El día despúes, una película del terror nuclear de los ochenta en Estados Unidos
Hasta por los miedos se siente nostalgia; la lejanía de ciertos terrores provoca la certeza de la corrupción, el envejecimiento y de un estado de tristeza que hace invocar a las viejas pesadillas como síntoma de la inocencia. En los años ochenta, durante el último capítulo de la Guerra Fría, las catástrofes nucleares se materializaron con Chernobyl, cumpliéndose la macabra promesa de la radiactividad, alimentada en distintas historias cuya diferencia radicó, quizá por la soberbia humana, en que la debacle nuclear era consecuencia de una confrontación bélica; Chernobyl fue mediocre: no hubo guerra mediante, sólo errores propios de cualquier empresa de nuestra especie. En esos relatos inocentes que buscaban erigir al hombre como destructor absoluto, lo único que se exterminaba era a los Estados Unidos (sinónimo de planeta y humanidad); en la película para televisión»El día después» (1983), hay una función pedagógica y se hace un llamado a la cordura, no para evitar una guerra que afecte al planeta sino para proteger a EUA de amenazas externas, trazándose un idílico retrato de la feliz vida norteamericana interrumpida por hongos incandescentes:
Los pies descalzos de las bombas atómicas
Hoy se terminan las conmemoraciones por un aniversario más de las dos bombas atómicas lanzadas por el ejército de los Estados Unidos sobre las ciudades de Iroshima y Nagasaki; la primera ciudad se convirtió en la insignia de los desastres nucleares mientras que la segunda ha pasado como la hermana gemela silenciosa y atrapada en su trauma (hecho que podrá constituir todo un tema para historias futuras). Lo ocurrido en aquél verano de 1945 se ha etiquetado como algo espantoso donde todo un campo quedó oliendo a carne descompuesta; sin darnos cuenta que hemos convertido a quienes cayeron (humanos y animales y recuerdos edilicios y prospectos y mañanas) en elementos de una cifra que sólo sirve para atizar el sentimiento contable que hay en cada uno de nosotros (¡oh espíritus de nuestro tiempo! dijo alguna vez Saddam Al Mehmed Triparidzi). Les presentamos «Gen pies descalzos», una película hecha en 1983 que narra la historia de un niño que sobrevive junto a su madre en Hiroshima y «Gen pies descalzos 2» en donde se retoma la historia del niño tres años después del estallido:
El tiempo de decir de Günter Grass.
Hay que ver cómo se mueven los intectuales alemanes desde sus puestos burocráticos por callar a Günter Grass, y reprocharle su pasado, sobre sus palabras, para perpetrar un crimen del futuro que nos dejará sin palabras. Este es el tiempo de decir.
LO QUE HAY QUE DECIR
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