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La guerra de Troya según Alejo Carpentier

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El célebre Alejo Carpentier,  también hizo una versión de la guerra de Troya. La narra en su relato «Semejante a la noche», a través de un soldado que se apresta a ir a la lucha. Este es el extracto preciso en el que surge otra historia con respecto a las causas de dicha refriega cantada por los fundadores de lo que ha terminado llamándose literatura occidental:

Un soldado viejo que iba a la guerra por oficio, sin más entusiasmo que el trasquilador de ovejas que camina hacia el establo, andaba contando ya, a quien quisiera escucharlo, que Elena de Esparta vivía muy gustosa en Troya, y que cuando se refocilaba en el lecho de Paris sus estertores de gozo encendían las mejillas de las vírgenes que moraban en el palacio de Príamo. Se decía que toda la historia del doloroso cautiverio de la hija de Leda, ofendida y humillada por los troyanos, era mera propaganda de guerra, alentada por Agamemnón, con el asentimiento de Menelao. En realidad, detrás de la empresa que se escudaba con tan elevados propósitos, había muchos negocios que en nada beneficiarían a los combatientes de poco más o menos. Se trataba sobre todo- afirmaba el viejo soldado- de vender más alfarería, más telas, más vasos con escenas de carreras de carros, y de abrirse nuevos caminos hacia las gentes asiáticas, amantes de trueques, acabándose de una vez con la competencia troyana. La nave, demasiado cargada de harina y de hombres, bogaba despacio. Contemplé largamente las casas de mi pueblo, a las que el sol daba de frente. Tenía ganas de llorar. Me quité el casco y oculté mis ojos tras de las crines enhiestas de la cimera que tanto trabajo me hubiera costado redondear- a semejanza de las cimeras magníficas de quienes podían encargar sus equipos de guerra a los artesanos de gran estilo, y que, por cierto, viajaban en la nave más velera y de mayor eslora.

Tomado de «Guerra del tiempo», P. 44-45, editorial Alianza.

NOS INVADEN LOS HUMANOS

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Compartimos  este cuento de Luis Cermeño por motivo del aniversario  de la emisión radial  de La Guerra de Los Mundos de Orson Welles, día (Oct. 30, 1938) en el que según cuenta la leyenda casi un millón de norteamericanos pensaron que los extraterrestres habían invadido la tierra.  Este es un cuento que  podía clasificarse dentro de un nuevo rango,  como «Ciencia Ficción de Comunicación Social».

NOS INVADEN LOS HUMANOS

Luis Cermeño 

Considerados como responsables de moldear las ideas de los individuos a pesar de ellos, de manipularlos, los medios actuarían como hipnóticos o engañarían con estereotipos que ellos mismos transmitirían.

ERIC MAIGRET – Sociología de la comunicación y los medios

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Sería su gran noche en la belle époque fm. Una emisora sucia y vulgar ubicada en el último radial del FM, imposible de hallar en las radios convencionales; por lo general la audiencia ávida de porquería que lograba sintonizarla lo hacía violentando sus dispositivos desechables (esto se lograba usualmente trazando alrededor de la perilla una pequeña ranura con una navaja). La belle époque no correspondía al tipo de cadena comercial que pautaba lánguidas horas de publirreportajes y electrodomésticos para el hogar. El sostenimiento de la misma era un misterio. Había quien aseguraba que su existencia obedecía al inconsciente exhausto de la suma de transmisiones nacionales, las cuales convergían en una afortunada frecuencia digna de ser dirigida a las estrellas como un mensaje claro de que los miedos de los hombres superaban en nobleza a sus deseos. No le faltaban razones a quien hacía estas afirmaciones, sólo bastaba con echar un vistazo al tipo de público fiel a la belle époque para comprobar que su naturaleza era extraterrestre: fenómenos disfuncionales, ebrios del mediodía, candidatos a intentos de suicidio subvalorados, escritores de ficción zombie, encumbrados ladrones de porciones de pizza. Toda esta gama de personas, conocidas como Des Foules, que ni siquiera eran dignas de ser tenidas en cuenta en las élites del submundo (gobernadas por hippies, beatniks, ravers y hipsters), seguían fervorosas las transmisiones de la grasienta emisora y adoptaban como credo el slogan: el puerto de los radios robados cruza el canal de destrucción hacia la belle époque.

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Devadasi: de la historia, la religión y la tradición al mercado sexual de niñas

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Las devadasi en el hinduismo son niñas que han sido seleccionadas para ser “dedicadas” al culto y al servicio de una deidad. Desde pequeñas estas niñas son escogidas para convertirse en esclavas de una deidad desde que alcanzan la pubertad y para el resto de sus vidas. Antes de la llegada del Imperio británico a la India las devadasi eran populares y gozaban de una estatus alto en el sistema de castas. Sin embargo esta práctica pasó de ser una tradición con la que algunas mujeres accedían a su propia independencia económica para convertirse en el símbolo moderno de la esclavitud y la explotación sexual de personas en nombre de la religión.

El documental Storyville: Sex, Death and the Gods de 2011 –dirigido por Beeban Kidron, la misma directora de Bridget Jones: The Edge of Reason– muestra esta transición y la manera en que esta tradición india es vivida ahora por mujeres en situación de pobreza extrema.

De mujeres ricas e independientes a ciudadanas fallidas del imperio y prostitutas

Existe evidencia de la existencia de las devadasi desde el siglo XI y en el siglo XVII ya está plenamente documentado que cientos de miles de ellas vivían y trabajaban en el sur de la India. En su época de mayor esplendor las devadasi eran símbolos del placer y personificaban el goce y los sacerdotes y los príncipes las tomaban como concubinas. La “dedicación” de las niñas toma lugar en una ceremonia llamada Pottukattu, similar a un matrimonio arreglado. Su “dedicación” es irreversible y constituye una marca indeleble.  Leer Más…

El hacker de Tawantinsuyo

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Tawantinsuyo  es el nombre en quechúa con el que se conoció lo que fuera el Imperio Inca, el mayor Imperio Pre-Colombino de América, el cual alcanzó a abarcar un extenso territorio del continente, entre lo que hoy se conoce como el sur de Colombia y el norte de Argentina. Este Imperio, cuyo centro se asentó en el Reino de Cusco, se caracterizó por su gran poderío militar y sobre todo su capacidad de administración, del centro a las regiones. Este control administrativo se desarrollaba a partir una tecnología que hoy se considera extinta a pesar de su central importancia para entender la cultura Inca: el Quipu.

La primera vez que supe sobre los Quipus fue por un famoso ensayo de Bruce Sterling llamado The Life and Death of Media, recogido en el libro Sound Unbound (The M.I.T Press) de Paul Miller. En este ensayo Sterling nos demostraba cómo el Quipu podía entenderse como un medio muerto y además, casi un precursor de nuestros ordenadores conectados a Internet:

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El Guerrero de la Basura: comunidades auto-sostenibles fuera del sistema

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Michael Reynolds es un arquitecto norteamericano que se dedica a construir casas auto-sostenibles. Aunque Reynolds no es el primero en construir casas que incluyen botellas de plástico o llantas, es de reconocer que gran parte del valor de su propuesta se basa en la utilización de materiales de desecho que resultan del entorno. De esta forma cuestiona la arquitectura como una profesión que ha fallado en hacerse cargo de sus propios materiales de desperdicio. Además, las casas que construye permiten a sus habitantes aprovechar el viento y la luz del sol para crear su propia energía. Sus habitantes también recogen el agua lluvia para su propio consumo y cultivan en invernaderos su propia comida.

Estas casas, llamadas «Earthships» o “naves-tierra”, han sido concebidas, diseñadas y construidas por el mismo Reynolds desde los años setenta y sirven ante todo para hacer a la gente independiente del sistema. Las personas que viven en las casas que conforman las comunidades auto-sostenibles, no necesitan electricidad o agua traída desde lejos por tuberías o comida comprada en los supermercados.

También, Reynolds y quienes lo acompañan, intentan construir estas casas con el ánimo de quitarle a la tierra la presión que le es puesta intentando suplir las comodidades que son consideradas absolutamente necesarias como la calefacción y el consumo de materiales de construcción contaminantes y no biodegradables.

Sin embargo, para poder mantenerse a flote con su proyecto de arquitectura auto-sostenible, Reynolds necesita hacer que su visión fuera de los límites del sistema entre en concordancia con la legislación del estado.

Rubber, la rueda asesina (película)

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De no ser por la explicación que coloca a la inverosimilitud como uno de los elementos constituyentes de las grandes historias de ficción y de la propia vida que entendemos como real, esta película de 2010 no dejaría margen para que la conviertan en el «cine de culto» que, en unos años, ocupará cientos de espacios en los blogs, diarios y cuantos medios existan. El desafortunado deseo de gustarle a los estetas y policías del buen gusto cinematográfico no logra empañar este trabajo donde una llanta hace estallar a los seres vivos que desea asesinar:

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Baudelaire, Pasteur y la sífilis

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El escritor uruguayo Felipe Polleri, nos relata esta escena donde los vagabundos de las calles parisinas nacidos con la modernidad no son, exclusivamente, seres humanos; los microbios, virus y demás entidades que no vemos, también forman parte de ese nuevo paisaje donde el llanto luminoso y la conjuntivitis pueden terminar discerniéndose:

El microbio de la sífilis, aunque Pasteur todavía no había descubierto los microbios y la luz eléctrica (y la ciudad se alumbraba con faroles de gas que le daban a Notre Dame ese aspecto misterioso y amenazador, con sus torres almenadas y sus gárgolas de hocicos bestiales, asquerosos) se paseaba con Baudelaire en un carruaje tirado por un caballo flaco y tembloroso, un caballo típicamente parisino, por las calles del París nocturno. El microbio de la sífilis también se paseaba con las rameras que, enseñando los pechos desnudos, iban de un farol a gas, ese otro gran invento de Pasteur, a otro en busca del primer cliente de la noche. El microbio de la sífilis, negro y filiforme, se paseaba de un cuerpo a otro, ya a la sombra de Notre Dame, ya en los rincones más oscuros de la Calle de la Sífilis, por la que Baudelaire esa noche estaba paseando, y paseando al microbio de la sífilis, en busca de una muchacha a la que había conocido en uno de los más lujos burdeles parisinos, el de Madame X, hasta que las manchas negras de la sífilis expulsaron a la muchacha a la Calle de la Sífilis.
Era una muchacha, de cabello castaño y ojos dorados, de unos 16 años, de rostro pequeño y delicado, pero dueña de un cuerpo extraordinariamente opulento y blanco como la leche. Baudelaire, finalmente, vio los enormes pechos al descubierto, todavía sin manchas, el vestido andrajoso, los pies descalzos, las manos sucias, la cara golpeada por un cliente brutal, los ojos dorados y húmedos, a causa del llanto (o, todavía Pasteur no había descubierto los microbios, al microbio de la conjuntivitis).

Tomado de «Gran ensayo sobre Baudelaire (una novela histórica)». P. 59 . HUM editor, 2007

Felisberto Hernández inventa una explicación

Hernández y su onda expansiva enrarece todo lo que le rodea. El llanto, las muñecas y el silencio toman unas sendas que, inevitablemente, desembocan en las comisuras de los labios, otorgándonos un salino sabor:

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Explicación falsa de mis cuentos

Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podrá tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento: sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.
Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.

Feria madre (decimosexta entrega)

Por Pedro Pablo Escobar

http://elviajedesimonides.blogspot.com/

En esta entrega Simónides será objeto de los juicios de los más poderosos miembros de la feria y ellos quieren quitarle las manos, los pies, el corazón, la lengua y las orejas. Acá puedes leer la entrega anterior

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CAPITULO XVI.

DE LA ACCIÓN Y REACCIÓN.

La desazón minaba el ambiente en el gran sínodo. El tiempo corría implacable hacia el límite de la duración de la feria, y el materializar la doctrina de una religión universal era humo apenas, y menos que humo si de armonizarla con el Artículo 77 se trataba. No había siquiera un principio unificado qué ofrecer. La unión esperada en cada templo entre las religiones derivadas de una madre común, en vez de armonía, acentuaba el sectarismo haciendo más improbable la unificación universal de credos. El Artículo 77 era una utopía, estaba más allá del esfuerzo humano, parecía una misión de dioses y para dioses. Esta desesperanza quizá fue una de las razones que llevó a los jerarcas a intuitivamente idear un enemigo común en la personalidad de Simónides, de alguna manera ello contribuiría a la unión aunque fuese irracional el método empleado. Ello o una hecatombe.  

Era costumbre que luego de finalizada la reunión del sínodo del día, por agotamiento del tiempo o por disposición del regente del evento o concilio como gustaban decirle a estas acaloradas reuniones, cuando era aconsejable hacerlo para evitar que desembocasen en reyertas, quedaban en deliberación los seis jerarcas de los templos, redactaban el texto con los acuerdos del día. Preparaban el temario para la siguiente sesión, y a veces intercambiaban impresiones sobre problemas encontrados en sus comunidades. Uno dijo:

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Etnografía de un viajero interdimensional XI

Uno Cinco Tres nos deja en suspenso con este relato que da cuenta de su encuentro con un ave proveniente de una dimensión con rasgos similares a la que creemos habitar:

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Águila lumínica nocturna.

Existe un águila, un ser alado, autosuficiente y capaz de generar la luz más intensa, jamás vista por mis ojos, una luz pura.

 En mi travesía por dimensiones, me encontré en un plano iluminado por la inmensa luna que orbitaba al planeta; una luna, visualizada desde el mundo, como carente de color y, con su aparición en forma de luna llena,  acudía un ser interdimensional que se posaba sobre los árboles y las montañas más altas y empinadas, un águila que desde sus ojos desprendía luz.

Decidí acercarme, con cautela, hacia el animal enorme. Se posó sobre un gran árbol que terminaba en la niebla y su silueta se reflejaba con notoria forma de ave. Intenso era el momento y, de pronto, abrió sus alas. Este gigante se abalanzó contra mí de forma agresiva y si no me agacho tal vez no habría historia que contar.

Tirado en el piso, después de sentir su fuerza pasar sobre mi homínido vehiculo,  con intención de no menos que herirme, recobré la conciencia de dónde estaba.. Un bosque oscuro, lleno de ruidos de animales, todos hostiles a la vibración que emite mi sistema de energía.

En los planetas solemos conectarnos los seres interdimensionales por medio de la energía, de las manifestaciones energéticas que causa, inclusive, un cruce de miradas. Al parecer los animales habían sufrido del abuso de otros seres, tal vez superiores y, por esto, la energía que emitía mi sistema era rechazada por los organismos del planeta. No solo existimos nosotros, también existen seres que se disfrazan, haciendo que a su alrededor se muevan sólo energías al alcance del ser, y que desencadenan un ataque pues no son naturales de estas dimensiones… la antimateria.

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