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Las damas de la Moncloa, de Mª Ángeles López de Celis

Reseña:

Manuel García Pérez

@ManuelGarciaOri

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   Si algo demuestra el talento en un ensayo, es su maleabilidad para contar las cosas y, en el caso de Las damas de la Moncloa, la autora consigue sutilmente un análisis político de nuestra democracia a partir de la historia de las esposas de  todos los presidentes de Gobierno. No recuerdo que alguien haya hecho algo así antes.

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Feria Madre (segunda entrega)

Por Pedro Pablo Escobar

Como lo anunciamos la semana anterior, iremos presentándoles, todos los domingos, la novela «Feria Madre» escrita por Pedro Pablo Escobar con ilustraciones de Pedro Pablo Escobar Muñoz(Acá pueden leer la primera entrega).

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CAPITULO  II.

 

Del origen del hombre y las cosas

 

En algún momento, en un estado mezcla de ensueño y vigilia donde se funden los planos de la conciencia y la inconsciencia, el mundo del lago parecía tener vida y ser uno con lo circundante. Figuras imprecisas parecían ser plantas, luego bestias, imitaciones humanas, bosquejo de estrellas; venían de las sombras y a las sombras volvían ante cualquier ápice de luz. De penumbra se condensaban en penumbra. Los débiles rayos de la luna formas les daban como sombras en materialización. Se reflejaban en la laguna y parecían danzar en comunión con los juncos, aves, reptiles y peces, formando un todo vibrante moviéndose al ritmo de un tam-tam cada vez más intenso para luego descender a las fronteras del silencio y luego arraizar, y así indefinidamente. “Es la danza de la vida” parecían repicar los lagartos hambrientos ante el enjambre de ranas e insectos, “Es la danza de la muerte” parecían decir las ranas y los insectos en boca de los lagartos, “Es la danza de la vida y la muerte” parecía decir la luna como testigo en la altura y reflejada en el espejo del lago. Fantasmagóricas rondas de luciérnagas y torbellinos de agua brotando del lago, se materializaban en formas aladas de murciélagos, ángeles, buitres, cartas de amor y muerte, suspendidas por la briza acariciante, translúcidas a los rayos de la luna llena rojiza. Un millón de formas, sonidos y colores, el raudo cambio y la total metamorfosis, eran reminiscencia de dioses idos, cuna de todo ser viviente, sepulcro de todo ser marchito. ¡La infinita conmoción! ¡El infinito orden! Luego, el tam-tam fue disminuyendo, el silencio reemplazaba la algarabía, renacía la realidad. Los fantasmas regresaron a la nada. La danza frenética de la imaginaria ronda volvía a la inexistencia. Desapareció el festín de las sombras condensadas en la noche. Con la aurora huyeron los fantasmas hacia el al ámbito de las irrealidades. Un impulso irresistible le izó del naranjo donde estaba guarecido y como un viento huracanado de fuerza colosal, le depositó en un claro de la laguna. Sintió de nuevo el vacío, un inenarrable vacío. Y de pronto sucedió lo impensable: las aguas se arremolinaban a su alrededor en un juego de exquisitos colores, su mente comenzó a expandirse en toda dirección, y cascadas de agua se alzaban de la superficie brillante de la laguna y se vertían en su mente hasta rebozar. Parecía que el lago había abandonado su natural cauce  y llenado su mente. Ya no había vacío. El conocimiento, la razón de las cosas, la respuesta a todo interrogante, parecían haberle invadido. Pero todo era impreciso y nuboso. Ahí estaban las respuestas, mas ¿cómo traerlas a la superficie? No había aun salido del arrobamiento cuando un viento igual de impetuoso, le izó por el aire y lo trajo de regreso al sitial bajo el naranjo. Fueron estas sus primeras percepciones y pensamientos al despertar. Debilitadas huellas de tan singular ensueño. Somnoliento bajo el naranjo a la vera del frondoso sendero, en tierra ajena aunque no extraña – nada hay de extraño para el viajero -, recobra la lucidez, y como por encanto se puso de pie.  

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Bárbaro de Aimé Césaire

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Bárbaro

Aimé Césaire

 

Es la palabra que me sostiene
y golpea mi caparazón de cobre amarillo
donde la luna devora en la sopanda de la herrumbre
los huesos bárbaros
de las cobardes bestias merodeadoras de la mentira

 

Bárbaro
del lenguaje sumario
y de nuestros rostros bellos como el verdadero poder operatorio
de la negación
Bárbaro
de los muertos que circulan por las venas de la tierra
y vienen a veces a quebrarse la cabeza contra los muros de
nuestras orejas
y los gritos de rebeldía nunca oídos
que giran con medida y timbres de música

 

Bárbaro
el artículo único
bárbaro el tapaya
bárbaro la anfisbena blanca
bárbaro yo la serpiente escupidora
que de mis putrescentes carnes me despierta
de repente gekko volador
de repente gekko franjeado
y me adhiero tan bien a los lugares mismos de la fuerza
que deberéis para olvidarme
arrojar a los perros la velluda carne de vuestros pechos.

 

Traducción: Rosalía Cortés R.

Universidad Nacional de Colombia

Feria Madre (Novela por entregas)

Por Pedro Pablo Escobar

Desde hoy, todos los domingos, habremos de presentarles un capítulo de una novela por entregas escrita por Pedro Pablo Escobar llamada «Feria Madre» e ilustrada por Pedro Pablo Escobar Muñoz. Esperamos que la disfruten y la sigan semanalmente:

 

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CAPITULO  I.

LIBERACIÓN DE LA SUPREMA PESANTEZ.

El caracol, con movimiento apenas perceptible, se deslizaba en la pared del baño adyacente al jardín de atrás. El ermitaño le vio con sorpresa y dijo en su pensamiento: “Por primera vez encuentro un animalito de su clase en este rincón del mundo y en estación de verano; que aparezca así de repente, es en verdad extraño. Anda a la deriva sin meta alguna o quizá  el calor le ha traído a refugiarse en lugar fresco, hagámosle pues cómoda la estancia a mi querido inocente visitante”. Salió. Regresó con unas hojas frescas de lechuga y las colocó al alcance del pequeño gasterópodo en la base del ventanal de la pared. Olvidado el suceso continuó la rutina diaria: preparar el frugal desayuno, regar el huerto, ordeñar dos cabras, y visitar la gruta atrás de la cabaña, donde disfrutaba la paz que suelen inspirar las soledades pétreas. Era la gruta estancia de su predilección, sitio de lectura y meditación, siendo la cabaña el puente con el mundo exterior.

Pasaban los días y el animalito parecía amoldado a la nueva morada, parsimoniosamente se trasladaba de un sitio a otro en la verticalidad de la pared sin intentar salir. Pensando que este no era el ambiente natural del caracol, Simónides – nombre del ermitaño- le asió con delicadeza y lo depositó entre las hortalizas del huerto. Semanas después, el ermitaño, sorprendido, vio al caracol en la misma pared del baño, próximo al ventanal por donde había penetrado. Y entonces, haciendo conjeturas y tratando de hallar una explicación al extraño comportamiento del animal, concluyó:  “Trata de advertirme de un acontecimiento por suceder, es como si algo ansiado desde hace tiempos esté próximo a su concreción. Aunque en verdad difícil es saber si se trata del mismo animalito, y más difícil aún saber cuál es el suceso tan anhelado”. Pintó una porción de la concha del caracol con laca para madera, esperó que secara y luego tomando al animalito lo depositó en la parte más apartada del huerto, y se dirigió a la gruta bajo un impulso incontenible de encontrar respuesta al tumulto de interrogantes que invadían su mente luego de abandonar al caracol.

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La metamorfosis de Kafka por Gabriel García Márquez.

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Dos libros fueron fundamentales para Gabriel García Márquez, según se desprende de su autobiografía «Vivir para contarla»; el primero fue Las mil y una noches, libro con el que aprendió a leer en la escuela montessoriana de Cataca, y que prevaleció como una influencia durante su posterior obra; el segundo, La Metamorfosis de Franz Kafka, que lo   animó en gran medida a publicar su primer cuento en el diario El Espectador.  Esta es la impresión de la primera lectura de este cuento que significó un giro en la comprensión de la ficción para el escritor colombiano:

Vega llegó una noche con tres libros que acababa de comprar, y me prestó uno al azar, como la hacía a menudo para ayudarme a dormir. Pero esa vez logró todo lo contrario: nunca más volví a dormir con la placidez de antes. El libro era La metamorfosis de Franz Kafka, en la falsa traducción de Borges publicada por la editorial Losada de Buenos Aires, que definió un camino nuevo para mi vida desde la primera línea, y que hoy es una de las divisas grandes de la literatura universal: <Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto>. Eran libros misteriosos, cuyos desfiladeros no eran sólo distintos sino muchas veces contrarios a todo lo que conocía hasta entonces. No era necesario demostrar los hechos: bastaba con que el autor lo hubiera escrito para que fuera verdad, sin más pruebas que el poder de su talento y la autoridad de su voz. Era de nuevo Scherezada, pero no en su mundo milenario en el que ya todo era posible, sino en otro mundo irreparable en el que ya todo se había perdido.

Vivir para contarla. Gabriel García Márquez. Editorial Random House Mondadori. 2004. 

Un texto surrealista de Antonin Artaud

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Antonin Artaud rompió con el surrealismo porque no estuvo de acuerdo con el santo patrón del movimiento, el señor Andrés Breton;  el resquebrajamiento ocurrió en 1927, cuando Antonin escribió un texto en el que se declaraba más cercano a la revolución social a la que ya se habían alineado Éluard y Aragon. Su trabajo con el surrealismo fue muy activo y en 1925 fue el director de la «Central Surrealista». Les presentamos un texto escrito por Artaud cuando aún pertenecía a este movimiento que buscó cambiar el arte y la vida:

Texto surrealista

El mundo físico está aún allí. Es el parapeto del yo que mira, sobre el que un pez de color ocre rojizo ha quedado, un pez hecho de aire seco, de un coágulo de agua remansada.

Pero algo ha ocurrido de repente.

Ha nacido una arborescencia rompediza, con reflejos de frentes, raídos, y algo así como un ombligo perfecto, aunque vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que también derramaba sangre aguada, que derramaba sangre cuyos hilillos colgaban; en esos hilillos, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.

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Borges dibujante: Una Hidra y una escena de baile tanguero

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Este es un dibujo hecho por Borges  forma parte de la colección de Libros raros de la Universidad de Notre Dame. Lo que aparece escrito contiene dos partes, una de ellas es una referencia al origen de este género musical que, como se aprecia en la imagen, está incompleta pues continúa en el reverso de la misma hoja, el texto  (incluyendo lo que está en la pagina posterior) es el siguiente:

El tango es prostibulario. De ello no tengo dudas. Pero la certeza no me acompaña si se trata de ubicar la cuna del mismo.

Para Ernesto Poncio, es la recova del Retiro, claro está, en los prostíbulos; los del Sur creen es en la calle Chile, y los del Norte sostienen … que es en la calle del Temple, ambas golferas. En todo caso es también indiscutible que nace entre 1880 y 1890.

La otra parte corresponde a las coplas que aparecen a ambos lados del dibujo:

Barracas al Sur
Barracas al Norte
a mí me gusta
bailar con corte

Mañana por la mañana
me voy a las Cinco Esquinas
a tomarme un mate amargo
de la mano de mi china

El dibujo no está fechado pero forma parte de ese «corpus» que evidencia una perspectiva que buscaba quitarle ese «glamour» con que el tango comenzó a contar desde su redescubrimiento parisino. Además, Borges defenestraba el tango de contenido sentimental y siempre fue más cercano a la estética del barriobajero, tan explotada en muchos de sus relatos y ensayos.

Borges también cuenta con otro dibujo que desmonta, una vez más, la perspectiva generalizada que encumbra al escritor en un lugar impoluto en el que jamás se dejó tocar por aspectos «menores» como la política. Este segundo documento está en  la colección que tiene la Universidad de Virginia y pertenece a un manuscrito de nueve páginas llamado «Viejo hábito argentino»  que luego apareció publicado como «Nuestro pobre individualismo» en el libro «Otras inquisiciones»:

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Poemes de la nina libèl.lula, de Miquel Català

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Poemes de la nina libèl.lula, de Miquel Català

Valencia, Editorial Germanía, 2012.

Manuel García Pérez

@ManuelGarciaOri

  La poesía que Miquel Català recoge en este nuevo libro se caracteriza por esa voluntaria brevedad que convierte al poema en un horizonte de continuas expectativas, pues lo dicho, por su concisión, quizá es menos importante que lo no dicho. El silencio y lo comunicado se compensan en esa unidad metamórfica que es un poema que parece sencillo, pero cuya hondura se manifiesta por la depuración formal que ha experimentado. Sin duda, esa depuración es síntoma de la necesaria búsqueda de un espacio inconcluso, significativamente diáfano donde el poeta alberga su voz de renuncia a cuanto se deja manipular por los sentidos.

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Dios en una novela de Olaf Stapledon

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El misticismo y su tradición escrituraria es cercano a la ficción especulativa y no sólo por lecturas que reinterpreten textos bíblicos o poemas hechos por quienes tocaron el éxtasis: En 1944 el mundo pudo apreciar cómo el escritor inglés Olaf Stapledonen su novela Sirio  hacía que un perro con un cerebro más inteligente que el de un humano promedipudiera intuir la presencia divina. Les presentamos la descripción que hace el propio ser, quizá mosntruoso en la medida que no es clasificable:

Di vueltas y vueltas, frotándome dolorosamente el lomo contra la pared cada vez que giraba sobre sí mismo, lanzando una dentellada a la cortina cada tez que pasaba ante ella. Todo aquello era simple afectación: yo representaba dramáticamente el papel de animal enjaulado. Las campanas de las iglesias y colegios sonaban cada cuarto de hora. El ruido de los coches se iba apagando con las sombras nocturnas. Recordé furiosamente el olor de Plaxy, amado y repulsivo; y el olor de mi última perra, dulce pero falso, promesa de un espíritu inexistente. Y luego, de pronto, el amable olor de ldwal y las ovejas envueltas en la bruma. Y el olor de Pugh, sudoroso y excitado. Los olores de la escarcha, de un día de estío, de viento marino, del viento del oeste cuando cambiaba al este. Rastros de liebres y conejos. El hedor irritante de un gato. El olor denso y suave del zorro. Los animales del circo. El cloroformo, y los bandidos. El débil olor del sufrimiento, que aprieta la garganta, y parece venir de un rincón desconocido del laboratorio.

Y bajo esta marea de olores, una corriente subterránea de sonidos: tonos de voces humanas, balidos de ovejas y corderos; el viento gimoteante o furioso; compases de música humana, y temas de mis propias canciones.

Toda mi vida fue una unión de olores y sonidos, y contactos, también. Pues sentí la mano de Plaxy en el cuello, y huesos que crujían entre mis dientes, y el lomo suave de una joven perdiguera que había conocido en Ffestiniog.

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Majestuoso Rafa, por Altais

Majestuoso Rafa fue un cuento que realicé para el evento Ulyses Cybernético, heroísmos en la era digital, que se unía a la celebración del Bloomsday, en honor al Ulises de James Joyce. A partir de esta historia, que es un derivado de algunos pasajes de Joyce, se podían realizar otras derivaciones. Y fue lo que sucedió con un artefacto que para mi asombro, al parecer, fue el que más llamó la atención de las tecnologías que sugerí en esta historia: el reloj. Un reloj muy similar al que se especula está desarrollando Apple con el nombre Iwatch.  Esta es la adaptación gráfica de Majuestuoso Rafa que hizo el periodista gráfico Altais, familiar en Mil Inviernos por otras colaboraciones:

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