Sangre de bestias, vidas de matarifes
Geroges Franju, en 1949, hizo «La sangre de las bestias», un cortometraje filmado en un matadero de París. En este trabajo se aprecia que la racionalidad para matar no es algo propio de los nazis o de las dictaduras sino que responde a una manera de ver al mundo que comenzó hace tres siglos y donde la búsqueda de la carencia de dolor nos otorgó una perspectiva de los animales como un conglomerado de nervios y músculos (en este aspecto confluyen los consumidores de carne y los que se abstienen de hacerlo: ambos se basan en el sistema nervioso, en las conexiones, para sentirse tranquilos de sus hábitos). Al final de este documental, cuando se ven a las ovejas decapitadas pataleando aún, queda la sensación de que el dolor no es suficiente para entender la vida, que ella parece estar íntimamente ligada con el movimiento (por eso es que no hay mucho conflicto con la ingesta de vegetales) como si el propio pensamiento también discurriera en un espacio que no discernimos aún. Este trabajo no se limita a hacer de los humanos una suerte de seres malvados y destructores; en medio de los charcos de sangre, Franju narra, de manera sutil, la difícil vida de esos expugilistas que degüellan ovejas y que están muy lejos de los elegantes restaurantes donde sirven esas carnes en alguna cena romántica parisina como preámbulo de alguna historia de amor.
FUCK ME, RAY BRADBURY
Fuck me, Ray Bradbury,
The greatest sci fi writer in history.
Oh fuck me, Ray Bradbury.
Así reza el coro de esta atrevida canción de Rachel Bloom. Una manifestación de amor de fan o solo un reflejo de las pasiones que desatan esos escritores de ciencia ficción que no podemos sacar de nuestra cabeza. Este video, dirigido por Paul Briganti, fue nominado en el 2011 por la categoría Corto – Mejor Presentación Dramática. de los Premios Hugo.
La exploración de Islas Caballo
En «Islas Caballo» la imagen, la palabra y la música retornan al origen que, alguna vez, Antonin Artaud buscaba con el teatro (por eso él pensaba en el mugido de una vaca como anuncio de la seducción y en el aullido de una mujer en celo como el frenético bascular de una ambulancia). En cada sonido el universo renace y el tiempo, como en el último trabajo que «Islas Caballo» ha publicado, es más complejo que el intrincado laberinto tejido en el siglo veinte: Un conglomerado de puntos que no se suceden y donde el pasado y el presente están contenidos en el futuro y ese futuro se contiene en el presente y pasado, disparándose la posibilidad de lo eterno. Este último trabajo corresponde a una relectura y reinvención del poema de T.S Eliot, Burnt Norton. A continuación podrán apreciar los trabajos de esta agrupación conformada por Mateo Hernández y Mateo Goycolea:
Saer y su disgusto con García Márquez y los escritores populares
Juan José Saer denosta del público si se lo entiende como una instancia crítica de un texto determinado; para Saer el público como concepto no le genera otra cosa que rechazo. Esta postura desemboca en su disgusto con escritores como Gabriel García Márquez que piensan en el público como entidad validante de su escritura. Lo curioso es que Juan José menciona a Lacan cuando a este se le recriminó la opacidad de sus discursos (opacidad que, para algunos como Alan Sokal, cuentan con disparates, majaderías e imbecilidades) y contestó que él no se dirigía a los idiotas (es decir, legos en la materia) porque el que no lo fuera habría de ser quien analizaría críticamente su trabajo; ¿eso no es pensar en un público? Limitar a Saer como escritor que escribió para facultades de literatura es empobrecerlo pero, pese a su renuencia, también pensaba en un público como instancia crítica, aunque este fuese reducido. Les presentamos una entrevista hecha a este escritor que va creciendo en su influencia sobre la literatura argentina y latinoamericana:
Hereje emigra de la Capital Americana de la Cultura 2013
Por: Francesco Vitola Rognini
Comparte nombre y primer apellido con uno de los revolucionarios Cubanos más carismáticos y recordados, uno de los que no alcanzó a entrar triunfante a la Habana. Conocido con el alias de El Vaquerito alcanzó el rango de Capitán y lideraba El Pelotón Suicida, que hacía parte la Columna 8 Ciro Redondo, a cargo del Ché.
Como aquellos barbudos Hereje enseña con el ejemplo. Hace unos años llevaba el cabello largo, lo que le daba un aspecto juvenil. Ahora lo lleva corto y pintado de blanco, como queriendo redondear su edad, como una ironía dirigida a los que se tiñen de negro para que ocultar las canas. Sus anteojos de lectura cuelgan sobre la camiseta negra, el pantalón de mezclilla y los zapatos de cuero marrón, domados por sus hábitos de caminante, completan el atuendo que le sirve para confundir a los que viven de primeras impresiones. Son técnicas usadas por Shinobis, maestros en el arte del disfraz.
Con la mejor luz de la tarde visitamos uno de los pocos parques arborizados de la ciudad, bautizado por los celadores, las empleadas domésticas y los delincuentes juveniles como “el santo cachón”. Sobre la loma se impone una estatua de Jesús de Nazaret que en vez extender los brazos -para hacer honor a su sobrenombre-, los exhibe como recordatorio de la crucifixión. Medio centenar de personas disfrutaban de la tarde luminosa y fresca. La mayoría de la disgregada colectividad busca la sombra de algún árbol; aún el sol hace mal a la vista.
















