Coletillas: *Siga la programación de las charlas Hablemos de Cómic a través de: Revista LARVA y Parque Explora*El audio se encuentra alojado en archive.org bajo licencia de Dominio Público, pueden descargar el audio aquí.
Charla: Hablemos de cómic y periodismo
EDITA EL GATO DESCALZO estrena libro y book trailer: "Un muerto camina entre nosotros. Cuentos peruanos sobre ZOMBIES" (2014)
Primera antología sobre relatos de zombies editada en el Perú.
Ernesto ¿Uno qué hace?
Por Fernando Suárez-Obando
Cuando camino por la calle real y veo los bolardos, esas masitas de concreto adornados con un anillo de metal pintado de verde, siento una opresión incómoda en el pecho, tengo la sensación de caerme, resbalarme, irme de bruces, derrumbarme, escurrirme como un ser baboso y aterrizar sobre un bolardo y enterrarme el anillo de metal en el pecho. La sensación cesa cuando supero un bolardo, pero regresa con el que se aproxima, así que mi paseíto se vuelve problemático y muy diaforético. Preferiría que quitaran esas cosas y que el espacio público se viera invadido por renoletas rojas y tuviéramos que serpentear por el laberinto de carros en los andenes y así no tener que ver los bolardos y correr el riesgo de enterrarnos anillos en el tórax. Pero cuando me imagino a las renoletas solo veo camionetas rojas alineadas a lo largo de un andén infinito y eso también me incomoda porque avanzo y veo los bolardos y las renoletas y eso es muy incómodo y el paseíto ya se vuelve angustiante y toca ver si hay un taxi por ahí, irse y evitar esos pensamientos intrusivos.
Lo bueno es que la probabilidad de enterrarme un anillo de metal verde en la mitad del esternón es baja y ya no hay muchas renoletas como para hacer una fila infinita sobre el andén, el problema es que existiera un pensamiento intrusivo con mayor probabilidad de ocurrencia y entonces me tocara tomar una decisión, algo así como si yo fuera el Alcalde mayor y tuviera que decidir sí quitar los bolardos para evitar lesiones torácicas, es preferible al costo de permitir que las renoletas se subieran a los andenes. En últimas, como eso no va a pasar, pues me tranquilizo y al cabo de dos días de pensar en los bolardos y las renoletas se me olvida.
Eso le contaba a Ernesto que es psiquíatra, es mi amigo pero no es mi psiquiatra, es un amigo que simplemente estudio psiquiatría. Pero él no puede evitar ser psiquiatra cuando hablamos y cuando le cuento sobre esos pensamientos peregrinos pues hace un esfuerzo involuntario para ubicar mis quejas en algún eje diagnóstico. A veces me dice algo, a veces no me dice nada.
Nuevo número de Brumal, revista de investigación de lo fantástico
La revista Brumal de la Universidad Autónoma de Barcelona ha publicado su edición de primavera, la cual está centrada en la obra del escritor Richard Matheson.
“Al mediodía, es ya de noche en Brumal”. Con esas inquietantes palabras, que sirven de cierre al relato, la escritora Cristina Fernández Cubas sintetiza la dimensión fantástica del misterioso lugar en el que se ambienta “Los altillos de Brumal”: un espacio de dimensiones y límites imprecisos, un territorio liminal (no es extraño que con sus mismas letras se pueda componer la palabra “umbral”) que no aparece en los mapas pero forma parte de nuestro mundo. Un ámbito que subvierte nuestros códigos de realidad.
Esa es la concepción de lo fantástico sobre la que se construye la revista Brumal: la coexistencia siempre problemática de lo posible y lo imposible en un mundo semejante al real. Ello justifica que en las páginas de Brumal no tengan cabida algunas categoríascercanas, como la ciencia ficción, lo maravilloso o el fantasy, pues en ellas dicho conflictono se produce.
Brumal abre sus páginas a trabajos sobre lo fantástico en sus diversas manifestaciones artísticas (narrativa, teatro, cine, cómic, pintura, fotografía, videojuegos) en cualquier lengua o país a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Acá podrán encontrar todos los artículos del número
El Apocalipsis según Cioran
Este texto lo escribió un tierno Emil Cioran a los 22 años, y lo publicó junto a otra colección de escritos en un libro que tituló: «En las cimas de la desesperación». Comentaba que este libro fue una suerte de liberación, tanto de la filosofía como de la idea de suicidio, pues empezaba a percibir cabalmente la absoluta inanidad de todo.
APOCALIPSIS
¡Cuánto me gustaría que todas las personas ocupadas o investidas de una misión, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, seres superficiales o serios, alegres o tristes, abandonasen un buen día sus tareas, renunciando a todo deber u obligación y saliesen a pasear a la calle cesando toda actividad! Todos esos imbéciles que trabajan sin motivo o se complacen en su contribución al bien de la humanidad, ajetreándose —víctimas de la ilusión más funesta— para las generaciones futuras, se vengarían entonces de la mediocridad de una vida nula y estéril, de ese absurdo derroche de energía tan ajeno al progreso espiritual. ¡Cómo saborearía yo esos instantes en los que ya nadie se dejaría embaucar por un ideal ni seducir por ninguna de las satisfacciones que ofrece la vida, esos momentos en los que toda resignación sería ilusoria, en los que los límites de una vida normal estallarían definitivamente! Todos aquellos que sufren en silencio, sin atreverse a expresar su amargura mediante el mínimo suspiro, gritarían entonces formando un coro siniestro cuyos clamores horrendos harían temblar la Tierra entera. Leer Más…
Una corta catástrofe de Samuel Beckett
A todos nos habita una catástrofe que, en uno momento cualquiera, habrá de desatarse; eso es lo que tiene presente Harold Pinter quien, además de haber escrito piezas teatrales, fue un actor que se acercó constantemente a los trabajos de Samuel Beckett. A continuación les presentamos «Catastrophe» una obra corta del escritor irlandés en la que actuó Pinter cuando aún no sospechaba que alguna vez iba a recibir el premio Nobel de literatura:
Nikola Tesla, el hombre, por Hugo Gernsback
Dos de mis personalidades favoritas (de la ciencia y la ficción) se encuentran:
El notable inventor Nikola Tesla y el célebre editor de revistas de ciencia y ciencia ficción Hugo Gernsback… Gernsback solo observa con curiosidad a Tesla, como un animal de otro orden.
Amor transhumano (Sobre El maravilloso Mago de Oz)
Lyman Frank Baum, en el prólogo que hizo a su novela «El maravilloso Mago de Oz», en 1900, dijo que esta historia fue «aspira a ser un cuento de hadas modernizado, que conserva el prodigio y la alegría y abandona angustias y pesadillas». Pero como las angustias y las pesadillas rebalsan toda intencionalidad, la novela está llena de abandonos, llanto, desarraigo, fracasos, temores, decepciones y un deambular incesante trasuntado por las carencias.
Entre todas las exégesis que se han planteado a este libro, puede plantearse una lectura que relacione la diseminación de la paja con la que estaba lleno el espantapájaros con la historia bíblica de Onán, o contrastar ese episodio con la gran presunción sobre la que nos fundamentamos para entender a nuestra identidad como algo íntimamente ligado a nuestro cuerpo. El leñador de hojalata que busca volver a tener un corazón: es un transhumano con hambre de amor.
Este leñador alguna vez estuvo hecho de carne y hueso pero terminó siendo una prótesis de sí mismo (gracias a unos implantes hechos por un hojalatero y no a causa de algún hechizo que lo convirtiera en una pieza de hojalata). Los materiales sintéticos que constituyen a su cuerpo no son simples herramientas supletorias sino que lo convierten en una entidad que desea retornar al amor y, para ello, confía en que todo habrá de remediarse con el implante de un corazón. En consecuencia, el amor para el leñador es una emanación anatómica, perdiendo así su status metafísico.
Quizá lo humano no ha sido más que una ilusión que nos ha obnubilado para así desconocer que en cada uno de nosotros habita un mundo radicalmente autista y lejano:
Así, mientras caminaban por el bosque, el Leñador de Hojalata contó la siguiente historia:
– Yo era hijo de un leñador que talaba árboles en el bosque y vendía la madera para ganarse la vida. Cuando fui mayor, también me hice leñador y, cuando mi padre murió, cuidé de mi anciana madre mientras vivió. Después pensé que en vez de vivir solo podía casarme para no convertirme en un solitario.
Había una joven Munchkin tan bella, que pronto me enamoré de ella con todo mi corazón. Por su parte, prometió casarse conmigo tan pronto como ganara lo suficiente para construirle una casa mejor. De modo que me puse a trabajar como nunca. Pero la muchacha vivía con una anciana, que no quería que se casara con nadie, pues era tan perezosa, que deseaba que la joven permaneciera con ella y le hiciera la comida y las faenas caseras. Por eso fue la anciana a ver a la Bruja Malvada del Este y le prometió dos ovejas y una vaca, si evitaba el matrimonio. Acto seguido, la Bruja Malvada encantó mi hacha y, cuando un día cortaba yo con todas mis fuerzas, porque estaba ansioso por tener mi nueva casa y a mi mujer tan pronto como fuera posible, el hacha resbaló de repente y me cortó la pierna izquierda.














