El primer trasplante de cabeza: Una historia de ostracismo científico

A las carreras armamentísticas y espaciales de la guerra fría hay que sumar la médica. Durante las décadas de los cincuenta y sesenta, tanto en la Unión Soviética como en los Estados Unidos, surgieron equipos de trabajo que buscaron dar a conocer sus avances y demostrar su poderío. Una de las estrellas del período stalinista fue Sergei S. Brukhonenko  (1890-1960)quien se encumbró por haber construido un autoeyector  que hacía las funciones del corazón y los pulmones, como lo dio a conocer en el documental «Experiments in the revival organisms» donde se mata a un perro, y, después de  haber estado muerto por diez minutos, es revivido y tiene una vida feliz llena de hijos. Este mismo documental contiene una imagen que ha servido para generar escándalo, morbo y la reputación de monstruo del investigador soviético: La cabeza de un perro decapitado que, conectada a la maquinaria, obedece a estímulos físicos:


Posteriormente apareció el doctor Vladimir Demikhov (1916-1998),  que unió la cabeza de un perro cachorro al de otro adulto como parte de  su investigación sobre el trasplante de cabezas. Sus trabajos encendieron las alarmas en la comunidad médica de los Estados Unidos  que vio  las imágenes de esos perros bicéfalos que Demikhov, junto a su equipo de trabajo, «construía» en las noches soviéticas.

Al otro lado del atlántico un inquieto médico llamado Robert White  (1926), después de doctorarse en neurocirugía y realizar los primeros intentos de trasplantes en animales,   se fue a Moscú para conocer a Demikhov. Cuando llegó a la capital soviética atestiguó que su ídolo había sido condenado al ostracismo porque la burocracia soviética consideró a sus trabajos como extravagantes – que en la retórica de aquél entonces era sinónimo de pequeñoburgués-.

A su regreso a los Estados Unidos White continuó trabajando febrilmente; su sueño era el de hacer que la cabeza de un organismo continuara con vida en el cuerpo de otro. Pudo lograr su cometido utilizando a dos primates. Su emoción y confianza se acrecentó tanto que se sintió capaz de realizar los primeros trabajos en humanos. Eso no fue posible y su trabajo corrió el mismo destino que el de su predecesor soviético: El ostracismo.

Hoy día White es mencionado por los buscadores de «casos bizarros» y genera más atención entre quienes hablan del maltrato animal (que, seguramente, si algún día precisan de un transplante, no lo podrán aceptar porque esta técnica experimentó con otros mamíferos para ser perfeccionada).

La historia de White y Demikhov también puede ser tomada como una hilacha suelta del tejido de una historia de la ciencia que, como todo relato, contiene variables de poder  ajenas a la pretendida imparcialidad científica. Lo que hoy se invisibiliza en la historia, más que ilustrar el pasado, habla de nuestro presente. Los archivos secretos no sólo son sobre extraterrestres y, aparte de proporcionar material para ficciones especulativas, pueden brindar herramientas para estudios críticos sobre lo que es considerado como científico.

Les presentamos un documental que cuenta todo lo ocurrido con el primer trasplante de cabeza:

Tags: , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: