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No habrá más masturbaciones pero sí olvidos (extracto de K-Pax, la novela de Gene Brewer)

k-pax

La tierra prometida no está en la Tierra; se enciende a nuestros ojos en las noches despejadas, cuando no hay un computador cerca que nos permita acceder a Yourporn y debemos salir a caminar y cancelar los roces genitales. Porque los alienígenas y sus  lejanos planetas evaporan las aflicciones que los psiquiatras convierten en locuras:

Además de autistas y catatónicos, en esa planta hay pacientes con diversos trastornos que tendrían problemas para relacionarse con los de las dos primeras. Por ejemplo, hay varios comedores compulsivos que devoran cualquier cosa que caiga en sus manos: piedras, papel, hierba, plata; un coprófago cuyo único deseo es ingerir sus excrementos, y a veces los de otros; y varios pacientes con problemas sexuales graves.

Uno de estos últimos, apodado “Whacky” por un alumno hace tiempo, se está masturbando a todas horas. Le excita cualquier cosa: los brazos, las piernas, las camas, los cuartos de baño…

Whacky es hijo de un prestigioso abogado de Nueva York  su exmujer, una conocida actriz de seriales televisivos. Por lo que sabemos tuvo una infancia normal, sin represiones ni abusos, tenía un tes eléctrico, jugaba al béisbol y al baloncesto, le gustaba leer y tenía amigos. En el instituto era tímido con las chicas, pero en la universidad comenzó a salir con una compañera de clase muy guapa. Aunque era alegre y abierta también era muy coqueta,  y le seducía sin llegar nunca “hasta el final”. Loco de deseo, Whacky siguió siendo virgen, como Russell, durante dos interminables años; se estaba reservando para la mujer a la que amaba.

Pero el día de su boda ella se fugó con un antiguo novio que acababa de salir de la cárcel, y dejó a Whacky plantado en el altar (y a punto de estallar). Cuando le dijeron que su prometida había huido se bajó los pantalones y comenzó a masturbarse allí mismo, en la iglesia, y no ha dejado de hacerlo desde entonces.

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Los juegos del Ano: Ruggplug. Por Luís Bolaños

Con el mismo espíritu poético del juego y el erotismo de una Histoire de l’œil , Luís Bolaños nos presenta un crucial partido entre planetas, en que la destreza, encanto y curiosidad que despierta el órgano anal es el principal ingrediente en donde la estrategia y habilidad de los participantes es crucial para dirimir un asunto de importancia cósmica. Les compartimos esta genial short story de una de las mentes más febriles de la ciencia ficción colombiana.

Rugplugg

Luís Antonio Bolaños de La Cruz

La lectura de Jack Vance además de adictiva se instala en la memoria, retoñando en melancólicas imágenes donde lo nunca sucedido es aceptado como acompañamiento de nuestras sueños, le rindo homenaje al Hussade (en Trullion: Alastor 2262) deporte extraordinario y su manera de plasmar mundos en el relato; pero eso ocurre para mí en el marco de la lectura sobre un partido crucial para Sudáfrica en la biografía Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Made a Nation de John Carlín, aunque aquí no es para unificar a un país sino para darle oxígeno a una cultura con problemas; forma parte de mi Saga del Imperio Decadente, en la diáspora tras la caída; finalmente, creo que no hay muchos relatos de CF que muestren cariño por el ano y creí que era el momento de que ocurriera.

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El derrumbe del Imperio trajo consigo una avalancha de cambios, entre los mismos una oleada de paz… pero lo cual no significaba que desaparecieran los conflictos, una manera popular de resolverlos se articuló en torno a las competencias deportivas.

En las postrimerías de la expansión imperial, cuando ya empezaban a surgir las rebeliones, la megarca (de las flotas de colosales naves vivientes multiusos con módulos diversos interconectados que deambulan por el espacio sideral arreglando, componiendo y potenciando los sistemas estelares) Sembradora Tuf-21 culminó la tarea de terraformar un par de planetas en las órbitas adecuadas de la estrella Coxumel; aprovechando las circunstancias adulteró los suficientes datos e informes para alargar el período de adjudicación y permanecer semialetargada fuera de servicio; luego los combates fueron prioritarios y la Tuf-21 se dedicó a realizar “mejoras y experimentos” mientras las prioridades se modificaban y su misión se traspapelaba y estiraba, merced a esas “mejoras y experimentos”.

La zona permutó de manos un par de ocasiones, pero no llegaron a darse batallas aniquiladoras en el entorno, así que al final de la contienda los dos planetas terraformados pendían como un par de frutas maduras para ser masticados, sorbidos e integrados a los procesos del sistema, de uno de ellos no cabían dudas a quien lo adjudicarían (Aldacán a Vallis, por ser casi su complementario), pero Gitte al borde de la zona de confort requería un arbitraje, y allí se introdujo la corriente deportiva para encontrar solución.

Sólo que la propuesta aprobada fue la de realizar un único partido de Rugplugg entre las partes en pugna (dos planetas interiores con graves problemas para reproducir su existencia con dignidad: Chasma, de asfixiantes desiertos de arcilla roja con algunos lagos pequeños; y Heromote, con un par de océanos, pero casi sin árboles y cubierto de gramíneas), convirtiendo el arbitraje en espectáculo masivo con los medios pendientes de cada minucia para extraerle jugo mediático; se consumaría en la propia superficie, donde se habilitaría un perfecto cuadrilátero dividido en dos mitades sucesivas a partir del centro, las líneas serían cordones de materiales que teñirían el rectángulo de 200 metros de largo por cien de ancho con los colores primarios característicos del Rugplugg.

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Que en paz descansemos sin Juan Gabriel

Pero antes de expresarle nuestro pensamiento a Lola, le hicimos una prueba de audición ya borrachos. En la rockola programamos “Querida” interpretada por Juan Gabriel. Le invitamos subliminalmente a que la cantara, tomando el trapero del baño que estaba hediondo de vómito. Lola, ya embriagada, se incorporó y empezó a emular los pasos de la esposa de Roger Rabbit. Aulló tan fuerte que los demás asistentes de la tienda no pudieron seguir hablando. Todos se acodaron a observar a ese gran marica que se bamboleaba como uno de los androides figurados por Antonin Artaud en su teatro que reinventaba el mundo.

The Lola Verga´s big band.

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

El amor nació para que lo cantara una gran y bella marica

Uno siempre cree que se va morir primero que los dioses pero ellos han dispuesto nuestro desamparo;   la prueba ha sido hoy: Juan Gabriel murió esta tarde con Alberto Aguilera, su novio eterno.

Porque Alberto y Juan Gabriel crecieron juntos para hacernos daño,  para hacer más amargas esas decepciones del amor;  porque el amor existió para ser cantado por un marica. Y de grandes maricas hemos de encular estas mesetas de desánimo

Creímos que Juan Gabriel era eterno como su amor; por primera vez en nuestros corazones habita la desazón que inundó al espíritu de Judas Iscariote haciendo el nudo de la soga con la que se suicidó. Pero como la tristeza se viste de alegría los dejamos con una canción muy tierna y alegre en este día de muerte:

 

Un fantasma de moda: Gombrowicz descarga libre

 

Hace poco en la Argentina se llevó a cabo el famoso congreso #CONTRALOSESCRITORES celebrando la memoria de Witold Gombrowicz con gente famosa y CiCEvEUWwAIVPFSpromocionando unas medias muy chulas:

Además de este fogueo con la farándula intelectual argentina y el diseño de medias y camisetas de Witoldo se presentó el libro de memorias del I congreso internacional, titulado: EL FANTASMA DE GOMBROWICZ RECORRE LA ARGENTINA, editado por Nicolás Hochman.

Este libro contiene ensayos en los que no solo se aborda al autor de Ferdydurke con la tradición literaria argentina, sino se establece diálogos también con la literatura polaca (país del que era originario el escritor) y otras tradiciones y vanguardias europeas.  Por tal motivo, el interés del libro escapa a lo puramente nacional que parece sugerir el título.

Al poner a circular este libro con descarga libre y gratuita desde Internet, Copy Left mediante, buscamos que la obra de y sobre Gombrowicz continúe dando vueltas por ahí. Que lo haga cada vez más, con un público diverso, heterogéneo, impensable en otro momento en el que el acceso a los libros era más complicado. Nuestra ambición es que al descargar este volumen cada uno lea lo que quiera y lo que pueda, y que las ideas volcadas acá adentro hagan mella en las suyas. Ojalá que entre tantas reflexiones, hipótesis, conjeturas y sospechas en torno a Gombrowicz encuentren algo que los conmueva, que los movilice, que les provoque hacer algo con eso. Es la mejor manera que encontramos de ayudar a que su fantasma siga apareciendo por ahí, asustando a los maduros, rompiendo lo establecido, riéndose un poco mucho de cada uno de nosotros.

Nicolás Hochman (editor).

Enlace de descarga : el-fantasma-de-gombrowicz-recorre-la-argentina

En Mil Inviernos hemos reproducido un capítulo de Ferdydurke presentado por Enrique Pagella: Filifor forrado de niño

 

 

 

El ángel negro de Praga. Vladímir Holan

Por Leandro Alva
“Todo, hasta el silencio, tiene algo que callar”
 
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La primera vez que viajé a Praga, yo no conocía a Holan. No sabía nada de él. Apenas Kafka y Rilke justificaban mi visita desde el punto de vista literario, y la obra de ambos, escrita íntegramente en alemán, no me permitía acercarme ni medio paso a la sonoridad y los artificios de la lengua checa.

Fue en un viaje posterior, no recuerdo bajo qué circunstancias, cuando me topé con la leyenda y la poesía del ángel negro de la ciudad dorada. Por ese entonces, yo ya estaba algo familiarizado con los rudimentos del habla local. Si bien no podía comprender del todo sus textos sin contar con una traducción a mano, al menos era capaz de degustar cierta magia en la elección de los vocablos y en la música de sus combinaciones.

Y tengo que confesar, antes que nada, que quizás decidí escribir sobre Holan porque también es una forma encubierta de escribir sobre Praga, una ciudad tan próxima a mis sentimientos que tiene el tupé de competir codo a codo con la mismísima Buenos Aires en mi ranking de preferencias, una ciudad en la cual tuve la oportunidad de vivir y disfrutar experiencias inolvidables, como cumplir el sueño de frecuentar las aulas de la prestigiosa Universita Karlova.

Pero volvamos a quien nos ocupa, Vladimír Holan, acaso el mayor poeta checo del siglo XX. Nació en la capital de Bohemia en septiembre de 1905; por entonces, la ciudad de las cien torres era la capital de un estado no reconocido, ya que en esos tiempos la urbe formaba parte del amplio mapa del imperio Austrohúngaro.

De niño vivió una temporada en el campo, en una comarca llamada Podolí, en una zona donde anteriormente pasó sus días Karel Hynek Mácha, un famoso poeta muy admirado por Holan. Pero no tardó demasiado en regresar a Praga (tenía 14 años), y ya comenzó a sentir desde muy temprano el llamado de la poesía, y a colaborar en diversas revistas literarias. Para entonces, la república checoslovaca se había independizado y obtenido su soberanía. Eran años convulsos; la primera guerra mundial y la revolución rusa modificaron sustancialmente el panorama político europeo, y nadie podía permanecer ajeno a estos acontecimientos. Las noticias de la época vulneraban los muros de la más inaccesible torre de marfil y era imposible tomar distancia de la realidad.

Holan era muy joven cuando editó su primer libro, Abanico en delirio (1926). En sus trabajos de juventud prevalecen los artilugios verbales propios de las corrientes estéticas de la época (futurismo, dadá), y una notoria influencia de la poesía simbolista de Mallarmé. Asimismo, no podemos soslayar la relación que mantuvo con otros poetas checos, los fundadores del movimiento conocido como Poetismo, personajes como Vitezlav Nezval, el líder del movimiento, o su gran amigo Jaroslav Seifert, quienes también iban a ser determinantes en el desarrollo de su lírica.

Dicho esto, se puede afirmar que hacia 1930, con su libro El triunfo de la muerte, el poeta va encontrando una voz propia, una expresión distintiva que anima la sospecha de que se está en presencia de una figura significativa en el campo de las letras. Hay que resaltar que, con el tiempo, la atmósfera de sus poemas va virando desde los ejercicios de sonorización y las jugarretas verbales hacia una estética más marcada por lo conceptual. Los razonamientos más profundos y el abandono definitivo de la rima son rasgos a destacar de este devenir.

Al igual que Kafka, Holan tuvo que trabajar en una compañía de seguros, hasta que llegó un momento en el que pudo sostener su economía gracias a la literatura. En 1932 contrajo matrimonio con Vera Pilarová con la que tuvo una hija, Katerina. La niña padecía síndrome de down; el padre la adoraba profundamente y le escribía versos infantiles.

Mientras tanto, había publicado su primer libro en prosa, Kolury (1932), y en 1933 se incorporó a la redacción de la revista Zivot. Además, continuó dando a la imprenta obras muy destacadas, como Piedra, vienes (1937).

En 1938, con el advenimiento de Hitler y la amenaza del nazismo, luego cristalizada en la ocupación de Checoslovaquia, Holan comenzó a escribir una poesía más comprometida desde lo social, más cercana y accesible. En esta línea, publicó Septiembre 1938.

Al poco tiempo se desata la segunda guerra mundial; él no permanece indiferente ante tamaño acontecimiento y se pone al frente de las voces que claman por la liberación. A esta época corresponden obras como Terezka Planetová (1943) y El camino de la nube (1945).

 

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La cultura libre para los infelices de Samael Aun Weor

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El saludo de paz inreverencial de Samael Aun Weor similar al de la estatuilla de Baal de Fenicia o los adoradores de Belcebú

El Derecho de Autor es del diablo y la licencia de los infelices, de los pobres, de los que sufren y lloran es la de la gnosis.

Esta es la renuncia de Samael Aun Weor a caer en el juego de la vanidad, la avaricia, la estupidez mercantil, la especulación de las ideas más abyectas, a todo ese aparataje de mercenarios y vulgares que representan los derechos de autor, y sus casas de usura más descaradas, como la famosa Sayco y Acinpro y todas esas organizaciones que en nombre del derecho del autor, se mofan de los escritores, los músicos, los artistas, pues a ellos no son los que representan sino, en cambio, viven de ellos como sanguijuelas, robándoles sus creaciones y entregando sus vidas a la calle, al libertinaje, la miseria, la pobreza, la angustia, los divorcios, también hay que hablar del desempleo del artista. Esos no son los derechos del autor, y la licencia de los infelices es la de ser leídos y recibir el mensaje de los maestros de todos los tiempos.

Así pues, pueden encontrar la biblioteca de Samael Aun Weor, el más ilustre de los colombianos que, para variar (como Rebetez, como Gabito), era más querido en México que en su propia patria. http://www.gnosis-samaelaunweor.org/libros-samael/

 

 

Pat Conroy (Q.E.P.D)

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Falleció el cuatro de marzo. Fue autor de “El príncipe de las mareas”, una novela llevada al cine a comienzos de los noventa. También escribió “Música de playa”, una historia que, para aquellos que la leímos antes de comenzar el rosario de divorcios, se convirtió en la dulce premonición de las amarguras de la vida sentimental. Esta historia comienza así:

En 1980, un año después de que mi esposa saltara hacia la muerte desde el puente Silas Pearlman, en Charleston, Carolina del Sur, me trasladé a Italia para empezar una nueva vida junto a mi pequeña.

Pero vida sólo hay una. Y puede convertirse en una sucesión de desencantos.

El protagonista regresa a Estados Unidos y  reencuentra a su familia y el entorno en el que creció. Incluso, tiene la oportunidad de ajustar cuentas con la iglesia:

– ¿Es todo lo que la Iglesia significaba para ti?- inquirió el sacerdote-. ¿El bingo de la parroquia?

– No- respondí-. También significa la Inquisición. Franco. El silencio del papa durante el Holocausto. El aborto. El control de natalidad. El celibato de los sacerdotes.

-Ya veo.

-Sólo la punta del iceberg-añadí.

-Pero ¿y Dios? – insistió- ¿Qué hay de él?

-Hemos tenido una pelea de enamorados-dije.

-¿Por qué?

-Contribuyó a matar a mi mujer – respondí -. En realidad no, por supuesto; pero me resulta más fácil echarle la culpa a él que a mí.

En casa de sus padres, el hombre viudo debe presenciar la agonía y el desenlace fatal de su mami:

Esa misma sangre que me alimentó, pensé, ahora la está matando. Por eso la gente cree en dioses y los necesita en las horas negras a la fría luz de las estrellas, me dije. Ninguna otra cosa podría conmover la señorial indiferencia del mundo. Mi madre, pensé; fue en ella donde por primera vez conocí el Edén y el planeta al que habría de ingresar desnudo y asustado.

Ojalá, Pat, no hayas partido de este planeta asustado; por mucho, desnudo.

Premios Inquilino del infinito

Sánchez Merlano, el primer inquilino.

Sánchez Merlano, el primer inquilino.

Aquilino Velasco, como inquilino del infinito, bordeó la mortalidad por algunas décadas; las suficientes para escribir delicias como Los espejismos de la oscuridad y sufrir como toda ausencia de vulgaridad. Siempre alejado de los conciliábulos literarios, patrocinados por editoriales transnacionales o las regentadas por sujetas y sujetos de prosapia intelectual, Aquilino se internó a vender sus libros en locales céntricos de Bogotá donde las empanadas tristes solían envejecer entre mostradores de vidrio.

El inquilino del infinito inoculó a través de sus volúmenes, muchos de ellos hundidos en los anaqueles de librerías no adscriptas a alguna cadena comercial e ignoradas en las listas hechas por bloggeros y periodistas culturales donde se refieren los locales comerciales que cumplan con visos posborgianos, los cementerios azules que se sospechan desde los pocos instantes por los que asoma la eternidad a echar un vistazo a los días de cualquier mortal. Alimentó, además, el deseo de garrapatear verbos de otros tantos escritores que, considerados como de poca monta o directamente ignorados, se han reunido a celebrar la primera edición del premio Inquilino/a del infinito.

Ocurrió el 28 de Enero de 2016.

Lugar: El tacón de la empanada; establecimiento comercial destinado a la diversión de los empleados de oficinas que salen, agotados y absortos en pensamientos alcohólicos, los viernes al despuntar la noche para olvidar sus nombres y llegar, entre tambaleos y susurros hechos de reproches a su propia vida, a dormir a la cama junto a su cónyuge sin que medie explicación alguna.

Hora: 17 en punto, justo cuando el cielo se convierte en las cenizas del niño que abruma a Bogotá y corrobora que el apocalipsis ocurre todos los días.

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La muerte de un Dios y un extraterrestre

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La eternidad para Dios por fin comienza un lunes y para su extraterrestre un domingo en la mañana. Las promesas de enero se han hecho realidad. Y seguimos viejos agüeros, noviembre y diciembre del 2016 estará plagado de muerte. ¿Se habrá vuelto marica la muerte? ¿Qué le pasa? ¿Cómo va a matarnos a don Carlos Muñoz y a don David Bowie en menos de 24 horas?

De chiquilín, el rostro de Dios era el de Carlos Muñoz cuando aparecía ya viejo promocionando un comercial de un producto que ofrecía consecuencias celestes. A Bowie también lo vi de chico, meneando la cintura que hacía pensar y preguntarme por qué mi mamá no era tan bonita como esa señora. Fue cuando Arnulfo me dijo: no es una señora, guevón, es un artista pop. Entonces supe que mi destino era el arte. Hoy es un día para llorar pero también lo fue ayer y lo será mañana, por eso yo os invito a masturbarse. Mucho. Porque del resto no queda sino una melancolía sin igual y siempre igual.

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Os dejamos con un villancico cantado por el mismísimo dios con una niña. Porque siempre la muerte llega en pareja.

¿Quién iba a pensar que en el paraíso se iban a desposar don Carlos Muñoz y David Bowie?

Q.E.P.D. Arnoldo Palacios

Querido Arnoldo nunca supiste si ese libro que te entregamos fue tuyo o nuestro. Nosotros tampoco lo supimos. Solo que eras entre todos el más bello. La más hermosa estrella negra de nuestra literatura nacional.

En este instante, Palacios no sabía si ese libro que tenía entre sus manos había sido escrito por él.

En este instante, Palacios no sabe si el libro que tiene entre sus manos ha sido escrito por él.

 

A Arnoldo Palacios, autor de “Las estrellas son negras” y “La selva y la lluvia”, lo conocimos en la penúltima edición de una feria del libro de Bogotá a la que fuimos (2011). Ya sabíamos que “Tríptico de verano y una mirla” no se diseminaría por sí mismo, como las plagas o los libros de autores apadrinados por editores pudientes; debíamos impulsarlo y vimos una oportunidad en aquella tarde-noche en donde homenajearon al divino Palacios.

Al final del evento y un poco antes de que comenzara una coreografía con los bailes del Chocó, nos acercamos al escritor y le dimos nuestro libro. Él nos pidió, entre las ráfagas de luces que acentuaron su ternura hundida en la oscuridad del homenaje, un lapicero para firmarnos el ejemplar pues quería obsequiárnoslo; le explicamos que era un libro que escribimos junto a Julián Marsella y que deseábamos que lo leyera. Nos pidió que anotáramos nuestros números de teléfono y direcciones, lo cual hicimos a sabiendas de que jamás nos llamaría. Durante todos estos años nos figuramos, cada tanto, a Arnoldo Palacios frente a su biblioteca, preguntándose por esa extraña época en la que escribió “Tríptico de verano y una mirla”.

Él no alcanzó a pasar esta navidad; ni siquiera supo de los atentados que ocurrieron en París, la ciudad en la que vivió por más de medio sigo: fue muy bello para embadurnarse con la histérica vulgaridad de estos días. Y nunca leyó nuestra ofrenda porque prefería leer textos escritos por otros que los elaborados por él mismo.