El otro creador
Por Daniel Maldonado

Es común ver al poeta como una figura que entra en tensa relación con su entorno más inmediato. Se trataría de una figura problemática, tenida por incómoda o hasta innecesaria. Antes que ajustarse a lo que es; antes que seguir a pie juntillas los lineamientos impuestos por la lógica de turno, el poeta incordia, revira, reconfigura. Su rol —si posee alguno— no se diferenciaría del que desempeña el filósofo. El filósofo no sólo interpreta la realidad, la cuestiona. O mejor sería decir que cuestiona los valores acuñados y asumidos por los hombres y que circulan dentro del tejido que usualmente identificamos por real. En buena medida, lo que pone en suspenso es el conjunto de convenciones que dan rostro a lo que, de suyo, no lo posee: la realidad.
El poeta y el filósofo interactúan con la realidad; captan sus murmullos y fulgores. Todavía más: perciben lo que se halla detrás de lo consagrado como lugar común; lo que se esconde detrás del velo.
Para María Zambrano, la poesía y el pensamiento son las vías a través de las cuales el ente humano se aproxima a lo que está oculto. Sólo en tal sentido son cercanos los caminos del poeta y del filósofo. De hecho, uno y otro se distancian en función de la naturaleza de sus exploraciones: la del filósofo está marcada por la violencia que ha supuesto el haber sido removido del mundo de las apariencias; la del poeta, por la contemplación asombrada del ser encerrado en cada objeto que colma el mundo. Escribe Zambrano: “La filosofía es un éxtasis fracasado por un desgarramiento. […] no todos fueron por el camino de la verdad trabajosa y quedaron aferrados a lo presente e inmediato, a lo que regala su presencia y dona su figura, a lo que tiembla de tan cercano; ellos [los poetas] no sintieron violencia alguna o quizá no […] esa forma de violencia, no se lanzaron a buscar el trasunto ideal [como los filósofos]. Fieles a las cosas, fieles a su primitiva admiración extática, no se decidieron jamás a desgarrarla; no pudieron, porque la cosa misma se había fijado ya en ellos, estaba impresa en su interior. Lo que el filósofo perseguía lo tenía ya dentro de sí en cierto modo, el poeta; de cierto modo, sí, de qué diferente manera” (Zambrano, Filosofía y poesía, 18).
Más allá de que poeta y filósofo sean entidades percipientes, su abordaje de la realidad los coloca en miradores distintos. Cabría decir, incluso, que mientras el filósofo observa, el poeta contempla. Ocurre así en tanto que el poeta no busca lo que el filósofo, porque lo que éste busca ha sido inscrito (gratuitamente) en el interior de aquél. Lo que motiva la búsqueda del filósofo, el poeta lo posee en tanto don. El desgarramiento que moviliza la acción filosófica, un desgarramiento que es fruto de un acto de violencia, se traduce en el poeta como sensibilidad herida; el que asume que la palabra es menos medio que fin, guarda en su interior la marca de una percepción trascendente: “El poeta no renuncia ni apenas busca, porque tiene. Tiene por lo pronto lo que ante sí, ante sus ojos, oídos y tacto, aparece; tiene lo que mira y escucha, lo que toca, pero también lo que aparece en sus sueños, y sus propios fantasmas interiores mezclados en tal forma con los otros, con los que vagan fuera, que juntos forman un mundo abierto donde todo es posible” (Zambrano, Op. Cit., 19).
El poeta hace de su cuerpo, de su carne, un dispositivo de captación de los estímulos que ofrece lo que se oculta detrás de lo real. Su sensibilidad se alimenta de lo que su piel, su vista y su escucha le tributan; es fruto de la gracia, del don. Es, además, testimonio de la presencia de Otro, porque sólo ese Otro capta en su unidad la multiplicidad del mundo. Otra vez: el filósofo sale en busca de la unidad que supone oculta detrás de lo aparente; el poeta, por el contrario, reconoce en la heterogeneidad de las cosas aparentes la unidad extraviada, la que sólo se revela mediante la gracia.
Deleuze y el control de William Burroughs
En una conferencia impartida por el filósofo Gilles Deleuze en la Escuela Superior de Oficios de Arte y Sonido (1987), además de preguntarse por el acto creador, establece las diferencias entre la reflexión y la filosofía, ubicando a esta última como la labor de crear conceptos. A lo largo de su discurso, siempre atravesado por aparentes disgresiones y elipsis, el filósofo retoma al control, enunciado por Burroughs, como el factor que habrá de caracterizar a las sociedades futuras y, en ellas, los centros de reclusión (ya sea penitenciaria, hospitalaria, educativa o laboral) tenderán a desaparecer:
La creación para Deleuze
Si existe una posibilidad de encuentro entre arte-ciencia-filosofía está en la potencia creadora que trasciende todos los campos de conocimiento humano.
Y es sobre este acto de creación, desde Bresson, que el filósofo Gilles Deleuze se ocupará de abordar en su conferencia en la Escuela Superior de Oficios de Imagen y Sonido en 1987, dirigido a una audiencia interesada en el cine.
¿Por qué es tan difícil escribir historias cortas de Ciencia Ficción? Por Linda Nagata
¿Por qué es tan difícil escribir historias cortas de Ciencia Ficción?

Por Linda Nagata
Su tarea: escribir una historia corta de Ciencia Ficción ambientada en La Tierra, en otra época.
Su historia debe hacer lo siguiente:
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Presentarle al lector un mundo ficcional desconocido que sea intrínsecamente razonable y consistente, incluyendo un pasado y un futuro implícitos.
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Presentarle al lector un escenario específico dentro de este mundo ficcional, asegurándose de que éste incluye tecnologías desconocidas pero razonablemente posibles.
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Utilizar solamente dos o tres personajes importantes. Si no son humanos, describir los aspectos generales y específicos de estos personajes, así como su origen y características biológicas. Por favor, ¡evite caricaturizar! Si son humanos, solamente necesita describir su rasgos característicos, confiando en que el lector conoce los principios generales. De cualquier forma, describa el propósito y la personalidad de cada uno de sus personajes de tal manera que concuerden con el estilo y ritmo de la historia.
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Permitir que la trayectoria de la historia sea rápida y llena de acción y que se sujete a los tan bien desarrollados personajes que ya creó y utilizando las tecnologías posibles de su cuento, como aspecto esencial. Asegúrese de que hay una trama externa: algo debe suceder. E igualmente importante, incluya una trama interna: su personaje principal debe tener uno o dos problemas por solucionar.
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Incluir temas que añadan capas de significado a su historia.
Su tarea debe ser realizada en 3000 palabras o menos. Se le darán puntos extra si su historia alcanza niveles de ‘maravilloso’, ‘estupendo’ o ‘alucinante’.
Linda Nagata ha sido ganadora de los premios Locus y Nebula, autora de los libros The Bohr Maker, Vast y Memory. Su obra más reciente, The little hammer, escrita bajo el seudónimo de Trey Shiels, es una historia fantástica, con un toque de humor negro. Más de su trabajo en http://mythicisland.com/ o visitar su blog http://hahvi.net/
(Tomado de Hahví.net)
Traducción de Siana González.
Reproducción de texto autorizada por la autora.







