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Más allá del lenguaje: El amor y el Apocalipsis para Raúl Zurita

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

Robert Desnos 

 

 

zuritapoem

Ante la urgencia del amor, poseídos por ese Dios que nace en el estertor de moribundo, el artista es aquella persona que atraviesa el infierno y en el extremo de la crueldad llega al extremo de la delicadeza, fijo ante ella, como un troyano ante la absoluta hermosura de Helena.

<He estado en el infierno y he vuelto, y déjame decirte, fue maravilloso> Louise Bourgeois

Si el hombre no tuviera fecha de expiración, no amaría, por esta razón los Dioses no aman, sino traman conspiraciones entre razas extraterrestres.

‹‹Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal›› Borges

Raúl Zurita lee salmos, poemasescucha con picardía chicha a Leonard Cohen, para exponer la íntima relación entre Amor y Apocalipsis.

‹‹Mi corazón es el país más devastado›› Ungaretti

Tanto el infierno del dolor como el cielo del amor exceden las palabras: cierran un poema.

 

Navidad en Pléiades

Pléiades

Freixedo apuntaló la última sonrisa

Freixedo apuntaló la última sonrisa

Nuestro habitual colaborador para las fiestas decembrinas, nos ha enviado su más reciente iluminación, en la que el tema navideño se conjuga con la actual situación bélica interplanetaria que asola este lado del Multiverso. Disfruten pues este cuento navideño al mejor estilo Dickeano, por Dickens,  por los Dicks del pasado, de la actualidad y del futuro.

cantata navideña

NAVIDAD EN PLÉIADES

POR JULIÁN ANDRÉS MARSELLA MAHECHA 

Dedicado al Salvador que nos ayudó a defendernos de los Dioses.

Freixedo apuntaló la última sonrisa
los dioses marcianos
han dictado los últimos siglos
y las tornasoladas galaxias
guardan silencio para con su desbocado deseo de vivir
asesinando

He visto con vista fija en la fijeza
un brillo de natalicio en la espuma de las estrellas
a niños deseosos por revolcarse en los meandros del juego originario
meandros de meados meados
y la espumaraja de los orígenes
cagarrutas de cagados cagados
se convierte en la mitocondria por sobre la que cabalgan tantos deseos
fatuos

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Los hermosos ojos en un poema de Bukowski (cortometraje)

beautiful

A la hermosura la atacan por medio de incendios y descréditos; ante la grandeza de la humildad que humilla no queda otro remedio que el escepticismo y la mediocridad. En el cortometraje que a continuación les presentamos, hecho por Jonathan Hodgson e inspirado en un poema de Bukowski llamado «Man with beautiful eyes», la niñez es el único espacio en donde podemos asir, sin ningún resentimiento, a la belleza. Después quedan la sensatez y la vida adulta llena de medianía navideña:

 

Wolverine no se oxida (Héroes Decadentes – FVR)

Francesco Giuseppe Vitola Rognini

Héroes decadentes

Segunda parte: Superhéroes fuera de foco

El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.
Mark Twain

Wolverine no se oxida

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

 

Hago daño, nunca río, bebo demasiado, eso dicen los tontos. Las pastillas no surten ningún efecto en mí, no necesito afilar nunca mis navajas, empino la botella cada vez que tomo asiento y no me dejan de salir pelos en todo mi cuerpo, no importa cuantas veces al día me afeite. Cuando cierro los ojos regresan las imágenes de siempre, los experimentos en los que me inyectaron un metal indestructible sobre los huesos. Por eso prefiero no dormir, para hacerlo bien necesitaría mucho alcohol y tanto somnífero como para poner a roncar a tres osos grizzlis. Eso lo puedo hacer una vez por semana, no hay dinero para gastar en eso todos los días. Por esto busco peleas diariamente: para robarle la plata a otros, o para ver si alguien es capaz de ponerme a dormir.

Afuera de esta cabaña en las montañas de Canadá la nieve lo cubre todo, incluso los troncos de pino que corté con mis garras esta misma mañana. Es un lugar frío, sólo los animales salvajes se aventuran por estas latitudes, así que conseguir y transportar el whisky es trabajo extra, tanto que estoy pensando seriamente regresar a la gran ciudad.

Será difícil buscar equilibrio y paz en el gris y ladrillo que lo cubre todo, pero al menos robar es más fácil y las drogas son más fuertes. Por aquí poco se consigue. Aún me quedan un par de cajas de Jack y una caja de habanos. Los días demasiado cortos y las noches muy largas desearía sirvieran para dejar de pensar en esas pesadillas, en la muerte que nunca llegará para mí, y en la cantidad de tiempo que significa la eternidad.

Una parte de mi memoria está perdida, pero estoy seguro que la vida siempre ha sido una mierda.

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El síndrome del pedestal (entrega número 18)

Les presentamos un nuevo capítulo de “El síndrome del pedestal”, la novela escrita por Ernesto Zarza González, acá podrán leer la entrega anterior:

Píndaro

XVIII.

 

-Fantasmas que rondan por el Infierno de Dante-. Círculo octavo (Fraude). Aro II: Aduladores.

 

“No te dejes arrastrar más allá ni más arriba de tu esfera. Sencillamente, sé como eres”.

PÍNDARO.

 

Eduardo Ortega sentía que había caído en lo que se conoce como “síndrome del pedestal”. No es que se sintiera uno de los caballeros de la Edad Media que luchaban por los favores de una casta y pura doncella que estaba encerrada en  el último piso de una elevada torre, ni como uno de los mojigatos que sólo ven en las mujeres objeto de reverencia y no de amor, de comprensión, de pasión. Algo lo incordiaba, lo mantenía nervioso, descontento consigo mismo, lo tensionaba y lo sometía a un estrés que nunca antes había padecido. Eduardo Ortega se sentía así porque era una víctima más del “síndrome del pedestal”.

            No podía explicarse lo que le pasaba cuando veía a Natalia; se ponía tenso, nervioso, los colores a su cara afluían y sentía que iba a explotar, debido al flujo de sangre que en su rostro se agolpaba. Y, lo que era peor, él sabía que Natalia se percataba de esos humillantes cambios, de esas estúpidas señales de timidez y de inseguridad. Le parecía sentir la burlona risa de la chica cuando él se retiraba, los cuchicheos que hacía con sus amigas una vez él les había dado la espalda, los pensamientos de autosatisfacción y de ego insuflado que ella debía tener cada vez que se aparecía frente a ella un tipo que parecía un farol rojo y luminiscente. Pero, para mayor desconcierto, él no podía evitar ir, cada vez que llegaba a la sala de redacción, en dirección al lugar que ella ocupaba para saludarla, así se colocara colorado su rostro, así sus sienes se inflamaran y las venas descollaran entre la piel, así el calor que irradiaba su cuerpo lo hiciera sentir en el infierno de Dante, así la transpiración lo empapara sin poder aliviar la molesta sensación de quemazón que sentía y así las compañeras de sección de Natalia lo miraran burlonamente y los compañeros con un dejo de celos y de desprecio.

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Laura Ponce sobre el Tecnotriller y la Ciencia Ficción

Portada de PROXIMA 24 – PRIMAVERA por Abel Saidman

Portada de PROXIMA 24 – PRIMAVERA por Abel Saidman

En la editorial del nuevo número de la REVISTA PRÓXIMA, dedicado al género del Tecnotriller, Laura Ponce (su directora) se cuestiona sobre la ciencia ficción y el tecnotriller, y su complicada relación.

Esta revista se puede se puede comprar por Mercado Libre:
http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-536067680-ciencia-ficcion-revista-proxima-_JM 

O, si estás en Argentina:  puntos de venta.

Editorial:

En una charla que tuvimos en la Feria del Libro de Quito, el escritor ecuatoriano Leonardo Wild me decía que la ciencia ficción ya no existía, que había sido reemplazada por el tecnotriller.

Creo que lo decía en el sentido de que, del mismo modo que los dinosaurios no desaparecieron sino que les crecieron alas (seguramente Michael Crichton apreciaría la analogía), la ciencia ficción no ha desaparecido de las vidrieras o de las listas de los más vendidos, sino que se ha transformado.

Así como otros subgéneros o “formas” de la ciencia ficción tales como la space ópera, el ciberpunk o la new wave son producto y reflejo del momento histórico en el que se desarrollaron, nuestra época parece demandar estas tramas veloces, llenas de intriga y acción trepidante.

No es cierto que no se escriba ni publique ciencia ficción, mucho menos que no se venda: Por ejemplo, Neal Stephenson, autor de Criptonomicón, alcanzó nuevamente el nro.1 en la lista del New York Times con Reamde (Nova, 2012), sobre un virus inmerso en el mundo de los juegos de guerra online. Ah, cierto, eso no es ciencia ficción, es tecnotriller, y si escribe así, si “se vendió al sistema”, ya no hace CF de la buena… Un momento:Stephenson también escribió Interfaz, sobre un político al que le implantan un chip en el cerebro que le permite seguir todas las encuestas, una novela sobre política, neurociencia y tecnología de la información; y anuncian que el año que viene saleSieteevas, sobre los sobrevivientes de la humanidad en un futuro lejano y post-apocalíptico, una novela de intriga política y militar, donde se habla sobre evolución, ingeniería genética y lo que entendemos por civilización.

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La Santa, de Mado Martínez, recupera el género del gótico y lo fantástico para la literatura española

Nuestro acostumbrado colaborador Manuel García Pérez vuelve con una reseña, esta  sobre la novela La Santa, de Mado Martínez. A Manuel pueden seguirlo en su cuenta de twitter:  @ManuelGarciaOri

 

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Alicia, la hermana mayor de Isabel, se sentó en lo alto de la roca más alta. Las nubes estaban debajo de sus pies. Un águila cruzó el cielo con sus alas de silencio, graznando misterios. Aquel trono rocoso de las alturas, rodeado de precipicios, le susurró una historia del pasado entre los murmullos del viento. Miró alrededor. Si saltabas, morías. Si dabas un paso en falso morías. Si el viento te empujaba con una mala brizna morías. Decían los del concejo que una joven se había quedado embarazada de su maestro y que por no deshonrar a su familia, había decidido quitarse la vida saltando desde allí. Paralizada por el miedo y el vértigo que los riscos enfilados le produjeron, pero valiente en su propósito de seguir adelante, se vendó los ojos y se puso a bailar a tientas. Contaban que los vecinos la habían visto, sin saber quién era, allá a lo lejos, bailando así, a ciegas, con el viento, envenenada de culpa y vergüenza. La vieron dar pasos de baile, aquellos últimos pasos… Y también la vieron caer, en los brazos del viento, escenificando el último movimiento de su danza de la muerte. (pág. 102).

He leído La Santa, de Mado Martínez, galardonada con el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, publicada por Algaida. Hace poco que escribí sobre el ensayo de la misma autora, Neurociencia de la felicidad, donde se mezclaba el realismo y la certeza de importantes investigaciones médicas acerca de nuestras frustraciones existenciales con una razonable querencia por la praxis del optimismo en nuestra vida diaria.

  Lo que destaco de la novela de esta autora es esa mezcolanza efectiva entre la verdad de lo que percibimos y ese más allá que permanece al margen de nuestros sentidos, pero en el que necesitamos creer en ocasiones para justificar la proliferación de nuestros males. En La Santa se narran una serie de desapariciones que acontecen en un colegio para señoritas en Asturias.

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"Del suspiro en el alba hasta el abrazo en el ocaso", obra para flautadulcista y electrónica evolutiva.

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«Del suspiro en el alba hasta el abrazo en el ocaso», se estrenó el pasado 11 de diciembre en Matik-Matik (Bogotá). Como lo expresa su autor, Luis Fernando Sánchez Gooding, «en esta obra, la electrónica nace desde la captura de elementos del sonido de la flauta y a partir de ellos, una «pequeña sociedad» de individuos en el computador va evolucionando y transformando el sonido». Leonardo Peña Vega  estuvo en las flautas. Esperamos que disfruten de este trabajo:

Batman, apostador compulsivo (Héroes Decadentes – FVR)

Francesco Giuseppe Vitola Rognini

Héroes decadentes

Segunda parte: Superhéroes fuera de foco

Batman, apostador compulsivo

 

 

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

Ilustración Roberto Rodríguez “Hereje”

 

 

I

Batman perdió todo en una apuesta contra el Joker y se deprimió. Desde entonces Robin ha tenido que recorrer las calles solo, combatiendo el crimen, aprendiendo de las bromas de los hampones, homosexuales, putas y proxenetas. Una tarde Robin perdió los nervios por una apuesta estúpida. El elevador que debían usar no funcionaba. Estaban rescatando unas esclavas sexuales en un décimo piso. Era lanzarse planeando con la capa, bajar por las escaleras, o usar los cables del ascensor. Robin pensó que por fin vencería al viejo hombre-murciélago. Batman pensó que sería bueno ganarle de nuevo a “El Niño Maravilla”. El adolescente pasaba el día conectado a Internet viendo porno. Pesaba cincuenta kilos de carne, hueso vísceras y piel. Tenía el pulso tembloroso, y usualmente, manchas blancas sobre el traje. Era una vergüenza. Patrullaban y se pajeaba. Al llegar la noche el joven Robin adolía de energías para combatir el crimen. Tenía más estado físico el viejo Batman, que aunque no se quitaba el traje para ir al casino dos horas diarias, y al hipódromo tres, entrenaba cuatro sin capa o máscara. Seguía en forma, pero algo en su cabeza fallaba. “Bruce Wayne estaba en Siberia”, eso se rumoraba desde hace más de un año.

Ningún “Niño Maravilla” le ganaría a Batman, un tipo que disfrutaba de las bondades ofrecidas por las seguidoras, un grupo de siete lolitas. Siete mujeres en flor pedían polinización varias veces al día. Hasta la dieta había cambiado en pro de la eficiencia. Era la oportunidad perfecta para derrotar al adolescente sabelotodo. Necesitaba la cueva de vuelta, solo para él.

Robin amaba encontrarse a la Batichica, se había hecho miles de pajas viéndola bañarse, cambiarse, hablando por teléfono, peinándose, incluso alguna vez la pilló masturbándose. Su mecenas -antes héroe- llevaba una vida de placer y pocas responsabilidades. El niño-hombre pensaba en el caos que reinaba en la ciudad, y en los muchos hijos que quería tener con Batichica. Ella le alimentaba el morbo ronroneándole las fantasías eróticas que soñaba vivir con Batman.

Robin corrió al máximo con sus músculos juveniles, pero recordar una de esas lo hizo perder. Batman ganó y se acomodó las nueces. El joven héroe soñador puso en práctica todo lo aprendido:

¡Puto Batman, cabrón!, Era una maldita carrera al ascensor, y tu capa no me dejaba ver. Todo es tu bati-tú; ya va siendo hora de tener mis propias cosas. Hasta que no te parten el hocico no dejas de creerte el mejor. Vete a la bati-mierda y toma un batazo.

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El síndrome del pedestal (decimoséptima entrega)

Les presentamos un nuevo capítulo de “El síndrome del pedestal”, la novela escrita por Ernesto Zarza González, acá podrán leer la entrega anterior:

Charles Camile

XVII.

 

Suenan acordes de la “Danza macabra”, autoría de

Charles Camille Saint-Saëns.

 

“Tendrá que contentarse con aquellos pequeños éxitos que el recuerdo del pasado hace aún más amargos que derrotas”.

OSCAR WILDE, ‘El retrato de Dorian Grey’.

 

– Fue perfecto, muchachos –dijo Mateo a Enrique Salas y a Eduardo Ortega. La cerveza estaba a disposición y los cigarrillos veían morir en el fuego y en el humo sus pocas posibilidades de permanencia-, fue un golpe audaz, pero efectivo. Muy agradecido le estuvimos a toda la red de informantes que nos ayudó, entre ellos los taxistas amigos de “Bisoñé”, así como a los tombos que permitieron llevar a cabo el trabajo sin que ninguno de sus colegas nos jodiera la vida. “Bisoñé” siguió al pibe durante cuatro semanas; se aprendió su rutina diaria, memorizó la cara de sus conocidos, lo espió cuando iba a un telo con la novia, cuando se comía una pizza, cuando iba al baño a orinar, todo. Los policías a los que compré no permitieron que pasara ningún carro por la calle en la que queda la casa de los viejos del chico mientras hacíamos el laburo. Lucas hizo lo que tenía que hacer, aunque se pasó un poco de violento: ya dentro del auto de “Bisoñé”, cuando llevábamos al chico a la casa en la que lo guardamos, empezó a pegarle como un demonio; me tocó pararlo, porque de lo contrario lo mata. Ya le he dicho a Lucas que, cuando se va a trabajar, no debe llegar pasado, pero siempre lo hace. Tanta droga y alcohol le están quemando la cabeza. Claro está que con lo de los golpes estuve de acuerdo, pero no con la cantidad, ya que hay que amedrentar un poco al “cliente”; no se puede ser blando al hacer un trabajo como este, puesto que se corre el riesgo de terminar siendo amigo del secuestrado o, lo que es peor, dándole la creencia de que uno es débil y pusilánime.

            – No me digás que por eso es que torturan a los secuestrados –dijo, a modo de pregunta indirecta, Eduardo Ortega.

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