β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker) encapsulado (relato)

«Alguna vez escuché que la Libertad es un desgarre. O sea que es una violencia, algo en rompimiento. Si la teoría de cuerdas tiene razón entonces la realidad está compuesta por branas. Traspasar una dimensión es divorciarse de otra. Cada vez que pasamos de una brana a otra pasamos de una cárcel a otra. ¿Estamos destinados a la pérdida de la libertad y la única libertad posible sería la de escoger la forma en que queremos perder nuestra libertad?»
β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker), escrito por Luis Cermeño, uno de los maestros de obra de esta casa invernal llena de goteras e inundada, ha sido publicado en la revista de ciencia-ficción Cosmocápsula. Los invitamos a que lean este escrito y demás trabajos que aparecen en el número 13, correspondiente al trimestre Abril-Junio de 2015; acá podrán ver el contenido. La marca interior que alude el texto se trastoca e una herida que formará parte de ese rictus inconsciente al que se lo denomina gesto.
Esperamos que disfruten de este bocatto: β Σ |2 5 € ґ |< (Berzerker)
La duda, por Luís Antonio Bolaños De La Cruz
Hoy presentamos un nuevo relato de Luís Antonio Bolaños De La Cruz, esperamos lo disfruten tanto como nosotros.
La Duda
(viñeta del Imperio Decadente)
Luís Antonio Bolaños De La Cruz
Partí de un sueño erótico de mi ya lejana juventud, cuando estudiaba en la Universidad Industrial de Santander, lo mezcle con una pulgarada de “Las 43 Dinastías de Antares” de Mike Resnick, una pizca de “La Ciudad de Piedra” de GRR Martin y añadí el ambiente de La Madonna de Clive Barker, y una situación de “Los Escándalos de Crome” de Aldous Huxley, este es el resultado y que me perdonen los autores nombrados.
Nuestra nave arribó a la órbita de Prim Klam con cierto adelanto, así que mientras el carguero semejante a un conjunto de burbujas aplastadas unas contra otras y acribilladas de perforaciones que permitían el flujo de las gabarras con mercancías hasta los ganchos de anclaje en los colosales hangares -distribuidos en el eje que albergaba a los reactores de hiperimpulso-, iba rellenando sus bodegas, nos permitieron bajar a su superficie. Eramos disciplinados y creíamos en la Reconstrucción de la República tras la caída del Imperio.
Me animé dispuesto a convertir la experiencia en motivo de placer. Cada cual cuando aterrizamos se dedicó a cumplir con las exigencias de sus obsesiones; la mía que era recorrer mercados y monumentos encontró en las megamoles del barrio comercial suficientes escondrijos que visitar. Se sucedían templos con esqueletos embutidos en las paredes metálicas con exposiciones de cópulas interespecies.
Me detuve con algo de cansancio al pie de una titánica cúpula que parecía haber gozado de mejores tiempos, semienterrada en la ladera arenosa que delimitaba el cuenco en que se esparcían las instalaciones del puerto; un susurro me distrajo, al inicio no encontré su procedencia, pero al repetirse comprobé que se emitía desde un paquete de harapos en la escalinata, al mirarlo observé su semejanza con un cuerpo humanoide y me acerqué para dilucidar su ronquido, había alcanzado a interesarme.
Lento, con frecuentes pausas, y a medida que avanzaba en su relato con mayor claridad, supe de las circunstancias de su desgracia. Compartió una preocupación y remarcó que tras perder sus fuerzas y ser arrojado al exterior de las minas de coltan, adoptó una misión: advertir a cada joven que cruzara por delante del edificio lo que podía sucederle si ingresaba: en su caso la arrogancia lo condenó, ignoró los signos y se extravió en los vericuetos de la trampa que se tendió a si mismo, para proseguir quería el equivalente a una cena, no escatimé mi óbolo y me dispuse a escuchar sentándome a su lado en el polvo de la grada vecina. Estas fueron sus palabras:
Estoy paseando en un salón enorme de paredes de protoplasma vegetal que gira en espiral, nudos marrones y cintas verdes lo atraviesan, está tachonado con negros conjuntos de pantallas circulares que simulan ejercicios coreográficos en su interior, apenas discernibles por los fogonazos plateados de los escorzos ejecutados que capta su superficie, sólo por eso era notable la sala, trate de tocarlos y la flexible epidermis registra los sensores de mi dedo pero no se abre para que pueda degustar la información acumulada en los movimientos. Tras distraerme interactuando con las figuras me coloco en postura de loto en un almohadón en lo alto de una columna, desde el cual me deleito con los cuerpos que se enraciman en las piscinas sucesivas que caen en cascada.
De Chuyuipe a Canoa (quinta entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el cuarto episodio.
Mar adentro, Danni fue el primero en darse cuenta que se les venía un aguacero con la corrida de olas y se puso feliz.
En ese momento Pava Loca volvía a coger otra ola y Danni pudo ver cómo su amigo se iba y se tubeaba de inmediato dentro de una gigantesca concha de agua.
Cuando Pava Loca salió del tubo se dio cuenta que millones de agujas se estrellaban en su rostro y dio gracias a Dios por la bendita lluvia helada.
Roberto se puso loco de contento porque entre los surfistas el que les caiga una lluvia en medio de la corrida de olas era algo de buena suerte. Y mientras esperaba olas, sentado sobre la tabla, le empezó a salpicar agua a Manuel Fernando y éste también empezó a salpicarle agua a Danni. Danni estaba cansado de estar sentado sobre la tabla haciendo equilibrio y remando con las manos de vez en cuando para que la corriente no lo desubicara del lugar preciso donde debería estar para coger la próxima ola.
De pronto Danni soltó la tabla y se pegó un clavado en el agua, que estaba fresca y burbujeante como si todo el mar se asemejase a un vaso de seven up con hielo.
-Bueno-dijo Danni a Manuel Fernando-, comenta en qué nos vamos a ir a Canoa, tú sabes que estoy completamente chiro hasta que vengan mis padres.
-Al parecer nos vamos en la Station Wagon de Pava Loca-respondió Manuel-.
-¿Y dónde vamos a llegar?
-Allá tenemos un amigo que quiere aprender a surfear y a cambio de unas clasecitas nos va a dar alojamiento porque sus padres son dueños de un hotel en Canoa.
-¿Y si llevo a Doménica y Nicole, no habrá ningún problema?
-Creo que no, pero eso me parece casi imposible. Si a Ingrid le quieren hacer problema, ¡imagínate el trobo!, que se va a armar con Doménica y peor con Nicole.
-Pero que conste que las puedo llevar, ¿verdad?
-Afirmativo, ¡y ponte pilas!, que se vienen las mamas rusas-dijo Manuel-.
En el horizonte se veían venir unas olas tremendas cuyas cúspides estaban escondidas por gruesas neblinas.
Cosas de Niños, por Josef Amón-Mitrani
Cuento reproducido con la gentil autorización del autor © (todos los derechos le pertenecen a él)
Cosas de Niños
Josef Amón-Mitrani
Se había quedado tanto tiempo, tanto, mirando las frutas del frutero que había decidido, así nomás, (de tanto mirar las frutas), que la vida, la vida de los hombres, no podía funcionar de la manera como había estado funcionando. Era imposible, completamente imposible, el hecho de tener que ir a la tienda y pagar (¡pagar!) para comprar una uva, una piña, una mandarina…
Había pasado tantos días, tantos, sentado en las olas y en la olas que iban y venían como una mariposa que se ve en lo lejos de las cosas. Había pasado tantos días así que se había parado de las olas y había ido corriendo donde su padre y le había preguntado que cuánto había costado el derecho de poder sentarse y mirar las olas. Es que había podido mirar las olas durante tanto tiempo, tanto, que era un tiempo casi infinito el que le habían dado para pasar sus vacaciones en las olas. “¿cuánto pagaste, Pa?”, «¿cuánto cuesta mirar el mar?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que mirar el mar no era lo que costaba, que lo que costaba era la habitación del hotel, la comida del bufé, «el espacio- decía Pa- , lo que cuesta es el espacio desde donde se puede ver el mar tan bonito».
Le había dado vueltas y vueltas al asunto, la cabeza hecha ladrillo y carne y sangre de tanto pensar: «El espacio». «El lugar, los lugares». «Lo que cuesta es el espacio». «El mar -pensaba y pensaba- es sólo agua. Es sólo agua grande que está. Es. Es agua que está ahí». «¿Por qué cuesta mirar el agua?. No, no, lo que cuesta es poder tener un espacio para poder mirar el agua». «¿Y las frutas?». «¿Qué pasa entonces con las frutas?».
¿Qué era lo que costaba de las uvas?, ¿acaso era el espacio para comer las uvas?, ¿no eran las uvas lo mismo que el agua?…»Papá, papá, ¿cuánto cuesta comerse una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que lo que costaba no era el comerse la piña, sino la piña misma. Le había explicado que lo que se paga es el trabajo que cuesta conseguir una piña. «¿De dónde vienen las piñas, Papá?, ¿por qué cuesta trabajo conseguir una piña?». Y Pa, sabiamente, le había explicado que la piña (ananá) viene de una linda planta que crece en la tierra, en los campos donde trabajan duro los campesinos…»¿y cuánto cuesta una planta de piñas, Papá?…No, no me respondas, Pa, creo que ya estoy aprendiendo. Lo que cuesta no es la planta, sino el espacio donde crece la planta. El lugar. Una uva, una ola, todo eso cuesta lo que cuesta un espacio, papá, ¿no es así?».
Epidemia — un relato de @lualducor
Epidemia es un relato de Luis Alberto Duarte Cortés que nos permitió reproducir en Mil Inviernos, con licencia en BY~SA
EPIDEMIA
Buenas Tardes, señor, señora ama de casa, joven universitario y público en general.
Disculpe si le interrumpo y le quito «un minuto» de su tiempo (relativo a su velocidad de lectura), no le vengo a vender pasa bocas, juguetes, jabones, manillas o cualquier artículo que esté oferta dentro de un transmilenio.
Yo, vengo a compartir y reflexionar. Pero no me malentienda, pues no vengo a recitar un estribillo social proveniente de una cultura marginal y decadente al repetitivo ritmo nasal de un comensal de apariencia efímera, que interrumpe la tranquilidad del transporte público con unos parlantes portátiles ocultando su verdadera intención, bajo la banal excusa de «crear conciencia» e «impartir cultura». Algo que a fin de cuentas «todo el mundo conoce» pero nadie pidió aprender – ni mucho menos, escuchar a las malas en un transmilenio.
Creo que nadie se ha preguntado alguna vez ¿cómo es el logo de la Coca Cola?
Yo, nunca pedí escuchar el «happy Birthday» en mi cumpleaños o reconocer esa melodía de los «Beatles» que todo el mundo canta y nadie se sabe la letra.
Y si usted alguna vez se lo pregunto, o es de los míos, o sufre de Alzheimer…
¿Ha usted notado, como en cualquier lugar de forma desprevenida y casi subliminal, nos bombardean de información que nunca pedimos pero de igual forma asimilamos de manera casi instintiva?
¿Nota usted como es manipulado de forma sugestiva con pautas comerciales que especulan con: nuestra sed, nuestra hambre y nuestra necesidad de comunicación?
¿Nota usted esa reacción instintiva de rechazo y desesperación ante la soledad?, sentimiento que promociona fácilmente un utensilio, medicamento o un seguro financiero y en caso de ser adquirido genera una dosis altamente concentrada de: dopamina, serotonina y endorfinas, que entregadas directamente a su sistema nervioso central, crean una efectiva sensación de «plenitud y felicidad» cortesía de su cerebro.
Sea la respuesta, negativa o positiva, usted acaba de darse cuenta que sufre de una enfermedad degenerativa severa, causada por un endoparásito intracraneal y no es culpa de los transgénicos, insecticidas, químicos y complementos aditivos que consume diariamente.
Investigadores de vanguardia aseguran que es altamente contagioso y se transmite de persona a persona de forma: escrita, verbal y visual.
De Chuyuipe a Canoa (cuarta entrega)
Presentamos “De Chuyuipe a Canoa”, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yepez de quien, anteriomente, publicamos “La necesidad del corazón”. Esperamos que disfruten con este nuevo trabajo de nuestro autor ángel y surfer. Acá podrán leer el tercer episodio.
Segunda parte
El indomable playero de Chuyuipe
Aquella mañana de enero, Ballenita lucia un sol esplendoroso, pero corría por toda la casa de madera un viento helado. Pronto los hermanos Russo fueron despertados por los gritos de Manuel Fernando, que venía acompañado de su enamorada Ingrid y de dos surfistas más: Roberto y Pava Loca.
Manuel Fernando les gritaba desde el portal de la casa de madera:
-¡Vengan a ver el tamaño de las olas que está escupiendo Chuyuipe!
Pronto los hermanos Russo salieron de sus camas, envueltos en sus edredones y desde una de las ventanas del balcón pudieron contemplar un espectáculo maravilloso: el océano estaba completamente rayado, y miles y miles de olas surcaban la playa para reventarse en la orilla de Chuyuipe.
Ambos cogieron sus tablas de surf y se treparon rápidamente en el volkswagen de Manuel con rumbo a la playa.
Ingrid le preguntó a Danni:
-¿Van a venir Doménica y Nicole?
-Seguro que sí, la traigo loca de amor-dijo Danni-.
-¡Yaaaaa!, mentira que eres modesto, ¿no?
Un día en la vida de Parcerisa
Llevo tiempo siguiendo el rastro de los investigadores del misterio más relevantes del cambio de siglo. Ya pasó el tiempo de aquellos grandes hombres que abrieron el espectro: Fernando Jiménez del Oso, Antonio Ribera, Andre Malby, Salvador Freixedo y Andreas Faiber Kaiser. Hay una nueva generación, cada uno con su estilo particular, penetrando en el fenómeno OVNI y los grandes misterios de la humanidad, de un modo más especializado. El estudio de casos particulares se queda ya relegado para los pobres reporteros de Jorge Maussan y su programita. Estos nuevos investigadores del misterio a los que me refiero proponen una mirada más general en un marco mucho más interesante en el que se expresan sus propias inquietudes vitales (Luis Carlos Campos de contraperiodismomatrix, JL de Mundodesconocido.es, Vicente Fuentes de ufopolis, el muchacho de granmisterio.org y David Parcerisa, son los máximos ejemplos de este nuevo boom de investigación). Escriben sagas, hacen videojuegos, participan en debates con especialistas científicos, están proponiendo una nueva visión de todo ese paisaje cruel que Freixedo denominó sabiamente: Granja Humana.
¿Pero cómo viven estos investigadores? ¿Son acaso parte de esa gran conspiración reptiliana?
De David Parcerisa se cuestionan sus ojos negros presuntamente extraterrestres. Por este motivo, el muchacho de granmisterio fue hasta su morada y comprobó que lejos de lo que muestran las cámaras, los ojos de Parcerisa son verdes, como los de cualquier reptiliana coqueta.
Sobre David Parcerisa se sabe que es nieto de un contactado, al que se le extrajo un misterioso objeto de la cabeza, el cual aún el investigador guarda, sin saberse su material o procedencia.
El muchacho de granmisterio fue a revelar el misterio Parcerisa hacia su propia residencia, en una zona rural de España, cercana a las extrañas montañas Monserrat, en la cual nuestro investigador dice sentirse muy incómodo, pues él siente el llamado del Mar, y yo temo que sea Cthulhu quien lo esté atrayendo para retenerlo en su morada abominable.
Acá pues vemos el registro de un día de un investigador de misterio español:
Pueden conocer más de él en su página: http://www.davidparcerisa.org/
CARTA A UNA SEÑORA MALPARIDA
Esta carta forma parte de una serie de respuestas de Julián Andrés Marsella Mahecha a la numerosa correspondencia que recibe a diario de aspirantes al mundo del parnaso literario, cultural y académico.

El homosexualismo me ganará la partida, pero ello no es óbice para no condescender con su majadería, señora puta. Usted se preguntará por las razones de mi carta, pues estas no son más que responder a sus constantes alusivas a nosotros, los escritores pobres y feos. ¿Acaso cree que todo aquel que garrapatea palabras, es publicado por Alfaguara, malparida? Yo sí que tengo garrapatas, son tan grandes que parecen cucarachas, con decirle que en mi vello púbico son tan gordas como escorpiones. Así que no crea que usted es la única con venéreas en este lumpen. Porque acá, lejos de lo que usted cree, en su distancia aristocrática vulgar, no se pasa hambre ni dejamos morir de hambres a nuestras garrapatas ni a nuestras ladillas.
Cabe resaltarle que su posición como editora prestante de una honorable revista me conmina a las arcadas. Usted y su publicanzucha, llena de obsecuentes disfrazados de irreverentes, no merece ni un auto de fé. Porque, déjeme decirle, usted es tan dócil como cualquier prostituto de 13 años; pero al mismo tiempo es tan dañina como cualquier prostituto de 13 años. Porque lo suyo es dar cuchilladas trapaceras. Se cree muy europea con sus comentarios ácidos dignos de Virginia Woolf, pero usted de Virginia ni lo Virgen y se lo está diciendo un señor que es toda una señora virginal, muy a su pesar; como, muy a su pesar, se está escribiendo la mejor obra en los márgenes de su canoncito.
He visto a tanto mequetrefe mascullar su nombre como un trofeo, que sonrío con ternura al imaginar que todos esos borrachos son vistos por usted con desprecio, y no porque a usted no le guste el alcohol, más bien lo digo porque usted, señora malparida, solo gusta de la cocaína más refinada y los amantes más refinados. Por eso yo nunca seré nadie en este país de mierda, porque jamás me atrevé a comerme su panocha espolvoreada de esa sustancia orinada por satanás. Porque satanás es el que controla el negocio de la droga y también el de las letras. Ayer hice una pastoral que jamás usted tendrá el privilegio de leer porque vive muy ocupada haciendo aspaviento de su sobrino illuminati, que de seguro ya la tiene como víctima para la hoguera.
Porque usted es una bruja, y ni su familia tolera sus aires de persona inteligente y marginal, cuando todos saben de su vocación desmedida por besar culos de políticos con ínfulas de intelectuales y gramáticos. Usted no es más que otra pieza que compone este círculo lleno de mentiras, conformado por los más mediocres que se las dan de venenosos, como la sátrapa de Laureano Gómez que se decía todo un intelectual, mientras atrás estaba atizándole el culo a cuanto poeta con visos rojitos veía.
Y no hay que olvidar cómo usted ha ensalzado a los intelectuales que apoyan a asesinos de cualquier laya para hacerse los políticamente incorrectos. Cuando la verdad lo único que han hecho de incorrecto es vivir. Porque es que uno, como poeta a punto de ser asesinado por cualquier sicario de clase alta o barriobajero acomplejado, sabe cuál es el mecanismo de la cucaracha que usted lidera, sabandija.
Para muchos de mis conocidos más simplones, usted es la caraza bonita de las letras nacionales. Para mí, usted no es más que la vergüenza puteril de estos chismes provinciales devenidos revista cultural.
La cara más linda de nuestras tierras es la del Topolino Zuluaga, y eso ni ud, ni los de su estofa lo advertirán jamás.
Julián Andrés Marsella. Fosca, Cundinamarca. 2015
















