Representación purgada
Por Luis Antonio Bolaños De La Cruz
Viñeta de la periferia del Imperio Decadente, donde convoco excentricidad y exotismo para que campeen por doquier, eso sí con consecuencias no siempre pertinentes; he tratado de pescar la nitidez de Sheckley pero condimentada con el erotismo que nos entregara Silverberg en memorables paginas, eso si en el marco de un ensueño de la época de mi primera adultez.
Atravesamos zonas de guerra, peligrosas y repletas de vericuetos, logramos camuflarnos y escondernos de las flotas en contienda, hasta arribar a este planetoide con cierta gravedad y atmósfera donde podemos repostar e inclusive holgar el cuerpo. Alcanzamos a visualizar que un par de continentes acribillados de lagos y cubiertos de selva se conectaban por media docena de archipiélagos ocupando un hemisferio, había un océano extendiéndose por el resto; la memoria de nave señalaba que “los nativos Kas no son ni hospitalarios ni hostiles, pero se caracterizan por un acendrado espíritu de limpieza e higiene, lo cual desencadena no pocas bromas hacia sus costumbres”. Aleccionaba sobre: “Entre los reflejos que destellan en su proceso civilizatorio concreto, y que van agudizando su afinamiento para relacionarse con otras especies y aligerando su sutileza para tornarlo ecuménica se encuentran aquellos procedimientos higiénicos que van moldeando de manera paulatina las sensaciones corporales referidas a la sanidad para no confundirlas con la sexualidad”.
Los Kas (denominación popular abreviada) eran policromos sobre fondo celeste o gris perla, redondeados (los delgados clasificarían como obesos) con nódulos dérmicos desparramados al azar y emplumados (plumas cortitas y suaves en paquetes de 3, 5 y 7 unidades), media docena de bracitos y dos piernas formidables para sostener un triple sistema excretor, uno renal delantero que culmina en el botón eréctil y dos posteriores para evacuar sólidos y semisóĺidos con tres nalgas, dos laterales y una central (lo cual significa columna vertebral muy larga y fuerte) complicada de figurársela hasta que captamos la funcionalidad de su diseño abombado que deja libres los pliegues interglúteos mediante arcos descendentes y confluyentes con solo cuatro hoyuelos sacros; compatibles sexualmente con los terráqueos con bioquímica similar (por lo tanto no son venenosas una para la otra) continuan atesorando misterios pero aceptan mezclarse en los puertos espaciales para actividades comerciales y de otro tipo.
De Chuyuipe a Canoa (última entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el séptimo episodio.
Danni y sus amigos se estaban quedando sin ropa limpia y sin dinero. Toda la noche había llovido en el pueblo y la humedad se filtraba en la pequeña habitación del hotel. La noche transcurría lentamente y Danni no podía dormir y como estaba acostado junto a Doménica le susurró al oído:
-¿Estás dormida?
-No puedo dormir con este calor, ¿y tú?
-Tengo muchas cosas en la cabeza. No dejo de pensar en ti y en mí.
-¿Te preocupa todo lo que hemos hecho?
-No sé, no sé. Es una sensación extraña el sexo prematrimonial. Tengo tantas ganas de tenerte, pero luego tengo miedo y me entran muchas dudas. Lo peor de todo es el arrepentimiento. Mis padres no son una pareja ejemplar, ¿sabes? Todo el tiempo se la pasan peleando y discutiendo y parecería que ya no se aman y que se odian. No quiero que eso nos pase a nosotros.
Y Doménica se viró en la cama para abrazar a su afligido enamorado y le dijo con ternura:
-No te preocupes por eso, mi amor. Nosotros somos diferentes y nada de eso nos va a pasar. Ya quédate tranquilo, nosotros vamos a ser felices como mis padres, que llevan muchos años de casados, y no necesitan nada en el mundo aparte de ellos dos. Yo soy una mujer muy fiel como mi madre.
-Además me preocupa Joey. Hoy pasó un susto terrible. Rod lo amenazó con caerle a puñetes porque creía que se le había fumado su bate.
-¿Qué pasa con Joey? Déjalo en paz que se haga hombre. Además hoy estuvo todo el tiempo con nosotras sin despegársele a Nicole. Y Nicole, me parece que ya está harta de Canoa y se quiere regresar a Salinas. La vida vagabunda y nómada del surf no le llama mucho la atención.
-Bueno, por suerte, mañana es el último día. Surfeamos en la mañana y nos vamos. Es una maldita desgracia porque las olas están tremendamente poderosas.
-Sí, pero estamos completamente chiros. Sin un sucre partido por la mitad y vamos a pasar hambre. A Ingrid no le importa, por lo que veo, ella es como la sombra de Manuel Fernando. Esa sí que es una pareja de enamorados ejemplar. Y a propósito de Ingrid, ¡no para de preguntarme y de sonsacarme lo que hemos hecho en LOS APOSENTOS!
-¿Y le dijiste algo?
-¡No, qué estás loco!
-¡Por Dios no se te ocurra decirle nada porque todo el mundo se enteraría y se armaría un escándalo! Tendríamos que casarnos.
-Nadie se va a enterar de nada, papito. Todo eso es un secreto entre tú y yo.
De pronto en medio de la oscuridad de la noche se escuchó una queja:
-SSSSHHHH, por favor dejen de cuchichear, cállense y dejen dormir.
Aquella segunda noche en Canoa estuvo llena de humedad acompañada por el ruido que las gotas de agua hacían en el techo del hotel. Rayos y truenos estallaban en el negro firmamento y Danni comprendió que en el mundo existían fuerzas poderosas e inimaginables. Comprobó la existencia de Zeus el que nubes reúne.
Cuando amaneció la aurora de dedos de rosa se posicionó sobre el pueblo de Canoa con su máximo esplendor. La primera en despertarse fue Nicole que no sabía el momento en que los chicos regresaran a Salinas para quedarse metida en el baño una hora y sacarse toda la arena y el sudor pegajoso que la incordiaba.
Se moría de hambre y fue a despertar a Doménica para que se levantara rápido y la llevara a tomar desayuno como si ella fuera su madre y la culpable de todo aquel lioso viaje al fin del mundo.
Pronto las chicas se levantaron y se turnaron para meterse en el baño para lavarse los dientes, orinar y peinarse.
Pava Loca se levantó de buen humor aquella mañana y ya estaba impaciente por meterse al agua a remar y seguir cogiendo olas, el hijoputa era una máquina de surfear.
Cuando los chicos estuvieron listos empezaron a hacer la vaca para reunir todos lo sucres que les quedaban para pagar un buen desayuno. Con el importe del dinero se fueron al mismo saloncito junto al mar de mesas cubiertas de plástico para desayunar huevos duros con café puro.
Pava Loca fue el primero en llegar al punto de quiebre y de inmediato se percató de que la punta estaba repleta de pequeñas manta rayas. Sus rabos ponzoñosos eran un peligro para los deportistas y esto lo puso inquieto. Joey no sabía cómo remar entre tanta manta raya sin llegar a tocar una de las espinas venenosas que llevan en el rabo.
Las olas habían perdido poder, pero seguían siendo grandes y tubulares y Roberto sentía verdadero placer de irse en cada una de ellas y bajarlas con su estilo suave, carente de movimientos bruscos, un estilo soul, donde la elegancia de los movimientos era el lenguaje con que se transmitían las sensaciones que el observador captaba.
Cuando Danni se percató del congestionamiento de manta rayas en el agua, de inmediato le dijo a su hermano que se saliera del agua, pero éste le respondió que como hoy era el último día de surf no se lo quería perder por nada del mundo.
Afuera las chicas recibían la ayuda de Manuel Fernando para colocarles el parasol, para que les untara en las requemadas espaldas las porciones de Coopertone y para conversar un rato. Manuel Fernando se dio cuenta de inmediato que las olas habían perdido altura y a él no le gustaba correr olas sin fuerza. Había traído la radio de pilas y se deleitaba escuchando una y otra vez las canciones de Peter Frampton, Donna Summer, Kool & The Gang y sobre todo la canción RED BARCHETA del grupo RUSH.
Ingrid disfrutaba las pocas ocasiones en que su fiel y eterno enamorado se quedaba en la playa junto a ella. Y en estas raras ocasiones ella le leía interesantes artículos del Selecciones del Reader’s Digest, que tanto le gustaban a ella. Ingrid siempre llevaba unas dos o tres revistas a la playa para leer mientras cogía sol, aunque sólo podía leer cuando el tiempo estaba nublado porque el resplandor del sol le dañaba las retinas.
De pronto Manuel Fernando le dijo a Ingrid:
-¿Quieres ir a conocer las cuevas de LOS APOSENTOS?
-¡Bueno!- le dijo ella-.
Y Doménica se puso colorada y se sonrió. En aquellos momentos soñaba despierta con Danni y con la forma como la tocaba y se unía a ella. La pasión la atormentaba y quería que Danni de verdad hiciera algo para que ella vuelva a sentir que las entrañas se le escapaban del cuerpo. Pero por otro lado tenía miedo de que alguien los viera. Aunque era imposible que la pequeña y aburrida Nicole los siguiera y los atisbara. Pero sería vergonzoso ser sorprendidos por otros turistas que también iban a aquella playa a tocarse y besarse.
Manuel Fernando e Ingrid se deleitaron con el paisaje al subir por el estrecho sendero selvático a la pequeña loma para llegar a LOS APOSENTOS y ver desde ahí la magnificencia soleada y apabullante del mar.
Cuando llegaron se quedaron verdaderamente impresionados de la altura de aquellas cuevas y pronto se fueron adentrando por los túneles hasta llegar a unas dunas de arena donde se sentaron. Entonces Manuel Fernando le dijo a su enamorada:
-¡Bueno, aquí es donde comienza lo bueno!
-¡Estás loco, qué me quieres decir!- le dijo asustada Ingrid-. Será mejor que regresemos, ¿no hay peligro de que suba la marea y nos quedemos atrapados?
-Espérate un momento bomboncito, que quiero darte un besito-le dijo Manuel Fernando-.
-No seas loco, alguien puede venir. Ya déjate de esas cosas que para eso tenemos el cuarto de mi casa, ¿no?
Y Manuel Fernando creyó escuchar algo, unos pasos, que no eran en realidad nada más que el ruido, el eco de las olas al golpear contra las rocas y se le quitaron todas las ganas de hacer cariñitos a su enamorada. Así que pronto se encaminaron para la salida sin dejar de admirar las formaciones rocosas, que con la fuerza del viento y del agua de mar habían formado aquellas cavernas.
Mientras tanto Roberto, Danni, Joey y Pava Loca habían llegado a la conclusión de que el surf en Canoa había llegado a su fin. Las olas eran cada vez más débiles y el agua estaba infestada de manta rayas, así que decidieron marcharse a Salinas.
Cuando salieron a la orilla se percataron que las chicas habían iniciado una fogata con papeles de periódico, maderas sueltas y basura combustible. Allí estaban sentadas alrededor de aquella fogata, tratando de protegerse del viento helado y de la brisa que venía del mar. Después de un rato llegaron Manuel Fernando e Ingrid y se unieron al grupo. El cielo estaba completamente nublado, el día era gris y amenazaba con lluvia. Nicole estaba desesperada por regresar a Salinas y Doménica se ponía nerviosa por sus silencios prolongados y por su cara de malestar. De pronto Manuel Fernando dijo:
-¡Bueno ha llegado el momento de regresar a Salinas!, así que nos vamos.
-YUUUpiii-dijo Nicole-.
-Sí, estuvo chévere la corrida en Canoa-dijo Danni-.
-Adiós, adiós, Canoa, playa salvaje e increíble-dijo Joey-.
-Nunca en mi vida he corrido olas tan largas-dijo Roberto-.
-¿Cuándo organizaremos otro viaje para acá?-preguntó Pava Loca-.
-Cuando tengamos dinero- respondió rápido Danni-. Ya sabemos que para venir acá hay que traer dinero.
Entonces Danni le empezó a hablar a Doménica sobre el buceo y le preguntó si ella quería acompañarlo a una excursión subamarina en los restos de un gran barco de carga que se hallaba sumergido en la playa sur de Chuyuipe, y Doménica lo pensó un rato, pero estaba tan enamorada de Danni que no le podía negar nada y le contestó que sí.
Y ella le dijo que sí porque lo amaba.
Y pronto todos recogieron sus tablas, sus toallas y se dirigieron al hotel de PALMECHE para embarcar sus cosas en la Station Wagon y regresar a Salinas.
FIN
Primavera en la revista Brumal: el fantástico y los videojuegos
“Al mediodía, es ya de noche en Brumal”. Con esas inquietantes palabras, que sirven de cierre al relato, la escritora Cristina Fernández Cubas sintetiza la dimensión fantástica del misterioso lugar en el que se ambienta “Los altillos de Brumal”: un espacio de dimensiones y límites imprecisos, un territorio liminal (no es extraño que con sus mismas letras se pueda componer la palabra “umbral”) que no aparece en los mapas pero forma parte de nuestro mundo. Un ámbito que subvierte nuestros códigos de realidad.
Esa es la concepción de lo fantástico sobre la que se construye la revista Brumal: la coexistencia siempre problemática de lo posible y lo imposible en un mundo semejante al real. Ello justifica que en las páginas de Brumal no tengan cabida algunas categorías cercanas, como la ciencia ficción, lo maravilloso o el fantasy, pues en ellas dicho conflictono se produce.
Brumal abre sus páginas a trabajos sobre lo fantástico en sus diversas manifestaciones artísticas (narrativa, teatro, cine, cómic, pintura, fotografía, videojuegos) en cualquier lengua o país a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI.
Acá podrán encontrar el índice y descargar los artículos del presente número (Vol 3, Num 1 de 2015)
El día que me enamoré de un escritor de sci fi
Yo no sé por qué estoy angustiado si ya sé que voy a perder. Hoy tienes tu charla y yo iré disfrazado como el mago de los magos, por primera vez en mi vida pude ser lo que siempre quise: Harry Potter. Mis anteojos contra el estrabismo no pueden ocultar mis ojos llenos de resaca. Han sido cinco días de alcohol y anfetas al máximo, y hasta mi memoria está pasando su cuenta de cobro. Hay momentos en que me da miedo verte, de hecho creo que me enamoré del temor y del temor a la ansiedad hay un leve suspiro que se signa con lo que siempre he hecho: masturbarme. Masturbarme mucho. Mucho me masturbo. No sé de dónde, me salen tantas ganas de masturbarme, a todo momento, en cada lugar. La masturbación es como Dios, puede estar debajo de una piedra.
He visto que hablas de la poesía de un pretendido poeta homosexual. ¿Serás tú mismo un marica que escribe de maricas? ¿Los encularás o te colocarás como la esfinge egipcia esperando que alguien te monte y te diga en la oreja que eres una perra? ¿Cómo será tu hogar? ¿Tendrás esposa o esposo? ¿Cuáles son tus gestos de orgasmo? Te veo hablar, mover tus labios carnosos y los supongo jugueteando con mis orificios, nasales, auditivos, y por supuesto, en el ano.
Debo confesarte que yo no sé mucho de ciencia ficción. Más allá de algunas series que vi en mi infancia. Me parece un género para retardados mentales, y a ti te considero un retardado, pero bien sabes que no hay vergas más potentes que las de los mongólicos, y por eso me apeteces. Te noto acalorado, tus cachetes colorados denotan tu timidez, vamos que las travesuras pueden comenzar después.
No soporto verte allá parado y fugitivo de mí, la punta de mi pene se ha humedecido mucho y tengo que ir al baño a masturbarme porque la masturbación es como Dios y hasta en los inodoros puedo imaginarte. No sé qué tantas estupideces hablas y porqué no te detienes en mi cosplay de Harry, ¿es que no te parece sexy? ¿ o es que no soy lo suficiente steampunk para ti, marica?
El otro año vendré como una monja, puta, me prosternaré y te oraré y cada pelo de tu ano significará un padre nuestro, en suma tu culo será mi rosario. Pero esto debe sonarte muy poco ciencia ficción, pues sí, no sé nada de esos viajes espaciales pero sé lo que es el amor y yo te amo.
Narciso en el Huevo 103. Por Luis Bolaños
Por Luis Bolaños
Somos el Huevo 103, le decimos así porque somos un conjunto de unidades autocontenidas (varios centenares esparcidos en la frontera de la Nube de Hills con el disco exterior de Öpik-Oort), nutridas con multitud de sensores especializados destinados a potenciar la adquisición de información sobre posibles enemigos y que proporcione nuevos conocimientos sobre cómo los sistemas automáticos de retención de estados, distribuidos por decenas de miles se degeneran o son saboteados y de colofón establecer las matrices de ejecución de los movimientos de posibles incursores que lleguen en ángulo o perpendiculares al plano de la eclíptica para pronosticar zonas de ataques.
Hace ya largo lapso nos ocupamos de tal tarea en beneficio de la humanidad, aunque nos sentimos aislados, siempre es mucho mayor la cantidad de bits salientes que entrantes y buena parte de los mismos son inservibles o ilegibles, lo cual preocupa; la yema central está conformada por la zona habitable con recursos que siempre nos conversa y nos conserva, la clara por las zonas relativamente habitable y por lo general sin recursos permanentes, donde la cháchara del comunicador central no llega y parte de la cual son zonas de yema abandonada porque nuestro número se reduce, y luego la cáscara -de la cual ninguno(a) posee referencias directas- nuestro revestimiento aislante.
No existen espejos y las superficies reflectantes son cóncavas o convexas o sufren efectos deformantes, todos y todas usamos máscaras de peliskin: un pellejo laminar de varias capas que crecen desiguales y combinadas, de tal manera que cuando aplicamos una rociada con los tubos propulsores de gel se superpone y crece sobre las que ya presentes; nunca nos despojamos de ellas ni siquiera en las orgías bisemanales en que gozaparticipamos dando y recibiendo, lo gracioso es que con frecuencia el mete-saca estimula el desprendimiento de pizquitas aromáticas y fragmentos fragantes que solemos devorar y que nos mantienen en comunión constante.
Versiones diferentes se intercambian entre los Huevos sobre el origen de las tripulaciones, la condensada alude a un experimento cuyas raíces no logramos dilucidar pero que apunten a crear fraternidades longevas y consistentes, lubricadas con cariño y coitos grupales, consagradas a verificar cadenas de cifras para cotejarlas en multimatrices y extraer constataciones de movimientos emergentes y/o extracciones o pérdidas de memoria.
Una preocupación ronda, no obstante, las mentes de la colmena, la mengua que erosiona la población, que con relativa frecuencia alguien se inquiete y quiera arrancarse la máscara en público y haya que dominarlo y quebrarlo, o menos usual quiera salir del cubículo con el rostro al descubierto, aunque los sinonimisensores no le conceden la apertura de la puerta, lo cual en algunos casos conduce al suicidio, pero como la limpieza de las módulos e inclusión de los nutrientes del cuerpo desechado en los jardines hidropónicos, en las cubas de proteínas o en las sembrados corresponde a los biots no nos enteramos.
En cuanto a mi, en un momento determinado sentipense al Huevo 103 como una enorme trampa. Cegante. Desesperante. En lo hondo del pecho sentía que raíces férreas corroían con enervante persistencia mis reservas de seguridad. ¡¡¡Escapa!!! me gritaba mi mente, huye de este antro comunal clamaban las neuronas. Hay que evadirse, entre más rápido mejor, aunque lo que encontremos sea peor. Entre las varias elecciones: suicidio en solitario en mi cubículo, fallecimiento por golpiza en los pasillos a salas comunales o inmersión profunda en los territorios cuántico-onìricos de la clara, escogí la tercera.
Rebase los dinteles marcados y en seguida caí en un vórtice veloz y giratorio. Extraños insectos metálicos surcaban raudos el espacio rubricando su velocidad con cataratas de blandas cachetadas. Por doquier mi mirada sólo tropezaba con el tupido muro del horror visual y la muralla pegajosa de la incomprensión, las figuras eran confusas e inidentificables. La hierba mustia y apagada con sus retorcidos tallos engullía la voz perdida del ordenador central en los ratos que mis redes neuronales se liberaban del dolor. Perdida estaba y no la encontraría, serìa mi snetipensar quien me guiarìa y mejor que cnfiara en èl, ya que na habrìa otra opción a practicar. La tierra hervía, pero no burbujeante de mensajes vitales como antaño (cuando aún no escapaba) sino en glóbulos ásperos y sucios, con la espuma estéril de lo infecundo cubriéndolos.
Lo peor eran las hordas de bestias que tropezaba en mi vagar, siempre creì que no haba moradores en la clara, allí proliferaban los desertores, a los científicos e intelectuales los reconocía por sus diferentes y horrendas facciones camaleónicas, a los imbéciles de mantenimiento las babeantes estereotipias que calcaban de su monotonía laboral los traicionaban, pero lo que mayor repugnancia provocaba era la máscara insensible de los directores de sección. Los contemplaba como si su vacío existencial se desbordara y me deslizaba entre sus espantosas siluetas con la esperanza de que continuaran ignorándome.
Túneles rellenos de olores nauseabundos y ruidos desagradables me acosaban; a veces los techos se diluían en nubes pardofétidas mientras caminaba entre dos altos murallones astrosos carcomidos por los dientes crueles del tiempo como limitantes laterales. Siempre cansado y abatido colocaba mis pies uno delante del otro tanteando a través del temor la ruta hacia la probable desesperación, quizás la única salida del cul de sac en que me movía. El tacón de mis zapatos dejaba sus huellas en un vacío complaciente que amoldaba su velocidad relativa a la de mis pasos.
De Chuyuipe a Canoa (octava entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el séptimo episodio.
Cuando terminó de llover y las chicas se hubieran aburrido de jugar y jugar cartas interminablemente, de jugar al acusado y al teléfono, los chicos decidieron regresar al hotel PALMECHE, y se despidieron de los cuatro amigos que estaban ya acurrucados en sus fundas de dormir, que también utilizaban como forros para las tablas.
Aquella noche en Canoa el clima era incomprensible. La noche lucía despejada, estrellada, y al momento del cielo se desprendía un aguacero, que ya casi parecía una tormenta eléctrica, y luego,, nuevamente volvía a escampar, pero ahora, la noche en aquel punto de la costa y fin del mundo, lucía nublada, fría y el ambiente estaba lleno de humedad.
La única calle principal estaba casi intransitable por el lodo provocado por la lluvia y cuando llegaron al hotel PALMECHE, tuvieron que sacarse los zapatos y llevarlos en la mano al cuarto.
Cuando entraron al cuarto todo estaba oscuro y tuvieron que encender la luz. Al ver que Pava Loca y Roberto estaban dormidos en sus respectivas fundas de dormir, dejaron para mañana la noticia de que habían llegado a Canoa Chechi, Jaime, Rod y Gustavo.
Esta vez Danni se acomodó en una litera junto a Doménica y Manuel Fernando se acomodó en la otra con Ingrid. Joey se metió en su funda de dormir y Nicole se fue a la cama de una de las literas.
Las noches en Canoa son silenciosas, muy silenciosas. La humedad hacía transpirar los cuerpos y Joey no podía dormir porque el vino le hacía hervir la sangre. De pronto se destapó, se levantó, cogió la radio de pilas con el cassette de Peter Frampton y se fue a la cama. Ahí la encendió para escuchar la música con volumen bajito y después de escuchar algunas canciones se quedó sumergido en el negro abismo del sueño.
Carta a un novelista raro
Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.
Señor mío: es usted un trapacero, un soberbio como todos los que presumen modestia. Sus temas excéntricos no son más que un escapismo a su vida de mierda y a la sociedad de mierda que le tocó vivir. Hace gestos neoborgianos y busca serle gracioso, como cualquier truhán, a los académicos del país de Borges.
¿No se da cuenta, bellaco, que usted debió dedicarse a conducir un autobús de servicio público y a escribir florilegios que gustaran a las señoras? Así tendría más dignidad y mucha más altura en el arte poético.
He leído, con detenimiento, sus ensayos llenos de entelequias y erudición propias de los que se apoltronan en los congresos de profesores de literatura; el reconocimiento que se le hace es una nueva legitimación de la academia, como si esta tuviera algo creativo que expresar. Y usted es el peor ejemplo de ella: sus respingos de hombre de cultura cosmopolita solo pueden enternecer a quien advierte que, tras su figura, hay un cúmulo de desgracias que usted ha tapado, no por dignidad sino por infamia pues usted teme a la humildad.
De Chiyuipe a Canoa (séptima entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el sexto episodio.
Finalmente llegó la hora de marcharse de la fiesta de Elizabeth, Roberto la trató de convencer de que se una al viaje. Ella le había dicho que sí, pero Roberto dudaba de que ella en realidad iría.
Pava Loca le había dicho a Lorena que se venga a Canoa con ellos, pero ella decía que para ir a Canoa, ella prefería un viaje más corto a Montañita. Y asunto concluido. Todos se fueron a sus casas. La fiesta había acabado. Doménica, nuevamente fue a dejar a Ballenita a los hermanos Russo, y quedaron en encontrarse a las cinco de la mañana para salir a Canoa.
Aquella noche, cuando los hermanos Russo llegaron a su casa en Ballenita, estaban excitados con la perspectiva del viaje y no tenían sueño.
Ni bien entraron en la casa, se fueron directamente al patio con la radio de pilas tronando a todo volumen una canción de Led Zeppelin, y encendieron en el centro de la duna, sobre los restos de anteriores fogatas, una gigantesco fuego, que los alumbre el máximo tiempo posible y que aleje los mosquitos. Luego cuando la fogata se extinguió, subieron a sus cuartos para acostarse y dejar fluir en la oscuridad de la noche sus pensamientos de manera ininterrumpida.
Tal vez aquella noche sería una de esas en que los dos hermanos se la pasaban toda la madrugada conversando sobre surf, chicas, fiestas, modas, playas desconocidas y sobre los misterios de la vida, como por ejemplo sobre la vida del filósofo griego Anaximandro, alumno de Tales, diestro cartógrafo que era el creador de magníficos mapas náuticos, inventor del reloj solar, y que había predicho un terremoto en Esparta, salvando la vida de sus habitantes y también hijo de Mileto.
Veinte años más joven que el maestro Tales, afirmaba que el origen de la vida no se hallaba en el agua porque de ser así, la primacía de este elemento hubiera sofocado la existencia de los demás como el fuego, la Tierra y el aire. Anaximandro afirmaba que el origen de la vida era el Super-elemento llamado ápeiron que funcionaba como una especie de árbitro y que ponía en su lugar al elemento que cruzaba sus límites con respecto a los demás.
De los muchos libros que escribió sólo quedó para la posteridad este fragmento:
El principio de los seres es el infinito…de donde viene la vida de los seres y donde se cumple también su destrucción, según la necesidad, porque todos pagan, el uno al otro, la pena y la expiación de la injusticia, según el orden del tiempo.
Hermes le explica a Zeus su agonía de dioses
«El hostal de los dioses amables» es una novela escrita por Gonzalo Torrente Ballester donde los dioses helénicos terminan arrinconados a causa de las creencias que trasmutan en los humanos. En su lucha por sobrevivir, se ven abocados a enfrentar una serie de circunstancias que los acerca a la condición humana. Con la nostalgia por lo trágico, el desdén a las multitudinarias y pretenciosas ciudades contemporáneas y la conciencia de una derrota de la que no habrá ninguna salutación divina, esta novela se inserta en una tradición que no puede ser reducida a la literatura canónica establecida con premios (como el Cervantes, el cual se le adjudicó al autor de esta novela). A continuación les presentamos un extracto en el que Hermes le explica a su papá Zeus el ocaso que los empapa y hace desaparecer a muchos de sus casi eternos compañeros en el parnaso. Bien lo dijo Luis Carlos Campos: El universo es un juego de amor.
Le preguntó al zascandil mensajero, una tarde lluvia, que cómo andaba de ninfas determinado valle umbroso, antes muy abundante en ellas, como que Zeus solía considerarlo comosu gineceo privado en épocas en que otras aventuras de más singularidad y relumbre no se ponían a tiro, y Hermes le respondió que vacío de ellas, como quien dice desierto. Le interrogó entonces Zeus sobre el porqué, y Hermes le explicó que porque los habitantes de aquel valle ya no creían en ellas. «Pero ¿qué tiene que ver eso?», inquirió, algo incrédulo, el Padre de los Dioses, y en las palabras de Hermes que siguieron halló motivo sobrado de preocupación, pues vinieron a decirle que no se hiciera ilusiones, que estaba demostrado ya y sin vuelta de hoja que existían los dioses en tanto en cuanto hubiera alguien creyente en ellos y que cuando este alguien se extinguía (o dejaba la fe), lo hacían también los objetos de su creencia; y puso abundantes ejemplos de casos conocidos, como el de aquel Marduk de la Mesopotamia, de quien no se acordaba nadie ya, pero de quien tampoco se sabpiam aun entre los demás dioses, el lugar de residencia o el último refugio, como si hubiera desaparecido. Y algo más añadió Hermes en su razonada explicación, y fue que, además, la figura de los dioses variaba según lo que se imaginase de ellos, y así, dijo a su Padre: «Todo lo que tú has cambiado pasando de la India al Egipto, y del Egipto a Grecia, y de Grecia a Imperio, contando incluso los nombres, obedece a que indios y egipcios, helenos y romanos te han imaginado de maneras distintas, a las que tú, insensiblemente, te vas a comodando. Y quien dice tú, dice también los otros. Si quieres darte una vuelta conmigo por la Tierra, comprobarás el número de tus colegas, contados sólo los menores, que han desaparecido ya lo mismo que las ninfas, y un día cualquiera te llevarás la sorpresa de que también los grandes desaparecen. Concretamente, a Démeter no la veo muy fuerte en los últimos tiempos: aunque te parezca raro, a la gente le ha dado por dudar de la divinidad de la tierra». El pecho inabarcable del Gran Dios se colmó, en una inspiración intensa: al espirar el aire, provocó varios cataclismos. Leer Más…
De Chuyuipe a Canoa (sexta entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el quinto episodio.
Danni y Joey se levantaron temprano ese día para desayunar café con leche y verdes asados. Joey se fue a la despensa de la playa a comprar pan, y regresó con unos pancitos pequeños, con forma de pez y olor a leña, que estaban sabrosos.
Cuando Joey regresó, y entró en la casa, los hermanos se sentaron a desayunar, y Danni le leyó unas noticias curiosas que habían aparecido en el periódico:
PERRO DISPARÓ CONTRA CABEZA DE CAZADOR
STRAENGNAES, Suecia, (AFP).- Un perro hirió a un cazador de un disparo en la cabeza, que le produjo la pérdida de un ojo, anunció la radio sueca.
El propietario del arma, otro cazador, puso su fusil cargado en el suelo y se retiró tras unos arbustos a cumplir con un llamado de la naturaleza. El perro, buscando a su amo, llegó corriendo y pisó el arma, disparándola.
El dueño del perro ha sido acusado de intento de homicidio involuntario. Ambos hombres tienen 60 años de edad. Se ignora la edad del can.
Luego de reírse por un buen rato, desayunaron, a veces en silencio, a veces hablaban, y de lo que hablaban era de lo mismo de siempre: que cuándo llegarán los papis; si ya se habrán reconciliado; si siempre seguirán peleando por todo y nada; que ojalá mejore el carácter de la mami. Los padres de los hermanos Russo eran una pareja completamente disfuncional. Aquel matrimonio nunca estaba del todo bien, siempre los aquejaba un resentimiento, siempre había de por medio alguna disputa. El padre, Sam Russo era un hombre que no le gustaba recibir órdenes de nadie y menos de su esposa cuando ella estaba colérica. Doris, en cambio, tenía un carácter de pocas pulgas, y montaba en cólera por todo y nada. Aquel matrimonio vivía en una constante pugna de poderes.
De todo este enredo lo que único que resultaba es que los hermanos Russo habían decidido utilizar el surf para escapar de casa, conocer la libertad, hacer deporte y vivir la vida lo más independientemente que se pueda. Escapar a la playa era para los chicos enfrentar la vida de una manera diferente, fuerte, pero era el antídoto para olvidar su miserable y traumática realidad familiar.















