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Q.E.P.D. Arnoldo Palacios

Querido Arnoldo nunca supiste si ese libro que te entregamos fue tuyo o nuestro. Nosotros tampoco lo supimos. Solo que eras entre todos el más bello. La más hermosa estrella negra de nuestra literatura nacional.

En este instante, Palacios no sabía si ese libro que tenía entre sus manos había sido escrito por él.

En este instante, Palacios no sabe si el libro que tiene entre sus manos ha sido escrito por él.

 

A Arnoldo Palacios, autor de «Las estrellas son negras» y «La selva y la lluvia», lo conocimos en la penúltima edición de una feria del libro de Bogotá a la que fuimos (2011). Ya sabíamos que «Tríptico de verano y una mirla» no se diseminaría por sí mismo, como las plagas o los libros de autores apadrinados por editores pudientes; debíamos impulsarlo y vimos una oportunidad en aquella tarde-noche en donde homenajearon al divino Palacios.

Al final del evento y un poco antes de que comenzara una coreografía con los bailes del Chocó, nos acercamos al escritor y le dimos nuestro libro. Él nos pidió, entre las ráfagas de luces que acentuaron su ternura hundida en la oscuridad del homenaje, un lapicero para firmarnos el ejemplar pues quería obsequiárnoslo; le explicamos que era un libro que escribimos junto a Julián Marsella y que deseábamos que lo leyera. Nos pidió que anotáramos nuestros números de teléfono y direcciones, lo cual hicimos a sabiendas de que jamás nos llamaría. Durante todos estos años nos figuramos, cada tanto, a Arnoldo Palacios frente a su biblioteca, preguntándose por esa extraña época en la que escribió «Tríptico de verano y una mirla».

Él no alcanzó a pasar esta navidad; ni siquiera supo de los atentados que ocurrieron en París, la ciudad en la que vivió por más de medio sigo: fue muy bello para embadurnarse con la histérica vulgaridad de estos días. Y nunca leyó nuestra ofrenda porque prefería leer textos escritos por otros que los elaborados por él mismo.

Recordando a Tanith Lee, la contadora de historias de nuestra tribu (Q.E.P.D)

Hoy 26 de mayo de 2015, el  fandom amanece triste por la pérdida de una de sus pitonisas más prodigiosas: Tanith Lee, quien nació en 1947, fue la primera mujer en ganar el premio británico de Fantasía en 1980.  Fue toda una fantasista de oro, como se acostumbra a decir. Una dama de hierro de la fantasía. Fantasía, terror y ciencia ficción.

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«Tanith Lee signing» by Danie Ware – Flickr. Licensed under CC BY 2.0 via Wikimedia Commons.

Hoy hablaremos en inglés porque Tanith Lee murió.

Today we’re going to write in english because Tanith Lee passed away.

– Hi, mr Karl. Did you know Tanith Lee is dead?

– Who was Tanith Lee, mrs Louise?

– She was a great fantasy author, and if you have not read any of her books, I recommend you do so.

– What should I start reading?

– hmm, Red as blood it’s one of my favourites of her.

– I see you write «favourite», are you english?

– No, I’m trying to write in english because Tanith Lee passed away.

Se puede leer la versión en español de Roja como la sangre en el siguiente enlace:

Red as blood (1979)
«Rojo como la sangre», publicado en Ciencia ficción. 40ª selección. Barcelona, Bruguera, 1980, p. 109-127. Traducción de César Terrón.

Leamos a Tanith Lee, porque como dicen:  el mejor homenaje que le puedes hacer a un autor después de muerto es seguir leyéndolo y manteniendo viva la flama de sus palabras dentro del fogón de tu corazón.

tanith lee

En el sitio TOR, recuerdan lo que Lee acostumbraba a decir sobre los escritores y la vida:

Mr. Karl me ayudará a traducir:

IN REMEMBRANCE Tanith Lee, 1947-2015

Los escritores cuentan historias mejor, porque tienen más práctica, pero todos tienen un libro en ellos. Sí, ese viejo cliché.  Si le das la más interesante (a la persona que la esta viviendo) vida a un gran escritor, ellos pueden convertirlo en algo maravilloso. Pero todas las vidas son importantes, todas las personas son importantes, porque cada uno es un libro. Solo que algunas personas tienen un acceso más fácil. Necesitamos las artes expresivas, los escribanos ancestrales, los contadores de historias, los sacerdotes. Y allí es donde me ubico yo: como una contadora de historias. No necesariamente una alta sarcedotisa, pero ciertamente una contadora de historias. ¡Y me encantaría ser la contadora de historias de la tribu!

Tu vida ciertamente fue muy importante, Tanith Lee. Tu prolífica carrera con más de 90 libros publicados y la nada despreciable  suma de más de 300 cuentos en tu haber, te acreditan como la contadora de historias de la tribu y una admirable representante del género del YA Fantasy.

Por último, un relato breve de  Tanith Lee,  cuya partida  profundamente lamentamos.

Eustace
Tanith Lee

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 Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. No me importa que sea completamente calvo, excepto entre los dedos de los pies, que camine jorobado y a veces se caiga en la calle. Cuando él cree necesario emitir un corto y agudos sonido silbante, morder el sofá o dormir en el jardín, acepto todo eso como algo bastante normal. Porque le amo.

Amo a Eustace porque es el único hombre a quien no le importa que yo tenga tres piernas.

Antología de relatos amorosos de Raúl Brasca, De mil amores (Thule Ediciones, Micromundos, Barcelona, 2005, pág. 113).

La muerte según Francisco de Quevedo

Quevedo

Henry Ettinghaussen precisa que, el último sueño escrito por Quevedo, fue  en 1620, cuando ya no era un brillante diplomático y retornaba a España con el peso de la caída del duque de Osuna- su protector-. Esta es una de las condiciones en las cuales el «Sueño de la muerte»  fue elaborado con un comienzo en donde aparecen versos de Job y cabeceos de loro que conducen a que el narrador se encuentre con ella, es decir, la muerte. El extracto que a continuación les traemos es la presentación que ella hace:

– Yo no veo señas de la muerte, porque a ella la pintan unos huesos descarnados con su guadaña.

Paróse y respondió:

-Eso no es la muerte, sino los muertos, o lo que queda de los vivos. Esos huesos son el dibujo sobre que se labra y forma el cuerpo del hombre. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte. Tiene la cara de cada uno de vosotros, y todos sois muertes de vosotros mismos. La calavera es el muerto, y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo. Y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura. Si esto entendiérades así, cada uno de vosotros estuviera mirando en sí su muerte cada día, y la ajena en el otro, y viérades que todas vuestras casas están llenas de ella y que en vuesto lugar hay tantas muertes como personas; y no la estuviérades aguardando, sino acompañándola y disponiéndola. Pensáis que es huesos la muerte y que hasta que veáis venir la calavera y la guadaña no hay muerte para vosotros: y primero sois calavera y huesos que creáis poder ser.

Tomado de «los sueños»p. 118. Editorial Planeta, 1990.

El grito de Munch, versión animada con banda sonora de Pink Floyd

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La conocida obra de Edvard Munch ha tenido diversas intervenciones hechas por otros artistas; la boca abierta, emulando el espanto de algo similar al vacío y la locura, ha convertido a ese sujeto que aparece en la pintura en un sinónimo del terror devenido locura.  Hoy les presentamos un cortometraje (hecho en una versión «normal» y otra navideña) dirigido por Sebastian Cosor y escrito por él mismo junto a Cosmin Sirbolescu. Este trabajo, además de reinventar la pintura, toma «The great gig in the skye» de Pink Floyd y la convierte en ese grito emanado por una suerte de fantasma lleno de terror que interrumpe una conversación casual sobre la muerte y el miedo o la indiferencia:

 

Palabras de Pat Cadigan sobre Sir Terry Pratchett

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Ilustración de FRUÑO CENCIDO (@frunocencido)

 

 

 

 

Estas fueron las palabras de Pat Cadigan (que en este momento se encuentra en un exitoso proceso de quimioterapia) sobre la reciente defunción del escritor de fantasía Sir Terry Pratchett, quien padecía  desde hace años una rara variante de Alzheimer. En Mil Inviernos nos unimos al luto. Por eso  compartimos las nobles palabras de Cadigan (que publicó inicialmente en Facebook y luego en el blog del cáncer) .

 

Traducción autorizada y publicada con el gentil permiso de Pat Cadigan, a quien agradecemos su obra y existencia.  

Sir Terry Pratchett es un ejemplo de una persona que desarrolló su talento y lo usó para dejar una parte del  mundo  mejor que como la encontró.

Obviamente los libros de Sir Terry fueron un éxito porque eran demasiado entretenidos. Pero eran muy entretenidos porque el espíritu del hombre estaba ahí mismo en todos ellos – y su espíritu tenía un profundo amor por la humanidad, las verrugas y todo. Si esto no fuera así,  no veríamos esta profusión de tristeza.

Hay un privilegio que todos tenemos y es la vida. ¿Qué estás haciendo con la tuya? Nadie espera que cures el cáncer o el Alzheimer o traigas la paz al Oriente Medio; pero si puedes, por favor hazlo (especialmente la parte del cáncer).

Pero si eres como el resto de nosotros —y estás leyendo esto, seguramente como lo estás haciendo— puedes honrar la memoria de Sir Terry haciendo lo que puedes por dejar  tu pequeño rincón del mundo mejor que como lo encontraste, con cualquiera de los dones particulares que puedas tener — escribir, hacer arte, bailar, entender, enseñar, organizar, criar, explorar. Y siempre, amando.

 

Homenaje de un niño poeta muerto vivo a un viejo muerto muerto

Tristísimo y desamparado, Quiroga escucha al niño poeta muerto Bordoy, con tanta ternura, que le provoca volver a matarse ya muerto.

Juan Cruz Bordoy será el santo que besará las flores que queden cuando el mundo se acabe de volver mierda.  El dramaturgo Nefertiti Supelano en su monólogo «Mi escopeta la hurtó Horacio» ha afirmado que el homenaje de don Juan Cruz Bordoy a don Horacio Quiroga, sobrepasa los límites de la ternura que puede tener cualquier suicida.  Ahí está el diálogo entre dos generaciones de muertos: Uno representa el pasado muerto, y otro el futuro que está muriendo.  Encarnado en la vigorosa voz del niño que se va descubriendo poeta muerto. Y  revelando a ese muerto, bien muerto,  que jamás volverá salvo por los versos del bardo joven.

Traer a los muertos en boca  de otros muertos que aún no mueren del todo será:

  • a -¿ crimen pasional?
  • b – ¿humildad desenfrenada proclive a un frenesí casi erótico?
  • c- no sabe / no responde

Tengan el honor de disfrutar de este conjuro. Sus flores emanarán el rocío de un paraíso perdido y ya  no habrán días suficientes para calcular cada uno de estos versos tan profundos como el Sefer Yetzirá  de alguien que no quiere más que humildad y júbilo de muerte.

Andreas Faber-Kaiser, el escritor maldito

 

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Andreas Faber-Kaiser fue, a título de Salvador Freixedo, un escritor maldito a cabalidad, puesto que cumplía todas las condiciones  que se requieren para ser condenado en una sociedad maldita que ve como enemigo a todo aquel   que se rebela contra todas sus patrañas institucionales.

Se entiende que Freixedo se aleja de la denominación tradicional de «malditismo», sobre todo la que se maneja en los ámbitos académicos y literarios, para llevarla a sus últimas consecuencias, pues no  subordina esta categoría  al escritor vedette de editorial, ni al que se lanza a la «aventura estética» de no decir ni enfrentarse a nada; sino a la condición a la que es sometido el pensador intrépido que ahonda en la vida concreta.

Filósofo, escritor prolífico, director de programas sobre misterio radiales, editor y coordinador de revista Más Allá de la Ciencia, investigador del fenómeno OVNI,  acérrimo opositor de las Farmafias (y sus experimentos con la población civil), Faber-Kaiser murió a la temprana edad de 49 años, no sin antes dejar su huella ni de inspirar a futuros investigadores, en el camino espinoso de la búsqueda de la verdad y trascendencia.

Este es un tributo que le rinde Salvador Freixedo (tal vez de los pocos libre-pensadores que aún quedan en el mundo) a la memoria de su amigo y colega Andreas Faber-Kaiser.

La tumba del rey Pakal

Pakal

La historia que les presentamos no sólo es la del hallazgo de la tumba del rey Pakal, en Palenque, una de las ciudades más conocidas de la civilización Maya, también se narra el trayecto de la arqueología mexicana y sus ambiciones. Disfruten pues de este trabajo en un primero de enero en donde la resaca se agudiza y llena de presagios para el año recién nacido:

 

 

Susana se está muriendo, un corto de Ciencia Ficción

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Aún los mugidos de las vacas no se relacionan con los deseos dirigidos a un amante sin rostro conocido ni las cabezas de los delfines, asomadas en un océano nocturno, son el comienzo de hechizos que nacen de los párpados de un aymara que cabecea como loro enjaulado. Pero la alquimia tejida entre las imágenes y las palabras genera mundos donde la cotidianidad se rompe sin que dicha ruptura implique la utilización de alta tecnología. Esto  fue lo que hizo  Jokin Urriticoechea cuando dirigió y produjo, en 2013, «Susana se está muriendo», un cortometraje que se adscribe a esa ciencia ficción que está convirtiéndose en tendencia en España y que cuenta, como uno de sus abanderados más importantes, con Nacho Vigalondo.  En «Susana se está muriendo», la vida y la muerte se trastocan, pierden el carácter absolutorio y definitivo del mundo que, hasta ahora, se nos ha impuesto. La fatalidad se trastorna y la caducidad de los cuerpos y los recuerdos son detalles superables gracias a una técnica que conoce el narrador de la historia:

 

Susana se está muriendo from Jokin Urruticoechea on Vimeo.

¿Hasta cuándo esta inmortalidad? (crónica y necrológica)

Zeus in memoriam

Emperador2

Amigo, mi sentido pésame

L.C

De tan cretino, estoy por dar el último paso para precipitarme a la inmortalidad y soportar la humillación de vivir para siempre. La inmortalidad como negación de lo eterno; la prolongación de lo pasajero hasta el infinito.

Lo infinito y lo eterno son líneas paralelas que jamás se tocan. Así las condenó Euclides a cadena perpetua.

Tan perpetua como cualquier línea que en su interior contiene infinitos puntos.

Inmortalidad como la de Aquiles que corre tras la tortuga.

Agotamiento inmortal.

Lentitud inmortal.

A cada palada que cae sobre la caja de cartón, mi cretinismo crece y, con él, la condena de no morir jamás. El último montón de tierra ya hunde por completo el cuerpo de Zeus y, con ella, él le da la espalda a la inmortalidad. Le queda lo eterno, la putrefacción y el progresivo olvido de los que seguimos vivos. En la eternidad no es perro. Zeus no es Zeus, no tiene nombre ni nunca ha sido ni será.

Ellos viven menos años, muchos menos que los humanos, y muchísimo menos que las tortugas.

O.G

Y con la respiración frente al cuerpo carente de ella, los viejos cadáveres retornan, cada vez más difuminados, más habitantes de su anulación: olvidar todos los nombres para que jamás accedan a la inmortalidad; las obras sin muerte y los nombres que no fenecen son la condena a los vulgares o la tentativa de la vulgaridad y la ignomina para no dejarlos a merced de la eternidad.

Se renuevan los perros muertos.

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