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Una biografía de Manuel Puig o el Coco que se le apareció a Alan

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Como un nuevo clásico, Manuel Puig, alias «Coco», aparece por todas partes: libros celebratorios, ensayos que presuponen una centralidad de su obra dentro de lo que se ha entendido como literatura excéntrica (lo cual sirve para hacer una nueva línea de investigación en departamentos de Literatura Latinoamericana) y documentales sobre su vida. Uno de los lectores de Puig más conocidos es el escritor argentino Alan Pauls quien, antes de haber ganado el premio Herralde y pocos años después de haber escrito el libro «Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth», declaró que uno de los momentos más decepcionantes que vivió fue cuando buscó al escritor en su casa en Río de Janeiro para entregarle el manuscrito de su trabajo. Pauls concluyó que cuando un escritor conoce a otro que admira, la historia sólo puede desembocar en una suerte de construcción «a lo Henry James» en donde la traición y el engaño son constantes. ¿Qué habrá pasado entre el escritor más guapo de la literatura argentina y la gran marica escritora de Argentina  para que todo terminara como una novela elegante, triste y presta a ser leída por señoras de la alta alcurnia europea de fines del siglo XIX y comienzos del XX? ¿Qué Coco se le apareció a Alan? A continuación les presentamos un documental que narra la vida de Puig en donde distintos críticos brindan sus apreciaciones sobre el trabajo de este escritor cuya firma es cada día más intimidante por su agigantamiento y, también, el extracto de la entrevista a Alan Pauls donde habla de la decepción que le infligió Manuel:

Salvador Espriu o los brotes de Sarampión

Salvador Espriu fue un poeta catalán muy renuente a dar entrevistas. Razón tenía porque su tono de voz convida a dormir y a la enfermedad. Salvador no se salvó de las depresiones ni del sarampión que le afectó la cabeza al punto de sufrir de dislalia y de padecer de un temblor constante en una de sus manos. ¿Sus poemas serán brotes de sarampión? La respuesta está en lo dicho por el maestro:  «A leer, mis amores»:

Ernesto Sábato: El artífice del matrimonio de Aira y Piglia

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Ernesto Sábato es uno de los escritores que con más desconfianza y desprecio es visto por los literatos argentinos. La manera en que lo descartan del «canon» es agrupándolo dentro de ese elenco de extraños próceres que jamás batallaron pero usaron consignas moralizantes. Entre los escritores que hoy día dominan el mundo editorial del país del sur, muy pocos, quizá ninguno, se atreve a afirmar que desciende en su escritura del autor de «El Túnel». César Aira, cuyas novelas constituyen uno de los «corpus» más utilizados en las tesis de las facultades de letras, afirma lo siguiente:

A Sábato no lo hemos tomado nunca muy en serio. Y sorprende un poco que alguien se lo pueda tomar en serio. Es un señor que tiene aristas muy risibles: esa vanidad, el malditismo… Malditismo que no condice con su personalidad. Es un señor perfectamente racional que juega al maldito. Así, se ve obligado a escribir constantemente en sus textos la palabra angustia, la palabra dolor… y claro, eso no funciona.

Tan de acuerdo en el desprecio  están los escritores argentinos que dominan el panorama actual que Ricardo Piglia,  el marido maltratador de Aira y, por tanto, un «enemigo» a quien el autor de «Una novela china» tildó como hijo de Sábato, consagrando a Ernesto como su suegro, dijo del autor de «Sobre héroes y tumbas» :

Era bastante desagradable y oportunista. Había cultivado un mito de sí mismo que era un poco ridículo

La impopularidad nacional de Sábato, a quien juzgan con mayor encono su tibieza con la dictadura que al propio Borges, contrasta con el entusiasmo que muchos sienten por él en otras latitudes, corriendo con una suerte similar a la de Cortázar, más querido y admirado fuera que dentro de Argentina, compartiendo un sino que ya Fogwill  vislumbró al corregir a su amigo Aira y afirmar que el hijo de Sábato fue Cortázar, dejando huérfano al matrimonio César-Ricardo. Les presentamos una entrevista de este escritor que une a los literatos argentinos y lo convierten, a ese sí, en un indiscutible «canon»(palabra muy cara a los afectos de los suplementos literarios y profesores de letras de Argentina) del desprecio:

Frank Zappa y la censura

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A mediados de los ochenta, en los Estados Unidos, se consideró que algunos discos fueran censurados para que no se corrompiera a la juventud de aquel entonces. Frank Zappa, uno de los pocos cultores del rock que pudieron salir del discurso juvenilista y que jamás esquivó su envejecimiento, hizo diferentes intervenciones en el legislativo en contra de esa propuesta, pero no pudo vencer; finalmente apareció un sello que fue una suerte de garantía para los compradores de cd de los noventa: «Parental advisory».  Casi todos los grupos encumbrados en la última década del pasado siglo llevaron ese sello a cuestas, convirtiéndolo en una extraña franquicia. A continuación les presentamos un debate que Frank Zappa mantuvo con  John Lofton, un analista político de filiación conservadora que también es célebre por una entrevista que le hizo a Allen Ginsberg. Zappa se autodenominaba conservador y, sin embargo, no comparte ningún concepto con el periodista. En el conservatismo hay tanta diversidad como en la llamada «izquierda» y la bellaquería rebalsa cualquier encasillamiento:

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Olaf Stapledon, el hacedor de estrellas

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En 1965, Jorge Luis Borges hizo la noticia preliminar sobre Stapledon que apareció en la traducción de «Hacedor de estrellas», publicada por la legendaria editorial Minotauro. El texto también esboza una teoría del escritor argentino sobre el nacimiento de la «Fantasía de carácter científico», sugiriendo como su fundador a Poe y estableciendo el nacimiento de una nueva forma de narrar, distanciándose, inclusive, al no considerarse colega de stapledon. A continuación, el texto:

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años, William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte el exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas. En lo que se refiere a su carácter y a su destino, más vale transcribir sus propias palabras: «Soy un chapucero congénito, protegido (¿o estropeado?) por el sistema capitalista. Sólo ahora, al cabo de medio siglo de esfuerzo, he empezado a aprender a desempeñarme. Mi niñez duró unos veinticinco años; la moldearon el canal de Suez, el pueblito de Abbotsholme y una Universidad de Oxford. Ensayé diversas carreras y periódicamente hube de huir ante el inminente desastre. MAestro de escuela, aprendí de memoria capítulos enteros de la Escritura, la víspera de la lección de historia sagrada. En una oficina de Liverpool eché a perder listas de cartas; en Por Said, candorosamente permití que los capitanes llevaran más carbón que el estipulado. Me propuse educar al pueblo; peones de minas y obreros ferroviarios me enseñaron más cosas que las que aprendieron de mí. La guerra de 1914 me encontró muy pacífico. En el frente francés manejé una ambulancia de la Cruz Roja. Después: un casamiento romántico, hijos, el hábito y la pasión del hogar. Me desperté como adolescente casado a los treinta y cinco años. Penosamente pasé del estado larval a una madurez informe, atrasada. Me dominaron dos experiencias: la filosofía y el trágico desorden de la colmena humana… Ahora, ya con un pie sobre el umbral de la madurez mental, advierto con una sonrisa que el otro pisa la sepultura.»

LA metáfora baladí de la última línea es un ejemplo de la indiferencia literaria de Stapledon, ya que no de su casi ilimitada imaginación. Wells alterna sus monstruos – sus marcianos tentaculares, su hombre invisible, sus proletarios subterráneos y ciegos- con gente cotidiana; Stapledon construye y describe mundos imaginarios con la precisión y con buena parte de la aridez de un naturalista. Sus fantasmagorías biológicas no se dejan contaminar por percances humanos.

En un estudio sobre Eureka de Poe, Valéry ha observado que la cosmogonía es el más antiguo de los géneros literarios; pese a las anticipaciones de Bacon, cuya Nueva Atlántida se publicó a principios del siglo XVII, cabe afirmar que el más moderno es la fábula o fantasía de carácter científico. Es sabido que Poe abordó aisladamente los dos géneros y acaso inventó el último: Olaf Stapledon los combina en este libro singular. Para esta exploración imaginaria del tiempo y del espacio, no recurre a vagos mecanismos inconvincentes, sino a la fusión de una mente humana con otras, a una suerte de éxtasis lúcido (si se quiere) a una variación de cierta famosa doctrina de los cabalistas, que suponían que en el cuerpo de un hombre pueden habitar muchas almas, como en el cuerpo de la mujer que está por ser madre. La mayoría de los colegas de Stapledon parecen arbitrarios o irresponsables; éste, en cambio, deja una impresión de sinceridad, pese a lo singular y a veces monstruoso de sus relatos. No acumula invenciones para la distracción o el estupor de quienes lo leerán; sigue y registra con honesto rigor las complejas y sombrías vicisitudes de un sueño coherente.

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Dios es gay con Kurt Cobain

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A los 19 años, Kurt Cobain era arrestado por hacer un graffití que decía: Dios es gay. Le gustaba fastidiar al mejor estilo de los actuales trolls de internet. El fastidio fue su forma de vida, hasta montar el número de fastidiarse a sí mismo en público. Disfrutaba como un macaco de hacer muecas ante los lentes de las cámaras. La maldición de Cobain fue haber sido tomado en serio cuando ni él mismo se quiso tomar realmente en serio.  Hasta el fastidio le fastidiaba. En alguna ocasión Cobain afirmó: «No soy gay, pero quisiera serlo para fastidiar a los homofóbicos.» Dios pensó lo mismo cuando vio el mensaje del muchacho en las paredes. Fervoroso de la teología quiso conocer a Kurt y lo invitó a una reunión con William Burroughs, en donde los tres hablaron a su manera: Cobain desgarrando la guitarra, Burroughs con su voz de Yonqui leyendo un poema y Dios con su silencio.  Un encuentro de tres maricas: Dios, Kurt Cobain y William Burroughs. Fastidiaron y fastidiaron hasta que los tres, fastidiados,  se terminaron matando a su manera: Cobain tragándose una bala de escopeta, William Burroughs de un paro cardíaco como el viejo aburrido que era y Dios desintegrándose con el Universo. Esto es un hecho científico.

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Ostia o la muerte de Pasolini por Peter ‘Sleazy’ Christopherson

En 1975 se estrenaba la película Saló o los 120 días de Sodoma, satirizando la República Fascista de Saló, que padeció en su juventud su director Pier Paolo Pasolini quien  a finales de ese mismo año fuera asesinado de una paliza en el turístico balneario romano de Ostia. Ese mismo año, los Khmers rouges, o Partido Comunista de Camboya ascendió al poder en Camboya, tras la expulsión de los Estados Unidos y el derrocamiento de Lol Nol, tomando el poder Pol Pot.  En este régimen de inspiración Marxista-Leninista se llevaron varios «Campos de Interrogación»  -eufemismo para «Campos de Concentración, genocidio y tortura»- entre ellos el más tristemente célebre se llamó  Toul Sleng (Actualmente se levanta en el centro de Phnom Penh el Museo de los Crímenes Genocidas Tuol Sleng con el fin de conservar las pruebas del genocidio. Miles de niños que bordeaban los 10 años fueron allí regularmente torturados y asesinados por unos guardias que no les llevaban muchos años de diferencia.

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El banquete de Platón, la película

El trabajo cinematográfico  Alexander Kluge sobre «El Capital» no es el primero que se hace con algún libro que pertenezca al campo de la filosofía, en 1989 el director Marco Ferreri llevó a la pantalla «El banquete», uno de los más célebres diálogos platónicos. La apuesta de Ferreri hace que nos concentremos en el aspecto narrativo de una obra que ha sido más estudiada en su contenido que en su forma:

El Banquete de Platón(Συμπόσιον)(Marco Ferreri, Grupo Bema, 1988) from filosofia.costarica on Vimeo.

Vampyr de Carl Dreyer

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Vampyr de Carl Dreyer fue una de las primeras películas de horror con sonido y fue grabado en tres lenguajes, aunque lo que predomina en el film es la ausencia de diálogo, porque el silencio es el lenguaje universal de los vampiros sedientos de suicidios. A Dreyer le gustaba trabajar con suicidas y vampiros no profesionales. Esta película está basada en la colección de cuentos  En un vidrio misterioso del irlandés  Sheridan Le Fanu,

Edgar Allan Poe celebra ¡FELIZ CUMPLEAÑOS MIL INVIERNOS!

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Edgar Allan Poe ha regresado de la muerte vestido de lentejuelas brillantes para celebrar el día de su cumpleaños, por una feliz coincidencia, el mismo día de aniversario de Mil Inviernos. Ambos saldrán esta noche a conquistar las discos de la  ciudad. Si los encuentras no te olvides de invitarles un trago  y unirte en su baile del trencito que se precipita a las apoplejías. Tierra, viento y fuego convergen para la fiesta.

Acá puedes descargar toda la obra de Edgar  Allan «boogie» Poe: Ebooks de Poe