Candelario Obeso, el costeño y su identidad regional.

CANTOS POPULARES DE MI TIERRA: EL COSTEÑO Y SU IDENTIDAD REGIONAL

Por: Udiluz Monsalve Muñoz

Una de las características principales del ser humano como ente complejo, no sólo es su búsqueda por el conocimiento de las cosas que le rodean, cosas igual de complejas como el vasto universo, sino también su afán por conocerse a sí mismo, por escudriñarse hasta la partícula más minúscula, pero sobre todo por analizarse como ser social, que vive en interacción con otros y que, por ende, comparte una cultura, una visión de mundo, y una identidad. En torno a este último aspecto, el de la identidad, se han originado diversos debates que pretenden definir este concepto tan ambiguo, pero tan necesario para explicar al ser humano en su vida social. Entonces, además de que se quiere definir qué es identidad, se indaga por la manera como ésta se refleja y se visibiliza en manifestaciones simbólicas específicas como las obras artísticas, y precisamente los textos literarios. En cierta forma, las obras literarias son la muestra de toda una concepción cultural y de todo un contexto sociohistórico que subyace en ellas y del cual ellas surgen.

Así podemos verlo en la obra Cantos populares de mi tierra de Candelario Obeso, un momposino que sufrió la discriminación,  la subestimación y el maltrato, por su condición física negra. El mismo título de la obra nos indica una búsqueda del autor por mostrar lo que lo identifica, su tierra natal, su vida popular, es decir, su identidad. En este artículo veremos una primera parte en la que trataremos de explicitar el concepto de identidad, principalmente de identidad regional que nos proporciona Jorge Orlando Melo, para, posteriormente, observar cómo en la obra Cantos Populares de mi tierra de Obeso se marcan algunos signos identitarios que conformaron su vida y su cultura popular.

1. De la identidad nacional a la identidad regional

Parece ser que el concepto de identidad se ha diversificado en ciertas ramas como una manera de poder abordarlo a cabalidad. Por eso vemos que hay un concepto de identidad bastante general, y otros conceptos que se irán desprendiendo de éste; todo con el fin de dar cuenta de los que es la identidad en su totalidad. Para llegar entonces a esas ramas particulares partiremos de esa noción general que se tiene de identidad. Para Gruzinski (2000, p.52) la identidad es lo que “asigna a cada ser o a cada grupo humano unas características y unas aspiraciones que también están determinadas y que, supuestamente, se basan en un sustrato cultural estable o invariable”. Es decir, la identidad es lo que te identifica como un ser humano que hace parte de cierta cultura, se tiene una identidad porque se vive en y una cultura específica.

Ahora bien, si nos ubicamos en un país cualquiera del mundo, tendríamos que aclarar la identidad nacional que caracteriza a los miembros de ese país. ¿En un país como Colombia, país de origen de Candelario Obeso, se puede hablar de una identidad nacional? Jorge Orlando Melo (s.f. p.1) se pregunta: “¿Hay una identidad nacional en Colombia (…)?” Para el mismo autor la identidad nacional es

una forma de autopercepción, en la que cada colombiano define su pertenencia a Colombia en cuanto reconoce a los demás como miembros de la misma comunidad y se ve como parte de ella al ser reconocido por los otros como tal.

Sin embargo, hablar de identidad nacional significa referirse a otras “formas de identidad” que lo conforman, pues el individuo se reconoce como parte de un país, pero también como parte de una región, de un pueblo, de una clase social, etc. Es este último aspecto de lo diverso en la identidad nacional lo que lleva a Melo a hacer un recorrido a través de la historia de Colombia, desde la colonia hasta nuestros días, para observar los tipos de identidad o los conceptos de identidad que se han conformado en el transcurso del tiempo en dicho país. Miremos, de manera breve, cuáles han sido estas formas de identidad para así llegar a nuestro objetivo, la identidad regional.

Para la segunda mitad del siglo XVIII surge la identidad como patria, noción esta que se confunde con la de nación. Esta identidad se concibe en el afán de diferenciación de lo americano con lo español, la patria es lo propio del país, lo que no es de los españoles. La identidad como etnia es la más determinante para los blancos elitistas de dicho siglo, quienes se reconocen en oposición a otras razas, la india y la negra; la identidad como etnia sólo se basa en las diferencias de las mencionadas razas. Para la época de la independencia se concibe la identidad del ciudadano, contraria a la étnica, pues sólo quiere “definir al sujeto político a partir del estado y no de particularidades culturales o locales” (Melo, s.f. p.7). El individuo es ciudadano porque hace parte de un sistema político, mas no porque es negro, blanco o indio.

Llegamos entonces a la identidad regional, la cual se desarrolla en pleno siglo XIX. Esta identidad es netamente local, define al individuo por el lugar, o más bien, la región de donde proviene. La creación de las regiones se da por la forma como las élites empezaron a distribuir el control de los recursos del país, cada región suministra determinados recursos por ciertas características de los terrenos, por esto se habla de la costa o de los costeños, del bogotano, del antioqueño, etc. Es decir, la creación de las regiones responde a los diferentes “avatares administrativos” (Melo, s.f., p.9) que se desarrollaban en la época, además de que obedece, según Melo, a los conflictos y guerras civiles. Una región se identifica por las guerras que había padecido. Se comienza a ver entonces la identidad nacional con notable carácter regional pues “el pueblo colombiano es al mismo tiempo el ciudadano y el miembro de un complejo cultural regional, con marcado carácter étnico”. Esto es, cada individuo hace parte de un entramado cultural que se reconoce en sus manifestaciones y prácticas simbólicas, las cuales son la muestra de una visión de mundo propia de una determinada región.

Como podemos ver, y como lo explicita el autor (Melo, s.f., p.11), se pasa de la dicotomía “ciudadanía/grupo étnico” a la dicotomía “ciudadanía/región”, en la cual lo étnico se asume en el último aspecto, o más bien, se desaparece en la concepción de región. Consideramos que mejor sería pensar que se asume, pues hablar de región empieza a significar hablar de ciertas características étnicas que se asumen dependiendo de la región específica.

Melo se detendrá después en la identidad centralista, en la que el blanco bogotano se autopercibe como superior y, por tanto, las demás regiones deben asumir dichos rasgos culturales de ese blanco. A principios del siglo XIX la identidad nacional se mirará desde las virtudes raciales del blanco y los defectos de los indios y negros; éstos últimos no permiten el avance del país colombiano por lo que deben “blanquearse” culturalmente, más que física o racialmente. Para esta misma época se esboza el concepto de la identidad nacional popular, es decir, la identidad de las clases bajas, de las masas populares, estas eran los indios y negros. Por último, Melo considerará la identidad desde la modernización cultural y la cultura de masas propia de la mitad del siglo XX, época  en la cual Colombia empieza a modernizarse tecnológicamente y la cultura de masas o mass media abre la brecha de la hibridación entre lo culto o elitista y lo popular

En fin, todo esto es un panorama de las ocho identidades que Jorge Orlando Melo pesca de todo ese trayecto histórico desde el s. XVII hasta el s. XIX. Consideramos necesaria la explicación muy lacónica de estas identidades porque todas, como decíamos, conforman las ramas de la identidad nacional y para poder hablar de identidad regional, la cual es una de esas ramificaciones, debemos dilucidar, aunque sea grosso modo, el concepto mayor de identidad nacional al cual pertenece. Atendamos, a continuación, a la identidad regional que caracteriza al hombre costeño, para ver cómo ésta se refleja en la obra del costeño Candelario Obeso.

2. Identidad regional en Cantos populares de mi tierra 

Teniendo en cuenta que Candelario Obeso era oriundo de Mompox, Bolívar, resulta necesario entonces, si hemos hablado de identidad regional, destacar precisamente las características de esa identidad costeña en la que nació y creció Obeso y en la que se desarrolló su obra. No obstante, en vez de ponernos en el trabajo de hacer una lista o una descripción de dichas características, miremos más bien, los aspectos que nos proporciona Candelario Obeso como propios de su región costeña, para así observar las peculiaridades de dicha región. Éstas pueden ser muchas, pero aquí sólo nos interesa abordar las que Obeso visibiliza en su obra más reconocida, Cantos populares de mi tierra, publicada en 1874 en el periódico El Rocío (Prescott, 1985, p.62).

Conformada por 16 poemas y un texto en prosa, Cantos populares de mi tierra se constituye como una obra original, cuya propuesta estética innovaría para la época. Con su estilo basado en la puesta de la oralidad en la escritura, Obeso trasciende el cánon literario de aquél tiempo; da la sensación de que estaba en la búsqueda de plasmar fielmente la popularidad de su tierra, que incluso se permitió remedar dicha forma de hablar tan singular a través de la escritura. Lo anterior nos muestra una primera característica de la región costeña: su lenguaje peculiar. Para Obeso esto se puede ver en la aspiración de la ‘s’, la cual convierte en el sonido de la ‘j’, la elisión de las ‘d’ y de las ‘s’, el sonido fuerte representado con ‘c’, en fin, un conjunto de alteraciones fonéticas que en el costeño es particular, en comparación a otras regiones de Colombia.

Más allá de esto, de la forma o la superficie, los contenidos o tópicos manejados en Cantos populares de mi tierra invitan a un paseo, en primera instancia, por los mares de la depresión momposina. En “Canción der boga ausente” estamos en presencia de un remador, de un transeúnte del mar, que constantemente “remá y remá” en la mar por su amada: “Que trite que etá la noche, / La noche que trite etá/ No hai en er cielo una estrella…/ Remá, remá. / La negra re mi arma mia, / Mientrá yo brego en la má, / Bañaro en suró por ella, / Qué hará? Qué hará?” (Obeso, 2005, p.55)[1]

 En su poema “Arió”, de igual forma, hay una alusión constante al mar, cada estrofa termina refiriéndose al mar, y este poema especialmente es un canto a la nostalgia que siente el campesino costeño lejos de su mar: “Aquí er probe campesino/ Vive en trite solerá,/ Mui rijtante der que vive/ Junto ar má.” (p.87). La estrofa final de este poema expresa la alegría del campesino cuando está cerca del mar: “Ya me voi re aquí eta tierra/ A mi nativa morá;/ Er corazón e ma grande/ Junto ar má!” (p.88).

En esta misma línea del pobre campesino, debemos referirnos a otra característica del costeño popular mostrada por Obeso, esto es, el campesino como pobre y muy trabajador, quien debe luchar diariamente para ganarse el pan. Cabe recalcar que estamos analizando la descripción que hace Obeso del costeño popular, es decir, el pobre, trabajador, humilde, mas no del costeño de clase alta y elitista. Por ejemplo, encontramos la “Canción der pejcaró”. En este poema, Obeso muestra la vida de necesidad y lucha del costeño, miremos algunos versos: “Trite vira e la der probe;/ Cuando er rico goza en pá,/ Er probe en er monte sura/ O en la má” (p.101). Como decíamos, y como Obeso lo confirma en su obra, es el campesino pobre el de su interés, tanto, que lo compara con la vida del rico. El rico no se esfuerza por nada: “Er probe no ejcanza nunca/ Pa porecse alimentá;/ Hoy carece de pejcao,/ Luego é sá./ No sé yo la causa re eto,/ Yo no sé sino aguantá,/ Eta conricion tan dura/ I ejgraciá!…/” (p. 101).

A pesar de todo esto, el costeño siempre querrá estar en su hogar, lo amará si está en él, lo añorará si está fuera, pero siempre guardará ese sentimiento por su casa, su rancho, su choza. En “Cuento a mi ejposa” vemos como en la primera estrofa dice: “-Negra re mi vira/ A ronde vá?/ Quérate en mi rancho, / No te queje ma;/ (p.56). La alusión al hogar es siempre posesiva y con propiedad: mi rancho, mi choza. “Epropiacion re uno corigos” lo muestra así: “Compre acmiron (meria libra)/ I vine a tapá e mi choza/ Lo juraco i la j´endijas-“ (p.70). En “Epresion re mi amitá” Obeso refleja esa tristeza de no estar en su hogar: “Ni pure un solo momento/ Hocgáme re mi arbedrío!…/ Cuar eché re méno entónce/ Mi humirde rancho pajizo/ Jecho re la Magdalena/ Sobre un arto!… Allí tranquilo” (p.80). Su choza es su refugio tranquilo, donde es feliz y libre, a pesar de que debe trabajar hasta el cansancio para mantenerla.

Esta alusión al rancho nos lleva a una quinta característica de la región costeña, la región que vive el campesino en su rancho, esta es, los alimentos y animales que conforman su hogar: los perros, el tabaco, las palmas, el guarapo, los mosquitos, las culebras, todos estos animales, alimentos y aficiones como el tabaco, son nombrados en el “Canto der montara” (p.60).  En otro poema, el de la “Epropiación re uno corigos” (p.68), Obeso menciona un conjunto de animales y plantas propios del campo, de los cuales se vale para hacer comparaciones y metáforas. En este poema se refiere a las culebras, la pringamosa, el almidón, el plátano maduro, el bollo, el maíz, las avispas, las hormigas, el cerdo, la paloma, la gallina, y nuevamente, a los perros. Como se puede ver, es un poema que alude a la mayoría de elementos y animales que se pueden encontrar en el campo, especialmente en el campo del trabajador costeño. Volvemos a “Epresion re mi amitá” (p. 76) y también vemos dichas referencias a los elementos del campo, como el gallo, el bocachico, la caña de azúcar, el caimito y el coco.

En el poema “Arió” (p.86) nos muestra la panela, en el canto “Parábola” (p.102) menciona el aguardiente, y en “No rigo er nombre” nos presenta animales como el pato, el gato, y nuevamente, la serpiente y el palomo. Pareciera que estamos en presencia, al leer todos estos poemas de Cantos populares de mi tierra, en una finca llena de animales, de árboles con frutas y tubérculos, de plantas y flores, en un campo que labora el campesino día a día y donde se provee del sustento a él mismo, a su esposa e hijos.

En este orden de ideas, debemos resaltar como perteneciente a ese hogar en el campo, la mujer y los hijos. En el siguiente verso “Eta vira solitaria/ Que aquí llevo./ Con mi jembra i con mi s’hijo/ I mis perros,/ No la cambio poc la vira/ Re los pueblos” (p.60) presente en el “Canto der montara” es visible, precisamente, la familia del campesino. En “Epresion re mi amitá” reitera ese amor por su “hembra”: “Re toro lo grande y bello/ Que er mundo encierra, no etimo/ Sino ros cosas, que son/ Mi jembra amá y mi arbedrio” (p.76). Así lo refleja más adelante en el mismo poema: “Yo etuve, rije, en la Habana/ Re probe humirde marino,/ I me he güerto a vé en mi casa/ Con mi esposa i con mi s’hijo;” (p.82).

Otra propiedad de la región costeña visible en los poemas de Obeso en Cantos populares de mi tierra, es la mención que este hace de muchos colores de piel, prueba  de la mezcla de razas en la costa. Así entonces no sólo hay negros (p.55) o negras (p. 57), como el mismo autor se identifica, “Cuando soi un probe negro” (p.77), también hay zambos (p.55), zambapalos (p.85), parditas (p.87), blancas (p.91), y morenas (p.95); toda una gama (si se le puede llamar así) de claros, cafés y oscuros propios de la costa, la plurietnicidad es fundamental en la obra de Obeso, lo cual contradice la visión de su obra como “poesía negra”; no es sólo negra, es todos los colores que ya dijimos, es una obra, más bien, netamente costeña, la categoría de costeño engloba toda esa plurietnicidad.

Por último, y como rasgo importante de la obra de Obeso, se encuentra su amor a la libertad y al albedrío. Obeso sólo reflejará en su obra lo feliz que se siente de ya no ser esclavo, sino un negro libre, y de que todos sus compañeros que fueron esclavos sean libres también. Para la época en que nació Obeso, 1849, los negros y demás esclavos se dedicaban a disfrutar su libertad, incluido él mismo. En “Epresión re mi amitá” encontramos un hermoso verso en honor a la libertad: “Amo yo a la libectá/ Como er pájaro a su nío;/ Como la flore a la lluvia,/ Como ar agua er bocachicho/ E mi ley sé como er viento/ y Rueño en hogá efertivo” (p.78). Más adelante, en dicho poema, establece la igualdad de derechos de todas las razas, y la libertad de todas ellos como ciudadanos: “Diga como ciudadanos/ Son el negro, el blanco, el indio”, pues para el escritor momposino, en la “Serenata”, “Ya pasó er tiempo/ Re loj eclavos;/ Somo hoi tan libre/ Como lo branco…” (p.84).

Podríamos seguir extrayendo muchas otras características, pero el propósito de este trabajo sólo era hacer mención de las más importantes, las que se pueden constituir como signos identitarios del costeño popular de la época de Obeso. Prescott (1985, p.72-73) concluye que

La obra de Obeso –un negro de antecedentes humildes que experimentó en carne viva el prejuicio racial y de clase y a quien le tocó luchar por instruirse, por sostenerse y por mantenerse fiel a sus ideales- creemos que sea la exaltación de una realidad, de un modo de vivir, en fin, de un grupo étnico del que él mismo procede. Es decir, es la celebración y aun la defensa del pueblo negro y costeño, humilde y trabajador, cuyos valores, virtudes y costumbres expone y enaltece el poeta ante la sociedad mayor blanca y urbana que no los veía siempre con simpatía y respeto.

En otras palabras, si la identidad regional, como dijimos en el primer aparte, es un conjunto de prácticas simbólicas y culturales que reconocen a un individuo como perteneciente a una determinada región, la obra de Candelario Obeso sólo es la muestra del entramado cultural costeño que lo rodeó y lo formó en su corta vida, y este entramado cultural, no sólo encierra costumbres alimenticias, sino también aspectos mucho más aferrados al costeño, su lenguaje, su piel oscura, sea morena o negra, su amor a la familia, la lucha por sobrevivir, pero sobre todas las cosas, el derecho de sentirse libre para contemplar su amado y eterno mar.

BIBLIOGRAFÍA

Gruzinski, S. (2000).  EL pensamiento mestizo. España: Paidós.

Melo, J. (s.f.). Etnia, región y nación: el fluctuante discurso de la identidad. (Notas para un debate). http://www.lablaa.org/blaavirtual/sociología/etnia/indice.htm (13 May. 2009)

Obeso, C. (2005). Cantos populares de mi tierra. Antología poética de los olvidados. Bogotá: Alcaldía mayor de Bogotá, Instituto Distrital de Cultura y Turismo

Prescott, L. (1985). Candelario Obeso y la iniciación de la poesía negra en Colombia. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.


[1] Cuando citemos esta obra, las páginas corresponden  a la edición señalada. Colocaremos sólo el número de la página correspondiente entre paréntesis a pie de cita

——————————————————————————-

Este texto fue cedido gentilmente por su autora, Udiluz Monsalve Muñoz para Mil Inviernos.
¡Gracias, Udiluz!

Tags: , , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: