Los instantes perennes de Javier Viveros

Los libros de Javier Viveros (acá puedes leer su blog y descargar sus libros) aparecen  firmados en ciudades africanas. Él visitó esos lugares, no porque sea una réplica del ideal del antropólogo que semeja a Indiana Jones sino porque trabaja como ingeniero para una empresa de comunicaciones. De esas experiencias se ha alimentado un libro próximo a aparecer llamado «Manual de esgrima para elefantes».

Sus primeros trabajos de escritura están íntimamente relacionados con lecturas de autores del siglo de oro español. Javier recuerda que era perteneciente a las filas del antigongorismo, lo cuenta con una tenue sonrisa, como alguien que evoca sus primeros intentos infantiles por querer ser malo y no pasar de perpetrar travesuras signadas por la inocencia. Ese antigongorismo se ha ido transformando gracias a nuevas lecturas en donde Góngora no es enemigo de Quevedo sino que uno necesita al otro para hacer  literatura  Javier también alude a Borges para concluir que era un muchacho tímido que le ocultaba  con el barroquismo.

De este comienzo imantado con lecturas de los clásicos transitó a otros campos hasta desembocar en la búsqueda de formas que, en muchos casos, no son consideradas literatura y que Viveros busca resignificar. Este es el caso de «Ñe’enga jarýi», publicado en 2010:

Los ñe’ẽnga forman parte de nuestro ADN como nación. Son frases cortas, que estallan de improviso y llenan la escena de gracia e ingenio; pequeñas gemas del idioma que sirven para despresurizar las situaciones más densas. Existen varios tipos de ñe’ênga, pero estas páginas exploran exclusivamente los que presentan la forma: frase + he’i + situación/personaje.
Vale aclarar que esta no es una compilación, estos ñe’ẽnga son nuevos: mi ingenio los engendró, y los parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa. Lo que aquí se ha hecho es tomar al ñe’ẽnga como un micro-género literario y abordarlo como a una isla lacustre. No resistí la tentación de poner frases en boca de gente de los ámbitos que sigo con mayor asiduidad (el literario, el deportivo, el científico). Varias veces me pregunté qué hubiera dicho tal personaje de haber sido paraguayo.

Con el discernimiento de la forma de los ñe`enga aparece Roger Federer, por mencionar un ejemplo, hablando en guaraní, expresando la situación de apuro en la que se encuentra al estar frente a Nadal en el Rolland Garros. Aunado a este borramiento de fronteras del guaraní, se evidencia una toma de lo  popular que recuerda la lectura que Bajtin hace a Rabelais y su carnavalización. Esto, más que plantear una ruptura con el comienzo de sus lecturas y sus primeros poemas, indica el enriquecimiento de las mismas .

La noción del lenguaje como algo que no es «químicamente puro»,le ha permitido a Viveros explorar construcciones con un número limitado de caracteres.  Javier encontró en los mensajes de texto de la telefonía celular y en su limitantes tecnológicas una nueva posibilidad,  como aparece «Mensajeámena» (2008):

Se denomina SMS (Short Message Service) al servicio utilizado para el intercambio de mensajes dentro de una red celular; el SMS nació como parte de la tecnología GSM. Permite a los teléfonos móviles enviar mensajes de texto con una longitud máxima de 160 caracteres. En el prólogo de uno de sus libros, Ricardo Piglia decía mutatis mutandi que Stravinsky defendía lo de la composición por encargo, pues así tenía unos límites dentro de los cuales moverse, de lo contrario la música lo enfrentaba a un mundo de infinitas posibilidades y tan falto de fronteras que lo abrumaba. El mensaje de texto con su limitación  de 160 caracteres exige una máxima economía de recursos. (2008:9)

A estos formatos con textos cortos no sólo llegó por los artilugios tecnológicos, a ello se sumó su acercamiento a la estética del haiku, la cual consolida su idea de literatura portátil:

En este ajetreado mundo de la automatización, paradójicamente, tenemos cada vez menos tiempo, lo que  nos lleva a postergar todo lo postergable (Borges dixit). Por ello, la literatura portátil que representan los haiku y poemas en mensajes de texto son ideales, pueden ser escritos y leídos en cualquier parte: en el bus, en un ascensor, en el entretiempo de un juego de fútbol, mientras se halla encendida la imperiosa luz roja de un semáforo o durante la tediosa espera de un vuelo de conexión. (2008: 9-10)

Este encuentro con la poesía japonesa  dejó su primera huella con «En una baldosa» (2008),donde Viveros se coloca en la misma línea de Kerouac quien proponía  que el haiku occidental debía decir muchas cosas en tres líneas en cualquier idioma. Este libro de Viveros ha sido traducido al japonés. El haiku también es la forma predominante en «Pananmbi Ku’i», un poemario de 2009  escrito en guaraní donde la brevedad es el encuentro entre lo nuevo y antiguo; el instante, en el trabajo de Viveros, es el agujero de gusano por donde el pasado y el presente se borran para convertirse en una situación inamovible pese a su brevedad.

Junto a la poesía, Viveros ha escrito relatos. Uno de ellos fue parte de la antología «Los chongos de Roa Bastos» y hace muy poco fue antologado en «Punta Karaja», un libro de cuentos sobre fútbol.  En 2008 publicó, junto a su hermana Diana, «Ingenierías del insomnio», en cuyo prólogo la misma situación en la que los relatos comenzaron a surgir, se convierte en una narración más:

El único acierto de cualquier casual apostador con respecto a estas piezas sería que, tras su paso por la imprenta, se concreta «un no rompido sueño» desde siempre contemplado por Javier y por mí: Ingenierías del insomnio es el fruto de una misma pasión, una misma entrega a la literatura, a altas horas de la noche, como se hace con un amante furtivo, en este caso esa dama impredecible que acude con su bagaje de numen cuando en la oscuridad del cuarto uno espera que también la mente apague la luz de su laboratorio y se vaya a dormir. En situaciones como ésa, cuando nos asaltan las ideas y nos revuelve en la cama el impulso de anotar, anotar y anotar, así sea esa simple palabra que después hará una página, página que después tendrá un punto final, ya feliz, ya insuficiente, en situaciones como ésa, decía, a uno se le da por agradecer al insomnio. Y a veces hasta se llega más lejos, como en nuestro caso, dedicándole todo un libro. El tiempo es oro, y en el mundo acelerado que nos toca vivir sólo nos resta administrar apropiadamente esos minutos en apariencia vacíos en que nada se puede hacer. (2008:8)

La entrega a la literatura genera que Viveros calcule la forma en la que quiere perpetrar sus escritos. En ese cálculo se encuentra lo literario y lo ingenieril. Los libros de Viveros, si bien no aspiran a ser relojes cuyos mecanismos son rígidos, con una estructura que prevé desvíos y alteraciones. En «Urbano demasiado urbano» de 2009, los relatos no cuentan con un prólogo, sino que, como en la lógica de cualquier ciudad, el lector termina inmerso en los relatos que se desarrollan en Asunción, una ciudad que no ha entrado a ser personaje en muchas de las narraciones canónicas  del Paraguay.

Actualmente, Viveros trabaja unos relatos sobre la guerra del Chaco pero para llevarlos al lenguaje de la historieta, ello le ha permitido adentrarse en las formas narrativas de los militares de aquel entonces; todos sus escritos están precedidos por lecturas y, en muchos de ellos, han aparecido los nombres de ciudades africanas que emergen entre los parpadeos de de alguien que sueña con lugares donde todos hablan en paraguayo.

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