El agente secreto de Cordwainer Smith
Una charla con el colombiano que más estuvo cerca del célebre escritor de la science fiction.

El agente Smith en su silla roja
En el Gabinete del Dr. Antonio Marín reposan sus memorias, antaño vertidas en letra de molde en la Editorial Moderna. Hogaño, se dispone a hablar con nosotros, que lo hemos buscado gracias a nuestra afición por inkaporn, rezago del legendario canal cholotube. como arqueólogos de esas páginas productoras de tristezas y delirios matrimoniales, estábamos ávidos de conocer a don Marín; muy en particular, tras hacer conexión con él, a partir de un compañero de grupos de doce pasos (para los que no lo sepan son los doce pasos de los alcohólicos que ya no beben alcohol, los narcóticos que ya no le pegan a la merca, y los ludópatas que ya no se juegan la vida en los dados).
-Señor Marín, cuéntenos, cómo fue que llegó a la profesión de catador de videos para adultos.
-Es una historia larga. Todo comenzó desde el momento en que decidí dar un rumbo a mi vida y dejar atrás mi dipsomanía. Para ello debo remitirme a esa historia de mis años mozos. Fue en una fiesta en Planadas, Tolima. Contaba con unos 13 años. Mi tío Benancio procedió a embutirme guarapo mezclado con guaro y con ese nuevo producto que estaba en boga en aquellos gloriosos cincuentas: el perico. Era mi primera vez con esos insumos, y debo decir que fue mi última. Me puse a bailar y, en virtud de la inhalación desaforada del polvo, en mitad de una rajaleña, empecé a convulsionar moviéndome como un robot. Este baile fue la sensación de la noche sin que nadie sospechara que mis neurotransmisores estaban haciéndose papilla; lo que llamaban movimientos zurumbáticos no eran más que la antelación del infierno al que pude haber accedido de no ser por el regaño de mi mami. Fue tal la impresión que dejó en mí la vergüenza de que los niños, menores que yo, obviamente, porque yo también era un niño, afirmaran que mi nariz parecía una dona llena de dulce de mora pues se mezclaba el polvo blanco con el relleno de la sangre que se vislumbraba en mis ñatas. Desde ahí ingresé a los grupos de doce pasos. Y fue don Andrades Acosta quien me introdujo al mundo de la inteligencia militar, por la cual muchos años después accedí a mi trabajo como catador de contenidos informáticos. Huelga decir que soy el único colombiano que tuvo una relativa amistad con Cordwainer Smith.
-¿Cordwainer Smith? El famoso escritor de la science fiction?
-En efecto. Aunque yo lo conocí como mi principal entrenador de las guerras sicológicas. Él fue de los que primero me enseñó videos porno hechos en la Unión Soviética; en cada lamida, en cada gesticulación, en cada gemido, estaba el fantasma de Vladimir Lenin y el comunismo que escribió Marx hace más de doscientos años: porque, aunque ustedes no lo crean, eso del fantasma no era una descripción ni una metáfora sino una orden: fabricar fantasmas comunistas para el futuro.
-¿Era tímido Cordwainer?
-Pues figúrese que no era muy activo sexualmente, salvo con los videos yugoslavos. Ese hombre parecía tajarse el pene a punta de pajas y, con el líquido que le salía, se peinaba las cejas. Era raro Corwainer y buen tipo.
-Nos imaginos que como su ficción.
-Realmente yo ni siquiera sabía que ese señor escribía más allá de los informes solicitados por la CIA. Después fue que me enteré que hacía historias con sus conocimientos sinológicos y desvaríos. Muy travieso don Smith, pero, la verdad, yo siempre lo vi como mi mentor en las labores del espionaje más invasivo y sutil de la época.
– ¿Cómo pasó de Planadas a la CIA?
-Ya les dije que por don Andrades Acosta que, para esa época, era un asiduo seguidor de don Gullermo León Valencia. Acosta llegó una tarde al grupo de doce pasos, diciendo que estaba que se tomaba hasta el agua del florero. Yo lo detuve y él se sorprendió por mi entereza de dicieocho años. No puedo negarles que, al comienzo, creí me quería seducir pero, luego de varios diálogos, me refirió que mi talento podría ayudar a las causas de mi patria. Mi abstinencia demostraba una gran voluntad y capacidad intelectual. Por tanto, fui alistado en labores de inteligencia en el Palacio de Nariño. Debía, al principio, detectar quiénes hacían uso de la droga de la sagacidad, como la llamaban en ese entonces, y debo decir que fue relativamente fácil escudriñar las ñatas de los oficiales. Con la insipiente aparición del perico, aún tan desconocido en el país, fui asignado a la división de batallas mentales de la CIA en Washington para el año 1964. El director era don John McCone, y él me contactó con don Cordwainer, que, huelga decir, al principio también dudé de si no tenía otras intenciones conmigo porque era hombre de gustos refinados y maneras fementidas. Tal vez muchas para el típico agente de la CIA.
-Bueno, pero cuéntennos ahora en detalle, en qué consistía su oficio.
-Por intermediación de don Cordwainer, y debido a una vacante, me remitieron al comité de seguimiento de costumbres sexuales comunistas y ahí me nutrí de todo el cine para adultos hechos en la cortina de hierro, China, y los países africanos que cayeron en las fauces del comunismo. Mi labor consistía en percibir cuáles eran las sensaciones de erección que tenía con cada una de las escenas. Ahí llegué a un terrible descubrimiento: introducían toda la ideología a manera en que las escenas iban poniéndose cada vez más candentes. No es una mera coincidencia que le digan a ese cine, cine rojo. Porque, les juro. que de no ser por mi célebre fortaleza mental yo hubiera terminado en el ejercito de los jemeres rojos. Es que a uno hasta le daban ganas. Para mí, el libro rojo de Mao es un Kamasutra. Y la pregunta de Lenin de qué hacer tiene una sola respuesta: la paja.
-Pero, entonces, señor Marín, ¿un pajero es un comunista en potencia?
-Es un catador. Mi vida más feliz ha sido gracias a eso. Y no me ha impedido tener esposa e hijos. Uno puede estar disfrutando plácidamente la vida hogareña en la sala, y se ausenta unos breves instantes, se interna al estudio, mira un videíto de alguna húngara caliente, se deslecha, y sale a la rutina diaria como después de un relajante baño termal. Todos observan el cambio de ánimo y todos se alegran porque el viejo esté más tranquilo y contento. El día del entierro de mi esposa, me sacudí el chimbilaco tres o cuatro veces durante el sepelio y parecía un monje zen. Todos se admiraron de mi entereza pese al dolor. La cabeza es la loca de la casa pero también es la que nos salva de los comunistas.
-Para hablar de un tema de actualidad, que está dando vueltas al mundo, y del que usted tiene una palabra autorizada: la reciente muerte de Kissinger.
-Ese tipo era un doble agente . Y es sencillo. Kiss viene de beso. Inger de Finger. Ese tipo era puro beso negro y dedo. Fue uno de los más grandes comunistas que hubo en la historia. ¿Saben por qué? Porque sus guerritas hicieron sentir moralmente superiores a los zurdos de mierda. Y eso era porque él hacía trampitas en el miomento de autosatisfacerse. No le bastaba con tocarse el pájaro sino que se estimulaba analmente y luego cataba el sabor de su cavidad dándose besos en la yema de los desos. Puro Kissinger. El comunista. Miren, les voy a decir otra cosa: El partido Republicano es comunista. Donald Trump va a ser el próximo Stalin. Sus novias han sido actrices porno y porque su mujer es una actriz nacida tras la cortina de hierro. Ojo con lo que les digo. La CIA tiene que hacer una purga. Eso se llenó de rojos y ¿saben por qué? Porque no todos estaban preparados para catar la cantidad de escena de adultos que yo sigo catando.
-¿Sigue viendo trabajos de esta especie?
-Sí. Y lamento decirles: todo el cine para adultos es comunista
-¿Por qué?
-Porque se ha llenado de estimulación anal y de negros y árabes. Y esa gente no tiene más que socialismo y pobreza para repartir. La más célebre espía, ustedes seguro han escuchado de ella, es esa dama oscura que conocen como Mia Khalifa; ella tiene ese apellido porque quiere instaurar un Kalifato universal. Islámico y Comunista son la misma cosa.
-Perdónennos ,pero creemos que, tal vez, usted está viendo cosas que no concuerdan con los hechos fácticos. Esa dualidad o división del mundo entre comunistas y capitalistas ya hace mucho quedó perimida.
-Veo en ustedes ya no dos pajeros sino dos guerrilleros que deben ser exterminados. Aunque no se preocupen, si no tienen capacidad de concentración, la paja para ustedes no significa catar sino matarse de a poquitos.
-Por favor, ahonde en esa diferencia. Entre hacerse la paja y catar
-Cuando usted cata, degusta de manera científica. Cuando usted se pajea, se disgusta de manera triste, sobre todo cuando acaba y la acción en el video ni siquiera ha empezado, en el video aún están hablando. Ustedes, los pajorros, se masturban con besos. Los catadores descubrimos ideologías con himeneos.
NUEVO MAPA DEL INFIERNO ARAUCANO: sobre CONSPIRADORES DEL ARAUCA

En la presentación del libro en Casa de Arauca en Bogotá
NUEVO MAPA DEL INFIERNO ARAUCANO
POR: Luis Cermeño.
La primera aproximación a la literatura del hombre llanero, en específico, el araucano, se podría decir sin temor a la verdad, proviene no de la escuela sino del rancho, la casa, o el hato, de manera acústica, a través del oído. Antes que aprender nombres de libros o autores, el araucano aprende canciones, y versos, y pasajes, y cantos de trabajo. Esta forma oral de transmisión de literatura adquirió toda su legitimidad cuando en el año 2016, la academia sueca le otorga el Nobel de Literatura a un cantautor popular como Bob Dylan[1].
Esta convergencia literaria-musical fue previamente observada por el poeta araucano Luis Caropresse en su ensayo: Música-Literatura en el Llano Oriental Colombiano[2]. Allí el autor, célebre en el mundo de la poesía, y autor del himno oficial del Guanía, suelta una sentencia que es ilustrativa de la situación narrativa en la región: “En síntesis, el joropo es la expresión musical y poética autóctona del mestizaje llanero.”[3] Inmediatamente, el autor se va lanza en ristre de las nuevas formas de escribir como la novela, el poema en verso libre, o los cuentos, a los que considera extranjerismos que obedecen a modas literarias.
Esta es una actitud que, a mi modo de ver, demuestra el conservadurismo de las posiciones culturales araucanas, hegemónicas, frente a las nuevas expresiones y formas de narrar el departamento. Esto puede también explicar la escasez de autores y libros en la región. Aparentemente no está bien visto, para el araucano tradicional, escribir algo que no pueda transformarse en una forma poética convencional como pueden ser la copla para ser cantada, o la décima y la glosa cuya finalidad sean la declamación. Por esta razón, es que el Parque de los Poetas en Arauca está lleno de cantautores y no existe ninguno que no se haya aventurado por los senderos del canto o la copla.
El libro CONSPIRADORES DEL ARAUCA es un registro valioso porque demuestra que sí existe una tradición de escritores que no solo compusieron canciones sino que se aventuraron en otras sendas literarias, o de investigación, que no necesariamente corresponden a una necesidad musical, sino también reflexiva, narrativa, crítica o imaginativa.
Desde 1896 se están escribiendo libros en Arauca, denunciando su abandono estatal, sus injusticias y su importancia geopolítica. Novelas costumbristas que resaltaron los valores de la gente y su talante, entre ellas la famosa Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, que enfatizan la riqueza de las costumbres y tradiciones, y que tan pertinentemente se prepondera en esta obra, manifiestan que la llanura puede ser una manera de experimentar la dignidad universal.
Un cuento de navidad
Sabio para las mañas, el viejo de las llanuras dijo que la relación con su hijo era casi un orgasmo.
Cuando los orgasmos ocurrieron, él no sabía que de ellos se tratara. Apenas comenzaba diciembre, en los juegos que precedían la conmemoración de la natividad, él jugaba a la pajita en boca: el viejo, por ese entonces joven, aunque ya barbudo y calvo, le pedía a sus varoncitos cuyas bocas mudaban de dientes que lo pajearan con la boca. Una vez el ahora viejo sabio evacuaba, tomaba del mentón al hijo hincado, lo miraba a los ojos y le decía: ¡Mis aguinaldos!
Ahora, que el viejo ya viejo es, ve a aquellos diciembres que nunca volverán: sus hijos ya tienen hijos.
Y los hijos de sus hijos lo rodean, mientras él, sentado en su silla mecedora, les cuenta historias de guajibos que resguardan el último resquicio de los antepasados.
Sutter. Por Jesús Morales Bermúdez

Por Andrés Beltrán
De cuando en cuando habitan el mundo personas en quienes se sintetiza el tiempo. Johannes Sutter, nieto de inmigrante renano, creció en el medio indiano sin conciencia de su personalidad diferente. Se movió con naturalidad en la lengua adoptada por sus padres, recorriéndola con suavidad en sus laberintos secretos, mostrándola versátil, tersa ante el ejercicio artesanal de su elaboración, esplendorosa como los diamantes que en vano buscara su padre a lo largo de sus múltiples deportaciones. De la boca de Sutter, fluían las palabras en el baño venusino de su expresividad, disfrute el suyo similar al de los dioses luego de su crear mundos, como si él mismo se acuclillara en el crepúsculo para contemplarlas. Era Sutter pez en el agua de lengua y dialectos de la región donde naciera, en las márgenes de un río caudaloso, célebre por las obras de ingeniería ferroviaria sobre sí y a los márgenes suyos, aparte de sus virtudes para la navegación y pesca. Difícil que en aquella región de rústicos y arcanos moradores emergieran personas de conocimientos refinados. Sutter aquilataba los entornos de su vida desde las versiones de la tradición, y más, desde los asombros propios, novedad y escándalo para sus congéneres, como si sabiendo de los confines estuviera más allá de los confines.
Luego de su educación primaria, a la cual vería como morada de suplicios por los métodos pedagógicos de la época, Sutter se vio de pronto cursando estudios en una abadía. Derroteros inciertos los de cada cual: había imaginado su futuro en tono propio a su región, dominando dos, tres y hasta más oficios y estudios secundarios, acaso técnicos, laboriosidad, vida modesta, nunca en su mente la vida religiosa. Mas he ahí, una tarde cualquiera, luego de haber jugado con los amigos, vagos como él, mientras caminaba de vuelta a casa se le acercó Lorenzana, prefecto de menores ese año, y le espetó sin miramientos la pregunta de ser cierto su interés por ingresar a la abadía. El pequeño Sutter, en su timidez no pudo imaginar aquella pregunta para sí sino propia para su hermano mayor, él si con inclinaciones hacia la vida religiosa, y sorprendido como se viera no pudo sino afirmar su voluntad de seguir la ruta propuesta por Lorenzana.
Sabiduría presoviética
El emperador Keruncjis de Los Montes Cárpatos sale a cagar aquella mañana, acompañado de su leal escudero Igor Molano.
En el forcejeo del acto, le pide a Molano una de sus habituales historias. Es así que Igor procede a relatarle:
«Una vez encontré a una moza, de pelo cenizo y ojos claros. Sus mejillas semejaban las manzanas de tierra fría y su panocha se recalcaba en su jean apretado. De sus nalgas nacía un primor que aún retumba en la soledad de mi cuarto.
La conocí en un programa de televisión donde entrevistaban a mayordomos jorobados. Ella fungía las veces de presentadora coquetona. Luego de la charla, donde la hice sonreír con anécdotas que para mí otrora fueron dolorosas, atisbé una oportunidad para mis conquistas tristes.
La invité a un par de copas y fuimos a mi aposento. Luego de varios intentos fallidos para alcanzar una erección, ella, ya rendida, mientras se acomodaba sus calzones, me dijo:
-Gracias por su sabiduría».
Viktor ni siquiera carcajeó.
Vio fijo a su sirviente, mientras se limpiaba el culo. Le dijo:
-Gracias por tu sabiduría
Diario del tour de Francia sin estar en Francia ni con los ganadores. Día 21
- El último del día: Adrien Petit
- Michael Mørkøv: el último de la clasificación general
Hoy muchos han recordado al llamado «farolillo rojo»; concluyen que ha gastado más de seis horas de diferencia en hacer el mismo recorrido que hizo el que ganó la prueba. El margen entre ambos, según advirtieron, es tan grande que, desde la década del cincuenta del siglo pasado, no se veía algo así. Por única vez, el último ha sido nombrado y Morkov ya se instala como los competidores que tienen un nombre. Fedorov, por el contrario, ni siquiera quedó penúltimo, aunque ocupa el tercer lugar en el podio invertido del tour, además de que, al ser el más joven de los tres, promete otras actuaciones semejantes, de no ser porque quizá le quepa un retiro o se acuerde que alguna vez fue campeón mundial en las categorías juveniles.
El tour terminó con la felicidad de todos. Hasta Pogacar sonrió a las cámaras y, en esa liviandad, se diluye el misterio y la tensión de las tres semanas anteriores. Ocurre como casi todo en la vida: al final nada era tan grave, todo queda en nada y mañana se irá a otro asunto.
Desde el lunes, se empezará a hablar del mundial de ciclismo que se corre en dos semanas. Vingegaard desaparecerá hasta que regrese a España, Pogacar será candidato a ganar en ese campeonato con sede en Glasgow y seguramente se plantearán nuevas rivalidades que harán lejana la que recién terminó.
Hay quienes afirman que el ciclista danés será el que domine el tour durante los próximos años. Quizá no; todos los días aparecen jovencitos que superan las perspectivas de rendimiento y lo que ocurrió en 2019 parece tan viejo como 1992. En esta aceleración, el persistente deseo por hallar un dominador -ahí está la tríada de la retórica ciclística: la épica, la guerra y el deseo por un emperador-. se hará constante y cambiará de nombre de competidor. Puede que estemos ante una época donde los ciclistas sean muchachitos que se hacen famosos muy jóvenes envejecen de forma prematura. Habrá un tour de la progeria.
Se acabó el tour. Terminó este diario. Espero que algún día pueda seguir a un solo ciclista, en directo, y que estos relatos estén en suspenso pues dependen de que quise se siga permanezca o no competencia.
A propósito: el último de hoy fue el francés Adrien Pettit, a cuarenta y un segundos de Jordie Meeus, el ganador.
Diario del tour de Francia sin estar en Francia ni con los ganadores. Día 20
- Jonas Rickaert: el último de la etapa
- Michael Mørkøv: el último de la clasificación general
Ayer, un hombre ya mayor, en sus vídeos de resumen y análisis de las etapas del tour, aseguraba que era muy tonto dedicarse a ver un deporte del que se descreía -aludiendo a quienes manifiestan sus sospechas por el rendimiento de determinados ciclistas-; su perspectiva se vale de la ingenuidad y esta es necesaria para los acaloramientos chauvinistas y las refriegas nacionalistas que desembocan en asuntos mucho menos ingenuos.
No es necesario no creer para ver un show; hay quienes pueden sentarse a ver el comportamiento de unos humanos que, gracias al uso de determinadas sustancias legales e ilegales, hacen algo considerado fuera de la lógica de los límites de un acto físico o aguardan a que se desate una trama policial sobre un asunto que mediáticamente es más condenado que muchas masacres: hacer trampa en un juego… ese mismo comentarista suele referirse a «extraterrestres», «animaladas» y a usar remoquetes en los que equipara a los ciclistas que él respeta con razas de perros (Mohoric es un Gran Danés y Evenepoel un pitbull): eso dice de su gran amor para con los canes… la incredulidad no significa incapacidad para apreciar el ciclismo o cualquier deporte; otorga otra mirada y lleva a comprender que esos espectáculos responden a variables que superan la simple noción de una competencia entre iguales, finalmente, son parte de la millonaria industria del entretenimiento.
Hoy, en la penúltima jornada, Pinot se despidió de la competencia organizada por su país con una fuga y llegada a la penúltima cima del día. No pudo ganar, pero se ha enfatizado ese adiós que, como casi todo el hálito de su carrera, tiene un dejo de nostalgia y de lágrimas. Pronto se le olvidará, como ocurre con todos y cada uno de nosotros. Vendrán otros franceses a cubrir ese puesto de mártir; hay candidatos como Lafay y Gaudu. Son parte de ese circo donde cada quien interpreta un papel pasajero o encarna un arquetipo.
El último de la etapa ha repetido ese lugar de forma consecutiva. Jonas Rickaert ha llegado a más de media hora del ganador del día -Pogacar, quien con su furia en la celebración emocionó a todos aquellos que creen en un final feliz y de redención para el esloveno que quedó segundo en la clasificación general, como si ganar algo fuera un respingo salvífico-, sin embargo, no será el último de la clasificación general. Morkov está a un día de ocupar ese último puesto y Fedorov pasará a ese largo listado de participantes que no están en ninguno de los extremos de la competencia, pareciéndose mucho más a nosotros y, por lo mismo, más inadvertido, sin ninguna «salvación» cifrada en una victoria o una derrota.
Mañana, quien llegue de último a la meta en París, restallará tanto que su imagen será la del «vailente que pudo terminar» y que «compitió consigo mismo», aunque todo no sea más que el cumplimiento de las extensas jornadas laborales que tocan a su fin y la ejecución de unos papeles que siempre aguardan a ser representados por un nuevo humano en cada verano francés.











