaurantes. Al tabaco se le ha culpado de ser el causante de millones de muertes. Esto no me interesa negarlo. Las cajetillas vienen ahora cubiertas con frases que estresan al fumador al punto de obligarlo a fumar. Leer Más…
Hunter S. Thompson sobre el desempleo
En una carta que lleva la fecha del 17 de enero de 1958, el joven Hunter S. Thompson escribe:
¡Al carajo con el desempleo! Creo que es una gran cosa. Me gusta dormir todo el día y no tener nada más que hacer sino leer, escribir y dormir cuando me siento cansado. Me gusta levantarme en la mañana y devolverme inmediatamente a la cama si el clima está feo. En resumen, creo que es una buena situación para un hombre estar desempleado: contando, por supuesto, que tenga la suficiente plata para comer y pagar la renta. Leer Más…
Cuando Neruda salvó a Ellison a través de Sturgeon
Los intrincados caminos de las lecturas y salvaciones no conocen límites; establecer el árbol de influencias de un escritor implica suponer a qué se hace referencia con eso de la «influencia»; si se la entiende como una radiación que pervive en escritos salidos de otros humanos o si es algo más profundo y poco susceptible a ser verbalizado salvo por las huellas que deja en el papel. En la presentación que Harlan Ellison hizo al cuento «Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se casara con tu hermana?» de Sturgeon aparecida en «Visiones peligrosas III», relata un episodio de su vida que acerca a la Ciencia Ficción a la literatura más tradicional pues hay un centro común: El amor, el abandono, la amistad y los ángeles, en definitiva, el lastre y la gracia de haber nacido. A este acto confesional se suma el influjo de Pablo Neruda y, más exactamente, su poema veinte, tan vilipendiado en los últimos años. Una vez más estamos frente a una prueba de lo débil que resulta establecer fronteras estéticas cuando de decepción humana se trata:
Ésta será la introducción más corta de este libro. ¿Porque de todos los escritores incluidos en esta antología el único que realmente no necesita introducción es Theodore Sturgeon? Bueno, así es, ciertamente. ¿Por qué nada de lo que nadie pueda decir es capaz de preparar al lector a lo que sigue, la primera historia de Sturgeon en más de tres años? Es un punto válido. ¿Por qué cada nueva historia de Sturgeon es una experiencia largamente esperada, sin parangón con ninguna otra, de modo que para qué molestarse en dorar el caviar? De acuerdo, aceptaré eso.
Pero ninguna de esas razones me sirve para explicar por qué soy incapaz de escribir una introducción tan suculenta como las otras que figuran en este libro. La verdadera razón es que Sturgeon salvó recientemente mi vida. De una forma literal. En febrero de 1966 cometí uno de esos increíbles fallos de la vida que desafían toda explicación o análisis. Me casé con una mujer…, una persona…, alguien cuya mente es completamente extraña a uno del mismo modo que puede serlo la mente de un marciano. La unión fue un desastre, una pesadilla de cuarenta y cinco días que me dejó más al borde del abismo de lo que nunca había estado. En el preciso momento en que pensaba con toda seguridad que ya no podría seguir sujetándome a…, a nada, recibí una carta de Ted Sturgeon. Formaba parte del intercambio de cartas que dieron como resultado el obtener esta historia para la antología, pero estaba dirigida enteramente a lo que me estaba ocurriendo a mí. Reunió de nuevo los muelles sueltos de mi vida. Era uno de esos ejemplos de honesta preocupación a los que (con suerte) uno puede aferrarse en un terrible momento de impotencia y desesperación. Demuestra la más obvia característica de la obra de Sturgeon…, el amor. (En una ocasión hablamos de eso. Resultó claro tanto para Sturgeon como para mí mismo que yo no conocía virtualmente nada acerca del amor y en cambio estaba totalmente familiarizado con el odio, mientras que Ted no conocía casi nada acerca del odio pero lo sabía completamente todo del amor en casi todas sus manifestaciones.) Me gustaría, con permiso de Ted, citar algunos fragmentos de aquella carta. Dicen infinitamente más acerca de su obra y de sus motivaciones que cualquier otra cosa que yo pretenda decir. A partir de ahora, pues, habla Sturgeon:
El propósito humano en una novela de Scott Westerfeld
Les presentamos un extracto de El imperio Elevado, una novela de Scott Westerfeld en la que las luchas entre civilizaciones se dan a escalas más pequeñas que la nanotecnología que hoy día conocemos. El escenario, un universo lleno de asentamientos humanos diseminados por distintos planetas, sirve para preguntarnos, una vez más, para qué vivimos:
La existencia era buena. Mucho mejor que el débil sueño de las sombras.
La realidad externa ya había sido visible en las sombras, dura y brillando prometedora, fría y compleja al tacto. Los objetos existían fuera de uno, sucedían cosas. Pero uno mismo era un sueño, un ser fantasmal compuesto solo de potencial. Deseo y pensamiento sin intensidad, meros conceptos, un plan antes de ser puesto en acción. Incluso la angustia por la propia no existencia era apagada, una sombra del dolor real.
Pero ahora la mente compuesta rix se estaba moviendo, extendiéndose a lo largo de la infraestructura de Legis XV como un gato desperezándose en su propia realidad a medida que evolucionaba de su forma de simple programa. Antes sólo había sido una semilla, un grano de diseño procesando una minúscula mota de conciencia, esperando para liberarse a lo largo de terreno fértil. Pero solo los sistemas de datos integrados de un planeta entero eran lo suficientemente exuberantes como para sostenerle, para igualar el hambre creciente a medida que aumentaba en tamaño.
La mente había sentido esta expansión antes; había experimentado la propagación millones de veces en simulaciones mientras se entrenaba infatigablemente para su despertar. Pero las experiencias en las sombras eran modelos, meras analogías de la vasta arquitectura en que se estaba convirtiendo la mente.
Pronto, la mente abarcaría toda la red de bases de datos y comunicaciones de este planeta, Legis XV. Había copiado sus semillas a todos y cada uno de los dispositivos que utilizaban datos, desde las inmensas estaciones de transmisiones del desierto ecuatorial a los teléfonos portátiles de dos mil millones de habitantes, desde las reservas de la Gran Biblioteca hasta los chips de las tarjetas de tránsito utilizadas para el metro. Sus brotes habían desmantelado los obstáculos situados por todo el sistema, obsceno software cuya intención era prevenir el advenimiento de inteligencia. En cuatro horas había dejado su marca en todas partes.
Y las semillas de propagación no era simples virus extendiendo su presencia por el planeta. Estaban diseñadas para conectar la cacofonía de la interacción humana en un solo ser, una meta-mente compuesta de conexiones: las redes de números de autollamada almacenados que definían amistades, alianzas y grupos financieros; los movimientos de veinte millones de trabajadores en hora punta en la capital; las fábulas interactivas con las que jugaban los niños, generando un millón de posibilidades de decisión cada hora: las compras almacenadas y registradas de generaciones de consumidores relacionadas con sus patrones de voto…
Del Acto Fiscal de la Marihuana a la prohibición en Colombia
El cannabis ha sido cultivado, consumido y utilizado como psicotrópico en rituales alrededor del planeta. Sus usos y beneficios son también popularmente conocidos y han sido documentados tanto en la medicina oriental como occidental. Sin embargo, el cannabis no logró sobrevivir la batalla legislativa del siglo XX y su uso, su posesión y su venta comenzaron a considerarse como ilegales en la mayor parte del mundo. El cannabis se convirtió en un enemigo público y obtuvo el lugar privilegiado de ser la puerta de entrada al consumo de otras sustancias más peligrosas. Pero, ¿Cómo ha sido este proceso? ¿Cómo pasó el cannabis de ser una hierba medicinal y un psicotrópica ritual a convertirse en una amenaza pública generalizada? ¿Cómo ha sido este proceso en Colombia?
Historia ligera del cannabis
El cannabis, originario de Asia central y del sur, ha sido utilizado por una multitud de sociedades y civilizaciones alrededor del planeta tierra. Existe evidencia del uso del cannabis que data incluso del tercer milenio antes de Cristo, según lo indican semillas carbonizadas encontradas en un antiguo cementerio en la actual Rumania. En 2003, una canasta de cuero llena de hojas y semillas se encontró junto a un chamán momificado de 2500 a 2800 años de antigüedad al noroeste de china. También existen evidencias de que en pueblos como los hindúes antiguos y los sijs Nihang de la India y Nepal se utilizaba la planta. Así mismo, el cannabis también fue utilizado por los asirios quienes conocían sus propiedades psicoactivas y lo utilizaban para ceremonias religiosas. Leer Más…















