Un Mundo Feliz recargado, por Aurelio Benavides
De llorar primero por ti
que te enamoraste de un viejo con
Parkinson
Aurelio Benavides ha desaparecido. Se lo tragó la tierra o quizá el cielo. Las bestias paradimensionales que sugirió en su última película -aún sin estrenar- parecen haberse enamorado del director de cine que padecía de Parkinson.
Natural de Lorica, Córdoba, uno de los pueblos emblemáticos del Caribe Colombiano. De allá, de donde surgió la música que tanto engalanan a los borrachitos latinoamericanos, el vallenato. Benavides desdeñó esa juglaresca pues siempre prefirió los arcanos sonidos del Punk y el trash metal. En el calor de su ciudad natal, sufría de altas temperaturas porque solía vestir de negro con camisetas de Slayer, Korn y demás agrupaciones de sonidos fuertes.
Su pasión por el cine surgió a mediados de los 80, cuando fue a Bogotá y un tío lo invitó a ver «Volver al futuro». En ese momento se le reveló su destino: sería el sucesor de Brian de Palma. Se hizo beneficiario de una beca para ir a la escuela de cine de San Antonio de los Baños en Cuba.
Rabolú, la insospechada influencia de Lars Von Trier
Una de las principales cualidades que dicen tener las reinas de belleza es la humildad. La proclaman en todos los eventos públicos a los que asisten. Esta conducta se repite en otros grupúsculos y gremios, tal es el caso de los escépticos o ateos. Ellos brindan sus enseñanzas con humildad, acusan de soberbios a los religiosos y, como las reinas de belleza, hacen hincapié en este valor cristiano- sí, son muy cristianos con su humildad aunque se crean más afines a los griegos- para hacerse empáticos con el vulgo. Este es el caso del texto «Hercólubus, el planeta que no termina de acercarse»:







