Archive | septiembre 2020

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día nueve.

PAU-LARUNS

Ganador de la etapa: Tadej Pogacar (Eslovenia)

Líder de la clasificación general: Primoz Roglic (Eslovenia)

Hoy se llega a la primera pausa del tour y los gestos de la carrera se ven con más detenimiento. Al llegar al último premio de montaña, en el embalaje, Pogacar volteó a mirar y casi choca con Primoz Roglic, el ahora líder general de la carrera; lo que hizo el joven esloveno se ha tomado como un acto de inexperiencia, la misma que fundamenta la sospecha de que no alcance a ser el mayor oponente de su paisano, nueve años mayor.

Salvo Egan Bernal, el campeón defensor del título, y Mikel Landa, que ya viene retrasado a más de minuto y medio del primero en la clasificación, nadie pudo seguir el ritmo de los dos eslovenos que, con esta primera pausa, son los que han salido mejor librados, al menos en los gustos expuestos en diferentes medios de comunicación.

Los demás competidores empiezan a sentir que sus límites no les permitirá pensar en el primer lugar y entraremos a una segunda semana donde aparecerá la resignación. ¿Cuántos lucharán contra Roglic? Se piensa en futuras y ocasionales alianzas que arrojarán una primera asociación: Ineos y Jumbo. Ambos quieren distanciar al jovencito Pogacar y luego, cuando la eliminación se dé, entre ellos definirán al ganador. Durante esta primera pausa, todo apunta a que Jumbo ocupará, con Roglic, el primer lugar, pero quedan varios días de competencia -si es que la peste deja-; y, en los equívocos que tiene el ciclismo, aparecen los trazados que los periodistas y analistas escriben en sus cabezas que luego contrastan con los que hacen los ciclistas.

Mañana, más que descanso, es probable que se sentencie la suerte de varios equipos; si dos integrantes de una escuadra dan positivo para el Covid, debe retirarse de inmediato. La eliminación no sólo se da en la carretera aunque, en ella, puede desencadenarse la contaminación. Ayer, en la subida al Peyresourde, los aficionados se acercaban a los competidores sin taparse la boca: miles de pequeñas partículas tocaron los rostros sudorosos de quienes subían en una bicicleta.

Los fanáticos de quienes queden fuera argumentarán alguna trama en donde personas asintomáticas y positivas fueron colocadas en las cunetas para esputar Covid. Surgirán thrillers víricos donde los positivos en el ciclismo, por primera vez, serán castigados con el destierro y les beneficiará más anunciarlos que ocultarlos.  Si viene un embate de la peste, lo ocurrido hasta hoy será tan lejano como el tiempo de la “vieja normalidad”.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día ocho.

CAZÈRES-SUR-GARONNE-LOUDENVIELLE

Ganador de la etapa: Nans Peters (Francia)

Líder de la clasificación general: Adam Yates (GBR)

El final signado es un deseo de los dioses, materializado en promesa y, en medio de su telar, el humano cree que lo que le ocurre es el destino. Vistos en retrospectiva, los días pasados se justifican con lo que ha ocurrido ayer y hoy: el cansancio ha empezado a cobrar sus primeras víctimas del tour y, al octavo día, en los primeros diez puestos de la clasificación general, hay un competidor por cada equipo. Esto, que puede parecer una obviedad, tiene entrañan una reminiscencia de los tiempos en que esta disciplina parecía tender más hacia lo individual que a lo colectivo.

Con la irrupción de la lógica anglosajona, se dio un giro corporativo:  ganaba un individuo, pero los demás integrantes de la escuadra, a cambio de un buen salario, dejaban de lado sus ambiciones deportivas y apoyaban a ese ganador Esto desembocó en que lo único que valía era ganar, sin importar que ello costara un tour aburrido. El contagio de esa lógica fue acelerado: los demás competidores temieron perder y todo culminó en el imperio del Us Postal de Armstrong.

Hoy, con las individualidades en cabeza de la competencia, empieza a darse una competencia de fuerzas personales, aunque hay quienes afirman que mañana Roglic volverá a tomarles ventaja para así demostrar su superioridad actual.

Si de nacionalidades se trata, por primera vez en el tour de Francia los dos ciclistas más fuertes vienen de un pequeño país de Europa del este: Eslovenia. El rival más competitivo de Primoz es Tadej Pogacar, nueve años más joven y con la perspectiva de ser el próximo dominador de esta competencia. Entre ellos dos emergen los escaladores colombianos y Bardet, que tienen en contra una desventaja virtual de dos minutos con respecto a los favoritos para la penúltima etapa contra el reloj.

En los diferentes resúmenes otorgan a Pogacar el lugar del nuevo valiente del pelotón mientras que otros aseguran que esto es un espejismo para el aplastamiento de mañana. En Colombia proclaman la “resurrección” de Quintana y manifiestan cierta indiferencia para con Bernal, el campeón defensor. Los franceses, por su parte, repiten la telenovela del año pasado: Pinot llorando porque no puede seguir el ritmo de los mejores y la subisiguiente disculpa con los fanáticos. En el Jumbo, el equipo holandés que ha sido, hasta hoy, una aplanadora, ya se ha hundido Kuss, el gregario que tantas vece aupó a Roglic en Dauphiné y en la primera semana de esta competencia. Hoy, en la penúltima ascensión, Doumolin tomó la cabeza del grupo, entregando sus fuerzas para que Roglic gane: quizá sea la confesión de que él es el segundo y no está para ganar la prueba, como ya lo afirmó Alberto Contador.

Por primera vez parece que el tour incurre en una incertidumbre que coincide tanto en la competencia como en la organización. Hoy aguantó un aparentemente débil Adam Yates en la primera posición, mañana se puede dar un cambio y la perspectiva de la segunda semana es la de futuros hundimientos y luchas frontales, claro, si es que se materializa una ilusión. También será crucial el día de descanso (lunes): harán pruebas generales de Covid y si un equipo tiene a más de dos portadores, será expulsado, como suele ocurrirle a los apestados en cualquier ámbito de la vida. Entre lo vírico y la competencia se coinciden unas proporciones en las que el deseo de los dioses se cumplirán y entonces los ciclistas inculparán al destino.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día siete.

MILLAU-LAVAUR

Ganador de la etapa: Wout van Aert (Bélgica)

Líder de la clasificación general: Adam Yates (GBR)

¿El tour es El tour?

El séptimo día fue el primero del tour, dicen muchos, como para olvidar el sopor de lo que antes ocurrió. Sin embargo, esa singladura del aburrimiento ha medrado el ánimo y la concentración de los espectadores y competidores.  

Cuando desperté, aparecía el tren de Bora al frente del pelotón y se dieron los primeros cortes, en donde quedaron los potenciales rivales de Peter Sagan para el embalaje final -hoy día el corredor eslovaco no convoca el entusiasmo de hace un par de años, cuando todos le celebraban sus patanerías, empujones y soberbia (directamente proporcionales a su pericia en la bicicleta), al colocarlo en el lugar, siempre sospechoso, de “genio”; muchos de sus más furiosos defensores se han pasado al club de algún joven belga cuya valía se eclipsará en unos años para dar paso a otro “niño terrible”- eso sí: la ventaja que tienen estos seguidores con respecto a los fanáticos de Landa o Quintana es que no se enganchan con un nombre; cambian de ídolo como las filiales estadounidenses de ciudades para hacer sus equipos de beisbol o fútbol americano-. Al final, Sagan perdió con Van der Poel (el muchacho de moda que aleja la explosión de Evenepoel), aunque ya tiene la camiseta verde, acumulando otra distinción a su hoja de vida.

En medio de eso que los cronistas llaman “caos”, lo cual supone un orden y evidencia nuestro acostumbramiento al discurrir cansino de algunas etapas, se dio el movimiento de ataque. Fue a 35 kilómetros del final y lo lideró Ineos; justo después de un municipio, Kwiatowski se puso en cabeza del pelotón. En el equipo sabían que una ráfaga de viento lateral posterior haría estragos y, en la curva de una glorieta, se haría imposible que los rezagados más peligrosos remontaran; el polaco jamás se abrió y, como muchos lo han explicado, el pelotón se formó en fila india pues, con el viento, perder la línea implicaba un retraso mayor; entre los que perdieron están Pogacar y Mikel Landa, que se alejaron a más de un minuto respecto a los integrantes de Jumbo, a Bernal, Quintana, López, Bardet y Pinot.

El sinsabor está en el extraño comportamiento de Astana. Tenía siete ciclistas en la cabeza de la carrera, mientras Jumbo contó con cinco y, sin embargo, no intentó romper. Algunos refieren un acuerdo que entre las diferentes escuadras para eliminar a Pogacar: el ciclismo tiene como base, además del deportista, los médicos, nutricionistas y constructores de bicicletas, a las relaciones políticas. Mañana, los que hoy fueron amigos, se enemistarán. O se resignarán con la tiranía liderada por el alemán Martin y asumirán que el equipo holandés será el tirano en lo que queda de competencia. La etapa terminará en un descenso de once kilómetros, después de pasar por el Peyresourde, y Roglic, que fue un esquiador, bajará con un ritmo suficiente para alejar a los demás y cuenta con el descanso que se dio hoy Kuss, siempre agazapado en el grupo. Primoz es el favorito y todo apunta a que amplíe su ventaja e, incluso, que suba al primer puesto de la general para no volverse a bajar salvo por un desfallecimiento y, si ello ocurre, le quedará a su equipo – el Jumbo –Doumolin.

Lo que hoy pasó se acrecienta con la quietud de los días pasados y la ansiedad de la pandemia. Lo más interesante de este tour es que no hay seguridad de que se corra en su totalidad. Y esa incertidumbre hará que todos los días aguardemos por una noticia que notifique su interrupción; de llegar ser así: ¿cómo será el podio? ¿nos quedaremos con la imagen de personas con la cara tapada que simulan estar felices? ¿Cuál fue el ideal del tour que hemos tenido en nuestras cabezas y que siempre alumbra cuando nos defraudamos con cada nueva edición? Hoy ha aparecido una promesa: ojalá Pogacar y Landa ataquen; el más joven es el único que surte una sensación real de peligro a las filas de Jumbo, si es que resulta peligrosa la perspectiva de perder una carrera de ciclismo mientras circula una peste por el mundo.

Quizá todo termine en los Pirineos este domingo y nos quedemos con ese tour ideal que tuvimos en nuestras cabezas. Pensaremos cómo serían esas etapas que jamás se harán: serán más feroces en nuestras ilusiones que en las carreteras. El ciclismo tiene un doble en torno al cual discutimos y cuyo remedo es lo que vemos por la televisión.

Pd: Algunos plantean que no fueron vientos sino daños mecánicos los que ocasionaron el corte de Pogacar.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día seis.

Ganador de la etapa: Alexey Lutsenko (Kasajstán)

Líder de la clasificación general: Adam Yates (GBR)

A falta de 45 km el líder virtual del tour era Greg Van Avermaet, fiel representante del ciclismo  belga. Poco después, la fuga empezó a diluirse y él se desgajó de quien llegaría de primero a la meta, el kasajo Lutsenko. La persecución, liderada por el equipo Mitchelton del líder Yates, cedió ante el embate del Tony Martin, el matón alemán de Jumbo, que logró descontar un minuto de la ventaja de la fuga.

Mientras se vislumbraba otro final al embalaje en una montaña, se refirieron, en diferentes transmisiones, a las tramas sobre la manera como Alaphilippe perdió el primer lugar: es lo más entretenido: confabular para decir que las derrotas fueron “fríamente calculadas”. El ciclismo se alimenta de la conspiración, de la urdimbre de relatos en cuyo interior todas las piezas encajan para que se de una historia creíble y “bien hecha”; también es su condena y por eso abundan las búsquedas de trampas y conciliábulos en torno al dopaje. El espectáculo que se da en la carretera da margen para ponerse a pensar en otras cosas.

 A 39 kilómetros de meta se cayó, en la curva de un descenso, Enric Mas, la esperanza de Movistar y, faltando 28, el Ineos se puso al frente. Algunos pensaron en un ataque pero, como no pasó mucho, dicen que fue para proteger a Bernal, que aún no está en la debida forma para competir por el primer lugar de la competencia.

Eso fue todo lo que pasó: Mas regresó al pelotón, Sergio Higuita se descolgó pero pudo volver al pelotón de favoritos y Yates mantiene el liderato. Al final, algunos ensalzan el hambre de Landa, que ya quiere que lleguen las montañas de verdad (como si los paisajes y las subidas de hoy fueran una mentira semejante: ¿alguna proyección de los acuerdos que se hacen al interior de la carrera?), otros sugieren que “el tour comienza el viernes”, como si lo que nos figuramos en la cabeza es la realidad y su doble defectuoso es lo que vemos todos los días. Mañana habrá carrera sobre terreno plano.

Y muchas planicies se otean en el horizonte.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día cinco.

GAP-PRIVAS

Ganador de la etapa: Wout van Aert (Bélgica)

Líder de la clasificación general: Adam Yates (GBR)

En Imola se mató Airton Senna hace veintiséis años y en Imola se hará el mundial este año. El detalle no es menor y se convertirá en el centro en torno al que gravitarán las notas llenas de nostalgia; no queda sino el pasado: el espectáculo del ciclismo de hoy día sólo atrae porque boquea como un moribundo al que nadie ayuda. Ya han empezado a anunciar que dicho certamen, el mundial, será un laboratorio más para poner a prueba diferentes medidas de protección frente al Covid.

Hoy en la etapa ni siquiera se dio la consabida fuga de mentiras. Quizá fue un arresto de sinceridad de los ciclistas y, por primera vez, quisieron decir que todo esto es el punto culminante del fingimiento de la heroicidad. La mayor parte de la transmisión fue ocupada por un pelotón extendido a lo ancho de la carretera, con lo que se puso en evidencia la decisión de que hoy se tragaran la distancia sin que ocurriera nada más.

Lo único que quedó, a falta de menos de cuarenta kilómetros, fue la esperanza de la aparición del viento: quizá se deba trasladar el tour al caribe en época de huracanes. Algunos pronosticaron que ese sería el momento de una explosión entre los corredores que pasaban y, a 34 kilómetros de la llegada, se dio la primera noticia: una caída de Kuss, el gregario estelar de Roglic. Luego Ineos intentó dominar al pelotón pero Carapaz pinchó y debieron mermar la velocidad. Finalmente, a escasos metros del último puerto montañoso puntuable de la jornada, el líder de esta modalidad, Cosnefroy, salió para ganar los puntos y nadie le compitió; esta fue la imagen que retrató lo ocurrido: ¿qué le puede importar a un ciclista una carrera si estamos en medio de una plaga que ahora normalizan por decreto?

Dicen que a menos de diez kilómetros el viento golpeó y que Ineos intentó atacar. Es más, hay quienes afirman que este ha sido el mejor momento del tour porque se vio un “intento”. Jumbo se acercó a la punta del grupo e hizo su propio trazado, ninguneando al otrora poderoso equipo inglés; luego, todo desembocó en un triunfo para Van Aert -efectivo de la escuadra holandesa y uno de esos ciclistas que sirven para aquellos seguidores que se ufanan de no limitarse a las grandes vueltas: en ciclismo también hay “capas sociales del conocimiento” y los más despreciados son los que apenas ven las etapas montañosas y los últimos metros de cualquier jornada, como si no fuera una proeza soportar capítulos como los de hoy-.

Lo que no ocurrió dentro de la carrera, pasó en la reunión de los comisarios. Alaphilippe, por recibir vituallas en los últimos kilómetros, fue sancionado con veinte segundos y el nuevo líder es el británico Adam Yates. Ya se sabe que Roglic, segundo en la clasificación general, es el verdadero líder y que este fin de semana podrá tomar más distancia con respecto a sus rivales, mientras su compañero Doumolin espera por el cansancio del esloveno.

Ya los franceses no aguardan por un final abrupto a causa de la pandemia. Sus ilusiones se concentran en Pinot, que aún se queja por los dolores de su caída y se prepara para hacer cara de sufrimiento en las montañas venideras.

Quise escribir que hoy no pasó nada, pero pasó mucho. Quizá todo: por primera vez, se ha visto que en el pelotón hay ritmos acordados; el ciclismo contemporáneo debe juzgarse por su coreografía y no por la competencia propiamente dicha.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día cuatro.

SISTERON-ORCIÈRES-MERLETTE

Ganador de la etapa: Primoz Roglic (Eslovenia)

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe (Francia)

En una transmisión radial de Colombia, el analista que durante todos estos días ha obviado la peste, por primera vez refirió que el mundo tenía los ojos puestos en el tour principalmente por ver cómo se lucha contra el Covid y luego venía el asunto de los resultados deportivos. Este giro de atención responde a lo que ocurrió hoy: un embalaje en una montaña de primera categoría con el final de los últimos tiempos: el triunfo del esloveno Primoz Roglic.

Además de vivir en el reino de los gerundios, el relato ciclístico se pivota en los condicionales que, a medida que los días avanzan, empiezan a diseminarse como el virus cuando se decreta una “nueva normalidad”. De ahora en más, se hará referencia a lo que podría ocurrir, a lo que sucedería si a Roglic le descubren alguna trampa o si se cae o se desfonda. El suspenso se sustentará en la espera y, casi con toda seguridad, todo culminará en la confirmación de lo que se ha planteado desde las casas de apuestas mucho antes de que empezara todo esto.

Restan las especulaciones que preceden al final y los ejercicios de la imaginación que relaten otros posibles finales de la competencia. Hay uno al que se le teme más que al aburrimiento: la cancelación de las próximas etapas por los rebrotes, aunque como muchos han dicho, el pelotón está saliendo del sur de Francia, zona donde el Covid toma un nuevo aire para convertirse en enfermedad.

Hoy se dio una fuga consentida que se apagó a pocos kilómetros del inicio de la última ascensión. En ese momento empezó a urdirse la trampa de Jumbo, un equipo que al final dejó, a escasos metros de la meta, a Roglic ante su primera llegada triunfal. Parece que ni la caída que sufrió en el Dauphiné le hizo mella. Atrás estuvieron los demás favoritos y, con sigilo, Doumolin sigue los pasos del que se dice que es el líder del equipo pero que puede perder el lugar en cualquier momento.

Y también apareció otro esloveno: Pogacar, el muchacho que se consolida como el prospecto para ocupar el puesto de dominador que Froome ha dejado libre. Tanto el año pasado como parece que puede ser este, vivimos una transición entre una hegemonía y otra; el ciclismo tiene vocación autoritaria. En unos años, los que sigan vivos, recordarán a este tour como el de la incertidumbre, pero no por la competencia sino por lo que ocurrió afuera. Parece hoy que es más probable una cancelación por el virus que la derrota final del Jumbo.

Aún se espera que, al final de la semana, con el cierre en los Pirineos, haya un cambio. Esta perspectiva incita al enternecimiento, así como lo hace el deseo de que el viento sople en las primeras etapas de la segunda semana de competición, o los minutos de coloquio que se ocupan en las posibles palabras que dijo Egan Bernal a su equipo en los últimos kilómetros: una ternura para escribir y hacer debates en youtube.

En el aludido programa colombiano ya saben que el éxito se debe proclamar por la gesta de una burbuja inmune a los daños que la peste ocasiona fuera del pelotón; no es apropiado limitarse a relatar el resultado en la clasificación general porque desanima a los espectadores que se sustentan en el orgullo nacional. Quizá sea el momento para exaltar las fotografías de Didi con tapabocas y escarbar el instante en que el viejo alemán salta con desánimo, como si el mismísimo diablo festejara un show en el que descree.

Ahora emerge otra palabra, más usada en España: las sensaciones. Hace mucho que ella ha desaparecido del pelotón ciclista profesional -al menos en lo que se refiere a su carga indicial con respecto a un estado físico-, pero es necesaria para que los periodistas otorguen algo de tensión. Las sensaciones son el intersticio por el que se cuela la heroicidad, la épica y el hambre de pleitesía para con algún dios del ciclismo que, como el diablillo alemán, ejecuta un fingimiento sin pericia.

El tour de la peste: diario del tour de Francia sin estar en Francia y sin Covid (por ahora). Día tres

NICE-SISTERON

Ganador de la etapa: Caleb Ewan (Australia)

Líder de la clasificación general: Julian Alaphilippe (Francia)

Los pactos en el tour hacen fortalecen la ilusión de julio y la ausencia de la peste. Hoy permitieron la fuga de tres ciclistas que no eran peligrosos en la clasificación general; nadie de los equipos poderosos se apuró, había un pacto que se sella en escenarios diferentes a la carretera. En ella, mandamases como Tony Martin- que será un importante colaborador en la consecución del título de Doumolin o Roglic dentro de tres semanas, como se pronostica por la mayoría de los seguidores- se dedican a manotear y matonear: uno se pregunta si la soberbia de Armstrong más bien fue castigada porque semejó la de los vaqueros del oeste estadounidense y no la frialdad de la selva negra o el “señorío” eurolatino que se lamenta porque ya no hay un Carlos V al cual serle obsecuente.

Luego de una carrera que obedeció las ordenes de quienes están destinados a dominar (y cuyo mecanismo nos lo dibujan como una estructura apalancada en la capacidades deportivas), llegó un embalaje que sólo se condimentó con la caída del virtual líder de montaña, el francés Pérez que debió retirarse sin siquiera poder subir al podio. Caleb Ewan hizo maromas semejantes a las de habilidosos futbolistas y levantó los brazos; luego proliferaron las crónicas en las que ensalzaron el tamaño diminuto del corredor y su proverbial fortaleza para así desembocar en el adjetivo favorito para justificar al ciclismo: épico.

Con esa palabra titularán el día que haya un ataque a un poco más de ocho kilómetros de meta. El ganador se convertirá en un héroe breve y todos regresarán a sus casas, a esperar a que salga la vacuna y asegurar que el tour del próximo año será tan aburrido como la mayoría de los acaecidos en el presente siglo.

Y cuando escribo aburrimiento no lo hago como una condena: lo llamativo del tour es que no pasa nada y que siempre se espera lo que casi nunca llega. Las discusiones que se dan en los cenáculos y las peleas se olvidan pronto porque es un show que propicia fruslerías. En estos días se advierte cómo lo milimétrico, la domesticación de los bosques y la alteración de los potreros para que tomen el color de bodegones que hieden a verano, conviertan al tour en el mejor reportaje publicitario que tenga Francia.

Dicen que mañana pueden darse escaramuzas pues hay ascensiones. El tour, por ahora, sigue el rumbo de la de todos estos años: la espera y la confirmación de las casas de apuestas.