El Vizconde Lascano Tegui: una gloria argentina
«Confieso que continúo escribiendo por pura voluptuosidad. Escribo para mí y mis amigos. No tengo público grueso, ni fama ni premio nacional. No me gusta el “Tongo”. Como periodista que soy sé “cómo se llega”. Conozco a fondo la estrategia literaria y la desprecio. Me da lástima la inocencia de mis contemporáneos y la respeto. Además tengo la pretensión de no repetirme nunca, ni pedir prestado glorias ajenas, de ser siempre virgen, y este narcisismo se paga muy caro. Con la indiferencia de los demás. Pero yo, he dicho que escribo por pura voluptuosidad. Y como una cortesana, en este sentido, he tirado la zapatilla.» (Vizconde Lascano Tegui)
Navidad en la calle Joyce
Por Julián Andrés Marsella Mahecha
a mi editor Daniel Rojas Pachas
Para ser poeta hay que tener parkinson
Chile, tierra de poetas, te dio la bienvenida con un terremoto
ese terremoto que se signa en un divorcio.
Pronto te quebrarás
de cuerpo, alma y bolsillo
y desperdigarás tus restos
sobre las tardes en que recordarás
el ocaso arequipeño
Hay frutos en el bosque
todos son perfectos para la ocasión de morir
pero tu estás listo
quieres comer buñuelos y ser el gordo
más gordo que hayan parido los gordos
La navidad de un Yonki
El cortometraje que a continuación les presentamos es un relato de William Burroughs que fue adaptado a la pantalla bajo la dirección de Nick Donkin en 1993. El lector es el propio autor, su voz nos arrulla y nos lleva a los más recónditos lugares de un mono que jamás será superado. ¡Feliz navidad!
Una Navidad
Por Truman Capote
Primero, un breve preámbulo autobiográfico. Mi madre, mujer excepcionalmente inteligente, era la chica más guapa de Alabama. Todo el mundo lo decía, y era verdad. A los dieciséis años se casó con un hombre de negocios de veintiocho que provenía de una buena familia de Nueva Orleans. El matrimonio duró un año. Ella era demasiado joven tanto para ser madre como para ser esposa; era además demasiado ambiciosa —quería ir a la universidad para tener una carrera. De modo que dejó a su marido; y, por lo que a mí se refiere, me puso al cuidado de su numerosa familia de Alabama.
Regalos navideños
A lo largo del día estaremos presentando varios relatos en los que aparezca la navidad, escritos por reconocidos cultores del género. Esperamos que los disfruten:
El regalo
Por Ray Bradbury
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
Hijos de Maro (Entrega 23)
Una entrega más de la novela «Hinos de MAro», a continuación, sólo con pulsar en el número correspondiente podrán leer algún episodio anterior: 22, 21, 20, 19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1.
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Son muchas las cosas que debo corregir, como el señor Parpajo en el relato de EP Puntos del otro – que pueden leer en su blog (http://enriquepagella.blogspot.com.ar/2012/11/puntos-del-otro.html); lo ha subido Juan Carlos «Soplete» Molinari hace unos días con el final que no tenía; en su face hallarán el link: http://www.facebook.com/soplete.parajuancarlos.
Son muchas también las cosas que han sucedido mientras surcamos la pampa argentina en el motorhome de Oliverito.
Debo confiarles, amables lectores, que he demorado la aparición de esta entrega porque me siento profundamente confundido y cansado. Y no sólo porque todo se ha complicado sino porque el rumbo de los acontecimientos me impone un único recurso: decir la verdad, pero no la verdad general, la verdad grande y esclarecedora que intenté en alguna entrega sino la personal, la que sólo puede adquirir forma a través de lo que ciertas religiones y la maquinaria jurídico policial denominan «confesión».
El último video de Rammstein es una obra maestra: Mein Herz Brennt
El video más esperado del año por los fanáticos de Rammstein fue Mein Herz Brennt, desde que se hizo el anuncio del lanzamiento del single que lleva el mismo nombre y el blue ray Videos 1995-2012.
Previamente al video, el grupo hizo una campaña de expectativa que incluyó la versión en piano de la canción, con su respectivo video:
Mein Herz brennt Piano Version from Rammstein on Vimeo. Leer Más…
«El extranjero», la versión cinematográfica de la novela de Camus
Dirgida por Luchino Visconti y protagonizada por Marcelo Mastroianni, esta película es la versión cinematográfica de «El extranjero», la novela más conocida de Albert Camus. Fue filmada en Argelia y el sol que golpea al mediterráneo hace entender esa disposición a la tragedia que tienen los hombres que se bañan en las aguas que golpean esa costa africana.
El ladrido del fin del mundo, por Thomas Bernhard
El ladrido de los perros
‹‹Podría decir que está en lo alto››, dijo el pintor, ‹‹que está en lo bajo, alternativamente muy arriba y muy abajo, por todos lados; escuche, se golpea la cabeza contra la capa de nieve, se rompe ininterrumpidamente contra el hierro espantoso del aire, contra el hielo del aire, tiene usted que saber, allí se rompe, y hay que respirarlo, respirarlo por los conductos auditivos, hasta que se vuelve uno loco, hasta que lo desgarra y lo despedaza a uno, hasta que las orejas nos matan cerebro y bocaza, bocaza y cerebro, tiene usted que saber, nos los matan con la ingenuidad sin límites del deseo de destrucción. Escuche, quédese quieto y escuche: ¡esos ladridos! No se puede suprimirlos, sólo se puede rechazarlos, rechazarlos se puede, se puede actuar con el cerebro contra los ladridos, contra los gañidos, contra esos horribles aullidos, se puede derribarlos, pero vuelven a levantarse tanto más espantosos, aplastan la carne, el alma y la carne aplastan, se han instalado como gusanos, en los espacios, tiene usted que saber, se han instalado por todas partes, en la grasa inimaginable de la Historia, del universo, en las mazas de los diluvios infusibles…. Resulta insensato››, dijo el pintor, ‹‹esconderse en los ladridos de los perros, porque de todas formas lo descubren a uno, y entonces le destrozan a uno hasta el miedo a dentelladas… Sí, tengo miedo, el miedo es lo que tengo, por todas partes oigo: el miedo y otra vez el miedo, y oigo el miedo, y ese fantasmal trauma del miedo bastará para desbaratarme, para volverme loco, no sólo mi enfermedad, comprende, no, no, no la enfermedad sola, la enfermedad y ese trama del miedo… ¡Escuche!… Cómo los ladridos se ordenan, cómo se hacen sitio, escuche, son los restallidos de látigo de los perros, la agilidad máxima de los perros, la desesperación máxima de los perros, una falta de libertad infernal que se venga, que tiene que vengarse de sus desconsolados inventores, que tiene que vengarse de mí, de usted, sí, también de usted, de todos los fenómenos sin límites, de todos los fenómenos sin límites, horribles, en el fondo amputados, de las colas de los hombres, que son colas del cielo y del infierno, de las colas del infierno en lo alto y de las colas del cielo de lo bajo, de la desgracia con experiencia carcelaria de todos los portadores de tragedias… Escuche a esos portadores de tragedias, escuche: a esa chusma obstinada de las lenguas viperinas que se niegan a responder, escuche: a esa república soviética monstruosa y repugnante de la estupidez omnipotente, escuche: a esa hipocresía parlamentaria no invitada y desvergonzada… Ahí están los perros, ahí está el ladrido de los perros, ahí está la muerte, la muerte con todas sus salvajadas, la muerte con todas sus deformidades, la muerte con su hedor a criminal empedernido, la muerte, ese remedio penoso de toda desesperación, la muerte, el portador de bacilos del infinito monstruoso, la muerte de la Historia, la muerte de la falta de recursos, la muerte, escuche, que yo no quiero, que nadie quiere, que nadie quiere ya, ahí está, la muerte, ese ladrido de los perros, escuche, el ahogamiento rebelde de la razón, la recusación de testimonio de todas las suposiciones, escuche, ese golpear demencial de todas las partes blandas de la memoria contra el pavimento de hormigón del grande y sublime desvarío humano… Escuche mis opiniones sobre el ladrido de los perros, escúchelas… Intento investigar en él el pensamiento del tiempo del infierno, la perturbación de los espacios, del cámbrico, del silúrico, del carbonífero, del pérmico y tiránico, jurásico, de los monstruosos terciario y cuaternario, con la monstruosa y absurda negación de los grandes aluviones que siguen surgiendo de la profundidad… Escuche, voy hacia ese ladrido, penetro en él y le rompo los dientes, lo domino con mi irracionalidad cargada de tormentas, desbarato su proceso mental, sus actividades de propaganda mentirosa… Escuche, quédese quieto y escuche la baba sudorosa y estúpida de las lenguas de los perros, vamos, escuche los perros, escuche, escuche… ››. Leer Más…

















