Osito Teddy conoce el existencialismo por Michael Ende

Libro en Biblioteca Pública Virgilio Barco. Bogotá
Desde la conmovedora historia de Brian Aldiss «Los superjuguetes duran todo el verano» no había leído un texto en donde un osito de peluche se interrogara tan arduamente por su propio ser y se cuestionara tanto sobre la artificialidad, como en el cuento infantil El osito de peluche y otros animales, de Michael Ende.
La pregunta no nace del oso por sí mismo, es un moscorrofio el que le pica la duda a Lavable (nombre de la etiqueta que lo bautizó), por supuesto, recriminándolo sobre su aparente inutilidad y su insignificante existencia. El osito Lavable está tirado, abandonado por su dueño, después de que éste creciera, se fuera, y el oso quedara como una parte del mobiliario, encima del mueble, perplejo, a veces inclinado, sobre el sofá. Al moscorrofio le irrita ver algo tan aparentemente inútil, y le hace preguntar al oso qué hace en este mundo, cuál es su sentido e importancia en este mundo.
Para encontrarlo, Lavable emprende un periplo alrededor del mundo, en que da con toda clase de animales, que lejos de darle una respuesta, lo alejan, y le hacen sentir diferente, poca cosa y residual. Por los valores que da cada especie de animal al valor de la existencia, se deduce son antropos, sino en forma sí en sustancia, y de allí que uno adivine en cada una de estas criaturas un oficio humano, o unas características propias de cada grupo humano que considera son mejores sobre otras. Allí tenemos al vanidoso artista, al obsesivo calculador positivista, a los odiosos filósofos y pensadores, a los hacendosos obreros. Y el osito Teddy sabe que no puede ser ninguno de ellos, además porque todos lo rechazan debido a que su ser peludo no se ajusta a los altos valores que estos consideran son los de la existencia.

Autor e ilustrador, cada uno con un bicho picándole
Michael Ende, maestro de inocular filosofía a través de sencillos relatos, nos brinda una nueva versión del osito de peluche, con una aparente ingenuidad embarga el ánimo de la misma melancolía y confusión epistemológica que el cuento de Brian Aldiss, en fin, la pregunta es sobre la existencia de nosotros mismos y cómo un peluche artificial puede ser más auténtico que toda esa clase de animales que seguros de encontrar los valores en el mundo se pierden de encontrar algo más fundamental, y esto es el amor.
Investigación sobre los pecados capitales. (Primera entrega)

Entre pecado capital y pecado capital hay muros agujereados; un ratoncito que ha abrevado en las mieles de la lujuria, puede repantigarse sobre el desierto campo de la pereza y soñar con banquetes cocinados por el cocinero de la gula. Gracias a esta investigación hecha por milinviernos, hemos concluido que los ratoncitos somos nosotros. Y cuando escribimos “nosotros”, nos referimos a los lectores de la entrada y a todos aquellos miembros de la humanidad que se consideran desdichados y carentes del ataque inhóspito de un autoasesinato (así es: el suicidio lo dejamos para proclamas adyacentes a una obra, ya sea artística, científica, económica, social, etc).
Este trabajo se materializará en siete entradas. Cada una de ellas corresponderá a alguno de los siete pecados capitales. El objetivo de este primer capítulo, más que el de evidenciar los engranajes de cada uno de los rigores de nuestros deseos, es el de atisbar, entre los escombros del desánimo, por qué un masturbardor se siente lujurioso.
Este primer tema es el que más convoca a milinviernos, junto a la ciencia ficción: las pajas. Aunque huelga aclarar que, como dice el poeta:
Entre las pajas y la ci fi no hay muchas diferencias:
El principio de identidad se extravía en los recovecos
de solitarias eyaculaciones
y un mesías que
con casco de astronauta
anuncia que el fin de los tiempos ocurrió ya
y somos la bocanada última del incendio
eructado por el inframundo.
El tema de la presente exposición, dada la escualidez de las fronteras entre pecados capitales, tiene dos focos a saber:
- La lujuria.
- La envidia.
Premios Inquilino del infinito

Sánchez Merlano, el primer inquilino.
Aquilino Velasco, como inquilino del infinito, bordeó la mortalidad por algunas décadas; las suficientes para escribir delicias como Los espejismos de la oscuridad y sufrir como toda ausencia de vulgaridad. Siempre alejado de los conciliábulos literarios, patrocinados por editoriales transnacionales o las regentadas por sujetas y sujetos de prosapia intelectual, Aquilino se internó a vender sus libros en locales céntricos de Bogotá donde las empanadas tristes solían envejecer entre mostradores de vidrio.
El inquilino del infinito inoculó a través de sus volúmenes, muchos de ellos hundidos en los anaqueles de librerías no adscriptas a alguna cadena comercial e ignoradas en las listas hechas por bloggeros y periodistas culturales donde se refieren los locales comerciales que cumplan con visos posborgianos, los cementerios azules que se sospechan desde los pocos instantes por los que asoma la eternidad a echar un vistazo a los días de cualquier mortal. Alimentó, además, el deseo de garrapatear verbos de otros tantos escritores que, considerados como de poca monta o directamente ignorados, se han reunido a celebrar la primera edición del premio Inquilino/a del infinito.
Ocurrió el 28 de Enero de 2016.
Lugar: El tacón de la empanada; establecimiento comercial destinado a la diversión de los empleados de oficinas que salen, agotados y absortos en pensamientos alcohólicos, los viernes al despuntar la noche para olvidar sus nombres y llegar, entre tambaleos y susurros hechos de reproches a su propia vida, a dormir a la cama junto a su cónyuge sin que medie explicación alguna.
Hora: 17 en punto, justo cuando el cielo se convierte en las cenizas del niño que abruma a Bogotá y corrobora que el apocalipsis ocurre todos los días.
Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y Ciencia Ficción. Por Luis Bolaños
Reflexión Molecular sobre la interfase entre mainstream y género de CF (Luis Antonio Bolaños de la Cruz) domingo, 1 de noviembre de 2009 / Ciencia Ficción Perú
Diversos artículos a lo largo de los dos últimos lustros (recuerdo por ejemplo, uno de Niño de Guzmán) me ha suscitado diversas emociones, indignación pero también lástima, por eso deseo empezar con un tándem que vincula mis dos definiciones más queridas de CF:
“Es la rama de la literatura fantástica que se dedica a especular sobre las variables fundamentales que caracterizan a la humanidad –y sus anexos- en todo tiempo y lugar” (la clave aquí es fantástica, no tecnológica) y
“La CF es el género o subconjunto literario que al funcionar como agujero negro da cuenta de los demás subconjuntos literarios y del conjunto mayor o mainstream” (la clave aquí va de inclusión a adsorción, ya que apenas desde cualquier otro género o del mainstream pueden abordarse esos temas anteriores que son el fundamento de todo relato de CF).
Es más, parece que los acercamientos referidos a la segunda definición, convierten a los textos que abordan su interpretación en verdaderos objetos en el borde del anillo de Schwarszchild de un “black hole”, o sea que caen o son atraídos dentro de la CF, lo cual provoca no poco desconcierto en aquellos críticos que relegan o ningunean a un género, tan complejo que es capaz de realizar semejante artificio y embutirse lo que se acerca sin contemplaciones. De allí la proposición de subconjunto que da cuenta, en palabras de Douglas Adams, de “la vida, el universo y todo lo demás”
Lo cual significa por un costado, que la CF es profundamente humanista (percibida desde la vertiente fantástica por las preocupaciones esenciales que promueve), y por otro lado que cualquier relato que se aproxime a su anillo temático de Schwarszchild es devorado irremediablemente por ella –recordar que una vez encajado le ocurrirá lo mismo que le sucede a cualquier materia, energía o información en el interior de un agujero negro: será incapaz de abandonarlo- y eso a pesar de los plumajes erizados, las negaciones a porfía, las doctas disertaciones sobre la trascendencia y la incapacidad de numerosos críticos para asumir que un género despreciado por su vinculación inicial con los pulps, pero denominado a la posteriori como “literatura culta para masas”, pueda esgrimir esas características.
Por eso recurren al ajado argumento que sostiene que cualquier obra de un escritor de mainstream no puede ser CF… porque la trasciende. Ante semejante contumacia no queda más que carcajearse cuando leemos a Philip Roth y su ucronía (que por cierto no es descubrimiento de él como se atrevió a decir algún crítico despistado) o a Ishiguro y su novela “Nunca me abandones”, tan parecida a una novela de Michael Marshall Smith (Clones) o al film “La Isla”. En este punto recuerdo la provocadora frase de Michel Houellebecq rubricando que lo único trascendente de la literatura del Siglo XX es la ciencia ficción.
Y ahora ocurre igual con el ganador del Pulitzer Cormac McCarthy y “La Carretera”, espléndida y brutal novela de CF, que ha originado un diluvio de comentarios elogiosos en blogs, revistas y periódicos, donde por lo general la tildan de postapocalíptica, pero eluden señalarla como perteneciente al género (alguno vergonzante dirá que es cercana); no obstante para los aficionados no existe motivo de engaño, les recuerda tantas y diversas peripecias descritas por David Brin (El Cartero), Robert McCammon (Canto del Cisne), Stephen King (Apocalipsis), Sonya Dorman (Corre, corre, corre, dijo el pájaro), Plop, un auténtico descenso a los infiernos debido a la pluma de Rafael Pinedo, o Richard Corben (Mundo Mutante) o las diferentes series de aventuras postcatástrofe (ambiental o atómica o cualquier otra causa) que las historietas argentinas de Columba y Skorpyo se esforzaron por esparcir en América del Sur. Quizás la diferencia fundamental estriba en el estilo, breve, compacto, èpico y casi poético de la triste novela, y no en la lacerante, áspera, sin resquicio para la esperanza, terrible acontecimiento que nos despliega, y que tan común es a ese tópico particular de la CF. Y es que tenían que leerlo proveniente de un autor “normal” para reventarle cohetes y prodigarse en elogios.
Parafraseando a Harry Harrison repito para comparar: que una vez veías al cowboy cabalgando hacia el sol rojo de un atardecer o seguías los incidentes que franqueaba el antihéroe de una novela negra para solucionar un crimen, las habías -en cierto modo- leído todas, pero la infinita gama temática de la CF que se expande como la galaxia o que siguiendo con el icono del “agujero negro”, interactúa dinámica con su entorno literario: tragando lo que colinde o se acerque, girando sobre si misma para morderse la cola y/o parodiarse, vibrando e insertándose en otros soportes (historietas, comics, películas, música, teatro, modas) con un talante peculiar: por sus características genera una distorsión extrema en tiempo y espacio; y encima, va creando la masa crítica que permite prepararse para la novedad, medida por la fuerza gravitatoria que ejerce en la humanidad (en el listado de los filmes más vistos -y tomando en consideración que el cine es el arte del siglo XX como decía Lenin- la mayoría son pertenecen al género y ni se diga de la tecnología que usamos en la actualidad, soñada o propuesta en sus textos desde el siglo XIX)
(dulcemente). Un relato de Enrique Pagella
Les presentamos este trabajo hecho por el autor argentino Enrique Pagella. Esperamos que lo disfruten.

Los amantes. Magritte
X: Hoy desperté un poco nervioso.
Y: Yo no. Los rayos de sol entraban tibios por la lucera y los telones albos bailaban con la brisa matinal. Qué belleza ¿No te parece?
X: No. No me gustan las cortinas. Hoy me levanté perturbado.
Y: Yo no. Un pajarito purpúreo como un corazón se posó en la rama del tilo que encuadra la ventana y cantó largo rato para mí ¿No es hermoso?
X: No. No me interesan los pájaros, no saben nada de música. Ya te dije que amanecí muy nervioso.
Y: Yo no. Después del canto de los pájaros escuché Las cuatro estaciones de Vivaldi. ¿No es de lo mejor que se haya compuesto jamás?
X: No. No me gusta Vivaldi, es el introductor del comunismo en la música; yo soy partidario del concierto soli. E insisto: al despertar estaba muy pero muy nervioso.
Y: Yo no. Apenas salí de la cama me di un baño de inmersión con agua de lluvia y esencia de rosas mientras tomaba un té de jazmín endulzado con la miel más dorada que te puedas imaginar. Y te confieso algo: después unté toda mi piel con leche de coco de las Guyanas francesas ¿Fuiste alguna vez a las Guyanas?
X: No. No me gusta viajar, odio el movimiento en quietud, el movimiento del que no soy responsable. Hoy me desperté aterrado. Escuché una voz en mi cabeza.
Y: Yo no. Después del baño y antes del desayuno medité. Qué placer. Derramé los pensamientos de mi mente y llegué a palpar el vacío primigenio, esa armonía de mi ser con el cosmos tal cual lo hacen los animales y los vegetales ¿No te parece que ellos son verdaderos maestros de la existencia?
X: No. Detesto a todos los seres inferiores y sus porquerías. La voz era muy parecida a la mía pero sonaba como si fuese de un desconocido…
Y: Yo no…
X: Yo no… ¿Qué?
Y: Yo no sueño esas cosas.
De la arquitectura biológica y sus derivaciones, por Luis Bolaños
Tenemos el gusto de presentar este cuento de uno de los maestros de la Ciencia Ficción Colombiana, Luis Antonio Bolaños de la Cruz, esperamos lo disfruten:

De la arquitectura biológica y sus derivaciones
Luis Antonio Bolaños de la Cruz
Compito con ilustres antecedentes a los cuales he extraído una imagen por allí, otra por allá: Dick (Aquí yace el wub), Leinster (Exploration Team), trilogía sobre los primeros habitantes de América del Norte (Michael Gear y Kathleen O’Neal Gear), Bradbury (Los marcianos), Van Vogt (Proceso) y Sheckley (El visitante de la aurora), con lo cual el relato culmina como una mera variación mezclada de los ideas de la media docena de autores nombrados, pero creo que agrega un adarme de apoyo a ese principio ambientalista “todo implica todo y todo se relaciona con todo” apuntando a un conecte cósmico, donde todos somos los demás y viceversa, aunque en el planeta del relato ocurre de manera literal.
Circunstancia
Las estrellas estaban allí, arracimadas, reproduciendo tanto el diseño embrollado de las redes de conexiones neuronales como el cableado que las interconecta para desencadenar breves neuromotos de actividad, corriéndose al rojo mientras frenábamos como podíamos, lanzando ráfagas de órdenes a través de los tableros de mando y dirección subsistentes, arrojando por compuertas y claraboyas materiales, instrumentos, basura, cadáveres, tratando de salvarnos, en búsqueda desesperada tras la falla en pleno viaje FTL (Fast Than Light) de algún dato planetario que coincidiera siquiera de manera parcial con las características terráqueas a que se amoldan nuestros cuerpos, ya que no tendríamos oportunidad para terraformar, o para permanecer en órbita por décadas, los daños transitaban de severos a graves en tanto brotábamos de nuestra trayectoria al espacio real y a medida que se encendían como ristras coloradas las luces de peligro en las pantallas y se hermetizaban niveles enteros, aumentando el listado de bajas, la preocupación se instalaba y el temor se expandía al cancelarse el límite de gestión de riesgos que programamos previamente.
Nuestra organave se liberaba de porciones, miembros, aparatos, ampollas y secciones, cauterizaba y cercenaba para amparar lo salvable, aplicaba eutanasia, apoptosis o ablación, según la rapidez requerida, los colores dóciles y tranquilizadores de los pasillos, y los vivaces y restallantes de las salas se ensombrecían y palidecían, latigueaban furibundos, mientras las funciones se alteraban, un galimatías de gruñidos, suspiros y lamentos brotaban de las paredes acompañados por fluidos, espumas y gelatinas que viraban a vómitos inescrutables, cintas de proteínas quemadas o manchurrones antiestéticos en pocos segundos. Con los hidropónicos y ecosistemas vegetales comprometidos y los criaderos desaparecidos, una preocupación adicional se percibía: la alimentación iba a escasear.
1000 cosas que sólo personas muy ansiosas podrán entender (audio)

Robin Williams era un famoso ansioso que sentía mucha ansiedad (Dan Steinberg/Invision/AP Images)
¿Te sientes identificado con alguna de las siguientes características de los famosos ansiosos?
Tal vez seas un ansioso no famoso.
Escuchar:
Poemita de Sophia Ossiaz
Intento número uno de hacerle un poema
Sophia Ossiaz
Yo con usted puedo cerrar los ojos y no tener miedo,
y luego de no tener miedo, dibujarle cosas en todo el cuerpo;
como si mi mano fuera de esas astillas de árbol que pintan de negro cuando están quemadas.
Llegamos a ser hoja de humo,
porque me acuerdo que dejamos nuestros hilos enredados
y fuimos a desintegrarnos en el ozono.
Y ahí seguimos,
al borde de desteñir nuestros colores en tacto, sintiendo cada invisibilidad
¿Sabe cuando uno juega con el agua que trata de rozarla sólo con la palma?,
cuando quiere que pasen olas pequeñas y toquen las huellas digitales.
¿Sabe?
¿Todavía se acuerda de nuestros cuerpos que siguen abrazados allá abajo?
Están tratando de retenernos,
Por eso los vemos como hormigas en reversa, recuperando lo que se nos cayó en el desorden…
y dejan que todo vuelva a ocurrir:
ocurrir con un ritmo,
un ritmo de mariposas,
mariposas con alas,
con alas naranjas,
naranjas con pecas negras,
pecas negras que se convierten en agujeros negros:
y ahí no sé si se acaba.
Llegarás tarde a la playa (segunda entrega)
Presentamos la segunda entrega de «Llegarás tarde a la playa, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yépez (acá podrán leer la primera). De este mismo autor, milinviernos ya ha publicado otros dos trabajos: “De Chuyuipe a Canoa” y “La necesidad del corazón”.
MAREA LLENA o TAKE ME TO THE LIMIT ONE MORE TIME
Nada es más cobarde que hacerse el valiente con Dios
Pascal
Feliz hogar aquel en que cada uno de los cónyuges concede al otro la posibilidad de que tenga la razón aunque ninguno de los dos lo crea.
- F.
La prueba decisiva del matrimonio es la hora del desayuno
- P. H.
La vida, como una marea, fluye veloz y transcurre y todo lo mezcla en un gran torbellino de espuma.
¡Oh, cielo, que duermes ahora!
Levántate y hazte potente; y tú, ¡oh, Tierra! Ejerce tu poder a favor mío,
Abre de par en par las puertas de mi última morada,
Donde, en el cielo, me esperan calma y tranquilo reposo.
Poema Máori, de Nueva Zelanda
Joey Pulido finalmente se había graduado de bachiller en el colegio claretiano Espíritu Santo. El apellido Pulido, venía según una crónica familiar antigua, porque el primero de la estirpe nació ensangrentado y una tía lo lavó bien y cuando lo entregó le dijo a la madre y hermana:
-¡Aquí te lo traigo bien pulido!
Desde entonces se formó el clan de los Pulido.
Mientras empezaba la rutina de vestirse, recordaba el bello título de su tesis de filosofía, inspirada en los trabajos de filosofía política de Raymond Aron: “LA REBELION CONTRA OCCIDENTE”.
Se trataba de un ensayo más o menos extenso sobre la pérdida de poder e influencia de las ideas fundamentales de libertad, igualdad y democracia en Sudamérica. ¡Ah, qué noches aquellas!, horas y horas sentado frente a la máquina de escribir, tipeando toda clase de razonamientos, que demostraban la pérdida de poder de la libertad y el poco valor que ahora se le daba a la palabra democracia.
Sesudos análisis que demostraban el proceso suicida en que se hallaba embarcada Latinoamérica para destruir su futuro. Joey analizaba con la sutileza de un cirujano, el proceso de descomposición de las democracias y cómo los militares sucumbían ante las tentaciones totalitarias o a las provocaciones del idealismo anárquico e incurable de los activistas sociales. Al final el ensayo concluía, que las sociedades modernas, al alejarse de la opinión del pueblo; y al suprimir las elecciones, no lograban llevar a la sociedad a una etapa de desarrollo económico pleno y positivo para la democracia con igualdad y libertad.
Realmente fueron horas y horas de pasar sentado tipeando en la máquina de escribir sobre el derecho natural, el romanticismo y las democracias, vistas según el enfoque de los profesores Jean Francois Deniau y Jean Francois Revel.
Llegarás tarde a la playa (primera entrega)
Presentamos «Llegarás tarde a la playa, una novela escrita por el autor ecuatoriano Edison Delgado Yépez. De este mismo autor, milinviernos ya ha publicado otros dos trabajos: “De Chuyuipe a Canoa” y “La necesidad del corazón”.
A Jean Pablo Péndola,
con amistad y gratitud
La esencia de toda actitud verdaderamente profunda ante la vida está en comprender, o por lo menos en tratar de comprender la naturaleza y las limitaciones de lo que puede el hombre pretender de Dios, de la vida, del prójimo y de sí mismo, y en aceptarlas con ecuanimidad.
Paul Radin
Empezamos necios y nos hacemos cuerdos por la experiencia.
Proverbio Masai
El interior del espíritu de un escritor que trabaja duramente tiene que estar tan lleno de corrosión como una caldera oxidada y tal vez lo que pretenden encontrar antes de morir es un poco de aceite en la esencia del tiempo mudo.
Norman Mailer
Prólogo
No duermas demasiado.
Tu palo de cavar cayó al agua y tu cesta también.
¡Despierta!
Es casi la bajamar.
Llegarás tarde a la playa.
Poema Kwakiutl, de Columbia Británica
Ahora que he muerto, puedo verte con mayor claridad. Como aquel día que presencié en el departamento de un amigo un show de pasarela de transexuales en trajes de baño, peinados y maquillados a la perfección. Y le pregunté, al dueño del departamento en Salinas, si éstos en realidad eran maricas y la respuesta fue no. ¡Qué bien pasamos aquel día! Llenamos de cerveza toda una olla gigante para cocinar cangrejos y bebimos hasta llegar al límite y luego pasamos de aquel límite y ¡explotamos!
Me encontraba de visita en un hermoso hospital de madera, pintado de blanco, posiblemente de la Cruz Roja. Desde donde estaba se podía oler la frescura del mar.
Todo el mundo tenía miedo a una catástrofe, un macrosismo, un maremoto y yo me encontraba caminando en busca de tu dulce rostro. Pasaba entre pabellones y pabellones con cuartos repletos de almas que recién llegaban de la Tierra.
Y de pronto me encontré con esta simpática mujer, loca, hermosa, rubia, que se me pegó a mí costado, siguiéndome y mirándome fijamente, cogida de mi brazo y que me preguntaba un montón de cosas. ¿Que cómo había llegado?
Las camas de hierro también estaban pintadas de blanco y blanco era el color del techo, de las paredes y de las sábanas.
Todo lo que quería era encontrarte y estar junto a ti antes de que ocurriera lo que tenía que pasar y que todos temíamos que acontezca. La explosión de una estrella y su siguiente transformación en un agujero negro.
¡Dios, qué hermosa que es la playa vista desde el cielo!













