
La única vez que vi llorar a pirata fue al escuchar «Aud Lang Syne», mientras me contaba en la librería El Reino, la historia más fantástica que presenciaron los antiguos: los niños y mujeres de Lemuria, tras escuchar de los sabios la noticia del fin de su civilización, se postraron frente a una gigantesca roca, se tomaron de las manos y entonaron el himno:
