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El maestro de alquimia de Glenn Gould

Orlando Gibbons: El maestro espiritual de Glenn Gould

Orlando Gibbons: El maestro espiritual de Glenn Gould

Glenn Gould fue una fuerza natural que apabulló a muchos; se apartó en su natal Canadá y sólo se supo de sus interpretaciones a partir de los discos que grabó porque los conciertos le parecieron frívolos. En el documental que hoy les presentamos, Gould habla del nacimiento de la identidad de los compositores, surgido en el alto renacimiento, y que generó la idea de que la historia está salpicada de hechos relevantes y que es iluminada por genios (la genialidad como noción tiene su origen en aquella época) y confiesa que su compositor predilecto, porque se identifica con él en su búsqueda espiritual, es Orlando Gibbons, un inglés que fue en contravía de la identidad y que, según Gould, es un personaje finisecular de aquella época donde las autorías no importaban. Glenn Gould lo dijo sin el aspaviento de los franceses de los sesenta del siglo pasado, más exactamente la pareja que hace las delicias de los académicos pertenecientes a facultades de comunicación, filosofía, literatura, entre otras: Foucault-Barthes.

Yo besé a Glenn Gould

El pianista ideal (¡él nunca decía Pianist sino Klavierspieler!) es el que quiere ser piano, y la verdad es que todos los días me digo, al despertar, quiero ser el Steinway, no el ser humano que toca el Steinway, el Steinway mismo quiero ser. A veces nos acercamos a ese ideal, decía, nos acercamos mucho, cuando creemos estar ya locos, casi en la vía de la demencia, que tememos más que a nada. Glenn, durante toda su vida, quiso ser el Steinway mismo, odiaba la idea de estar entre Bach y Steinway sólo como mediador musical, y de ser triturado un día entre Bach y Steinway, un día, según él, quedaré triturado entre Bach, por un lado, y Steinway, por otro, decía, pensé. Toda mi vida he tenido miedo de quedar triturado entre Bach y Steinway, y me cuesta el mayor esfuerzo sustraerme a ese temor, decía. Lo ideal sería que yo fuera el Steinway, que no necesitara a Glenn Gould, decía, que pudiera, al ser el Steinway, hacer a Glenn Gould totalmente superfluo.

Thomas Bernhard, El malogrado. Ed. Alfaguara.

 Acá puedes leer las primeras páginas de la novela de Bernhard dedicada a Gould: primeras páginas de El malogrado. 

El cumpleaños de la bestia Glenn gould

Felices ochenta, Glenn. Si estuvieras vivo aún, tu sillita ya estaría tirada en el suelo y deberías interpretar el piano con los brazos estirados hacia arriba, tocando con tus manos temblorosas y manchadas por los años, una versión más de las variaciones Goldberg de Bach. No llegaste a anciano, en realidad, jamás saliste del líquido amniótico que supuso tu aislamiento de la vulgaridad y lo vacuo y que ahora llaman Asperger. Un especialista en tu obra dijo que, más que gusto por la música, te encantaban los sonidos. Hoy día todo suena con un dejo de Glenn y la ene vibra a través del espacio, llamándote en la eternidad. Siempre cumplirás muchos años y tu condena de haber nacido es la condena de los demás de sabernos unos malogrados, como te lo confesó Thomas Bernhard.

En este enlace podrás ver el documental «Les variacions Gould» de Manuel Huerga.

Una bestia llamada Glenn Gould

Thomas Bernhard en «El malogrado» habla de la sonda expansiva de Glenn Gould, aquel monstruoso pianista que, con su poder, destruyó la vida de otro músico menos talentoso y fue el puntillazo final para el narrador de lo que discurre en ese  párrafo de más de cien páginas.  Lo escrito por Bernhard no puede ser trazado como un paralelo o una actualización de la historia de Antonio Salieri. Glenn Gould es una bella catástrofe; su aparición y paso cruel  generan efectos colaterales entre los que está «El malogrado».

Acá pueden apreciar la manera como trabajaba Gould, mientras de su boca salían las notas, en un trance donde ni las teclas ni su voz eran suficientes para abrazar lo hecho por Bach:

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